Entrevista a Inés Barrionuevo

“Me interesa filmar el deseo de la mujer”

Barrioinuevo

Inés María Barrionuevo

Inés María Barrionuevo habla de “Julia y el zorro”, la nueva película que estrenó el Cineclub Municipal Hugo del Carril

La directora cordobesa Inés María Barrionuevo acaba de estrenar su nueva película, “Julia y el zorro”, en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49), donde se podrá ver en cuatro horarios diferentes hasta el miércoles (ver al final). Se trata de una oportunidad única para los espectadores porque es una película que reclama ser vista en las mejores condiciones materiales posibles, ya que cuenta con una puesta en escena cuya delicadeza estética multiplica los placeres cinematográficos más allá de su trama, las peripecias que viven sus personajes o los temas que aborda. He ahí su mayor logro. Como se sabe, la película desafía los mandados familiares a partir de la historia de Julia (Umbra Colombo), que llega a una vieja casona familiar en las sierras de Córdoba junto a su hija Emma (Victoria Castelo Arzubialde), de apenas 12 años, para iniciar un proceso de reconstrucción de sus vínculos tras la muerte de su marido.

Hemos publicado ya una crítica de la película, así como también una reseña de su participación en el reciente Festival Internacional de Mar del Plata. Pero aquí volvemos a dar la palabra a su directora, que gentilmente accedió a una entrevista para desmenuzar con más detalle su película.
¿Qué te interesaba filmar en “Julia y el zorro” respecto a los vínculos familiares?

Inés María Barrionuevo (IMB): Creo que vivimos en este mundo de descendencias y nos acomodamos a que es así: la mayoría tuvimos padres y madres y se supone que conformemos también estos vínculos. Es bastante deforme si se lo piensa un poco. Vivir bajo un mismo techo con gente que una no eligió y hacer cosas tales como vacacionar en familia.

Todo lo que implique cuestionar las instituciones como tales me interesa, porque las instituciones son nuestra domesticación, y algo que domestica es sospechoso. En la educación vemos esto como un ejemplo clarísimo.  No se puede andar por el mundo siendo una salvaje y hay que aprender a ¨comportarse¨.

La familia es otra institución y esos roles cuando se trastocan son muy interesantes. Una familia puede ser un pariente pero también una amiga, un perro.

 

¿Por qué querías problematizar el rol de la maternidad, un tema tabú en nuestras sociedades?

IMB: Se espera de una mujer que sea madre, o es lo que supone mucha gente al menos. Y no sólo eso, sino que si es madre quiera a su familia, entienda a su hija o hijo. Es un vínculo un poco insondable el ser madre porque es no estar más en soledad absoluta y eso puede ser reconfortante o aterrador. Me interesa la puesta en cuestión de roles que se asumen de cierta forma como que una madre debe ser cariñosa. Tomé cierta distancia con el personaje desde la puesta en escena porque yo tampoco entiendo del todo a Julia, pero quiero que sea libre y eso es lo que una como directora siempre tiene que querer: personajes libres.

 

Me interesante pensar la puesta en escena, donde hay una un mundo un tanto anacrónico, sin celulares y con una protagonista que parece una diva de los ´60…. ¿Qué búsquedas tenías en ese sentido?

IMB: Me interesaba crear una especie de halo que remita a otra época, donde Argentina iba a ser una potencia, cuando le decían ¨la segunda París¨, cierta cosa de lo monumental peronista también. Todo eso quedó en una especie de decadencia anacrónica que me gustaba para envolver a los personajes…, como decir ¨sos una diva pero en estas ruinas de algo que no fue¨. No estamos en Holywood ni en New York. Y eso podía ser aún más triste.

Los celulares siempre me hacen ruido cuando filmo, quizás ya debería cambiar esta idea pero siento que hay cosas que estéticamente no son filmables, como los celulares o los autos nuevos. Quizás es mi problema.

 

Es interesante pensar también el personaje del zorro, ¿por qué decidiste incluirlo y cuál es el rol que juega en la película?

IMB: Cuando era chica iba mucho al campo de las sierras, allí muchas veces se veían zorros que se acercaban furtivamente a las casas. Eran como sombras en la oscuridad de la sierra cordobesa.

Las fábulas siempre contienen dos animales, una situación conflictiva y al final una especie de lección llamada moraleja. Me interesaba conjugar el animal con un personaje humano, una mujer y un zorro.

Los zorros en la mitología significan muchas cosas, es el llamado a la aventura, es un animal intrigante y astuto lleno de habilidades mágicas. Lo animal muchas veces también representa lo sexual. Me interesa conjugar todos estos elementos de la mitología en una fábula que no tuviese moraleja. Que fuese amoral. En general una fábula condice una lección, yo no quería que la tuviese al final, que fuese la lección que cada une quisiera.

Julia poster

¿Cómo fue el trabajo con la fotografía y el arte?

IMB: Con Ezequiel Salinas, director de foto, y la directora de arte Carolina Vergara laburamos mucho en conjunto, ya nos conocemos bastante de otros trabajos, también en conjunción con Sol Muñoz en vestuario, con quien elegimos muchos vestidos de mi abuela para que se vistiera Julia. La locación fue fundamental: la pintamos toda de ese verde oscuro y viejo para generar algo más penumbroso. Generar contrastes entre cosas bellas de otra época, cierto mobiliario con un afuera salvaje, con viento y una casa abandonada era parte de un concepto que fuimos elaborando.

Hace un tiempo le di a leer el guión a un amigo, quien diseño el poster, Gregorio Funes…. El leyó el guión y me dijo que ya sabía cuál era la casa donde teníamos que hacer la película, no estaba en alquiler y estaba llena de murciélagos pero luego de muchas gestiones la conseguimos. Fue como la estrella de la película.

 

Por otro lado, quisiera pensar el tipo de liberación femenina que exploras en tu película, ¿cómo la concebís?

IMB: Siento y creo que la liberación femenina en Argentina está viviendo un momento increíble. El feminismo llegó para quedarse y esto no tiene vuelta atrás. Yo como mujer en este momento histórico me tengo que hacer responsable de esto y volcarlo en mi trabajo. No sólo por responsabilidad sino por convicción y por un sentimiento tan grande como cada piba que veo en una marcha. Por todas las chicas que sufrieron, las que murieron y porque los mandatos ya no pueden ser tales.  Quizás en un momento no sea tan drástico este sentimiento de no querer ser parte de este mandato ¿no?

En este sentido, hay también una cierta apuesta por la multiplicidad sexual en la película, ¿qué buscaste reflejar al respecto?

IMB: Me interesa lo no binario, porque obviamente es más fácil imaginarnos una familia hetero normativa clásica. Cuando una familia puede estar compuesta por distintos géneros y preferencias sexuales pero aún así ser familia. Esto es complejo porque se forman familias compuestas por distintos vínculos y géneros pero los lineamientos siguen siendo los de una familia patriarcal. Entonces, quizás lo que no funciona del todo es el concepto de familia, sea quien sea quien la integre.

 

En “Atlántida” trabajabas sobre el despertar del deseo en una protagonista adolescente, mientras que aquí volves a filmar un proceso similar pero ya en una mujer adulta…, ¿qué te interesa de esa fuerza desestabilizadora?

IMB: Me interesa filmar el deseo de la mujer. Ha sido tan oprimido y sigue siéndolo, que indagar en el deseo de una mujer es transpolar lo histórico. Los hombres nunca tuvieron problemas en conseguir sus deseos, una mujer, un trabajo, un futuro estable.   Para las mujeres, hasta suena absurdo decirlo, sigue siendo una lucha acerca del deseo. Un amigo me dijo que no se quiere que la mujer aborte porque primero no se quiere que desee y me pareció muy sabio. Los personajes femeninos no tienen las cosas dadas, no pueden conseguir fácilmente su deseo y esto para la vida es duro pero para el cine es interesante.

 

Por último, volvés a incluir otra subtramas con dos niños que descubren el deseo desde un lugar absolutamente distinto a la madre…. ¿por qué decidiste hacer este contraste?

IMB: Me atraen los personajes del mundo infantil o preadolescente porque son los que quiebran una realidad normativa. Por eso aparecen las instituciones, para que no digan cualquier cosa en cualquier lado. Mientras son niños, niñas y adolescentes dicen cosas que los adultos no dicen y eso funciona muy bien en el ámbito dramático. Ellos tienen su mundo, en su mundo son libres y dicen lo que piensan, hasta que pum…aparecen los adultos.

 

Por Martín Iparraguirre

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Pd1: La película se proyectará este viernes, lunes y miércoles a las 18 y 23 horas, y el domingo y martes a las 15:30 y 20:30, siempre en el Cineclub Municipal Hugo del Carril.

Pd2: Aquí se puede leer la crítica del autor de la nota sobre la película: https://www.hoydia.com.ar/magazine-2/6548-tiempo-de-reconstruccion.html

Pd3: Aquí se puede leer una reseña sobre su participación en el Festival de Mar del Plata: https://www.hoydia.com.ar/magazine-2/5878-la-maternidad-como-mandato.html

 

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Published in: on 8 diciembre, 2018 at 0:25  Dejar un comentario  

Julia y el zorro

Tiempo de reconstrucción 

Julia y el zorro1

Las peripecias que atravesó el estreno de “Julia y el zorro” en Córdoba confirman cierto estado de cosas en la exhibición cinematográfica local que resultan verdaderamente preocupantes aunque no sean nuevas y estén hasta naturalizadas. Premiada con una mención especial del jurado en la Competencia Argentina del reciente Festival Internacional de Mar del Plata, estrenada en grandes complejos de Buenos Aires, la película no obtuvo el beneplácito de las salas de exhibición comerciales para proyectarla en nuestra ciudad, pese a que hace semanas que ostentan una cartelera patética: desde el estreno de “Transit”, de Christian Petzol, en el lejano octubre que no ofrecen una película importante en sus pantallas, con las relativas excepciones de “Infiltrado del KKKlan”, de Spike Lee, y “Rojo”, de Benjamin Naishtat. El panorama es desolador aunque carezca de toda novedad, pues el segundo largometraje de María Inés Barrionuevo está por encima de cualquiera de las películas que están en cartelera y reclama condiciones de exhibición a su altura, algo que el Cineclub Municipal Hugo del Carril subsanará a medias ya que por su dinámica de programación podrá proyectarlo menos de una semana. Amen de una absurda política comercial (pues no dudo que el filme llevará gente a las salas), hay un secuestro sistemático de nuestros derechos ciudadanos cuando no podemos acceder a las producciones culturales de nuestros artistas, más aún cuando el cine cordobés sigue creciendo en medio de las adversidades que vive el país, como demostró la 33 edición del festival costero. No se trata de que haya pasado cierto idilio con el cine local: es una política premeditada que busca birlar a la ciudadanía de las obras que la interpelan para pensar su lugar en el mundo, su tiempo histórico y los conflictos que la atraviesan. Ir al cine en nuestros complejos multisala se equipara así a cualquier acto de consumo, como si se tratara de MacDonald: una experiencia frívola, intrascendente, que en el mejor de los casos depara una satisfacción inmediata que se agota en su digestión.

“Julia y el zorro” no es, desde ya, una película explícitamente política debido a que aborda conflictos sobre la intimidad de sus personajes, como se ha dicho. Pero esa intimidad no es cualquiera, pues intenta poner en jaque los modelos femeninos que nos rigen, problematizando un mandato tabú en nuestras sociedades como es la maternidad. Más allá de sus logros y defectos, ¿qué otra película se animó a tanto en la cartelera comercial? He ahí su dimensión política y la escala de su incomodidad.

Julia y el zorro2

Sus mayores logros están, empero, en su puesta en escena: con una fotografía notable de Ezequiel Salinas y un trabajo equivalente en el sonido de Atilio Sánchez, “Julia y el zorro” se ve y se oye como pocas películas en el cine nacional, con un grado de estilización en la composición de sus planos casi sin antecedentes en Córdoba, dirigido a expresar aquello que los personajes callan, esa dimensión íntima y secreta de los conflictos que atraviesan. Ya el plano de apertura muestra una vocación animista en la construcción de su mundo a través del sonido, que expone la infinita multiplicidad de seres que habitan las sierras, como si se nos sugiriera de entrada que existen posibilidades ilimitadas de formas de vida, al menos en el reino animal. Ese contraste entre los mandatos sociales que la protagonista debe enfrentar y el llamado instintivo de sus deseos, representados por el zorro del título (que será introducido desde el inicio en una fábula que funciona como metáfora de la película pero que de tanto en tanto aparecerá para espejar a la protagonista), es el eje de toda la película, que narra la reconstrucción personal que debe enfrentar Julia tras el fallecimiento de su marido.

Actriz y bailarina con cierto aire a divas de los años ´60 como Gena Rowlands o Anna Karina, Julia (Umbra Colombo) ha llegado a una vieja casona familiar en las sierras de Córdoba junto a su hija Emma (Victoria Castelo Arzubialde), de apenas 12 años. Los primeros planos mostrarán a ambas abriendo las ventanas de ese hogar abandonado, que encuentran sucio y vandalizado: el gran trabajo con la luz que rompe la oscuridad al abrir las ventanas y choca con las partículas de polvo sueltas en el aire, ya muestra a ambas protagonistas como si fueran fantasmas. Son planos hermosos pero también forman parte de un concepto lumínico que busca expresar el estado de los personajes e irá mutando a medida que ellas vayan desarrollando su duelo por la muerte del padre de la niña. Cada una tendrá que reconstruir su propia identidad a partir de ese choque con el abismo del sinsentido, aunque la película se enfocará en Julia, que oscilará entre la distancia, el malhumor y la ternura con su hija, quien a su vez comenzará a experimentar el despertar del deseo. Barrionuevo evita cualquier definición o bajada de línea gracias a un notable trabajo de Colombo, quien es capaz de construir, desarrollar y mantener la ambigüedad en los sentimientos de su personaje hasta el final, aunque Julia comience a salir de la abulia y la depresión a partir del deseo, primero con Gaspar (Pablo Limarzi), viejo amigo con el que se intuyen cuentas pendientes(y que será central en la película), y luego con otra mujer que conocerá en una fiesta. Esa pequeña apertura hacia la novedad la llevará a vislumbrar la posibilidad de un nuevo orden de vida, sin dudas incierto e indefinido pero donde el modelo familiar clásico quizás esté ya definitivamente perimido.

La virtud de Barrionuevo está en su capacidad para construir la película como una totalidad, donde la puesta en escena expresa tanto o más que las acciones y los diálogos de sus personajes: por ejemplo, la película entera podría leerse desde esa casona colonial de aires aristocráticos que alberga y atrapa a los personajes, trabajada notablemente desde el arte y la fotografía en la composición de sus espacios a través de los colores verdes y grises que dominan sus paredes bellamente decadentes, dotando de un aire anacrónico, vintage, a todo el filme. De hecho, cuando la película intenta dar alguna definición trascendente en la trama es cuando pierde calidad, e incluso hacia el tercio final comienza a haber una suerte de desconexión entre los planos que muestran cierto agotamiento en la narración, hasta entonces más fluida y orgánica, salvado por suerte a tiempo. Pero lo importante es que Barrionuevo se abstiene de juzgar o comprender a sus personajes, así como también imponer una agenda a su película; que brilla en la exploración estética de esas vidas abiertas aún a la posibilidad de una reconstrucción propia desde sí mismas pese al dolor, a partir de planos que en su composición plástica parecen verdaderas pinturas renacentistas y multiplican los placeres del cine.  Quien vaya a ver “Julia y el zorro” tendrá antes que nada una experiencia estética y sensorial que le resultará difícil olvidar.

Por Martín Iparraguirre

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PD: Los horarios de proyección se pueden consultar aquí: http://cineclubmunicipal.org.ar/production/julia-y-el-zorro/

Published in: on 6 diciembre, 2018 at 1:38  Dejar un comentario  

Festival de Mar del Plata 2018

Un camino de crecimiento

 

La 33 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata cerró con un balance positivo pese a los ajustes

El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata cerró su 33 edición tal como prometía su inicio, con un balance optimista pese a los ajustes de última hora practicados por el gobierno nacional en su presupuesto. Bajo la flamante dirección de Cecilia Barrionuevo, el festival ofreció una programación rica, variada y de alta calidad, que permitió acceder a un verdadero panorama global de las producciones más importantes del año, así como también conocer nuevas promesas de distintas regiones, y rescatar experiencias fundamentales de la historia del séptimo arte. Fue un festival intenso y estimulante como pocos, donde las actividades paralelas disputaron la atención del público a un programa lleno de posibilidades: la masterclass de Lucrecia Martel, el Primer Foro por la Paridad de Género o las charlas diarias con leyendas como el actor Jean Pierre Léaud o el director Léos Carax, ambos franceses, serán recordadas como verdaderos hitos en la historia del festival, que pese a todas las dificultades termina ratificando un camino de crecimiento respecto a la edición precedente, todo un logro en el contexto actual.
Dentro de una sección que mostró un equilibrio inusual pese a la diversidad de propuestas que albergó, el Astor de Oro a la mejor película de la Competencia Internacional quedó para “Entre dos aguas”, del catalán Isaki Lacuesta, mientras que su protagonista, Israel Gomes Romero, fue elegido como mejor actor. Premiada hace menos de dos meses con la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, “Entre dos aguas” es una suerte de continuación de “La leyenda del tiempo”, película filmada hace doce años por Lacuesta sobre dos hermanos gitanos, Israel y Cheito, que debían enfrentar duras circunstancias de vida en plena adolescencia, con la muerte de su padre. Diez años después, la nueva película retoma la vida de estos hermanos en la actualidad para ofrecer una mixtura lúdica entre ficción y realidad que retrata la experiencia de las clases populares en Cádiz con una fuerte potencia visual, mientras de fondo se orquesta un homenaje sentido a la música flamenca.

Entre dos aguas

“Entre dos aguas”

También en la sección Internacional, la norteamericana Judy Hill resultó electa como mejor actriz por el notable filme “What you gonna do when the world’s on fire?”, del italiano Roberto Minervini, que a su vez se llevó el premio a la mejor dirección. Parte de una nueva corriente de películas que aborda la historia de sometimientos y vejaciones sobre la comunidad afroamericana, “What you gonna do…” es un fresco implacable sobre el racismo en el Estados Unidos contemporáneo, haciendo eje en la familia de Judy, que debe lidiar con el inminente cierre de su bar y el desalojo de su madre de 87 años, a la vez que debe hacerse cargo de la crianza de sus dos hijos.
El Premio Especial del Jurado fue para la brasileña “Chuva e cantoría na aldeia dos mortos”, de João Salaviza y Renée Nader Messora, un notable acercamiento a la cosmovisión espiritual y las formas de vida de una comunidad indígena en el norte de Brasil a través de su protagonista Ihjac, un joven que se encuentra ante una llamada del destino que quiere evitar: los espíritus parecen haberlo elegido para que se convierta en chamán, pero este padre de apenas 15 años tiene otros planes para su vida. El galardón fue compartido con la película argentina “Vendrán lluvias suaves”, de Iván Fund, que constituye una apropiación minimalista del género de películas fantásticas y de aventuras de preadolescentes, esta vez en la ciudad entrerriana de Crespo. El Mejor Guión en la sección quedó, por último, para “Belmonte”, del uruguayo Federico Veiroj.

La mexicana “Fausto”, de Andrea Bussmann, se llevó a su vez el premio a mejor película latinoamericana, mientras que el jurado le otorgó una mención especial al largometraje “Las cruces”, de la chilena Teresa Arredondo Lugon, que vivió y se formó en nuestra ciudad, y Carlos Vásquez Méndez.

El arbol negro

“El árbol negro”

Ya en la Competencia Argentina, “El árbol negro”, de Máximo Ciambella y Damián Coluccio fue elegida como mejor película: editada por la cordobesa Lucía Torres, el filme retrata la vida de una comunidad Qom en el lejano sur, prácticamente aislados de todo contacto con la modernidad hasta que su protagonista Martín debe viajar a un pueblo cercano, donde se abrirá a otro mundo para su cotidianeidad. A su vez, la mención especial del jurado fue para “Julia y el zorro”, de la cordobesa Inés Barrionuevo, un estilizado acercamiento al drama íntimo que una madre debe enfrentar con su pequeña hija tras la muerte de su marido. A su vez, los cortos “Aquel verano sin hogar”, de Santiago Reale, y “Mientras las olas”, de Delfina Gavalda y Carmen Rivoira, compartieron el premio al mejor cortometraje de la sección.

Estados Alterados, la nueva categoría incorporada a los premios oficiales en esta edición, también eligió una terna compartida por “Chaos”, de la siria Sara Fattahi, y “Casanovagen”, del alemán Louis Donschen, para premiar a la mejor película, mientras que el premio del público fue para “If Beale street could talk”, de Barry Jenkins, que adapta una célebre novela del escritor y militante negro James Baldwin, protagonista clave en la lucha por la igualdad racial y los derechos civiles en Estados Unidos.

Otros premios cordobeses

Construcciones

“Construcciones”

El cine local no pasó desapercibido en Mar del Plata, pues las cuatro películas que participaron del festival ratificaron el crecimiento de otrora jóvenes promesas de la ciudad: a la citada “Julia y el zorro” se sumaron “Construcciones”, de Fernando Martín Restelli, “El hijo del cazador”, de Germán Scelso y Federico Robles, y el cortometraje “Hombre bajo la lluvia”, de María Aparicio. Cada una notable en sus propios términos, estas películas confirman no sólo la calidad formal y técnica con que se filma en Córdoba, sino también ciertas ambiciones temáticas que renuevan la ilusión respecto al cine local: mientras el jovencísimo Restelli filma la vida de un sereno de la construcción con una estética que remite al portugués Pedro Costa, Aparicio consigue sintetizar la perversión de todo un sistema económico en una entrevista de trabajo para ingresar a un call center. La película de Scelso y Robles fue la que más debate generó en todo el festival luego de sus proyecciones. ¿La razón? Su calculado acercamiento a Luis Alberto Quijano, testigo que declaró en la megacausa La Perla contra su propio padre, el emblemático represor Luis Alberto Cayetano Quijano. Ocurre que los directores no ofrecen un retrato cómodo de su personaje, sino que eligen exponer las complejidades y contradicciones que alberga alguien criado desde su infancia bajo una ideología fascista y reaccionaria, lo que despertó susceptibilidades en el público de la feliz.

Así las cosas, más allá del palmarés final, el balance del cine local también fue positivo, pues mostró a directores jóvenes con nuevas ambiciones en sus segundas o primeras películas. En este sentido, hay que destacar el debut en largometraje de Restelli, que se llevó el premio de Argentores al Mejor Guión junto a Pablo Cruceño por “Construcciones”, película que también mereció una mención especial de la Asociación de Directores de Cine PCI.

El Festival de Mar del Plata ratificó la altura que lo caracteriza. Más de 130.000 espectadores confirmaron la pertinencia social del encuentro, su relevancia política y cultural para una comunidad de amantes que trasciende generaciones y disciplinas. La presencia de figuras internacionales y más de 20 críticos de todo el mundo confirmaron además su funcionamiento como vidriera internacional para el país. Aún así, en la ciudad feliz persistía una sensación de riesgo ante el horizonte de incertidumbre que enfrenta Argentina en la gestión Cambiemos, algo que obliga a redoblar esfuerzos en la defensa de una experiencia que constituye un capital colectivo invalorable.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 20 noviembre, 2018 at 13:51  Dejar un comentario  

Festival de Mar del Plata 2018

Vidas múltiples, con las mismas batallas

“A portuguesa”

 

La Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata ofrece una gran diversidad de películas con una alta calidad artística

El 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ya superó la mitad de su trayecto, por lo que basta haber seguido alguna de sus competencias para empezar a anticipar conclusiones. La diversidad es la marca de la sección Internacional, donde la variedad estética, temática y cultural es directamente proporcional a la calidad promedio de las películas. Alguien podría argumentar que no hubo ninguna obra maestra hasta el momento en esta competencia, menuda exigencia por cierto, pero también debería admitir que la mayoría de las películas proyectadas ostentan una exploración singular y rigurosa de las posibilidades estéticas y políticas del cine; sea para remontarnos hasta el Medioevo para mostrar la vida de una joven sometida a las reglas de la monarquía italiana (“A portuguesa”); sea para narrar el dulce primer amor de una adolescente en la inmensas y solitarias montañas del Líbano (“Yara”); sea para atestiguar la batalla de una persona trans por imponerse en el mundo de la lucha libre en México (“Cassandro el Exótico!”); entre varias otras posibilidades.

Cada uno de estos filmes hace gala de una voluntad por buscar el mejor modo de expresión estético y sonoro para las experiencias de vida que intentan captar, algo que en otros tiempos sería identificado como la marca de un autor.

La película de la directora lusitana Rita Azevedo Gomes es quizás la que va más a fondo en la exploración de las posibilidades plásticas de la imagen, como demuestran los planos generales que dominan su narración, que según el catálogo del festival remitena cuadros de pintores como Jan van Eyck y Diego Velázquez en su composición. Tal el nivel de sofisticación de la puesta en escena de “A portuguesa”, acaso sólo comparable a la obra de leyendas como el chileno Raúl Ruiz o el también portugués Manuel de Oliveira, algo que además resulta absolutamente coherente con la historia que narra.

Inspirada en un cuento del célebre escritor alemán Robert Musil, la película aborda un universo netamente femenino: su protagonista es una joven desposada por un noble italiano, Herren von Ketten, en pleno conflicto con el Episcopado de Trento, con intereses políticos detrás. Pese a una pronta consumación inicial del matrimonio, que la dejará embarazada de su primer hijo, la unión no tardará en convertirse en una experiencia abstracta a partir de los reiterados viajes de Von Ketten a la guerra, una especie de misión divina según afirma el obispo de Trento, quien califica a la paz como una empresa del diablo que siembra la semilla de la corrupción. Con un lirismo estético inigualable, que debe en parte a la fotografía de Acácio de Almeida, Azevedo Gomes se detendrá en la vacua cotidianeidad de esta princesa abandonada (interpretada por Clara Riedenstein), que intentará conjurar la soledad con aficiones artísticas, juegos con sus mascotas, amistades con criadas o los más diversos hobbies, aprendiendo lentamente a dominar sus frustraciones para empezar a hacerse valer gracias a su inteligencia, en un mundo regido por las necesidades y los caprichos de los hombres.

Yara

“Yara”

 

Rodada en el imponente Valle de Qadisha, en el norte de Líbano, “Yara” expone a su vez un tipo análogo de femineidad a pesar de transcurrir en un tiempo tan distinto como nuestro presente. También aquí la guerra ha determinado la existencia de su protagonista, la joven Yara (Michelle Wehbe), una adolescente huérfana que vive junto a su abuela prácticamente aisladas en medio de la montaña, en un pueblo fantasma, desierto por los conflictos armados. Su vida rutinaria y solitaria dará un vuelco radical cuando conozca a Elías, un joven de la ciudad de quien rápidamente se enamorará.

Filmada con un cariño conmovedor por sus personajes, Fahdel construye una historia de amor idílica, acorde a la edad de sus protagonistas, en medio de un paisaje sublime que registra con singular belleza pese a la pobreza de sus medios de producción. Lo que no significa que el director de “Homeland: Irak Año cero” (2015) evite abordar las dificultades propias de esas vidas precarias, desarrolladas en una geografía agreste: hasta se diría que se trata de un documental observacional más bien clásico si no fuera por la frágil historia de amor que narra, pues la mayor parte del metraje se detiene en la captación de las dinámicas cotidianas de la vida de sus protagonistas, que por cierto son personas reales del lugar, que actúan más o menos de sí mismas.

Con el propio Fahdel detrás de todos los rubros técnicos, desde la escritura del guión a la edición, la filmación y la captación del sonido, la película confirma el talento mostrado por el realizador en aquella obra monumental que abordó la última invasión a Irak, aunque con dinámicas opuestas: donde allí había desmesura, cierta limitación estética y ambición sociológica, aquí hay rigurosidad en un minimalismo concentrado en una historia pequeña, personal e íntima. Bastan ver un par de planos de “Yara” para entender que estamos ante un auténtico director, capaz de extraer los colores más hermosos del mundo en un cualquiera de sus planos.

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“Cassandro el exótico!”

Si estas películas reivindicaban un modelo de femineidad en lucha pero sin resignar ternura y amor, ¿qué decir de “Cassandro The Exotic!”, de la francesa Marie Losier? Su protagonista podría ser el más inverosímil estereotipo de la cultura trans pero se trata de una persona real, singular como pocas, que una vez más tiene la valentía de abrirse a los otros en esta película, a la que por las dudas la acompañaen las proyecciones marplatenses. Nacido en El Paso, Texas, Cassandro es un luchador por definición: no sólo porque se mide de igual a igual con hombres que le doblan en estatura, ferocidad y músculos en los populares rings de lucha libre de México, sino porque dedicó su vida a imponerse en este deporte desde su propia identidad de género como persona trans. Armado de ajustados trajes plenos de glamour y brillantina, con un maquillaje que cualquier diva envidiaría, el pequeño Cassandro (mide 1,60 metros) causó una verdadera revolución en la lucha libre mexicana en los años 80, donde comenzó a construir una carrera de 27 años que le dejó varios títulos nacionales, una alta celebridad popular y más de un hueso, músculo y tendón roto.

Para narrar su historia, Losier apela a una mixtura de registros tan singular como su propio protagonista, que va desde videos de sus mejores batallas a charlas íntimas por skype o en la intimidad de su hogar, donde Cassandro confiesa el duro pasado que lo precede, que incluye abusos de todo tipo desde la infancia. Nadie que vea la película podrá volver a pensar en la homosexualidad o la cultura queer como signos de debilidad, y no solo por la audacia y las increíbles acrobacias ejecutadas por Cassandro en sus mejores épocas como luchador, sino por la monumental honestidad de una persona que finalmente se revela tan humana, vulnerable, valiente y necesitada de amor como cualquiera de nosotros.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 20 noviembre, 2018 at 13:42  Dejar un comentario  

Festival de Mar del Plata 2018

La maternidad como mandato

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Julia y el zorro

Inés María Barrionuevo habla de “Julia y el zorro”, película que estrenó en el 33 Festival Internacional de Mar del Plata

 

Por Martín Iparraguirre

 

“Una mujer, un zorro y una pregunta: ¿debe una madre querer a su hija?”, sintetiza Inés María Barrionuevo en el catálogo del 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. La urticante referencia pertenece a “Julia y el zorro”, nueva película de la directora cordobesa que el domingo se estrenó en la Competencia Argentina del encuentro, cuyo eje central no es otro que una voluntad férrea por cuestionar los mandatos sociales impuestos a las mujeres respecto a los modelos de familia, femineidad y maternidad.

En su segundo largometraje, Barrionuevo va en realidad a fondo contra una institución tabú en nuestras sociedades como es la maternidad, deconstruida aquí como impertativo colectivo. No eligió el camino más fácil para hacerlo, pues la historia de su película se estructura alrededor de una reconstrucción personal que debe enfrentar una reconocida  actriz junto a su hija, aún niña, tras el fallecimiento de su marido. Sin embargo, lo mejor “Julia y el zorro” para por la estilización de la puesta en escena, que exhibe una notoria evolución en la mirada de la directora de “Atlántida” (2014): la construcción interna de los planos, dominada por una composición expresionista de escenarios, vestuarios y personajes a través de una paleta cromática que va entre los verdes y amarillos, elevan a la película a un rango de preciosismo estético con pocos antecedentes en el cine local. Casi todos los planos de “Julia y el zorro” parecen pinturas renacentistas y el mérito se comparte con Ezequiel Salinas (no por casualidad, reconocido admirador del director portugués Pedro Costa), quien realizó un trabajo notable desde la fotografía en la manipulación de luces, colores y sombras.

Julia (Umbra Colombo) y su hija Emma (Victoria Castelo Arzubialde) llegan a una vieja casona familiar en las sierras de Córdoba, que encuentran abandonada, sucia y vandalizada. Las primeras escenas muestran a sus protagonistas como fantasmas, con la bella imposición de la luz y el polvo del aire sobre sus cuerpos: efectivamente están atravesando un duelo por la muerte del padre de la niña aunque de fondo se mueven estructuras mucho más profundas en ambas. Lo que ha caído es un modelo familiar, una identidad personal que las enfrenta al vacío del sinsentido y sobre todo un mandato para Julia, quien a lo largo de la película deberá encarar el desafío de reconstruirse como mujer, aunque el proceso implique tomar decisiones radicales.

“Me interesan los vínculos familiares porque son muy extraños a pesar de que nos constituyan a todos desde una matriz patriarcal. Pasa que no son vínculos elegidos: uno no elige a los padres, no elige a los hermanos, no elige ser hijo o hija. Y eso me parece una cosa muy particular que vivimos todos los días sin tomar conciencia de que no necesariamente tiene que ser así (…) Lo que intento pensar es la familia más allá de quiénes la compongan”, cuenta la propia directora, y asegura que esta reflexión “fue uno de los puntos de partida de la película: si una mujer por ser madre tiene que ser madre, tiene que cumplir ese rol o tiene que querer a su hija o hijo”.

Umbra Colombo 03 Baja

La bella Umbra Colombo en la piel de Julia.

¿Qué parámetros te pusiste para filmar algo tan sensible como este sentimiento de rechazo a la maternidad?

Inés María Barrionuevo (IMB): Fue loco porque en el guion eso estaba mucho más marcado. En realidad, los guiones necesitan ser más explícitos en ese sentido para que en la lectura se entiendan sus intenciones. Pero después, con la devolución de las actrices, suavicé un montón esa cuestión, incluso con muchas cosas que saqué en el montaje porque hacía falta muy poco para generar esa distancia entre los personajes. Ya me lo daba el vínculo entre ellas de forma más intuitiva,  y de hecho la película terminó siendo más triste que el guion porque no hacía falta que enfatizara que ella no pude con ese vínculo. No es que no quiera, simplemente no puede. A mí me interesaba partir de la idea de una mujer quebrada por la ruptura de un modelo de maternidad, un modelo de femineidad, de lo que se espera de una mujer siendo madre. De alguna manera, ella vive el mismo proceso de deconstrucción como mujer que yo también me encuentro viviendo, es una búsqueda de identidad.

 

Hay un trabajo notable con la construcción estética desde la fotografía, que le da un aire anacrónico a la película muy interesante, ¿cuál fue la búsqueda en este sentido?

IMB: La puesta en escena se fue radicalizando ya que en un principio la película no era así. Creo que en mi proceso de búsqueda de referencias para filmar, la fui volviendo más austera en cuanto a planos, que son pocos, y cuando Ezequiel Salinas se sumó al trabajo desde la foto, se radicalizaron ciertas búsquedas porque es un tipo muy sensible. Buscamos recrear, desde el arte, una estética de naturaleza muerta, construir una casa que habla, muy oscura pero con una foto fría y cálida a la vez. Yo tenía como referencias a muchas películas de Pedro Costa y fuimos por ese lado. En cuanto a los personajes, hay esta cosa muy argentina de mezcla de razas, porque Julia remite a nuestros pasados europeos, con ese estilo a lo Gena Rowlands que tiene (otra de las referencias fue John Cassavetes), pero también está ese lugar absolutamente latinoamericano que nos constituye. A la vez, la casona remite a todo un pasado glorioso derruido, un mundo que quedó anclado en otra época porque yo quería retratar eso: un mundo de antaño que quedó trunco, una mirada melancólica.

 

Hay también un muy buen trabajo con el sonido…

IMB: Queríamos que la casa hablase, por eso el sonido está lleno de chirridos, puertas que se golpean, vientos, cosas que se te meten de forma inconsciente, y que paulatinamente se van apagando a medida que avanza la película. Trabajamos mucho con Atilio Sánchez sobre estos conceptos que platee y él los potenció diez mil veces. Trabajamos sobre un concepto de la infancia que yo tenía que me remitía a una caja musical: un día llegué a la casona y todos los vidrios estaban vibrando y haciendo ruidos. Sucedía que los chicos se habían encerrado en un cuarto y habían puesto unas diez cajas de sonido que hacían vibrar al máximo, amplificándolas, para que el sonido rebotara en toda la casa. Todo eso fue grabado y Atilio lo puso en toda la película.

Published in: on 20 noviembre, 2018 at 13:31  Dejar un comentario  

Festival de Mar del Plata 2018

Cuando los sueños se cruzan con la realidad

Cecilia y Jean paul

Cecilia Barrionuevo y Jean Pierre Léaud, el gran visitante del festival

La 33 edición del Festival Internacional de Mar del Plata comenzó con el estreno de “Sueño Florianópolis”, de Ana Katz

La ceremonia de apertura del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata sintetizó en pocos minutos los paradójicos sentimientos que despierta su 33 edición. La abulia e indiferencia que suelen envolver a estos actos generalmente burocráticos se disipó instantáneamente cuando el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, subió al escenario del concurrido Auditorio Astor Piazzolla: una avalancha de silbidos y abucheos ganó entonces a su hermosa arquitectura, cuya estética moderna sigue manteniendo una dignidad fuera del tiempo. No es que las reprimendas públicas en este tipo de actos sea una novedad, sino que Abelluto hizo algo insólito para la situación que vivía y para el manual básico de comunicación duranbarbista, pues se puso a discutir con los presentes para intentar convencerlos de las bondades de su gestión. “Este año tendremos récord de rodajes”, dijo sin más datos ni fuentes al iniciar una enumeración de logros ante público mayormente hostil, principal afectado por las políticas del instituto nacional de cine que su gestión modificó, lo que por supuesto no hizo más que empeorar la situación.

Todo cambió cuando subieron los responsables y protagonistas directos del festival, que recibieron aplausos unánimes y ofrecieron discursos acordes a la coyuntura que vivimos. Particularmente precisa fue su directora artística, Cecilia Barrionuevo, quien en primer terminó clarificó la tarea de los programadores como un compromiso por resguardar “la libertad de los cineastas”, luego destacó el espacio abierto a las mujeres en la nueva edición (con el primer foco sobre Cine y Perspectiva de Género, que culminó ayer) y terminó con una clara definición estética y política del festival, al asegurar que “abogamos por un cine comprometido con la búsqueda de escenarios más igualitarios”. Conclusión: a nadie en la ciudad feliz se le ocurrió identificar al festival con la gestión de Cambiemos, más bien al contrario, como expuso la actriz Mercedes Morán (que en la ceremonia recibió un galardón a su trayectoria), quien confesó sentir alegría de estar allí porque temía por la propia realización del festival ante las políticas de ajuste encaradas por el Gobierno. La secuencia resume un sentimiento general, acaso transversal a las divisiones políticas: la alegría de estar ante un evento histórico, convertido en política de Estado por su propia trascendencia, pero que insólitamente se siente hoy en riesgo ante las turbulencias que vive la economía argentina.

Sueño Florianópolis

Sueño Florianópolis

Minutos después, el festival comenzó a desplegar imágenes que remiten a otras épocas del país donde los sueños de entrada al primer mundo de la clase media argentina parecían a la vuelta de la esquina, aunque la realidad fuera muy distinta. Esa dicotomía entre las fantasías de ascenso de una clase social y la cruda realidad, vista desde el presente, sobrevuela como fondo a “Sueño Florianópolis”, película de apertura de Ana Katz, que sabe recrear con singular inteligencia el imaginario social de esos primeros años de la década del ´90 para montar, desde allí, sus operaciones cómicas. Fantasías de crecimiento social pero también de recomposición de la pareja formada por Morán y Gustavo Garzón, que pese a estar en un proceso de separación, parten hacia la emblemática isla brasileña junto a sus hijos adolescentes, con la ilusión de recrear un viaje del pasado y acaso reencontrarse con sus mejores tiempos.

Bastarán unos instantes para intuir que nada saldrá como sueñan, empezando por la precariedad de su situación, que dispensará los primeros momentos de humor en el choque con las dificultades del idioma o de un viaje organizado con pocos medios económicos. Katz ratifica aquí su timing para la comedia, algo nada sencillo en el cine argentino, aunque lo que parecía una clásica “comedia de rematrimonio” (género que narra las peripecias que vive una pareja en crisis en el proceso de reencuentro y reenamoramiento), irá virando sutilmente con el correr de los minutos hacia un drama adulto, que trabaja con sabiduría las complejidades del deseo y las necesidades femeninas cuando se ha superado la mediana edad. “Sueño Florianópolis” fue una buena elección de apertura porque se trata de un cine popular pero con capacidad de trabajar las complejidades del mundo adulto, en relación a un contexto histórico y político preciso que le da sentido a su trama y la abre a nuevas lecturas.

Chuva

Chuva é Cantoria na Aldeia dos Mortos

Pero el festival apenas empezó a desplegar las maravillas que tiene para mostrar. Ayer comenzaron a rodar las distintas competencias, empezando por la Internacional con la brasileña “Chuva é Cantoria na Aldeia dos Mortos”, de João Salaviza y Renée Nader Messora, un estilizado acercamiento a una cosmovisión del mundo radicalmente diferente a la nuestra. El filme recrea la experiencia vital de Ihjac, un joven indígena que vive con su comunidad en el norte selvático de Brasil, pero que debe enfrentar el llamado de la adultez: una serie de malestares sugieren que se está convirtiendo en chamán, algo que él rechaza. Ese llamado del destino será el centro narrativo y filosófico del filme, pues a partir de allí mostrará la singular experiencia del mundo que se desprende de una cosmovisión animista, donde la tierra está poblada de espíritus y entidades desconocidas e invisible que inciden sobre la vida de sus habitantes físicos. El modo y el respeto con que los directores captan la evidencia física de esas dimensiones trascendentales del mundo es una de las tantas bellezas que justifican la existencia de Mar del Plata, donde el cine alcanza su mejor y más sublime expresión.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 12 noviembre, 2018 at 1:19  Dejar un comentario  

Festival de Mar del Plata 2018

Días de ilusión en medio de la tormenta

Ceci

Cecilia Barrionuevo

La 33 edición del Festival Internacional de Mar del Plata comienza con la promesa de un programa impecable a pesar de los ajustes presupuestarios

El evento más importante de la cinefilia latinoamericana no escapará a la coyuntura argentina, pero aún con recortes de última hora el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata sigue siendo un oasis en el desierto de las políticas cinematográficas emanadas desde el Ejecutivo nacional. El mérito pertenece exclusivamente al equipo de programadores y trabajadores llanos del festival, que esta vez tienen a uno de los suyos al frente de la dirección artística: la cordobesa Cecilia Barrionuevo reemplazó a principios de año al estadounidense Peter Scarlet en el puesto, tras una efímera gestión que sólo pareció servir para consolidar un ajuste dramático en el presupuesto.

El resultado puede parecer paradójico, pero la reducción de tres días en la duración del encuentro (matizado por la encomiable adición del domingo 18 para la proyección de las películas ganadoras de forma gratuita) no hará mella en una edición que promete honrar sobradamente el perfil construido en la última década del festival, que elevó su calidad y diversidad hasta reposicionarlo en el circuito mundial como uno de los más interesantes del año. Nuevamente, lo mejor de la temporada cinematográfica mundial, regional y local estará presente en una ciudad que pocas veces como en estos días merece el adjetivo que las estrategias de venta publicitaria la suelen endilgar.

Formada en el equipo que supo revitalizar al único encuentro de cine “clase A” de América Latina mediante una apuesta innegociable por la calidad, heterogeneidad y el riesgo en la programación de sus distintas secciones, Barrionuevo promete inaugurar una nueva etapa en el festival, como coinciden todos los especialistas. No sólo por ser la primera mujer que lo dirige en sus 33 años de existencia, sino porque a su trabajo denodado –que la lleva a involucrarse hasta en los detalles más pequeños del encuentro, como pueden atestiguar los periodistas–suma una precisión y lucidez en su mirada que no pasarán desapercibidas para nadie que asista regularmente al festival. Dos botones bastan como muestra: la sección que era enteramente suya, “Estados Alterados”, pasará a integrar este año las competencias del encuentro. El cine más arriesgado y desafiante del mundo en todos sus formatos (porque pone a competir en igualdad de condiciones a largos y cortometrajes), tendrá finalmente un reconocimiento simbólico y material a la altura de los máximos premios marplatenses. También habrá, por primera vez en la historia, un foco sobre Cine y Perspectiva de Género, un espacio para debatir en torno a las desigualdades que aquejan a las mujeres en todo el sector cinematográfico, con la participación de actrices, directoras y productoras, lo que muestra una voluntad por incluir e intervenir en las discusiones candentes del presente argentino.

What You Gonna Do When the World_s on Fire

What You Gonna Do When the Worlds on Fire?

 

Son apenas dos ejemplos de las novedades que traerá la dirección de Barrionuevo, quien en la presentación del festival anticipó “una edición diferente, más audaz en cuanto a la programación”. Seguramente, su marca más relevante se verá entonces en la calidad general de un programa que reúne a 227 películas de 51 países en siete competencias y un sinfín de secciones paralelas, difícil de sintetizar en pocas líneas. Por el momento, vale anotar algunos nombres rutilantes de la Competencia Internacional, que mostrará las nuevas obras de la portuguesa Rita Azevedo Gomes (“A Portuguesa”), el español Isaki Lacuesta (“Entre dos aguas”), el inglés Peter Strickland (“In Fabric”), el iraquí Abbas Fadel(“Yara”), o el italiano Roberto Minervini (“What You Gonna Do When the World’s on Fire?”), entre otras promesas que incluyen también a los argentinos Alejandro Fadel (“Muere, monstruo, muere”) e Iván Fund (“Vendrán lluvias suaves”). La lista ofrece motivos de sobra para ilusionarse, aunque las otras secciones competitivas no le van en saga a partir de una presencia argentina importante con directores como Gastón Solnicki (“Introduzione all’oscuro”), Ezequiel Acuña (“La migración), Carlos Echeverría (“Chubut, libertad y tierra”), o Martín Farina (“El lugar de la desaparición”), entre varios otros;  realizadores en sus obras previas han sabido mostrar una mirada singular con estéticas y obsesiones propias, lo que se dice una idea personal del cine.

Presencia cordobesa

Párrafo aparte merece la presencia cordobesa en las secciones competitivas, que parece una selección en sí misma de las promesas surgidas en los últimos años en nuestro suelo. La Competencia Nacional mostrará lo nuevo de Inés María Barrionuevo(“Julia y el zorro”), Fernando Martín Restelli (“Construcciones”), Germán Scelso y Federico Robles (“El hijo del cazador”), mientras que en la Latinoamericana estará la chilena Teresa Arredondo (“Las cruces”), formada en nuestra ciudad, y en la sección nacional de cortometrajes la notable María Aparicio (“Hombre bajo la lluvia”). Acaso nunca hubo una presencia local tan promisoria por su envergadura en el Festival de Mar del Plata, lo que brinda suficientes ilusiones para prensar en la obtención de algún premio.

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Julia y el zorro

Una selección mundial

Ya fuera de las competencias, otras secciones honrarán la tradición marplatense de reunir los nuevos trabajos de los grandes autores contemporáneos, sean reconocidos o promesas nóveles. Precisamente, una marca identitaria del festival ha sido su capacidad para reunir las nuevas promesas con los nombres consagrados: en la sección “Autores” se verán así las nuevas películas de los chinos Wang Bing (“Dead Souls”) y Jia Zhang-ke (“Ash Is Purest White”), el rumano Corneliu Porumboiu (“Infinite Football”), el norteamericano Frederick Wiseman (“Monrovia, Indiana”), el español Albert Serra (“Roi Soleil”), el taiwanés Tsai Ming-liang (“Your Face”), los coreanos Lee Chang-dong (la excepcional “Burning”) y Hong Sang-soo (“Hotel by the River”), o los franceses Olivier Assayas (“Doublesvies”) y Bruno Dumont(“Coin coin et les z’inhumains”).

La lista podría seguir de forma casi interminable pero hay que dejar unas líneas para las retrospectivas, homenajes y restauraciones, acaso donde el festival asienta con mayor fuerza su posición respecto al cine que promueve y defiende. Se destaca en este sentido la retrospectiva del cineasta alemán Wolfgang Staudte, poco conocido para nosotros, curada además por el crítico Olaf Möller; aunque también se verá un programa sobre la ucraniana Maya Deren y otro sobre la colombiana Laura Huertas Millán, que integra el jurado de la Competencia Estados Alterados.

Otra particularidad de esta edición estará en la elección de Francia como país invitado de honor, acaso una declaración de principios silenciosa por parte de la nueva dirección, que pese a la escases de fondos permitirá contar con la presencia de verdaderas leyendas del cine mundial como el actor Jean Pierre Léaud o el director Léos Carax, que presentarán títulos clásicos de sus filmografías. También, a cien años de su nacimiento, celebrará la obra de Ingmar Bergman con una selección de sus películas y una muestra en el Museo Castagnino. Mientras que las restauraciones prometen sacudir el tablero, con la proyección de obras inmensas como “A ilha dos amores” (Portugal, 1982), de Paulo Rocha, o “Funeral Parade of Roses” (Japón, 1969), de Toshio Matsumoto.

Quienes asistan a la “ciudad feliz” podrán también presenciar eventos únicos como la master class de Lucrecia Martel sobre su particular forma de construcción del tiempo y el espacio en el cine a través del sonido, o la del cuatro veces ganador del Oscar Mark Berger sobre “Cómo escuchar películas”, por no mentar el estreno mundial de “El último malón” (Argentina, 1917), una película muda de Alcides Greca que será musicalizada en vivo. Como se verá, el pulso del cine estará latiendo de nuevo en las salas marplatenses, acaso un derecho colectivo que resiste y se fortalece en la tormenta.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 9 noviembre, 2018 at 22:34  Dejar un comentario  

Entrevista a Diego Gavarrete

Juegos de placer

Diego Gavarrete

Diego Gavarrete

Diego Gavarrete habla de “Zonda, fue el futuro”, la película que estrena este jueves a las 21 en el Centro Cultural Córdoba, con entrada gratuita 

“Desde mi época de estudiante, siempre pensé el error como una bendición, una especie de virtud en el cine”, afirma como al pasar el director Diego Gavarrete, natural de Costa Rica pero formado en la Universidad Nacional de Córdoba, que hoy estrenará su primera película, “Zonda, fue el futuro”, en el Centro Cultural Córdoba (en una única función). La frase, que fuera de contexto podría sonar como un slogan vacío, encierra no sólo una definición del cine que promueve Gavarrete, sino también la clave que diferencia a “Zonda” de toda una corriente dominante en el cine local de los últimos años. Contra la profesionalidad, la pulcritud y el cálculo que saben exhibir las películas cordobesas, “Zonda” se alza como un verdadero salto al vacío, una apuesta por el riesgo y la precariedad que arroja frutos notables: lejos de cualquier tipo de artificialidad -acaso el mal más extendido en el cine local-, la película exuda una vitalidad y un placer por el propio juego con la filmación que la convierte en un necesario viento de aire fresco en el panorama nacional.
Filmada sin recursos, de forma cooperativa con la colaboración de actores y técnicos locales, el filme propone un doble juego con la ficción que se va plegando sobre sí misma hasta volverse indistinguible de la propia realización de la película. Cinco amigos comparten las pesadas tardes norteñas en un verano indefinido de San Juan. Hay una pareja de novios, otra en un juego de seducción y un quinto personaje de perfil incierto. Sin embargo, la voz en off del director rompe tempranamente la ilusión de la diégesis para anticipar lo que ocurrirá en las escenas. Será el inicio de una paulatina contaminación de la ficción por parte del propio equipo realizativo de la película, de suerte que el habitual fuera de campo del cine comenzará a inundarla hasta volverse el centro mismo de la película: en palabras del director, la “imposibilidad de filmar” irá transformando a la obra en otra cosa. “Al final, lo que importa es el mismo proceso de transformación, cómo se empieza a construir algo que se va transformando hasta terminar siendo otra cosa, algo que no esperabas. Filmas una ficción pero la película termina siendo el proceso de esa ficción o el documental de esa ficción”, explica Gavarrete a HOY DÍA CÓRDOBA, quien define a “Zonda” como “una película de errores, muy divertida, que es un primer acercamiento a algo que yo entiendo como cine”.
Ese placer por la experimentación y la improvisación está en el centro de la película y define la naturalidad que ostenta la vida que atrapan sus grandes planos fijos, hermosamente trabajados en blanco y negro por Santiago Sgarlatta (responsable de la fotografía). Hay un goce en el juego colectivo de los protagonistas con la realización del filme que inunda todos los planos y le da una frescura inédita a la película. Por si no quedara claro, al final un texto aclara que fue realizada a partir de escenas improvisadas y construídas con los mismoa actores, aunque el director prefiere pensar que “todos nos vimos transformados por la película, ninguno fue el mismo después de ella”. HDC:

Zonda

¿Cómo es tu reivindicación del “error”?
Diego Gavarrete (DG): Yo les decía a mis compañeros (en la universidad) que a mí no me importaba el error, que era lo que más quería que pasara, que había que tomarlo como algo bueno, como una bendición, porque es algo que sucede espontáneamente y no va a pasar nunca más. Y yo tengo la posibilidad de filmarlo y de mostrarlo. Entonces, siempre estaba tratando de buscar eso: tratar de captar el instante, la frescura de lo que pasa en ese momento. Me acuerdo que muchos se reían de esa idea, era muy graciosa.

¿Cómo nació la película?
DG: La película surgió en un viaje que hice a San Juan en el verano de 2012 con unos amigos para pasar el fin de año. Me acuerdo que yo tenía la concepción de un estudiante: andaba filmando y anotando todo. Comenzaron a pasar cosas con mis amigos que me llamaron la atención, y yo iba anotando todo. Después, al volver, hablé con una amiga (la cineasta María Laura Pintor) y empezamos a armar una película, a pensar en actores y en escenas en base a esas anotaciones. Con esa película fui a muchos lados, desde talent campus a talleres de desarrollo de proyectos, pero cuando empecé a querer filmarla sucedió una cosa curiosa: mientras iba montando escenas aisladas que filmábamos, me comenzaba a llamar la atención todo lo que pasaba detrás de cámara, es decir lo que no estaba ensayado ni tenía nada que ver con la ficción. Empecé a mostrar el material a algunos amigos, y todos me preguntaban por esos momentos donde los actores no estaban interpretando mi guion, sino que estaban interactuando con naturalidad, los momentos previos y posteriores a “actuar”. Finalmente me di cuenta que la película que tenía que filmar no era la ficción que estaba pensando, sino otra cosa. Entonces, junté a los actores y les dije “se acuerdan del guion hermoso que teníamos planeado y estábamos trabajando, bueno: nada de eso vamos a hacer ahora. Nos vamos a juntar y a empezar a ensayar y vamos a filmar todo, de aquí hasta que podamos filmar la película”. Y así empezamos a trabajar: juntaba a todo el equipo técnico con los actores y filmábamos cuatro horas de ensayos, una vez por semana, como en una obra de teatro. De ahí fue que algunos actores se empezaron a meter con la técnica y algunos técnicos se empezaron a meter con la actuación, y empezó a surgir ese juego en donde se mezcló todo. Entonces, me di cuenta que tenía que tomar eso que estaba sucediendo para ver adónde iba la película y seguirla por dónde ella quisiera ir.

¿Cómo fue la construcción propia del filme?
DG: Toda la película empezó a salir en el juego de los ensayos, cuando los técnicos empezaron a invadirlos, ya que yo les daba libertad a todos para que opinaran sobre lo que estaba sucediendo. Empecé a notar que los técnicos empezaban a opinar sobre la actuación y hasta querían meterse en la actuación, mientras que los actores empezaron a tejer relaciones entre ellos. Como esas cosas se iban a desarrollando, yo empecé a incluirlas en la ficción y a crear contrapuntos: de hecho, hay un romance entre una actriz y un técnico que se comenzó a desarrollar en la película y que invade otro romance construido en la propia ficción, y que decidimos incluirlo.
Por otro lado, siempre pensé a la película como una triada: una ficción que es apropiada por el documental (es decir la realización de esa ficción), y al final termina siendo como una ficción de esa realización, es decir una ficción de la ficción.

¿Pero cómo fue el trabajo con la improvisación?
DG: Yo tenía un método que consistía en confundir a los actores, porque a mí me incomoda mucho esa disociación que suele haber entre la persona y el personaje. Camila Murias (actriz) de hecho llegó a decirme en un momento que no sabía quién era, si ella misma o el personaje de ficción que tenía que interpretar. Yo aprovechaba eso porque era lo que buscaba, pero cuando empezaron a entender el juego fue cuando me complicaron a mí, porque ya empezaron a pensarlo y yo quería que sólo actuaran. Es algo muy distinto: una cosa es pensar un rol como personaje, llevarlo al cuerpo y ponerlo ahí, pero la película buscaba todo lo contrario, estar y presenciar el momento, dejarse llevar por lo que pasaba. Cuando ellos empezaron a entender que yo hacía cosas y les ponía trabas para que se equivocaran, tanto los técnicos como los actores, se ubicaban en una zona de confort donde yo ya tenía que ponerme a pensar cómo sacarlos de ese lugar.

Zonda2

Hay una hermosa escena basada en una obra de Shakespeare que sintetiza la propuesta de la película…
DG: Era algo que siempre pasaba con los actores, en los tiempos muertos de las filmaciones, cuando no tenían nada que hacer, se ponían a jugar con los técnicos haciendo como micro escenas de obras que ellos mismos en ese momento estaban estudiando. Yohana Pereyra, por ejemplo, estaba haciendo su tesis sobre el personaje de Ofelia en Hamlet, todo el tiempo lo estaba trayendo a escena, entonces los otros se copaban para improvisar sobre eso con ella. En el momento en que yo vi que lo disfrutaban, que la pasaban bien, dije: “Miren, está este escenario que me encanta, donde no se bien qué hacer, pero quiero que improvisen sobre un texto de Hamlet que habla sobre la muerte, hagan lo que ustedes quieran y tomen a los personajes como a ustedes les parezcan, pero háganlo frente a la cámara”. Y finalmente es la escena más larga de toda la película, filmada en una sola toma, y de hecho parece una escena de teatro.

¿Por qué usaste planos generales fijos?
DG: Yo a los actores les había impuesto la consigna de que filmábamos “uno a uno”, es decir sin retomas: las escenas se filmaban de una sola vez. Entonces, ellos ensayaban todo el tiempo pero a la hora de filmar era una sola escena, que no terminaba hasta que yo dijera “corte”. Tenían que bancársela y continuar la escena como pudieran. Yo creo que de ahí viene la frescura de la película, de que los actores se dejaron llevar en su cuerpo por lo que pasaba. Y como siempre pensé que el actor tenía que improvisar sobre la propia escena, tenía que ir armando el texto como él quisiera, tampoco quería complicarlo con que tuviera que buscar la forma de acomodarse a distintos planos. Entonces, yo disponía un solo plano, con la composición de la imagen que me interesaba, y les daba la libertad y el tiempo para hacer su improvisación. Siempre prioricé el trabajo del actor.

Por último, ¿cuál es tu idea de cine?
DG: Yo concibo al cine como una exploración constante, si yo no investigo y no me siento a indagar sobre algo, la verdad es que no se me hace atractivo, porque eso es lo hermoso que tiene el arte. Por otro lado, en esta película desde el principio quisimos poner al espectador en el lugar en que nosotros íbamos a estar. No queríamos mentirle, queríamos ser sinceros con eso: si vamos a jugar con estos paralelismos entre dos mundos (el de la ficción y la realidad detrás de la ficción), pongámoslo en evidencia aunque de forma paulatina, de ahí la voz en off que va explicando y anticipando las escenas. La idea era hacer partícipes al espectador de lo que estábamos haciendo, eso es lo que me parece más importante.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2018

“Zonda, fue el futuro”, se proyectará hoy a las 21 en una única función extraordinaria en el Centro Cultural Córdoba (Av. Poeta Lugones 401), con entrada libre y gratuita.

 

Published in: on 1 noviembre, 2018 at 2:00  Dejar un comentario  

Entrevista a Hugo Curletto

Imágenes del silencio

Hugo-Curlett

Hugo Curletto

Hugo Curletto habla de “La casa del eco”, su primera película estrenada en las salas comerciales de la ciudad

El debut cinematográfico de Hugo Curletto no carece de ambiciones: en “La casa del eco”, largometraje que ya puede disfrutarse en las salas comerciales de nuestra ciudad (se estrenó en los cines Showcase, Hoyts y Dinosaurio), el director cordobés intenta una compleja amalgama entre sueño y vigilia, mezclando las fantasías calladas de su protagonista con la fría realidad de su matrimonio hasta volverlos indiscernibles, con el objetivo de explorar las complejidades de una relación dominada por los silencios, tan fragmentada como el propio relato de la película. No se trata de una estructura narrativa sencilla, como atestiguan los vaivenes del guión, pero tiene la nobleza de intentar “dejar abiertas las posibilidades de interpretación del espectador”, según reveló el propio Curletto en un diálogo para el diario HOY DÍA CÓRDOBA.

Con un notable trabajo en los rubros técnicos, el filme sigue el derrotero de Alejo (Gerardo Otero),un arquitecto que al inicio del filme es diagnosticado con un particular transtorno del sueño y recibe un inusual regalo de su padre: unas tierras situadas en medio de las sierras, que el protagonista irá a descubrir junto a su mujer (la bella Guadalupe Docampo), en una travesía que pasará por distintos tonos (por momentos, se transforma en un thriller) para derivar en un viaje de autodescubrimiento.

¿Qué es lo que te interesaba contar en el filme?

Hugo Curletto (HC): “La casa del eco” surge a partir de un lugar, mejor dicho, de la probable existencia de un lugar. En mi casa escuchaba hablar de un lote en los pinares de Alpacorral, que a mi padre le habían entregado como parte de pago tras desvincularse de una sociedad. Por alguna razón, mi viejo nunca creyó que ese lugar existiera, o nunca intentó averiguar de qué se trataba. Solo sabíamos que no había forma de llegar de manera convencional. Esa incógnita siempre ha resonado en mi cabeza. Tal vez por curiosidad, tal vez por el anhelo de aventura, la película se me presentó como una posibilidad de narrar ese hipotético viaje, y a través de él, hablar de los vínculos que uno construye, y de cómo lo familiar puede volverse extraño. Esa era mi inquietud: un nombre, un lugar, un amor. Todo, desde cierta perspectiva, puede volverse extrañamente amenazador.

La casa del eco

La casa del eco

La película plantea una historia fragmentada, ¿por qué decidiste ese formato narrativo?

HC: Me sedujo la posibilidad de adoptar un formato que en alguna medida se puede parecer a cómo funciona el dispositivo de los sueños. La arbitrariedad con que la mente utiliza a veces detalles en apariencia insignificantes, y reconstruye a partir de ellos un mundo diferente. “La casa del eco” es una película narrada a partir de esos detalles, que funcionan como sedimentos que se arrastran y emergen para resignificar lo que le ocurre a Alejo. La característica del relato fragmentado me permitía jugar con la idea de que no importa en definitiva cuál es el sueño y cuál es la realidad. Nunca tuve la intención de separar una cosa de la otra, después de todo son las dos caras de una misma historia. A veces suceden cosas que corren un velo, y lo cotidiano puede volverse extraño, y viceversa.

Hay un trabajo clave con la ambigüedad en la relación de los protagonistas, ¿cómo construiste ese vínculo?

HC: Creo que esa ambigüedad por un lado es funcional al tono del relato que me interesaba construir. Pero a la vez pienso que el amor, alejado de una visión romántica, y más cercano a una idea dialéctica en donde ambas partes buscan un punto de encuentro, es también ambiguo. El amor por naturaleza es ambiguo: no puede ser sólo una cosa, nunca alcanza, pero a veces desborda. Alejo y Ana transitan ese estado en el que uno siente que ama profundamente a una persona, pero en un mismo movimiento puede destruirla. Sentí que tenía de alguna manera que intentar estallar el sentido, abrirlo para que queden al descubierto los huecos. Un dispositivo que intentamos abordar en cada escena con todo el equipo. Desde la fotografía, con Sebastián Ferrero, desde las propuestas con la banda construida por Hernán Conen, Santiago Rozadas y la música de Tomates asesinos, hasta el trabajo de arte propuesto por Lorena Striker y el montaje, donde junto a Martín Sappia trabajamos para buscar que la percepción del tiempo interno de la historia, estuviera también levemente corrido de lo que podríamos entender como una representación convencional.

La película trabaja con distintos géneros, ¿por qué la construíste de esta manera?

HC: Existe una indefinición. Existe en el planteo la intención de trabajar con lo difuso. Justamente esta intención comulga con la idea de no clausurar el sentido, y dejar abiertas posibilidades de interpretación al espectador. Alejo vive una crisis, que creo que va un poco más allá del conflicto con Ana. De algún modo, esta crisis de pareja es quizás consecuencia de un conflicto mucho más profundo e indefinido, que tiene que ver con algo del orden de lo existencial. En esa angustia que padece, expresada de manera lúdica con un trastorno irreal o fantástico, aparece lo inasible, lo que no tiene nombre. Esa indefinición, o zona difusa, acompaña a Alejo durante todo el relato, y enrarece su percepción de las cosas, convirtiéndose en una característica de la diégesis.

A diferencia del cine cordobés de los últimos años, las sierras funcionan aquí como un espacio de incertidumbre, amenaza y peligro… ¿por qué decidiste trabajarlas con esas características?

HC: Creo que tiene que ver con lo mismo que te decía anteriormente. Las sierras son ese lugar que aparece como lo desconocido, ante lo conocido para Alejo que es en apariencia la ciudad, su familia, su trabajo, su mujer, y esa hija que parece salida de un cuento. La naturaleza se muestra así como un entorno hostil en la percepción de Alejo. Lo inaccesible, lo que nos .mantiene alerta. De alguna manera, Pedro (baqueano del lugar) es la encarnación de esa amenaza. Pero no de una manera concreta. Vivimos en un mundo donde el otro, lo distinto, lo que no se parece a nosotros, representa una amenaza latente. Aparece entonces ese miedo infundado de Alejo, la paranoia. Pero en oposición a ese estado, no reina ni la tranquilidad, ni la felicidad. En ese limbo de lo que se sugiere como cotidiano, Alejo reinventa su vida con la incertidumbre de lo real, y construye ese refugio, que es La casa del eco.

La casa del eco

La casa del eco

Hay un trabajo notable con el sonido de las sierras para construirlas de esa manera, ¿cómo lo hicieron?

HC: Si, la reconstrucción de los ambientes en ese sentido fue un gran trabajo con Hernán Conen que comenzó con el registro in situ, de sonidos que sentí que podían jugar un rol potente en la narración, hasta el trabajo minucioso del foley y la mezcla en NeneDB estudios,  donde encontramos la forma de que esos sonidos cobraran valor expresivo. Estando en la montaña, en esos bosques de pinos, descubrí que estos árboles hacían un sonido parecido al de las puertas cuando se abren en las películas de terror. Supe que ese sonido jugaría en el relato de manera dramática. O al decidir por ejemplo que el bosque de pinos, a diferencia del resto de escenarios naturales, carezcan de vida, y se conviertan en un paisaje más inerte.

Me parece interesante el personaje de Ana y la forma distinta de femineidad que plantea, ¿qué buscaste contar con este personaje?

HC: Ana es un personaje fuerte. A diferencia de Alejo, sabe muy bien lo que quiere. Y me resultó necesario poner en boca de este personaje algo en lo que creo. Tal vez sea la bajada más evidente, pero sentí que ante el conflicto de la paternidad, no podía dejar de expresar mi visión sobre el mandato social de la maternidad. La idea que opone Ana al deseo de Alejo, es claramente una posición ante la visión tradicional de un patriarcado que sigue decidiendo sobre el cuerpo de la mujer y lo que representa.

Por último, en el contexto económico en que vivimos, me gustaría preguntarte sobre el modo de financiamiento de tu película

HC: Tengo mucho temor por el contexto en el que se desenvuelve el Incaa. La casa del eco tuvo innumerables problemas financieros, algunos ligados a la situación puntual de una ópera prima en donde todo cuesta el doble, y el apoyo familiar y de allegados es indispensable, otros ligados a la situación coyuntural de la producción nacional. Tengo una visión bastante escéptica del estado de cosas. El cine no escapará a determinadas políticas de ajuste, o a determinadas miradas exclusivas que apuntan a privilegiar un cine que ya viene con recursos, por sobre un cine que los necesita para desarrollarse. En ese sentido, siento temor. Ojalá me equivoque, y el Incaa siga siendo un organismo destinado a asegurar la multiplicidad de miradas, que tanto y tan bien nos representan en el mundo. La mirada se construye, el gusto se educa: Si dejamos que un relato se instale como monopolio simplemente porque nos da rédito, habremos perdido la chance de imaginar otros mundos posibles y eso es desesperanzador.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 24 octubre, 2018 at 23:32  Dejar un comentario  

La fiesta del terror

Entrevista a Valentina Lellin, quien habla del Festival  de Cine de Terror y Fantástico que se desarrolla en Córdoba

Cine terror3

Un grupo de estudiantes de cine lleva a cabo, a pura fuerza de trabajo apasionado, un festival que reúne a una pequeña comunidad en torno a su objeto de amor. La historia es tan antigua como el cine mismo, aunque pocas veces esa iniciativa alcanza las dimensiones del Festival de Cine de Terror y Fantástico de Córdoba, cuya cuarta edición se desarrolló esta semana (hoy llega a su fin, ver en http://terrorcordoba.com.ar/) en tres sedes distintas: el Centro Cultural Córdoba, los Cines Gran Rex y el Cineclub Municipal.
En su cuarto año consecutivo, el festival ha alcanzado un crecimiento interesante, con asistencia masiva a funciones en medio de la semana y un programa de cortos y largometrajes voluminoso, que reúne a grandes películas de género del año argentino, además de trabajos de toda la región. Este año, por ejemplo, se exhiben 50 cortometrajes de terror preseleccionados entre 400 -un jurado elegirá al ganador-, mientras que también pasan largometrajes nacionales renombrados como “Diablo”, de Nicanor Loreti, “Trauma”, de Lucio Rojas, o “Aterrados”, de Demian Rugna. Hay además una multiplicidad de actividades paralelas (con cursos y talleres dictados por especialistas) y secciones curiosas como la competencia “Terror en 13 segundos”, que invita a los participantes a armar una microescena en esa fracción de tiempo.
“Buscamos romper el prejuicio de que el terror es sólo zombies o vampiros, una idea absolutamente equivocada porque el terror es muchas cosas: está en el día a día con nosotros, entonces hay mucho que contar al respecto. El festival es internacional con el objetivo de acercar a los cordobeses, nuestro público, otro cine de lugares que por ahí tienen más desarrollo en estas producciones. Pero el objetivo es desmontar los prejuicios sobre este tipo de cine y formar un público al respecto”, explica la joven Valentina Lellin, egresada del Departamento de Cine y TV de la Facultad de Artes de la UNC y directora del festival, quien sostiene que “creemos que es un espacio muy necesario para Córdoba, que es una de las ciudades con más estudiantes de cine de Latinoamérica, porque no se conoce lo que se produce” en el género.

¿Cómo estás viendo la edición 2018?
Valentina Lellin (VL): Considero que el festival tiene un crecimiento notable este año, en cuanto a cantidad de público estamos sorprendidos porque las funciones tienen 100 espectadores en días donde no esperamos esa repercusión. La gente nos apoya mucho también desde las redes sociales, donde comparten la programación, algo que es muy bienvenido porque fue un año duro a nivel económico y social. Teníamos un poco de miedo por este contexto pero hemos encontrado una muy buena respuesta del público. El festival está en una etapa de maduración, porque vamos asentando varias cosas y el año que viene seguirá creciendo. Esperamos que en el cierre del festival, que es hoy, se acerquen muchos más cordobeses porque tenemos la sección de cortos de terror locales y el “Terror en 13”.

Contanos un poco el nacimiento del festival
VL: El festival nació de un proyecto de investigación que iniciamos en la Universidad Nacional de Córdoba, donde teníamos este interés que traíamos en la carrera por el cine de terror. Con el grupo nos encontramos por esta pasión común: nos gustaba hacer cortos con sangre o cortos de suspenso. Pero también nos preguntamos si en Córdoba había cine de género y no encontramos nada: entonces comenzamos a preguntarnos cómo llegar a esos realizadores cuyos trabajos se suelen perder en una cátedra o en una materia. Así, junto a Francisco Correa Lagos y Gastón Vergara González (los otros fundadores) comenzamos a investigar el tema y a buscar alternativas: conocimos un festival del género en Chile y nos contactamos con sus productores para informarnos. Finalmente, lanzamos una convocatoria a través de las redes y ahí nomás comenzó a crecer el proyecto, con gente que se sumó inmediatamente, y sobre todo con la cantidad de cortos que comenzaron a llegar, de muy buena calidad, incluso de otros países. Conseguimos la sala del Centro Cultural Córdoba, que estaba recién abriendo, después la Casona Municipal y rápidamente el proyecto comenzó a ser mucho más grande de lo que esperábamos. Terminamos siendo doce personas organizando esa primera edición y desde entonces el festival siguió creciendo a medida que nos fuimos encontrando con ese público que estábamos buscando. Hoy estamos muy orgullosos porque podemos decir que se está gestando una comunidad del cine de género en Córdoba y tenemos incluso productoras que están haciendo películas que se van estrenando año a año.

¿Cómo sostienen el festival?
VL: Sostenemos el festival porque amamos el cine, porque sentimos que funciona como un espacio de encuentro, intercambio y formación entre una comunidad de desconocidos que tienen una misma pasión. Aunque nos cueste y tengamos que ponerle mucho pulmón, aunque lo hagamos sin presupuesto, el festival sigue funcionando y nos vamos encontrando en este espacio. Lo hacemos porque creemos que es un espacio muy necesario para Córdoba porque no se conoce lo que hay: el primer año lo hicimos con rifas, el segundo vendiendo muchas empanadas, el tercero hicimos canjes con algunas bandas locales a cambio de trabajos para ellos. Este año el festival creció y pudimos acceder a algunos sponsors. Pero consideramos que es importante hacerlo como sea porque trabajamos con un cine muy independiente, que de otra manera no tendría pantallas, entonces eso realza el valor del festival porque nosotros también somos realizadores y sabemos que en caso de filmar no vamos a encontrar otros espacios de exhibición. También es importante resaltar que es un festival del interior, lo que le agrega un plus de valor. Nuestra idea es que el festival crezca y se convierta en uno de los más grandes del cine de género en el país.

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Valentina junto al director de “Trauma”

¿Cómo hacen para elegir los programas?
VL: Este año fuimos tres los encargados de la selección de cortos, nos parece muy importante la heterogeneidad ya que somos un grupo muy diverso. Respecto a los largometrajes, hoy nos importa mostrar lo que se hace tanto con películas subsidiadas por el Estado como con películas independientes, porque el género tiene poco desarrollo. También vamos siguiendo otros festivales para descubrir películas y después comunicarnos con los realizadores para poder traerlas a nuestro festival. Tenemos como objetivo apoyar al cine latinoamericano, que es el que necesita más impulso, por lo que también tenemos el criterio de dar prioridad a las producciones locales y regionales, que además se acercan más a nuestras realidades y lo que nosotros podemos llegar a hacer.

¿Qué se puede encontrar el espectador en un día del festival?
VL: Se pueden encontrar con una gran variedad de propuestas, con variedad de estilos y formas narrativas aunque siempre hay un enfoque porque queremos privilegiar la calidad, pero el sello del festival es la heterogeneidad que ofrece. Es importante destacar además la gratuidad del festival, porque verdaderamente no tenemos presupuesto y queremos sostenerlo desde ese lugar aunque este año tuvimos que poner una entrada simbólica de 30 pesos, que tampoco es un ingreso para la organización.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 4 octubre, 2018 at 1:23  Dejar un comentario