Bafici 2015

La cuestión política

Una juventud alemana

Una juventud alemana

La 17 edición del Bafici está mostrando un gran nivel en algunas películas de sus principales competencias; buen debut de nuevas obras cordobesas

La 17 edición del Bafici viene desplegando un nivel más que interesante en sus respectivas competencias, que acaso sean las secciones que definen el perfil de un festival: sin la presencia de nombres rutilantes, pudo ofrecer empero confirmaciones rotundas de nuevos autores como el israelí  Navad Lapid con “The kindergarten teacher”, el francés Jean-Gabriel Périot con “Una juventud alemana” o el argentino Julián d´Angiolillo con “Cuerpo de letra”, así como también descubrimientos estimulantes como el indio Chaitanya Tamahane con “Court” o el suizo Nicolás Steiner con “Above and below”.

Se trata en todos los casos de filmes notables, que por sus cualidades podrían ganar el premio mayor de cualquier festival del mundo, lo que ya de por sí vuelve a posicionar al Bafici en el primer plano del circuito internacional, espacio que en 2014 parecía estar resignando silenciosa pero irremediablemente. Es hora entonces de volver a celebrar el cine, ese arte que puede tanto reforzar como desbaratar todas las certezas de quienes se enfrentan a él.

Especie de thriller psicológico construido en torno a las (im)posibilidades del arte en el mundo moderno, el filme de Lapid impide precisamente hacer una apropiación epidérmica de sus imágenes: quien se interne en su universo deberá trabajar con verdadero espíritu cartesiano para poder encontrar un punto de apoyo que le permita juzgarlo en su totalidad. Es que la disposición de los elementos del drama que realiza Lapid es, como la puesta en escena que lo sustenta, de una sofisticación infrecuente, capaz de desplegar una lectura inclemente del mundo sin ofrecer salidas tranquilizadoras pese a la precisión de su diagnóstico. La protagonista que articula la narración es una maestra jardinera que ronda los 50 años, cuyo matrimonio naufraga en el mar de la rutina, aunque encuentra sosiego en su afán por la poesía: madre modelo, se obsesionará progresivamente con un alumno de unos 5 años que puede crear poemas geniales, aunque nadie parece valorarlo excepto ella. La paradoja es que su mirada no está excenta de cierta claridad, pues efectivamente ¿cuál es el estatus del arte en el mundo actual? ¿No resulta acaso relegada al espacio de mero artículo de consumo en el mejor de los casos?

Diametralmente opuesto parece ser el mundo que retrata el francés Jean-Gabriel Périot, que en base a una notable investigación logra reconstruir  la experiencia política del grupo “Baader-Meinhof”, una fracción del Ejército Rojo (RAF), que en la Alemania de la post-Segunda Guerra ensayó una lucha revolucionaria en base a atentados terroristas que dejaron al menos 34 muertos. Gracias a una recolección de archivos apabullante -que explica los nueve años que le llevó terminar el filme, estrenado mundialmente aquí en el Bafici-, el director va narrando la progresiva radicalización del grupo en base a la reconstrucción de la historia de una de sus líderes, la célebre periodista Ulrike Meinhof, aunque sin enjuiciarlos ni idealizarlos: al contrario, se diría que Périot utiliza sus intervenciones públicas para recrear un universo de ideas que pese a la inconmensurable distancia que lo separa del mundo actual, aún sigue interpelándonos, cuestionando la mansa docilidad con que aceptamos la imposición del capitalismo salvaje en todos los órdenes de la vida, sobre todo en un país como el nuestro donde la lucha armada de las organizaciones de izquierda sigue siendo un tema tabú que resulta difícil de abordar con honestidad.

Pero si el uso de la violencia en pos de un cambio del statu quo es el dilema central de la filosofía política, la necesidad de la rebelión frente a un Estado autoritario difícilmente podría encontrar mejor expresión que “Court”, notable debut de Chaitanya Tamahane que hace una cuidadísima reconstrucción de la India actual a partir de la historia de Narayan Kamble, poeta, músico y activista político de 65 años que sufre una persecución sistemática por parte del poder institucional a través de los tentáculos de la Justicia.  Con una puesta observacional, el director sigue la odisea judicial que vivirá Kamble a partir de su detención por un cargo absurdo: haber incitado al suicidio de un obrero con una canción interpretada en un show musical que ofreció en el pueblo del trabajador. Gracias a un seguimiento cercano de todos los involucrados en el proceso, Tamahane logra construir un fresco preciso de una sociedad donde el atraso de su sistema institucional permite desplegar una persecución inclemente de las voces disidentes por parte del Estado -que canaliza su violenta represión a través de una Justicia regida por la arbitrariedad de sus agentes-, así como también testimonia la conmovedora obstinación del protagonista, un hombre que aún después de pasar meses en la cárcel por un proceso insólito, no cejará en su voluntad de alzar su voz para denunciar las  inequidades de la sociedad que lo rodea y llamar a sus pares a la acción.

Cualquiera de estos tres filmes merecería ganar la Competencia Internacional, pues su nivel es ostensiblemente mayor al resto, aunque habrá que esperar la decisión del jurado que cuenta con los reconocidos críticos Fernando Martín Peña y Jorge Ayala Blanco entre sus miembros.

La hora del lobo

La hora del lobo

Claro que los dilemas esenciales de la política también nos atraviesan a nosotros -a pesar de la distancia con que solemos pensarnos respecto a aquellos otros tiempos u otras sociedades-, como lo muestra con elocuencia el corto cordobés “La hora del lobo”, de Natalia Ferreyra, estrenado el lunes en el Bafici. Contracara involuntaria de “Una juventud alemana”, el filme aborda las violentas jornadas del 3 y 4 de diciembre de 2013 en la capital de Córdoba, donde la huelga policial sumada a la ausencia del poder institucional desató un verdadero caos en la ciudad, que aún permanece fresco entre nosotros a pesar del lanzamiento presidencial de José Manuel De la Sota. Ferreyra no intenta emitir un juicio sobre los episodios ni cargar tintas en las responsabilidades institucionales, sino que se concentra en un acontecimiento central que se diría condensa las encrucijadas políticas del hecho: la represión practicada por los estudiantes de Nueva Córdoba contra los supuestos maleantes que saqueaban la ciudad.

Mediante entrevistas a jóvenes que participaron de esos ataques, intercaladas con una gran variedad de imágenes de las refriegas captadas con celulares anónimos,  la directora recurre en cambio a la propia palabra de los protagonistas para narrar desde ahí los sucesos: podemos ver entonces cómo se despliega una visión precisa del mundo donde una clase específica se autoadjudica la representación de los valores de toda la sociedad y toma el lugar de las instituciones para reponerlos mediante la violencia ejercida contra una otredad social que ve como amenaza, los pobres. Se trata de un distanciamiento muy inteligente practicado por Ferreyra, que entre todos los testimonios incluye el de un estudiante que arriesgó su vida para salvar a otro joven de un linchamiento, lo que permite ejercitar un enfrentamiento de ideas y argumentos que interpelan al espectador sin imponerle una respuesta , aunque con la contundencia de los hechos expuestos: si la violencia popular en los años ´70 estaba justificada en Argentina por la entrega individual a un sueño de redención colectivo, aquí encuentra su razón de ser en la defensa de los bienes materiales y simbólicos de una clase social ante la vulneración practicada por los desplazados del sistema. En esa distancia se cifra no sólo la ideología de una clase específica -y el imaginario simbólico que la contextualiza y la reviste de sentido-, sino también el abismo que separa a dos tiempos históricos donde las utopías que rigen el pensamiento y la acción política son diametralmente distintos.

Estreno cordobés

Miramar

Miramar

También el lunes se estrenó el otro filme cordobés en la Competencia Argentina, “Miramar”, atendible debut de Fernando Sarquís como director, acaso nuevo ejemplo de un subgénero que se viene sosteniendo en el tiempo en el cine joven local, el de historias de chicos de pueblos que están atravesando una instancia central en su crecimiento personal. Si en “Atlántida” (Inés Barrionuevo), esa instancia era la definición de la identidad sexual de la protagonista, aquí se cuenta más bien el proceso de maduración que implica irse del hogar paterno para estudiar en la capital. Quien atraviesa esa experiencia es Sofi (Florencia Decall, en otro papel que ratifica sus condiciones), joven que regentea junto a su madre un hotel familiar en la localidad del título, mientras su padre se encuentra internado por una parálisis. La monotonía del lugar es apenas sacudida por la presencia de un visitante que despertará un interés amoroso en Sofi, quien no sabe cómo enfrentar el malestar materno ante la noticia de su partida a la universidad. Con un desarrollo minimalista de los conflictos y una puesta ambiciosa desde lo formal -que vuelve a ostentar un acabado profesional pese a la escasez de recursos con que cuenta-, Sarquís va desplegando con parsimonia los signos de esa angustia que resulta expresión indirecta de una situación mayor que la trasciende, acaso la condición de vida en los pueblos del interior cordobés, donde partir hacia lo desconocido resulta una decisión central en los procesos de maduración de jóvenes y grandes. Sarquís no pretende narrar más que eso, y está bien para un debut sostenido a pulmón, que presenta otro director a tener en cuenta en el fértil suelo cordobés.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2015

Published in: on 22 abril, 2015 at 17:34  Dejar un comentario  

Bafici 2015

El tiempo recobrado

Todo el tiempo del mundo

Todo el tiempo del mundo

El Bafici comienza a desplegar una programación llena de promesas, donde el sábado se estrenó la película cordobesa “Todo el tiempo del mundo”

Por Martín Iparraguirre

Un universo pleno de posibilidades se desarrolla silenciosamente en la siempre ajetreada cotidianeidad porteña -que comienza a estar dominada por la campaña electoral que lleva a las Paso del próximo domingo, con el amarillo del Pro como fondo dominante en la ciudad-, gracias a la 17 edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), que con sus más de 400 películas puede ofrecer experiencias de todo tipo para el espectador inquieto.
Entre la delirante historia real de un argentino que en los años ´80 se convirtió por convicción en un agente secreto del gobierno cubano desde su trabajo en un gigante electrónico estadounidense -para donarle al régimen socialista los más preciados avances tecnológicos de los inicios de la era del microchip (aunque iniciando un raid que lo llevaría a convertirse sucesivamente en agente de la CIA, China e Irán)- en “El crazy Che” , hasta las últimas manifestaciones de la descomposición social de la juventud norteamericana en filmes como “Queen of Earth”, de Alex Ross Perry, o “Stinking Heaven”, de Nathan Silver, o un documental sobre un hombre que convivió con un tigre de bengala y un cocodrilo en un pequeño departamento de Harlem (“Ming of Harlem:  twenty one storeys in the air”), y la más reciente joya de un humanista incurable como Hong Sangsoo (“Hill of freedom”), entre muchas otras películas, el encuentro porteño consigue sintetizar la siempre mentada magia del séptimo arte, que poco tiene que ver con los efectos especiales que cada jueves copan las salas y mucho con la condición de ser una ventana a la otredad, a las millones de realidades y experiencias que conviven en este mundo que transitamos.
Si bien la calidad es muy diversa y la satisfacción de las exigencias cinéfilas un verdadero azar (pues la última obra de un maestro como Manuel de Oliveira puede convivir con un filme que sintetiza la abyección en el ágora moderna como “Sleepless in New York”, documental sobre el desamor que literalmente sigue el derrotero íntimo de diversas personas que acaban de ser abandonadas por sus parejas), el Bafici sigue ofreciendo la posibilidad de encontrar la gran sorpresa en cualquier función que se elija, de revelar al próximo autor que desvelará al mundo en cualquier película desconocida, aun cuando pocas veces lo consiga.
La presencia central y multitudinaria del cine argentino estimula esa fantasía cinéfila: ¿Qué se está filmando en nuestro país? ¿Dónde están aquellas promesas escondidas? El Bafici ofrece el mejor panorama posible para responder estas inquietudes, aunque hasta ahora ha habido pocos batacazos para el cine local. Una película que se destacó por su rigurosidad al abordar un tema tan sensible como la marginalidad social fue “La mujer de los perros”, de Laura Citarella y Verónica Llinás, que sigue los días de una linyera de mediana edad que vive en algún paraje del conurbano bonaerense, rodeada de perros en una muy precaria choza armada en el medio del campo. Estrenada el sábado en la Competencia Internacional, el filme pone en escena una suerte de encarnación de género de la vida salvaje en un entorno natural, con este personaje magnético (interpretado de forma notable por la propia Llinás) que sobrevive al márgen de la civilización, cazando pequeños animales con una hondera o recolectando sobras en el mercado con la única compañía de sus perros, prácticamente sin comunicarse con otros seres humanos. Filmada a una distancia justa que le permite evitar los riesgos de la conmiseración, el miserabilismo o el pintorrequismo, el filme consigue empero entablar una intimidad inusitada con su personaje a pesar de que la rigurosidad del acercamiento le imponga un silencio absoluto -no hablará en toda la película-, una distancia que construye una indeterminación respecto a causas y conflictos psicológicos que abre un fértil espacio para la libre interpretación del espectador, que desde allí puede repensar los  paradigmas que guían las dicotomías entre civilización y barbarie que tanto siguen rigiendo la discusión política del presente argentino.

La mujer de los perros

La mujer de los perros

Un poco menos lograda resulta ciertamente “El incendio”, de Juan Schnitman, la otra película argentina que participa de la Competencia Internacional, estrenada ayer: nueva versión de un subgénero que parece haberse desarrollado en los últimos años en el cine nacional -las historias de crisis de pareja jóvenes-, el filme narra un día en la vida de Lucía (Pilar Gamboa) y Marcelo (Juan Barbieri), aunque no cualquier día. Se trata de la víspera de la compra común de un departamento en el que planean iniciar una nueva etapa, aunque los años han puesto a la relación en un momento de quiebre, un estado de tensión larvado que se adivina ya desde las primeras escenas, donde tienen que trasladar una gran suma de dinero. Los nervios, las dudas y los resentimientos escondidos comenzarán a aflorar paulatinamente hasta que la violencia soterrada termine por explotar, acaso como reflejo del estado de crispación general que se vive en el espacio público, donde ambos deben enfrentar la prepotencia del poder y el maltrato de los otros. La rigurisidad de la puesta en escena, que construye paulatinamente un clima de thriller desde el inicio, se comenzará a perder así a medida que la película ingrese en un terreno dramático similar al de “Relatos salvajes”, un universo donde la misantropía se impone a la más mínima humanidad, aunque el director consiga detenerse a tiempo.
Radicalmente humana, fresca e idealista resulta “Todo el tiempo del mundo”, la primera de las películas cordobesas estrenadas en el festival, dentro de la Competencia Argentina, el sábado a sala llena: si el primitivimo se impone en algunos elementos de la narración -como la construcción de ciertas escenas, aunque se debe destacar el gran nivel en los rubros técnicos, sobre todo la fotografía de Pablo González Galetto-, su notable autenticidad la eleva por sobre otras propuestas, colocádola como un digno exponente del mundo que busca atrapar en sus imágenes. Un mundo que no es otro que el de sus realizadores: dirigida por Rosendo Ruiz (“De Caravana”, “Tres D”), la película es en realidad resultado de un taller de realización desarrollado en el colegio Dante Alighieri, donde los alumnos, docentes y no docentes se hicieron cargo de todos los rubros, desde la actuación al guión o la producción ejecutiva, a la par del realizador. El resultado es un filme colectivo que expone con transparencia sin igual el universo simbólico de los jóvenes adolescentes que lo protagonizan: un trío de chicos que se escapa a las sierras en busca de una mítica comunidad autosustentada, con el Mundial de fútbol 2015 como telón de fondo. Las tensiones sexuales, la segregación del diferente y la búsqueda de la propia identidad -así como también las nuevas posibilidades que existen en la sociedad actual-, son sus temas centrales, aunque en lo escencial la película consigue captar la experiencia de vida de la adolescencia, un tiempo donde el tiempo se vive de otra manera, en un eterno presente que permite una práctica singular del compañerismo y la amistad que nunca volverá a repetirse. Una dimensión que sin dudas se traslada a las imágenes de la película, que destilan un encanto capaz de salvar aquellas imperfecciones que pueden encontrarse en una puesta ya bastante lograda si se tienen en cuenta sus condiciones de producción.
Mañana será otro día importante para Córdoba, pues se estrenará el otro largo en competencia, “Miramar”, de Fernando Sarquís, así como también el cortometraje “La hora del lobo”, de Natalia Ferreyra, en un festival que aún tiene muchos secretos para descubrir.

Published in: on 19 abril, 2015 at 18:11  Dejar un comentario  

Entrevista a Raúl Viarruel

Un vistazo al lado oscuro

 Viarruel

El director de “Saldaño, el sueño dorado” habrá de la película que se estrenó en el Cine Gran Rex

A mediados de la década del ´90, una noticia sacudió el cándido idealismo con que el sentido común de entonces concebía la vida en Estados Unidos: el joven cordobés Víctor Saldaño había sido condenado a la pena de muerte en un juicio exprés por el asesinato de un ciudadano norteamericano. Fue el inicio de un trágico peregrinaje judicial para Saldaño que si por un lado lo llevaría a convertirse en un caso emblemático en la lucha por los derechos humanos en el imperio del norte, mientras Argentina despertaba trágicamente del falso sueño neoliberal, por el otro lo obligaría adentrarse en los inescrutables caminos de la locura: actualmente, hace casi 20 años que Víctor cumple condena en el macabro “Death Row”, el corredor de la muerte del penal Allan Polunsky –cárcel de máxima seguridad del estado de Texas–, donde vive confinado a un calabozo mínimo de seis metros cuadrados –en el que pasa 23 de las 24 horas de todos los días– , sin contacto con otras personas y en condiciones sólo parangonables a la vida en Guantánamo –la célebre cárcel donde Estados Unidos tortura a los sospechosos de terrorismo–.

Otro cordobés, el periodista Raúl Viarruel, se decidió a narrar su historia y tras años de trabajo el resultado es “Saldaño, el sueño dorado”, que llegó a las salas del cine Gran Rex tras un paso por Buenos Aires. Con la edición de la productora El Desencanto, la película consigue el objetivo de desnudar las inequidades de un país que aún se sigue pensando como paradigma de la igualdad y la libertad universales, además de descubrir la historia íntima detrás de Saldaño, un joven ingenuo que quería recorrer el mundo y terminó enjaulado en uno de los peores sistemas punitivos del mundo. Hoy Día Córdoba dialogó con su director, y a continuación se publican los principales párrafos de la charla.

MI: ¿Cómo llegaste a esta película? ¿Por qué querías narrar la historia de Saldaño?

Raúl Viarruel (RV): Llegue a la película por puro interés periodístico. El caso siempre me sonaba en la cabeza y lo que disparo definitivamente mi motivación, fue una noticia que se produjo sobre su inminente ejecución. A partir de allí, tome contacto con la madre de Saldaño (Lidia Guerrero) y le propuse hacer una investigación.

Quería narrarla porque me parece una historia tremenda, trágica, muy dolorosa no sólo para Saldaño, sino también para toda su familia, que en definitiva es otra víctima de todo este proceso. “Saldaño” revela la crueldad del sistema más poderoso del planeta, detrás de su fachada de “garantismo judicial”, contra los pobres, los inmigrantes, los mismos que ellos utilizan y desechan después como una basura. El dilema era cuál herramienta utilizar para contar esa historia. Me decidí por el documental, porque entendí que el audiovisual era la forma más completa para contar toda la historia.

MI: ¿Cómo fue enfrentarte al acto de la dirección de cine? ¿Cómo fuiste resolviendo las cuestiones que se te presentaron en la realización?

RV: Fue un aprendizaje total, en todos los sentidos. Nunca había hecho un guión, no sabía nada de montaje, ni de todo lo que conlleva un proyecto cinematográfico. Trate de leer, de informarme, pero sobre todo me guié por mi instinto de periodista. “Saldaño” es en realidad una crónica periodística. Las dificultades fueron parte del aprendizaje, ensayo y error permanente. Y los mayores problemas siempre fueron la limitación económica por el carácter independiente que tuvo prácticamente todo el trabajo.

MI: ¿Cómo te ayudó entonces tu preparación como periodista? ¿Qué desafíos encontraste?

RV: Mi experiencia como  periodista me permitió detectar los testimonios y puntos claves dentro de la gran maraña judicial y diplomática que representa el caso. Fueron muchas horas de grabación, con un arduo trabajo después para elegir la información más relevante. Corría el riesgo de confundir con tanta información. Y aburrir. Quizá esa fue una de las premisas más importantes para mí, contar la historia reflejando todas sus instancias, pero con un dinamismo que atrajera. También fue muy importante contar con el archivo del interrogatorio al que Saldaño fue sometido en 1995. La filmación de una cámara de seguridad de la estación de policía de Plano, representó una clave que le otorga total veracidad a la historia. Nunca se han visto esas imágenes. Y cinematográficamente aportan un elemento esencial, Saldaño aparece como una persona cínica y a la vez totalmente inocente de la suerte que le espera. No es un retrato agradable de Saldaño. Lo muestra tal como era en ese momento. Saldaño no fue inocente, cometió un crimen. Eso no está en discusión y para mí era importante mostrarlo.  El desafío como periodista fue atenerme a la rigurosidad de los hechos y evitar las simplificaciones.

MI: “Saldaño” se termina convirtiendo en una película sobre el sistema judicial norteamericano, ¿cómo resolviste esa situación? 

RV: Entender lo que le ocurrió a Saldaño es comprender lo que significa ser pobre e inmigrante en el país más poderoso de la tierra. La voluntad de Texas es omnímoda. Ni siquiera el gobierno de Estados Unidos ha podido torcer su voluntad. Es el Estado más criminal de la tierra, dentro de un gobierno profundamente criminal por sus acciones en todo el mundo. Criminales y amos absolutos para  exculparse de sus crímenes y culpar a los débiles e indefensos.

MI: Otro de los temas que trata es el de la acción (y responsabilidad) del Estado argentino en la defensa de los ciudadanos que viven fuera del país, ¿qué reflexiones te dejó este tema? 

RV: El trabajo diplomático de la Cancillería Argentina fue clave para anular la condena a Saldaño y preservar su vida. Ese trabajo, sin embargo, recién empezó a concretarse a partir del año 2000. Antes, coincidente con la etapa de las “relaciones carnales”, nadie se interesó por su suerte. A partir de ese momento histórico, Cancillería logró articular un nivel de apoyo inédito a nivel latinoamericano e internacional. Ese trabajo y los recursos judiciales, fueron lo que impidieron que Texas lograra su voluntad de ejecutar a Saldaño.

MI: Son todo un hallazgo los videos del interrogatorio que citaste, donde se puede ver la tremenda ingenuidad de Saldaño: era un tipo que creía en el sistema…

RV: Saldaño nunca dimensionó lo que podía ocurrirle. Pero también es parte de su historia. Por su condición de pobre y desarraigado. Sin conocer sus derechos. Esa ignorancia y su falta de conciencia es lo que sella su suerte. Frente a él, hay una maquinaria que sólo busca resolver un problema puntual: cómo deshacerse de lo que consideran un elemento inútil y peligroso para su sociedad, mostrando un “castigo ejemplificador” para otros que se hallan en la misma condición. Es todo un mensaje. Podes ser inmigrante ilegal y tendrás la oportunidad de trabajar mientras le sirvas a sus propósitos. Pero cuando esa condición manifieste algún conflicto, no tendrán miramientos en desecharte. Es una gran hipocresía.

MI: ¿Qué reflexión te deja la historia de Víctor?

RV: Mi reflexión sobre la historia de Saldaño es que no existen “Sueños dorados”. Si te vas detrás de los cantos de sirena, siempre serás un extranjero donde todo será más difícil que en tu tierra. Y es un gran llamado de alerta para los tiempos difíciles que siempre nos tocan vivir en nuestro propio país. Soñar con paraísos en otras latitudes, sin dimensionar ese carácter de “extranjeros”, significa un grado de simplificación que puede costar muy caro. En mi rol de director, también expreso ese mensaje, de alertar sobre la inconsciencia de soñar con paraísos artificiales, escapando de la realidad a cualquier precio. Aún a costa de tu propia vida.

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Copyleft 2015

Published in: on 27 marzo, 2015 at 14:30  Dejar un comentario  

7 cajas

Una despedida feliz

 teatro cba

El entrañable Cine Teatro Córdoba presenta a partir de hoy su último programa en una despedida que sin dudas será muy sentida por la ciudad: se trata de uno de sus centros culturales más importantes en la última era de continuidad democrática, ya que durante 30 años desplegó un amor incondicional por el cine que formó y enriqueció la vida de varias generaciones de cordobeses. No hace falta certificar aquí el impacto que tuvo la noticia en la cinefilia y la cultura local, basta asomarse cualquier página relacionada al cineclub para comprobarlo, pero como propuso Juan Fragueiro –su principal sostenedor junto a María Inés Rodríguez, su pareja– se puede intentar que sea una despedida feliz, que celebre las experiencias compartidas. Se sabe que otros vendrán a ocupar el espacio, se puede esperar que honren la escuela que forjó la sala de la calle 27 de abril, que en el mejor de los casos puede renovarse para iniciar una nueva etapa.

7 cajas

Por el momento, para sus últimas funciones, los programadores decidieron reponer la que acaso sea la sorpresa latinoamericana del año, al menos en términos de éxito popular: la película paraguaya “7 cajas”, de Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori, consiguió mantenerse en cartelera por donde pasó y convertirse en un pequeño fenómeno de transmisión de boca en boca. Apropiación precisa de los códigos del thriller norteamericano en una vertiente de realismo sucio pero extrañamente cool (en leve contacto con la línea de Quentin Tarantino), el filme de Maneglia y Schembori se encuentra al límite de todo: se puede decir que trabaja desde los estereotipos y que por momentos sede al esteticismo miserabilista de las clases bajas y la cultura autóctonas, pero si afinamos la vista surgen varios méritos que llevan a admitir que no responde al modelo de “Ciudad de Dios” como podría pensarse en una primera visión. Estrenada hace ya dos años en el Festival Internacional de Mar del Plata, 7 cajas es más bien un policial que se asume desprejuiciado y ecléctico, narrado desde la más cruda realidad latinoamericana: el Mercado de Asunción, que no sólo sirve de trasfondo para la trama sino que en manos de estos directores se convierte en una entidad viva, un espacio físico real que despliega decenas de brazos con miles de riesgos a sortear y que acaso funciona como una alegoría política de la estructura social del Paraguay contemporáneo. Es que la película puede orquestar un discurso político en torno al dinero, al mostrar cómo las clases bajas se ven arrojadas a una competencia salvaje y amoral para poder rasguñar los sueños que el mismo sistema vende como panacea de la felicidad o simplemente para mantener la subsistencia, una dimensión difícil de encontrar en los estrenos comerciales. No resulta casual, en este sentido, que los personajes de clase baja privilegien el guaraní en sus diálogos, contra el castellano que ostentan los visitantes exógenos al mercado. Se trata de un señalamiento preciso y pertinente, que choca con cierto paternalismo que también exhibe esta película de múltiples caras.

Su protagonista es Víctor (Celso Franco) un joven carretillero del Mercado 4 que se deslumbra por el sueño de las sociedades modernas: salir en televisión, ser legitimado por la gran pantalla, o al menos acceder a un sustituto momentáneo, la cámara de video. Ansioso por conseguir un celular que filme, Víctor aceptará entonces un sospechoso encargo de un comerciante del lugar, que a cambio de 100 dólares le pedirá que traslade las siete cajas del título a un escondite desconocido del inmenso y barroco mercado. Claro que las cosas no tardarán en complicarse, y pronto se verá envuelto en una cruda disputa entre un mafioso local, la policía y un padre desesperado que necesita dinero para salvar a su hijo: Víctor se convertirá en blanco de todos ellos, y la película iniciará una persecución frenética en tiempo real dentro de un escenario dramáticamente fascinante.

7-cajas-2

Aquí se encuentran los principales méritos de la película, que resuelve con oficio el desafío de filmar ese espacio de una manera que pueda transmitir la experiencia de los personajes: los precisos planos secuencia de los pasillos del mercado permiten convertirlo en un espacio habitable para el espectador, así como también algunos encuadres heterogéneos que captan acontecimientos simultáneos, aunque el gusto por el montaje acelerado y los cambios de velocidad en las acciones (o el uso del sonido de un modo exageradamente efectista) terminan conspirando contra las experiencias que la película puede ofrecer. Dueña de un suspenso de relojería, con un humor corrosivo y políticamente incorrecto –que a veces encuentra cierta correspondencia con los peores estereotipos sobre el ser paraguayo– 7 cajas es en definitiva un filme de múltiples caras que tanto puede denunciar la situación de miseria y explotación de viven los lejanos descendientes de los pueblos originarios como adscribir por momentos a la misma estética publicitaria que los niega y los margina, aunque el placer estará garantizado para los amantes del género y siempre vale recordar que la interpretación final quedará a su cargo, estimado e indescifrable espectador.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Copyleft 2014

 

PD: ver programa completo y horarios aquí: http://www.cineteatrocordoba.com.ar/

29 Festival de Cine de Mar del Plata

El problema del juicio

Branco sai preto fica

Branco sai preto fica

El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata llegó a su fin tras nueve días de efervescencia cinéfila donde el cine fue celebrado en casi todas sus manifestaciones conocidas, gracias a un programa ecléctico y ambicioso que reunió 369 películas con actividades paralelas de primer nivel, para disfrute de un público que llegó de todas las latitudes y respondió en consecuencia, con visitantes extranjeros incluidos.

Fue una fiesta a la altura del 60 aniversario que se celebraba, aunque no todas las secciones hayan colmado las expectativas previas, ni el palmarés final haya reflejado sus mayores riquezas, que tal vez permanezcan desconocidas para quienes no pasaron por la ciudad feliz. Es el dilema que todo encuentro de este género debe resolver, independientemente de su tamaño e importancia: cómo elegir un jurado que esté a la altura de la propuesta ofrecida, partiendo del principio de que todo juicio estético depende de la formación específica de quien lo ejerce. Se trata de una cuestión central porque los premios establecen una categorización que funciona como una suerte de reseña del festival que construye una identidad pública al iluminar los que se considerará sus valores más importantes y ocultar otros: no será el mismo recuerdo que dejará esta 29 edición de Mar del Plata si el Astor de Oro se lo hubiera llevado “Cavalo Dinheiro”, del portugués Pedro Costa, o “Jauja”, del argentino Lisandro Alonso, como ostensiblemente merecían, que la película que finalmente ganó, la muy menor “Come to my voice”, del turco Hüseyin Karabey, una obra tan pretenciosa en sus aspiraciones como pobre en sus concreciones artísticas.

Come to my voice

Come to my voice

El populoso jurado de la Competencia Internacional compuesto por seis miembros –una rara mixtura que unió al realizador Paul Schrader con el crítico chileno Manu Yáñez Murillo, la cineasta Valeria Sarmiento (esposa de Raúl Ruiz), la actriz argentina Soledad Villamil, y los españoles Gerardo Herrero y Carlos Vermut, que al parecer fueron claves en la decisión final– privilegió así la corrección política y el conservadurismo estético al riesgo y la experimentación artísticas, al premiar a este filme de tono costumbrista que narra las desventuras de dos mujeres –una anciana y una niña– de una pequeña aldea kurda, que enfrentarán la prepotencia del ejército turco para recuperar al hijo de una y padre de la otra, detenido por una falsa acusación de esconder armas. “No me interesa hacer una declaración política pura y dura sobre determinada situación (…) Por eso prefiero usar un dispositivo y una historia que provoque tanto risas como lágrimas, y que con suerte deje pensando al público cuando salga del cine”, explica el director en el catálogo del encuentro, y si matizamos la primera oración –porque efectivamente es un alegato político explícito–, funciona como una declaración indirecta de los fundamentos del fallo.

Para completar el palmarés, el jurado otorgó el premio a Mejor Director de la competencia a Mathieu Amalric por “El cuarto azul”, una correcta adaptación de la novela homónima de Georges Simenon sobre una infidelidad que terminará de forma trágica en un matrimonio de la aristocracia pueblerina francesa, interpretado por el propio director, mucho más conocido por su trabajo actoral. Sobrio, funcional y compacto, este drama sobre el deseo y el matrimonio, que hacia el final se transforma en un policial judicial, carece de todas formas del vuelo, el riesgo y la calidad de las películas de Costa o Alonso (o también de la del catalán Hermes Paralluelo, “No todo es vigilia”, otra gran ignorada por el jurado), que hubieran sido más pertinentes para el galardón. El premio especial a Mejor Fotografía para el director portugués, sin dudas más que merecido, suena así a un consuelo para lavar culpas, pues “Cavalo Dinheiro” era acaso la película del festival. Y el Astor de Plata al Mejor Guión quedó para “Le meraviglie”, un promisorio debut de la italiana Alice Rohrwacher, que con cierto riesgo artístico narra los conflictos de una familia que vive recluida en el campo, intentando experimentar la utopía de la vida autosustentada, al margen de la sociedad.

No todo es vigilia

No todo es vigilia

Por el lado de las actuaciones, se premiaron a dos de las peores películas de la sección: Park Jungbum, por “Alive”, un lacrimoso drama coreano sobre la miserable vida de un obrero de la construcción estafado por su patrón, y Negar Javaherian, por “Melbourne”, una película iraní que con mayor sutileza, pero no menos fruición, se hunde también en las miserias humanas con la historia de un matrimonio que decide ocultar la muerte de un bebé que tenía a su cargo. Otra película más interesante, la brasileña “Ventos de agosto”, de Gabriel Mascaro, mereció apenas una Mención Especial del Jurado. Era una selección despareja por la notable distancia que existía entre estas obras galardonadas y aquellas de altísimo nivel que ya destacamos, pero el jurado se inclinó por los filmes más pobres y convencionales, decisión que sin dudas terminará desmereciendo al Festival.

Distinto fue el caso de la Competencia Latinoamericana, donde el jurado integrado por Andrés Di Tella, Cintia Gil y Boris Nelepo otorgó el premio a Mejor Película a la muy valiosa “Branco sai preto fica”, del brasileño Adirley Queirós, que sí supo aunar compromiso político con experimentación artística y vocación lúdica: este documental fantástico inventa una trama y una forma cinematográfica para compensar las injusticias vividas por sus protagonistas, negros de clase baja reprimidos brutalmente en los años ´80 por la policía estatal al punto de dejarlos inválidos, y orquestar una venganza ficticia contra el mayor emblema de las desigualdades brasileñas, la mítica ciudad de Brasilia, fantasía que parece constituir una feliz obsesión del director (que ya prepara una película de ciencia ficción sobre… la destrucción de Brasilia). Se podría decir que “Fávula”, del argentino Raúl Perrone, merecía mayor suerte en la sección, pero al menos el filme de Queirós está a la altura del galardón que obtuvo.

Su realidad

Su realidad

Por el lado de la Competencia Argentina, la película “Su realidad”, de Mariano Galperin, se llevó el premio mayor de la sección, al ofrecer un retrato lúdico del músico Daniel Melingo en formato de “road movie”; en tanto que eligió como Mejor Director al argentino residente en Uruguay Adrián Biniez por “El 5 de Talleres”, una comedia romántica más bien mediocre sobre un futbolista que decide retirarse a los 35 años, que basa todo su encanto en los actores Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg, por el simple hecho de que son pareja en la vida real. También se entregó una Mención Especial para “Salud rural”, de Darío Doria, sobre un médico que sostiene estoicamente desde hace 30 años un hospital de un pueblito ubicado en el centro de Santa Fe. Por lo demás, el cortometraje “Naranjas” del Colombiano Iván Gaona, se quedó con el premio principal de la Competencia Latinoamericana de cortos, y “Zombies”, de Sebastián Dietsch, ganó en el apartado argentino, donde “Nueve segundos”, de Gastón Siriczman recibió una Mención Especial.

Termina así un encuentro donde más de 130.000 espectadores –nuevo record de público–pudieron acceder al cine de todo el mundo y de todas las épocas, ya que el programa supera ampliamente a las competencias reseñadas, y por ejemplo ofreció hallazgos inigualables como películas de la época muda de Alfred Hitchcock o la retrospectiva del cineasta ruso Alexei German, exponente de un cine que parece imposible de encontrar en el presente. Todo eso y mucho más fue Mar del Plata, donde por unos días cada quién pudo encontrar su exacta medida del cine y de la vida, que aquí resultaron ser uno mismo.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2014

Published in: on 2 diciembre, 2014 at 21:55  Dejar un comentario  
Tags:

29 Festival de Cine de Mar del Plata

El cine como un arte mayor

Cavalo Dinheiro

Cavalo Dinheiro

 

El festival mostró picos altos con el estreno de “Cavalo Dinheiro”, de Pedro Costa, y “Fávula”, del argentino Raúl Perrone

 

El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata tuvo el martes uno de sus mejores días gracias a una coincidencia feliz, seguramente poco azarosa: el estreno casi en simultáneo de “Cavalo Dinheiro”, el esperado regreso del portugués Pedro Costa, en la Competencia Internacional, y de “Fávula”, del argentino Raúl Perrone, en la Competencia Latinoamericana, dos películas que elevaron la calidad del encuentro a otra dimensión.

Ocurre que ambas son representantes eximias de un cine cada vez más extraño y ausente en nuestro presente a pesar de las posibilidades que hoy brinda la tecnología, aquél que se concibe a sí mismo como un arte mayor, un lenguaje aún por descubrir y explorar que en la predilección de la estética por sobre la narración encuentra un modo de resolver uno de los dilemas cruciales de todo cineasta que intenta filmar a otra clase social: cómo hacer justicia con los desplazados, cómo dar cuenta de sus experiencias sin caer en la conmiseración, la estigmatización, el miserabilismo o el simple paternalismo.

Cavalo Dinheiro

Cavalo Dinheiro

“Cavalo Dinheiro” gira en torno a un personaje central de Costa, el Ventura de “Juventude em marcha”, un obrero inmigrante de Cabo Verde que habitaba el ya célebre barrio de Fontainhas, un enclave carenciado donde transcurren tres de las películas del director. El escenario ahora es mucho más abstracto y metafórico, aunque no por eso menos potente en el alcance de las alegorías que arroja como sutiles puñales a partir de una puesta en escena donde el uso de la luz y la sombra alcanza una sofisticación radical, eximia. Especie de limbo indeterminado que se podría asociar, levemente, a la figura del Purgatorio (o a la propia mente del protagonista), un alicaído Ventura deambula aquí por las ruinas de un hospital espectral que tanto puede representar el falso ascetismo de los no lugares como la estremecedora frialdad de las ruinas de un calabozo del siglo XIX o una oficina laboral: allí se irá cruzando continuamente con su pasado, o más bien con los fantasmas de sus afectos y amigos que se presentan a su paso, así como también con representantes de la tragedia política que marcó a toda su generación, la Revolución de los Claveles, que en esta película planea como fondo y contexto significativo de la biografía de nuestro protagonista.

Profundamente política y poética, términos que suelen pensarse como antagónicos acaso por las dificultades que implica asociarlos con pertinencia, “Cavalo Dinheiro” hace más bien de la poesía una forma de posicionamiento político en todos los sentidos, tanto respecto al cine y las formas dominantes que lo subyugan, como al modo de reivindicar a sus criaturas desde un tratamiento formal donde la belleza es regla, donde la tragedia de los pobres y los condenados puede representarse con las herramientas más nobles del séptimo arte. Esa poesía trágica es entonces eminentemente visual: la particular iluminación de las paredes o los elementos de sus escenarios en juego con las sombras dentro del plano (que puede incluir varios focos profundidad de campo), sea un bosque o un tenebroso túnel subterráneo, establece un tono decididamente onírico que en muchos momentos llega al éxtasis visual. Semejante disposición formal posibilita que la figura de Ventura alcance una abstracción que le permite terminar de representar lo que siempre había sido en potencia: el universo de los desposeídos, de toda una raza condenada al ostracismo o a la explotación salvaje por parte de los potentados (blancos), sin posibilidades de encontrar sosiego ni redención en esta tierra. Una fábrica abandonada donde las herramientas de trabajo ya son parte de las ruinas o un ascensor donde Ventura dialoga sobre la citada revolución con un soldado de plomo en tamaño real se convierten así en metáforas elocuentes sobre el destino de tantos que por su condición material y/o política no pudieron llegar a una vida digna, sea por la imposición del autoritarismo estatal, sea por la explotación macabra del mercado de trabajo. Lo notable es que Costa articula todas estas dimensiones sin ninguna voluntad por cerrar sentidos ni bajar líneas de lecturas, más bien al contrario: la sofisticación visual y narrativa hace de “Cavalo Dinheiro” (que refiere al caballo real de Ventura) una película en perpetua expansión y reelaboración, aunque no caóticamente, en direcciones bien precisas. Será difícil que otra obra esté a su altura, aunque habrá que ver si el jurado lo entiende así.

Favula

Favula

Pero si de poesía visual para retratar fantasmas hablamos, la apuesta de Perrone en “Fávula” puede ser tan radical y estremecedora como aquella de Costa, aunque en cierto sentido parezca opuesta: como en su anterior “P3nd3jo5”, el realizador de Ituzaingó practica aquí una singular apropiación de los códigos del cine mudo para narrar esta vez una fábula abstracta sobre la trata de personas. Suerte de adaptación musical elegíaca de “Hansel y Gretel”, filmada en un blanco y negro fuertemente manipulado que se ha interpretado como un retorno moderno al primitivismo de los primeros tiempos del cine, puede decirse que el filme de Perrone sigue el derrotero incierto de una joven adoptada que es vendida por sus padres sustitutos a los mercaderes de la trata para ser rescatada luego por sus hermanastros, que ejercitarán una justa venganza. Pero la anécdota narrativa es mínima e intrascendente: lo importante aquí es la experiencia que esa conjunción de imágenes, música y sonidos puede ofrecer el espectador, que trasciende todo discurso organizado y hace del cine un arte eminentemente sensorial, donde la libertad domina la interpretación.

Perrone vuelve a conjugar elementos supuestamente opuestos: el citado primitivismo del primer cine recreado digitalmente, con un bosque como escenario construido artificialmente como una maqueta, con música contemporánea como eterna presencia cíclica, con loops, repeticiones y sonidos que se intercalan en el plano (hasta distorsiona las voces hasta volverlas inentendibles), como si fuera un gran Dj en acción interviniendo en vivo sus imágenes. “Fávula” es una obra de otro planeta –por más que puedan encontrarse referentes contemporáneos como el filipino Raya Martin–, que ofrece una experiencia hipnótica y abierta que pocas veces el cine ha conseguido plasmar con tal contundencia y pertinencia para con sus habitantes –que siguen siendo los jóvenes olvidados de siempre–, lo que confirma a Perrone como uno de los directores más singulares de nuestro tiempo, uno de los pocos que puede crear una forma de acercarse al mundo que le devuelva su misterio original, como este arte había sabido funcionar en sus ya lejanos orígenes.

Otro regreso auspicioso, aunque en la Competencia Internacional, fue el del bonaerense José Celestino Campusano que con “El Perro Molina” vuelve a ofrecer un singular tanque narrativo donde sus criaturas del conurbano encuentran formas más justas de narrar sus aconteceres, en este caso otra historia de pasiones y crímenes en el submundo de la trata de personas. A la proliferación de personajes y tramas fuertes que lo caracteriza, Campusano le agrega una progresiva sofisticación de su estética apodada “bruta”, donde el planteamiento formal comienza a mostrar delicadezas que relativizan esa nominación (que sí resulta pertinente en su alcance político, es decir la búsqueda de una forma propia y coherente con el mundo que retrata): el acceso a mayor financiación está complejizando su cine, que se muestra en continua evolución. La noticia es bienvenida porque el director sigue manteniendo la concentración y enjundia que caracteriza a sus películas, hechas de sentimientos tan primitivos y fuertes como universales, con lo que el futuro que se le presenta resulta auspicioso.

Ayer se esperaba también el ingreso a la misma competencia del catalán Hermes Paralluelo, aquél recordado director de la película cordobesa “Yatasto” –acaso la mejor obra local de la última década–, con “No todo es vigilia”, un documental sobre sus abuelos ya ancianos y las experiencias con la decadencia física que los atraviesa, así como también de la tercer película argentina en la sección, la también prometedora “La vida de alguien”, de Ezequiel Acuña. Se viven buenos días en Mar del Plata, y el cine tiene mucho que ver en eso.

 

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2014

Published in: on 26 noviembre, 2014 at 18:09  Dejar un comentario  
Tags:

29 Festival de Mar del Plata

Un mundo misterioso

JAUJA-Mortensen-500

Jauja

Con un marco inmejorable, el encuentro ofrece una Competencia Internacional despareja, donde refulge el regreso del argentino Lisandro Alonso, “Jauja”

Los primeros días del 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata muestran la mejor versión posible de un encuentro destinado por naturaleza a democratizar la multiplicidad de placeres que puede brindar la experiencia cinematográfica: al marco inigualable que ofrecen el mar, la ciudad y sus instalaciones, se le suma la masiva presencia ciudadana que permitió el fin de semana largo, con calles, bares y salas repletas de cinéfilos o amantes pasajeros del séptimo arte que con sus presencia y entusiasmo ratifican el destino popular del evento. Pero de poco serviría que el microcentro marplatense parezca una fantasía cinéfila desbocada si no se viera respaldado por una programación a la altura de los desafíos, que en su variedad y riesgo aspire a encontrar espacio para todos los públicos.

Jauja

Jauja

Hasta el momento, las expectativas fueron cubiertas por algunas pocas películas que lograron sobrepasar todas las expectativas previas: una de ellas fue la que abrió la Competencia Internacional, decisión curatorial digna de ser celebrada. Se trata de “Jauja”, el tan esperado como fascinante regreso del argentino Lisandro Alonso (“La libertad”, “Los muertos”) a la dirección, que con esta película parece lanzar su carrera a un terreno desconocido pero pleno de potencialidades. Mitad reconstrucción histórica de un pasado ya mitológico de Argentina en clave (distorsionada) de género, mitad exploración personal de temas, climas y formas que obsesionan y particularizan a Alonso, la película confirma la existencia de una mirada radical que es capaz de captar al mundo como ninguna otra. Si bien la dimensión narrativa es aquí más fuerte que en sus películas previas, la trama de “Jauja” ideada por el escritor Fabián Casas no deja de ser mínima (aunque esta vez de indiscutible formato clásico): un capitán danés (interpretado notablemente por Viggo Mortensen, también presente en el festival), explora la Patagonia argentina en una misión desconocida en tiempos de la Conquista del Desierto, aunque un texto advierte al inicio que el título del filme refiere a una tierra mitológica de abundancia y prosperidad que podría ser su objetivo. Lo acompaña su bellísima hija adolescente junto a un pelotón local mínimo comandado por un oscuro teniente parco y resentido –que expresa con poca sutileza las tensiones políticas de la época–, que tiene segundas intenciones con la joven: no será él, sin embargo, la fuente de los desvelos del visitante, que a partir de que su hija se fugue con un joven soldado deberá embarcarse en soledad en una búsqueda demencial por el agreste desierto patagónico, con la presencia de los indios como amenaza latente. La película irá entrando en un terreno cada vez más enrarecido a medida que avance la travesía, con nuestro protagonista superado progresivamente por las condiciones de una naturaleza tan fascinante e hipnótica como inclemente, a lo que deberá sumar el rapto de su primogénita por parte de los salvajes, hasta que en cierto momento Alonso rompa radicalmente la estilizado diégesis que venía construyendo para instalarse abruptamente en el presente, con la misma joven disfrutando de una vida bucólica en algún castillo de Dinamarca. Si el giro puede resultar chocante, no resulta para nada incoherente si se repara en la dimensión fantástica que venía construyendo la película, de un realismo paradójico: Alonso filma el mundo como un ente pleno de misterio, del cual busca extraer la mejor expresión posible a partir de la propia materialidad de los elementos que lo componen. Ya desde la apertura, con los personajes instalados en una lobería al lado del mar, casi cualquier plano que se tome semejará un elaboradísimo cuadro de un pintor excelso (lo que acaso justifica el formato 4:3 –similar a un cuadrado– elegido para el filme), donde la presencia de los colores, la composición de la escena, la fidelidad del sonido y la profundidad de campo consiguen construir un universo de una expresividad radical, cuya fascinación reside en la íntima cercanía que establece con el estado puro de naturaleza, con la incertidumbre de unas vidas arrojadas a un territorio inhóspito, donde la civilización no tiene lugar. Especie de western existencial como se ha dicho, pariente cercano al cine del catalán Albert Serra, lo notable de “Jauja” es su capacidad para atrapar un mundo pretérito, cargarlo de significados diversos e inmediatamente vaciarlo, trastocarlo, extrañarlo, correrlo de cualquier aprehensión estándar, como si efectivamente de un mito se tratara: las potencialidades del cine en su máxima expresión diría quien escribe estas líneas.

Melbourne

Melbourne

Precisamente lo opuesto ocurre con el filme iraní “Melbourne”, de Nima Javidi, que parece programado en la misma sección para rellenar ausencias con pura corrección política: retrato veladamente inclemente de la miseria humana, la película narra la odisea de una pareja de clase media que justo el día en que se dispone a emigrar a Australia en busca de mejores condiciones de vida se encuentra con una tragedia prestada en su propio hogar. Ocurre que unos vecinos le han encargado que cuide a su bebé por unas horas, mientras ellos terminan de hacer las valijas y embalar sus cosas: en medio de ese fragor descubrirán que la criatura ha muerto. Película moralista hecha de trazos gruesos, a los protagonistas no se les ocurrirá mejor idea que mentirles a los propios progenitores del bebé para ver cómo pueden resolver la situación, lo que originará una espiral de tensión, enredos y paranoia que será potenciado groseramente desde el guion con la continua irrupción de diversos personajes en ese escenario aislado, que acaso intenta fungir como una metáfora de clase o de la perversión de la condición humana. Como sea, el filme hace del desprecio su clave de lectura, con lo que se agigantan las chances de “Jauja” por obtener el lauro mayor.

Ventos de agosto

Ventos de agosto

Bastante más generosa y honesta es la propuesta que ofrece la brasileña “Ventos de agosto”, de Gabriel Mascaro, estrenada ayer en la misma sección en lugar de la esperada “La chambre bleue” (El cuarto azul), del francés Mathieu Amalric, cuya proyección pasó para el jueves, una de las desprolijidades propias de un festival de la enormidad de Mar del Plata que se pueden perdonar. Cruza inextinguible entre documental y ficción, Ventos… retrata la vida de una comunidad costera de un pueblo perdido de Brasil a partir de una joven pareja de trabajadores de una plantación de cocos. Con un virtuosismo formal construido a partir de un uso notable del sonido y planos amplios de la naturaleza que resaltan el sensualismo de la vida en el norte brasileño, el filme comienza como una exploración lúdica del trabajo artesanal en distintas versiones, que  pese a la condición social de sus protagonistas resulta amable y por momentos hasta idealista. La presencia de un sonidista que pretende estudiar al viento (compuesto por el propio director) comenzará a abrir la propuesta hacia nuevos horizontes, aunque pronto se truncará la empresa cuando aparezca un cuerpo en la costa que nadie sabe cómo tratar pues la policía no llega a buscarlo, presumiblemente porque allí no hay ninguna dirección postal. Película que roza los límites del costumbrismo y el realismo mágico “for export”, con cierto desorden narrativo que conspira contra sus logros,  Ventos… propone sin embargo un acercamiento interesante a las experiencias de una comunidad totalmente apartada del mundo industrial moderno, donde a diferencia de “Jauja” la naturaleza sí ofrece condiciones de vida bucólicas que permiten otro tipo de relaciones sociales entre las personas, aunque por momentos la pobreza parezca sospechosamente idealizada.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2014

Published in: on 24 noviembre, 2014 at 19:39  Dejar un comentario  
Tags:

Festival Internacional de Mar del Plata

Felicidad colectiva

Pasolini, de Abel Ferrara

Pasolini, de Abel Ferrara

Arranca la 29 edición del festival de cine con un programa impecable que intentará hacer honor al 60 aniversario del encuentro 

La ciudad feliz volverá a merecer su nombre al menos para los cientos de amantes del séptimo arte llegados de todo el país que desde el sábado comenzarán a disfrutar del 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, que hasta el 30 de noviembre desplegará una programación de un nivel, variedad y consistencia impecables, que pocos encuentros en el mundo pueden ostentar. Con 369 películas en programa, pertenecientes a 42 países,  la nueva edición del festival aspira a quedar en la historia por enmarcarse en el 60 º aniversario del encuentro, con un programa que promete ubicarla entre las mejores de sus últimos años –que ya fueron fértiles y destacados de por sí–, y una lista de visitantes que incluye a figuras como el norteamericano Paul Schrader (director y guionista de filmes emblemáticos como “Taxi Driver” o “La última tentación de Cristo”, ambos de Martin Scorsese), la francesa Claire Denis (que será objeto de una amplia retrospectiva de su obra), el actor Viggo Mortensen y los directores españoles  Carlos Vermut (quien estrenará “Magical Girl”, película ganadora del Festival de San Sebastián) y Nacho Vigalondo (que además de estrenar la comentada “Open Windows”, también merecerá una retrospectiva de sus cortometrajes), entre otros.

La misma apertura del encuentro testimonia sus ambiciones y potencialidades con la proyección de “Pasolini”, del revulsivo Abel Ferrara, donde Willem Dafoe encarna los últimos días del célebre director italiano Pier Paolo Pasolini. Será apenas la primera de varias apuestas fuertes de un encuentro que aspira a reunir las últimas obras de los directores consagrados en el mundo junto a las últimas revelaciones: si la máxima aspiración de un festival “clase A” es ofrecer una selección precisa y completa de lo más importante del año que transita, Mar del Plata promete cumplirlo con creces.

Para comprobarlo, basta con atisbar las joyas más relucientes de una programación inabarcable que reúne las últimas películas de verdaderos tótems contemporáneos como el portugués Pedro Costa, el argentino Lisandro Alonso, el hongkongnés Johnnie To, el norteamericano Hal Hartley, el coreano Hong Sang-soo, el inglés Frederick Wiseman, el francés Bruno Dumont, los japoneses Takashi Miike y Sion Sono, el filipino Lav Díaz, el desaparecido cineasta ruso Aleksei German o la legendaria pareja francesa Danièle Huillet & Jean-Marie Straub, entre muchos otros.

Cavalo Dinheiro, el esperado regreso de Pedro Costa

Cavalo Dinheiro, el esperado regreso de Pedro Costa

La misma Competencia Internacional pondrá en igualdad de condiciones al esperado regreso de Costa, “Cavalo Dinheiro”  (premio a Mejor Director del prestigioso Festival de Locarno), con lo nuevo de los argentinos Alonso (la celebradísima “Jauja”), el recordado Ezequiel Acuña (“La vida de alguien”), y el bonaerense José Celestino Campusano (su comentada “El Perro Molina”), junto a obras tan dispares como pueden ser la nueva película del francés Mathieu Amalric (“La Chambre bleue”), la revelación italiana Alice Rohrwacher (“Le meraviglie”), el regreso del ascendente director inglés Peter Strickland (“The Duke of Burgundy”)  o la nueva joya del catalán Hermes Paralluelo (“No todo es vigilia”),  director de la película cordobesa “Yatasto”, acaso la mejor obra que ha dado el cine local en su última y floreciente década. Son apuntes de una sección que promete una calidad y una variedad infrecuentes, realmente envidiables para cualquier festival del género. A la sección se sumarán como es tradición la Competencia Latinoamericana, que entre otras obras ofrecerá la última invención de Raúl Perrone (“Favula”), y la Competencia Argentina, cuyas selecciones son una invitación a descubrir las nuevas promesas que surgen en la región.

Pero también como de costumbre, la atención estará centrada en las secciones paralelas, particularmente la monumental “Panorama”, dividida a su vez en diversas subsecciones donde efectivamente se ofrece una selección ambiciosa y multifascética de lo mejor que ha pasado por los grandes festivales del mundo, y donde podemos encontrar los nombres de los maestros ya citados (en la sección “Autores”) junto a revelaciones menos conocidas o directamente apuestas radicales al riesgo, como en las secciones “Busco mi destino” (que reúne filmes que precisamente responden a búsquedas personales de temáticas juveniles) y “Estados alterados” (que reúne películas fuera de toda norma), o los apartados “Hora cero” y “Las venas abiertas”, que suelen ofrecer impecables selecciones del cine de género de la región y el mundo. Se sumará también una sección llamada “Italia Alterada” con películas destinadas a romper todas las convenciones.

Hard to be a god, de Aleksei German

Hard to be a god, de Aleksei German

Para no hablar de los focos y las retrospectivas varias: especialmente el dedicado al cineasta ruso Aleksei German en la sección “Revisiones”, porque se trata de una verdadera deidad del cine soviético que es poco conocida pese a que dejó una obra monumental, de una factura técnica impresionante para sus medios, pese a que fue continuamente censurado durante su carrera. Se verán películas como “Dura prueba bajo sospecha” (1971), “Veinte días sin guerra” (1976), “Mi amigo Ivan Lapshin” (1984) y el esperado estreno de “Hard to be a god” (2013), filme póstumo del director que le demandó 14 años de trabajo. También habrá selecciones de Carlos Hugo Christensen en Brasil, del argentino Daniel Tinayre, de Augusto Roa Bastos como guionista, de Francisco J. Lombardi, del director mexicano Jaime Humberto, del español Basilio Martín Patino y hasta un programa sobre la época muda inglesa de Alfred Hitchcock o el paso por el cinematógrafo del cantante Sandro, entre muchas otras posibilidades.

A ello que hay que agregar un amplio programa de cortometrajes de todo el mundo, con competencias incluidas, y numerosas actividades paralelas por el 60 aniversario del encuentro, además de charlas, clases de maestros y presentaciones de publicaciones, en donde Córdoba volverá a pisar fuerte con el libro “Hacia lo que vendrá”, del crítico local Fernando Pujato, o la revista “Cinéfilo”, entre otros casos. Será una fiesta auténticamente cinéfila como el lector puede adivinar, aunque abierta a todo público porque el cine siempre es un país universal, con espacio para albergar a todos los espectadores, y la 29 edición de Mar del Plata promete confirmarlo.

 

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2014

 

PROGRAMACIÓN COMPLETA

 

COMPETENCIA INTERNACIONAL

JAUJA-Mortensen-500

Jauja

 

-Cavalo dinheiro, de Pedro Costa (Portugal)

-Jauja, de Lisandro Alonso (Argentina)

-El Perro Molina, de José Celestino Campusano (Argentina)

-La vida de alguien, de Ezequiel Acuña (Argentina)

-Ventos de agosto, de Gabriel Mascaro (Brasil)

-Alive Sanda, de Jungbum Park (Corea del Sur)

-No todo es vigilia, de Hermes Paralluelo (España-Colombia)

-La chambre bleue, de Mathieu Amalric (Francia)

-Melbourne, de Nima Javidi (Irán)

-Le meraviglie, de Alice Rohrwacher (Italia)

-The Duke of Burgundy, de Peter Strickland (Reino Unido)

-Come to My Voice, de Hüseyin Karabey (Turquía-Francia-Alemania)

 

COMPETENCIA LATINOAMERICANA

 

-Favula, de Raúl Perrone (Argentina)

-La huella de la niebla, de Emiliano Grieco (Argentina)

-Branco sai preto fica, de Adirley Queirós (Brasil)

-Sinfonia da necrópole, de Juliana Rojas (Brasil)

-Matar a un hombre, de Alejandro Fernández Almendras (Chile)

-Gente de bien, de Franco Lolli (Colombia-Francia)

-Los Hongos, de Oscar Ruiz Navia (Colombia-Argentina-Francia-Alemania)

-Los muertos, de Santiago Mohar Volkow (México)

-El resto del mundo, de Pablo Chavarría Gutiérrez (México-España)

-Mr. Kaplan, de Álvaro Brechner (Uruguay-España-Alemania)

Favula

Favula

 

COMPETENCIA ARGENTINA

 

-El 5 de Talleres, de Adrián Biniez

-Aventura, de Leonardo D´Antoni

-Camino de campaña, de Nicolás Grosso

-El hijo buscado, de Daniel Gagliano

-Mechita, entre la tierra y el cielo, de Mariano Gerbino

-Narcisa, de Daniela Muttis

-Pantanal, de Andrew Sala

-El Patrón, radiografía de un crimen de Sebastián Schindel

-Pistas para volver a casa, de Jazmín Stuart

-Salud rural, de Darío Doria

-Su realidad, de Mariano Galperín

-Yo sé lo que envenena, de Federico Sosa

 

COMPETENCIA LATINOAMERICANA DE CORTOS

 

-A tenista, de Daniel Barosa

-Barqueiro, de José Menezes, Lucas Justiniano

-Bestial, de Diego de Haro

-Brasil, de Aly Muritiba

-El modelo de Pickman, de Pablo Ángeles

-Elefante, de César Andrés Heredia Cruz

-Los Contreras Family, de Alejandro Becerril Elías

-Naranjas, de Iván D. Gaona

-Pacto , de Pedro Miguel Rozo

-Sed, de Lucía Romero P.

 

COMPETENCIA ARGENTINA DE CORTOS

 

autosocorro

-Autosocorro, de Julián d´Angiolillo

-Cómo olvidar un amor en 21 pasos, de Julieta Steinberg

-El cumpleaños de Darcy, de Diego Frangi

-Inmentis, de Francisco de la Fuente

-La gaviota, de Esteban Perroud

-La ventana abierta, de Lucila Las Heras

-Nueve segundos, de Gastón Siriczman

-Pueblo, de Mariano Tobar

-Recalculando, de Ingrid Pokropek

-Rieles, de Gual Mostajo

-Zombies, de Sebastián Dietsch

 

WORK IN PROGRESS

 

-Al centro de la Tierra, de Daniel Rosenfeld

-Alptraum, de Ana Piterbarg

-Buscando a Myu, de Baltazar Tokman

-Cambio de aire, de Rosendo Ruiz

-Campaña antiargentina, de Alejandro Parysow

-Casa del teatro, de Hernán Rosselli

-El eslabón podrido, de Valentín Javier Diment

-El exilio de las Malvinas , de Federico J. Palma

-El invierno llega después del otoño, de Malena Solarz y Nicolás Zukerfeld

-El monumento, de Ignacio Masllorens

-Ensayo de despedida , de Macarena Albalustri

-Implantación, de Fermín Eloy Acosta, Lucía Salas y Sol Bolloqui

-La herencia, de Federico Robles

-La sangre del gallo, de Mariano Dawidson

-Madres de los dioses, de Pablo Agüero

-Paula , de Eugenio Canevari

-Primero, enero, de Darío Mascambroni

-Reflejo Narcisa, de Silvina Szperling

-Solèy , de Manuel Abramovich

-Upa! 2, el regreso, de Camila Toker, Santiago Giralt y Tamae Garateguy

-Veredas, deFernando Cricenti

-Zebras, de Javier Zevallos

 

 

AUTORES

 

Hill of Freedom

Hill of Freedom

-Pasolini, de Abel Ferrara

-Alma salvaje, de Jean-Marc Vallée

-Amour fou, de Jessica Hausner

-Birdman, de Alejandro González Iñárritu

-La danza de la realidad, de Alejandro Jodorowsky

-Don’t Go Breaking My Heart 2, de Johnnie To

-La entrega, de Michaël R. Roskam

-From What Is Before, de Lav Diaz

-Gyeongju, de Lu Zhang

-Haemoo, de Shim Sung-bo

-Hill of Freedom, de Hong Sang-soo

-Magical Girl, de Carlos Vermut

-Maïdan, de Sergei Loznitsa

-Mommy, de Xavier Dolan

-National Gallery, de Frederick Wiseman

-Ned Rifle, de Hal Hartley

-P’tit Quinquin, de Bruno Dumont

-Revivre, de Im Kwon-taek

 

PANORAMA ARGENTINO

 

-Avanta, Juan Alvarez Neme

-Brascó, de Ernesto Livon-Grosman

-Here, Kitty Kitty, de Santiago Giralt

-La Salada, de Juan Martín Hsu

-Los lemmings contraatacan, de Edmundo Berajano

-La misión argentina, de Adrián Jaime

-Los ojos de América, de Daiana Rosenfeld, Aníbal Garisto

-No estás solo en esto, de Milagros Almondaray

-Por el camino de Modesto, de Sebastián Deus

-Réimon, de Rodrigo Moreno

-Si je suis perdu, c’est pas grave, de Santiago Loza

-Los silencios y las manos, de Hernán Khourian

-El tiempo encontrado, de Marcelo Burd

 

 

S8/16MM

 

-Jinetes, PAB, Colibrí e Intermission (díptico), de Azucena Losana

-Resumen, de Pablo Ziccarello

-Breathe y Hallazgos, de Leonardo Zito

-Reflexiones y Hornaditas, de Julio Fermepin

-Fuerzas (trilogía) e Intemperie, de Luján Montes

-Haiku # 2, Hay amor tan necesario como el sol, y Sin título, de Alvaro Cifuentes

-Fantasmas cromáticos, de Claudio Caldini

-Aula magna, de Andrés Denegri

-Fresno, de Leandro Listorti

-Resistfilm, de Pablo Marín

-S/T, de Sergio Subero

-Fotooxidación, de Pablo Mazzolo

 

FUNCION ESPECIAL: JORGE HONIK

 

-La mirada errante – Sueños impresos en acetato

-Gaudi asesinado por un tranvía

-Nubes

-Komik

-Un paseo

-El inmortal

-Passacaglia y fuga

 

 

PANORAMA DEL CINE LATINOAMERICANO

 

-Las búsquedas, de José Luis Valles

-Com os punhos cerrados, de Luiz Pretty, Pedro Pretti y Pedro Diogenes

-El cordero, de Juan Francisco Olea

-Ella, de Libia Stella Gómez Díaz

-El extirpador de idolatrías, de Manuel Siles

-González, de Christian Díaz Pardo

-Icaros, de Georgina Barreiro

-Lago de luciérnagas, de Florencia Iwabuti

-Pipí mil pupú dos lucas, de Fernando y Enrique Bencomo

-Ruido rosa, de Roberto Flores Prieto

-Solo, de José Novoa

-La tirisia, de Jorge Pérez Solano

-Las vacas con gafas, de Alex Santiago Pérez

-Viejos amigos, de Fernando Villarán

 

 

MAR DE CHICOS

 

-Belle et Sebastien, de Nicolas Vanier

-Dixie y la rebelión zombi, de Ricardo Ramón y Beñat Beitia

-El extraordinario viaje de Lucius Dumb, de Maite Ruiz de Austri

-Pancho, el perro millonario, de Tom Fernández

-Pinocchio, de Anna Justice

 

 

MAR DE CHICOS – PROGRAMA DE CORTOS

 

-Cloudo goats, de Hamid Karimian

-O coracao de príncipe, de Caio Ryuichi

-The gift, de Julio Pot

-El maestro y la flor, de Daniel Irabien

-Me + Her, de Joseph Oxford

-Mops & Ollie, de Christian Kuntz

-Reflejos, de Federico Larrosa

-El trompetista, de Raúl Morales

 

PROGRAMA OJO AL PIOJO

 

-El meteorito, del Taller del Coco

-El misterio del gusano, de Sofía Basté

-Bottle, de Kristen Lepore

-¡El elefante está enfermo!, de Verna Fels

-A lilbelula e o sapino, de Carlos Avalone

-La vida de los pájaros, de Federico Rathge

-Luz fuera – ¡Soy un caracol!, de Verena Fels

-Moskina, de Beatriz Herrera Carrillo

-El giro de Rino, de Verena Fels

-Paleolito, de Ismael Lito

-Twins in bakery, de Mari Miyazawa

 

 

VENTANA DOCUMENTAL: CINE POLITICO

 

-Almost friends, de Nitzan Ofir

-The aryans, de Mo Asumang

-Beyond the walls, de Gayle Embrev

-Buscamos vida, los crímenes del ejército argentino en Campo de Mayo, de Algo Getino

-Eu argentée, Syrie autoportrait, de Ossama Mohammed

-The forest, de Sinisa Dragin

-Francisco de Buenos Aires, de Miguel Rodríguez Arias

-Gran Chaco, de Lucas van Esso

-No land’s song, de Ayat Najafi

-Osvaldo Bayer “la livertá”, de Gustavo Gzain

-The overnighters, de Jesse Moss

-Parole de kamikaze, de Masa Sawada

-Propaganda, de Christopher Murray

-S.C. Recortes de prensa, de Oriana Castro

-The square, de Livia Gyarmathy

-Tierra abrasada, de Gustavo Siri

-UNASUR en Haití, reflejos de una Argentina solidaria, de Jorge Diego Gil

-Watchers of the sky, de Edet Belzberg

 

 

BUSCO MI DESTINO

Voley

Voley

 

-Before I desappear, de Shawn Christensen

-B.F.E., de Shawn Telford

-Diarios de Mendoza, de Lucía L. Mendoza

-Edén, de Elise DuRant

-Juana a los 12, de Martin Shanly

-Recommended by Enrique, de Rania Attieh y Daniel García

-Retrato de un comportamiento animal, de Florencia Colucci y Gonzalo Lugo

-Tu dors Nicole, de Stephane Lafleur

-Voley, de Martín Piroyansky

-Domingo, de Alejandro Jovic

 

 

HORA CERO

 

-A hard day, de Kim Seong-hun

-It follows, de David Robert Mitchell

-Over your dead body, Takasji Miike

-Spring, de Justin Benson

-Tokyo tribe, de Sion Sono

-What we do in the shadows, de Taika Waititi y Jemaine Clement

-Wyrmwood, de Kiah Roache-Turner

-Confetti of the mind, de Nacho Vigalondo

 

 

LAS VENAS ABIERTAS

 

-Corazón muerto, de Mariano Cattaneo

-Gritos del bosque, de Jorge Olguín

-Jorge y Alberto contra los demonios neoliberales, de Hermanos Quintana

-Los monstruos, de Juan Schmidt

-Nacido para morir, de Andrés Borghi

-Naturaleza muerta, de Gabriel Grieco

-La parte ausente, de Galel Maidana

-Redentor, de Ernesto Díaz Espinoza

-Tejen, de Pablo Rabe

-Albino, de Federico Telerman

-Hasta las entrañas, de Leandro Cozzi

 

 

BSO

 

-Bronces en isla verde, de Adriana Yurcovich

-Desacato a la autoridad, relatos de punks en Argentina 1983-1988 (Capítulo 1), de Tomás Makaji y Patricia Pietrafesa

-Edén, de Mia Hansen-Love

-God help the girl, de Stuart Murdoch

-Heaven adores you, de Nickolas Rossi

-Pequeña Babilonia, de Hernán Moyano

-Relámpago en la oscuridad, de Germán Fernández y Pablo Montilau

-Salgán & Salgán: un tanto de padre-hijo, de Caroline Neal

 

 

SENTIDOS DEL HUMOR

 

-Big in Japan, de John Jeffcoat

-Bugarach, de Ventura Durall, Sergi Cameron y Salvador Sunyer

-Henri Henri, de Martin Talbot

-Listen up Philip, de Alex Ross Perry

-The mend, de John Magary

-Santiago violenta, de Ernesto Díaz Espinoza

-Summer of blood, de Onur Tukel

 

 

ESTADOS ALTERADOS

 

-La ciudadela, de Rubén Guzmán

-The guests, de Ken Jacobs

-I, of whom I know nothing, de Pablo Sigg

-Mange tes morts, de Jean-Charles Hue

-Mercuriales, de Virgil Vernier

-El paseo, de Flavia de la Fuente

-Llar, de Elisa Cepedal y Ramón Lluis Bande

-A notie e necesaria, de Marcos Merino

-Ser e voltar, de Xacio Baño

-Sobre la marxa, de Jorde Morató

-Salers, de Fernando Domínguez

-Broken tongue, de Monica Saviron

-Sólo te puedo mostrar el color, de Fernando Vilchez Rodríguez

-El asombro, de Iván Fund, Santiago Loza y Lorena Moriconi

-Episode of fhe sea, de Lonnie van Brummelen y Siebren de Haan

-All vows, de Bill Morrison

-As figuras gravadas na faca com a seiva das bananeiras, de Joana Pimenta

-Los girasoles, de Martín Boulocq

-O velho do réstelo, de Manoel de Oliveira

-The Tony Longo Trilogy, de Thom Andersen

-Dialogue d’ombres, de Jean-Marie Straub

-A propos de Venise, de Jean-Marie Straub

-Assemblée générale, de Luc Moullet

-Things, de Ben Rivers

-Os sonámbulos, de Patrick Mendes

-It’s not a prison if you never try the door, de Joshua Gen Solondz

-Atlantis, de Ben Russell

-O, persecuted, de Basma Alsharif

 

 

PROYECCIONES ESPECIALES

 

-El acto en cuestión, de Alejandro Agresti

-Ciudadano Piria, de Gustavo Leonel Mendoza

-Dancing with Maria, de Ivan Gergolet

-Evita, quien queira oír que oiga, de Eduardo Mignona

-El gancho, de Sandra Higuita Marín

-A luneta do tempo, de Alceu Valenca

-Olvidados, de Carlos Bolado

-Un mar de cortos para vos: El gigante; Julieta de bicicleta; El corazón del sastre; Lluvia en los ojos; Historia de un oso.

-Malvinas, 30 miradas

 

 

FOCO: ITALIA ALTERADA 7 ½

 

-Abacuc, de Luca Ferri

-Belluscone. Una storia siciliana, de Franco Maresco

-La creazione di significato, de Simone Rapisarda Casanova

-Piccola patria, de Alessandro Rossetto

-Rosarno, de Gretta De Lazzaris

-Il segreto, de Cyop&Kaf

-Striplife, de Nicola Grignani, Alberto Mussolini y Luca Saffidi

-La bendizione degli animali, de Cosimo Terlizzi

-Roberto Minervini / Trilogía de Texas: The passage; Low tide; Stop the pounding heart

 

 

CLAIRE DENIS

Claire Denis

Claire Denis

 

-S’en fout la mort

-J’ai pas sommeil

-Bella tarea

-Sangre caníbal

-L’Intrus

-35 rhums

-White material

-Voilá l’enchainement

 

 

JAIME HUMBERTO HERMOSILLO

 

-La pasión según Berenice

-Matinée

-Naufragio

-Las apariencias engañan

-La tarea

-De noche vienes, Esmeralda

-eXXXorcismos

-Juventud

 

 

FRANCISCO J. LOMBARDI

 

-Maruja en el infierno

-La ciudad y los perros

-La boca del lobo

-Caídos del cielo

-Sin compasión

-Bajo la piel

-Pantaleón y las visitadoras

-Tinta roja

-Ojos que no ven

-Mariposa negra

-Ella

-Ojos que sí ven: el cine de Lombardi, de José Ridoutt Polar

 

 

ESPAÑA ALTERADA: BASILIO MARTIN PATINO

 

-Nueve cartas a Berta

-Canciones para después de una guerra

-Queridísimos verdugos

-Caudillo

-Basilio Martín Patino. La décima carta, de Virginia García del Pino

 

 

REVISIONES: CHRISTENSEN EN BRASIL

 

-Leonora dos sete mares

-Mis amores en Río

-El rey Pelé

-Viagem aos seios de Duilia

-O menino e o vento

-Enigma para demonios

-A mulher do desejo

-A morte transparente

-La intrusa

 

 

HOMENAJE A ALBERTO ETCHEBERE

 

-El secuestrador, de Leopoldo Torre Nilsson

-Más allá del olvido, de Hugo del Carril

 

 

ALEKSEI GERMAN

 

-Dura prueba bajo sospecha

-Veinte días sin guerra

-Mi amigo Ivan Lapshin

-Khrustalyov, My Car!

-Hard to be a god

 

 

BRITANNIA LADO A: EL PRIMER HITCHCOCK

 

-Downhill

-The farmer’s wife

-The Manxman

 

 

AUGUSTO ROA BASTOS, GUIONISTA

 

-El trueno entre las hojas, de Armando Bó

-La sangre y la semilla, de Alberto Du Bois

-Shunko, de Lautaro Murúa

-Alias Gardelito, de Lautaro Murúa

-Hijo de hombre, de Lucas Demare

-La boda, de Lucas Demare

-Castigo al traidor, de Manuel Antín

-El portón de los sueños, de Hugo Gamarra

 

 

SANDRO

 

-Muchacho, de Leo Fleider

-Siempre te amaré, de Leo Fleider

-Embrujo de amor, de Leo Fleider

-Destino de un capricho, de Leo Fleider

-El deseo de vivir, de Julio Saraceni

-Operación Rosa Rosa, de Leo Fleider

-Subí que te llevo, de Rubén Cavallotti

 

 

DANIEL TINAYRE

 

-Mateo

-Camino del infierno

-Pasaporte a Río

-Danza del fuego

-La vendedora de fantasías

-Deshonra

-En la ardiente oscuridad

-La patota

-El rufián

-Bajo un mismo rostro

-La cigarra no es un bicho

-Extraña ternura

-La Mary

 

 

COSMOS 70

 

-Tres cantos para Lenin, de Dziga Vertov

-El 41, de Grigori Chujrai

-Don Quijote, de Grigori Kozintsev

-Pasaron las grullas, de Mikhail Kalatozov

-Detrás de un vidrio oscuro, de Ingmar Bergman

-La infancia de Iván, de Andrei Tarkovski

-Un día, un gato, de Vojtech Jasny

-Los amores de una rubia, de Milos Forman

-El fascismo al desnudo, de Mikhail Romm

-Trenes rigurosamente vigilados, de Jiri Menzel

-Cuernos de cabra, de Metodi Andonov

 

 

CINE ARGENTINO SIEMPRE II

 

-El linyera, de Enrique Larreta

-Besos brujos, de José Agustín Ferreyra

-Sol de primavera, de José Agustín Ferreyra

-Historia de una noche, de Luis Saslavsky

-De la sierra al valle, de Antonio Ber Ciani

-Los isleros, de Lucas Demare

-Si muero antes de despertar, de Carlos Hugo Christensen

-Facundo, el tigre de los llanos, de Miguel P. Tato

-La tigra, de Leopoldo Torre Nilsson

-Rutas argentinas

 

 

GENERACION VHS

 

-Electric Boogaloo: the wild, untold story of Cannon Films, de Mark Hartley

-Salsa picante, de William Sachs

-Invasión USA, de Joseph Zito

-Halcón, de Menahem Golam

-Hardware, de Richard Stanley

-Lost soul: the doomed journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau, de David Gregory

Published in: on 21 noviembre, 2014 at 1:09  Dejar un comentario  
Tags:

Entrevista a Matías Herrera Córdoba

Tiempo de recogimiento

Matias herrera

El director habla de la nueva película local que se estrenó en los cines locales, “El Grillo”

2014 no será un año más para la historia del cine local, como ya en abril auguraba la participación de ocho películas cordobesas en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici). Más allá de los recientes debates generados en torno a la pertinencia del rótulo “Nuevo Cine Cordobés”, lo cierto es que este año ya se estrenaron al menos cuatro producciones locales en las salas importantes de la ciudad (“El último verano”, “La laguna” “Atlántida” y “Tres D”), y ahora llegó la quinta: “El grillo”, esperado debut en ficción de Matías Herrera Córdoba, director del elogiado documental “Criada” (2009), que el jueves se estrenó en los Cines Gran Rex y Dinosaurio, mientras la semana próxima se proyectará en el Cine Teatro Córdoba, en uno de sus últimos programas.

Nuevamente con producción de El Calefón Cine –acaso la productora que más ha crecido en los últimos meses (y que tiene en gateras otro prometedor estreno en coproducción con Uruguay, “Una noche sin luna”)-, este filme de ánimo experimental explora las relaciones entre el teatro y el séptimo arte, y concibe a la ficción como ámbito natural de la reflexión filosófica, riesgo no menor que además confirma la variedad y calidad que convive bajo aquél impreciso rótulo.

Con una puesta en escena tan minimalista como ambiciosa resulta su búsqueda, el filme se centra en dos amigas que conviven durante un verano en una casa que pretenden refaccionar: una, Mecha (María Pessacq), batalla por recuperarse de la muerte de su marido, mientras la otra, Holanda (Galia Kohan), vive una especie de crisis con su profesión de actriz mientras prepara una nueva obra. Las charlas, recuerdos, ensayos y reflexiones de las protagonistas serán la materia prima de este filme existencial, cuyo director habla aquí sobre su película y todo lo demás.

MI: ¿Cómo surgió el proyecto de “El grillo”? ¿Cuáles fueron tus búsquedas?

Matías Herrera Córdoba (MHC): El grillo surge después de unos años de formación en la dirección de actores y la dramaturgia. Me encontraba viviendo en una casa con Mónica Leunda, donde no hacíamos otra cosa que hablar de construir un teatro al aire libre, del cine, el teatro, los actores, los textos, los albañiles que nos fallaban y los amores. Ese fue el contexto donde aparece la película. Observaba a Mónica y su entorno, que son de otra generación y necesitaba reproducir parte de ello. Necesitaba hacer un cine con diálogos, con monólogos, con historias resueltas y otras que no. Hacia dónde vamos? Construimos nuevas familias? Nos encerramos? la exploración se convertía en un film.

MI: ¿Por qué elegiste debutar en la ficción con una película que hace de la propia ficción un tema de exploración?

MHC: Porque soy joven aún ¿quizás?, no lo sé, tengo el instinto vivo de transgredir, me aburre pensar en complacer por complacer. Y ante tantas películas prolijas, calladas, calculadas, necesitaba plantearme ese desafío, cuestionar, transitar por estados que no importa si pertenecen a la realidad o una ficción dentro de la ficción, el espectador lo vive, lo ve, se deja llevar, y eso es lo que me importaba.

MI: La película tiene una relación fuerte con el teatro, por momentos parece un ensayo sobre la actuación, ¿cómo construiste esta dimensión  (tanto desde lo formal como lo narrativo)?

MHC: El teatro y el cine son artes hermanas, comparten lo más sensible el actor/actriz, la persona. Y este es el eje de la película, “el ser”, el comportamiento, la debilidad, la fuerza, lo creíble, lo inverosímil, el plano espiritual y la realidad como puede ser una enfermedad. Todo convive y todo puede ser posible dentro de un mundo. Desde lo narrativo sabía que había un desafío grande, tres registros actorales, tres personajes disímiles, cada uno de ellos es protagonista y antagonista de sus pasos. Desde lo formal, el cine. La cámara que busca ser parte de la escena, no invade, ni engaña, el detalle documental presente, esa era la puesta en escena, una búsqueda. En El Grillo todos (actores y técnicos) confiaron en que íbamos a hacer una película, en que sería una experiencia diferente, confiaron en mi como director y eso no es menor, y es mucha responsabilidad, la puesta tenía que responder a esta energía.

grillo1

MI: ¿Cómo fue el trabajo con el guión? ¿Cómo lo plasmaste en las actuaciones? ¿Dejaste espacio para la improvisación? ¿Cómo filmaste esos cuerpos?

MHC: Durante meses me la pasé escribiendo papelitos y pegándolos en mi cuarto. No quería trabajar con guión, tenía la intención de trabajar sobre la improvisación. Pero unos días antes del rodaje, mi asistente, Manlio Zoppi, me pide que por favor escriba algo para el poder armar un plan de rodaje. Y ahí me metí a escribir lo que tenía guardado y salió un guión de más de cien escenas con diálogos, monólogos, etc. Luego fuimos trabajando sobre él. Los actores se aferraron a ese texto y trabajamos a partir de allí. Galia Kohan, María Pessacq, y Martín Rena creían en ese guión, porqué iba a dudar yo? Filmamos las escenas varias veces desde diferentes puntos y eso me servía para ir marcando tonos, ritmos, etc.  En este clima me entregué también a José Benassi en la cámara y Ezequiel Salinas en la fotografía que sabían qué era lo que estaba buscando.

MI: Hay exploraciones filosóficas y poéticas muy fuertes desde la palabra, ¿a qué responden? ¿Qué buscabas allí?

MHC: Extraño los momentos en que tenía 16 años y con dos amigos del secundario nos pasábamos horas, días, hablando, filosofando tirados en el pasto tomando mates, platicábamos sobre la felicidad, la religión, la muerte. Todo lo que nos deparaba la vida cuando ese momento de adolescencia se acabase. Con el tiempo, marcado por el trabajo y las responsabilidades, esas charlas disminuyen notoriamente. Y cuando regresan ya no son tan inocentes, ahora hay una profundidad mayor, crudeza. Y con el cine, siento cada vez más responsabilidad hacia el espectador, y hacia allí van los diálogos, las reflexiones, las equivocaciones. Aquí aparece la poesía, la preguntas sin respuestas, las metáforas. Mucho cine de autor desconfía de la palabra, otro no sabe como hacerla creíble, entonces aparecieron cientos de filmes donde casi nadie habla, filmes necesarios. Pero yo quería rescatarla, para darle otro lugar, no el de la verdad, pero sí el de la posibilidad de una realidad.

grillo2

MI: También hay una exploración del mundo femenino y su relación con la ausencia, ¿por qué decidiste que las protagonistas sean mujeres? ¿Y por qué la presencia fuerte de la muerte? ¿Tiene que ver con la figura de Héctor Grillo?

MHC: Me es cercano el mundo femenino, siempre lo fue. Supongo que la ausencia es con lo que uno aprende a vivir pasados los veinticinco años, amores que se cortan, gente querida que se va muriendo, amigos que dejan de serlo, amantes que se enamoran y dejan de serlo. Conviví con Mónica Leunda quién había sido la mujer de Hector Grillo, y él en vez de ser una ausencia era una presencia, todo remitía a él, a su teatro, a su forma de ser, de pensar, etc. Aquel Negro Grillo no dejaba de aparecer también en amigos de él que me lo describían, la película debía estar dedicada a él. Y en la película hay un clima donde los tres personajes escuchan cantar a su grillo, a su locura, pero no lo ven, como en el verano que se nos mete el grillo a la pieza, sabemos que está pero queremos seguir durmiendo y no buscarlo, este es un mecanismo que utilizamos en otros sentidos de la vida también.

MI: Por último, ¿cómo ves el momento del llamado cine cordobés, que en este momento parece estar poniéndose en debate?

MHC: El llamado cine cordobés está en su mejor momento, se estrenaron nuevas películas, se están filmando otras (con y sin INCAA), gente que se dedica a pensar el cine está programando festivales, existen cursos de formación, cineclubes en toda la provincia, técnicos que piensan el cine como artistas, tenemos las primeras asociaciones que perduran en el tiempo, se está luchando por una ley de cine. Se quiere cerrar un cine como el Teatro Córdoba y hay gente que no quiere dejar que esto suceda, eso también es cine cordobés. Con El Grillo vamos a inaugurar una nueva sala enla ciudad – Centro Cultural Córdoba. Y se generó un primer debate con una nota de Sergio Schmucler,  que  a su manera, se expresa en contra del llamado cine cordobés y más allá de los gustos generó pensamiento, críticas, posicionamientos. Nuestro cine no tiene que reproducir lo que sucede con el cine afuera de nuestros límites, las programaciones de nuestros festivales no tienen que imitar a otros festivales, las críticas, las narrativas, los espacios, etc. Soy parte de un espacio, Cineclub La Quimera, que tiene más de 30 años funcionando, y una butaca menos cómoda no nos hace menos cine, vemos un film mientras escuchamos cómo entrenan boxeadores que toman clases en una peluquería, vamos a Cinéfilo y salimos con olor a pollo, en los rodajes el 90% de los técnicos son amigos. Todo esto hace al cine cordobés.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2014

Boyhood

Una película de todo el mundo

 Boyhood2

Si el cine es el arte llamado a captar y transmitir la experiencia humana –sobre todo a partir de su imposición en los consumos culturales de las sociedades de masas–, el experimento de Richard Linklater debe ser una de las obras más ambiciosas de su corta pero vertiginosa historia: filmar el transcurso de una vida durante doce años es una empresa sin dudas desmesurada, aún cuando esa vida pertenezca al ámbito de la ficción, no así los cuerpos que la animan (en el género documental, vale citar, la directora checa Helena Trestikova parece ser una especialista en estas odiseas). “Boyhood”, sin embargo, no es la obra maestra que muchos pregonaban, aunque en algunas de sus imperfecciones se encuentran también sus méritos: se trata de una película abierta al acontecer del mundo, construida en contacto íntimo con el azar, de allí sus desequilibrios y desprolijidades, marcas de sus condiciones de producción pero testimonio también de los riesgos que asume.

Booyhood1

Linklater es uno de los pocos directores de Estados Unidos que no puede ser inscripto fácilmente en las categorías generales que suelen guiar al pensamiento sobre cine, al menos en los medios no especializados. Si bien pertenece al ámbito de la producción independiente, sus películas tienen un contacto fecundo con la narrativa clásica, a la que puede dominar como pocos. Boyhood es, pese a los desniveles apuntados, un ejemplo sumo de ello, no sólo porque el director fue filmando, pensando y elaborando la película a lo largo de esos doce años de realización, sino porque la propia narración muestra las marcas del tiempo y su continua adaptación al contexto: no me refiero a las referencias explícitas a los acontecimientos políticos de cada época, incrustadas un poco a la fuerza por un guión que muchas veces se vuelve demasiado explícito (incluso en las actuaciones), sino a que lo que vemos es efectivamente el crecimiento, desarrollo y maduración de un ente de ficción que de a poco va cobrando vida propia, desplegando un universo vital en construcción. Ese mundo es el del niño Mason (Ellar Coltrane), compuesto por su hermana Samantha (Lorelei Linklater, hija del director) y sus padres separados (Patricia Arquette y Ethan Hawke, muy bien ambos), que el director seguirá desde sus 7 años en la escuela primaria hasta los 19, cuando ingrese a la facultad. No sólo veremos su devenir y algunas de las experiencias que lo marcan, sino también el de todo su entorno: la problemática maduración de su madre soltera, condenada a repetir los fracasos amorosos con parejas que terminan volviéndose violentas o autoritarias, también el de su padre bohemio y ausente, que de a poco comenzará a responsabilizarse y acercarse a sus hijos, para terminar formando una familia propia. Se dijo con cierta razón que Linklater orquesta un curioso idealismo para los tiempos que vive Norteamérica, con una fe desmesurada en el “american way of life” y en la institución que la sustenta, la familia. Pero si bien el universo diegético que construye puede compararse por ejemplo al del gran Frank Capra –sobre todo por su amabilidad hacia los personajes y su fe inquebrantable en ellos– también evita llegar a la apología ingenua: sus protagonistas, Mason sobre todo, pueden llegar a ser prototipos de la clase media obrera bienpensante y bienintencionada, que a fuerza de trabajo, aprendizaje y maduración llegan a progresar en la vida y conseguir algunos de sus sueños –imán irresistible para el público masivo–, pero al mismo tiempo el director evita los golpes bajos y consigue sostener un tono medio general en el filme que se aleja radicalmente del melodrama. No por nada, cuando ocurren ciertos picos dramáticos es cuando la película pierde su rumbo (no tanto cuando intenta orquestar un cierre optimista). Ocurre que Boyhood es, precisamente, una película sobre los mundos sencillos de la gente común, ahí está también su fuerza, su valor y su pertenencia simbólica.

boyhood_hawke_linklater

Narrada con eficiencia y una sutileza apenas perceptibles –por ejemplo, en las elegantes elipsis que marcan los cambios de época–, el filme también termina mostrando un crecimiento formal a medida que avanzan sus 165 minutos: los planos medios del inicio centrados en los actores, de una composición bastante convencional, irán dando paso a puestas un poco más complejas, como aquél plano secuencia en el que Mason charla con una amiga adolescente mientras va caminando de frente a la cámara, típico de la trilogía de “Antes del Amanecer/Anochecer”. La música juegaun protagonismo central no sólo para crear climas narrativos sino para construir la personalidad de los personajes y señalar las épocas, que también se ven reflejadas en los avances tecnológicos que van incorporando los personajes. Radicalmente humanista, y legítimamente optimista, Boyhood termina construyendo al fin una experiencia de auténtico alcance universal, donde por unas horas puede entenderse la inagotable riqueza de toda comedia humana.

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Copyleft 2014

Published in: on 7 noviembre, 2014 at 2:55  Dejar un comentario  
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 43 seguidores