Festival de Mar del Plata 2021

Compromiso renovado

Graciela Borges y Cecilia Barrionuevo en la ceremonia de premiación

La 36 edición del Festival de Mar del Plata cerró con un balance más que positivo, que abre nuevos desafíos para el tradicional encuentro

Todo fin de fiesta deja un sentimiento vago de nostalgia por los momentos vividos. Este año, no hará más que incrementarse tras el cierre de la 36 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, que volvió a reunir en las salas de la ciudad feliz a cientos de cinéfilos ansiosos por descubrir las películas que tuvo para ofrecer, tras casi dos años de encierro por la pandemia del coronavirus. Esa emoción que los portugueses saben definir mucho mejor con la palabra “saudade” se impone no sólo por la oportunidad excepcional de reencontrarnos con el cine como experiencia social compartida que ofreció el festival, sino también por la propia programación, que una vez más estuvo a la altura de los desafíos gracias al esmero del equipo comandado por la cordobesa Cecilia Barrionuevo.

Pese a la disminución de la cantidad de películas respecto a las últimas ediciones presenciales -y al sinfín de dificultades que enfrentó la organización-, el cine volvió a brillar en Mar del Plata con su mayor vitalidad: hubo apuestas riesgosas, heterogéneas y certeras en las distintas competencias –donde se pudieron descubrir grandes filmes, especialmente en la Internacional- además de los focos habituales, que presentaron por ejemplo a la notable cineasta alemana Helke Misselwitz o recuperaron el cine de oro japonés en 35 milímetros con la retrospectiva de Machiko Kyō, que por sí solo habría justificado trasladarse a la ciudad costera. La organización supo capitalizar además la experiencia pandémica para ofrecer casi la totalidad de su programación vía online, federalizando el festival como nunca antes. Aún en su austeridad, el encuentro presentó 223 títulos entre cortos y largos en sus diferentes secciones, 300 funciones presenciales en nueve cines, que siempre llenaron el aforo permitido del 80% por las condiciones sanitarias. El saldo es sin dudas positivo y renueva los desafíos para las futuras ediciones por venir.

Pero vamos a los hechos para no caer en palabras vacías. La gran ganadora del festival fue la película iraní «Hit the Road», ópera prima del director Panah Panahi –hijo del célebre Jafar Panahi–, que se alzó con el Premio Astor Piazzolla al Mejor Largometraje de la Competencia Internacional. Comedia de tono levemente costumbrista, que se va oscureciendo a medida que descubre su trama, el debut de Panahi tiene varios condimentos que justifican su elección: su capacidad para sintetizar las tradiciones estéticas y narrativas que laten en la estirpe del director (empezando por el propio Panahi o Abbas Kiarostami), las resonancias políticas de su drama (que se mantienen como un inquietante fondo y nunca contaminan la trama), la fotografía imponente de los paisajes montañosos, la amabilidad del relato, donde el humor es conducido por un niño tan querible como histriónico (en una competencia donde la infancia y la adolescencia fueron los grandes protagonistas) y por supuesto la eficacia de sus personajes. La película narra el viaje de una familia por el interior de Irán para llevar al hijo mayor al cruce ilegal de la frontera con Turquía, sin apelar nunca al melodrama y descubriendo de a poco el sentido del viaje, apelando incluso a una mezcla de género muy efectiva, donde la música tiene también un protagonismo relevante.

El jurado presidido por la cineasta paraguaya Paz Encina e integrado por el uruguayo Federico Veiroj, entre otros, distinguió también a las otras grandes participantes de la Competencia Internacional. Otorgó así el Premio Especial a la notable «What Do We See When We Look at the Sky?», del georgiano Alexandre Koberdize –que ya fue reseñada en HDC-, mientras que como Mejor Director premió al gran Miguel Gomes y Maureen Fazendeiro por el celebrado filme «Diarios de Otsoga», otro ensayo lúdico donde el director portugués lleva al extremo su capacidad de jugar con el propio proceso realizativo. El galardón al Mejor Guion fue para Ramon Zürcher e Silvan Zürcher por la suiza «The Girl and the Spider» –también reseñada en HDC- y «Espíritu sagrado» del español Chema García Ibarra. Mientras que «Kim Min-young of the Report Card», de las coreanas Lim Jisun y Lee Jae-eun, obtuvo una Mención Especial. Como Mejor Actriz ganaron la española Candela Recio por la entrañable “Quién lo impide” y Zelda Adams por la urticante “Hellbender”.

Por otro lado, en la Competencia Latinoamericana, el Astor Piazzolla a la Mejor Película fue para «Jesús López», primera y lograda incursión en el cine de género del entrerriano Maximiliano Schonfeld -acaso la película argentina del festival-, mientras que la peruana «De todas las cosas que se han de saber», de Sofía Velázquez Núñez, obtuvo una Mención Especial; y «Síndrome de los quietos», de Elías León Siminiani, ganó como Mejor Largometraje. Por su parte, el Jurado de la Critica Joven eligió como Mejor Ópera Prima Latinoamericana a «Estrella Roja», de la cordobesa Sofía Bordenave, otro de los grandes aciertos de Mar del Plata. A su vez, en la Competencia Argentina, «Las cercanas», de María Alvarez, ganó el premio a la Mejor Película; Agustina Pérez Rial recibió el galardón a la Mejor Dirección (Premio José Matínez Suárez) por «Danubio»; y «Engomado», de Toia Bonino y Marcos Joubert, ganó como Mejor Cortometraje, entre otros galardones de la sección.

Por último, el premio a la Mejor Película de Estados Alterados -sección centrada en filmes que apuestan al riesgo y la experimentación- fue para la india «A Night of Knowing Nothing», de Payal Kapadia, mientras que el documental estadounidense «Nuclear Family», de Travis Wilkerson y Erin Wilkerson, se llevó una Mención Especial.

Con el estreno estelar de la última película de Pedro Almodóvar, «Madres Paralelas» –que sólo se verá en salas en Mar del Plata, ya que irá directamente a Netflix-, la 36 edición concluyó con una ceremonia en la imponente sala del Teatro Auditorium, donde se anunciaron los premios y se revivieron los momentos de alto glamour de la historia del festival, además de sentidos homenajes a figuras emblemáticas de la cinematografía nacional como David “Coco” Blaustein o la productora cordobesa Paola Suárez, artífice central de la explosión del cine local en la última década, que murió de manera inesperada este mismo año. El festival homenajeó su figura y su carrera con un emotivo video que mostró imágenes suyas y de sus obras.

“Hemos vuelto. Hemos vuelto a las salas, hemos vuelto a encontrarnos, a conversar, a mirar al mismo tiempo una película, que es muchísimo. Hemos estado presentes en Mar del Plata y también en diferentes lugares de la Argentina”, celebró luego Barrionuevo, quien agradeció “a la gran comunidad que hizo posible esta edición cargada de emociones: gracias a quienes hacen las películas con diferentes miradas del mundo y diferentes formas de hacer cine”. También hubo lugar para la actualidad del sector en las palabras del vicepresidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), Nicolás Batlle, quien advirtió sobre la necesidad de defender el fomento al cine. «Es importante defender el proyecto del diputado Pablo Carro (FdT) que plantea algo muy importante  (…): apoyar el proyecto que elimina la caducidad del fondo cinematográfico el 31 de diciembre de 2022», aseveró Batlle, que explicó que «es fundamental entender la necesidad de conservar la autarquía del Incaa, que mantenga su independencia y mantenga la posibilidad de mantener esos ingresos». Hasta en estos detalles, Mar del Plata reafirmó su compromiso de ir por más en 2022.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2021

Festival de Cine Vertical

Democratizar desde la verticalidad 

Mañana se realizará una nueva edición del festival de cine “Yatay” en el Centro Cultural Graciela Carena

Nuestra ciudad sigue generando iniciativas en torno al cine pese a las dificultades económicas, institucionales y logísticas que generó la pandemia del coronavirus. Esta vez, se reeditará un nuevo encuentro cinematográfico: el viernes llegará la tercera edición del Yatay Festival de Cine Vertical, destinado a “explorar y visibilizar una nueva forma de ver y crear cine en el formato 9:16, también conocido como vertical”, según anuncian sus realizadores. Se trata de una apuesta radical por las nuevas formas audiovisuales que pululan en las redes sociales gracias a las facilidades de producción que ofrece la tecnología, siempre desde un costado artístico: los jóvenes organizadores de Yatay creen que las posibilidades del registro desde un celular apenas se están conociendo, y se las toman muy en serio. Muestra de ello es el hecho de que, este año, el festival apostará además a la presencialidad, todo un detalle respecto al convencimiento de sus organizadores. La cita será mañana a las 20 en el Centro Cultural Graciela Carena (Gral. Alvear 157), con entrada gratuita. 

HDC: ¿En qué consiste el «formato vertical»?  ¿Y por qué consideran que merece la organización de un festival?

Valentina Dominguez (VD): El formato vertical es una nueva forma de hacer contenido audiovisual, en lugar del tradicional formato horizontal (16:9) hacerlo en vertical (9:16).  Diariamente consumimos una gran cantidad de contenido a través de los nuevos medios de comunicación (las redes sociales en particular) en este formato. Contenido que está pensado desde su producción para ser recibido en nuestros celulares y desaparecer en cuestión de horas: una vez que lo vimos ya no lo volvemos a mirar, ni revisar, y pocas veces lo pensamos más allá del soporte. Dentro de ese gran flujo de imágenes e información al que estamos constantemente expuestos, creemos que existen muchas obras que merecen ser exhibidas en un contexto específico para que no se pierdan y puedan así ser discutidas, analizadas y valoradas; es por eso que creamos el festival.

HDC: ¿Qué es lo que les interesa del “formato vertical”? 

VD: Nos sorprende y alegra cómo los avances tecnológicos nos han ido permitiendo hacer cine de manera más accesible en muchos aspectos, desde la portabilidad hasta las facilidades económicas. Hoy en día ese avance ha llegado a un punto altísimo que nos entusiasma, el celular nos permite registrar lo que vemos de una manera sumamente fácil, es acá en donde aparece el mayor interés de Yatay: la democratización del cine. Casi todos tenemos un celular en el bolsillo la mayor parte del tiempo. Y con él podemos filmar lo que queremos, cuando queremos, en condiciones de producción sumamente austeras. Hoy más que nunca la posibilidad de hacer un plano está al alcance de cualquiera, porque los medios requeridos están disponibles. Esto no quiere decir que cualquiera puede ser cineasta. Es por eso que la creación artística como tal nos parece un proceso fundamental a tener en cuenta. Hacer cine, como cualquier arte, es un proceso, son muchas instancias creativas que juntas alcanzan la invención de una obra. En este punto, como festival intentamos diferenciar lo que encontramos en las redes sociales y lo que consideramos que tiene un interés artístico o estético en particular. Nos preguntamos, dentro de ese flujo inagotable de imágenes, ¿cuáles son las que, creemos, merecen ser rescatadas y valoradas?

Por otro lado, el formato vertical es un formato innovador, no hay muchas bases teóricas definidas o consensos al respecto, no es un formato que tenga una estética propia totalmente constituida, lo que permite que prevalezca mucho más la experimentación, el juego y la búsqueda de una ruptura con los cánones establecidos. Esto es algo que está presente en las obras seleccionadas por el festival.

HDC: El festival ostenta una preocupación por “ampliar las posibilidades de creación”, ¿qué significa esa idea?

VD: Desde Yatay creemos que una de las principales formas de ayudar a ampliar la creación de cine en este formato, es fomentar la producción del mismo. Este año realizamos una actividad junto al Taller de los sábados, que es un espacio de realización y experimentación abierto a todo público que funciona hace más de 10 años en Plaza seca de la Facultad de Artes, en donde proponemos a los talleristas la realización de uno o más cortos en formato vertical. La actividad se propone como un juego lúdico pero también invitamos a los talleristas a reflexionar por qué, o por qué no, filmar en vertical. Los cortos que resulten de esta actividad formarán parte del festival. 

Nos parece sumamente importante ser un espacio que exhibe obras estimulando el debate permanente como eje principal para la resignificación de lo que entendemos por cine, corriéndonos de lo tradicional y dando lugar a otras nuevas formas de hacer. Sin ponderar una sobre la otra, sino más bien, dejando lugar a que ambas coexistan.

HDC: También busca sostener una perspectiva social y de género, ¿cómo lo hará¡? 

VD: Queremos formar parte del mundo del cine, creando un nuevo espacio para el desarrollo artístico de cualquier persona que quiera experimentar en este formato pero sin corrernos de la realidad en donde estamos parados, es por eso que somos muy rigurosos a la hora de programar, nos parece de extrema importancia no aceptar ni reproducir ningún tipo de contenido “odiante”. Sin respetar el mundo en el que vivimos, no podemos generar ni crear, y bajo esta idea nos erguimos como festival de Triple Impacto, entendiendo que la relación social, económica y ambiental tienen que alinearse para replantearnos nuestra forma de producir. 

HDC: ¿Por qué apuestan a un encuentro presencial teniendo en cuenta las ventajas que ofrece la versión virtual?

VD: El festival cuenta con dos ediciones realizadas, la primera fue presencial en Bastón del Moro y la segunda fue vía streaming por Instagram y Facebook. Si bien apreciamos la posibilidad de difusión y alcance que tiene la modalidad virtual, que nos permitió tener llegada mundial, ponderamos por sobre esta posibilidad la presencialidad. Esto tiene que ver, en parte, con que se trata de un formato sumamente innovador y divergente que presenta controversias, no hay un consenso generalizado sobre él: hablar del formato vertical genera discusión, eso lo sabemos y nos entusiasma desde el primer día. Incluso dentro del festival en sí estamos en constante discusión. En este sentido es que creemos que la instancia de la presencialidad potencia y facilita la discusión de una manera mucho más rica que la virtualidad. Nos interesa mucho el encuentro con otros. El compartir el visionado en un mismo espacio/tiempo no nos parece un detalle menor. Sumado a esto, la posibilidad de que sea presencial nos permite incluir una serie de intervenciones que estarán dispuestas fuera de la sala de visionado. 

HDC: ¿Cuáles son las actividades que ofrece el festival?

VD: Este año el festival contará con la proyección de la Selección Oficial, que son 14 cortos muy diversos entre sí, provenientes de diferentes partes del mundo. Paralelamente, en las diferentes salas del Centro Cultural Graciela Carena estarán exhibidas diversas muestras fotográficas y videoinstalaciones.  Además, unos días antes del festival realizaremos junto al “Taller de los sábados” una actividad abierta a todo público (tengan o no experiencia en cine) dónde se realizará un cortometraje en formato vertical, toda esta información estará próximamente en nuestras redes. El corto realizado en este marco también será proyectado en el festival.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2021

Instagram @festivalyatay 

festivalyatay@lamiradaencendida

Festival de Mar del Plata 2021

Amor por la fantasía

Dos filmes notables se estrenaron en la Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata 

La 36 edición del Festival Internacional de Mar del Plata sigue en pleno desarrollo con la posibilidad de seguirlo vía virtualidad en forma paralela a la presencial  (ver: https://hoydia.com.ar/espectaculos/instrucciones-para-participar-del-festival-de-mar-del-plata-desde-su-hogar/). Entre las novedades, la Competencia Internacional ofreció algunas sorpresas a tener en cuenta.

What Do We See When We Look at the Sky?

Una de las películas más originales y ambiciosas en términos creativos del festival provino de Georgia, un país casi desconocido para nosotros que sin embargo, en “What Do We See When We Look at the Sky?”, tiene la amabilidad de imaginar un triunfo en el mundial de fútbol para Argentina. El filme de Alexandre Koberidze es una auténtica extrañeza, al punto que resulta difícil reseñarlo en pocas líneas. La sinopsis de su trama puede resultar absurda, pero una vez que el espectador se entrega a su fantasía el resultado es puro placer cinematográfico. El inicio ya exhibe la originalidad de Koberidze, que narra el encuentro entre un hombre y una mujer filmando simplemente sus pies. Pronto, una voz en off surgirá para presentar el drama:Lisa y Giorgi se han conocido en esa escena inicial y han pactado una cita para el día siguiente. Sin embargo, el narrador desconocido anunciará que un “ojo malvado” les ha dictado una maldición que les cambiará los rostros a los protagonistas, de suerte que no se podrán reconocerse en ese encuentro. A partir de esa fábula, se iniciará una especie de cuento de hadas donde la creatividad narrativa de Koberidze se desplegará con una libertad insólita, a partir de infinitas derivas en torno a esa relación de amor trunca que trabajarán desde la fantasía y el humor absurdo, con un amor inconmensurable hacia el cine, la ficción, la cultura georgiana y sus personajes. En la película hay un mundial ficticio donde Messi sale campeón – “como debe ser”, según afirma la voz en off–, perros fanáticos del fútbol que se citan en bares para ver los partidos de  Argentina –país por el que hincan los georgianos–, juegos absurdos que inventa un comerciante para sostener su pequeño café al lado de un lago, digresiones filosóficas y políticas del narrador –que incluso propone un juego al espectador en medio del filme–, y una concepción romántica del cine que permitirá resolver el dilema de los protagonistas. Plagada de recursos visuales y narrativos, con una puesta en escena que enfatiza la belleza plástica del plano y la ciudad que filma,  “What Do We See When We Look at the Sky?” constituye, como en su pequeña fábula, una apuesta descarada por la capacidad del cine para embellecer y mejorar el mundo.

Más información en: 

https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es/pelicula/what-do-we-see-when-we-look-at-the-sky

Charla con el director:

Trailer:

The Girl and the Spider

Casi la propuesta opuesta constituye “The Girl and the Spider”, de Silvan y Ramon Zücher, cuya trama resulta tan concreta y su puesta en escena tan organizada al milímetro que genera la sensación de que cualquier distracción puede hacer explotar todo en mil pedazos. Como en una ópera de cámara, la película pone a unos pocos personajes en una situación absolutamente mundana como una mudanza. Pero en ese par de días que compartirán los personajes, la tensión que se genera es tal que el espectador siente que cualquier tragedia puede suceder en cualquier momento. Lisa ha decidido mudarse del departamento que comparte con Mara, quien no parece estar muy contenta con la noticia. Aparecen varios personajes más: la madre de Lisa, otra pareja de mujeres que vive en el edificio, un vecino que ayuda en las tareas, los obreros encargados de realizar la mudanza y arreglar el mobiliario, un repartidor que se suma al convite. Entre todos, la circulación del deseo como un demonio invisible destinado a tensar las relaciones y dividir a las personas, cual maldición en una tragedia griega. Lo notable del filme es la capacidad que tienen los directores para materializar esa fuerza invisible que atraviesa a los seres en tono general de tensión sin recurrir a recursos obvios, con un trabajo notable en los diálogos, el encuadre, el trabajo con los cuerpos y las miradas y, sobre todo, el sonido, que materializa aquello que nadie se atreve a decir pero que ninguno es capaz de resistir. 

Más información en:

https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es/pelicula/the-girl-and-the-spider

Charla con los directores:

Trailer:

Por Martín Iparraguirre 

Copyleft 2021

Festival de Mar del Plata

La sorpresa cordobesa

El filme “Estrella roja”, de Sofía Bordenave, se estrenó en la Competencia Argentina del Festival de Mar del Plata

La 36 edición del Festival Internacional de Mar del Plata sigue en pleno desarrollo con su prometedor ensayo de mezclar la clásica presencialidad con la modalidad virtualidad, que permite a espectadores de todo el país acceder a casi la totalidad de su programación sin trasladarse a la ciudad feliz (ver: https://hoydia.com.ar/espectaculos/instrucciones-para-participar-del-festival-de-mar-del-plata-desde-su-hogar/). Una de las novedades más celebradas en los últimos días vino de nuestra ciudad, de donde ayer se estrenó también “Camila saldrá esta noche”, de Inés Barrionuevo, en la Competencia Latinoamericana.

La película de la directora cordobesa Sofía Bordenave, “Estrella roja”, fue una verdadera sorpresa en la Competencia Argentina donde participa. Filme lúdico y lúcido, capaz de mezclar el placer del acto creativo con la reflexión sobre la historia, la filosofía, la ciencia y el tiempo en que vivimos, “Estrella roja” es un ensayo heterodoxo donde todo pareciera poder entrar: como una conciencia capaz de atravesar el tiempo en busca de hechos y referencias, la directora –que es abogada y apenas ha compuesto otra película, “La suave noche” (2017) – incorpora allí testimonios de primera mano, reflexiones de autores célebres o desconocidos, personajes reales y ficticios, experiencias ajenas e inquietudes propias en un sistema muy personal que le sirve para pensar el mundo; prácticamente sin recurrir a imágenes de archivo.

¿Su tema? Nada menos que la experiencia de la revolución rusa de 1917, pero tomada no cómo un ejercicio trasnochado de nostalgia sino como un disparador desafiante para alumbrar respuestas ante un azoramiento personal de Bordenave por la inanidad del presente: ¿Cómo pensar otro futuro posible? O cómo recuperar, en todo caso, la soberanía en la capacidad de pensar y soñar con otras visiones colectivas que no impliquen la autodestrucción de la especie humana a la que inevitablemente nos arrastra el capitalismo, único horizonte que parece vislumbrar la maquinaria cinematográfica de Hollywood.

La excusa para tremenda empresa fueron los festejos por el centenario de la Revolución Rusa, donde Bordenave constató que hubo una política deliberada en el propio país de recluir esa tremenda experiencia histórica al ámbito inofensivo de los museos estatales. A partir de allí, Bordenave recogió testimonios de protagonistas de esa historia y del presente, con el propósito de “desconfinar los recuerdos y devolvérselos a los habitantes”, según reza la sinópsis oficial del festival.

Con una protagonista ficticia que va articulando el recorrido del filme, la directora va tejiendo entonces un complejo sistema capaz de articular un recorrido que va desde la experiencia de personas que vivieron en la URSS a los sueños y teorías más alocados, inspirados y entrañables que pudieron dar sus artistas y científicos, como el escritor Aleksandr Bogdánov o el poeta Vladímir Mayakovski, pasando por sus propias reflexiones o la forma en que la juventud actual recupera aquella experiencia histórica. Todo, articulado con un placer contagioso por las posibilidades que ofrece el cine y la literatura como vehículos de pensamiento y especulación filosófica, con un oficio que pareciera contradecir la juventud de la directora.

“Creo que toda la película gira alrededor de una pregunta: ¿qué fue del futuro? En un momento en el que parecemos incapaces de articular una idea promisoria de futuro, Estrella roja intenta una búsqueda en uno de los lugares y épocas en que todavía el futuro era infinito. Viajamos a San Petersburgo en el centenario de la Revolución rusa para recorrer los sitios y las ideas de cuando todavía todo era posible. Con un registro que se acerca levemente a la ciencia ficción, encontramos algunos vestigios, caminamos con roofers y de manera muy independiente, casi clandestina, filmamos Estrella roja, que es también el lugar donde habita la utopía de Aleksandr Bogdánov”, afirma la propia Sofía Bordenave en el catálogo del festival.

Más información en:

https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es/pelicula/estrella-roja

Charla con la directora:

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2021

Festival de Mar del Plata 2021

Nuevas formas de mirar la maternidad 

«Petite maman»

La 36 edición del Festival Internacional de Mar del Plata ya comenzó a desplegar sus maravillas en las distintas competencias y secciones paralelas en curso, en un frenesí que este año tiene el encanto inigualable del reencuentro presencial en las salas, pero que también podrá seguirse online de manera virtual en todo el país (ver: https://hoydia.com.ar/espectaculos/instrucciones-para-participar-del-festival-de-mar-del-plata-desde-su-hogar/). Por lo pronto, dos recomendaciones de la Competencia Internacional –la sección más importante del encuentro- que estarán disponibles para ver online hasta el próximo lunes 20 de noviembre inclusive.

Petite maman (Competencia Internacional) 

La nueva película de la francesa Céline Sciamma no tendrá la ambición temática ni la voluptuosidad estética de “Retrato de una mujer en llamas” (2019), su anterior y celebrado filme, pero tampoco le va en zaga en sus resultados finales. Quizás al contrario, pues donde allí imperaban los llamados “valores de producción” –la adaptación de época, su temática de género o incluso su belleza plástica–, aquí se impone la inteligencia narrativa y la sutileza visual para recrear una fantasía infantil sobre la relación de una niña con su madre. Pequeño filme de cámara, concentrado en la mirada de la pequeña Nelly que atraviesa el duelo por la muerte de su abuela, “Petite maman” seguramente resultará una de las películas más delicadas y conmovedoras del festival, con una propuesta que paulatinamente se va intoxicando de las posibilidades que abre su imaginario infantil. “Nelly tiene ocho años y su abuela acaba de morir. Junto con sus padres, viaja a vaciar la casa de la infancia de su madre, Marion, en medio del bosque. Para Nelly es una oportunidad para experimentar de primera mano todas esas aventuras que ha escuchado sobre la infancia de su mamá. Pero Marion está atravesada por la tristeza. Un día, Nelly se despierta y descubre que su madre se ha ido. Su padre no tiene muchas respuestas. Y en sus paseos y juegos por el bosque Nelly se hace amiga de una niña de su edad, extrañamente parecida a ella, llamada Marion, como su mamá”, anuncia la sinopsis oficial. 

Efectivamente, con una estética que juega con la iconografía de los cuentos de hadas sin abandonar el naturalismo –que además es capaz de potenciar la exuberancia estética de la naturaleza como en “Retrato…”–, Petite maman pondrá en escena esa fantasía imposible en la relación de una niña con su madre. “En Petite maman, lo fantástico irrumpe en medio de lo cotidiano y se vive con esa capacidad de abrazar lo maravilloso que quizás tengamos solo a los ocho años. Céline Sciamma retrata la mirada de una niña con la complejidad que merece, y construye una pequeña y conmovedora fábula sobre la infancia, el duelo y el amor entre madres e hijas, en la que los viajes en el tiempo no son más que una nueva forma de encontrarse”, completa la sinopsis.

Se podrá ver hasta el lunes, aquí:

https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es/pelicula/petite-maman

Trailer:

Charla con la directora:

Aurora (Competencia Latinoamericana) 

Otro filme conmovedor sobre la maternidad es “Aurora”, de la costarricense Paz Fábrega, que comienza como un documental de espíritu social sobre la importancia de la educación en los sectores populares pero rápidamente va virando de tono y de género, adquiriendo una complejidad inusitada para la simpleza de sus medios. El filme está orquestado en torno a Luisa, una arquitecta y profesora de dibujo de una escuela precaria que ostenta un evidente compromiso social. Solitaria, sin hijos, con una relación a distancia que tampoco parece muy satisfactoria, Luisa pone gran parte de su deseo en el trabajo con sus alumnos, en un contexto para nada favorable, ya que ni sus compañeros docentes valoran al arte como materia educativa. Un día, descubrirá a Yuliana vomitando en el baño: se trata de una adolescente que cursa un embarazo no deseado, dilema que Luisa asumirá rápidamente como propio, involucrándose sin medias tintas en su drama. 

Paulatinamente, se tejerá entre ellas una relación que trasciende todas las categorías, algo que Fábrega filma con cuidado y complicidad, sin recurrir nunca a manipulaciones que puedan sugerir derivas oscuras, pero con una inteligencia capaz de mantener siempre un estado de ambigüedad para sostener cierta tensión en la película. Ocurre que Yuliana, que vive además en un hogar muy amoroso pero precario –otra de las virtudes de Fábrega es evitar simplificaciones tranquilizantes para el espectador– , decide esconder su embarazo al mundo, decisión que Luisa acompañará sin dudarlo pese a los riesgos que implica. Esa relación hermosa de complicidad, compañía y aprendizaje mutuo construida entre ellas no tardará en chocar, sin embargo, con los límites de la sociedad. “Paz Fábrega construye un relato íntimo y sutil sobre diferentes formas de maternar, a la vez que deja ver las estructuras legales, culturales y económicas que no solo fuerzan maternidades no deseadas, sino que obstruyen indefinidamente otras que, aunque deseadas, están sujetas a una precariedad que no puede quitarse nunca los andamios”, sostiene la sinopsis del catálogo. 

Se podrá ver hasta el lunes, aquí

https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es/pelicula/aurora

Entrevista con la directora:

Mar del plata 2021

La avanzada cordobesa

Tres filmes locales participan de distintas competencias en el Festival Internacional de Mar del Plata

Como de costumbre, Córdoba tendrá una participación destacada en esta 36 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, con tres películas que participarán en distintas secciones competitivas. Pero además, la buena noticia es que, gracias a la virtualidad, las películas podrán ser vistas casi simultáneamente a su estreno en la ciudad feliz por el público cordobés, desde su casa.

Aquí, una reseña sobre las tres obras locales que participarán del festival, que tienen otra singularidad destacada: dos de ellas fueron dirigidas por mujeres y sólo una por un hombre, lo que da vuelta por una vez la tradicional preeminencia masculina en el medio cinematográfico.

Camila saldrá esta noche

El nuevo filme de Inés Barrionuevo, toda una abonada a Mar del Plata (donde participó con “Julia y el Zorro”, que recibió una Mención Especial), se presenta en la Competencia Lationamericana –la segunda en importancia del festival- y promete ahondar en su tema por excelencia, relacionado a las experiencias de la juventud. Presentada en el reciente Festival de San Sebastián, el filme parece retomar tangencialmente los temas de su primera película, “Atlántida” (2014), donde dos hermanas adolescentes se debatían con los problemas de su edad mientras el futuro se avecinaba como un horizonte pleno de incertidumbres.

“Camila, una joven platense que se muda a la ciudad de Buenos Aires junto a su familia cuando su abuela enferma gravemente, no solo se ve obligada a habitar un espacio que le es ajeno, sino que debe acatar los mandatos de un colegio religioso y relacionarse con sus compañeros. Su avasallante personalidad y su militancia feminista comenzarán a chocar con este nuevo presente que debe transitar. Inés Barrionuevo vuelve a hacer de la adolescencia el escenario ideal para su cine. Luego de Julia y el zorro (2018), la directora retomó la exploración acerca de las preocupaciones juveniles con Las motitos (2020, codirigida con Gabriela Vidal) y prolonga su búsqueda con este empático retrato de Camila. A su modo, a partir de detalles y escenas que parecen decir poco y todo a la vez, Barrionuevo se apropia de numerosas situaciones escolares para exponer sus inquietudes: el bullying, la opresión ideológica de las instituciones académicas, la subestimación, el despertar sexual y la crisis de identidad”, informa el catálogo del festival.

La película se estrenará el lunes 22 y a partir de entonces estará disponible durante 72 horas en el sitio del festival (https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es).

Ver: https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es/pelicula/camila-saldra-esta-noche

Trailer:

Estrella roja

El debut en la dirección cinematográfica de la abogada Sofía Bordenave parece ser toda una revelación, según anticipan los especialistas. “Estrella roja” participará de la Competencia Argentina del festival y parece ofrecer una particular mixtura entre documental y ficción que gira en torno a eventos históricos insólitos como la Revolución Rusa.

“El festejo por el centenario de la Revolución rusa no fue el esperado: el gobierno optó por no realizar actos oficiales y limitar los homenajes al ámbito de las instituciones y, sobre todo, a los museos estatales. A partir de testimonios y sin apelar al tentador material de archivo, Sofía Bordenave se propone desconfinar los recuerdos y devolvérselos a los habitantes. Katya, quien vivió los últimos esbozos del acontecimiento, recorre los espacios claves en el proceso revolucionario y rescata a partícipes como el científico Aleksandr Bogdánov, autor de un utópico libro de ciencia ficción anterior a la Revolución, que le da el nombre al largometraje. Nikita y Karl, dos jóvenes cuya pasión es pasear por los techos de la ciudad e inspeccionar edificios abandonados, se convierten en antropólogos para localizar pistas de una Rusia que ya no existe pero que resuena en el presente. Estrella roja advierte sobre los riesgos de invisibilizar la historia, mientras inspecciona esa zona donde la memoria personal y la colectiva empiezan a volverse una”, informa el catálogo del festival

“Estrella roja” se estrenará en Mar del Plata el sábado 20 y a partir de allí estará disponible online hasta el 23 de noviembre, en el sitio del festival. Más información en:

https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es/pelicula/estrella-roja

Presentación de la directora:

Morir en pandemia

El joven cineasta Pablo Martín Weber, reciente egresado de la Facultad de Artes de la UNC, es mucho más que una promesa, como lo atestiguan no sólo su películas previas “Fragmentos desde el exilio” y “Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse”, sino también sus intervenciones en los debates cinéfilos en las revistas de cine más exigentes.  

Con su tercer largometraje titulado “Luto”, uno de los pocos trabajos que se arriesga a pensar la pandemia que nos atraviesa, Weber vuelve a Mar del Plata para participar de la Competencia Argentina de Cortos. Si bien el catálogo sólo recurre a una cita de diccionario para definir la experiencia inexplicable de los vivos con la muerte (“Del lat. luctus. 1. m. Signo exterior de pena y duelo en ropas, adornos y otros objetos, por la muerte de una persona”, reza), lo cierto es que el filme de Weber vuelve a mixturar distintos elementos (como archivos, reflexiones filosóficas y científica), para orquestar un ensayo singular sobre el duelo en tiempos de pandemia y los acontecimientos históricos que nos marcaron, como la muerte de Diego Maradona.

“Luto” se estrenará el viernes 26 en Mar del Plata y desde entonces podrá verse online en el sitio del festival.

Ver: https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es/pelicula/luto

Presentación del director:

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2021

Mar del Plata 2021

Tiempo de felicidad

El Festival Internacional de Mar del Plata se dispone a iniciar su 36 edición, de manera virtual y presencial

La última semana de noviembre ofrecerá finalmente una caricia para la comunidad cinematográfica de todo el país, tras casi dos años de padecimiento pandémico, con la 36 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata que hoy comenzará con la proyección de la película póstuma de Fernando “Pino” Solanas, «Tres en la deriva del acto creativo», entre muchas promesas que el único encuentro “Clase A” de América Latina tiene para ofrecer.

Se trata, sin dudas, de la mayor fiesta cinéfila de la región, que este año vendrá además con una novedad auspiciosa: un formato mixto de presencialidad y virtualidad que permitirá a gente de todo el país seguir el encuentro desde su hogar de manera online, además de recuperar la posibilidad de ver las películas en las salas de la ciudad feliz, característica esencial del encuentro, que debemos agradecer al compromiso y dedicación del equipo organizador del festival –que al parecer, sobre la marcha, decidió impulsar la versión presencial por cuenta propia, con poco respaldo institucional de parte de la Nación-.     

«Este será el año del reencuentro» en las salas de Mar del Plata, sintetizó precisamente la directora artística del festival, la cordobesa Cecilia Barrionuevo (que supo ser columnista de HDC), en la presentación del certamen, luego de una edición en 2020 enteramente virtual. “El año pasado, en la ‘edición de resistencia’, nos acercamos a públicos que tal vez antes no podían estar presentes en el festival, fue una experiencia increíble y muy conmovedora, entonces pensamos en no quitar esa posibilidad sino reforzarla, para que también los que están en sus casas puedan conocer y escuchar a los equipos que están trabajando en las películas programadas y en las actividades paralelas que estarán también online”, amplió Barrionuevo en una entrevista con el sitio HaciendoCine. Respecto a la curaduría artística, definió que esta edición mantiene «la línea editorial» de apostar «al cine de lo real», por lo que «será un festival que invita al desafío» desde su programación. «Nuestro foco es estar en salas y tener la categoría internacional que merece», ratificó por su parte la productora del certamen, Cecilia Diez, que informó que quienes vayan al encuentro deberán presentar el certificado de vacunación completo para participar de las actividades.

En efecto, pese a que se trata de una edición más acotada de lo acostumbrado –como ya ocurrió el año pasado-, el festival mantendrá la calidad internacional que lo distingue con alrededor de 150 películas que se verán desde hoy hasta el 28 de noviembre en la ciudad bonaerense. Como se dijo, el encuentro ofrecerá casi toda la programación de forma gratuita y online a través de su página oficial (https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es/), que permitirá acceder a las películas a partir de las 21 horas del día de su estreno en sala, donde quedará disponible por 72 horas para su visionado en todo el país, además de la amplia programación paralela –que será casi enteramente online-.

Como de costumbre, las clásicas competencias del encuentro -Internacional, Latinoamericana y Argentina- tendrán 12 películas cada una en juego, con la variedad de géneros, texturas y estéticas que caracteriza al certamen costero. En la primera, se mezclarán los nuevos filmes de directoras y directores ya conocidos y celebrados en Mar del Plata como el gran Miguel Gomes (portugués que llegará con sus “Diarios de Otsoga”, en colaboración con Maureen Fazendeiro), la francesa Céline Sciamma (“Petite maman”), o el español Jonás Trueba (“Quién lo impide”); que competirán con realizadores de todo el mundo, como la docente y crítica argentina Malena Solarz (que debuta en soledad con “Álbum para la juventud”), los coreanos Lim Jisun y Lee Jae-eun (“Kim Min-young of the Report Card”), el georgiano Alexandre Koberidze (“What Do We See When We Look at the Sky?”) o el iraní Panah Panahi (“Hit the road”), hijo del mítico Jafar Panahi, entre varios otros más.

La justa Latinoamericana ofrecerá a su vez los nuevos filmes de la cordobesa Inés Barrionuevo (“Camila saldrá esta noche”), la porteña Ana Katz (“El perro que no calla”), el entrerriano Maximiliano Schonfeld (“Jesús López”), el santafecino Iván Fund (“Piedra noche”) y el bonaerense Pablo Giorgelli (“La encomienda”), todos directores conocidos del festival, que tendrán un esperado reencuentro con el público marplatense. Por supuesto, a ellos se sumarán películas de toda la región, con obras de Uruguay, Costa Rica, Venezuela, Perú, Chile o Brasil, en un verdadero caleidoscopio de la actualidad en el sur americano del mundo. Por último, en la Competencia Argentina se esperan con expectativas varios debuts en largos –como los de Agustina Pérez Rial (“Danubio”), Agustina San Martín (“Matar a la bestia”) o la cordobesa Sofía Bordenave (“Estrella roja”)- y el reencuentro con directores muy queridos por el público como Ignacio Masllorens (“Atlas”), Juan Martín Hsu (“La luna representa mi corazón”) o César González (“Reloj, soledad”).

A su vez, la Competencia Estados Alterados –que reúne el cine más arriesgado y vanguardista del mundo, sea en ficción o documental- presentará 13 filmes a descubrir –entre ellos “PR1NC3S4”, nuevo estreno de Raúl Perrone- en una verdadera aventura que puede deparar las experiencias más extrañas y gozosas del festival. Mientras que la Competencia en Tránsito (WIP) tendrá otros 12 filmes más, con lo nuevo de grandes talentos como Hernán Rosselli, Alejo Moguillansky, Maximiliano Schonfeld o nombres mayores como la mítica fotógrafa Adriana Lestido; además de las sucesivas competencias de cortometrajes en versión Latinoamericana y Argentina, donde se presentará el nuevo trabajo del prometedor director cordobés Pablo Martín Weber (“Luto”), de Toia Bonino (“Engomado”) o Elías León Siminiani (“Síndrome de los quietos”), entre muchos otros.

Por supuesto, no faltará la voluminosa sección Panorama, que como su título indica ofrecerá un programa con lo más destacado del año, donde se verán por primera vez en el país los filmes de autores venerados en el mundo como Hong Sangsoo, Apichatpong Weerasethakul, Nadav Lapid, Denis Côté, Jeanine Meerapfel, Mia Hansen-Løve, Jane Campion, Paolo Sorrentino, Ryusuke Hamaguchi o Gaspar Noé. Así como tampoco faltarán los focos y homenajes, que este año serán varios pese al acortamiento del programa. Por ejemplo, la sección “Retratos: Documentales de Artistas” pondrá el foco en personajes destacados de la cultura argentina: además de la película de Pino Solanas sobre su relación creativa con «Tato» Pavlovsky y «Yuyo» Noé, se presentarán largometrajes sobre María Luisa Bemberg, Felix «Chango» Monti y Hugo Pratt.

También habrá tres retrospectivas: una alrededor de la obra de la realizadora alemana Helke Misselwitz –que promete ser uno de los hallazgos del festival-, otra en 35 milímetros dedicada a la actriz japonesa Machiko Kyō (con clásicos de la década del ’50 de Yasujiro Ozu, Kenji Mizoguchi o Kon Ichikawa, que se verán en su versión analógica original, acaso la experiencia más valiosa y singular que ofrecerá el festival, solo para quienes estén en la ciudad), y otra sobre el gran actor y cineasta Clint Eastwood, por los 50 años de su colaboración con los estudios Warner, con filmes como «Harry El Sucio», «Los imperdonables» y «Los puentes de Madison», entre varios otros.

Pero esto no es todo. Las actividades paralelas serán también otro punto alto del festival. Habrá, por ejemplo, un tributo al legendario crítico de cine norteamericano Manny Farber, con la proyección de tres filmes que se relacionan de diversas maneras con su obra: “Y ahora elogiemos las películas” (Argentina, 2017), de Nicolás Zukerfeld, “Negative Space” (Reino Unido, 2000), de Christopher Petit, y “Untitled: New Blue” (Reino Unido, 1995), de Paul Schrader. A lo que se sumará la presentación del libro «Escritos fundamentales», del propio Farber, editado por Monte Hermoso, en una actividad comandada por Sergio Wolf y el cineasta Michael Almareyda, entre otros.

También estará la instalación sobre el filme de Jean Luc Godard «El libro de las imágenes», con la proyección de la propia cinta y la presentación del libro homónimo, algo que «es una de las grandes apuestas» de esta edición de Mar del PLata, según definió Barrionuevo. Además, se presentarán también los libros «Entre preceptos y derechos. Directoras y guionistas en el cine mudo argentino (1915-1933)», de Lucio Mafud, y «Una retrospectiva del futuro. Vida y obra de Astor Piazzolla», de Marcelo Gobello.

A su vez, se celebrará el centenario del español Fernando Fernán Gómez con la proyección de «Manicomio», se exhibirá una selección de cortometrajes animados argentinos recuperados por el Museo del Cine Pablo Ducrós Hickens, y se ofrecerán charlas imperdibles de manera online con los cineastas que participan del festival, entre ellos el tailandés Weerasethakul -que presenta su filme “Memoria”, filmado por primera vez fuera de su país, en la vecina Colombia-, la alemana Helke Misselwitz, el brasilero Kleber Mendonça Filho y el especialista en FX Phil Tippett.

Como siempre, habrá una sección para niños y niñas con lo nuevo de Ayumu Watanabe, el coreano Lee Ji-Won, el chino Yawen Zheng, el francés Éric Montchaudy, Pablo Polledri, Joaquín Zelaya y Damián Galateo. Y se presentarán los clásicos ciclos adorados por el público, como el impagable “Hora Cero”, que ofrece filmes de terror a la medianoche y albergará el estreno en Argentina de “Titane”, la polémica película de Julia Ducornau ganadora de la Palma de Oro en Cannes, que estrenará la plataforma Mubi.

Con el fallecido David “Coco” Blaustein como estandarte, que será homenajeado por el festival junto a la productora cordobesa Paola Suárez y el bonaerense Jorge Coscia, Mar del Plata se dispone así a dejar atrás el fantasma de la pandemia y recuperar la fiesta mayor del cine en Latinoamérica, ahora abierta a todo el público gracias a las facilidades extendidas de Internet, acaso una de las pocas novedades felices que dejó el maldito bicho del coronavirus.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2021

PD1: El encuentro ofrecerá casi toda la programación de forma gratuita y online a través de su página oficial: https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es/, donde se podrán ver a las películas desde todo el país

PD2: Toda la programación, así como la guía de estrenos y el catálogo del festival –insumos claves para poder seguir el encuentro- se encuentran en https://www.mardelplatafilmfest.com/36/es/

Entrevista a Martín Farina

Un cine que habla al oído

El director Martín Farina estrena su “trilogía de la familia” en el Festival Latinoamericano de Cortometrajes Cortópolis 2021

El Festival Latinoamericano de Cortometrajes Cortópolis 2021 transita ya por su décima edición con varias novedades auspiciosas como la apuesta a un formato mixto de virtualidad y presencialidad para placer de los cinéfilos y la presentación, bajo esta última modalidad, de un foco dedicado al director bonaerense Martín Farina, quien se encuentra coordinando también el taller realizativo “Cortópolis en acción” en el Cineclub Municipal Hugo del Carril. Allí mismo, en la sala ubicada en Bv. San Juan 49, Farina presenta de manera inédita su “trilogía sobre la familia”, penúltima creación de este prolífico director que la próxima semana ya se dispone a estrenar en Alemania su última película, bajo el hermoso título de “El fulgor” (2021).

Farina viene teniendo una carrera tan explosiva como silenciosa: en menos de una década filmó nueve largometrajes, dos cortometrajes y tiene otros dos proyectos en post-producción. Si bien a partir de “Mujer nómade” (2018) -su singularísimo retrato de la filósofa Esther Díaz-, se hizo un nombre conocido en el ambiente cinéfilo, sigue siendo un talento a descubrir para gran parte de los amantes del séptimo arte, no ya digamos el gran público. La impronta radical y experimental de su cine puede resultar un escollo para esa entidad endeble de la sociedad de masas pero conjuga muy bien con las almas culturalmente inquietas, aquellas personas deseosas de nuevas poéticas que exploren las posibilidades de este arte aún joven y en transformación. “Siento que mis películas hablan al oído”, afirma el director en una entrevista con HOY DÍA CÓRDOBA, donde explica que “cuando vos hablas al oído te escucha uno solo: sé que son encuentros que capaz no se van a producir con mucha gente, pero yo voy por ahí. Hay un montón de películas que proponen otra cosa y están disponibles. A mí siempre me gusta mantener algo que esté latente en mis películas”, se autodefine. “Me parece que siempre hay que hacer un esfuerzo para llegar a algo. Creo que hay algo de la dificultad que me gusta porque entender algo es difícil, porque en el fondo no hay nada que entender porque es un proceso interior. Tal vez es eso lo que pongo en juego en mis películas: activar un mecanismo interior que permita que a partir de cierto dispositivo cada uno de los espectadores pueda hacer su propio viaje”, completa.

Lo cierto es que, bajo su ímpetu creativo, el cine expande sus posibilidades con películas que basculan indiscriminadamente entre la ficción y el documental para retratar el encuentro del realizador con otros, bajo el principio irrestricto de un respeto absoluto hacia aquellos que son filmados. Cineasta de la intimidad, que supo filmar tanto a una filósofa decidida a hacer de su vida privada el escenario de experimentación de sus ideas y militancias políticas (“Mujer nómade”) como la convivencia y formas de vinculación internas de un equipo de fútbol como Platense (“Fullboy”, 2014); en la “trilogía de la familia” Farina se enfrentó por primera vez a su propio núcleo existencial, o más bien a los fantasmas que se escondían en su seno. Compuesta por los largometrajes “Cuentos de chacales” (2017), “El lugar de la desaparición” (2018)  y “Los niños de Dios” (2021), podría decirse incluso que la trilogía constituye la forma que encontró el director para expiar esas ánimas de las que nadie quería hablar en su familia, aunque nada en sus obras llama al amarillismo o a la curiosidad morbosa. “Hay algo de la intimidad de las familias en la que todo se ve puertas adentro, pero lo público es lo que hace posible la dimensión verdadera de la discusión: uno discute cuando discute en público de algo”, explica el director, que comulga empero con cierta idea que esbozó el crítico Horacio Bernades respecto a “Los niños de Dios”: “Farina no funciona como el detective que viaja hacia el pasado familiar para develar un secreto oculto, sino como el testigo no incluido que registra la preservación de ese secreto”. “Capaz que ahí hay algo de la cuestión indirecta, de lo que se comunica y lo que no, que es válido para pensar mis películas, como si la película trabajara el secreto no para contarlo sino para dejar en claro que va a seguir siendo un secreto”, confirma Farina, que sostiene que “las películas que hago son siempre películas en proceso”.

Estrenadas de manera desordenada a causa de la pandemia, el foco del Cortópolis pone por primera vez a las tres películas en simultáneo, una oportunidad única para apreciar la “sinfonía” concebida por Farina. “Siempre las películas me dejan cosas que hubiera querido hacer o expandir, entonces luego lo hago en nuevas películas. En ‘Cuentos de chacales’, por ejemplo, aparecieron posibilidades de trabajar con el personaje de mi primo Francisco, ya que en esa película trabajé desde un lugar que tiene que ver con algo más coral porque su discurso me servía para dialogar con otros personajes y experimentar con otras cosas, pero su historia me parecía que merecía otro lugar, por lo que a mí me hubiera gustado contar y el archivo que tenía. Entonces, esa inquietud desprendió ‘Los niños de Dios’, mientras que la segunda película responde a una cierta idea que tenía como de sinfonía o concierto, donde hay tres movimientos de los cuáles el segundo es el distinto y el tercero viene a reponer lo que hizo el primero. No sé si es exactamente así, pero hay una idea similar en la trilogía”, amplía.

¿Las fuiste concibiendo simultáneamente? Porque hay diferencias y nexos evidentes entre las tres…

Martín Farina (MF): El crítico Roger Koza definió el procedimiento de las películas como “cubismo pop”, algo que yo no me hubiese imaginado. Pero creo que la frase es cierta porque es como si lo que fuera evidente se traslada de una película a otra. El único momento en que caes a tierra de lo que pasa en “Cuentos de chacales” es cuando Francisco habla con su amigo o amante abiertamente entre ellos, frente a cámara, sobre el episodio que está de fondo en “Los niños de Dios”. Si bien recién se acababan de conocer, hablan directamente de su experiencia, sin metáforas, en un lenguaje que resulta casi exterior a la película. Y después en “Los niños de Dios” no hay ningún tipo de información concreta de esa historia y está como todo suspendido, como un trasfondo difuso que emerge de a poco. Yo no sé la verdad si es lo que se debe hacer, no es algo que me propongo. Pero indudablemente tengo una manera de trabajar los materiales que me hace necesitar que haya claroscuros permanentemente, que donde hay mucha claridad debe haber como cierta atmósfera que lo venga a tapar.

A esta altura de la nota se impone hacer una mínima sinopsis de los filmes. Si en “Cuentos de chacales” Farina apuesta a un juego lúdico entre un ensayo de genealogía familiar en base a videos caseros en VHS y registros actuales -donde de tanto en tanto emergen retazos de un cierto malestar-, que mixtura con los juegos creativos y experimentales de un grupo de músicos que no identifica; en “El lugar de la desaparición” ya va a un conflicto familiar concreto que tiene lugar en la casa de sus abuelos; y en “Los niños de Dios” aborda indirectamente, con delicadeza sin igual, de un trauma mayor: la experiencia de sus tíos y primos con la secta internacional homónima que en 1993 protagonizó un escándalo en Argentina con la detención de unas 30 personas acusadas de los más terribles crímenes contra los niños de la comunidad.

¿Tuviste algún cambio en tu forma de acercamiento a los retratados teniendo en cuenta que son familiares?

MF: Fueron distintas estrategias en las distintas películas. Por un lado, a “Cuentos de chacales” la pienso como una película coral, donde se construye una multiplicidad de voces no necesariamente vinculadas entre ellas. Es más, yo siento que ahí hice una transmutación desde una “familia” postiza donde estaba sucediendo una especie de limbo creativo/artístico a partir de que se componía música y se hablaban temas relacionados con el arte, en una especie de burbuja espacio/temporal, social y de clase; a mi propia familia que es bastante más temeraria, por decirlo de alguna manera. Entonces, ahí hice esa extrapolación organizada en torno a la figura del chacal como metáfora que uso para jugar con los distintos significados. Finalmente hay una extrapolación de universos distintos. Pero, de hecho, inicialmente era una película donde yo iba a hacer clips para un disco con un amigo, donde incluso me habían contratado. Lo que pasa es que yo sabía que tenía toda la libertad que quisiera, y en esa libertad la música empezó a tener un lugar dentro del cine y no al revés que era lo que a mí me interesaba: ver cómo la música podía dialogar con las imágenes y no que simplemente se apropie de la escena. Entonces, las canciones comenzaron a fraccionarse al punto que la mayoría no quedó en la película. Esto responde finalmente a un principio que es distinto a las otras películas, donde más allá de la atmósfera y del ocultamiento de cierta información, ya están pensadas como películas más “narrativas” entre comillas.

¿Cómo definirías a “Cuentos de chacales”?

MF: Fue mi primera película en realidad, porque yo la empecé a trabajar en el año 2014, antes de “Fullboy” (2014) que fue la primera película que estrené. Pero en “Cuentos de chacales” es la primera película que yo me tomo el atrevimiento y la libertad de ver lo que puedo hacer sin ponerme límites en términos de indagación y exploración. No sabría bien qué decir. Sí creo que hay una sensación de lo familiar que se vuelve medio siniestra, donde aparece la pregunta ¿Qué lugar ocupa el arte en todo este quilombo? Que probablemente era lo que yo me estaba preguntando. Entonces, esos personajes que son músicos probablemente reflejan lo que yo estaba proyectando en ellos, ¿qué lugar tiene el arte y qué lugar tienen los otros en un proceso creativo?

¿Cómo trabajas la construcción de los personajes? Porque en esta película parece que hubiera una reticencia a construir personajes…

MF: Es exactamente así, me hiciste acordar a una frase que comienza la película: “La memoria no es el recuerdo del suceso original, sino que es el recuerdo de la última vez que nosotros recordamos”. Es decir, en la reconstrucción de ese recuerdo ya hay una reestructuración de lo que recordamos que entra en la dimensión de lo mitológico, porque no podemos reconstruir lo recordado aunque nosotros tengamos la certeza de que lo estamos haciendo. Esa idea me gustó mucho en ese momento y lo que me propuse fue hacer que en lugar de que el personaje se devele, crezca y avance, ocurra lo contrario: que un personaje nunca sea visto como se vio la vez anterior. Ahí aparece entonces el montaje para hacer que un personaje le dé paso a otro personaje y que el espectador pueda seguir la historia de alguna manera, dentro de cierto esquema, pero que no pueda volver recordar qué fue lo que lo llevó hasta ahí. 

Todo hecho por una persona que no sabe nada y que no está tratando de demostrar algo, sino que está teniendo un momento de mucha libertad, sin vergüenza, sin culpas. En otro rubro como la música, por ejemplo, nunca tuve esa libertad. Probablemente un artista tiene esa experiencia una sola vez en su vida. Entonces, yo estuve editando la película como tres años, pero la estaba viviendo con un grado de libertad que solamente me dejaba estimular por las imágenes. Yo ya no podría volver a hacer una cosa así: de hecho, la película que se estrena ahora, “El Fulgor”, tiene algo parecido pero ya es muy autoconsciente. Nunca fui tan intenso y tan pleno en el montaje como en esa película.

¿Cómo te manejaste con la intimidad familiar, que es algo tan sensible en “Los niños de Dios”?

MF: La idea con la que trabajo es que yo voy siempre detrás del protagonista, yo puedo tener una intensión que podemos charlarla incluso, pero yo no empujo nunca a la persona que está delante de la cámara más allá de lo que pueda o quiera decir. En el caso de “Los niños de Dios” era más complejo todavía porque nadie había hablado nunca de los hechos y tampoco conmigo. El tema de la voz era entonces central, porque el problema de la película era que ellos no podían hablar, así como yo tampoco: había algo de lo que nunca habíamos hablado pero como eran familia todos sabíamos que existía. Entonces, mi trabajo era tratar de predisponer a una situación sobre la cual se quiere hablar pero si las personas terminaban hablando o no estaba todo bien, porque nunca iba a ponerme por delante de ellos, nunca iba a empujarlos con el dispositivo. Y eso terminó funcionando, porque luego la sensación fue de alivio absoluto: todos se vieron aliviados con la película y todos me lo agradecieron. Parece medio básico, pero la palabra sana. Haber podido hablar públicamente de lo que había sucedido fue como sacar el tapón al monstruo en la película “El viaje de Chihiro” (Japón, 2001), de Hayao Miyazaki.

¿Cómo es tu método de filmación?

MF: Un gran problema para mí es ¿cómo empezar? ¿Cómo empieza una película? Ese es el hilo de Ariadna, a partir de él vamos a poder armar la película, es como la señal para salir del laberinto. Pero es muy difícil encontrarlo porque cuando yo trabajo no tengo ninguna referencia y cuando la hay entro en un estado de tedio, por ejemplo si yo siento que voy a hacer un montaje donde tengo que respetar un guion. Si bien ya no trabajo como en “Cuentos de chacales”, sí tengo que sentir que hay una dimensión de algo que está por descubrirse y de algo que hay que elaborar internamente. En “Los niños de Dios” trabajé por primera vez con Lucía Torres (NDLR: destacada montajista cordobesa) que fue consultora de montaje y me ayudó un montón porque fue la primera vez que tuve una mirada exterior en el momento del proceso, no a posteriori. Pero antes, yo iba ensayando una u otra vez con una serie de comienzos y de pronto ya tenía 40 minutos, con lo que empezó a pasar eso que yo estaba buscando: que la película, escena tras escena, vaya construyendo esa sensación de que hay algo que no se va a poder decir y que vas a tener que volver a buscarlo vos. Un continuo recomenzar.

El trabajo con la música también es muy importante en tus películas…

MF: Siempre para mí una pregunta crucial es ¿cuál sería la banda sonora de una película? Por más que después se va desgranando. Acá me costó encontrarla. En “Cuentos de chacales”, la banda es (Serguéi) Rachmaninov, una especie de Romanticismo tardío donde se busca una explosión de algo hasta más barroco de las imágenes, que creo tiene que ver con ese momento de mi explosión artística. En “Los niños de Dios”, después de mucho tiempo, descubrí que la sonorización ideal era (George) Gershwin, porque es de alguna manera el paso de la música académica clásica a Disney, el momento donde la industria del cine de animación se apropia de la música clásica. Y ellos, los protagonistas del filme, fueron criados en ese estilo de academia Coca-Cola. Esa crianza de hecho les impidió pertenecer culturalmente a algo cercano, porque vivieron en una comunidad cerrada (la llamada Familia de Los niños de Dios), que sólo se relacionaba con el contexto exterior para pedir, para obtener algo. Entonces, yo pensé que la película tenía que dejar volando esa falta de pertenencia a una situación social particular, reflejar esa cosa endémica y endogámica que tenían desde el sonido.

Las películas funcionan finalmente como una forma de trabajar tus inquietudes…

MF: Creo que es casi un procedimiento de análisis, porque para mí lo más importante en cualquier situación es poder decirlo. Siempre tuve como esa sensación de que había algo que decir ahí, pero no es que yo tenía que decir o denunciar algo, sino que yo tenía que poder decir algo al respecto. Entonces, la idea de que lo que es secreto va a poder seguir siendo secreto es central, porque no es que yo voy a develar algo sino que mi deseo es hablar. Por otro lado, acá para mí no hay personajes sino que el personaje soy yo y mi familia es como una extensión de mi propia esencia. Capaz que ahí está la libertad mayor de que yo me siento más habilitado de seccionar y utilizar el material de distintas épocas porque yo me siento parte de eso.

¿Qué nos podes contar de “El lugar de la desaparición”?

MF: Es la más concreta pero también la más delirante de las tres. Nació un día en que fui a visitar a mi abuelo y me di cuenta que había un secreto: se escuchaban ruidos de construcción. El asunto era que uno de mis cinco tíos maternos empezó a construir un departamento en la planta alta de la casa de mis abuelos, pero nadie hablaba de eso. Se armó una cosa rara y yo automáticamente vi cierta idea a lo (Alfred) Hitchcock, donde en un piso se ve una realidad y en otro piso hay otra, además de la cosa de la “casa tomada” porque se había muerto mi abuela y ya estaban cambiando las cosas. Entonces empecé a filmar y empecé a ver una película a partir de lo que ocurría y los discursos alrededor que se armaban, con la muerte de mi abuela, sus cenizas, los hermanos enfrentados, mi abuelo ya muy grande, un tono Shakesperiano que me atraía mucho… es algo muy distinto a las otras películas. Tiene otro estilo musical incluso, algo muy celestial mezclado con (György) Ligeti, el compositor de “2001 Odisea en el espacio”, que crea como una cosa suspendida entre el bien y el mal, trabajando desde la repetición, donde el espectador debe ir construyendo el mapa de la casa y lo que está pasando.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2021

PD.- Aquí se puede consultar la programación del festival: https://cineclubmunicipal.org.ar/cortopolis/

Un cuerpo estalló en mil pedazos

En busca de la fascinación perdida

El Cineclub Municipal Hugo del Carril estrena “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, de Martín Sappia

“Es posible que mañana muera, y en la tierra no quedará nadie que me haya comprendido por completo. Unos me considerarán peor y otros mejor de lo que soy. Algunos dirán que era una buena persona; otros, que era un canalla. Pero las dos opiniones estarán igualmente equivocadas”

 Mijaíl Yúrievich Lérmontov, “Un héroe de nuestro tiempo”

Casi un año después de su estreno virtual en la 35 edición del Festival Internacional de Mar del Plata, el notable filme de Martín Sappia sobre la figura de Jorge Bonino, “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, llegará hoy a las pantallas locales con su presentación en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, donde se podrá ver por primera vez en las condiciones que reclama su propuesta estética. Ocurre que este documental de tono ensayístico es más una apuesta sensitiva por asir la estela fantasmal de un mito, que un abordaje clásico e historiográfico sobre una figura ya legendaria del teatro y la cultura argentinas. Se sabe que los mitos no resisten el contacto con la realidad, pero la pretensión de encapsular una vida humana en un relato es una ilusión en cierto modo obtusa: como reza la cita de Lérmontov, todos tenemos una dimensión insondable en nuestro interior, incognoscible para otros si no lo es también para nosotros mismos. Consciente de ese dilema universal, potenciado hasta el infinito por la personalidad de Bonino –un hombre que hizo de su propia vida un arte de la elusión–, Sappia toma una primera decisión ética fundamental a la hora de componer su película, que en vez de un relato unívoco y cerrado ofrece una narración caleidoscópica donde las distintas voces de quienes conocieron al artista se unen para potenciar su mito. Articulada a través de la voz en off de la escritora Eugenia Almeida, que asume implícitamente la palabra de Sappia, el filme va recogiendo entonces relatos, historias y anécdotas de la vida de Bonino con el afán de armar un mapa abierto e intuitivo de esa vida esquiva, tan locuaz como inaprensible, decidida a borrar toda huella de su paso por este mundo.

“No quería ilustrar, quería encontrar una forma cinematográfica que dialogara con este personaje tan esquivo: me gustaba la idea de buscar al fantasma y construirlo en base al rumor”, explicó el propio director en una entrevista con Hoy Día Córdoba publicada en abril pasado. “La dificultad principal era el vacío. La falta de información. Comencé a buscar gente que lo hubiera conocido o que lo hubiera visto en escena. Cada entrevistado me daba pistas y cada pista otro entrevistado. Fueron 52 personas con las que hablé. Pero lo que parecía una dificultad como la falta de archivo o de verdades oficiales, lo tomé como una motivación y una búsqueda formal. Hasta los recuerdos muchas veces confusos y contradictorios decidí hacerlos parte del relato para convertir eso en una cuestión formal y en un eje narrativo. La idea fue seguir la estela del fantasma, no intentar escapar de ella buscando la verdad sobre Bonino”, completó el director y montajista.

Apuesta sin dudas arriesgada para el canon documental pero acaso pertinente para abordar la estela de Bonino, un artista que hizo del instante la marca esencial de su obra y que en cierto momento quemó todo archivo o testimonio de sus creaciones. ¿Cómo hacer justicia entonces a esa vida marcada por el cambio, el misterio y una voluntad de (auto)creación insólita? Pues bien, la respuesta de Sappia es ofrecer múltiples acercamientos posibles a esa existencia, sin destacar ninguno por sobre el resto ni distinguir entre ficción y realidad.

Para lograrlo, una decisión capital que tomó el director fue la división de imagen y sonido: si bien a lo largo del filme escuchamos los testimonios de distintas personas que conocieron a Bonino con sus propias visiones del personaje, nunca vemos a quiénes hablan ni tampoco conocemos su identidad, por más importante que sean los autores. A la vez, Sappia superpone esos testimonios con hermosos planos fijos en blanco y negro, mayormente amplios, de los lugares y objetos que atravesaron a Bonino, como si los espacios tuvieran el privilegio de haber atestiguado su paso por el mundo y guardaran una memoria secreta del artista que el director intenta dilucidar en vano, ya que su propio montaje conspira contra la fijación de certezas. Ejemplo: cuando Sappia revisa lo que parece el primer intento de suicidio de Bonino lanzándose al agua del Sena desde un puente parisino, uno de los momentos más dramáticos del filme, intercala una decena de testimonios que narran el episodio de maneras distintas y hasta contradictorias con imágenes estáticas del río francés,  que finalmente es el único testigo directo, mudo e imperturbable, del episodio.

Uno diría que la escena sirve como síntesis de la belleza drástica y distante que recorre a todo el filme, como si asistiéramos a las últimas estelas de una estrella fugaz e incomprensible que por unos instantes encendió la monotonía atroz del cielo en una noche oscura y lejana. No se trata de una belleza impostada: al contrario, Sappia intenta ser lo más aséptico posible, con la voz cálida pero imperturbable de Almeida como narradora y los planos fijos de lugares o paisajes que la acompañan, tan bellos como ajenos a toda emoción, tan elocuentes como indiferentes respecto a la historia que se cuenta. Aun así, hay una cierta melancolía que se apodera del filme, que acaso tiene tanto que ver con la suerte final de Bonino (que moriría de un “intento de suicidio” en el neuropsiquiátrico de Oliva el 17 de abril de 1990) como con la certeza de que su obra se perdió irremediablemente para nosotros.

La película incluso viaja por el mundo en busca de sus huellas fantasmales: de Villa María a Córdoba, de allí  a París o a Madrid, de vuelta a Buenos Aires y a Oliva, sin ninguna indicación explícita de los lugares que visita más allá de la relación –a veces directa, a veces metafórica, nunca ilustrativa– de las imágenes con los relatos en off y la propia historia nómade de Bonino, que parece haber sido un trotamundos incansable e hiperkinético. “Creo que los espacios de la ciudad guardan algún tipo de memoria y sino la guardan nos dan por lo menos la escenografía donde los cuerpos han transitado. Ya eso me sirve a mí para imaginar a Bonino. En esos ecos de esos espacios es donde intento que cada espectador vea a Bonino. Al Bonino que imaginan porque a su vez no quiero que vean su rostro y la ausencia de éste va precisamente en ese sentido. El de intentar que las construcción del personaje no la digite la película sino que sea algo más abierto y hecho por cada espectador. Y la idea de fantasma claro que alimenta la ficción, porque el fantasma lo es, es una ficción construida en base a creencias y no a saberes”, explicó al respecto el propio Sappia.

Lo cierto es que el modo en que filma las ciudades, los ríos y la naturaleza ofrece un plus sensitivo a la película, que instala un modo de ver el mundo de tono contemplativo y extático, ayudada por sonidos raros que irrumpen para afianzar el extrañamiento del espectador y puntuar el relato. Si bien casi no hay archivos de Bonino –sólo aparece un audio de una obra donde se lo escucha hablar en un idioma inventado por él y algunas postales escritas de su puño y letra a la mitad de la película–, Sappia espera al final para introducir unas secuencias mudas, perteneciente a un corto de la artista Marta Minujín, que muestran al actor cordobés en pleno vuelo lúdico,  jugando a hacer caras y a correr en círculos por un jardín. Se trata de una de las pocas imágenes que perviven de Bonino, que acaso funciona como una metáfora de la propia película: al final del recorrido, tendremos pocas certezas de su vida y de su obra, salvo la seguridad de que fue un artista único, un payaso trágico y genial que nunca supo separar la vida de su obra, representante de una Córdoba rebelde y suburbana que se perdió entre los pliegues oscuros de la historia pero cuyo legado sigue interpelando al presente, como si otra historia posible latiera en su estela fantasmal, que gracias a la película vuelve con fuerza para maravillarnos una vez más.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2021

Horarios: https://cineclubmunicipal.org.ar/production/un-cuerpo-estallo-en-mil-pedazos/

Sobre “Esquirlas”

La memoria en carne viva

“El pueblo al poder con las armas”, dice el padre de Natalia Garayalde en una escena de “Esquirlas”, laureada ópera prima de la directora cordobesa que se estrena hoy en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, a casi dos años de su consagración en el Festival Internacional de Mar del Plata (donde arrasó con cinco premios, entre ellos a Mejor Directora y Mejor Película Argentina). La sentencia no constituye un planteo anacrónico de aspiraciones revolucionarias, más bien es la constatación amarga e irónica de la impotencia ciudadana ante la impunidad del poder: en ese momento, el padre de Natalia está recogiendo un proyectil que atravesó la pared de una casa de Río Tercero tras la ominosa explosión de la Fábrica Militar durante el gobierno de Carlos Menem, destinada a ocultar las pruebas del contrabando de armas a Ecuador y Croacia. “Pero las armas casi nunca son del pueblo”, le responderá en off, desde el presente, la propia directora en un diálogo que atraviesa la historia y sintetiza no sólo las operaciones narrativas de la película sino también su tono marcado por la nostalgia y la emoción, el recuerdo de una época feliz que se truncó por la tragedia, acaso donde reside la inusual potencia política del filme.

Ocurre que, aunque la respuesta de Natalia sugiera una actitud de resignación, su película provoca el efecto contrario: “Esquirlas” convoca a una justa indignación ante la corrupción y la prepotencia de los poderosos, sentimiento que mueve hacia la rebeldía aún ante causas perdidas. No es el caso de esta película que hurga en la memoria íntima de una familia para retratar el padecimiento colectivo de una ciudad que fue literalmente atacada por el propio Estado argentino, en uno de los tantos episodios ominosos de nuestra historia. Garayalde recurre a sus propias filmaciones caseras de la infancia para narrar la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, decisión que implica exponer abiertamente la intimidad de su familia para convertirla en un testimonio micropolítico de la hecatombe colectiva, cuya amenaza por cierto se extiende hasta el presente a través de la siniestra sombra del Polo Químico que sigue funcionando en la ciudad. Como en todo documental de “found footage” (género que trabaja con archivos audiovisuales ajenos o de otro tiempo), su clave está en la organización de los materiales, en este caso intervenidos por la directora desde el presente con una voz en off que va guiando el recorrido por su propia memoria visual, que eventualmente se convertirá en testimonio de la historia. Se trata de una intimidad teñida por el recuerdo de un tiempo amado que se ha perdido, aunque esas toscas imágenes iniciales en VHS captadas por la directora a sus 12 años no buscan la manipulación emocional del espectador, pues funcionan más bien como un testimonio que será fundamental para la potencia emotiva y política que alcanzará luego el filme. En ese tramo inicial accedemos a la dinámica interna de una familia de clase media más o menos prototípica de los años ’90, vista desde la mirada de una niña que juega con su hermano a registrar a sus mayores. Hay una inocencia tierna y un espíritu lúdico en estas imágenes iniciales que serán respetados por la directora en su intervención del pasado: las palabras en off de Garayalde apuntan aquí a explicitar su mirada infantil sin juzgarla ni idealizarla, otra muestra de la valentía de la directora en el proceso de autoexposición de sí misma que ofrece la película. Simultáneamente, en esas imágenes late también una época histórica y una clase social, con sus intereses mundanos, sus prácticas amorosas, sus formas de socialización y ocio, sus gustos y placeres.

Pero ese pasado un poco idealizado, que nos llega a todos por su calidez -especialmente a quienes vimos la época-, se romperá violentamente el 3 de noviembre de 1995 con la irrupción de lo ominoso: de repente, Río III se convertirá en un territorio de guerra con más de 20.000 proyectiles lanzados sobre la ciudad por la explosión intencional de la Fábrica Militar. El corte es abrupto y estremecedor, con registros urgentes de la desesperación popular que siguen a esa cotidianeidad tranquila y despreocupada, potenciando la intensidad del momento. Basta un plano secuencia de un video casero tomado desde el interior de un auto que recorre la ciudad intentando auxiliar a los transeúntes para captar con precisión la dimensión del desastre: todo es confusión y caos en las calles, con gente corriendo desesperadamente entre escombros, nubes de humo y explosiones de fondo, sin saber adónde ir ni cómo actuar. Una ciudad en estado de shock, el trauma se vuelve colectivo. A partir de allí, Garayalde sumará videos ajenos y archivos de televisión para completar el cuadro histórico de la tragedia, sin dejar de lado la dimensión íntima del relato pues ella misma se dedicó, en los días posteriores al ataque, a registrar la vida de su pueblo como cineasta incipiente que era. El oficio periodístico de la directora emergerá aquí con mayor claridad, recorriendo la estulticia política y judicial que siguió a los acontecimientos: veremos al presidente Menem y al entonces gobernador de Córdoba Ramón Mestre intentando convencer a la prensa de que se trató de un accidente – “Ustedes tienen la obligación de decir que no fue un atentado”, le dirán a los periodistas– , así como también al primer juez del caso paseándose con evidente soberbia sobre la escena del crimen para certificar una pericia falsa, destinada a sellar la complicidad con el poder político. Habrá imágenes reveladoras como un video filmado por el principal chivo expiatorio del caso para demostrar su inocencia, repasando la historia del ocultamiento y ratificando una injusticia conocida por todos, hoy ratificada por la justicia a pesar de que Menem haya muerto en la absoluta impunidad.

Pero en medio surgirá lo más importante a través de la que acaso sea la figura central de la película: el padre de la directora, un obstetra honesto y querido por todos en el pueblo que indefectiblemente se convierte en la contraparte de estos personajes oscuros del poder. “Papá tenía metido en la cabeza que el aire estaba contaminado por los explosivos”, dirá en algún momento Garayalde y la premonición no tardará en volverse realidad. Ya cerca del final, veremos a ese hombre vital y generoso postrado en una silla de ruedas por un cáncer que ya le había quitado a una de sus hijas, la hermana mayor de la directora, quien ahora se encarga de cuidarlo. La contundencia de la película no podría ser mayor, aunque en su tramo final se tiña inevitablemente con el halo de la tragedia: el último plano es legítimamente conmovedor (e inolvidable) al mostrar a la directora jugando de niña con su padre en la intimidad del hogar feliz, que no esperaba el zarpazo que la historia política argentina le estaba guardando a la vuelta de la esquina. En esa intimidad expuesta, “Esquirlas” alcanza una dimensión universal y el dolor de Garayalde se convierte en un sufrimiento de todos: si la película fue su forma de reconciliación con ese pasado doloroso, sus planos nos dejan al resto con el compromiso de perpetuar la memoria viva, para que la próxima vez no triunfen los desalmados.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2021

PD: los horarios pueden consultarse aquí, https://cineclubmunicipal.org.ar/production/esquirlas/