FICIC 2016

El oficio amoroso

Roger FICIC

Roger Koza habla de su trabajo como programador del Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín que hoy dará inicio a cinco días de pura cinefilia

La programación de un festival de cine no es un ejercicio azaroso: amén de una dedicación completa -habitualmente mal remunerada-, requiere años de entrenamiento en aprender a leer las imágenes en primer término, aunque esto no alcanza, pues hay que sumar una claridad conceptual meridiana para saber detectar las películas que se desmarcan de las tendencias de moda que pululan aquí y allá, y responden a la idea de cine que se quiere defender.

Programar es, en efecto, proponer una agenda cinematográfica, un conjunto de obras que en sus relaciones mutuas irán tejiendo un horizonte posible para el cine contemporáneo, un panorama que resulta inaccesible en los circuitos comerciales de exhibición y que esta selección podrá en valor para promover una discreta democratización de la cultura cinematográfica. Un festival construye allí su identidad, aunque son pocos los que logran orquestar una visión coherente del cine, pues la tarea no es sencilla. El Festival de Cine Independiente de Cosquín (FICIC) lo viene haciendo desde sus últimas ediciones, sin dudas gracias al esfuerzo -entre muchos otros- de su programador, el crítico local Roger Alan Koza, que aquí explora los pormenores de su oficio

MI: ¿Cuáles son los criterios que guiaron la programación del FICIC 2016? En tu introducción en tu blog, hablas de una idea del cine, ¿cómo la describirías?

Roger Koza (RK): Intentar proponer una idea de cine significa explorar las muchas tradiciones que existen en la historia del cine (o en las historias del cine, en plural) y elegir un conjunto de películas que se situará, a su vez, en un contexto mayor por el cual el cine está relacionado con algo que lo excede y a su vez lo fundamenta. El mayor cineasta latinoamericano de todos los tiempos, Raúl Ruiz, decía que la materia del cine es el discurso del mundo; en esa formulación hay una idea de cine a la que subscribo enteramente. Sobre esa idea quisiera agregar que el cine no es solamente el presunto encargado de contar las historias del mundo; antes que esto, existe una voluntad de saber y un instinto de curiosidad que son todavía más importantes. Es raro pensar el cine de ese modo, incluso hasta puedo sentir la potencial descalificación automática de quienes le asignan al cine simplemente la misión de garantizar trivialidad y distracción.

Le confieso que he elegido cada filme pensando en cómo había modificado e impactado sobre mi recepción en tanto un espectador entre otros y también qué me decían a mí en tanto que un profesional. En otros términos: ¿por qué una imagen o una secuencia persistió en mí después de un tiempo? Y, por otro lado, no dejé de preguntarme de qué forma tal película trabaja sobre sus materiales iniciales y de qué manera se convierte en una entidad orgánica que es el film en sí. La luz, el sonido, los cuerpos, los objetos, la disposición de todo eso en el espacio y la duración en el plano. Estas son las premisas que conforman una lectura del cine y que no es otra cosa que atender a la puesta en escena como una forma de interrogación y representación sobre cómo se habita y se piensa el mundo. Alguien legítimamente puede pensar: ¿qué tiene que ver todo esto con el cine? Pues bien, un festival de cine debe desplazar el lugar común que concibe el cine como espectáculo. En definitiva, el cine es una forma amable de conocimiento, acaso un camino de aproximación a los otros y a lo desconocido que, en forma de narración, ensayo o testimonio, reorganiza nuestra experiencia general. Este es el fundamento de la programación.

En ese sentido, las actividades especiales intentan acentuar y explicitar esa visión del cine. No para convencer, sino tan sólo para iniciar una conversación interminable que pueda incluso cuestionar nuestra propuesta.

MI: ¿Qué es lo que distingue al FICIC en el panorama regional de festivales?

RK: Tengo la impresión de que el FICIC se ha convertido en un festival caracterizado por su exigua duración y su gran intensidad, una exigencia y variedad en su programación y una voluntad sistematizada de discusión en un clima ameno de cinefilia. Por otro lado, una programación acotada a unas 60 películas conlleva que ningún título esté por capricho o comodidad. Cada film elegido está pensado y cumple una función en el diseño general de programación.  Asimismo, siempre tenemos un foco y una retrospectiva, de lo que se predica un abierto reconocimiento del viejo concepto de política de los autores. Nosotros creemos que aún existe, a pesar de que se trata de un concepto anacrónico y problemático, un autor del film, alguien que expresa en la puesta en escena una mirada del cine y un entendimiento de cómo este se relaciona con el mundo. No estoy muy seguro de que todos los festivales trabajen teóricamente su praxis; nosotros sí. Es esa la trastienda del FICIC.

En síntesis, de lo que se trata es de ser conscientemente contemporáneos y discutir así qué es el cine en nuestro tiempo. Como verá, no es una discusión abstracta.

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“Carmín tropical”

MI: ¿Qué películas destacarías de la edición 2016? ¿Qué podrías adelantar de las películas internacionales en competencia?

RK: Destaco todas las películas por igual, más allá de que pueda preferir más o menos alguna respecto de otra. Por todas estoy dispuesto a discutir por horas la importancia que tienen en la discusión del cine contemporáneo.

Estoy muy contento de que un film como “Snakeskin”, “Carmín tropical” y “La brasa, las cenizas” se vean por primera vez en Argentina. Son tres películas muy distintas, temática y formalmente, y son tres títulos muy representativos de algunas derivas y vías del cine contemporáneo. Un ensayo lúdico e histórico, en el caso del film singapurense, un pink noir mexicano en el segundo, y, finalmente, una introducción a la poesía de un famoso escritor europeo. “Battles”, que sí se vio en Argentina pero no lo suficiente, es también un prodigioso ensayo sobre la ubicuidad del concepto bélico como un organizador conceptual del pasado y el presente. También está la notable “El rastreador de estatuas”, que es una película chilena en sintonía con el espíritu lúdico de Raúl Ruiz. Nuestras películas extranjeras en competencia realzan el festival.

MI: ¿Qué implica la proyección de películas en 35 mm?

RK: La importancia del cine en 35 mm estriba en que el público pueda percibir todavía una diferencia en la naturaleza de la imagen, de tal modo que se entienda la mutación que el cine viene experimentando desde hace unas tres décadas. Captar la diferencia entre el cine analógico y el digital no me parece menor. En esa relación y sustitución se sitúa simbólicamente el foco dedicado al cine de Raúl Perrone, pues veo en él un intento amoroso de acercar el pasado analógico al presente digital.

MI: En cuanto a los visitantes extranjeros, ¿quiénes son José Luis Torres Leiva y Nicolás Azalbert?

RK: José Luis Torres Leiva es uno de los cineastas más delicados del cono sur. Sus películas son paradójicas: hay una sensibilidad reconocible, pero a su vez todas sus películas parecen entidades autónomas. Me llaman la atención sus intereses, sus búsquedas formales y sus elecciones narrativas. Lo que no me resulta menor es la total ausencia de crueldad en sus películas y la propensión a concebir su cine como una pesquisa formal que pueda interrogar la inagotable realidad a la que se enfrenta una cámara.

Azalbert es cineasta y critico. Vi su última película en la Viennale, una legítima rareza que tiene la particularidad de ser accesible para cualquiera. A su vez, Azalbert es un miembro estable de la mítica revista Cahiers du Cinema; por 15 años ha escrito en ella y es una de sus plumas más lúcidas. Su visita es simbólicamente inolvidable. En la historia del FICIC podremos decir que uno de los herederos de Bazin y Daney, los dos críticos más gloriosos de la historia del cine, pasó por el FICIC. Eso debe traducirse como “la Historia del cine pasó por nuestra historia”.

MI: ¿Cuál es la importancia de la existencia del FICIC para Córdoba?

RK: En principio, es el único festival internacional de la provincia que trabaja con largos, cortos, retrospectivas y focos. Junto con Anima y Cortópolis, el FICIC es uno de los eventos que honran la innegable construcción de una cultura cinematográfica que viene constituyéndose desde hace unos 15 años aproximadamente. No estoy seguro de que la gente que decide las políticas culturales de la provincia se percate de la atención que merece el evento. Si este festival tuviera un poco más de recursos podría consolidarse más allá del límite de una ciudad y una provincia. Dada la precariedad presupuestaria y material del festival, la programación, no obstante, es de primer orden y la gente que lo reconoce viene de Buenos Aires, Santiago de Chile o Lima para participar del evento. Cosquín no es solamente folclore; puede ser la ciudad de la cinefilia, una forma de amor por el cine y sus imágenes que no es otra cosa que una forma de creer en el mundo.

MI: ¿Qué significa para vos programar un festival de cine?

RK: Tener la suerte de haber encontrado una intersección entre una obsesión privada y un interés público. O dicho de otro modo: que mi vocación más profunda pueda tener algún sentido social e incluso político.

Por Martín Iparraguirre

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PD: La sexta edición del FICIC comenzará hoy a las 20 en el Centro Congresos y Convenciones (Tucumán 1031) de Cosquín con la proyección gratuita de “Archivos intervenidos: Cine Escuela”, un trabajo de 14 cineastas argentinos sobre el material de archivo de un proyecto de 1948 impulsado por el gobierno de Juan Domingo Perón. La programación se desarrollará hasta el domingo con diferentes competencias, focos, retrospectivas y charlas que se pueden ver en su página: http://www.ficic.com.ar

La entrada general para las proyecciones es de 40 pesos, jubiladosy estudiantes pagan 25 pesos.

Published in: on 4 mayo, 2016 at 13:48  Dejar un comentario  

FICIC 2016

Una ventana al mundo en Cosquín

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“Homeland”

Desde el miércoles al domingo, se desarrollará la 6ª edición del Festival Internacional de Cine Independiente  

La ciudad de Cosquín se convertirá nuevamente, a partir del miércoles, en el centro del cine regional con la apertura de la sexta edición del Festival Internacional de Cine Independiente (FICIC), que nuevamente aspira a reunir una programación de primer nivel para disfrutar en cuatro días de pura efervescencia cinéfila. Unas 60 películas de 22 países de todo el mundo, seleccionadas de una convocatoria de 950 obras y 100 cortos de escuela, formarán parte de esta nueva edición que llega con apuestas fuertes: la proyección, por caso, del impactante documental “Homeland” (Iraq/Francia), de Abbas Fahdel, que durante más de cinco horas repasa la cotidianeidad de una familia de Bagdad antes y después del ataque de Estados Unidos en la primera invasión a Irak del nuevo siglo. O los fotos en los cineastas Raúl Perrone, con el estreno de sus nuevas películas “Hierba” y “Samuray-S”, y el chileno José Luis Torres Leiva, una de las miradas más originales del país vecino de quien se repasará toda su filmografía, la mayoría de estreno exclusivo en Argentina, con la presencia del propio director.

También habrá un foco imperdible de cine en 35mm -programado por el célebre crítico y coleccionista Fernando Martín Peña- con la proyección de dos clásicos de la historia mundial: “Fukujuso” (Japón, 1935), de Jiro Kawate, y “Metrópolis” (Alemania, 1927) de Fritz Lang, ambas con música en vivo ejecutada por Fernando Kabusacki y Matías Mango, una oportunidad única para revivir una experiencia pretérita del cine ya inaccesible en nuestros días (que acaso espectadores experimentarán por primera vez en sus vidas).

Claro que la apuesta principal pasará por la Competencia Internacional de Largometrajes, que reunirá películas de Bélgica, Holanda, México, Brasil, Singapur, Portugal, Chile y por supuesto Argentina, que tendrá una amplia presencia con lo mejor de la producción nacional del último año, y la inclusión de dos estrenos cordobeses: “Las calles”, de María Aparicio -recientemente galardonada en el Bafici- y “Maturità”, de Rosendo Ruiz.

A ellas, se agregarán dos competencias de cortometrajes, tres charlas imperdibles que incluirán la presencia del crítico francés Nicolás Azalbert -miembro de la mítica revista “Cahiers du cinema” desde hace 20 años- y el propio Raúl Perrone, más el estreno como película de apertura de “Archivos intervenidos: Cine Escuela” (Argentina)” -que se proyectará el miércoles 4 en la Plaza de los Artesanos-, y el cierre con la reposición de “Soleada”, de la cordobesa Gabriela Trettel. Una oferta que vuelve a posicionar al FICIC entre los mejores festivales del género del país, algo que ya se ha convertido en certeza extendida en el mundo cinematográfico, con rumbo a ser una marca propia de la cultura y de la identidad cordobesas.

Todo, además, con una entrada general a 40 pesos, mientras jubilados y estudiantes pagan 25 pesos.

PROGRAMACIÓN COMPLETA

Película de apertura

“Archivos intervenidos”

Cine Escuela, con trabajos de Albertina Carri, Carlos Echeverria, Celina Murga & Juan Villegas, Daniel Rosenfeld, Delfina Castagnino, Enrique Bellande, Hernan Rosselli, José Celestino Campusano, María Alché & Juan Pablo Menchón, Mateo Bendesky, Matías Piñeiro, Nele Wohlatz, Nicolás Prividera, Santiago Loza & Lorena Moriconi, Argentina

La luz indecente

“La luz incidente”

 Competencia Internacional de Largometraje

-“Battles” (Bélgica – Holanda), de Isabelle Tollenaere.

-“Carmín tropical” (México), de Rigoberto Perezcano (estreno nacional).

-“La Brasa Las Cenizas”  (Francia-Suiza), de Nicolás Azalbert (estreno nacional).

-“La helada negra”  (Argentina), de Maximiliano Schonfeld.

-“La luz incidente” (Argentina), de Ariel Rotter.

-“La noche” (Argentina), de Edgardo Castro.

-“Las calles” (Argentina), de María Aparicio.

-“Maturità” (Argentina), de Rosendo Ruiz.

-“Snakeskin” (Singapur – Portugal), de Daniel Hui (estreno nacional).

-“Solar” (Argentina), de Manuel Abramovich.

-“Rastreador de estatuas” (Chile), de Jerónimo Rodríguez.

Jurado: José Luis Torres Leiva, Luciana Calcagno y Oscar Alberto Cuervo.

Competencia Internacional de Cortometrajes

-“Adán Buenosayres. La película” Dir. Juan Villegas. Argentina

-“Algas” Dir. María Laura Pintor. Argentina

-“Amar temer partir” Dir. Fernando Sarquis. Argentina

-“Carta 12, Praga” Dir. Vera Czemerinski. Argentina

-“Capital Cuba” Dir. Johann Lurf. Austria – Cuba (Estreno Latinoamericano)

-“Crónica de solitude” Dir. Manuel Ferrari. Argentina

-“Deportivo Español” Dir. Ignacio Verguilla. Argentina

-“Diamante mandarín” Dir. Juan Martín Hsu. Argentina

-“Diario de un corto” Dir. Flavia de la Fuente. Argentina

-“El trabajo industrial” Dir. Gerardo Naumann. Argentina

-“Entrelazado” Dir. Riccardo Giacconi. Italia – Cuba

-“Gulliver” Dir. María Alché. Argentina

-“Jeanette” Dir. Xurxo Chirro. España (Estreno mundial)

-“Nada ni nadie” Dir. Roya Eshraghi Safaifard. Cuba

-“Los exploradores” Dir. Fermín Eloy Acosta / Sol Bolloqui / Lucía Salas. Argentina

Jurado: Alejandro Cozza / Federico Robles / Lucas Asmar Moreno

Concurso de Cortos de Escuelas

-“Clausura” Dir. Jesús Barbosa. FADU

-“Decime algo” Dir. Javier Rao. FUC (Estreno mundial)

-“El rengo” Dir. Alan Nicolás Gómez. Taller de la Casa de la Cultura Popular – Villa 21 (Estreno mundial)

-“Entre la tierra” Dir. Sofía Quirós Ubeda. FADU (Estreno nacional)

-“Flores del Santa Lucía” Dir. Ludmila Pagliuca Benetti. FADU (Estreno mundial)

-“La internacional” Dir. Tatiana Mazú. IUNA

-“Los sueños de la tortuga” Dir. Bruno Ciancagliri. FUC (Estreno mundial)

-“Merodeo” Dir. Fernando Restelli.Cortos Emergentes Lab.

-“Mira cómo te olvido” Dir. Mauricio Sarmiento. CIEVYC

-“No hay bestias” Dir. Agustina San Martín. FADU

Jurado: Ezequiel Salinas / Fabián Zampedri / Lucrecia Matarozzo

Retrospectiva Internacional

José Luis Torres Leiva (Chile). Películas:

-“El viento sabe que vuelvo a casa” (2016)

-“Qué historia es ésta y cuál es su final?” (2013)

-“Ver y escuchar”  (2013)

-“Verano”  (2011)

-“El cielo, la tierra y la lluvia”  (2008)

-“Obreras saliendo de la fábrica” (2005)

FOCOS ESPECIALES

El cine en 35mm

Con el apoyo de Malba itinerante, en esta edición Fernando Martín Peña programó dos películas de cine mudo que se proyectarán con música en vivo.

-“Fukujuso” Dir. Jiro Kawate. Japón, 1935

-“Metrópolis” Dir. Fritz Lang. Alemania, 1927

Músicos: Fernando Kabusacki / Matías Mango.

El perro de Ituzaingo:

-Se verá el “giro expresionista digital” de Raúl Perrone con las películas “Hierba” (2014) y “Samuray-S”  (2014), del director de Ituzaingó

La película del año

-“Homeland” (Iraq Year Zero) Dir. Abbas Fahdel – Irak Francia

 Película de clausura

-“Soleada” (Córdoba), Dir. Gabriela Trettel, Argentina

Aquí se pueden ver la programación con los horarios y actividades paralelas: http://www.ficic.com.ar/ficic-2016-programacion/

 

Published in: on 2 mayo, 2016 at 16:37  Comments (3)  

Bafici 2016

Reconocimientos que abren nuevos desafíos

primero de enero

“Primero enero”

La 18 edición del Bafici culminó con premios para todas las películas cordobesas que participaron de competencias

La 18 edición del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici) será recordada por los cordobeses como una fecha consagratoria. Las dos películas que participaban en algunas de las competencias del festival se llevaron premios importantes: “Primero enero”, de Darío Mascambroni, ganó el mayor galardón de la Competencia Argentina –así como también un premio especial de la Federación de Escuelas de Imagen y Sonido de América Latina (Feisal)–, mientras que “Las calles”, de María Aparicio, mereció el premio a la Mejor Dirección en la flamante Competencia Latinoamericana. Si bien, como ya hemos dicho en el pasado, toda premiación es una instancia relativa que no resulta un certificado de calidad definitivo, sí implica un reconocimiento que abrirá nuevas puertas y desafíos no sólo para las películas en cuestión sino también para la producción local toda, por no hablar del merecido aliciente que significa para sus realizadores y protagonistas, que acaso estén cumpliendo un sueño que trasciende largamente las recompensas materiales. La misión de los festivales también está allí: saber identificar aquellas obras y directores que merecen alentarse, para ponerlos en su vidriera a consideración del resto del mundo.

Ultimo representante de una especie de subgénero del cine reciente local, donde a partir de un cuidado minimalismo expositivo se busca explorar algún proceso importante en la intimidad de los personajes en el contexto de las sierras cordobesas, “Primero enero” es uno de los más logrados exponentes de esa línea narrativa gracias a una factura formal tan lograda como la naturalidad con que muestra el último fin de semana de un padre y su hijo en la casa de campo familiar, tras la separación del matrimonio, con la madre como omnipresente fantasma en fuera de campo. Con una inteligente estrategia narrativa que se ubica enfáticamente en la posición del niño, aunque sin apelar a golpe bajo alguno, resulta significativo también el premio que recibió de Feisal porque fue compartido con la película más importante del festival: la argentina “La larga noche de Francisco Sanctis”, que resultó ganadora de la Competencia Internacional y será representante nacional en la sección Una Cierta Mirada del Festival Internacional de Cannes, considerado el más importante del mundo.

A su vez, el filme de Aparicio propone un lúdico cruce entre ficción y documental para recrear un proyecto escolar realizado en Puerto Pirámides, un pequeño pueblo de Chubut, durante casi una década para nombrar a las calles del lugar. Vehículo conmovedor de pedagogía democrática, “Las calles” podría haber merecido incluso el premio mayor de la Competencia Latinoamericana debido a su impecable propuesta, donde de todas formas resultó ganador con justicia un filme notable como “Inmortal” (Colombia/España), de Homer Etminani, que recrea ficcionalmente, con una forma propia de documental, la cruzada de Cosme Peñate, un hombre que durante más de 20 años se dedicó a recuperar los cadáveres de los conflictos armados que el mar devuelve a la costa en la localidad de Puerto Colombia. Aparicio es sin dudas una directora a tener en cuenta y el galardón servirá para visibilizarlo. Vale recordar también que el proyecto “Fin de semana”, del Dj y director Moroco Colman, fue seleccionado para participar del Producers Workshop del Marché du Film del Festival de Cannes 2016, otra distinción para la restante producción local que podía aspirar a algún premio.

Estos reconocimientos abren sin embargo nuevos desafíos para el cine local, que se encuentra ante una verdadera encrucijada entre renovarse y apostar a nuevos riesgos estéticos y narrativos o anquilosarse en fórmulas ya probadas bajo la ilusión de que aseguran réditos en los festivales del mundo, acaso el riesgo secreto de esta consagración. El futuro está abierto y la respuesta estará un poco en todos los actores del medio.

Premios argentinos

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“La larga noche de Francisco Sanctis”

Fue además la edición del Bafici en la que el cine argentino tuvo más protagonismo, comenzando por el premio mayor a “La larga noche de Francisco Sanctis”, ópera prima de Francisco Márquez y Andrea Testa que constituye una sólida adaptación de una novela homónima de Humberto Costantini y se llevó además los premios Feisal y de Signis (Asociación Católica Mundial para la Comunicación), como también el reconocimiento al Mejor Actor para Diego Velázquez, su notable protagonista.  Asordinado thriller ambientado en plena dictadura militar, el filme elige un camino poco transitado por el cine argentino para reconstruir el angustiante clima que se vivía en el país a partir de un día en la vida de su personaje, un oficinista sin compromisos políticos que recibirá la noticia sobre el próximo secuestro de unos jóvenes militantes, lo que abrirá un proceso de debate interno entre la posibilidad de involucrarse para salvarlos o mantenerse al margen por la seguridad propia y de su familia.

En la misma competencia, el jurado oficial presidido por la actriz argentina Graciela Borges, entregó un merecido premio especial a “La noche”, la provocadora (y honesta) ópera prima dirigida y protagonizada por Edgardo Castro, quien explora los bajos fondos porteños en un tour de force de sexo, drogas y progresivo descontrol, uno de los hallazgos de un festival que tuvo mayoritariamente un tono regular, donde la proliferación de competencias acaso conspiró contra la apreciación de su calidad al dispersar sus buenas películas en las distintas secciones.

El mismo jurado eligió al egipcio Tamer El Said para el premio a Mejor Director por su filme “In the last days of the city”, un muy interesante filme que cruza la intimidad con la ciudad de El Cairo -entre otras-, y sendas Menciones Especiales a “John From”, del portugués João Nicolau, una impecable oda al enamoramiento adolescente que fue una de las mejores películas de todo el festival, y a “Rosa Chumbe”, del peruano Jonatan Relayze Chiang, cuya protagonista Liliana Trujillo mereció además el premio a la Mejor Actriz del Bafici.

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“The brick and the mirror”

Hubo, en efecto, buenas películas en el Bafici 2016 pero estuvieron diseminadas en seis secciones competitivas, un número quizás excesivo porque la sensación general que se terminó imponiendo es que tuvieron que ser llenadas burocráticamente, por la necesidad de cubrir espacios: filmes como “Communication & Lies” (Corea del Sur), de Seung-won Lee, “Creative Control” (EE.UU.), de Benjamin Dickinson, o “Girl Asleep” (EE.UU.), de Rosemary Myers, por citar ejemplos de la Competencia Internacional -que reunió nada menos que 18 películas-, estuvieron muy lejos de la calidad histórica que ha sabido conseguir el encuentro. Al mismo tiempo, el festival sigue constituyendo el espacio para los descubrimientos tanto del cine regional como internacional: el caso de “Demon” (Polonia), de Marcin Wrona -fallecido en 2015-, un impecable filme de terror que apela lúdicamente a la historia oscura de Europa enrarecer la noche de casamiento de su protagonista, es paradigmático, así como también “Le Moulin” (Taiwan), de Ri Yao Ri Shi San Buzhe  , o “The Island Funeral” (Tailandia), de Pimpaka Towira, por citar esta vez a la Competencia Vanguardia y Género, donde el Gran Premio fue para “Stand by for Tape Back-up” (Gran Bretaña), de Ross Sutherland, quizás el máximo hallazgo del festival, un filme que trabaja sobre la memoria emotiva que constituye el cine (y la televisión) para cualquier espectador interesado a partir del rescate de un VHS familiar y la intervención que realiza el director, también reconocido poeta, sobre él.

El gigantismo le jugó entonces en contra al Bafici 2016, que terminó componiendo una edición despareja donde grandes filmes se perdieron entre sus más de 400 títulos, que no obstante permitieron acceder también a las últimas películas de los autores contemporáneos como Marco Bellocchio, Avi Mograbi,  Hong Sangsoo,  Terence Davies, Pere Portabella o Aleksandr Sokurov, como así también a restauraciones de joyas clásicas pero poco conocidas de la historia del cine como “The brick and the mirror” (Irán, 1968), de Soleyman Minassian, o “Con los puños en los bolsillos” (Italia, 1965), primer filme del citado Bellocchio, que ofrecieron una oportunidad única para los cinéfilos de asistir a algunos de los mejores momentos que ha dado el arte que tanto aman. Tampoco debe desdeñarse la presencia de leyendas como Peter Bogdanovich o los menos conocidos Paulo Branco y Daïchi Saïto, que estuvieron presentando películas y dando charlas mano a mano con los espectadores, quienes pudieron acceder así, de primera mano, a la historia viva del cine, algo que vuelve a honrar la historia del Bafici y ubicarlo en el lugar que merece.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2016

 

Lista completa de premios

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“La noche”

Competencia Internacional:

Mejor Película: “La larga noche de Francisco Sanctis”, de Andrea Testa y Francisco Márquez (Argentina).

Premio Especial del Jurado: “La noche”, de Edgardo Castro (Argentina).

Mejor Director: Tamer El Said por “In the Last Days of the City” (Egipto).

Mejor Actriz: Liliana Trujillo por “Rosa Chumbe”, de Jonatan Relayze Chiang (Perú).

Mejor Actor: Diego Velazquez por “La larga noche de Francisco Sanctis”, de Andrea Testa y Francisco Márquez (Argentina).

Mención Especial: “John From”, de João Nicolau (Portugal-Francia).

Mención Especial: “Rosa Chumbe”, de Jonatan Relayze Chiang (Perú).

 

Competencia Argentina:

Mejor Película: “Primero enero”, de Darío Mascambroni.

Mejor Directora: Melisa Liebenthal, por “Las lindas”.

Mención Especial: “Raídos”, de Diego Marcone.

 

mariaaparici

María Aparicio

Competencia Latinoamericana:

Mejor Película: “Inmortal”, de Homer Etminani (Colombia/España).

Mejor Directora: María Aparicio, por “Las calles” (Argentina).

Mención Especial: “La última navidad de Julius”, de Edmundo Bejarano (Bolivia).

 

Competencia Vanguardia y Género:

Gran Premio: “Stand by for Tape Back-up”, de Ross Sutherland (Reino Unido).

Mejor Largometraje: “Bone Tomahawk”, de S. Craig Zahler (Estados Unidos).

Mejor Cortometraje: “Vintage Print”, de Siegfried Fruhauf (Austria).

 

Competencia de Derechos Humanos:

Mejor película: “A Maid for Each”, de Maher Abi Samra (Líbano).

Mención especial: “Ombre della sera”, de Valentina Esposito (Italia).

 

Competencia de Cortometrajes Argentinos:

Primer premio: “Los días felices”, de Agostina Guala.

Segundo premio: “El mes del amigo”, de Florencia Percia.

Tercer premio: “Error 404”, de Mariana Wainstein.

Mención Especial: “Berlín”, de Luciano Salerno.

Mención Especial: “Un ejercicio para no olvidar”, de Gabriel Bosisio.

 

Premios no oficiales (jurados paralelos):

Premio SIGNIS: “La larga noche de Francisco Sanctis”, de Andrea Testa y Francisco Márquez (Argentina). Mención especial: “Le Noveau”, de Rudi Rosenberg (Francia).

Premio FEISAL (Federación de Escuelas de imagen y Sonido de América Latina): “La larga noche de Francisco Sanctis”, de Andrea Testa y Francisco Márquez / “Primero enero”, de Darío Mascambroni (compartido).

Premio Asociación de Argentina de Autores de Fotografía Cinematográfica (ADF): Olivier Vanaschen por “Je me tue a le dire” (Bélgica- Francia).

Premio Asociación de Cronistas Cinematográficos Argentinos (ACCA): “Raídos”, de Diego Marcone (Argentina), y “Solar”, de Manuel Abramovich (Argentina) (compartido).

Premio Sociedad Argentina de Editores Audiovisuales y la Asociación Argentina de Editores Audiovisulaes (SAE EDA) a la edición de Diego Marcone por la película “Raídos” (Argentina).

Premio FIPRESCI: “La última navidad de Julius”, de Edmundo Bejarano (Bolivia).

Published in: on 25 abril, 2016 at 23:34  Dejar un comentario  

Bafici 2016

Variaciones sobre el sadismo

Communication & Lies

“Communication & Lies”

 

La 18 edición del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici) va superando ya la mitad de su existencia y algunas intuiciones comienzan a tomar la fuerza de una certeza. Una de las principales es que el sadismo estético y narrativo sigue pagando bien en los encuentros cinematográficos de su tipo: la exposición de las miserias humanas más variadas es, aún con la diversidad de formas que existe, una constante en las distintas secciones del encuentro. Tomado la mayoría de las veces como cine importante por la gravedad de las situaciones que se explora más que por sus virtudes cinematográficas, este verdadero subgénero suele poblar encuentros en principio tan distintos como pueden ser los Premios Oscar o el Festival Internacional de Cannes, la mayoría de las veces con los mismos, injustificados, buenos resultados en cuanto a galardones.

Un ejemplo paradigmático es “Communication & Lies” (Corea del Sur), de Seung-won Lee, presentada el martes en la Competencia Internacional del Bafici, cuyo refinamiento estético es proporcional a las desgracias que expone: la relación entre un hombre y una mujer profundamente afectados en su estabilidad psíquica y emocional por distintas tragedias de su pasado –que la película se encargará de narrar en unos innecesarios y tortuosos flashbacks–. La escena con que abre la película es notable. Narrada en un único plano secuencia de 10 minutos, Jan Sun es convocada allí por la directora del establecimiento para reprocharle que se haya acostado con varios profesores del colegio, además de dejarse sacar fotografías desnuda que luego se viralizaron: la protagonista, tomada de espaldas en el plano, no negará nada ni acusará culpa alguna, aunque al darse vuelta su mirada dejará intuir la profunda congoja que la aflige. Bastarán unos pocos minutos para que esa sutileza comience a desbarrancarse rápidamente, pues lo que sigue será una exposición cada vez más explícita de las miserias que sufre esta madre acosada por la culpa que nace de haber perdido a su pequeña hija, y que encontrará en un compañero tan desequilibrado como ella la vía para purgar sus pesares en un raid autodestructivo de alcances imprevisibles. Filmada en un cuidadísimo blanco y negro, en un formato de pantalla cuadrada (4:3), el debut de Lee es el ejemplo moderno del célebre concepto de Serge Daney sobre los mecanismos de la abyección en el cine, evidente en la estetización obscena de la miseria que propone.

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“La noche”

Alguien podría pensar que el registro sucio e inestable de “La noche” (Argentina, 2016), de Edgardo Castro –participante en la misma competencia–, es la versión opuesta pero igualmente problemática de esta propuesta, aunque la realidad se resiste a las simetrías fáciles como diría un borgeano. Salvo en algún pasaje puntual, no existe aquí la animadversión que Lee muestra por sus personajes sino más bien una curiosa empatía que se revelará en toda su dimensión en la última escena. Filmada con una cámara en mano pegada a los rostros y los cuerpos de sus personajes, “La noche” sigue efectivamente los derroteros nocturnos del protagonista –interpretado por el propio Castro– por los múltiples laberintos subterráneos que la Ciudad de Buenos Aires ofrece para el sexo fácil: el director se acostará así con otros hombres, travestis y mujeres en un raid filmado con la explicitud de un filme pornográfico (pero con una estética opuesta). La noche no muestra mucho más que estos encuentros azarosos de Castro con todas las variables del submundo de la prostitución y el sexo casual, sin ningún tipo de prejuicio moral ni prurito ético, aunque esa internación en la selva de la ciudad, matizada por litros de alcohol y drogas,  se volverá cada vez más peligroso, hasta que la mejor escena de la película exponga la fragilidad de Castro en el juego al que abandona su suerte. Filmada con mecanismos propios del documental, “La noche” es sin dudas una película provocadora y arriesgada –basta ver la exposición que hace Castro de sí mismo–, pero no deja de participar de esa tendencia general hacia la sordidez como un modo de seducción del espectador, aunque en vez de apostar a su explotación manipuladora como el filme de Seung-won Lee, intente un acercamiento más humano y comprensivo a sus criaturas.

 

Buenas noticias para Córdoba

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María Aparicio

Las mejores novedades del festival vienen relacionadas empero con Córdoba. Por un lado, el proyecto “Fin de semana”, del Dj y director Moroco Colman, fue seleccionado para participar del Producers Workshop del Marché du Film del Festival de Cannes 2016, una noticia auspiciosa no sólo por ser el encuentro cinematográfico más relevante del mundo, sino por las posibilidades que le abrirá a la película, ya que podrá codearse con productores de todo el globo. Con más de 10.500 participantes y 1.500 películas, según la propia página del festival, el Marché du Film de Cannes es el primer mercado cinematográfico del mundo, donde el cine alternativo encuentra sus oportunidades de negocios.

Pero además el lunes se estrenó, en la Competencia Latinoamericana, el filme “Las calles”, de María Aparicio, que constituye una de las mejores películas cordobesas de los últimos años, al punto de contar con buenas chances de llevarse el premio de la sección. Cruce lúdico entre ficción y documental, la película sigue el desarrollo de un proyecto escolar para nominar las calles de Puerto Pirámides, un pequeño pueblo de Chubut, en la Península Valdés, donde las arterias no tienen nombres. Bajo la orientación de la profesora Julia (interpretada por Eva Bianco), los alumnos del colegio iniciarán una investigación mediante entrevistas a los pobladores del lugar para armar una lista de candidatos para ocupar esos nombres que sean representativos de su propia historia, selección que se definirá en una elección general. La película se convierte así en un vehículo conmovedor de pedagogía democrática, posibilitado por esa indefinición en su estatus diegético: educación primero para los propios participantes del proceso, que comprenderán la medida cabal del ejercicio de sus derechos y la importancia de la memoria, pero también para el espectador que a través de ellos accederá a una experiencia directa sobre la toma de conciencia respecto a la participación democrática y un testimonio sobre las condiciones de vida en esa parte sur del mundo. Un cine cuyo placer finalmente está puesto en la celebración de la humanidad y no en el goce secretamente morboso de su irremediable fragilidad.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 20 abril, 2016 at 16:53  Dejar un comentario  

Bafici 2016

La vigencia del género

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“Demon”

La 18 edición del Bafici viene arrojando pocos hallazgos aunque algunas películas sí son dignas de su estatura

Las películas se suceden sin pausa en el Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici) con funciones simultáneas no sólo en las seis secciones en competencia –un número ya de por si infrecuente–, sino en innumerables categorías que vuelven materialmente imposible pensar una sentencia justa acerca de su calidad. Cada espectador es artífice aquí de su propio destino, aunque como cualquier actividad compartida experimenta también el sentimiento de pertenecer a una entidad colectiva que los abarca a todos: el festival vive y se despliega en las charlas de pasillo, en las numerosas actividades paralelas, en las cenas o vernissage de todo tipo amenizados con litros de café o alcohol de por medio, donde la mirada atenta puede intuir un diagnóstico general que de otra manera sería inaccesible.

La sensación, que se insiste en destacar como relativa, es que el festival aún no ha mostrado lo mejor que tiene para dar, al menos en sus competencias, donde no han aparecido grandes revelaciones aunque sí algunas películas dignas de la estatura del encuentro. Una de ellas es, en la Competencia Internacional, “La revolución no será televisada” (Mauritania), de Rama Thiaw, un enérgico documental que retrata la campaña contra la perpetuación en el poder en Senegal del ahora ex presidente Abdoulaye Wade, liderada por un grupo de cantantes de hip hop que ha acuñado el lema “Estamos podridos” como bandera colectiva. Campaña cuyo objetivo no es llegar al poder sino lograr su verdadera democratización a partir, primero, de impedir una nueva candidatura presidencial de Wade y, cuando ya sea imposible, su triunfo en las elecciones de 2012: con tanta intuición e improvisación como pensamiento estratégico, los raperos Thiat y Killifeu organizan actos de protestas y recitales musicales, encabezan marchas y hasta son reprimidos y encarcelados por la policía siempre con la cámara de Thiaw como testigo cercana, quien también expone su cuerpo para seguir todos los movimientos de los protagonistas no sólo en el espacio público sino también en su intimidad más profunda. El resultado es un filme que permite asistir al fascinante proceso de despertar de una conciencia colectiva sin quedarse en la superficialidad de los slogans de campaña, sino yendo a su contradictoria elaboración, donde el aprendizaje de los protagonistas en la acción política convive con el culto a ciertas manifestaciones del capitalismo y la militancia más comprometida.

La revolución no será televisada” (Mauritania), de Rama Thiaw

“La revolución no será televisada”

Aún así, el hallazgo hasta ahora es una película de género, “Demon” (Polonia), del recientemente fallecido cineasta Marcin Wrona, una obra que dignifica al terror como una de las formas de expresión más altas del arte cinematográfico. Participante de la Competencia Vanguardia y Género, “Demonio” consigue como pocas lo propio del horror: hacer de uno de los más felices actos humanos como el casamiento, una progresiva inmersión en la oscuridad de lo insondable y lo siniestro. Inmersión que apela además a las propias pesadillas de la historia polaca como trasfondo y subtexto potenciador, aunque con una sutileza que evita la tematización y la bajada de línea para que funcione como lo que en realidad es, un trauma colectivo que sigue trastocando la normalidad de las personas desde el silencio de lo inconsciente, de aquello que no se puede o no se quiere enfrentar. Trauma que por supuesto no es otro que el del Holocausto judío, aunque invocado tangencialmente aquí a través de un mito hebreo que se actualizará en la boda del protagonista: un joven inglés que llega al pueblo de su novia para casarse e iniciar su vida en la casa de campo familiar. Gracias a una puesta de cámara notable, con un uso del sonido como vehículo de construcción del malestar perceptual del personaje, el director irá trastocando progresivamente la experiencia del protagonista para narrar la intuición de una presencia fantasmal que lo asedia directamente a él, convirtiendo al resto de los personajes en potenciales amenazas. Hasta que una posesión tenga lugar y la incógnita se traslade hacia el propio novio, con la construcción de una mirada coral desde el resto de los personajes que terminará creando un estado general de incertidumbre y desesperación sin apelar a ningún golpe de efecto, sino a las herramientas más nobles del lenguaje cinematográfico, que por supuesto incluyen al humor como vía de liberación de las tensiones.

 

Estrenos cordobeses  

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“Primero enero”

Córdoba también dijo presente en el Bafici a partir del estreno de dos de sus representantes: “Primero de enero”, de Darío Mascambroni, en la Competencia Oficial Argentina, y “Maturita”, de Rosendo Ruiz, en el apartado Hacerse Grande, ambas proyectadas el sábado. La primera es un drama minimalista cuya factura es inversamente proporcional a la modestia de sus objetivos: narrar el último fin de semana de un padre y su hijo en la casa de campo familiar de las sierras, que deben vender a causa de la separación del matrimonio. El filme se ubica enfáticamente en la posición del niño con planos colocados generalmente a la altura de su mirada (y una notable actuación de Valentino Rossi) para poner en escena el choque de visiones con su progenitor (interpretado por su padre real, Jorge Rossi) y desarrollar el proceso de aceptación de los cambios que experimentan, posibilitando quizás un aprendizaje mutuo. Lo importante es que Mascambroni sortea el riesgo del melodrama gracias a la contención que  logra construir a partir de una naturalidad en las escenas poco frecuente para el cine cordobés reciente, con un gran trabajo con el guión (del propio Mascambroni), las actuaciones y la fotografía a cargo de Nadir Medina.

Realizada en un taller de cine del colegio Dante Alighieri, “Maturitá” exhibe a su vez una ambición ausente ya no sólo en el cine local, sino en la producción nacional toda: la voluntad de abordar el presente político del país ha sido una llamativa ausencia en el Nuevo Cine Argentino de ficción que la película conjura al inscribir su trama en el contexto de la campaña para las elecciones presidenciales del año pasado. Su tema es la relación clandestina entre una alumna y un profesor de la escuela, que derivará en un proceso de maduración de la primera a partir de la apertura que experimentará hacia otras clases sociales, donde la película acaso encuentra su verdadera dimensión política –en un contraste interesante para pensar con la campaña electoral–. Una dimensión que se traducirá además en uno de los principales logros del filme: abrirse hacia la ciudad para filmar sus espacios como ninguna otra lo ha hecho en los últimos años. Ayer se esperaba además el estreno de “Las calles”, de María Aparicio, en la Competencia Oficial Latinoamericana, completando una participación del cine local para celebrar.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 17 abril, 2016 at 17:49  Dejar un comentario  

18 Bafici

La aventura del descubrimiento

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“Una novia de Shangai”

El 18 Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente comienza con una programación que reúne más de 400 películas para todos los gustos

Todo un año pasó desde el último Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), que hoy inició su ya clásica maratón por más de 400 películas –que incluyen 81 premieres mundiales– en 12 días de proyección en un país absolutamente diferente al de entonces. El vértigo de la política nacional seguramente atravesará horizontalmente al festival que sin embargo ha logrado sobrevivir a las inclemencias del tiempo y las distintas gestiones para llegar plenamente consolidado a su mayoría de edad: la 18 edición lo encontrará bajo la nueva dirección artística del crítico y programador Javier Porta Fouz –formado en el propio festival, donde comenzó a trabajar casi desde el inicio– pero con el mismo objetivo de siempre, brindar un panorama lo más completo posible del cine independiente de todos los géneros y expresiones que abarque a los cinco continentes. Su política estará allí, así como también su independencia y la medida de su éxito, pues la misión del Bafici se juega en su capacidad para ofrecer un acceso verdaderamente significativo a las otras agendas estéticas que se multiplican por el mundo más allá de Hollywood, que semana a semana determina un modo específico de ver el mundo, acotando dramáticamente el horizonte del espectador.

Todo lo contrario ha hecho históricamente el Bafici, más allá de los matices históricos que se puedan encontrar, y la nueva edición viene con el desafío de confirmar esa identidad que, en el mejor de los casos, ratificará la madurez e independencia del encuentro para colocarlo como una verdadera política de Estado, que trascienda los colores circunstanciales y pertenezca auténticamente a todos los asistentes. Tras un 2014 donde ofreció uno de los mejores programas que se recuerden, el desafío de la nueva gestión –que, aún siendo del Pro, debuta también en el Ejecutivo porteño, aunque mantuvo el equipo de programación– es doble, algo que se refleja en los cambios estructurales introducidos por Porta Fouz. El principal es, sin dudas, la incorporación de dos nuevas competencias a las tradicionales Internacional, Argentina, Cortos Nacionales y Vanguardia y Género: se sumarán la Competencia Latinoamericana, acaso el principal reto del encuentro, y la de Derechos Humanos, que se valoriza y sube de rango tras ser una sección transversal, integrada por films de todos los apartados, en las ediciones anteriores.

Hierba

“Hierba”

Reto principal porque, según declaró el propio Porta Fouz,  se tratará de mostrar un cine latinoamericano distinto al que pulula por el mundo, convertido también en una especie de fórmula comercial por los festivales europeos que eligen (e indirectamente formatean) un tipo de películas que enfatizan el exotismo tercermundista por distintos medios. Si entre las once películas de la competencia hay varios hallazgos, se habrá instalado quizás la piedra fundacional para que el Bafici pase a funcionar también como una nueva ventana del cine regional al mundo, tal como ya sucede desde sus inicios con el cine argentino. La sección tendrá además un aporte cordobés por partida doble: con la participación de la película “Las calles”, de María Aparicio –egresada del departamento de Cine y TV de la Facultad de Artes de la UNC–, que versa sobre la vida de un pequeño pueblo de Puerto Pirámides cuyas calles no tienen nombres –y por eso, una maestra del lugar desarrolla un proyecto con sus alumnos para nominarlas–, y  la presencia del crítico Roger Koza en el jurado oficial.

De acuerdo al alto porcentaje de debuts que la integran, la Competencia Argentina aspira a volver a ser la gran plataforma del semillero nacional que tradicionalmente fue: los nombres rutilantes prácticamente se limitan a dos, principalmente Raúl Perrone con su prometedora “Hierba”, pero también Marco Berger con “Taekwondo”, en codirección con Martín Farina. Habrá otros directores ya conocidos como Ignacio Masllorens y Estanislao Buisel con “El teorema de Santiago”, Santiago Giralt con “Primavera” y Eduardo Crespo con “Crespo, la continuidad de la memoria”; aunque la mayoría de las 16 películas de la sección serán óperas primas absolutas, entre ellas la del realizador cordobés Darío Mascambroni “Primero enero”, que vuelve a las sierras para narrar una historia íntima entre un hombre recientemente divorciado y su pequeño hijo, con quien realizará una última visita a la casa de campo antes de ponerla en venta. Conocido en competencias de cortos previas en el festival, Manuel Abramovich suena como uno de los nombres de la sección con “Solar”, un debut que versa sobre la vida actual de Flavio Cabobianco, considerado un niño prodigio en 1991 cuando publicó el libro “Vengo del sol”, que fue best seller en Argentina; mientras que Diego Marcone propone en “Los raídos” un heterodoxo acercamiento a los recolectores de la cosecha de yerba mate en Misiones, conocidos como los “tareferos”, entre otras promesas de la sección. Más de cien películas –sumando cortos, medios y largos–, completarán la oferta de cine argentino en las distintas subsecciones, entre las que se presentarán otras tres producciones cordobesas: el regreso de Rosendo Ruiz con su nuevo filme colectivo “Maturitá”, filmado en un taller del Colegio Dante Alighieri, en la sección Panorama/Hacerse Grande; el rockumental “Cosquín Rock XV “, de Rubén Francisco Mostaza, y el proyecto “Fin de semana”, del Dj. y director Moroco Colman, en la competencia Work in progress /BAL.

primero de enero

“Primero de enero”

La Competencia Internacional volverá a ser, como de costumbre, centro de atención con 18 películas de todo el mundo, entre ellas las argentinas “La larga noche de Francisco Sanctis”, de Andrea Testa y Francisco Márquez –una adaptación de la novela homónima de Humberto Costantini, situada en la Buenos Aires de 1977–,   “Viviré en tu recuerdo”, del crítico y ex director del Bafici Sergio Wolf –que vuelve sobre la cantante Ada Falcón, de su primera incursión en dirección, “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”-, y  la muy recomendada “La noche”, de Edgardo Castro, que hace literalmente honor a su título al recorrer los más insólitos recovecos nocturnos en “una maratón interminable de encuentros sexuales, ingesta de drogas, alcohol y amistades casuales”,  para “encontrar la diferencia en el flujo incesante de una rutina que funciona como refutación y conjuro de la vida ordinaria”, según adelanta David Obarrio en el catálogo. A su vez, la Competencia de Vanguardia y Género puede volver a constituir el centro secreto del placer cinéfilo con películas que apuestan a las formas más radicales del cine: habrá obras de Tailandia, Brasil, Taiwán, China, Polonia, Austria, Suecia, España, Francia, Gran Bretaña, Portugal, Estados Unidos y Canadá. Aquí debutará “Una novia de Shanghai”, nuevo opus de Mauro Andrizzi, uno de los directores argentinos con más inventiva y riesgo en la exploración del lenguaje cinematográfico: en su nueva obra, compone una fábula sobre “dos pícaros que deambulan por una ciudad extraña, sin hogar ni familia, y se ganan la vida mientras fantasean con un golpe de suerte”. Mientras que también se estrenará mundialmente aquí la promesa de acción “The Bodyguard”, actuada, dirigida y guionada por Yue Song, llamado a ser el nuevo “Jackie Chan” por su destreza para combinar las artes marciales con el cine puro según el propio director del Bafici.

Luna de papel

“Luna de papel”

Pero más allá de las competencias, el festival permitirá como de costumbre reencontrarse con obras de grandes directores: esta edición quedará marcada por traer al país, por primera vez, al legendario crítico y director norteamericano Peter Bogdanovich, figura emblemática de la década del ’70 que estará presentando una retrospectiva sobre su obra, que incluye filmes como “Miralos morir” (1968), con Boris Karloff, “La última película” (1971), “¿Qué pasa, doctor?” (1972), “Luna de papel” (1973), con Ryan y Tatum O’Neil, “Tom Petty and The Heartbrfeakers: Runnin’Down a Dream” (2007), “One Day Since Yesterday: Peter Bogdanovich & the American Lost Film” (2014) o  “Terapia en Broadway” (2014).

Estados Unidos será precisamente el país homenajeado en esta edición, lo que permitirá descubrir otra Norteamérica a partir del cine que no llega a nuestras salas: entre otros, dentro del foco se presentará el cineasta Rick Alverson, que tiene su propia banda musical llamada Spokane, y que traerá obras desconocidas como “The Builder” (2010); “New Jerusalem” (2012), “The Comedy” (2012) y “Entertainment” (2015); pero también a Bob Byngton, con sus películas ambientadas en Texas como “RSO (Registered Sex Offender)” (2008), “Harmony and Me” (2009); “Somebody There Likes Me” (2012), y “7 Chinese Brothers” (2015).

Otra visita ilustre será la de Michel Legrand, que además de ofrecer un concierto en el Teatro Colón interpretando con la Orquesta Sinfónica Nacional temas de su vasta producción para cine –con unas 200 partituras para Joseph Losey, Robert Altman y Robert Mulligan, entre otros grandes cineastas–, presentará dos títulos emblemáticos de su carrera: “Sociedad para el crimen” (1968), de Norman Jewison, y sobre todo “Los paraguas de Cherburgo” (1964), el célebre musical de Jacques Demy, con Catherine Deneuve.

La tercera visita de envergadura será la del productor portugués Paulo Branco, responsable de películas de grandes cineastas como Pedro Costa, Manoel de Oliveira, Raúl Ruiz o Joao Cesar Monteiro, nada menos, de quien se verán “El estado de las cosas” (1986), de Wim Wenders; “Los caníbales” (1988), de Oliveira; “Huesos” (1997), de Costa; “Las bodas de Dios” (1999), de Monteiro; “Conbate de amor en sueño” (2000), de Ruiz, y “Mañana nos mudamos” (2004), de Chantal Ackerman; así como sus últimas producciones, entre las que se destacan la recomendadísima “Cosmos” (2015), la última del polaco Andrzej Zulawski, fallecido en febrero pasado, en base a una novela policial de Vitold Gombrowicz; “El astrágalo” (2015), de Brigitte Sy, y la última, por ahora, del productor titulada “Posto Avancado do Progresso” (2016), de Hugo Veira da Silva.

Right-Now-Wrong-Then

“Right now, wrong then”

Habrá también homenajes varios, empezando por el cine nacional con Fabián Bielinsky –se verá su primer y poco conocido filme, “La espera” (1983), según un relato de Jorge Luis Borges, además de “Nueve reinas” (2001) y “El aura” (2006) –, y las actrices Mirtha Legrand y Graciela Borges, además de la bellísima Nastassja Kinski, de quien se verán “Tess” (1979), que dirigió Roman Polanski, quien entonces era su pareja en la vida real, y “París, Texas” (1984), de Win Wenders, y la francesa Lucile Hadzihalilovic, esposa del cineasta argentino Gaspar Noé.

Por último, mas no al final de las prioridades cinéfilas precisamente, la monumental sección Panorama volverá a traer lo mejor del cine de autor contemporáneo dividida esta vez en trece categorías (Nocturna, Música, Cinefilias, Personas y personajes, Comer y beber Trayectorias, Pasiones y Arte, entre otras) que reunirán las nuevas películas de maestros como Radu Muntean (“One Floor Below”), Aleksandr Sokurov (“Francofonia”), Júlio Bressane (“Garoto Kid”), Jerzy Skolimowski (“11 minutes”), Avi Mograbi (“Between Fences”), Hong Sangsoo (“Right now, wrong then”), Terence Davies (“Sunset song”), Marco Bellocchio (“Sangue del mio sangue”), Mia HansenLove (“L’Avenir”) y Johnnie To (“Office”), entre muchas otras joyas a descubrir. El apartado Baficito ofrecerá al fin un foco imperdible dedicado a los 40 años del Estudio Aardman (“Wallace y Gromit” o “Pollitos en fuga”)  que incluye la visita de uno de sus directores creativos, Merlin Crossingham, entre otras ofertas.

Se completa así un programa que parece digno de la historia del festival, que más allá de los avatares del contexto político, promueve inevitablemente una apropiación personal e intransferible del espectador, especie de aventurero moderno que se adentrará en los meandros de la imagen para busca aquél tesoro que confirme la vigencia del cine como un arte vivo.

Published in: on 15 abril, 2016 at 1:34  Dejar un comentario  

Una mirada que instaura libertad

Tangerine

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Un plano cerrado registra una superficie amarilla surcada por inscripciones primitivas mientras una especie de vals dominado por un arpa y la tipografía cursiva y alargada de los títulos construyen una estética de ensueño… hasta que unas manos ligeramente fornidas, adornadas con alhajas, irrumpen en el cuadro y una voz en off se impone para decir: “Feliz Navidad, perra”. Se trata del inicio aparentemente paradójico de “Tangerine”, de Sean Baker, último hit del cine independiente norteamericano que hoy llega a las salas del Cineclub Municipal Hugo del Carril (ver horarios en http://www.cineclubmunicipal.com/cartelera/2016/abril/estrenos.html), y que ya en ese primer plano contiene el particular tono que desplegará a lo largo de todo el filme: cuento de Navidad decididamente naïf protagonizado por travestis, drama social ubicado en las clases marginales de Los Angeles que retrata, no sin cierta sordidez, el universo de las trabajadoras sexuales, la película del director de “Starlet” (2013) hace de la conjunción de elementos tradicionalmente antagónicos la base para construir una poética singular que se adecue con la mayor honestidad posible al mundo que retrata. Lo que significa ni más ni menos que aprovechar las posibilidades que ofrece el cine, desplegadas aquí a partir de un espíritu lúdico cuyo amor por ese universo y las personas que lo habitan resulta central porque Tangerine es, en última instancia, una película en juego continuo con el entorno que aborda sin pudores ni prejuicios de ningún tipo, permitiéndose una libertad para mirarlo que –y he allí la tan mentada “magia” del cine– puede contagiar al espectador.

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Filmada apenas con un celular Iphone-5, con actores no profesionales de la comunidad trans de Los Angeles, Tangerine narra un episodio mínimo aunque colosal para su protagonista, la travesti latina Sin-Dee Rella (Kitana Kiki Rodríguez), que apenas salida de prisión justo el 24 de diciembre se entera, de boca de su mejor amiga Alexandra, que su novio Chester la estuvo engañando con otra, que encima no sólo no es travesti sino también una mujer blanca. Bastará conocer la noticia para que Sin-Dee Rella –que fonéticamente suena como “Cinderella”, Cenicienta en italiano–, estalle como un huracán a pesar de que su novio es también el proxeneta que las regentea a ambas, estallido que será narrado en un frenético montaje de planos secuencia sobre la protagonista y una banda de sonido de hip hop: Baker no teme cambiar drásticamente de tono para adecuar la forma de su película a cada momento que desarrolla la trama, una de las constantes que marca el citado ludismo de la propuesta. Con la cruzada vengativa que iniciará Sin-Dee Rella en busca primero de su novio y después de la amante, la película se pondrá también en movimiento para registrar las calles desconocidas de Los Angeles, el universo suburbano en que se desarrolla tanto el oficio de las trabajadoras sexuales como sus propias vidas, desprovistas de la sordidez sin matices con que el cine suele retratarlas. O al menos el luminoso acercamiento que Baker ejecuta permite alumbrar otros costados de esas vidas, como la particular ilusión con que las protagonistas conciben sus anhelos (el enamoramiento de Sin-Dee Rella es un ejemplo, aunque también el sueño de ser cantante que concibe Alexandra, una de las subtramas del filme), o el compañerismo que las anima a prueba de todo tipo de traiciones. Para terminar de componer su cuadro, Baker incluye la subtrama de un taxista armenio aficionado al sexo con travestis, acaso flechado por la protagonista, que al mismo tiempo debe mantener una numerosa familia inmigrante comandada por su bella y abnegada esposa.

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Gran parte de la amabilidad del filme –cuya particularidad está en que no por ello deja de retratar la dureza de esas vidas, sintetizada en una escena donde Sin-Dee Rella irrumpe en un sórdido burdel instalado en la pieza de un motel– se desprende de la forma de filmar ese mundo, donde Baker vuelve a desplegar un notable manejo de la luz y el encuadre para ofrecer una experiencia gozosa a la vista (y el oído también, gracias al buen trabajo con el sonido, comenzando por la heterogénea banda musical que utiliza). La paleta de colores que anima el fondo de los planos abiertos en movimiento perpetuo, con paredes y cielos naranjas,  azules y a veces multicolores, en consonancia con las vestimentas y los cuerpos de las protagonistas expuestos al sol en contraluz, bañado todo en el sepia general del atardecer, confirman la perspicacia del director para exprimir las posibilidades del registro aún con el uso de un celular como cámara, pese a lo cual privilegia el plano secuencia y tiene un trabajo persistente con la profundidad de campo, aún en los extraños primeros planos que utiliza. Ese acercamiento, responsabilidad exclusiva de Baker –pues también se encargó de la fotografía, la producción, el guión y la edición–, define una disposición amorosa y desprejuiciada del filme hacia un universo que permite descubrir de un modo que sería inaccesible en una película del mainstream, donde el amor y la dulzura pueden convivir con las condiciones más precarias, inhóspitas y hasta violentas de la vida.

 

Martín Iparraguirre

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Published in: on 8 abril, 2016 at 1:21  Dejar un comentario  

La Perla. A propósito del campo

Una interrogación al presente

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La memoria colectiva es una entidad frágil por definición, naturalmente sometida a los vaivenes de la historia, es prenda constate de disputa entre las fuerzas políticas y los poderes fácticos que estructuran a toda sociedad, que a través de ella buscan orientar las interpretaciones colectivas del presente. No hay que ir muy lejos para buscar ejemplos, pues precisamente la actualidad argentina es elocuente por demás al respecto: lo que hasta ayer era una certeza incólume respecto a los crímenes de la última dictadura cívico-militar, hoy puede ser puesto en cuestión por los medios de prensa (recordar el editorial con que La Nación recibió al nuevo Gobierno) o algún funcionario del Estado, como si se tratara de una inocente discusión más, fuera de toda ideología y compromiso político. Nadie discutiría lo mucho que se ha avanzado en los últimos años, como tampoco todo lo que falta avanzar, pero hasta la propia visita de Barack Obama funge como un signo inquietante de los tiempos que vivimos, cuyo significado sólo el futuro sabrá dilucidar, aunque la bandera norteamericana flameando en la Casa Rosada en el 40 aniversario del Golpe de Estado constituye sin dudas un augurio. Lo cierto por ahora es que la memoria implica una constante militancia en pos de un objetivo que, además, será siempre inalcanzable pues los hechos van quedando irremediablemente en el pasado, lo que introduce la incertidumbre del recuerdo, que todo lo puede cambiar y distorsionar: ¿cómo filmar entonces el horror?, ¿cómo abordar la experiencia del genocidio sin vaciar sus significados, sin convertirlo en la citada prenda de otras causas políticas?

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Pablo Baur esboza una respuesta en “La Perla. A propósito del campo”, cuyo preestreno se producirá hoy a las 20:30 en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49), un documental que justamente hace de esa distancia su fuerza motora. Ideado junto a Yanina Germán, el trabajo de Baur parte de una certeza: que la memoria es precisamente una falta, ausencia en primer término de esas personas que desaparecieron con la infausta violencia del Estado genocida, acaso también del contexto que buscó darle sentido y, eventualmente, explicar lo injustificable. Este punto de partida implica una posición ética que se explicita al inicio mismo del filme con una célebre cita de Serge Daney, a propósito de “Noche y Niebla”, de Alain Resnais: “Extraño bautismo de imágenes; comprender al mismo tiempo que los campos de concentración eran verdad y que la película era justa”. Ese abordaje justo es el centro del filme, que Baur intentará encontrar en los restos del horror, o si se prefiere en la materialización fílmica de aquellas ausencias: el centro clandestino de detención La Perla, máximo emblema del genocidio argentino, que inmediatamente será presentado desde una toma aérea filmada con un dron. A continuación, la voz en off de un especialista intentará explicar los planos del campo de concentración cordobés, sin saber lo que está interpretando: sus primeras hipótesis lo llevarán a suponer que se trata de un hostel, aunque no tardará en dudar de su intuición por la ausencia de iluminación y canales de ventilación de las supuestas habitaciones. El pasaje es más que pertinente porque ofrece un marco de lectura al filme: el campo de La Perla constituye la traducción arquitectónica de un régimen y una subjetividad fascistas, donde la humanidad fue reducida a un mero objeto. “No sabría definir qué es ese edificio”, concluirá el desconocido, revelando inconscientemente la distancia que nos separa de aquella experiencia demencial.

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Ensayo sobre la imposibilidad de una memoria definitiva, la película se adentrará a partir de ahí en la exploración de esos espacios que acaso condensan los conflictos que surcaron el siglo XX de Argentina, cuyas conmociones aún siguen marcando nuestro presente, aunque muchos no quieran reconocerlo ya. El espacio vacío y las paredes desvencijadas de La Perla, filmados a través de cuidados paneos laterales y planos fijos, funcionan en este sentido como interpelaciones directas al espectador del presente, cuya resolución quedará a su cargo: he aquí la principal virtud del filme, pues Baur transformará esa imposibilidad de representar la experiencia de las víctimas en una interrogación visual y sonora de nuestra conciencia, a través de las huellas de ese pasado que ha quedado irremediablemente en la oscuridad. Un plano en contrapicado de la garita de los guardias permite vislumbrar una organización del terror y la posición de sus víctimas en él, que contrasta a su vez con la bucólica indiferencia de la naturaleza que se desarrolla a su alrededor y ya habita esos espacios. Dos actores (Viviana Grandinetti y Andrés Rivarola) irrumpirán en distintos momentos para objetivar la lectura: calcularán que al menos 112.347.000 personas han transitado la autopista Córdoba-Carlos Paz en los 38 años que siguieron al fin de la dictadura, pasando apenas a 700 metros de ese centro del horror. El solemne registro en blanco y negro de esos pasajes no quita la pertinencia de la idea, pues a fin de cuentas la memoria sólo habitará en nosotros, últimos depositarios de la interpretación de la historia. Allí finca nuestra responsabilidad.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 23 marzo, 2016 at 20:06  Dejar un comentario  

Entrevista a Benjamín Naishtat

Historia de la violencia 

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Benjamín Naishtat habla de “El Movimiento”, película que estrena el Cineclub Municipal Hugo del Carril 

No se trata de un estreno entre otros: “El Movimiento”, según película de Benjamín Naishtat que hoy jueves llega al Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49) -donde se proyectará hasta el domingo en diversos horarios-, confirma una voluntad explícita del director por interpelar la historia política del país, una dimensión insólitamente ausente en el Nuevo Cine Argentino. Ya en “Historia del miedo”, su primera película, Naishtat representaba las paranoias de época de una clase social específica respecto a la inseguridad y las fantasías sobre los sectores populares multiplicadas por los medios de comunicación. Pero aquí sin dudas da un paso más: “El Movimiento” se arriesga a proponer diversos paralelismos con el agitado presente político argentino, algo que generó fuertes polémicas debido a que generalmente se la interpretó como una lectura tangencial del kirchnerismo, aunque Naishtat reniega de las interpretaciones directas y las lecturas binarias. Recreación alucinada de las campañas de La Mazorca durante la segunda presidencia de Juan Manuel de Rosas, sí puede decirse que la película propone una relación entre ese pasado violento y ciertas formas de ejercicio de la política que aún perviven en el presente argentino, más allá de cualquier partido político específico.

Estrenada en la Competencia Oficial del último Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, “El Movimiento” ostenta además una infrecuente ambición estética para un director de 30 años como Naishtat, quien filmó su película en un tiempo exiguo gracias a un crédito obtenido en el festival Jeonju de Japón.

Situada en el año 1835, con el país sumido en la anarquía, el filme sigue el derrotero de un batallón mínimo liderado por un coronel sin nombre (Pablo Cedrón, magnífico) que va recaudando bienes y dinero entre la población para reorganizar al Movimiento del título, sin dudar en ejercer la violencia más extrema para conseguir sus objetivos. Con un estilizado blanco y negro -donde la oscuridad y la luz crean una belleza salvaje y singular-, y un uso expresionista de la banda de sonido compuesta por violines y cuerdas incisivas que violentan la percepción del espectador, Naishtat irá extrañando progresivamente la puesta en escena para internarnos en una profunda noche de tintes pesadillezcos, acaso la manifestación gráfica de la psicosis que vive su protagonista: cuando el delirio parezca irreversible, se producirá una asamblea popular que fue el centro de las discusiones que generó porque se romperá la diégesis para inscribirla en el presente.

Dispuesto siempre al debate, Naishtat aceptó una entrevista de apuro antes de venir a Córdoba para desandar los sentidos que despliega su película.

 

-¿Por qué decidiste filmar esta historia ambientada en el siglo XIX? ¿Qué te atrajo de esa época histórica del país?

Benjamín Naishtat (BN): Desde siempre me interesan los temas históricos, pero quizás, más en particular, me interesan las resonancias históricas. Hace unos años hice un corto medio experimental, donde se abordaba cómo los milicos en el `79 celebraron el centenario de la Conquista del Desierto de (Julio Argentino) Roca. Ahora estoy intentando armar un largo de ficción, medio policial, sobre cómo se vivieron los `70 en un pueblo del interior. Como la Historia Argentina es bastante breve, parece abarcable, y además no hay suficientes películas históricas en el cine nacional. Por eso, ya venía con algunas notas sobre el período de desorganización nacional, esa época fundacional y sangrienta, cuando, un poco por casualidad y acaso por malentendido, me propusieron de un festival coreano ayudarme a hacer un proyecto. Les propuse “El Movimiento” y confiaron, y aunque hubo que correr, la hicimos.

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-¿Qué querías revisar de esa época histórica?

BN: En sentido estricto, no se intenta revisar nada, en Argentina la palabra revisar es muy delicada, hubo y hay subsiguientes corrientes de revisionismo histórico y la película no se inscribe en ninguno de ellos. Ciertamente no hay referencialidad manifiesta, si bien se hizo una investigación bastante exhaustiva, hablando con historiadores, leyendo cantidad de materiales, luego el guión toma elementos pero se vuelve algo bastante delirante: incluso hay un personaje que habla en arameo en la película y una escena con una especie de exorcismo. Sí puedo decir que el viaje de la película invita a reflexionar sobre la resonancia de las antinomias de entonces y de ahora, y sobre lo que el poder le hace a los hombres.

-¿Cómo fue el proceso de pre-producción e investigación? ¿Cómo fue la realización que tengo entendido se hizo en 10 días?

BN: Primero construimos un marco histórico, leyendo materiales de historiadores liberales del siglo XIX y XX, y también los revisionistas que aparecieron con el primer peronismo y la última camada más reciente. De ahí se buscó entender el momento político a grandes rasgos, el espíritu de las ideologías de la época. Paralelamente, para encontrar las escenas, se buscaron diarios de viajeros, crónicas de cautivos, memorias, materiales de personas de la época, escritos en primera persona. De esos anecdotarios surgen las mejores ideas, como el fusilamiento con cañón que es narrado por Prudencio Arnold como algo que hacía el unitario Estomba. De retazos así, y obviamente de una dosis de invención y también de trabajo con los actores, salieron las escenas, en un período de desarrollo que duró en total unos dos meses, pero dos meses intensos. El rodaje fue en diez jornadas y media. Es una locura trabajar tan apurado, pero ni el presupuesto permitía otra cosa, ni el cronograma de post-producción para llegar con la película a Corea -que como condición de aportar el dinero ponía una fecha de exhibición en el Festival de Jeonju- nos daba mucho margen.

-¿Por qué elegiste darle esa estética en blanco y negro con un uso tan particular de la iluminación y las sombras?

BN: Desde el momento cero fue en blanco y negro y con predominancia de la oscuridad. Acaso en los relatos de viajeros es muy fuerte leer esa noche casi metafísica de la pampa de entonces, una oscuridad que te traga, además en consonancia con el caos del país, se hizo natural ir por ese lado.

-¿Como construiste el personaje protagonista? ¿Por qué le diste un perfil casi de psicópata mesiánico? ¿Buscaste generar alguna resonancia con los políticos del presente o de la historia?

BN: El personaje no es un psicópata, en la medida de que está convencido de que actúa por el bien de la Nación, un bien mayor, como el mismo repite incesantemente. Es mesiánico porque en la Argentina los mesiánicos no nos han faltado nunca ni nos faltan y esa misma cualidad los de la película ven en su líder un sentido, un destino. Esencialmente busqué armar una especie de western gauchesco con resonancias políticas, luego, a medida que se vio la película, mucha gente se acerca y comenta que piensa en tal o cual político del siglo XX o de los últimos años, eso significa que la película en alguna medida dispara hacia el imaginario de la gente. Hay momentos en que Cedrón -su personaje- dice discursos, por ejemplo uno sacado de discursos de Perón en el `73 cuando quería amansar -poco antes de armar la Triple A- a las juventudes diciendo tengan los corazones bien templados. Hay anacronismos así en los discursos, pero a la vez adaptados al imaginario de la época de la película.

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-¿Qué referencias buscaste generar con el uso del nombre “Movimiento”?

BN: En primer lugar, en esa época no había en rigor partidos en el sentido estricto, en todo caso proto-partidos, bandos, la palabra “Movimiento” se adaptaba perfectamente a lo que venía a proponer esta especie de mesías. Dicho eso, en ningún momento ignoré la resonancia con el peronismo que implica decir “movimiento” y eso no me hizo salir a buscar otra palabra menos riesgosa: hay algo magnético y eminentemente argentino en el fenómeno que representa el peronismo a lo largo de la historia (y desde antes del propio peronismo, como decía Martínez Estrada). Esa capacidad de implicar políticamente una cosa y su contraria, de construcción de poder territorial y también de eternas y violentísimas divisiones internas. Si íbamos a hablar de un movimiento, íbamos a estar hablando queramos o no también del peronismo. Dicho esto, viene a cerrarse sobre esa referencia la película, ni mucho menos su personaje, como decía antes hay algo muy delirante y abiertamente ficcionalizado, también en los discursos del personaje de Cedrón -que no por nada no tiene nombre en la película- está lleno de proclamas de la ilustración, típicamente unitarias-liberales.

-Visto a la distancia, ¿qué reflexión te genera las polémicas que generó el final de la película? ¿Por qué buscaste explicitar sus relaciones con el presente argentino con ese final donde se rompe la diéresis?

BN: Hay un auto, una moto, sobre el final. Eso hizo que mucha gente pensara que en ese momento había que retrotraer todo lo visto al presente. Yo no sé si es la única lectura, obviamente que si alguien la hace, es válida. Para mí, ni ese momento implica un salto al presente necesariamente, ni todo lo anterior es parte del pasado necesariamente, es una película formalmente loca, llena de digresiones internas, me parece genial si hay reflexiones o polémicas sobre el fondo, pero creo que en la polémica que referís se sobresignifica el paso de una moto, acaso.

-¿Por qué pusiste a “no actores” al final dando su testimonio directamente a cámara?

BN: La pregunta sería, ¿Por qué no hacerlo? ¿Eso implica vulnerarlos de alguna manera, engañarlos de alguna manera? Pensar en ese sentido implicaría algún dejo de superioridad, como si quien filmara supiera algo más que el que es filmado. No trabajo así, desde que hago cortos, siempre hago momentos con entrevistas, a actores, no actores, ¿qué diferencia hay? Acaso que el no actor tiene una vida por lo general más interesante y es más espontáneo.

-¿De qué se trata el proyecto que estás trabajando sobre los ´70 y cómo pensas encarar esa época histórica que casi es un tabú en el país?

BN: Creo que hay que trabajar esa época precisamente porque es en alguna medida todavía un tabú, y porque todavía es objeto de revisionismo. Hace poco (Darío) Lopérfido, que increíblemente ahora es otra vez Ministro de Cultura en la Ciudad de Buenos Aires, dijo que no hubo 30.000 desaparecidos. ¿Cómo no hacer una película sobre los 70?

-Debés ser uno de los pocos directores que gustan de interpelar las cuestiones políticas que vive Argentina en su trabajo, algo que la mayoría rehúye: ¿Qué te atrae de trabajar lo político en el cine? ¿Qué riesgos encontrás en esa empresa y cómo intentás sortearlos?

BN: Vengo de una historia familiar muy particular, de una familia fracturada por el exilio y desarraigada más de una vez, con las resonancias personales que eso puede tener. Son los temas que me interpelan, de forma natural. El cine es la forma de investigarlos, por ahora.

Published in: on 18 marzo, 2016 at 2:02  Dejar un comentario  

Soleada

Cerca de la libertad

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Un primer plano del espejo retrovisor de un auto en marcha explora un hermoso paisaje serrano: el escenario es inmediatamente reconocible para nosotros, pues la belleza de las Altas Cumbres convoca a la memoria emotiva de cualquier cordobés que haya tenido el privilegio de viajar a la zona de Traslasierra. Marca constitutiva de nuestra identidad, traducción geográfica de la historia emocional formada por las experiencias de vida de cada quien, los espectadores locales han podido acceder, en los últimos años, a sus espacios vitales proyectados en las pantallas que habitualmente están ocupadas por los universos de fantasía de Hollywood. Se trata de un derecho que, no por ser de segundo orden, resulta menos importante para calidad de vida de una sociedad: si bien nadie sabe si las políticas de subsidios del Incaa se mantendrán bajo la nueva gestión -caracterizada, a nivel del Ejecutivo nacional, por el recorte progresivo de derechos-, el cine cordobés sigue vivo en este agitado 2016. Conviene entonces celebrarlo.

El estreno de “Soleada”, de Gabriela Trettel, significa además un buen inicio del año: dos semanas en las carteleras comerciales ya parece un récord para cualquier película que acceda a las salas comerciales. Hoy pasará además al circuito independiente en el Cine Arte Córdoba (ver en https://www.facebook.com/Cine-Arte-Cordoba-1386051238374665/?fref=nf), permitiendo extender la experiencia con sus imágenes, que en el modo de captación de la naturaleza tiene, acaso, su mayor virtud. Ese plano de apertura resume el centro dramático del filme: a través del espejo, algo se está dejando atrás para siempre, algo se modificará en estas vacaciones de Adriana (Laura Ortiz) y su familia, compuesta por sus dos hijos adolescentes Pao (Valentina Ayen)  y Manu (Juan Ignacio Croce), y su marido Juan (Víctor Acosta). No se trata de un gran conflicto melodramático, pues “Soleada” participa también de cierta poética del cine reciente local que busca en los detalles, en el minimalismo expositivo, la expresión de los sentimientos internos que viven sus personajes, eje de las películas. Ese centro es aquí Adriana, quien a poco de llegar a la casa de campo que aspiran a reacondicionar, se encontrará con una situación aparentemente inédita por los sentimientos que se  despertarán en ella: la soledad ante la ausencia de su marido, que deberá volver a la ciudad para hacerse cargo del taller que regentea. O más bien, lo que despertará paulatinamente en Adriana será la conciencia de esa soledad que experimenta a partir de su absoluta inmersión en el rol de madre, que como indican las primeras escenas debe ejercer no sólo con sus hijos sino también con Juan, quien por momentos se comporta como otro adolescente más.

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Esta nueva situación se manifestará, primero, como un fuerte sentimiento de inseguridad en Adriana, que la primera noche sin su marido despertará agitada y con miedo de que alguien haya ingresado a la casa, luego se perderá cuando quiera ir al río con su hija y ni siquiera podrá armar una simple estantería o manejar la pérdida de un bidet. Una concepción precisa de la mujer se despliega en estas escenas y la odisea de Adriana consistirá precisamente en escapar de esa visión eminentemente machista de su condición femenina para abrirse a una nueva libertad y recuperar la soberanía sobre sí misma. La mirada de otro hombre oficiará de quiebre pues Adriana se redescubrirá a partir de allí como objeto y como sujeto de deseo, tras lo cual iniciará un silencioso camino de liberación plagado de incertidumbre pues Trettel se guarda bien de dar una resolución que cierre los sentidos que pone en juego su filme –como ejemplifica su último y notable plano–, mientras paralelamente la hija comienza un proceso inverso al descubrir por primera vez el amor.

Despareja por momentos, con la construcción de algunos personajes que roza la unidimensionalidad (notablemente el marido, un tanto menos el hijo), con una gran actuación de Ortiz y algunos secundarios, “Soleada” funciona muy bien cuando apela a la sutileza  para representar el estado de su protagonista: el sensualismo con que se registra la naturaleza traduce así, como lo supo ver Roger Koza, el nuevo estado de situación de Adriana respecto de sí misma y su cuerpo, lo que constituye el mayor acierto del filme –el ojo fotográfico de Trettel, junto al trabajo de Hugo Colace como director del área, tienen mucho que ver allí –. La propia casa y su desorden funcionan como una metáfora visual de la protagonista, que se adentrará en un estado de suspensión de su cotidianeidad. Distinto es cuando la directora necesita asentar una idea, donde la película se puede volver redundante y un tanto tosca, como ejemplifica la citada secuencia donde Adriana se muestra inútil ante la ausencia del marido, o la escena donde se recrea un baile en un show del Raly Barrionuevo: las necesidades narrativas se imponen allí al registro, de suerte que los cuerpos en danza parecen objetos molestos que distraen al espectador del contacto con los protagonistas de la escena. Por suerte, se trata de momentos que finalmente no obturan el costado más valioso del filme, aquél donde Trettel es capaz de traducir la experiencia existencial de alguien que se abre a la aventura del autoconocimiento.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 17 marzo, 2016 at 23:15  Dejar un comentario  
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