Sobre “Esquirlas”

La memoria en carne viva

“El pueblo al poder con las armas”, dice el padre de Natalia Garayalde en una escena de “Esquirlas”, laureada ópera prima de la directora cordobesa que se estrena hoy en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, a casi dos años de su consagración en el Festival Internacional de Mar del Plata (donde arrasó con cinco premios, entre ellos a Mejor Directora y Mejor Película Argentina). La sentencia no constituye un planteo anacrónico de aspiraciones revolucionarias, más bien es la constatación amarga e irónica de la impotencia ciudadana ante la impunidad del poder: en ese momento, el padre de Natalia está recogiendo un proyectil que atravesó la pared de una casa de Río Tercero tras la ominosa explosión de la Fábrica Militar durante el gobierno de Carlos Menem, destinada a ocultar las pruebas del contrabando de armas a Ecuador y Croacia. “Pero las armas casi nunca son del pueblo”, le responderá en off, desde el presente, la propia directora en un diálogo que atraviesa la historia y sintetiza no sólo las operaciones narrativas de la película sino también su tono marcado por la nostalgia y la emoción, el recuerdo de una época feliz que se truncó por la tragedia, acaso donde reside la inusual potencia política del filme.

Ocurre que, aunque la respuesta de Natalia sugiera una actitud de resignación, su película provoca el efecto contrario: “Esquirlas” convoca a una justa indignación ante la corrupción y la prepotencia de los poderosos, sentimiento que mueve hacia la rebeldía aún ante causas perdidas. No es el caso de esta película que hurga en la memoria íntima de una familia para retratar el padecimiento colectivo de una ciudad que fue literalmente atacada por el propio Estado argentino, en uno de los tantos episodios ominosos de nuestra historia. Garayalde recurre a sus propias filmaciones caseras de la infancia para narrar la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, decisión que implica exponer abiertamente la intimidad de su familia para convertirla en un testimonio micropolítico de la hecatombe colectiva, cuya amenaza por cierto se extiende hasta el presente a través de la siniestra sombra del Polo Químico que sigue funcionando en la ciudad. Como en todo documental de “found footage” (género que trabaja con archivos audiovisuales ajenos o de otro tiempo), su clave está en la organización de los materiales, en este caso intervenidos por la directora desde el presente con una voz en off que va guiando el recorrido por su propia memoria visual, que eventualmente se convertirá en testimonio de la historia. Se trata de una intimidad teñida por el recuerdo de un tiempo amado que se ha perdido, aunque esas toscas imágenes iniciales en VHS captadas por la directora a sus 12 años no buscan la manipulación emocional del espectador, pues funcionan más bien como un testimonio que será fundamental para la potencia emotiva y política que alcanzará luego el filme. En ese tramo inicial accedemos a la dinámica interna de una familia de clase media más o menos prototípica de los años ’90, vista desde la mirada de una niña que juega con su hermano a registrar a sus mayores. Hay una inocencia tierna y un espíritu lúdico en estas imágenes iniciales que serán respetados por la directora en su intervención del pasado: las palabras en off de Garayalde apuntan aquí a explicitar su mirada infantil sin juzgarla ni idealizarla, otra muestra de la valentía de la directora en el proceso de autoexposición de sí misma que ofrece la película. Simultáneamente, en esas imágenes late también una época histórica y una clase social, con sus intereses mundanos, sus prácticas amorosas, sus formas de socialización y ocio, sus gustos y placeres.

Pero ese pasado un poco idealizado, que nos llega a todos por su calidez -especialmente a quienes vimos la época-, se romperá violentamente el 3 de noviembre de 1995 con la irrupción de lo ominoso: de repente, Río III se convertirá en un territorio de guerra con más de 20.000 proyectiles lanzados sobre la ciudad por la explosión intencional de la Fábrica Militar. El corte es abrupto y estremecedor, con registros urgentes de la desesperación popular que siguen a esa cotidianeidad tranquila y despreocupada, potenciando la intensidad del momento. Basta un plano secuencia de un video casero tomado desde el interior de un auto que recorre la ciudad intentando auxiliar a los transeúntes para captar con precisión la dimensión del desastre: todo es confusión y caos en las calles, con gente corriendo desesperadamente entre escombros, nubes de humo y explosiones de fondo, sin saber adónde ir ni cómo actuar. Una ciudad en estado de shock, el trauma se vuelve colectivo. A partir de allí, Garayalde sumará videos ajenos y archivos de televisión para completar el cuadro histórico de la tragedia, sin dejar de lado la dimensión íntima del relato pues ella misma se dedicó, en los días posteriores al ataque, a registrar la vida de su pueblo como cineasta incipiente que era. El oficio periodístico de la directora emergerá aquí con mayor claridad, recorriendo la estulticia política y judicial que siguió a los acontecimientos: veremos al presidente Menem y al entonces gobernador de Córdoba Ramón Mestre intentando convencer a la prensa de que se trató de un accidente – “Ustedes tienen la obligación de decir que no fue un atentado”, le dirán a los periodistas– , así como también al primer juez del caso paseándose con evidente soberbia sobre la escena del crimen para certificar una pericia falsa, destinada a sellar la complicidad con el poder político. Habrá imágenes reveladoras como un video filmado por el principal chivo expiatorio del caso para demostrar su inocencia, repasando la historia del ocultamiento y ratificando una injusticia conocida por todos, hoy ratificada por la justicia a pesar de que Menem haya muerto en la absoluta impunidad.

Pero en medio surgirá lo más importante a través de la que acaso sea la figura central de la película: el padre de la directora, un obstetra honesto y querido por todos en el pueblo que indefectiblemente se convierte en la contraparte de estos personajes oscuros del poder. “Papá tenía metido en la cabeza que el aire estaba contaminado por los explosivos”, dirá en algún momento Garayalde y la premonición no tardará en volverse realidad. Ya cerca del final, veremos a ese hombre vital y generoso postrado en una silla de ruedas por un cáncer que ya le había quitado a una de sus hijas, la hermana mayor de la directora, quien ahora se encarga de cuidarlo. La contundencia de la película no podría ser mayor, aunque en su tramo final se tiña inevitablemente con el halo de la tragedia: el último plano es legítimamente conmovedor (e inolvidable) al mostrar a la directora jugando de niña con su padre en la intimidad del hogar feliz, que no esperaba el zarpazo que la historia política argentina le estaba guardando a la vuelta de la esquina. En esa intimidad expuesta, “Esquirlas” alcanza una dimensión universal y el dolor de Garayalde se convierte en un sufrimiento de todos: si la película fue su forma de reconciliación con ese pasado doloroso, sus planos nos dejan al resto con el compromiso de perpetuar la memoria viva, para que la próxima vez no triunfen los desalmados.

Por Martín Iparraguirre

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PD: los horarios pueden consultarse aquí, https://cineclubmunicipal.org.ar/production/esquirlas/

Entrevista a Julián Troksberg

Una historia de fantasmas

El director Julián Troksberg habla de “Una casa sin cortinas”, documental
que recupera la figura de Isabel Perón y se estrenó en el Cineclub Municipal

Primera presidenta mujer de América Latina, María Estela Martínez -conocida como Isabel Perón-, permanece como una incógnita oscura de la historia argentina, un maculo no sólo para el peronismo sino para la política argentina misma, ya que su ascenso al Ejecutivo nacional marcó el ingreso del país a su época más oscura y surrealista. Como si esa bailarina desconocida y frívola, que terminó donde claramente nunca debería haber estado, ejerciendo funciones que no podía ni sabía ejercer, escondiera una clave de nuestra idiosincrasia política que nadie quiere reconocer, mucho menos reivindicar como propia. Acaso por esa razón, el documentalista Julián Troksberg decidió meterse de lleno con esta figura por demás incómoda y elusiva en “Una casa sin cortinas” (Argentina, 2021), que hasta el miércoles inclusive se proyectará en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49) en los horarios de las 20:30 (hoy) y 18 (mañana).

A través de testimonios, documentos históricos, archivos personales y una investigación que por momentos se acerca al género del policial, Troksberg intenta reconstruir en esta película el perfil de Isabelita “hurgando en los rincones despreciados de la historia”, como lo elogió el fallecido intelectual Horacio González. O en palabras del propio director, “Una casa sin cortinas resultó ser una memoria coral sobre el personaje de Isabel Perón, pero también una indagación sobre cómo se diluyen los recuerdos y los modos selectivos con lo que se construye memoria. Y que me permitió entender que a veces los datos más triviales pueden ser los más trascendentes”.

¿Por qué te interesó tanto la figura de Isabelita?

Julián Troksberg (JT): Te diría que me interesó la figura de Isabel Perón en cierto modo por su ausencia: a pesar de haber sido la presidenta en un momento clave del país, ella parece estar borroneada de la historia argentina. Y en Argentina, un país que ha trabajado mucho sobre su memoria, ese vacío sobre su recuerdo me llamaba la atención. En ese sentido, el interés no era quizás tanto sobre la propia vida de Isabel Perón, sino sobre la manera en que se construyó o se obturó la memoria sobre ella. Por eso me resultaba clave hablar con gente para escuchar, muchos años después, sus recuerdos y la mirada histórica que construyeran hoy sobre el personaje.

¿Cómo fue el acercamiento que propusiste a una figura tan elusiva?

JT: Por un lado, me interesaba trabajar sobre el archivo, más allá de las imágenes ilustrativas de Isabel en diferentes momentos, ver qué podíamos encontrar. Y trabajar sobre eso de una manera poco o nada realista en el montaje. Por otro lado, quería escuchar a diferentes personajes que hubieran estado cerca de Isabel en diferentes momentos de su vida para ver qué se acordaban y qué tenían para decir. Así que archivos y entrevistas fueron claves desde el comienzo del proyecto. Y la tercera pata era algo que quizás podría llamar “los lugares de Isabel”, que era la búsqueda de la memoria en lugares concretos, en instituciones, edificios donde me interesaba buscar huellas materiales de Isabel Perón.

¿Cuáles fueron las dificultades que encontraste?

JT: Encontré rápidamente que Isabel era un personaje incómodo para muchos y eso llevaba a que no estuvieran muy interesados en hablar a cámara sobre la relación o el trato que habían tenido con ella. Por eso fue en general un largo trabajo de seducción de los entrevistados, para que aceptaran participar. Porque yo quería hacer al menos 30 entrevistas a distintas personalidades. Y luego, por supuesto, las condiciones materiales para hacer una película. 

¿Qué hallazgos ofrece la película de Isabelita?

JT: Te diría que desde que la presentamos en el Bafici, me di cuenta que los posibles hallazgos variaban según la mirada de cada espectador o espectadora. Algunos se interesaban en unos vestidos colgados en un museo; otros en las respuestas de un vecino; u otros en la voz de un político. Creo que el vacío sobre Isabel es tan grande que muchos descubrían cosas en diferentes lugares y momentos de la película.

¿Pudiste llegar a algunas certezas de esta figura tan elusiva y polémica de nuestra historia?

JT: En los más de 5 años que trabajé en la película posiblemente se me resolvieron algunas preguntas, pero otras permanecen abiertas y el personaje, creo, me sigue resultando elusivo.

Por Martín Iparraguirre

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Más información en https://cineclubmunicipal.org.ar/production/una-casa-sin-cortinas/

Tras la estela fantasmal de Jorge Bonino

El director Martín Sappia.

Entrevista a Martín Sappia, director de “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, que se estrena en el décimo FICIC

El Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC) se dispone a iniciar mañana su décima edición con un formato virtual, una noticia más que bienvenida para los cordobeses porque se trata de un encuentro vital del interior del país, suspendido el año pasado por la emergencia del Covid-19. Con el deseo y la promesa de repetir la edición en forma presencial en el segundo semestre de 2021, si la pandemia lo permite, el FICIC honrará en su décimo aniversario la tradición de estrenar las mejores novedades de la producción local del último año, que por cierto fue notable: la apertura con “Esquirlas”, de Natalia Garayalde, y “Mi última aventura”, de Ezequiel Salinas y Ramiro Sonzini, basta para dar cuenta del momento que vive el cine local y pone una vara alta para un encuentro que acostumbra a tener una programación impecable. Dentro de la Competencia Internacional de Largometrajes se presentará además “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, la notable ópera prima de Martín Sappia (reconocido editor local), que compuso un ensayo lúdico y alucinado sobre la figura de Jorge Bonino, tan misterioso y multifacético como el personaje, una verdadera leyenda de la cultura cordobesa rebelde y suburbana, perdida tras los pliegues de su historia más oscura. El filme se verá el viernes a las 21 horas, por la página del FICIC (https://cosquinfilmfest.com)

¿Cómo te enganchaste con la figura de Bonino?

Martín Sappia (MS): Cuando me encontré con Bonino a partir de un libro (“Aclara ciertas dudas”, de editorial Caballo Negro) me fascinó el personaje. Después, en la medida que iba averiguando quién había sido me di cuenta del vacío y la ausencia de información que existía acerca de él. Tanto en ese libro como en otros, son más las ficciones que se acercan a Bonino que los datos y las certezas que dan cuenta de él. Esto abría mucho las posibilidades de experimentar a través del lenguaje cinematográfico más que hacer una biografía clásica. Fue una motivación importante ya que desde mi oficio de editor paso mucho tiempo manipulando materiales de otros pero muchas veces atado a narraciones más convencionales. Entonces, trabajar con materiales propios me daba una posibilidad de experimentar que no siempre puedo tener.

¿Cómo fue el proceso de investigación que llevaste a cabo?

MS: La dificultad principal era el vacío. La falta de información. Comencé a buscar gente que lo hubiera conocido o que lo hubiera visto en escena. Cada entrevistado me daba pistas y cada pista otro entrevistado. Fueron 52 personas con las que hablé. Pero lo que parecía una dificultad como la falta de archivo o de verdades oficiales, lo tomé como una motivación y una búsqueda formal. Hasta los recuerdos muchas veces confusos y contradictorios decidí hacerlos parte del relato para convertir eso en una cuestión formal y en un eje narrativo. La idea fue seguir la estela del fantasma, no intentar escapar de ella buscando la verdad sobre Bonino.

¿Cómo fuiste encontrando la forma de la película? ¿Por qué decidiste prácticamente no incluir archivos hasta los títulos?

MS: Eludir el archivo y las entrevistas en cuadro y en sincronía fue de las primeras decisiones que tomé. Si bien hacía las entrevistas con cámara, nunca pensé en usarlas. No fue fácil esta decisión porque fueron entrevistas muy buenas, plagadas de anécdotas y situaciones emotivas muy intensas. Hay muy pocas imágenes de Bonino. Y ninguna de ellas son sobre sus espectáculos. No quería ilustrar, quería encontrar una forma cinematográfica que dialogara con este personaje tan esquivo. Me gustaba la idea de buscar al fantasma y construirlo en base al rumor.

El archivo y las entrevistas delimitan mucho y de alguna manera puntúan el relato en una dirección. Mi idea siempre fue buscar una forma propia a partir de elementos profílmicos que establecieran lazos con el personaje. De allí, por ejemplo, surgen los espacios habitados por Bonino y los árboles.

Las voces en off, sin caras ni identificación, me sirvieron para alimentar el mito. Al no saber quién habla, no sabemos quién dice y entonces podemos llegar a dudar o a mitificar. Como la leyenda y el mito envuelven al personaje de Bonino. En vez de ir en contra de eso, busqué la manera de sumarme a esa construcción mítica. Ese coro en off funciona entonces como un rumor que alimenta la figura.

¿Cómo construiste el relato oral de la película?

MS: Me interesaba que hubiese alguien detrás de Bonino. No me interesa la narración en primera persona como forma, yo no quería estar ahí. Pero inventé un personaje, casi como si fuese uno de esos amigos a los que entrevisté que haga de aquel que quiere reconstruir sus días. De hecho lo que realmente da cuenta de la existencia de Bonino son las cartas y postales de su puño y letra. Lo demás puede ser tomado como una invención, solo como un rumor. Que una escritora como Eugenia Almeida sea la voz en off también es una reivindicación de la palabra escrita como elemento narrativo en el cine. Además, su manera de entender el texto es muy bella y le agrega un intencionalidad que tal vez el texto no tenga y eso lo refuerza de manera fundamental.

Hay algo muy particular en la forma en que filmas los espacios por los que transitó Bonino, como si los lugares guardaran una memoria oculta que vos están intentando dilucidar en fuera de campo…

MS: Hay algo de todo eso que planteas en las preguntas. Creo que los espacio de la ciudad guardan algún tipo de memoria y sino la guardan nos dan por lo menos la escenografía donde los cuerpos han transitado. Ya eso me sirve a mí para imaginar a Bonino. En esos ecos de esos espacios es donde intento que cada espectador vea a Bonino. Al Bonino que imaginan porque a su vez no quiero que vean su rostro y la ausencia de éste va precisamente en ese sentido. El de intentar que las construcción del personaje no la digite la película sino que sea algo más abierto y hecho por cada espectador. Y la idea de fantasma claro que alimenta la ficción, porque el fantasma lo es, es una ficción construida en base a creencias y no a saberes.

Al final del recorrido, ¿qué crees que aporta tu película para entender la figura de Bonino?

MS: Me gustaría que se abran más preguntas que respuestas en torno a su personaje. Yo no pretendo ser el biógrafo de Bonino. Yo no sé de Bonino. Solo investigué. Si me parece que es un personaje de una época poco visitada en Córdoba sobre la que valdría la pena volver más. Porque de alguna manera representa una Córdoba que quedó olvidada después de las atrocidades de la dictadura. Córdoba era un polo industrial, cultural y social muy fuerte. Hoy Córdoba es solo humor, cuarteto y cierta tradición conservadora, y me parece que debería ser mucho más que eso porque hay otras expresiones y artistas de gran valor que merecen su espacio. Bonino siempre fue un personaje incómodo, incomprendido y hasta olvidado. Porque mitificar también sirve para poner a un personaje en el bronce, así no molesta. Estaría bueno pensar qué pone en cuestión su figura y por qué.

Por Martín Iparraguirre

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Más información en https://cosquinfilmfest.com

Bafici 2021

Fantasmas de una ciudad alucinada

Entrevista a Ramiro Sonzini y Ezequiel Salinas, directores de “Mi última aventura”, película local que se estrenó en la Competencia Internacional del Bafici

De las siete películas cordobesas que participan en la 22 Edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), casi un récord para la historia local, sólo una se encuentra de la Competencia Internacional, máxima vidriera del célebre encuentro porteño. Se trata de “Mi última aventura”, debut tras las cámaras del crítico y montajista Ramiro Sonzini (que sólo contaba con un corto previo, “Escuela”) y el reputado director de fotografía Ezequiel Salinas,  otra prometedora sociedad que ya muestra aquí sus potencialidades. En efecto, “Mi última aventura” es un cortometraje, género injustamente despreciado por los medios de comunicación, las plataformas de streaming y las cadenas de distribución, pero que puede alcanzar tanta elocuencia y potencia emotiva como cualquier película mayor. Por cierto, así lo entiende Bafici, que puso a competir de igual a igual a los cortos con los largometrajes.

Lo importante en todo caso es que a Sonzini y Salinas le bastan 15 minutos para narrar una historia desgarradora de amistad y traición e instaurar una nueva forma de percibir la ciudad, que en su película aparece como una entidad misteriosa y seductora, tan bella como agreste y peligrosa, reflejo alucinado del estado de soledad en que viven los personajes, dos jóvenes amigos que una noche se entregarán a la aventura de robar la casa del jefe de uno de ellos, aunque el contacto con el dinero pondrá en riesgo su entrañable amistad. “Mi última aventura” se estrenó ayer en el Bafici y se podrá ver gratuitamente por las próximas 48 horas en la página del festival: https://vivamoscultura.buenosaires.gob.ar/…

La primera pregunta es ¿cómo nació la historia de la película?

Ramiro Sonzini (RS): La historia nace de dos materiales previos. Por un lado, un corto anterior del Eze que se llama “Adiós a la noche”, en el que de alguna manera ya estaba presente este personaje misterioso encargado por Octavio Bertone, andando en la moto por la ciudad de noche, que era filmada de una manera un poco alucinada: muchos planos con la lluvia, aprovechando el brillo de las luces en el agua y aprovechando estas luces media marcianas que puso el Gobierno de Córdoba en los puentes de la Costanera y los edificios institucionales. Esa visión de la ciudad entre dormida y alucinada me impresionó mucho, algo que junto al personaje de Bertone me daba la sensación de que había el germen de una nueva película posible. Le dije entonces al Eze que estaría bueno escribir una historia para ese personaje y esa forma de ver la ciudad que estuviera un poco más desarrollada en términos de género.  

Por otro  lado, ya de cara al trabajo de escribir esa posible película, empezamos a recopilar un par de anécdotas y de historias de gente conocida, vinculadas a cuestiones como robos, estafas, a vivir en la noche, vinculadas a la venganza también. A partir de estas anécdotas, empezamos a escribir un guion que terminó decantando en este corto.

¿Por qué les interesaba contar esta historia de robo y traición?

Ezequiel Salinas (ES): No es que nos interesaba contar una historia de género, sino trasladar ciertas cuestiones del cine clásico y del film noir a esta idea previa que teníamos sobre una manera de filmar la ciudad, al mismo tiempo que ver cómo podíamos filmar esta historia. En principio, si bien el corto tenía muchos elementos del film noir, la traición estaba acompañada de otras líneas narrativas y de otras derivas, que tenían más que ver con la nostalgia, con una despedida del personaje de la ciudad. En el proceso de trabajo con el corto, que se inició hace dos años, creo que inconscientemente la cuestión de la traición y el film noir se fue acoplando a la percepción del espacio que transitan esos personajes, que es un espacio oscuro, hostil,  agresivo. Y un poco el film noir y la alusión al género fue ganando fuerza lentamente a lo largo del trabajo por sobre las otras derivas narrativas, también por una cuestión de que las otras cosas que fuimos explorando no terminaron de cuajar tanto en la historia.

Por otro lado, el trabajo con la fotografía es increíble, ¿cuál fue su búsqueda en la forma en que filmaron la noche?

ES: La noche y la ciudad eran siempre un personaje central en la película, ya desde la idea inicial de hacer un film noir, lo que implica que estos dos elementos que casi siempre son un fondo difuso de las películas, tomaran relieve y  se volvieran personajes con características propias y fuertes. En ese sentido, la textura de la imagen y el movimiento de la cámara son dos aspectos fundamentales para lograrlo. Como nuestra producción era muy escaza, todo se hizo con la luz disponible y mayormente usando el trabajo de cámara para aprovechar ciertos espacios y ciertas condiciones de luz. La idea de que la ciudad fuera un personaje agresivo, que tuviera esta presencia entre vacía y acechante, hacía que la fotografía tuviera que ser oscura, tuviera que tener un color opaco, que las luces de la noche fueran realmente muy fuertes.

El uso de la luz establece, desde el primer plano de la película, una estética muy particular, acentuada por el grano de la imagen. La ciudad adquiere una nueva presencia estética en esta película, ¿cómo trabajaron la fotografía?  y ¿cuáles fueron sus referentes (por momentos, me recuerda a Pedro Costa y Won Kar Wai)?

ES: Hay una particularidad fotográfica que tiene que ver con mi percepción en general, que en este corto también tiene que ver con cierta alusión al film noir, que es la presencia de las luces en el cuadro, la perspectiva aérea y atmosférica que te da el hecho de ver los halos de las luces en el aire, y la presencia de la luz sobre el cielo oscuro. Todas estas cosas en algún punto son búsquedas intuitivas que yo técnicamente se cómo ejecutar una vez que me funcionan, pero primero las tengo que encontrar. En el caso de este corto, el hecho de que yo ya había hecho un corto previo, había habilitado una instancia de búsqueda que en este trabajo me permitió ser más sintético y más concreto. No es que lo estoy pensando todo el tiempo, sino que lo voy haciendo intuitivamente una vez que ya lo tengo, una vez que sé cómo quiero que sea la imagen. En ese sentido, si bien tengo referentes como Pedro Costa o Wong Kar-wai, no son referentes de esta película en particular: para mí son referentes permanentes del trabajo que estos directores pueden hacer con la textura de la imagen, con la luz, para acompañar y sostener desde lo visual lo que están proponiendo con su cine. No es que quisimos que la película se parezca a ellos, sino que usamos los recursos visuales en esa sintonía, quizás también por el hecho de que dirigir me habilita ciertas libertades que habitualmente no tengo.

Por otro lado, hay algo que siento que comparto con el Rami: cierta idea de cómo contar una ciudad o cuál es la presencia que queremos que tenga una ciudad como personaje. Para mí, es interesante que Córdoba sea Córdoba pero no necesariamente se vea como vemos a Córdoba todo los días, ni como mucha gente cree que es la avenida Colón, o la General Paz o La Rioja, que son todas calles que aparecen en el corto pero desde un acento que tiene que ver con lo que nuestra película propone. Yo siempre me pregunto por ejemplo ¿por qué imaginamos que el Bronx en Nueva York es un lugar oscuro y peligroso? Y la respuesta es porque hay una construcción mítica alrededor de eso. Entonces, también me parece que desde mi trabajo como director de fotografía, si tengo que hacer que una película pase en Córdoba, también pienso en esta construcción mítica, que tiene que ver con darle características muy concretas a ese mito.

RS: Una cosa más, que creo es importante para los dos y ayuda a que el corto tenga una personalidad, es que nosotros habíamos decidido que era un corto que ocurriera enteramente en el espacio público, salvo la escena del robo. Entonces, trabajamos un poco en pensar bien qué lugares queríamos filmar. Tratar de encontrar lugares que nosotros considerábamos que no estaban suficientemente filmados y que para nosotros fueran muy atractivos y buenos puntos para generar ese mito. Si tuviéramos que inventar una Córdoba para el cine, como hacen los yankees con sus ciudades –porque uno ve cine norteamericano y sabe cuándo una película transcurre en San Francisco, en Los Ángeles o en Nueva York y lo sabe rápidamente porque identifica puntos de referencia geográficos–, uno se pone a repensar la idea de “postal turística”, que de repente empieza a ser interesante para tratar de construir una ciudad con personalidad. Entonces, ahí empezamos a buscar lugares que nos resultaran interesantes para construir esa Córdoba para el cine: ambos estábamos de acuerdo en que el centro de la ciudad y las zonas aledañas a Nueva Córdoba, sobre todo esas zonas de comercio menos “fancy” o “chetas” ligadas a la moda, que tiene que ver con la parte baja del centro, eran lugares que cuando uno pasa de día son feos pero que de repente si los mirás con otros ojos empiezan a ser lugares mucho más interesantes. Ya había como un clima preestablecido que empezaba a ser muy interesante para la historia que queríamos contar. El objetivo utópico sería que en 10, 15 o 20 años Córdoba sea un lugar reconocible para el mundo del cine, no sólo para quienes transitamos sus calles, aunque por supuesto ¡eso es un trabajo que nos excede!

Esta estética, ¿tiene alguna relación con los personajes y su condición social?

RS: Yo no creo que haya una relación entre la estética del filme y la condición de los personajes porque en realidad sí hay un interés concreto en que la clase o el lugar social de los personajes sea lo que determine la historia  que estamos contando. Son personajes que toman las decisiones que toman en función de la historia que han vivido y también están familiarizados con los lugares donde se mueven. Me parece que la condición de clase está vinculado con los lugares que transitan y las decisiones que toman en función de los deseos que su imaginario produce, pero no tiene que ver directamente con la forma en que los filmamos ni los colores que utilizamos. Porque tampoco es una historia que está diseñada para reflejar un problema social, sino que busca contar una historia particular: son pibes más o menos comunes que viven una historia particular. Es algo que tiene que ver con el buen cine de género, donde las historias están atravesadas por las condiciones sociales, geográficas, económicas, políticas, pero que no son excusas para decir cosas sobre eso. Lo social es el punto de partida no el de llegada, la materia prima sobre la cual trabaja la historia.

ES: Claro, porque la pregunta sobre la condición de clase puede ser engañosa porque parecería esconder que los personajes fueran pobres y en realidad el corto no establece que sean pobres. Sí establece que, como la mayor parte de las personas que vivimos en esta sociedad neoliberal y capitalista, están formados para tratar de ascender socialmente y el dinero es un camino de ascenso social. Por eso, el corto intencionalmente construye una zona gris, ambigua, respecto a la condición de los personajes, porque trabaja en otro espectro: son personajes que toman una decisión porque socialmente estamos programados para escalar.

También hay un tono nostálgico en la forma en que aparece la ciudad…

RS: Yo creo que la nostalgia entra por dos vías al corto. Por un lado, hay una nostalgia diegética digamos, que es un poco intencional porque inicialmente estábamos escribiendo una historia de despedida: cuando el “Pelu” toma la decisión que toma, inevitablemente tiene que abandonar su ciudad, su vida cotidiana, su espacio y su amigo. Entonces, esa decisión implica una especie de nostalgia anticipada. Pero por otro lado, puede haber una especie de nostalgia extradiegética o formal, que quizás pueda ser también un poco cinéfila, que está vinculada a este deseo de hacer un cine relacionado con el cine que nos gusta. La idea de homenajear a una forma de hacer cine y contar historias un poco mítica, que tiene que ver con el cine clásico y de género, con una etapa más o menos concreta del cine de Hollywood que nos gusta mucho, y que en el cine que uno puede hacer es difícil lograrlo porque hay una serie de condicionamientos vinculados al presupuesto, además de otras tradiciones porque uno está acostumbrado a escribir otro tipo de ideas, otro tipo de películas. Entonces, quizás haya una especie de nostalgia vinculada al deseo de hacer un tipo de cine que uno presupone que vive una especie de decadencia.  

La música es otro actor relevante en la película, ¿cómo se relaciona con los personajes?

ES: En principio, no tiene que ver con los personajes de “Pelu” y de “Jandro”, sino con la presencia de la música en esa ciudad y esos espacios atravesándolos de muchas maneras diferentes y atravesando el corto también. Por eso la música es parte de la ciudad y es parte del universo de los personajes y en algún momento incluso es más parte de la historia y la narración que estamos llevando adelante. En cuanto a su elección, para nosotros era importante eso: que tuviéramos la sensación que esos espacios están atravesados por cierto tipo de música y por cierta sonoridad en distintas capas y en distintas esferas. Por otra parte, hay una relación entre lo que cuentan las letras de las canciones y lo que va pasando en la narración, los cambios en los personajes  y los giros de la historia. También era un poco hacer lo que se enseña a no hacer, que es contar con las letras: pero no como en general se suele hacer, donde las letras cuentan directamente lo que pasa en la historia, sino buscando que esas letras abran cierto universo poético y permitan una lectura  más amplia de algunos acontecimientos de la película.

Por Martín Iparraguirre

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Bafici 2021

Ficciones de la Córdoba secreta

Entrevista a Alejandro Cozza y Nicolás Abello, directores de “El oso antártico”, que hoy se estrena en el Bafici

La 22 edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici) comenzó a desarrollarse en las últimas horas en un formato híbrido, decisión que además de permitir el regreso de la anhelada experiencia del cine en condiciones parecidas a las ideales (con proyecciones en salas y en espacios abiertos), ofrece la posibilidad de federalizar el encuentro, ya que el público de todo el país podrá acceder gratuitamente a sus películas vía streaming a través de su página oficial (https://vivamoscultura.buenosaires.gob.ar/). Edición reducida a causa de la pandemia, el 22 Bafici ofrecerá no obstante 235 películas entre largos y cortometrajes, agrupadas en diversas secciones además de sus tres competencias, las clásicas del festival: Internacional, Americana (en reemplazo de la Latinoamericana) y Argentina.

Entre todas ellas, se verán nada menos que seis estrenos cordobeses que reunirán a nombres consagrados como el de Liliana Paolinelli (“El baldío”) con otros que generan expectativa como Ada Frontini (“En compañía”), Luciano Juncos (“Bandido”, película de apertura que además está disponible para ver en Cine.ar), o Santiago Sein (“Yo no es otro”, sobre el pintor Remo Bianchedi). Aunque acaso los mayores hallazgos estén en los cortos locales que participan del certamen, “El oso antártico” y “Mi última aventura”, donde se presentarán en la dirección dos de los más reconocidos críticos locales, Alejandro Cozza y Ramiro Sonzini, respectivamente.

Inspirada levemente en el libro homónimo de Federico Lavezzo y en “Contracordoba”, de Diego Tatian, aunque escrita y dirigida a cuatro manos por Cozza con Nicolás Abello (también realizador de “La mirada escrita”, 2017), “El oso antártico” constituye una ficción lúdica que hace algo prácticamente inédito en las ficciones locales: tomar la historia política de nuestra ciudad como fuente de inspiración para jugar con las posibilidades del cine de género. Esa categoría es nada menos que el “film noir”, género corporizado en su protagonista, un periodista o historiador (Rafael Rodríguez) que una noche irá siguiendo las pistas dejadas en la ciudad por un misterioso anciano, que ha descubierto una especie de confabulación detrás de los monumentos de Córdoba organizada por poderes secretos, que intentan manipular los acontecimientos sociales y políticos de la provincia, con el oso antártico emplazado en el Museo Caraffa como gran protagonista. Lo notable es que ese espíritu lúdico del filme, capaz de meterse con grandes símbolos y mitos de la cultura local como Deodoro Roca, el Cordobazo o los poderes clericales para inventar una historia de detectives y espías; no le impide plantarse de frente a nuestras tradiciones políticas para sentar postura y hablarle directamente al presente, con lo que desmiente que el compromiso político esté destinado al documental o al  cine militante. Al igual que el corto de Sonizini y Ezequiel Salinas, la película se estrenará hoy en el festival y estará disponible durante 72 horas en la página del Bafici.

¿Cómo fue el proceso de escritura de la película?

Alejandro Cozza (AC): Creo que nunca hay una regla fija en las adaptaciones de novelas al cine, cada proyecto impone sus reglas. En el caso de “El oso antártico” y sobre la novela de Lavezzo ensayamos varias posibilidades y muchas versiones hasta llegar a la definitiva del guion, y siempre eran estructuras distintas a las de la novela, incluso hasta en un momento lo pensamos como un registro documental de una obra literaria que era pura ficción. O sea, podes usar la novela como trampolín a un sinfín de posibilidades cinematográficas y creo que eso hicimos, al punto que finalmente el relato cinematográfico ha terminado funcionando con autonomía propia.

Nicolás Abello (NA): Creo que de los textos pudimos rescatar algunas ideas que consideramos (como lectores) interesantes. En el caso de Lavezzo, había dos conceptos centrales. El primero, quizás la matriz de su idea, el error… esa suerte de acto fallido que desencadena la historia y génesis del monumento del oso. El Oso Antártico es una imposibilidad que le da a la estatua su particularidad instantánea, su leyenda, y eso es interesante. Por otro lado, esa misma concepción del error trasladada a toda la historia de Córdoba. Ese fue un primer punto de partida. El segundo, la idea del Oso de Barral como una estatua en perpetuo movimiento. En la novela, un periodista indaga la historia de la estatua revisando los lugares y las fechas en dónde el oso estuvo, y en el movimiento de la estatua se revelaba que ese inicio errático había maldecido a la escultura a no pertenecer a ningún lugar específico de la ciudad. Cómo si la estatua tuviese que irse. Cómo si nadie supiera bien en que alfombra esconderla. Eso estaba bueno. Y “Contracordoba” de Tatian, nos daba un anclaje político muy interesante. Se emparenta remotamente con esa primera idea del “error”. De algún modo, mete el dedo en la llaga, al pensar las posturas ideológicas que parecen primar en la ciudad. Piensa a Córdoba como una ciudad históricamente conservadora, desde su postura eclesiástica primero, a su posición política más contemporánea. Y analiza la historia desde ahí. Creo que nuestro proceso eventualmente terminó de juntar esas tres ideas: el error, la historia política y el movimiento.

¿Cómo construyeron el relato en off del narrador?

AC: Fue una de las tantas ideas que se nos fueron ocurriendo, desde dónde y cómo contar la historia. Había que meter muchas ficciones, reales o no, y narraciones vinculadas a la historia de Córdoba, sus estatuas, sus procesos políticos y hacer todo eso mientras contábamos “nuestra película”: nuestra ficción policial con estructura de film noir. ¡Y todo eso en un corto de menos de media hora! Teníamos claro que todo debía cabalgar sobre la narración pura y dura, pero sin dejar de lado todo lo interesante que era la Historia, así con mayúscula. La voz en off apareció como un recurso posible que unía ambas vertientes del relato. Llámese uno el puramente informativo y el otro narrativo con los nudos de la ficción del género policial. Esa voz en off creemos que es el cordón que va atando de una y otra manera ese zapato que sería el corto entero.

NA: La voz en off toma al personaje más particular de la novela de Federico, Atilio Sembera, el “gestor” del equívoco que desencadena la creación del oso, y lo usa para llevar la narración un poco hacia los textos de Tatian, un poco hacia algunos textos de Lavezzo. Lo importante a nivel narrativo es que su presencia sobrevuela el relato, pero uno nunca termina de pensar que aquello que la voz en off dice es del todo cierto. Es como si fuese un narrador que nos guía pero en el que nunca podemos confiar del todo. Y creo que eso sucede porque el espectador automáticamente politiza esa voz. Estamos viendo un cortometraje ficcional… ¿Por qué alguien nos habla de Perón, del ‘55, de la Antártida?  ¿Qué piensa esa voz en términos políticos? Cómo espectadores, quizás con razón, desconfiamos. Quizás lo más interesante de nuestro proceso de adaptación al cine, es que lo que realmente sucedió en términos históricos (llamémosle de algún modo la “objetividad” en términos de la historia) nunca nos importó. Lo importante fue jugar constantemente desde la ficción, para ir hacia un punto. La película no tiene ningún problema en mentir constantemente dentro del margen de la ficción, sobre la historia en sí misma, y aun así deja entrever su propia posición política.

¿Cómo fue el proceso de ficcionalizar la historia? ¿Cómo se les ocurrió meter a esa ficción en un film noir?

AC: Creo que a Nico se le ocurrió, si mal no recuerdo fue quien tiró el puntapié inicial de tratar de meter las historias de la novela dentro del género noir puro y duro. Creo que en una de las versiones de guion apareció eso y ahí ambos, como buenos amantes de ese cine, nos entusiasmamos mucho y empezamos a probar las diferentes reglas del género. Sabiendo que no solo era una cuestión de estructura literaria y de escritura sino también un lugar apto para una creación de climas y atmósferas visuales y sonoras. Así que allí fuimos ahondando en un lado y el otro: tratar de llevar a Córdoba al terreno de la ficción total para, paradójicamente, contar algunos hitos de su historia de esa forma tan particular. Lejos de un registro realista para encarar la historia real, creemos ambos que la ficción trabaja sobre lo simbólico a otra escala, tan real como lo documental, solo que con otro imaginario.

Por otro lado, está también la decisión de usar a la propia ciudad como protagonista central de esa ficción… ¿Cómo buscaron trabajar la ciudad como personaje?

AC: Todo el tiempo estaba eso en juego, en usar lo real como materia para la ficción. Y sobre todo los paseos públicos por los cuales transitamos habitualmente. Es la ciudad como mapa, literal en el corto, para verla desde otra óptica por fuera de esa cotidianeidad que bien decís. Era indispensable para lograrlo que fuese nocturno, casi de madrugada, y tratar de vaciarla de gente y de sus sonidos habituales. Casi que usar la ciudad y sus zonas más transitadas como un set de filmación del cual pudiésemos disponer de una manera cuasi vacía y que lo llenásemos a nuestro antojo. Eso planteó desafíos de producción muy específicos y exigencias varias que el equipo sobrellevó de la mejor manera. No fue fácil: sin ir más lejos, la plaza Vélez Sarsfield nos dio más de un dolor de cabeza al respecto, justo el día que filmábamos se había instalado la carpa de la Semana de la Dulzura, ¡algo más que contradictorio con los intereses del corto! Era una locura creer que podíamos limpiar de toda significación y por fuera de lo que queríamos transmitir, a zonas de la ciudad muy cargadas de cosas, personas, autos e información. Pero resultó.

NA: La ciudad además carga con otro ritmo de noche. Yo creo que lo que más me interesaba a mí al menos en el aspecto puramente ficcional del relato, era darle al corto cierta sensación onírica o pesadillezca. No lo pensemos en términos Lyncheanos (en referencia al director David Lynch) o en términos de los abordajes clásicos de lo onírico en el cine. Sino más bien esos sueños que a veces tenemos, en los que estamos en un lado, y después de la nada estamos en otro… y así. Incluso, hay algunos momentos en que realmente pareciera que los personajes no entienden muy bien qué es lo que los empuja hacia adelante: están atrapados en una búsqueda y tienen que despertar cuanto antes. Creo que ahí aparece un poquito la magia de las locaciones. Incluso creo que cuando tenemos la experiencia de transitar la ciudad de noche, el hecho de que la gran mayoría de las personas duerman nos hace sentir un poquito más dueños de los espacios que durante el día. Esa sensación está dada un poquito en el corto, sobre todo hacia el final. Generar intimidad entre la ciudad y el espectador era imprescindible.

Y por otro lado está la dimensión política de esta ficción, ¿cómo trabajaron esta dimensión?

AC: Fuimos muy conscientes del desafío que implicaba meter lo político, tanto histórico como actual, en una ficción por fuera de los lugares comunes del cine realista o documental. Sabíamos entonces que había dos dimensiones de abordaje, lo sutil y simbólico por un lado, y por otro perderle el miedo a citar lisa y llanamente los procesos políticos, con nombre y apellido. Un prurito muy habitual en el cine argentino en general cuando se quiere hablar de política en las ficciones. Y al mismo tiempo, no es solo hablar de política, sino tomar una postura al respecto y explicitar de una forma u otra del lado en el que estamos ubicados como realizadores, dentro de un esquema político. Sabíamos que atacábamos tanto a una Córdoba conservadora y clerical, que tenía continuidad en políticas actuales. Y eso se escucha en un momento del corto por medio de un diálogo encendido y acusador que el periodista Mariano Saravia por radio tiene con un representante de la juventud de Cambiemos, acusándolo de ser parte de un programa político que atentó históricamente contra el pueblo argentino.

NA: Estoy de acuerdo, aunque para mí es más complejo pensar en la dimensión política de una película cuando se la encara de modo ficcional. Creo que en ese aspecto el cortometraje, que claramente tiene un bando de “los buenos” y un bando de “los malos”, carga con cierta inocencia, pero plantea cosas más interesantes por fuera de esos antagonismos. Para mí nunca fue una discusión sobre partidos políticos en sí, sino más bien de corrientes de pensamiento propias de cada generación. El problema en esencia es ideológico. Si la premisa del oso fuese cierta, si el oso se moviera cada vez que la ciudad retumba en la calle, entonces hoy quizás deberíamos pensar que los nuevos movimientos no están tan vinculados a partidos políticos como a necesidades y urgencias propias de esta época. 

Florencia Rubio y Rafael Rodríguez, en una escena del filme.

¿Cómo pensaron la filmación de la ciudad? Hay planos de la ciudad muy sugestivos, como si esas calles guardaran una historia secreta que los cordobeses no conocen…

AC: Para mí era importante esa idea, saber que lo público es simbólico todo el tiempo, y por ende que obedece a decisiones políticas macro y urbanas que se van tomando con diferentes objetivos, sean del bando político que sean, en diferentes momentos de la historia. ¡Y que pueden vincularse entre sí! Entonces la idea justamente era poner lo público todo el tiempo en perspectiva con respecto a ese lugar de mirada. Y a su vez, darles nuevos sentidos, porque tampoco dejan de ser elementos del campo de juego de la ficción que armamos, y eso resignifica todo en función de lo que se quiere contar ahora, con nuestras propias reglas. Así que nos sentimos un poco como interventores también de lo público, y gestores políticos desde nuestro rol simbólico como constructores de imágenes y ficciones. El final del corto es una clara muestra de ello.

Por otro lado, ¿cómo fue filmar un noir?

AC: Por suerte, teníamos presupuesto porque habíamos ganado el primer concurso de guiones del Polo Audiovisual para la realización de cortometrajes y bromeábamos durante el rodaje con que estábamos haciendo el corto más caro a la fecha (por ser los primeros en ganar dicho concurso) de la historia del cine cordobés. Así que con ese dinero nos permitimos ser muy ambiciosos formalmente hablando y en las decisiones estéticas que tomábamos. Capaz incluso hasta ambiciosos de más. Por ejemplo, decidimos doblar toda la banda de sonido entera, diálogos y ruidos, justamente con el objetivo sonoro de vaciar la ciudad y reconstruirla entera auditivamente en post producción. Eso funcionaba también como un homenaje al cine negro clásico que se filmaba entero en estudio y casi siempre doblando a todos los actores. Eso genero aun paisaje sonoro propio que nos acercaba más al género y nos alejaba del realismo, que era algo que no queríamos precisamente, ser realistas. La fotografía e iluminación tenía el mismo objetivo. Y las sobreimpresiones de montaje que aparecen en la edición llevan también a ese clima de pesadilla cuasi fantástica que queríamos connotar. La música también aparece en sintonía con esto.

Por último, el sonido. El trabajo con el sonido es tremendo, la forma en que se trabajan los primeros y segundos planos sonoros es muy elaborada…

NA: El juego con el sonido para mí fue lo más entretenido a nivel técnico… Porque implicó casi un rodaje paralelo. Un problema recurrente al filmar fue que si bien el montaje intenta ocultar los autos lo máximo posible, a nivel sonoro no había manera de quitarlos. Si el rodaje comenzaba a las 21/22 horas, generalmente se hacía imposible ocultar toda esa información sonora. Nos gustaba la idea de escuchar una Córdoba silenciosa, por ende con Manu Yeri, decidimos reconstruir la ciudad desde cero, siendo lo más plásticos posibles en términos de género y de ficción. Grabamos pistas de base en Ciudad Universitaria a las 3 am en invierno, solo para tener un silencio que nos sirviera como piso, y después sumamos sonidos de a poco, intentando que pudieran distinguirse en nuestro oído. Doblamos los diálogos justamente para no tener interferencias en eso. El resultado para mí fue muy gratificante porque funciona. Casi nada de lo que escuchamos fue registrado en directo.  Y la música es lo más neo-noir synth cordobés que puede venir. Y es un lugar entre retro/vintage y  contemporáneo al mismo tiempo que el corto también agradece.

Por Martín Iparraguirre

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Cierre del 35 Festival Internacional de Mar del Plata

Fin de fiesta feliz

Cecilia Barrionuevo y Fernando Juan Lima en la ceremonia virtual de cierre del encuentro, junto al equipo de programadores.

El cine cordobés descolló en Mar del Plata y “Esquirlas” se llevó cinco premios, entre ellos a Mejor Directora para Natalia Garayalde   

La entrega de premios del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata confirmó anoche lo que ya se intuía en el éter invisible del universo virtual en que se desarrolló la 35 edición, que se volvió la más importante para la historia de Córdoba. Si bien los premios constituyen una instancia relativa para validar la calidad de un filme, lo cierto es que nuestra Provincia nunca se trajo tantos galardones del encuentro marplatense: casi todas las películas participantes en las competencias oficiales merecieron algún reconocimiento, algo que no es casualidad pues todas ostentaron a su modo una calidad infrecuente en el encuentro de la ciudad feliz (hasta se diría que “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, de Martín Sappia, la única que se quedó sin galardones, merecía otra suerte).

El protagonismo absoluto se lo llevó “Esquirlas”, de Natalia Garayalde –habitual columnista de HOY DÍA CÓRDOBA-, quien en su debut como directora se alzó con el premio oficial a la Mejor Dirección de la Competencia Argentina de Largometrajes, además de varios premios no oficiales, sección donde literalmente arrasó: se llevó el reconocimiento a la Mejor Película Argentina otorgado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos (ACCA), el premio a la Mejor Ópera Prima dado por la Asociación de Directores de Cine PCI, a la Mejor Película de Perspectiva de Género y una Mención Especial por su Edición, para Julieta Seco y el citado Martín Sappia, director de “Un cuerpo…” que mereció este reconocimiento. A su vez, dentro de la misma Competencia Argentina de largos, “Las motitos”, de Inés Barrionuevo y Gabriela Vidal, se llevó el premio Patacón a Mejor Actriz para Carolina Godoy y el premio que otorga la Asociación Argentina de Sonidistas Audiovisuales al Mejor Sonido, para Atilio Sánchez.

Ya en el apartado de cortometrajes, el jovencísimo director Pablo Martín Weber, estudiante del Departamento de Cine de la Facultad de Artes de la UNC, se llevó el Premio Astor Piazzolla al Mejor Cortometraje de la Competencia Argentina, máximo galardón de la sección oficial, con su particularísimo “Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse”, que también ganó dos premios respectivos en la sección independiente, con el premio a Mejor Corto que otorga el Fondo Nacional de las Artes y el premio homónimo que elige el Banco Nación, Lahaye Media y Pomeranec Sonido. Para completar el podio, el cortometraje “Distanciades”, de Paula Arancibia Bravo, también estudiante de la UNC, mereció una Mención Honorífica del jurado del Premio Georges-Méliès al Mejor Cortometraje Latinoamericano con temática de diversidad.

De esta manera, en una edición insólita donde Mar del Plata consiguió mantener su estándar de calidad en la programación y las actividades paralelas pese a las dificultades de la pandemia, Córdoba brilló con luz propia gracias al talento de sus directoras y directores, que se siguen renovando en un contexto de mayor equidad, pues este año participaron en igualdad numérica tanto hombres como mujeres. Un reconocimiento merecido y una noticia para celebrar en un año durísimo para la comunidad cinematográfica local.

Natalia Garayalde agradeció vía virtual los reconocimientos.

Por lo demás, el documental español “El año del descubrimiento”, de Luis López Carrasco, ganó el Astor de Oro como la Mejor Película de la Competencia Internacional, mientras que el argentino Nicolás Prividera se llevó el premio al Mejor Guion por “Adiós a la memoria”, la actriz María Villar se impuso en la categoría Mejor Interpretación por su notable papel en “Isabella”, de Matías Piñeiro, quien además ganó el reconocimiento a la Mejor Dirección de la sección; y la debutante coreana Yoon Dan-bi obtuvo el Premio Especial del Jurado por “Moving on”.

Notable entrecruzamiento de tiempos, imágenes y sonidos, el documental de López Carrasco aborda la crisis de la región de Murcia en 1992 a través de los testimonios de los propios operarios e hijos de trabajadores que relatan la tragedia social que vivió esta zona de España mientras Barcelona se preparaba para recibir los Juegos Olímpicos de 1992, en un filme que propone una narración simultánea y paralela entre ese pasado y el presente que lo vuelve muy original.

En la Competencia Latinoamericana se impuso la extrañísima “Los conductos”, película realizada en fílmico por el director colombiano residente en Francia Camilo Restrepo. Suerte de thriller alucinado, donde las sombras tienen más protagonismo que la luz, el filme sigue la suerte de un personaje decidido a matar al jefe de una secta a la que ha pertenecido, en una suerte de alegoría sobre la violencia en Colombia que tiene mucho de realidad: el actor principal en realidad se interpreta prácticamente a sí mismo porque vivió una historia similar. Los filmes “Mascarados”, de los hermanos brasileños Marcela y Henrique Borella, y “Fauna” del mexicano Nicolás Pereda, recibieron también Menciones Especiales en la sección.

En cuanto a la competencia de cintas nacionales, además de los premios a las películas locales ya reseñados, “El tiempo perdido”, de María Álvarez, ganó como como Mejor Largometraje y el director Edgardo Castro recibió una mención especial por “Las ranas”. En la Competencia de Estados Alterados, por último, la Mejor Película fue la notable “Mes chers espions”, de Vladimir León, y el jurado otorgó una mención especial para “Heliconia”, de Paula Rodríguez Polanco.

Se terminó así una nueva edición de Mar del Plata, donde el festival tuvo que asumir nuevos desafíos ante la imposición de la virtualidad, que todo indica fueron superados: según los primeros números, más de 250.000 espectadores participaron del encuentro vía su sitio oficial (100.000 a través de Cine.ar Play y TV y 180.000 vistas en el canal de YouTube), una repercusión que confirma la necesidad de federalizar este tipo de encuentros. Acaso el futuro traiga nuevas posibilidades y esperanzas.

Por Martín Iparraguirre

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35 Festival Internacional de Mar del Plata – Algunas películas

Familias atravesadas por la historia

“Moving on”

Algunas películas de la 35 edición del Festival Internacional de Mar del Plata

El frío helado del mundo virtual no le hace justicia al Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, que consigue sostener el fervor cinéfilo que lo distingue a fuerza de una programación con mucho trabajo detrás en un año donde la producción mundial de cine estuvo en gran parte paralizada. Cualquier espectador que pase por su plataforma podrá acceder a una variedad de propuestas tan amplia que difícilmente resulte indiferente a los placeres y las posibilidades que el séptimo arte tiene para ofrecer, en momentos donde su potencia reparadora cobra doble relevancia ante la tristeza colectiva que generó la muerte de Diego Maradona. A la amplia oferta de películas, se suman los diálogos con sus propias directoras y directores o las “Charlas con Maestros” que, todos los días a las 18, ofrece en vivo el festival por su canal de Youtube  (MarFilmFestival), por donde ya pasaron figuras como los norteamericanos Walter Hill, Miranda July o el animador Glen Keane, el catalán Albert Serra o el colombiano Andrés Duque. Hoy será el turno de la portuguesa Rita Azevedo Gomes, un verdadero privilegio para quienes entienden al cine como una forma poética de relacionarse con el mundo. Todas las actividades pueden revivirse además en el canal del festival. La 35 edición del encuentro marplatense mantiene su nivel clásico de exigencia y deja ya una certeza: la pandemia que frenó al mundo no pudo con el cine.

Por lo demás, basta asomarse a la Competencia Internacional del encuentro para confirmar la heterogeneidad que caracteriza a Mar del Plata. De la singularísima mezcla de inocencia, ironía y delirio propia del japonés Sion Sono en “Red Post on Escher Street” –que ayer ya salió de cartelera–, se puede pasar al retrato sutil de la intimidad de una familia de clase media en la surcoreana “Moving on”, ópera prima de la realizadora Yoon Dan-bi, o al reencuentro reflexivo con el pasado personal del argentino Nicolás Prividera en “Adiós a la memoria”, último opus del realizador de “M” (2007) y “Tierra de los padres” (2011), que el miércoles se estrenó en la sección.

“Adiós a la memoria”

Esta variedad de propuestas no reniega de una línea editorial del encuentro, que se detecta en ciertos puentes que se pueden establecer entre las películas de las distintas secciones. Si hablamos de la competencia principal, la reflexión sobre los lazos familiares hermana por ejemplo a “Moving on” y “Adiós a la memoria” (*), películas que sin embargo no podrían ser más disímiles en términos estéticos y narrativos. La ópera prima de Yoon Dan-bi es un retrato amable y sutilmente conmovedor sobre la dinámica íntima de una familia sumida en una crisis imperceptible, que atraviesa silenciosamente a sus miembros. Al inicio, el padre del grupo familiar se muda junto a sus dos hijos, la preadolescente Okju y su hermano menor Doonjo, a la casa de su propio progenitor, más amplia y reconfortante que la suya, porque éste ha sufrido un problema de salud. La ausencia de la esposa abre una incógnita que se irá develando paulatinamente, aunque al grupo se sumará pronto la tía de los chicos, también en crisis con su pareja. Desde la mirada de los más pequeños, la directora presentará paulatinamente los conflictos de cada miembro de la familia, que no son nada extravagantes y hasta se diría universales: desde las restricciones  económicas que vive el padre en un tiempo de crisis, el despertar amoroso que se asoma en Okju mientras procesa el abandono de su madre, el fin del sueño romántico de la tía en su matrimonio, la avanzada edad del abuelo, la inconciencia del niño. Siempre medida en su tono, con planos amplios que registran la comedia humana que viven sus protagonistas a cierta distancia pero con un cariño que se refleja en la belleza de su puesta en escena, la directora irá desplegando las formas en que cada quién intentará afrontar sus dramas con la familia como un endeble refugio, pues no termina de asumir su crisis y por momentos puede funcionar más como una carga para sus miembros. Plena de humanidad, sin caer nunca en la cursilería, la película ofrece momentos de auténtica emotividad en un retrato que nunca cede a la idealización de la institución social que aborda, aunque tampoco deje de mirarla con afecto.

Como en todas las películas del director, la historia familiar se cruza con la Historia política en mayúsculas en “Adiós a la memoria”, donde Prividera revisa la vida de su padre Héctor, modificada irremediablemente por la desaparición de su esposa Marta Sierra –madre del director– en la última dictadura militar argentina. Ensayo sobre la memoria como indica ya su título, el disparador de la película es un hecho tan triste como significativo para el director: los olvidos que sufre su padre a causa de la enfermedad de Alzheimer. Claro que en vez de circunscribirlo a un drama personal como haría cualquier persona, Prividera lo utiliza como trampolín para revisar no sólo la relación con su padre y la forma en que procesó la desaparición de su madre, sino también la propia historia Argentina, sus formas de memoria o de olvidos, el neoliberalismo, las relaciones entre las clases sociales y la ilusión siempre latente de un cambio social. Todo, atravesado por una reflexión sobre el estatuto de la imagen como documento histórico, como reservorio acaso perecedero de un tiempo que se esfuma en el aire tan pronto como el hombre intenta olvidar aquello que lo hiere.

“Correspondencia”

El mecanismo narrativo del filme parte de la lucidez del director para interpretar una experiencia histórica en la dimensión más íntima de su familia, representada en este caso por las filmaciones caseras de su padre, entre otros archivos, donde Prividera puede leer tanto el trauma que llevó a su progenitor a aislarse del mundo en pos de un olvido imposible, que sólo llegaría con la enfermedad, como el síntoma de un país que no se anima a verse de frente a sí mismo, condenado a repetir cíclicamente sus tragedias. Con el auxilio de un conjunto de pensadores que proyectan sus reflexiones a un terreno universal, “Adiós a la memoria” es testimonio de toda una línea de películas que se encuentran en el Festival de Mar del Plata, como la ya comentada “Esquirlas” o “Como el cielo después de llover”, de Mercedes Gaviria, que utilizan la memoria personal resguardada en videos familiares para pensar nuestra historia colectiva desde la más viva y ardiente intimidad, con una potencia que sólo el cine puede lograr.

Pero si de memoria se trata, acaso las cartas sigan siendo aún hoy su soporte más confiable, en tiempos donde la fugacidad de la imagen digital amenaza con potenciar notablemente su fragilidad. El mediometraje “Correspondencia”, de la chilena Dominga Sotomayor y la española Carla Simón, es otro ensayo hermoso que piensa la vida familiar en un contexto histórico preciso, donde los acontecimientos que sacuden a una sociedad repercuten directamente en las perspectivas de vida y la estabilidad emocional de sus miembros. Filmada en forma de una conversación epistolar entre las jóvenes cineastas, donde ambas reflexionan sobre sus familias, la maternidad, los mandatos sociales y el cine mientras van tejiendo un nuevo vínculo afectivo; la película constituye un tratado amoroso sobre la condición de la mujer en nuestros días, con imágenes de archivos familiares o de la propia cotidianeidad de las directoras que se van cruzando amablemente como epístolas lúcidas hasta que la historia irrumpe con la furia que la caracteriza: el estallido social de octubre de 2019 en Chile cierne un manto de sombra sobre la vida de Sotomayor, que termina el filme con una certeza atroz. ¿Cómo hablar de cine cuando los jóvenes quedan ciegos en las calles por los perdigones de Carabineros? Se preguntará la cineasta, que afirmará sin titubear: “Recordé la normalidad, aquí seguimos en dictadura”. Acaso su propia película sea la mejor respuesta al dilema.

Por Martín Iparraguirre

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* “Moving on” y “Adiós a la memoria” se podrán ver hasta este viernes 27 de noviembre por última vez, mientras que “Correspondencia” seguirá en cartelera hasta el domingo, siempre en el sitio del festival: www.mardelplatafilmfest.com

35 Festival Internacional de Mar del Plata – Algunas películas

Ecos de otros tiempos, en nuestro tiempo 

“Las Mil y Una”

Recomendaciones de la 35 edición del Festival Internacional de Mar del Plata 

El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata transita su 35 edición sin los encantos que ofrece la “ciudad feliz” por las restricciones que impone la pandemia, algo que sin dudas afecta la experiencia cinéfila -que se define por cierta disposición a encontrarse con otros en el disfrute compartido del cine-, pero que a través de la virtualidad abre posibilidades hasta el momento inéditas: por una vez, todos los argentinos con medios de conexión suficientes para soportar ciertas condiciones de reproducción, pueden acceder a las películas que ofrece el encuentro. Cada mañana, a través de la página https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/, se van publicando las películas que estrenan en la jornada y los interesados pueden sacar entradas gratuitas para verlas durante las siguientes 72 horas, aunque los cupos de espectadores son limitados. De esta suerte, tanto un habitante de Ushuaia como otro La Quiaca pudo ver, en los últimos días, la riquísima variedad de propuestas que ofrece un festival donde el cine de autor más prestigiado del mundo convive con películas de directores debutantes, cine social latinoamericano, obras rescatadas del pasado o filmes de género puro y duro como el terror fantástico, entre muchas otras posibilidades. 

Por lo pronto, en estos primeros días del encuentro, la producción cordobesa se hizo notar con fuerza gracias al estreno de “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, de Martín Sappia, “Esquirlas”, de Natalia Garayalde, y “Homenaje a la obra de Phipil Henry Gosse”, de Pablo Martín Weber. La razón no está ya en la atención que, hace unos diez años, pudo generar en Buenos Aires la proliferación de películas cordobesas sino en la calidad propia de estas obras que, cada una a su modo, muestran la construcción de una mirada singular sobre el mundo y los seres que lo habitan, propia de los directores que las firman. Con el notable ensayo de Sappia sobre la figura casi mitológica de Jorge Bonino ya fuera de cartelera, vale la pena dedicar unas líneas a las películas de Garayalde y Weber, que seguirán por algunas horas más a disposición de sus virtuales espectadores en el sitio web del festival. 

Testimonio íntimo de la perversidad política que caracterizó a un tiempo emblemático de Argentina, “Esquirlas” constituye una película ineludible para pensar no sólo nuestra historia sino también los modos que puede adoptar la política en el presente, a partir de las diferentes concepciones que se ponen en juego sobre las prioridades y responsabilidades del Estado respecto a la población. Como se sabe, la película versa sobre las explosiones en la Fábrica Militar de Río III, aunque el giro micropolítico que propone, de una potencia inusitada, se encuentra en su punto de vista. Estructurada a partir de los videos caseros que la propia cineasta filmó con apenas 12 años en los trágicos días de noviembre de 1994, cuando aconteció la explosión, el filme ofrece un acercamiento en primera persona a las consecuencias que tuvo en la familia de la directora y en su comunidad, que se extienden como una amenaza atroz sobre el presente. El contraste entre la mirada cándida de la propia Garayalde jugando a registrar el caos colectivo que acontecía en una ciudad en estado de guerra con la indiferencia, la mentira y el cinismo de la clase política y judicial, reflejado en algunos documentos de época, convocan a la indignación y marca los límites que nunca deberían volverse a cruzarse en la historia política argentina. El filme, que es uno de los candidatos en la Competencia Argentina, se podrá ver hasta hoy en el festival.

“Homenaje a la obra de Phipil Henry Gosse”, de Pablo Martín Weber

Tan personal a su modo como el filme de Garayalde, el ensayo de Weber es un cruce lúdico entre las reflexiones del joven director respecto al devenir tecnológico de la especie humana con los postulados del naturalista británico Phipil Henry Gosse, que en pleno siglo XIX intentó conciliar el estudio de los fósiles y el universo de los corales con la mitología cristiana. La perspicacia de Weber consigue tender relaciones sorprendentes entre los conceptos de Gosse (que para explicar la contradicción entre los 6.000 años de historia que postulaba el Génesis para el mundo con los datos de la realidad que ofrecían sus amados fósiles, postuló la posibilidad de que Dios hubiera creado la tierra con un pasado implícito, inexistente) y la materialidad del mundo digital, entre el estudio arqueológico y los archivos tecnológicos como testimonio de nuestra era, en un juego especulativo que se abre a múltiples posibilidades que pueden derivar tanto en una reflexión sobre las falsas realidades creadas por la tecnología digital como sobre la estrategia comunicacional del Estado Islámico, a partir de películas del propio grupo terrorista extraídas de empresas de seguridad norteamericanas. “Homenaje a la obra de Phipil Henry Gosse” se presenta en la Competencia Argentina de Cortometrajes y se podrá ver hasta el 29 de noviembre. 

Dentro de la Competencia Internacional, por último, hoy será también el último día para ver “Las Mil y Una”, de Clarisa Navas, un interesante acercamiento a la vida comunitaria de un barrio precario de Corrientes. Filmada a partir de planos secuencia que siguen obsesivamente a su protagonista Iris, una adolescente amante del básquet que ha dejado la escuela, la película logra sortear el mayor desafío que enfrenta cualquier cineasta que pretenda filmar a una clase social relegada: evita caer en la conmiseración y la lástima tanto como en su reverso complementario, la estigmatización de los otros. Al contrario, Navas logra que la cámara se instale en el barrio de Las Mil Viviendas como un habitante más para seguir el derrotero de un grupo de adolescentes en busca de su propia identidad en un mundo hostil, donde la violencia y la discriminación conviven con los lazos de solidaridad que pueden tejerse entre quienes son considerados diferentes. Con un cariño notable por sus personajes, la directora se centrará paulatinamente en el despertar sexual de Iris (la debutante Sofía Cabrera), quien casi sin darse cuenta se irá enamorando de Renata, una joven algo mayor que ella y de vida diametralmente opuesta, que carga con varios estigmas por su forma de supervivencia lejos de las convenciones morales. En torno a ellas, un conjunto heterogéneo de personajes irá rotando para extender el cuadro a gran parte del barrio, un verdadero microuniverso donde el crimen y las drogas pueden convivir con el amor sincero de una pareja, la amistad desinteresada o el cuidado de los otros. 

Por Martín Iparraguirre 

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35 Festival Internacional de Mar del Plata – “Esquirlas”

Imágenes del horror

Natalia Garayalde en su juventud, con la cámara con la que registró las consecuencias de la explosión en Río III.

Natalia Garayalde estrena “Esquirlas” en el Festival Internacional de Mar del Plata, una película que cruza la historia personal de su familia con la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero 

El cine local volverá a pisar fuerte este lunes en la 35 edición del Festival Internacional de Mar del Plata, luego de la proyección el sábado de “Un cuerpo estalló en mil pedazos”, la heterogénea exploración de la figura de Jorge Bonino ofrecida por Martín Sappia, con el estreno de “Esquirlas”, primer largometráje de Natalia Garayalde, que además es periodista y habitual columnista de cine de Hoy Día Córdoba, quien propone un regreso personal a uno de los episodios más traumáticos de nuestra historia: la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, acontecida hace ya 25 años. Oriunda de la localidad, Natalia tenía apenas 12 años cuando ocurrió la catástrofe, pero ya anidaba en ella la vocación de cineasta pues bastó que su padre tuviera una cámara de video para que saliera a registrar los momentos inmediatamente posteriores al estallido, mientras el resto del pueblo escapaba de las explosiones y de los miles de proyectiles que se cernían sobre la ciudad. Ya de adulta, decidida a retratar aquél ataque a la población por parte del propio Estado argentino, todo un símbolo del país de Carlos Menem -aún impune pese a que se demostró su vinculación con la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia-, Natalia volvió a esas filmaciones de su juventud para plasmar la propia tragedia de su familia como un testimonio micropolítico de una hecatombe mayor, que no sólo remite al pasado de nuestro país sino que aún amenaza a los pobladores de Río Tercero bajo la siniestra sombra del Polo Químico que se extiende sobre la ciudad. “Veinticinco años después, aquel material captado desde la mirada cándida y sorprendida de una niña que jugaba con su hermana a hacer móviles periodísticos se convierte en un testimonio reflexivo y doloroso sobre la familia, la destrucción de una ciudad, los rastros del horror, la verdad siniestra sobre el caso y las heridas difíciles de cerrar”, adelanta la sinópsis del filme, que se presenta en la Competencia Argentina y que por los comentarios previos de los críticos que accedieron al material, promete ser una de las grandes candidatas de la sección.

En primer lugar, me gustaría preguntarte ¿Cómo fuiste concibiendo la película a partir del hallazgo de esos videos de tu infancia? 

Natalia Garayalde (NG): Encontré los casetes en el proceso de un duelo. Ya había iniciado una investigación sobre las explosiones y el tráfico de armas para hacer una película sobre un hecho impune que se estaba olvidando. Me llevó mucho tiempo incorporar el material personal al montaje porque no quería hacer un documental autoreferencial. Finalmente entendí que una historia familiar está atravesada por esas mismas condiciones socioculturales que pretendía cuestionar en mi película.

¿Cómo trabajaste esas imágenes y cómo fue la investigación de archivos que tuviste que realizar para recrear el hecho de la explosión? 

NG: Hay material de diferente procedencia, pública y privada. Tengo una colección de archivos mediáticos recolectados durante más de 10 años de investigación. Las entrevistas y lecturas me orientaron en la subtrama política del guión y en las apariciones de los personajes públicos: el Juez, la querellante, el operario, el militar y el presidente. 

La escena de la explosión es un registro documental del éxodo caótico de la población mientras estaba siendo bombardeada por más de veinte mil proyectiles. En una ciudad de cuarenta mil habitantes, eso significa que había un misil por cada dos personas. 

¿Cómo construiste en términos estéticos y narrativos esa mirada al pasado? ¿Te inspiraste en algunxs directorxs o filmes específicos? 

NG: El material ya tenía esa estética pixelada de verde y magenta. Es una particularidad concreta de los casetes que tiene la potencia de lanzarnos por un tobogán a la década de los `90. Las camperas de ciré, la permanente de mi mamá, los cuadros de Xuxa y Mafalda, la banda sonora de Sui Generis o Aerosmith, la remera de Angelo Paolo y la centralidad de la televisión en una familia crean una escenografía de esos años. Menem es, además, un monumento de los noventa con su modo pornográfico de vaciar el Estado: esa figura pública que jugaba al tenis por la mañana y vendía armas por la tarde. 

Mi inspiración fílmica vino más por el género found footage o metraje encontrado. Busqué películas que usaran o imitaran el registro cotidiano. En mi pequeño altar de la isla de edición estaban Sandra Wollner y su “Imagen Imposible”, el regreso de Guy Maddin a su “Winnipeg”, el albúm familiar de Allan Berliner, la reinterpretación de archivos de Joao Moreira Salles, Jonas Mekas, Chris Marker, Harun Faroki, Abbas Fadhel y muchas influencias más.

La película no sólo trabaja sobre el terrible hecho de la explosión de la Fábrica Militar sino que también se proyecta al presente con la amenaza del Polo Químico y Militar sobre la ciudad, me gustaría que me contaras sobre esta cuestión. 

NG: La amenaza química como tema fue surgiendo durante la realización de la película. Cada vez que visitaba Río Tercero quedaba atrapada en esa nube de fosgeno y amoniaco. Es una atmósfera invisible que tiene marcas en nuestros cuerpos. El tema se impuso como un rumor molesto y terrorífico que no me permitía dormir. ¿Y si esto nos está enfermando y matando? 

Un operario de la fábrica me mostró una foto con dos cráteres para explicarme que habían provocado dos explosiones simultáneas para dirigir la onda expansiva. “Era mejor que las bombas cayeran sobre las zonas más pobladas que sobre el Polo Químico”, me dijo. Recordé que esa misma mañana de las explosiones, al costado de la ruta, desde la radio del auto que me había salvado, una voz rogaba que ninguno de los veinte mil proyectiles impactara sobre un tanque de cloro.

¿Qué conclusiones sacas luego de realizar la película sobre la forma en que Córdoba procesó la explosión de la Fábrica Militar?

NG: No creo que pueda sacar muchas conclusiones sobre la conducta de las poblaciones ante un hecho trágico. Solo intento molestar un poco con las preguntas insistentes, como esa niña de los casetes, sobre la injusticia de un acto violento, los modos de vida y la precariedad de nuestros cuerpos. En este proceso leí teorías sobre el derecho al olvido de las personas que sufrieron algún trauma. Incluso intenté despojarme de esta carga. Durante muchos años, intenté olvidarme de esa experiencia. Una promesa que me hacía a modo de consuelo. Pero las evocaciones sobrevenían fuera de mi control y dominio. Quizás por eso también hice esta película.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2020

Festival de Mar del Plata 2020

Atarrabi et Mikelats

Lista de películas recomendadas sección por sección para el Festival de Mar del Plaaa 2020. Debajo de cada película, encontrarán un link que los llevará directamente a la página del filme con su sinopsis y los días en que estará disponible para ver. 

Además, sumo entre paréntesis dos criterios: Recomendada (R) y Muy Recomendada (MR)

Competencia Internacional

Adiós a la memoria (Documental-MR),  de Nicolás Prividera – Argentina – 2020 – 95’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/adios-a-la-memoria

El año del descubrimiento (Ficción-R), de Luis López Carrasco – España, Suiza – 2020 – 200’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/el-ano-del-descubrimiento

Isabella (Comedia inspirada en las obras de Shakespeare-R), de Matías Piñeiro – Argentina – 2020 – 80’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/isabella

Las Mil y Una (Película sobre la iniciación amorosa-MR), de Clarisa Navas – Argentina, Alemania – 2020 – 120’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/las-mil-y-una

Moving on (Drama familiar-MR), de Dan-bi Yoon – Corea del Sur – 2020 – 105’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/las-mil-y-una

Seize printemps (Peli sobre la iniciación amorosa, R) de Suzanne Lindon – Francia – 2020 – 73’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/seize-printemps

Nosotros nunca moriremos (Drama sobre la pérdida de un hijo, R), de Eduardo Crespo – Argentina – 2020 – 83’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/nosotros-nunca-moriremos

Shiva Baby (Comedia-R), de Emma Seligman – Estados Unidos – 2020 – 77’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/shiva-baby

Competencia Latinoamericana

Chico ventana también quisiera tener un submarino (MR), de Alex Piperno – Argentina, Brasil, Países Bajos, Filipinas – 2020 – 85’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/chico-ventana-tambien-quisiera-tener-un-submarino

Como el cielo después de llover (R), de Mercedes Gaviria – Argentina, Colombia – 2020 – 73’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/como-el-cielo-despues-de-llover

Fauna (MR),  de Nicolás Pereda – México, Canadá – 2020 – 70’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/fauna

La escuela del bosque (Documental-R), de Gonzalo Castro – Argentina – 2020 – 88’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/la-escuela-del-bosque

Los conductos (MR), de Camilo Restrepo – Francia, Colombia, Brasil – 2020 – 70’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/los-conductos

Mascarados (Docu-R), de Marcela Borela, Henrique Borela – Brasil – 2020 – 66’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/mascarados

Selva trágica (Documental-R), de Yulene Olaizola – México, Francia, Colombia – 2020 – 96’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/selva-tragica

Competencia Argentina

1982 (Docu sobre la Guerra de Malvinas, MR), de Lucas Gallo – Argentina, Brasil – 2019 – 90’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/1982

El tiempo perdido (MR), de María Álvarez – Argentina – 2020 – 102’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/el-tiempo-perdido

Esquirlas (Película cordobesa, MR), de Natalia Garayalde – Argentina – 2020 – 70’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/esquirlas

Historia de lo oculto, de Cristian Ponce – Argentina – 2020 – 82’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/historia-de-lo-oculto

Las motitos (película cordobesa, MR), de Inés María Barrionuevo, María Gabriela Vidal – Argentina – 2020 – 84’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/las-motitos

Las Ranas (MR), de Edgardo Castro – Argentina – 2020 – 77’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/las-ranas

Un crimen común (thriller político – MR), de Francisco Márquez – Argentina, Brasil, Suiza – 2020 – 96’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/un-crimen-comun

Un cuerpo estalló en mil pedazos (película cordobesa sobre Jorbe Bonino- MR), de Martín Sappia – Argentina – 2020 – 91’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/un-cuerpo-estallo-en-mil-pedazos

Competencia Argentina de Cortos

Homenaje a la obra de Philip Henry Gosse (Película cordobesa, MR) de Pablo Martín Weber – Argentina – 2020 – 22’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/homenaje-a-la-obra-de-philip-henry-gosse

Las credenciales (MR), de Manuel Ferrari – Argentina, Alemania – 2020 – 20’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/las-credenciales

Las sombras  (R), de Paulo Pécora – Argentina – 2020 – 18’

Luz distante – Capítulo 1 – Les desventurades (MR) de Santiago Reale – Argentina – 2020 – 29’

Competencia Estados Alterados

Anunciaron tormenta (película histórica – R), de Javier Fernández Vázquez – España – 2020 – 88’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/anunciaron-tormenta

Deja que las luces de alejen (película rodada en parte en Córdoba, R), de Javier Favot – Argentina, Uruguay – 2020 – 67’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/deja-que-las-luces-se-alejen

El tango del viudo y su espejo deformante (MR), de Raúl Ruiz, Valeria Sarmiento – Chile – 1967-2020 – 63’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/el-tango-del-viudo-y-su-espejo-deformante

Homelands (Película Serbia – R), de Jelena Maksimović – Serbia – 2020 – 63’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/homelands

Look Then Below (Docu experimental – R), de Ben Rivers – Reino Unido – 2020 – 22’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/look-then-below

Lúa vermella (Docu sobre un pueblo de Galicia – R), de Lois Patiño – España – 2020 – 84’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/lua-vermella

Mes chers espions (R), de Vladimir Léon – Francia, Rusia – 2020 – 134’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/mes-chers-espions

No existen treinta y seis maneras de mostrar cómo un hombre se sube a un caballo (Película sobre la cinefilia – MR), de Nicolás Zukerfeld – Argentina – 2020 – 63’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/no-existen-treinta-y-seis-maneras-de-mostrar-como-un-hombre-se-sube-a-un-caballo

Río Turbio (Sobre la mina de Rìo Turbio – R), de Tatiana Mazú Gonzalez – Argentina – 2020 – 82’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/rio-turbio

The Exit of the Trains (MR), de Radu Jude, Adrian Cioflâncă – Rumania – 2020 – 175’ 

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/the-exit-of-the-trains

Competencia En Tránsito 

En compañía (MR), de Ada Frontini – Argentina

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/en-compania

Selección Oficial Fuera de Competencia

El país de las últimas cosas (MR), de Alejandro Chomski – Argentina, República Dominicana – 2020 – 89’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/el-pais-de-las-ultimas-cosas

En la frontera (R), de José Celestino Campusano – Argentina – 2020 – 78’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/en-la-frontera

Inmortal (R), de Fernando Spiner – Argentina – 2020 – 97’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/inmortal

Las siamesas (MR), de Paula Hernández – Argentina – 2020 – 80’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/las-siamesas

Retiros (in)voluntarios (MR), de Sandra Gugliotta – Argentina – 2020 – 85’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/retiros-in-voluntarios

Edición Ilimitada (R), de Edgardo Cozarinsky, Santiago Loza, Virginia Cosin, Romina Paula – Argentina 

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/edicion-ilimitada

PANORAMA

Autores

Atarrabi et Mikelats (MR), de Eugène Green – Francia, Bélgica – 2020 – 122’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/atarrabi-et-mikelats

The Last City (MR), de Heinz Emigholz – Alemania – 2019 – 100´

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/the-last-city

The Woman Who Ran (Comedia dramática – MR), de Hong Sangsoo – Corea del Sur – 2020 – 77’ 

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/the-woman-who-ran

TRAYECTORIAS – SELECCIÓN OFICIAL FUERA DE COMPETENCIA

Manuel Antin

Cortázar & Antin: Cartas iluminadas (MR), de Cinthia V. Rajschmir – Argentina – 2018 – 65’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/cortazar-antin-cartas-iluminadas

La cifra impar (MR), de Manuel Antin – Argentina – 1962 – 82’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/la-cifra-impar

Edgardo Cozarinsky

Médium (MR), de Edgardo Cozarinsky – Argentina – 2020 – 70’

https://www.mardelplatafilmfest.com/35/es/pelicula/medium

HOMENAJES

Homenaje a Pino Solanas

La hora de los hornos – Parte 1: Neocolonialismo y violencia  (Película de Apertura – MR)

Homenaje a María Luisa Bemberg

Momentos (MR), de María Luisa Bemberg – Argentina – 1981 – 90’

De eso no se habla (MR), de María Luisa Bemberg – Argentina – 1993 – 105’

Homenaje a Rosario Bléfari

El arte musical (R), de Nahuel Ugazio – Argentina – 2020 – 27

Silvia Prieto (MR), de Martín Rejtman – Argentina – 1999 – 92’