29 Festival de Cine de Mar del Plata

El cine como un arte mayor

Cavalo Dinheiro

Cavalo Dinheiro

 

El festival mostró picos altos con el estreno de “Cavalo Dinheiro”, de Pedro Costa, y “Fávula”, del argentino Raúl Perrone

 

El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata tuvo el martes uno de sus mejores días gracias a una coincidencia feliz, seguramente poco azarosa: el estreno casi en simultáneo de “Cavalo Dinheiro”, el esperado regreso del portugués Pedro Costa, en la Competencia Internacional, y de “Fávula”, del argentino Raúl Perrone, en la Competencia Latinoamericana, dos películas que elevaron la calidad del encuentro a otra dimensión.

Ocurre que ambas son representantes eximias de un cine cada vez más extraño y ausente en nuestro presente a pesar de las posibilidades que hoy brinda la tecnología, aquél que se concibe a sí mismo como un arte mayor, un lenguaje aún por descubrir y explorar que en la predilección de la estética por sobre la narración encuentra un modo de resolver uno de los dilemas cruciales de todo cineasta que intenta filmar a otra clase social: cómo hacer justicia con los desplazados, cómo dar cuenta de sus experiencias sin caer en la conmiseración, la estigmatización, el miserabilismo o el simple paternalismo.

Cavalo Dinheiro

Cavalo Dinheiro

“Cavalo Dinheiro” gira en torno a un personaje central de Costa, el Ventura de “Juventude em marcha”, un obrero inmigrante de Cabo Verde que habitaba el ya célebre barrio de Fontainhas, un enclave carenciado donde transcurren tres de las películas del director. El escenario ahora es mucho más abstracto y metafórico, aunque no por eso menos potente en el alcance de las alegorías que arroja como sutiles puñales a partir de una puesta en escena donde el uso de la luz y la sombra alcanza una sofisticación radical, eximia. Especie de limbo indeterminado que se podría asociar, levemente, a la figura del Purgatorio (o a la propia mente del protagonista), un alicaído Ventura deambula aquí por las ruinas de un hospital espectral que tanto puede representar el falso ascetismo de los no lugares como la estremecedora frialdad de las ruinas de un calabozo del siglo XIX o una oficina laboral: allí se irá cruzando continuamente con su pasado, o más bien con los fantasmas de sus afectos y amigos que se presentan a su paso, así como también con representantes de la tragedia política que marcó a toda su generación, la Revolución de los Claveles, que en esta película planea como fondo y contexto significativo de la biografía de nuestro protagonista.

Profundamente política y poética, términos que suelen pensarse como antagónicos acaso por las dificultades que implica asociarlos con pertinencia, “Cavalo Dinheiro” hace más bien de la poesía una forma de posicionamiento político en todos los sentidos, tanto respecto al cine y las formas dominantes que lo subyugan, como al modo de reivindicar a sus criaturas desde un tratamiento formal donde la belleza es regla, donde la tragedia de los pobres y los condenados puede representarse con las herramientas más nobles del séptimo arte. Esa poesía trágica es entonces eminentemente visual: la particular iluminación de las paredes o los elementos de sus escenarios en juego con las sombras dentro del plano (que puede incluir varios focos profundidad de campo), sea un bosque o un tenebroso túnel subterráneo, establece un tono decididamente onírico que en muchos momentos llega al éxtasis visual. Semejante disposición formal posibilita que la figura de Ventura alcance una abstracción que le permite terminar de representar lo que siempre había sido en potencia: el universo de los desposeídos, de toda una raza condenada al ostracismo o a la explotación salvaje por parte de los potentados (blancos), sin posibilidades de encontrar sosiego ni redención en esta tierra. Una fábrica abandonada donde las herramientas de trabajo ya son parte de las ruinas o un ascensor donde Ventura dialoga sobre la citada revolución con un soldado de plomo en tamaño real se convierten así en metáforas elocuentes sobre el destino de tantos que por su condición material y/o política no pudieron llegar a una vida digna, sea por la imposición del autoritarismo estatal, sea por la explotación macabra del mercado de trabajo. Lo notable es que Costa articula todas estas dimensiones sin ninguna voluntad por cerrar sentidos ni bajar líneas de lecturas, más bien al contrario: la sofisticación visual y narrativa hace de “Cavalo Dinheiro” (que refiere al caballo real de Ventura) una película en perpetua expansión y reelaboración, aunque no caóticamente, en direcciones bien precisas. Será difícil que otra obra esté a su altura, aunque habrá que ver si el jurado lo entiende así.

Favula

Favula

Pero si de poesía visual para retratar fantasmas hablamos, la apuesta de Perrone en “Fávula” puede ser tan radical y estremecedora como aquella de Costa, aunque en cierto sentido parezca opuesta: como en su anterior “P3nd3jo5”, el realizador de Ituzaingó practica aquí una singular apropiación de los códigos del cine mudo para narrar esta vez una fábula abstracta sobre la trata de personas. Suerte de adaptación musical elegíaca de “Hansel y Gretel”, filmada en un blanco y negro fuertemente manipulado que se ha interpretado como un retorno moderno al primitivismo de los primeros tiempos del cine, puede decirse que el filme de Perrone sigue el derrotero incierto de una joven adoptada que es vendida por sus padres sustitutos a los mercaderes de la trata para ser rescatada luego por sus hermanastros, que ejercitarán una justa venganza. Pero la anécdota narrativa es mínima e intrascendente: lo importante aquí es la experiencia que esa conjunción de imágenes, música y sonidos puede ofrecer el espectador, que trasciende todo discurso organizado y hace del cine un arte eminentemente sensorial, donde la libertad domina la interpretación.

Perrone vuelve a conjugar elementos supuestamente opuestos: el citado primitivismo del primer cine recreado digitalmente, con un bosque como escenario construido artificialmente como una maqueta, con música contemporánea como eterna presencia cíclica, con loops, repeticiones y sonidos que se intercalan en el plano (hasta distorsiona las voces hasta volverlas inentendibles), como si fuera un gran Dj en acción interviniendo en vivo sus imágenes. “Fávula” es una obra de otro planeta –por más que puedan encontrarse referentes contemporáneos como el filipino Raya Martin–, que ofrece una experiencia hipnótica y abierta que pocas veces el cine ha conseguido plasmar con tal contundencia y pertinencia para con sus habitantes –que siguen siendo los jóvenes olvidados de siempre–, lo que confirma a Perrone como uno de los directores más singulares de nuestro tiempo, uno de los pocos que puede crear una forma de acercarse al mundo que le devuelva su misterio original, como este arte había sabido funcionar en sus ya lejanos orígenes.

Otro regreso auspicioso, aunque en la Competencia Internacional, fue el del bonaerense José Celestino Campusano que con “El Perro Molina” vuelve a ofrecer un singular tanque narrativo donde sus criaturas del conurbano encuentran formas más justas de narrar sus aconteceres, en este caso otra historia de pasiones y crímenes en el submundo de la trata de personas. A la proliferación de personajes y tramas fuertes que lo caracteriza, Campusano le agrega una progresiva sofisticación de su estética apodada “bruta”, donde el planteamiento formal comienza a mostrar delicadezas que relativizan esa nominación (que sí resulta pertinente en su alcance político, es decir la búsqueda de una forma propia y coherente con el mundo que retrata): el acceso a mayor financiación está complejizando su cine, que se muestra en continua evolución. La noticia es bienvenida porque el director sigue manteniendo la concentración y enjundia que caracteriza a sus películas, hechas de sentimientos tan primitivos y fuertes como universales, con lo que el futuro que se le presenta resulta auspicioso.

Ayer se esperaba también el ingreso a la misma competencia del catalán Hermes Paralluelo, aquél recordado director de la película cordobesa “Yatasto” –acaso la mejor obra local de la última década–, con “No todo es vigilia”, un documental sobre sus abuelos ya ancianos y las experiencias con la decadencia física que los atraviesa, así como también de la tercer película argentina en la sección, la también prometedora “La vida de alguien”, de Ezequiel Acuña. Se viven buenos días en Mar del Plata, y el cine tiene mucho que ver en eso.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 26 noviembre, 2014 at 18:09  Dejar un comentario  
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29 Festival de Mar del Plata

Un mundo misterioso

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Jauja

Con un marco inmejorable, el encuentro ofrece una Competencia Internacional despareja, donde refulge el regreso del argentino Lisandro Alonso, “Jauja”

Los primeros días del 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata muestran la mejor versión posible de un encuentro destinado por naturaleza a democratizar la multiplicidad de placeres que puede brindar la experiencia cinematográfica: al marco inigualable que ofrecen el mar, la ciudad y sus instalaciones, se le suma la masiva presencia ciudadana que permitió el fin de semana largo, con calles, bares y salas repletas de cinéfilos o amantes pasajeros del séptimo arte que con sus presencia y entusiasmo ratifican el destino popular del evento. Pero de poco serviría que el microcentro marplatense parezca una fantasía cinéfila desbocada si no se viera respaldado por una programación a la altura de los desafíos, que en su variedad y riesgo aspire a encontrar espacio para todos los públicos.

Jauja

Jauja

Hasta el momento, las expectativas fueron cubiertas por algunas pocas películas que lograron sobrepasar todas las expectativas previas: una de ellas fue la que abrió la Competencia Internacional, decisión curatorial digna de ser celebrada. Se trata de “Jauja”, el tan esperado como fascinante regreso del argentino Lisandro Alonso (“La libertad”, “Los muertos”) a la dirección, que con esta película parece lanzar su carrera a un terreno desconocido pero pleno de potencialidades. Mitad reconstrucción histórica de un pasado ya mitológico de Argentina en clave (distorsionada) de género, mitad exploración personal de temas, climas y formas que obsesionan y particularizan a Alonso, la película confirma la existencia de una mirada radical que es capaz de captar al mundo como ninguna otra. Si bien la dimensión narrativa es aquí más fuerte que en sus películas previas, la trama de “Jauja” ideada por el escritor Fabián Casas no deja de ser mínima (aunque esta vez de indiscutible formato clásico): un capitán danés (interpretado notablemente por Viggo Mortensen, también presente en el festival), explora la Patagonia argentina en una misión desconocida en tiempos de la Conquista del Desierto, aunque un texto advierte al inicio que el título del filme refiere a una tierra mitológica de abundancia y prosperidad que podría ser su objetivo. Lo acompaña su bellísima hija adolescente junto a un pelotón local mínimo comandado por un oscuro teniente parco y resentido –que expresa con poca sutileza las tensiones políticas de la época–, que tiene segundas intenciones con la joven: no será él, sin embargo, la fuente de los desvelos del visitante, que a partir de que su hija se fugue con un joven soldado deberá embarcarse en soledad en una búsqueda demencial por el agreste desierto patagónico, con la presencia de los indios como amenaza latente. La película irá entrando en un terreno cada vez más enrarecido a medida que avance la travesía, con nuestro protagonista superado progresivamente por las condiciones de una naturaleza tan fascinante e hipnótica como inclemente, a lo que deberá sumar el rapto de su primogénita por parte de los salvajes, hasta que en cierto momento Alonso rompa radicalmente la estilizado diégesis que venía construyendo para instalarse abruptamente en el presente, con la misma joven disfrutando de una vida bucólica en algún castillo de Dinamarca. Si el giro puede resultar chocante, no resulta para nada incoherente si se repara en la dimensión fantástica que venía construyendo la película, de un realismo paradójico: Alonso filma el mundo como un ente pleno de misterio, del cual busca extraer la mejor expresión posible a partir de la propia materialidad de los elementos que lo componen. Ya desde la apertura, con los personajes instalados en una lobería al lado del mar, casi cualquier plano que se tome semejará un elaboradísimo cuadro de un pintor excelso (lo que acaso justifica el formato 4:3 –similar a un cuadrado– elegido para el filme), donde la presencia de los colores, la composición de la escena, la fidelidad del sonido y la profundidad de campo consiguen construir un universo de una expresividad radical, cuya fascinación reside en la íntima cercanía que establece con el estado puro de naturaleza, con la incertidumbre de unas vidas arrojadas a un territorio inhóspito, donde la civilización no tiene lugar. Especie de western existencial como se ha dicho, pariente cercano al cine del catalán Albert Serra, lo notable de “Jauja” es su capacidad para atrapar un mundo pretérito, cargarlo de significados diversos e inmediatamente vaciarlo, trastocarlo, extrañarlo, correrlo de cualquier aprehensión estándar, como si efectivamente de un mito se tratara: las potencialidades del cine en su máxima expresión diría quien escribe estas líneas.

Melbourne

Melbourne

Precisamente lo opuesto ocurre con el filme iraní “Melbourne”, de Nima Javidi, que parece programado en la misma sección para rellenar ausencias con pura corrección política: retrato veladamente inclemente de la miseria humana, la película narra la odisea de una pareja de clase media que justo el día en que se dispone a emigrar a Australia en busca de mejores condiciones de vida se encuentra con una tragedia prestada en su propio hogar. Ocurre que unos vecinos le han encargado que cuide a su bebé por unas horas, mientras ellos terminan de hacer las valijas y embalar sus cosas: en medio de ese fragor descubrirán que la criatura ha muerto. Película moralista hecha de trazos gruesos, a los protagonistas no se les ocurrirá mejor idea que mentirles a los propios progenitores del bebé para ver cómo pueden resolver la situación, lo que originará una espiral de tensión, enredos y paranoia que será potenciado groseramente desde el guion con la continua irrupción de diversos personajes en ese escenario aislado, que acaso intenta fungir como una metáfora de clase o de la perversión de la condición humana. Como sea, el filme hace del desprecio su clave de lectura, con lo que se agigantan las chances de “Jauja” por obtener el lauro mayor.

Ventos de agosto

Ventos de agosto

Bastante más generosa y honesta es la propuesta que ofrece la brasileña “Ventos de agosto”, de Gabriel Mascaro, estrenada ayer en la misma sección en lugar de la esperada “La chambre bleue” (El cuarto azul), del francés Mathieu Amalric, cuya proyección pasó para el jueves, una de las desprolijidades propias de un festival de la enormidad de Mar del Plata que se pueden perdonar. Cruza inextinguible entre documental y ficción, Ventos… retrata la vida de una comunidad costera de un pueblo perdido de Brasil a partir de una joven pareja de trabajadores de una plantación de cocos. Con un virtuosismo formal construido a partir de un uso notable del sonido y planos amplios de la naturaleza que resaltan el sensualismo de la vida en el norte brasileño, el filme comienza como una exploración lúdica del trabajo artesanal en distintas versiones, que  pese a la condición social de sus protagonistas resulta amable y por momentos hasta idealista. La presencia de un sonidista que pretende estudiar al viento (compuesto por el propio director) comenzará a abrir la propuesta hacia nuevos horizontes, aunque pronto se truncará la empresa cuando aparezca un cuerpo en la costa que nadie sabe cómo tratar pues la policía no llega a buscarlo, presumiblemente porque allí no hay ninguna dirección postal. Película que roza los límites del costumbrismo y el realismo mágico “for export”, con cierto desorden narrativo que conspira contra sus logros,  Ventos… propone sin embargo un acercamiento interesante a las experiencias de una comunidad totalmente apartada del mundo industrial moderno, donde a diferencia de “Jauja” la naturaleza sí ofrece condiciones de vida bucólicas que permiten otro tipo de relaciones sociales entre las personas, aunque por momentos la pobreza parezca sospechosamente idealizada.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 24 noviembre, 2014 at 19:39  Dejar un comentario  
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Festival Internacional de Mar del Plata

Felicidad colectiva

Pasolini, de Abel Ferrara

Pasolini, de Abel Ferrara

Arranca la 29 edición del festival de cine con un programa impecable que intentará hacer honor al 60 aniversario del encuentro 

La ciudad feliz volverá a merecer su nombre al menos para los cientos de amantes del séptimo arte llegados de todo el país que desde el sábado comenzarán a disfrutar del 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, que hasta el 30 de noviembre desplegará una programación de un nivel, variedad y consistencia impecables, que pocos encuentros en el mundo pueden ostentar. Con 369 películas en programa, pertenecientes a 42 países,  la nueva edición del festival aspira a quedar en la historia por enmarcarse en el 60 º aniversario del encuentro, con un programa que promete ubicarla entre las mejores de sus últimos años –que ya fueron fértiles y destacados de por sí–, y una lista de visitantes que incluye a figuras como el norteamericano Paul Schrader (director y guionista de filmes emblemáticos como “Taxi Driver” o “La última tentación de Cristo”, ambos de Martin Scorsese), la francesa Claire Denis (que será objeto de una amplia retrospectiva de su obra), el actor Viggo Mortensen y los directores españoles  Carlos Vermut (quien estrenará “Magical Girl”, película ganadora del Festival de San Sebastián) y Nacho Vigalondo (que además de estrenar la comentada “Open Windows”, también merecerá una retrospectiva de sus cortometrajes), entre otros.

La misma apertura del encuentro testimonia sus ambiciones y potencialidades con la proyección de “Pasolini”, del revulsivo Abel Ferrara, donde Willem Dafoe encarna los últimos días del célebre director italiano Pier Paolo Pasolini. Será apenas la primera de varias apuestas fuertes de un encuentro que aspira a reunir las últimas obras de los directores consagrados en el mundo junto a las últimas revelaciones: si la máxima aspiración de un festival “clase A” es ofrecer una selección precisa y completa de lo más importante del año que transita, Mar del Plata promete cumplirlo con creces.

Para comprobarlo, basta con atisbar las joyas más relucientes de una programación inabarcable que reúne las últimas películas de verdaderos tótems contemporáneos como el portugués Pedro Costa, el argentino Lisandro Alonso, el hongkongnés Johnnie To, el norteamericano Hal Hartley, el coreano Hong Sang-soo, el inglés Frederick Wiseman, el francés Bruno Dumont, los japoneses Takashi Miike y Sion Sono, el filipino Lav Díaz, el desaparecido cineasta ruso Aleksei German o la legendaria pareja francesa Danièle Huillet & Jean-Marie Straub, entre muchos otros.

Cavalo Dinheiro, el esperado regreso de Pedro Costa

Cavalo Dinheiro, el esperado regreso de Pedro Costa

La misma Competencia Internacional pondrá en igualdad de condiciones al esperado regreso de Costa, “Cavalo Dinheiro”  (premio a Mejor Director del prestigioso Festival de Locarno), con lo nuevo de los argentinos Alonso (la celebradísima “Jauja”), el recordado Ezequiel Acuña (“La vida de alguien”), y el bonaerense José Celestino Campusano (su comentada “El Perro Molina”), junto a obras tan dispares como pueden ser la nueva película del francés Mathieu Amalric (“La Chambre bleue”), la revelación italiana Alice Rohrwacher (“Le meraviglie”), el regreso del ascendente director inglés Peter Strickland (“The Duke of Burgundy”)  o la nueva joya del catalán Hermes Paralluelo (“No todo es vigilia”),  director de la película cordobesa “Yatasto”, acaso la mejor obra que ha dado el cine local en su última y floreciente década. Son apuntes de una sección que promete una calidad y una variedad infrecuentes, realmente envidiables para cualquier festival del género. A la sección se sumarán como es tradición la Competencia Latinoamericana, que entre otras obras ofrecerá la última invención de Raúl Perrone (“Favula”), y la Competencia Argentina, cuyas selecciones son una invitación a descubrir las nuevas promesas que surgen en la región.

Pero también como de costumbre, la atención estará centrada en las secciones paralelas, particularmente la monumental “Panorama”, dividida a su vez en diversas subsecciones donde efectivamente se ofrece una selección ambiciosa y multifascética de lo mejor que ha pasado por los grandes festivales del mundo, y donde podemos encontrar los nombres de los maestros ya citados (en la sección “Autores”) junto a revelaciones menos conocidas o directamente apuestas radicales al riesgo, como en las secciones “Busco mi destino” (que reúne filmes que precisamente responden a búsquedas personales de temáticas juveniles) y “Estados alterados” (que reúne películas fuera de toda norma), o los apartados “Hora cero” y “Las venas abiertas”, que suelen ofrecer impecables selecciones del cine de género de la región y el mundo. Se sumará también una sección llamada “Italia Alterada” con películas destinadas a romper todas las convenciones.

Hard to be a god, de Aleksei German

Hard to be a god, de Aleksei German

Para no hablar de los focos y las retrospectivas varias: especialmente el dedicado al cineasta ruso Aleksei German en la sección “Revisiones”, porque se trata de una verdadera deidad del cine soviético que es poco conocida pese a que dejó una obra monumental, de una factura técnica impresionante para sus medios, pese a que fue continuamente censurado durante su carrera. Se verán películas como “Dura prueba bajo sospecha” (1971), “Veinte días sin guerra” (1976), “Mi amigo Ivan Lapshin” (1984) y el esperado estreno de “Hard to be a god” (2013), filme póstumo del director que le demandó 14 años de trabajo. También habrá selecciones de Carlos Hugo Christensen en Brasil, del argentino Daniel Tinayre, de Augusto Roa Bastos como guionista, de Francisco J. Lombardi, del director mexicano Jaime Humberto, del español Basilio Martín Patino y hasta un programa sobre la época muda inglesa de Alfred Hitchcock o el paso por el cinematógrafo del cantante Sandro, entre muchas otras posibilidades.

A ello que hay que agregar un amplio programa de cortometrajes de todo el mundo, con competencias incluidas, y numerosas actividades paralelas por el 60 aniversario del encuentro, además de charlas, clases de maestros y presentaciones de publicaciones, en donde Córdoba volverá a pisar fuerte con el libro “Hacia lo que vendrá”, del crítico local Fernando Pujato, o la revista “Cinéfilo”, entre otros casos. Será una fiesta auténticamente cinéfila como el lector puede adivinar, aunque abierta a todo público porque el cine siempre es un país universal, con espacio para albergar a todos los espectadores, y la 29 edición de Mar del Plata promete confirmarlo.

 

Por Martín Iparraguirre

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PROGRAMACIÓN COMPLETA

 

COMPETENCIA INTERNACIONAL

JAUJA-Mortensen-500

Jauja

 

-Cavalo dinheiro, de Pedro Costa (Portugal)

-Jauja, de Lisandro Alonso (Argentina)

-El Perro Molina, de José Celestino Campusano (Argentina)

-La vida de alguien, de Ezequiel Acuña (Argentina)

-Ventos de agosto, de Gabriel Mascaro (Brasil)

-Alive Sanda, de Jungbum Park (Corea del Sur)

-No todo es vigilia, de Hermes Paralluelo (España-Colombia)

-La chambre bleue, de Mathieu Amalric (Francia)

-Melbourne, de Nima Javidi (Irán)

-Le meraviglie, de Alice Rohrwacher (Italia)

-The Duke of Burgundy, de Peter Strickland (Reino Unido)

-Come to My Voice, de Hüseyin Karabey (Turquía-Francia-Alemania)

 

COMPETENCIA LATINOAMERICANA

 

-Favula, de Raúl Perrone (Argentina)

-La huella de la niebla, de Emiliano Grieco (Argentina)

-Branco sai preto fica, de Adirley Queirós (Brasil)

-Sinfonia da necrópole, de Juliana Rojas (Brasil)

-Matar a un hombre, de Alejandro Fernández Almendras (Chile)

-Gente de bien, de Franco Lolli (Colombia-Francia)

-Los Hongos, de Oscar Ruiz Navia (Colombia-Argentina-Francia-Alemania)

-Los muertos, de Santiago Mohar Volkow (México)

-El resto del mundo, de Pablo Chavarría Gutiérrez (México-España)

-Mr. Kaplan, de Álvaro Brechner (Uruguay-España-Alemania)

Favula

Favula

 

COMPETENCIA ARGENTINA

 

-El 5 de Talleres, de Adrián Biniez

-Aventura, de Leonardo D´Antoni

-Camino de campaña, de Nicolás Grosso

-El hijo buscado, de Daniel Gagliano

-Mechita, entre la tierra y el cielo, de Mariano Gerbino

-Narcisa, de Daniela Muttis

-Pantanal, de Andrew Sala

-El Patrón, radiografía de un crimen de Sebastián Schindel

-Pistas para volver a casa, de Jazmín Stuart

-Salud rural, de Darío Doria

-Su realidad, de Mariano Galperín

-Yo sé lo que envenena, de Federico Sosa

 

COMPETENCIA LATINOAMERICANA DE CORTOS

 

-A tenista, de Daniel Barosa

-Barqueiro, de José Menezes, Lucas Justiniano

-Bestial, de Diego de Haro

-Brasil, de Aly Muritiba

-El modelo de Pickman, de Pablo Ángeles

-Elefante, de César Andrés Heredia Cruz

-Los Contreras Family, de Alejandro Becerril Elías

-Naranjas, de Iván D. Gaona

-Pacto , de Pedro Miguel Rozo

-Sed, de Lucía Romero P.

 

COMPETENCIA ARGENTINA DE CORTOS

 

autosocorro

-Autosocorro, de Julián d´Angiolillo

-Cómo olvidar un amor en 21 pasos, de Julieta Steinberg

-El cumpleaños de Darcy, de Diego Frangi

-Inmentis, de Francisco de la Fuente

-La gaviota, de Esteban Perroud

-La ventana abierta, de Lucila Las Heras

-Nueve segundos, de Gastón Siriczman

-Pueblo, de Mariano Tobar

-Recalculando, de Ingrid Pokropek

-Rieles, de Gual Mostajo

-Zombies, de Sebastián Dietsch

 

WORK IN PROGRESS

 

-Al centro de la Tierra, de Daniel Rosenfeld

-Alptraum, de Ana Piterbarg

-Buscando a Myu, de Baltazar Tokman

-Cambio de aire, de Rosendo Ruiz

-Campaña antiargentina, de Alejandro Parysow

-Casa del teatro, de Hernán Rosselli

-El eslabón podrido, de Valentín Javier Diment

-El exilio de las Malvinas , de Federico J. Palma

-El invierno llega después del otoño, de Malena Solarz y Nicolás Zukerfeld

-El monumento, de Ignacio Masllorens

-Ensayo de despedida , de Macarena Albalustri

-Implantación, de Fermín Eloy Acosta, Lucía Salas y Sol Bolloqui

-La herencia, de Federico Robles

-La sangre del gallo, de Mariano Dawidson

-Madres de los dioses, de Pablo Agüero

-Paula , de Eugenio Canevari

-Primero, enero, de Darío Mascambroni

-Reflejo Narcisa, de Silvina Szperling

-Solèy , de Manuel Abramovich

-Upa! 2, el regreso, de Camila Toker, Santiago Giralt y Tamae Garateguy

-Veredas, deFernando Cricenti

-Zebras, de Javier Zevallos

 

 

AUTORES

 

Hill of Freedom

Hill of Freedom

-Pasolini, de Abel Ferrara

-Alma salvaje, de Jean-Marc Vallée

-Amour fou, de Jessica Hausner

-Birdman, de Alejandro González Iñárritu

-La danza de la realidad, de Alejandro Jodorowsky

-Don’t Go Breaking My Heart 2, de Johnnie To

-La entrega, de Michaël R. Roskam

-From What Is Before, de Lav Diaz

-Gyeongju, de Lu Zhang

-Haemoo, de Shim Sung-bo

-Hill of Freedom, de Hong Sang-soo

-Magical Girl, de Carlos Vermut

-Maïdan, de Sergei Loznitsa

-Mommy, de Xavier Dolan

-National Gallery, de Frederick Wiseman

-Ned Rifle, de Hal Hartley

-P’tit Quinquin, de Bruno Dumont

-Revivre, de Im Kwon-taek

 

PANORAMA ARGENTINO

 

-Avanta, Juan Alvarez Neme

-Brascó, de Ernesto Livon-Grosman

-Here, Kitty Kitty, de Santiago Giralt

-La Salada, de Juan Martín Hsu

-Los lemmings contraatacan, de Edmundo Berajano

-La misión argentina, de Adrián Jaime

-Los ojos de América, de Daiana Rosenfeld, Aníbal Garisto

-No estás solo en esto, de Milagros Almondaray

-Por el camino de Modesto, de Sebastián Deus

-Réimon, de Rodrigo Moreno

-Si je suis perdu, c’est pas grave, de Santiago Loza

-Los silencios y las manos, de Hernán Khourian

-El tiempo encontrado, de Marcelo Burd

 

 

S8/16MM

 

-Jinetes, PAB, Colibrí e Intermission (díptico), de Azucena Losana

-Resumen, de Pablo Ziccarello

-Breathe y Hallazgos, de Leonardo Zito

-Reflexiones y Hornaditas, de Julio Fermepin

-Fuerzas (trilogía) e Intemperie, de Luján Montes

-Haiku # 2, Hay amor tan necesario como el sol, y Sin título, de Alvaro Cifuentes

-Fantasmas cromáticos, de Claudio Caldini

-Aula magna, de Andrés Denegri

-Fresno, de Leandro Listorti

-Resistfilm, de Pablo Marín

-S/T, de Sergio Subero

-Fotooxidación, de Pablo Mazzolo

 

FUNCION ESPECIAL: JORGE HONIK

 

-La mirada errante – Sueños impresos en acetato

-Gaudi asesinado por un tranvía

-Nubes

-Komik

-Un paseo

-El inmortal

-Passacaglia y fuga

 

 

PANORAMA DEL CINE LATINOAMERICANO

 

-Las búsquedas, de José Luis Valles

-Com os punhos cerrados, de Luiz Pretty, Pedro Pretti y Pedro Diogenes

-El cordero, de Juan Francisco Olea

-Ella, de Libia Stella Gómez Díaz

-El extirpador de idolatrías, de Manuel Siles

-González, de Christian Díaz Pardo

-Icaros, de Georgina Barreiro

-Lago de luciérnagas, de Florencia Iwabuti

-Pipí mil pupú dos lucas, de Fernando y Enrique Bencomo

-Ruido rosa, de Roberto Flores Prieto

-Solo, de José Novoa

-La tirisia, de Jorge Pérez Solano

-Las vacas con gafas, de Alex Santiago Pérez

-Viejos amigos, de Fernando Villarán

 

 

MAR DE CHICOS

 

-Belle et Sebastien, de Nicolas Vanier

-Dixie y la rebelión zombi, de Ricardo Ramón y Beñat Beitia

-El extraordinario viaje de Lucius Dumb, de Maite Ruiz de Austri

-Pancho, el perro millonario, de Tom Fernández

-Pinocchio, de Anna Justice

 

 

MAR DE CHICOS – PROGRAMA DE CORTOS

 

-Cloudo goats, de Hamid Karimian

-O coracao de príncipe, de Caio Ryuichi

-The gift, de Julio Pot

-El maestro y la flor, de Daniel Irabien

-Me + Her, de Joseph Oxford

-Mops & Ollie, de Christian Kuntz

-Reflejos, de Federico Larrosa

-El trompetista, de Raúl Morales

 

PROGRAMA OJO AL PIOJO

 

-El meteorito, del Taller del Coco

-El misterio del gusano, de Sofía Basté

-Bottle, de Kristen Lepore

-¡El elefante está enfermo!, de Verna Fels

-A lilbelula e o sapino, de Carlos Avalone

-La vida de los pájaros, de Federico Rathge

-Luz fuera – ¡Soy un caracol!, de Verena Fels

-Moskina, de Beatriz Herrera Carrillo

-El giro de Rino, de Verena Fels

-Paleolito, de Ismael Lito

-Twins in bakery, de Mari Miyazawa

 

 

VENTANA DOCUMENTAL: CINE POLITICO

 

-Almost friends, de Nitzan Ofir

-The aryans, de Mo Asumang

-Beyond the walls, de Gayle Embrev

-Buscamos vida, los crímenes del ejército argentino en Campo de Mayo, de Algo Getino

-Eu argentée, Syrie autoportrait, de Ossama Mohammed

-The forest, de Sinisa Dragin

-Francisco de Buenos Aires, de Miguel Rodríguez Arias

-Gran Chaco, de Lucas van Esso

-No land’s song, de Ayat Najafi

-Osvaldo Bayer “la livertá”, de Gustavo Gzain

-The overnighters, de Jesse Moss

-Parole de kamikaze, de Masa Sawada

-Propaganda, de Christopher Murray

-S.C. Recortes de prensa, de Oriana Castro

-The square, de Livia Gyarmathy

-Tierra abrasada, de Gustavo Siri

-UNASUR en Haití, reflejos de una Argentina solidaria, de Jorge Diego Gil

-Watchers of the sky, de Edet Belzberg

 

 

BUSCO MI DESTINO

Voley

Voley

 

-Before I desappear, de Shawn Christensen

-B.F.E., de Shawn Telford

-Diarios de Mendoza, de Lucía L. Mendoza

-Edén, de Elise DuRant

-Juana a los 12, de Martin Shanly

-Recommended by Enrique, de Rania Attieh y Daniel García

-Retrato de un comportamiento animal, de Florencia Colucci y Gonzalo Lugo

-Tu dors Nicole, de Stephane Lafleur

-Voley, de Martín Piroyansky

-Domingo, de Alejandro Jovic

 

 

HORA CERO

 

-A hard day, de Kim Seong-hun

-It follows, de David Robert Mitchell

-Over your dead body, Takasji Miike

-Spring, de Justin Benson

-Tokyo tribe, de Sion Sono

-What we do in the shadows, de Taika Waititi y Jemaine Clement

-Wyrmwood, de Kiah Roache-Turner

-Confetti of the mind, de Nacho Vigalondo

 

 

LAS VENAS ABIERTAS

 

-Corazón muerto, de Mariano Cattaneo

-Gritos del bosque, de Jorge Olguín

-Jorge y Alberto contra los demonios neoliberales, de Hermanos Quintana

-Los monstruos, de Juan Schmidt

-Nacido para morir, de Andrés Borghi

-Naturaleza muerta, de Gabriel Grieco

-La parte ausente, de Galel Maidana

-Redentor, de Ernesto Díaz Espinoza

-Tejen, de Pablo Rabe

-Albino, de Federico Telerman

-Hasta las entrañas, de Leandro Cozzi

 

 

BSO

 

-Bronces en isla verde, de Adriana Yurcovich

-Desacato a la autoridad, relatos de punks en Argentina 1983-1988 (Capítulo 1), de Tomás Makaji y Patricia Pietrafesa

-Edén, de Mia Hansen-Love

-God help the girl, de Stuart Murdoch

-Heaven adores you, de Nickolas Rossi

-Pequeña Babilonia, de Hernán Moyano

-Relámpago en la oscuridad, de Germán Fernández y Pablo Montilau

-Salgán & Salgán: un tanto de padre-hijo, de Caroline Neal

 

 

SENTIDOS DEL HUMOR

 

-Big in Japan, de John Jeffcoat

-Bugarach, de Ventura Durall, Sergi Cameron y Salvador Sunyer

-Henri Henri, de Martin Talbot

-Listen up Philip, de Alex Ross Perry

-The mend, de John Magary

-Santiago violenta, de Ernesto Díaz Espinoza

-Summer of blood, de Onur Tukel

 

 

ESTADOS ALTERADOS

 

-La ciudadela, de Rubén Guzmán

-The guests, de Ken Jacobs

-I, of whom I know nothing, de Pablo Sigg

-Mange tes morts, de Jean-Charles Hue

-Mercuriales, de Virgil Vernier

-El paseo, de Flavia de la Fuente

-Llar, de Elisa Cepedal y Ramón Lluis Bande

-A notie e necesaria, de Marcos Merino

-Ser e voltar, de Xacio Baño

-Sobre la marxa, de Jorde Morató

-Salers, de Fernando Domínguez

-Broken tongue, de Monica Saviron

-Sólo te puedo mostrar el color, de Fernando Vilchez Rodríguez

-El asombro, de Iván Fund, Santiago Loza y Lorena Moriconi

-Episode of fhe sea, de Lonnie van Brummelen y Siebren de Haan

-All vows, de Bill Morrison

-As figuras gravadas na faca com a seiva das bananeiras, de Joana Pimenta

-Los girasoles, de Martín Boulocq

-O velho do réstelo, de Manoel de Oliveira

-The Tony Longo Trilogy, de Thom Andersen

-Dialogue d’ombres, de Jean-Marie Straub

-A propos de Venise, de Jean-Marie Straub

-Assemblée générale, de Luc Moullet

-Things, de Ben Rivers

-Os sonámbulos, de Patrick Mendes

-It’s not a prison if you never try the door, de Joshua Gen Solondz

-Atlantis, de Ben Russell

-O, persecuted, de Basma Alsharif

 

 

PROYECCIONES ESPECIALES

 

-El acto en cuestión, de Alejandro Agresti

-Ciudadano Piria, de Gustavo Leonel Mendoza

-Dancing with Maria, de Ivan Gergolet

-Evita, quien queira oír que oiga, de Eduardo Mignona

-El gancho, de Sandra Higuita Marín

-A luneta do tempo, de Alceu Valenca

-Olvidados, de Carlos Bolado

-Un mar de cortos para vos: El gigante; Julieta de bicicleta; El corazón del sastre; Lluvia en los ojos; Historia de un oso.

-Malvinas, 30 miradas

 

 

FOCO: ITALIA ALTERADA 7 ½

 

-Abacuc, de Luca Ferri

-Belluscone. Una storia siciliana, de Franco Maresco

-La creazione di significato, de Simone Rapisarda Casanova

-Piccola patria, de Alessandro Rossetto

-Rosarno, de Gretta De Lazzaris

-Il segreto, de Cyop&Kaf

-Striplife, de Nicola Grignani, Alberto Mussolini y Luca Saffidi

-La bendizione degli animali, de Cosimo Terlizzi

-Roberto Minervini / Trilogía de Texas: The passage; Low tide; Stop the pounding heart

 

 

CLAIRE DENIS

Claire Denis

Claire Denis

 

-S’en fout la mort

-J’ai pas sommeil

-Bella tarea

-Sangre caníbal

-L’Intrus

-35 rhums

-White material

-Voilá l’enchainement

 

 

JAIME HUMBERTO HERMOSILLO

 

-La pasión según Berenice

-Matinée

-Naufragio

-Las apariencias engañan

-La tarea

-De noche vienes, Esmeralda

-eXXXorcismos

-Juventud

 

 

FRANCISCO J. LOMBARDI

 

-Maruja en el infierno

-La ciudad y los perros

-La boca del lobo

-Caídos del cielo

-Sin compasión

-Bajo la piel

-Pantaleón y las visitadoras

-Tinta roja

-Ojos que no ven

-Mariposa negra

-Ella

-Ojos que sí ven: el cine de Lombardi, de José Ridoutt Polar

 

 

ESPAÑA ALTERADA: BASILIO MARTIN PATINO

 

-Nueve cartas a Berta

-Canciones para después de una guerra

-Queridísimos verdugos

-Caudillo

-Basilio Martín Patino. La décima carta, de Virginia García del Pino

 

 

REVISIONES: CHRISTENSEN EN BRASIL

 

-Leonora dos sete mares

-Mis amores en Río

-El rey Pelé

-Viagem aos seios de Duilia

-O menino e o vento

-Enigma para demonios

-A mulher do desejo

-A morte transparente

-La intrusa

 

 

HOMENAJE A ALBERTO ETCHEBERE

 

-El secuestrador, de Leopoldo Torre Nilsson

-Más allá del olvido, de Hugo del Carril

 

 

ALEKSEI GERMAN

 

-Dura prueba bajo sospecha

-Veinte días sin guerra

-Mi amigo Ivan Lapshin

-Khrustalyov, My Car!

-Hard to be a god

 

 

BRITANNIA LADO A: EL PRIMER HITCHCOCK

 

-Downhill

-The farmer’s wife

-The Manxman

 

 

AUGUSTO ROA BASTOS, GUIONISTA

 

-El trueno entre las hojas, de Armando Bó

-La sangre y la semilla, de Alberto Du Bois

-Shunko, de Lautaro Murúa

-Alias Gardelito, de Lautaro Murúa

-Hijo de hombre, de Lucas Demare

-La boda, de Lucas Demare

-Castigo al traidor, de Manuel Antín

-El portón de los sueños, de Hugo Gamarra

 

 

SANDRO

 

-Muchacho, de Leo Fleider

-Siempre te amaré, de Leo Fleider

-Embrujo de amor, de Leo Fleider

-Destino de un capricho, de Leo Fleider

-El deseo de vivir, de Julio Saraceni

-Operación Rosa Rosa, de Leo Fleider

-Subí que te llevo, de Rubén Cavallotti

 

 

DANIEL TINAYRE

 

-Mateo

-Camino del infierno

-Pasaporte a Río

-Danza del fuego

-La vendedora de fantasías

-Deshonra

-En la ardiente oscuridad

-La patota

-El rufián

-Bajo un mismo rostro

-La cigarra no es un bicho

-Extraña ternura

-La Mary

 

 

COSMOS 70

 

-Tres cantos para Lenin, de Dziga Vertov

-El 41, de Grigori Chujrai

-Don Quijote, de Grigori Kozintsev

-Pasaron las grullas, de Mikhail Kalatozov

-Detrás de un vidrio oscuro, de Ingmar Bergman

-La infancia de Iván, de Andrei Tarkovski

-Un día, un gato, de Vojtech Jasny

-Los amores de una rubia, de Milos Forman

-El fascismo al desnudo, de Mikhail Romm

-Trenes rigurosamente vigilados, de Jiri Menzel

-Cuernos de cabra, de Metodi Andonov

 

 

CINE ARGENTINO SIEMPRE II

 

-El linyera, de Enrique Larreta

-Besos brujos, de José Agustín Ferreyra

-Sol de primavera, de José Agustín Ferreyra

-Historia de una noche, de Luis Saslavsky

-De la sierra al valle, de Antonio Ber Ciani

-Los isleros, de Lucas Demare

-Si muero antes de despertar, de Carlos Hugo Christensen

-Facundo, el tigre de los llanos, de Miguel P. Tato

-La tigra, de Leopoldo Torre Nilsson

-Rutas argentinas

 

 

GENERACION VHS

 

-Electric Boogaloo: the wild, untold story of Cannon Films, de Mark Hartley

-Salsa picante, de William Sachs

-Invasión USA, de Joseph Zito

-Halcón, de Menahem Golam

-Hardware, de Richard Stanley

-Lost soul: the doomed journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau, de David Gregory

Published in: on 21 noviembre, 2014 at 1:09  Dejar un comentario  
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Entrevista a Matías Herrera Córdoba

Tiempo de recogimiento

Matias herrera

El director habla de la nueva película local que se estrenó en los cines locales, “El Grillo”

2014 no será un año más para la historia del cine local, como ya en abril auguraba la participación de ocho películas cordobesas en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici). Más allá de los recientes debates generados en torno a la pertinencia del rótulo “Nuevo Cine Cordobés”, lo cierto es que este año ya se estrenaron al menos cuatro producciones locales en las salas importantes de la ciudad (“El último verano”, “La laguna” “Atlántida” y “Tres D”), y ahora llegó la quinta: “El grillo”, esperado debut en ficción de Matías Herrera Córdoba, director del elogiado documental “Criada” (2009), que el jueves se estrenó en los Cines Gran Rex y Dinosaurio, mientras la semana próxima se proyectará en el Cine Teatro Córdoba, en uno de sus últimos programas.

Nuevamente con producción de El Calefón Cine –acaso la productora que más ha crecido en los últimos meses (y que tiene en gateras otro prometedor estreno en coproducción con Uruguay, “Una noche sin luna”)-, este filme de ánimo experimental explora las relaciones entre el teatro y el séptimo arte, y concibe a la ficción como ámbito natural de la reflexión filosófica, riesgo no menor que además confirma la variedad y calidad que convive bajo aquél impreciso rótulo.

Con una puesta en escena tan minimalista como ambiciosa resulta su búsqueda, el filme se centra en dos amigas que conviven durante un verano en una casa que pretenden refaccionar: una, Mecha (María Pessacq), batalla por recuperarse de la muerte de su marido, mientras la otra, Holanda (Galia Kohan), vive una especie de crisis con su profesión de actriz mientras prepara una nueva obra. Las charlas, recuerdos, ensayos y reflexiones de las protagonistas serán la materia prima de este filme existencial, cuyo director habla aquí sobre su película y todo lo demás.

MI: ¿Cómo surgió el proyecto de “El grillo”? ¿Cuáles fueron tus búsquedas?

Matías Herrera Córdoba (MHC): El grillo surge después de unos años de formación en la dirección de actores y la dramaturgia. Me encontraba viviendo en una casa con Mónica Leunda, donde no hacíamos otra cosa que hablar de construir un teatro al aire libre, del cine, el teatro, los actores, los textos, los albañiles que nos fallaban y los amores. Ese fue el contexto donde aparece la película. Observaba a Mónica y su entorno, que son de otra generación y necesitaba reproducir parte de ello. Necesitaba hacer un cine con diálogos, con monólogos, con historias resueltas y otras que no. Hacia dónde vamos? Construimos nuevas familias? Nos encerramos? la exploración se convertía en un film.

MI: ¿Por qué elegiste debutar en la ficción con una película que hace de la propia ficción un tema de exploración?

MHC: Porque soy joven aún ¿quizás?, no lo sé, tengo el instinto vivo de transgredir, me aburre pensar en complacer por complacer. Y ante tantas películas prolijas, calladas, calculadas, necesitaba plantearme ese desafío, cuestionar, transitar por estados que no importa si pertenecen a la realidad o una ficción dentro de la ficción, el espectador lo vive, lo ve, se deja llevar, y eso es lo que me importaba.

MI: La película tiene una relación fuerte con el teatro, por momentos parece un ensayo sobre la actuación, ¿cómo construiste esta dimensión  (tanto desde lo formal como lo narrativo)?

MHC: El teatro y el cine son artes hermanas, comparten lo más sensible el actor/actriz, la persona. Y este es el eje de la película, “el ser”, el comportamiento, la debilidad, la fuerza, lo creíble, lo inverosímil, el plano espiritual y la realidad como puede ser una enfermedad. Todo convive y todo puede ser posible dentro de un mundo. Desde lo narrativo sabía que había un desafío grande, tres registros actorales, tres personajes disímiles, cada uno de ellos es protagonista y antagonista de sus pasos. Desde lo formal, el cine. La cámara que busca ser parte de la escena, no invade, ni engaña, el detalle documental presente, esa era la puesta en escena, una búsqueda. En El Grillo todos (actores y técnicos) confiaron en que íbamos a hacer una película, en que sería una experiencia diferente, confiaron en mi como director y eso no es menor, y es mucha responsabilidad, la puesta tenía que responder a esta energía.

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MI: ¿Cómo fue el trabajo con el guión? ¿Cómo lo plasmaste en las actuaciones? ¿Dejaste espacio para la improvisación? ¿Cómo filmaste esos cuerpos?

MHC: Durante meses me la pasé escribiendo papelitos y pegándolos en mi cuarto. No quería trabajar con guión, tenía la intención de trabajar sobre la improvisación. Pero unos días antes del rodaje, mi asistente, Manlio Zoppi, me pide que por favor escriba algo para el poder armar un plan de rodaje. Y ahí me metí a escribir lo que tenía guardado y salió un guión de más de cien escenas con diálogos, monólogos, etc. Luego fuimos trabajando sobre él. Los actores se aferraron a ese texto y trabajamos a partir de allí. Galia Kohan, María Pessacq, y Martín Rena creían en ese guión, porqué iba a dudar yo? Filmamos las escenas varias veces desde diferentes puntos y eso me servía para ir marcando tonos, ritmos, etc.  En este clima me entregué también a José Benassi en la cámara y Ezequiel Salinas en la fotografía que sabían qué era lo que estaba buscando.

MI: Hay exploraciones filosóficas y poéticas muy fuertes desde la palabra, ¿a qué responden? ¿Qué buscabas allí?

MHC: Extraño los momentos en que tenía 16 años y con dos amigos del secundario nos pasábamos horas, días, hablando, filosofando tirados en el pasto tomando mates, platicábamos sobre la felicidad, la religión, la muerte. Todo lo que nos deparaba la vida cuando ese momento de adolescencia se acabase. Con el tiempo, marcado por el trabajo y las responsabilidades, esas charlas disminuyen notoriamente. Y cuando regresan ya no son tan inocentes, ahora hay una profundidad mayor, crudeza. Y con el cine, siento cada vez más responsabilidad hacia el espectador, y hacia allí van los diálogos, las reflexiones, las equivocaciones. Aquí aparece la poesía, la preguntas sin respuestas, las metáforas. Mucho cine de autor desconfía de la palabra, otro no sabe como hacerla creíble, entonces aparecieron cientos de filmes donde casi nadie habla, filmes necesarios. Pero yo quería rescatarla, para darle otro lugar, no el de la verdad, pero sí el de la posibilidad de una realidad.

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MI: También hay una exploración del mundo femenino y su relación con la ausencia, ¿por qué decidiste que las protagonistas sean mujeres? ¿Y por qué la presencia fuerte de la muerte? ¿Tiene que ver con la figura de Héctor Grillo?

MHC: Me es cercano el mundo femenino, siempre lo fue. Supongo que la ausencia es con lo que uno aprende a vivir pasados los veinticinco años, amores que se cortan, gente querida que se va muriendo, amigos que dejan de serlo, amantes que se enamoran y dejan de serlo. Conviví con Mónica Leunda quién había sido la mujer de Hector Grillo, y él en vez de ser una ausencia era una presencia, todo remitía a él, a su teatro, a su forma de ser, de pensar, etc. Aquel Negro Grillo no dejaba de aparecer también en amigos de él que me lo describían, la película debía estar dedicada a él. Y en la película hay un clima donde los tres personajes escuchan cantar a su grillo, a su locura, pero no lo ven, como en el verano que se nos mete el grillo a la pieza, sabemos que está pero queremos seguir durmiendo y no buscarlo, este es un mecanismo que utilizamos en otros sentidos de la vida también.

MI: Por último, ¿cómo ves el momento del llamado cine cordobés, que en este momento parece estar poniéndose en debate?

MHC: El llamado cine cordobés está en su mejor momento, se estrenaron nuevas películas, se están filmando otras (con y sin INCAA), gente que se dedica a pensar el cine está programando festivales, existen cursos de formación, cineclubes en toda la provincia, técnicos que piensan el cine como artistas, tenemos las primeras asociaciones que perduran en el tiempo, se está luchando por una ley de cine. Se quiere cerrar un cine como el Teatro Córdoba y hay gente que no quiere dejar que esto suceda, eso también es cine cordobés. Con El Grillo vamos a inaugurar una nueva sala enla ciudad – Centro Cultural Córdoba. Y se generó un primer debate con una nota de Sergio Schmucler,  que  a su manera, se expresa en contra del llamado cine cordobés y más allá de los gustos generó pensamiento, críticas, posicionamientos. Nuestro cine no tiene que reproducir lo que sucede con el cine afuera de nuestros límites, las programaciones de nuestros festivales no tienen que imitar a otros festivales, las críticas, las narrativas, los espacios, etc. Soy parte de un espacio, Cineclub La Quimera, que tiene más de 30 años funcionando, y una butaca menos cómoda no nos hace menos cine, vemos un film mientras escuchamos cómo entrenan boxeadores que toman clases en una peluquería, vamos a Cinéfilo y salimos con olor a pollo, en los rodajes el 90% de los técnicos son amigos. Todo esto hace al cine cordobés.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2014

Boyhood

Una película de todo el mundo

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Si el cine es el arte llamado a captar y transmitir la experiencia humana –sobre todo a partir de su imposición en los consumos culturales de las sociedades de masas–, el experimento de Richard Linklater debe ser una de las obras más ambiciosas de su corta pero vertiginosa historia: filmar el transcurso de una vida durante doce años es una empresa sin dudas desmesurada, aún cuando esa vida pertenezca al ámbito de la ficción, no así los cuerpos que la animan (en el género documental, vale citar, la directora checa Helena Trestikova parece ser una especialista en estas odiseas). “Boyhood”, sin embargo, no es la obra maestra que muchos pregonaban, aunque en algunas de sus imperfecciones se encuentran también sus méritos: se trata de una película abierta al acontecer del mundo, construida en contacto íntimo con el azar, de allí sus desequilibrios y desprolijidades, marcas de sus condiciones de producción pero testimonio también de los riesgos que asume.

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Linklater es uno de los pocos directores de Estados Unidos que no puede ser inscripto fácilmente en las categorías generales que suelen guiar al pensamiento sobre cine, al menos en los medios no especializados. Si bien pertenece al ámbito de la producción independiente, sus películas tienen un contacto fecundo con la narrativa clásica, a la que puede dominar como pocos. Boyhood es, pese a los desniveles apuntados, un ejemplo sumo de ello, no sólo porque el director fue filmando, pensando y elaborando la película a lo largo de esos doce años de realización, sino porque la propia narración muestra las marcas del tiempo y su continua adaptación al contexto: no me refiero a las referencias explícitas a los acontecimientos políticos de cada época, incrustadas un poco a la fuerza por un guión que muchas veces se vuelve demasiado explícito (incluso en las actuaciones), sino a que lo que vemos es efectivamente el crecimiento, desarrollo y maduración de un ente de ficción que de a poco va cobrando vida propia, desplegando un universo vital en construcción. Ese mundo es el del niño Mason (Ellar Coltrane), compuesto por su hermana Samantha (Lorelei Linklater, hija del director) y sus padres separados (Patricia Arquette y Ethan Hawke, muy bien ambos), que el director seguirá desde sus 7 años en la escuela primaria hasta los 19, cuando ingrese a la facultad. No sólo veremos su devenir y algunas de las experiencias que lo marcan, sino también el de todo su entorno: la problemática maduración de su madre soltera, condenada a repetir los fracasos amorosos con parejas que terminan volviéndose violentas o autoritarias, también el de su padre bohemio y ausente, que de a poco comenzará a responsabilizarse y acercarse a sus hijos, para terminar formando una familia propia. Se dijo con cierta razón que Linklater orquesta un curioso idealismo para los tiempos que vive Norteamérica, con una fe desmesurada en el “american way of life” y en la institución que la sustenta, la familia. Pero si bien el universo diegético que construye puede compararse por ejemplo al del gran Frank Capra –sobre todo por su amabilidad hacia los personajes y su fe inquebrantable en ellos– también evita llegar a la apología ingenua: sus protagonistas, Mason sobre todo, pueden llegar a ser prototipos de la clase media obrera bienpensante y bienintencionada, que a fuerza de trabajo, aprendizaje y maduración llegan a progresar en la vida y conseguir algunos de sus sueños –imán irresistible para el público masivo–, pero al mismo tiempo el director evita los golpes bajos y consigue sostener un tono medio general en el filme que se aleja radicalmente del melodrama. No por nada, cuando ocurren ciertos picos dramáticos es cuando la película pierde su rumbo (no tanto cuando intenta orquestar un cierre optimista). Ocurre que Boyhood es, precisamente, una película sobre los mundos sencillos de la gente común, ahí está también su fuerza, su valor y su pertenencia simbólica.

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Narrada con eficiencia y una sutileza apenas perceptibles –por ejemplo, en las elegantes elipsis que marcan los cambios de época–, el filme también termina mostrando un crecimiento formal a medida que avanzan sus 165 minutos: los planos medios del inicio centrados en los actores, de una composición bastante convencional, irán dando paso a puestas un poco más complejas, como aquél plano secuencia en el que Mason charla con una amiga adolescente mientras va caminando de frente a la cámara, típico de la trilogía de “Antes del Amanecer/Anochecer”. La música juegaun protagonismo central no sólo para crear climas narrativos sino para construir la personalidad de los personajes y señalar las épocas, que también se ven reflejadas en los avances tecnológicos que van incorporando los personajes. Radicalmente humanista, y legítimamente optimista, Boyhood termina construyendo al fin una experiencia de auténtico alcance universal, donde por unas horas puede entenderse la inagotable riqueza de toda comedia humana.

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Copyleft 2014

Published in: on 7 noviembre, 2014 at 2:55  Dejar un comentario  

Lucy

Pirotecnia y solemnidad

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Un tanque de la industria sobrevive silenciosamente en las carteleras comerciales de la ciudad a los cambios semanales de programación, que suelen reemplazar películas casi por decenas sin ningún criterio que se relacione con su calidad: le pasó ayer a la última obra del gran David Cronenberg, “Polvo de estrellas”, estreno que duró sólo siete días y que si bien no estaba entre los mejores filmes del director canadiense sí ofrecía una mirada impiadosa sobre la vacuidad del mundo del espectáculo y la psicosis concomitante que lo acompaña, muestra precisa de la perversión que esconde ese paraíso de cartón que domina nuestro imaginario simbólico. Pero las preferencias de programación determinan otra cartelera, donde la última película del pirotécnico director francés Luc Besson sí merece permanecer en exhibición: “Lucy” se habrá dado el gusto de inaugurar el prestigioso Festival de Cannes 2014, pero acaso sólo sirva para pensar las posibilidades y límites que signan al cine hollywoodense contemporáneo.

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Como cuadra a un director de la estirpe de Besson, el filme aborda uno de esos temas considerados centrales para la humanidad con una ligereza que paulatinamente le irá restando toda verosimilitud, todo contacto sincero con el mundo real, para convertirse en una parodia de sí mismo. El tema es nada menos que el devenir del homo sapiens, aquel primate que hace 200.000 años alcanzó a desarrollar su inteligencia para imponerse sobre el resto: la voz en off de la protagonista (interpretada con solvencia por Scarlett Johansson) abrirá el filme con una lectura crítica respecto a la evolución humana y el uso que el hombre ha hecho de tamaño privilegio, sobre un montaje acelerado que irá repasando diferentes hitos de nuestra historia. No se trata de un diagnóstico delirante, como pronto certificará un científico interpretado por Morgan Freeman: “El hombre ha privilegiado el tener al ser”, dirá el especialista en una clase cuya solemnidad resulta contraproducente. En efecto, el filme adscribe a la teoría de la evolución de Darwin e incluso al Big Bang –que hacia el final pondrá en escena en un derroche orgiástico de efectos especiales de CGI–, con un discurso crítico en la superficie que cuestiona el desaprovechamiento que hemos hecho de nuestras capacidades al ponerlas al servicio de los fines más viles, aunque lo curioso es que la propia película fagocitará esta visión desde su puesta formal, demasiado ligada a los tiempos de la publicidad.

La idea de fondo –que tiene pocos fundamentos científicos, aunque esto sea un detalle– es que el hombre no utiliza más del 10 por ciento de su capacidad cerebral: ¿qué pasaría si llegáramos a aumentar esa proporción? La respuesta de Besson estará en su protagonista, Lucy (Scarlett Johansson), una joven común que por engaño de su novio caerá en manos de una mafia oriental, que le implantará una nueva droga sintética en su vientre para ingresarla a Europa. El detalle es que la sustancia entrará en el sistema sanguíneo de Lucy, y le abrirá exponencialmente la mente al acelerar su reproducción de células: rápidamente, nuestra protagonista irá aumentando su capacidad cerebral y adquiriendo poderes que van desde el control absoluto de su propio cuerpo o la tecnología, a la telepatía y la telequinesis. El truco narrativo está en que le quedan 24 horas de vida, en las que intentará escapar de la mafia oriental que la persigue para recuperar la sustancia, aumentar su capacidad mental hasta llegar al uso del 100 por ciento de su cerebro y llegar a transmitir todos sus conocimientos al equipo científico encabezado por Freeman, que ha dedicado su vida a la temática.

Lucy copia

Mezcla tecno y pop de estéticas y referencias genéricas que van desde el cine oriental –con John Woo como principal faro– a películas de temáticas “metafísicas”, “Lucy” puede entenderse como una versión sofisticada de “Nikita” (1990), el filme que lanzó a Besson a la consideración del mainstream mundial. Claro que mucha agua ha pasado bajo el puente ya: el modelo 2014 del director combina hallazgos, grandes reflexiones y despropósitos varios en un cambalache de efectos especiales, persecuciones automovilísticas, resoluciones absurdas y giros injustificados –con una horrible música tecno de fondo en todas las escenas de acción–, que terminan ahogando al filme en un delirio más cercano a la estética publicitaria que al viejo y querido cinematógrafo. Las únicas reglas fijas parecen ser la explicitud del discurso –orquestada casi siempre de forma burda, sólo a veces con cierto ingenio: ver los montajes paralelos al inicio que intercalan imágenes de animales cazando para anticipar los acontecimientos que vivirá Lucy, pero que también sirven para graficar la posición filosófica del filme– y la voluntad de acelerar la narración mediante cortes abruptos de los planos. Hacia el final, la voz de Lucy reaparecerá para dar la lección de turno: “Ahora ya saben qué hacer con su inteligencia”, dirá, en la confirmación final de toda la frivolidad de la propuesta.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Published in: on 1 noviembre, 2014 at 12:59  Dejar un comentario  
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Sonidos vecinos

Relaciones de poder

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El Cineclub Municipal Hugo del Carril (http://www.cineclubmunicipal.org.ar/sonidos-vecinos/) vuelve a estrenar este fin de semana una película que se había hecho esperar: el elogiado filme “Sonidos vecinos” (“O som ao redor”, Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata 2013), del director y crítico cinematográfico Kleber Mendoca Filho, que aborda las relaciones de clase en una pequeña comunidad  brasileña desde una narración asordinada, misteriosa en su apropiación personal de los códigos del thriller, capaz de buscar su propia forma expresiva.

Las primeras imágenes ya son una incógnita por sí mismas: con sonidos de tambores de fondo, se muestran unas fotografías antiguas de una zona en construcción, posiblemente de la época colonial, con sus habitantes de clase obrera. Un virtuoso plano secuencia por la planta baja de un edificio, siguiendo a una niña en patín, marcará el cambio de época: estamos en el presente, y la película casi nunca saldrá del interior de esa moderna construcción de Recife, donde un joven se ha quedado dormido desnudo junto a una señorita, que podría ser una futura novia. El joven integra la familia aristocrática del lugar, dueña del edificio y de casi todo el barrio que ostenta cierta exclusividad, aunque a sus alrededores se puedan adivinar casas de personas menos acomodadas. Lo cierto es que pronto descubrirán que a ella le han robado el estéreo de su auto, un acontecimiento que parece insignificante pero que desatará la trama central del filme: la contratación de unos guardias de seguridad para vigilar la cuadra.

Habrá también un choque automovilístico en la esquina, aunque la película se adentrará en la cotidianeidad de ésa familia acomodada y en la de una madre, vecina de menos nivel económico, que lidia con las dificultades de una vida dedicada al hogar y los niños, ahogada por una rutina inquebrantable. Se diría que Mendoca intenta captar el pulso de una comunidad, el funcionamiento íntimo de un sistema vivo, atravesado y condicionado por el dinero.

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Formalmente impecable, el director propone una lectura desde el título mismo (“El sonido alrededor” en su versión literal), aunque la traducción material de sus ideas se vuelve mucho más interesante por la multiplicidad de sentidos que ofrece, haciendo de la incerteza su regla. Una escapada a la estancia rural del patriarca familiar se revelará en realidad como un pasaje onírico, una pesadilla que explicita los miedos de los protagonistas: el sueño funciona como catalizador de las peores fantasías de la burguesía. Ocurre que la posesión es un norte existencial, un paradigma simbólico que organiza la identidad de los miembros de una comunidad, lo que supone identificar los bienes con los seres, y el consiguiente riesgo de la pérdida. Por eso es muy significativo el modo en que Mendoca filma los espacios: con planos medios casi siempre fijos, y unos encuadres cuidadísimos, el director muestra la arquitectura moderna del edificio como una guarida o incluso una cárcel, donde la invasión del Otro está siempre latente (y significativamente se efectivizará en los sueños de una niña). El cambio de ángulo de la cámara funciona como signo gramatical, para enfatizar una mirada (por ejemplo, un contrapicado desde un balcón sugerirá la amenaza con un niño que juega a la pelota contra el muro del edificio) o la posibilidad de un peligro (como el zoom que enfocará el rostro de un nuevo guardia). Pero es el sonido la expresión más cierta de esa existencia latente, del orden de lo inconsciente, que acosa secretamente a los personajes: no sólo por la irrupción de tambores o acordes de piano en cualquier momento, sino también por los gritos que surgen en la incursión del protagonista a un cine abandonado (lo que parece sugerir el rol que juega cierto cine en la construcción de los miedos de clase).

Lo cierto, en todo caso, es que la gran pericia narrativa de Kleber Mendoca está en el manejo del fuera de campo, que mantendrá escondida hasta el final la trama policial que se venía desarrollando, aunque esto es más bien irrelevante: lo que importante es ver la materialización de una existencia signada por sus condiciones de clase, por las relaciones de poder que la atraviesan y la conforma.

Por Martín Iparraguirre

 

The Congress

Imágenes del más allá

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La anemia cinematográfica de los grandes complejos de exhibición será contrarrestada este fin de semana con el estreno de “Polvo de estrellas”, la última película del gran David Cronenberg, que constituye uno de los extrañísimos casos de directores que pueden llegar a las salas comerciales del mundo manteniendo su mirada autoral, sin resignar una pizca de independencia, riesgo ni calidad. Aunque lo merezca, no es el caso del israelí Ari Folman (“Waltz with Bashir”), cuyo excepcional filme “The congress” (2013)  ha sido una de las ausencias imperdonables de la programación en la ciudad durante este deslucido 2014 –junto con la también fascinante e inclemente “Snowpiercer”, de Bong Joon-ho, por cierto ambas pueden verse y conseguirse por Internet en el notable sitio http://www.cultmoviez.info–, deuda que será reparada una vez más por el circuito de exhibición independiente: el imprescindible Cineclub La Quimera proyectará la película hoy por única vez (ver Agenda Cultural).

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Filme de una actualidad y una pertinencia ineludibles, adaptación lúcida y profundamente lúdica de la novela “Congreso de futurología” de Stanislaw Lem, “The congress” articula una lectura inclemente del presente y el futuro del cine, aunque lo excepcional es que sus propias imágenes pueden ser muestra de las posibilidades latentes hacia otras rutas posibles que aún tiene la humanidad. Si el cine y en este caso la ciencia ficción sirven para pensar el mundo, “The congress” está llamada entonces a ser un aguijón que despierte conciencias y debates, aunque su tema no sea tan novedoso como la forma en que lo pone en escena: la posibilidad, cada vez más posible, de vivir una existencia virtual que reemplace al contacto con la realidad. El primer plano es ya de una potencia y una emotividad impactantes: el hermoso rostro con lágrimas de Robin Wright (que interpreta a un personaje de sí misma) está enfocado en un primer plano que se irá abriendo en un zoom out mientras su representante, en fuera de campo, repasa críticamente la historia de su vida. Fulgurante estrella precoz en la década de los ´80, Robin parece haber malgastado sus posibilidades en malas decisiones motivadas por un miedo paralizante, que su manager y mejor amigo (el gran Harvey Keitel) no hace menos que manipular para presionarla a aceptar una última oferta del gigante corporativo Miramount (conjunción nada casual de los actuales estudios Miramax y Paramount). La oferta no podría ser más cínica y al mismo tiempo representativa de los dilemas que experimenta el presente del cine, pues consiste en “escanear” enteramente a la actriz, desde sus gestos mínimos a sus emociones más profundas, para crear una versión absolutamente digital de Robin Wright, eterna e incombustible, que podrá ser usada a discreción por Miramount mientras ella “goza” de un retiro anticipado y obligado porque se le prohibirá volver a actuar en toda su vida. Simple reemplazo de la actriz de carne y hueso por su versión digital. Robin terminará aceptando la oferta entre otras razones por su hijo Aaron, que sufre un proceso indeclinable de reducción de sus facultades visuales y auditivas, pero el filme se irá 20 años en el futuro, donde su versión digital ya constituye una parodia burda de lo que alguna vez fue. El nuevo escenario será el “Congreso futurista” del título, una asamblea que tendrá lugar en un espacio impreciso formado por el universo animado de la ahora Miramount Nagashaki: el filme cambiará radicalmente de tono pues ingresará a un mundo de fantasía generado por impulsos químicos en el cerebro de las personas, que le permiten a los usuarios confeccionar la forma de la existencia a gusto y placer, dentro de una animación lisérgica que remite tanto a películas emblemáticas como “El submarino amarillo” como a otras estéticas del cartoon, dibujos animados y el anime, como “Robotech”. Ya allí, el filme entrará en una espiral descendiente donde la realidad se confundirá cada vez más con las alucinaciones de Robin, en un mundo donde los deseos de las personas pueden ser realizados al instante, donde no hay ego, necesidades insatisfechas ni conflictos, pero también ningún contacto real con los otros. Se trata de la puesta en escena de un pronóstico inclemente esbozado por el personaje de Paul Giamatti para el futuro del cine, absolutamente posible si se piensa en las tedencias del presente, según el cual el séptimo arte constituirá meros impulsos electrónicos dirigidos al cerebro humano que le posibilitarán a las personas armar sus propias películas en sus mentes, a partir de sus propios deseos, gustos, elecciones, impulsos y demás condicionamientos inconscientes.

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Filme compuesto de múltiples caras,  “The congress” coherentemente constituye una mixtura virtuosa de estéticas y lenguajes diversos: la animación estremece en su desaforada belleza lisérgica, tanto como la precisión de los planos que registran el mundo real (que construyen un realismo intencionalmente aséptico, sobre todo en la pureza impersonal de los estudios Miramount), o la eficacia de la banda sonora y del guión, que consigue bajar conceptos complejos y ofrecer parlamentos conmovedores sin ningún tipo de solemnidad ni artificialidad, entre otras razones gracias a las actuaciones de Wright, Keitel y Giamatti. La inquietante reflexión filosófica es, empero, la mayor virtud de la película, capaz de leer el presente sin medias tintas ni falsas protecciones simbólicas,  aunque sólo el tiempo confirmará la pertinencia de su diagnóstico.

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

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Entrevista a Rosendo Ruiz

Un amor colectivo

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A propósito del estreno de “Tres D”, nueva joya del cine cordobés

Otra semana auspiciosa se inicia para la producción cinematográfica local, ya que el jueves se sumará a las carteleras –tanto en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49) como en los complejos del Dinosaurio Mall– el esperado regreso de Rosendo Ruiz, celebrado director de “De Caravana” (2011), con el estreno de “Tres D” (2014), su nueva película (también se ha confirmado que “Atlántida” (2014), de Inés María Barrionuevo, seguirá una semana más en cartelera).

Filmada “en vivo” en pleno Festival de Cine Independiente de Cosquín (FICIC) 2013, durante únicamente cinco días, “Tres D” significa un cambio radical respecto a su inmediata predecesora, aunque quizás responda a razones similares, al menos a un mismo amor por el arte que integra y fomenta. Cruce lúdico entre documental y fantasía, el filme toma al encuentro como escenario privilegiado de una historia de amor de ficción mientras al mismo tiempo celebra y explora el funcionamiento colectivo del FICIC, dando la palabra a sus diversos protagonistas (desde directores de cine a programadores, críticos, aficionados, etcétera). La película, vale recordar, se estrenó en enero en la prestigiosa sección “Bright Future” del Festival Internacional de Cine de Rotterdam (Holanda), y en nuestro país tuvo un reconocido paso por el último Bafici.

MI: ¿Cómo se gestó “TresD”? ¿Por qué te surgió filmar un festival de cine?

Rosendo Ruiz (RR): “Tres D” nació en un primer lugar como un fuerte impulso o necesidad de filmar algo mientras esperaba la aprobación de otros proyectos. Esta necesidad tuvo su oportunidad cuando me invitan a ser parte de una mesa en el Festival de Cine de Cosquín. Gracias a “De caravana” yo había conocido bastantes festivales y todo lo que se mueve en ellos. De ésta conjunción surgió la idea de hacer una película durante el festival, siendo el escenario natural, e ideal, para tratar los temas sobre cine que a mí y a las personas con las que me relaciono nos interesaban.

MI: ¿Por qué decidieron insertar una historia de (ciencia) ficción en la trama documental?

RR: Uno de los temas que veníamos discutiendo entre cinéfilos era acerca de qué es el documental y qué es la ficción, y nuestra apuesta era diluir estos límites y pensar que el cine es un documento en el cual uno interviene -a veces un poco más y otras veces un poco menos-, en lo que está filmando (documentando).

MI: El método de trabajo fue sin dudas singular, ya que fue auténticamente colectivo, donde participaron muchas personas, ¿cómo fue este proceso? ¿Qué aprendizaje sacaste?

RR: Desde que surgió la idea, hasta que la película estuvo grabada, sólo pasó un mes. Fue un proceso récord en el cual todos los mecanismos funcionaron de manera colectiva y sinérgica. La clave fue armar una estructura simple que nos permitiera movernos de manera rápida y clara, al ritmo del festival.

El armado de un equipo reducido de trabajo, con gente talentosa e inteligente, fue la clave fundamental para que el mecanismo funcionara, resultando una experiencia increíble en la que en los cinco días de rodaje nos bastaran para tener un largo en nuestras manos.

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MI: La película transmite algo notable: cierto estado de hermandad entre todos sus participantes, ¿cómo captaste esta dimensión?

RR: Tuve la suerte de ser invitado a todas las ediciones anteriores del Festival de Cosquín, lo conocía bastante y estaba encantado con la frescura y sencillez de todo lo que lo rodea, desde la calidez del locro inaugural hasta la buena onda de las personas que atienden en los hoteles, sin hablar de la geografía en la que se recorta Cosquín. La intención era que todo esto estuviera de una o de otra manera en la película. Por supuesto que muchas cosas que quedaron impresas no fueron buscadas y nos sorprendieron en el momento de la edición.

MI: ¿Cómo eligieron a los directores que entrevistan? ¿Cómo fue trabajar con ellos como personajes tuyos?

RR: La organización del festival nos pasó la lista de invitados (directores, críticos, periodistas) que asistirían, nosotros elegimos a quienes nos parecían interesantes para incorporar en la película, los llamamos y muy gentilmente se sumaron al proyecto. Trabajar con ellos fue realmente un placer ya que son personas que conocen muy bien el oficio y entendieron la intención de la película que estábamos grabando.

MI: ¿Cómo esperas que sea recibida la película? ¿Cuál crees que es su principal virtud?

RR: Pensamos y escribimos “Tres D” pensando en el “gran público”, como vos lo llamás. Me interesa el cine del cual aprendo algo, es por esto que intentamos armar un filme que no subestimara al espectador y que pudiera mostrarle e invitarlo a conocer y pensar sobre algunos temas: el cine argentino, para quién hacemos películas los directores, el cine norteamericano, la dificultad de exhibición para cineastas independientes, la función de la crítica, el valor de los festivales, y, entre otros, el derecho que tenemos como espectadores a ver también nuestras propias historias en la pantalla grande.

Pienso que la película quedó muy fresca, con actuaciones encantadoras y muestra al festival, al pueblo de Cosquín (a sus perros) y sus paisajes de una muy agradable para ver en el cine.

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

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Atlántida

Una experiencia cinematográfica

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Se inicia otra semana promisoria para el cine cordobés porque una producción local volverá a estrenarse hoy en las salas comerciales de la ciudad (únicamente del Dinosaurio Mall, además del Cineclub Municipal Hugo del Carril –ver aquí: http://www.cineclubmunicipal.org.ar/atlantida/ –, que se ha convertido en el albergue natural del cine local), lo que antes que nada constituye un derecho colectivo de nuestra sociedad que merecería ser resguardado por las instituciones públicas, pues es fácilmente despreciado por los actores que dominan el mercado, cuyas políticas de programación no responden sólo a intereses económicos sino también a sus orígenes foráneos. Toda sociedad merece acceder a las propias representaciones que produce en sus ámbitos acostumbrados de consumo, aunque la naturalizada omnipotencia de Hollywood parezca indicar lo contrario. Pero la celebración aquí es doble porque “Atlántida” constituye una nueva confirmación del notable nivel de producción que se ha alcanzado en Córdoba: impecable en todos sus rubros técnicos, de una gran solidez narrativa para un debut, el filme de Inés María Barrionuevo –que llega avalado por un largo recorrido por festivales del mundo, entre los que se cuentan Berlín, Bafici y Cosquín–, invita a seguir ilusionándose con las posibilidades que se desarrollan a nuestro alrededor.

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Ejemplo de esa especie de subgénero que se ha expandido en el cine local de películas sobre la juventud, Atlántida atestigua sin embargo la heterogeneidad que existe al interior del (¿mal?) llamado Nuevo Cine Cordobés, pues resulta poco asimilable a películas como “El último verano”, “El espacio entre los dos” o “El tercero”: si bien todas comparten cierta voluntad por representar una juventud muy diferente a la promovida por el Nuevo Cine Argentino –otro neologismo pasado de moda–, ya que ninguna exhibe esa apatía, desavenencia existencial o voluntad por retirarse del mundo que caracterizó a los jóvenes que en la década anterior polularon como testimonio indirecto de la traumática salida de la Convertibilidad; al mismo tiempo exploran formas, temáticas y mundos muy diversos entre sí. Barrionuevo se concentra aquí en un terreno casi inédito para la producción local: la recreación de una época histórica del pasado, más precisamente la de un pueblo local a fines de la década del ´80. Y lo hace con una obsesión amorosa por los detalles, que si en algún pasaje puede llegar a rosar la explicitud, también ostenta una calidad y una autenticidad infrecuente, capaz de evitar cualquier costumbrismo pese a la genuina nostalgia que trasunta.

Su trama explora una pequeña epopeya de autodescubrimiento a partir de dos hermanas adolescentes inmersas en un tórrido verano pueblerino de 1987. Quien sostiene la narración es Lucía (la bella y eficiente Melissa Romero), que se está preparando para ingresar a la facultad en Buenos Aires pero debe convivir con su exigente hermana menor, la exigente y algo malcriada Elena (Florencia Decall, que vuelve a confirmar sus condiciones), que se encuentra confinada a un reposo obligatorio a causa de la quebradura de uno de sus pies. Se trata de un día atípico porque sus padres están ausentes, lo que de a poco permitirá despertar sus ansias de libertad: la narración de su cotidianeidad en la monótona siesta pueblerina será quebrada cuando los personajes salgan al exterior, donde de a poco intentarán concretar sus deseos silenciados, acaso como un modo de encontrar su propia identidad. Allí estará el centro del filme, que irá desplegando con sutileza y precisión los sentidos de esta angustia honda sin ponerla nunca en palabras, construyéndola pacientemente desde los detalles en base a planos cerrados sobre los cuerpos, de una simetría y una sensualidad inusual para tratarse de cámara en mano. Una escapada al campo de Lucía con una amiga de Elena, Ana (Sol Zavala, en otro gran debut), servirá para manifestar los deseos ocultos, así como una visita de un joven médico (Guillermo Pfening) a la hermana menor, que también está experimentando sus propios despertares. Significativamente, esa salida al exterior hará emerger una tercera trama dramática de connotaciones políticas, relacionada a un niño que trabaja como peón y entabla amistad con la pequeña hija de su patrón: si bien aquí el filme amaga con apelar a la caricatura naif o el estereotipo de estampita, termina salvando sus méritos con oficio e introduce un universo mayor que puede dar cuenta de las diferencias de clase en un mundo que sabemos se encuentra en lenta descomposición (como también anticipan los noticieros de la época).

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Pero si bien Atlántida tiene algunos desniveles que se pueden adjudicar a inseguridades propias de un debut (como un guión que por momentos explicita demasiado o el trazo grueso de cierta escena), también ostenta una calidad formal asombrosa, además de algunas resoluciones notables (como aquel plano desde el interior del auto donde viaja Elena, mientras afuera una moto batalla contra una lluvia feroz, gran síntesis de esa dimensión política que aspira a captar la película). La sensualidad que la fotografía de Ezequiel Salinas consigue crear en la textura del mundo físico que registran, sea en los cuerpos y la piel de las protagonistas, sea en los reflejos de la luz del sol sobre los seres o la captación de meras gotas de agua, y la precisión de su puesta de cámara –dominada por bellos planos secuencia que siguen obsesivamente a los protagonistas–  o la gran fidelidad del sonido de Atilio Sanchez, consiguen hacer de Atlántida una experiencia sensible, plenamente cinematográfica, lo que ya de por sí eleva la propuesta a otra dimensión. Será una suerte poder verla en las mejores condiciones posibles. Están invitados.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

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