29 Festival de Cine de Mar del Plata

El problema del juicio

Branco sai preto fica

Branco sai preto fica

El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata llegó a su fin tras nueve días de efervescencia cinéfila donde el cine fue celebrado en casi todas sus manifestaciones conocidas, gracias a un programa ecléctico y ambicioso que reunió 369 películas con actividades paralelas de primer nivel, para disfrute de un público que llegó de todas las latitudes y respondió en consecuencia, con visitantes extranjeros incluidos.

Fue una fiesta a la altura del 60 aniversario que se celebraba, aunque no todas las secciones hayan colmado las expectativas previas, ni el palmarés final haya reflejado sus mayores riquezas, que tal vez permanezcan desconocidas para quienes no pasaron por la ciudad feliz. Es el dilema que todo encuentro de este género debe resolver, independientemente de su tamaño e importancia: cómo elegir un jurado que esté a la altura de la propuesta ofrecida, partiendo del principio de que todo juicio estético depende de la formación específica de quien lo ejerce. Se trata de una cuestión central porque los premios establecen una categorización que funciona como una suerte de reseña del festival que construye una identidad pública al iluminar los que se considerará sus valores más importantes y ocultar otros: no será el mismo recuerdo que dejará esta 29 edición de Mar del Plata si el Astor de Oro se lo hubiera llevado “Cavalo Dinheiro”, del portugués Pedro Costa, o “Jauja”, del argentino Lisandro Alonso, como ostensiblemente merecían, que la película que finalmente ganó, la muy menor “Come to my voice”, del turco Hüseyin Karabey, una obra tan pretenciosa en sus aspiraciones como pobre en sus concreciones artísticas.

Come to my voice

Come to my voice

El populoso jurado de la Competencia Internacional compuesto por seis miembros –una rara mixtura que unió al realizador Paul Schrader con el crítico chileno Manu Yáñez Murillo, la cineasta Valeria Sarmiento (esposa de Raúl Ruiz), la actriz argentina Soledad Villamil, y los españoles Gerardo Herrero y Carlos Vermut, que al parecer fueron claves en la decisión final– privilegió así la corrección política y el conservadurismo estético al riesgo y la experimentación artísticas, al premiar a este filme de tono costumbrista que narra las desventuras de dos mujeres –una anciana y una niña– de una pequeña aldea kurda, que enfrentarán la prepotencia del ejército turco para recuperar al hijo de una y padre de la otra, detenido por una falsa acusación de esconder armas. “No me interesa hacer una declaración política pura y dura sobre determinada situación (…) Por eso prefiero usar un dispositivo y una historia que provoque tanto risas como lágrimas, y que con suerte deje pensando al público cuando salga del cine”, explica el director en el catálogo del encuentro, y si matizamos la primera oración –porque efectivamente es un alegato político explícito–, funciona como una declaración indirecta de los fundamentos del fallo.

Para completar el palmarés, el jurado otorgó el premio a Mejor Director de la competencia a Mathieu Amalric por “El cuarto azul”, una correcta adaptación de la novela homónima de Georges Simenon sobre una infidelidad que terminará de forma trágica en un matrimonio de la aristocracia pueblerina francesa, interpretado por el propio director, mucho más conocido por su trabajo actoral. Sobrio, funcional y compacto, este drama sobre el deseo y el matrimonio, que hacia el final se transforma en un policial judicial, carece de todas formas del vuelo, el riesgo y la calidad de las películas de Costa o Alonso (o también de la del catalán Hermes Paralluelo, “No todo es vigilia”, otra gran ignorada por el jurado), que hubieran sido más pertinentes para el galardón. El premio especial a Mejor Fotografía para el director portugués, sin dudas más que merecido, suena así a un consuelo para lavar culpas, pues “Cavalo Dinheiro” era acaso la película del festival. Y el Astor de Plata al Mejor Guión quedó para “Le meraviglie”, un promisorio debut de la italiana Alice Rohrwacher, que con cierto riesgo artístico narra los conflictos de una familia que vive recluida en el campo, intentando experimentar la utopía de la vida autosustentada, al margen de la sociedad.

No todo es vigilia

No todo es vigilia

Por el lado de las actuaciones, se premiaron a dos de las peores películas de la sección: Park Jungbum, por “Alive”, un lacrimoso drama coreano sobre la miserable vida de un obrero de la construcción estafado por su patrón, y Negar Javaherian, por “Melbourne”, una película iraní que con mayor sutileza, pero no menos fruición, se hunde también en las miserias humanas con la historia de un matrimonio que decide ocultar la muerte de un bebé que tenía a su cargo. Otra película más interesante, la brasileña “Ventos de agosto”, de Gabriel Mascaro, mereció apenas una Mención Especial del Jurado. Era una selección despareja por la notable distancia que existía entre estas obras galardonadas y aquellas de altísimo nivel que ya destacamos, pero el jurado se inclinó por los filmes más pobres y convencionales, decisión que sin dudas terminará desmereciendo al Festival.

Distinto fue el caso de la Competencia Latinoamericana, donde el jurado integrado por Andrés Di Tella, Cintia Gil y Boris Nelepo otorgó el premio a Mejor Película a la muy valiosa “Branco sai preto fica”, del brasileño Adirley Queirós, que sí supo aunar compromiso político con experimentación artística y vocación lúdica: este documental fantástico inventa una trama y una forma cinematográfica para compensar las injusticias vividas por sus protagonistas, negros de clase baja reprimidos brutalmente en los años ´80 por la policía estatal al punto de dejarlos inválidos, y orquestar una venganza ficticia contra el mayor emblema de las desigualdades brasileñas, la mítica ciudad de Brasilia, fantasía que parece constituir una feliz obsesión del director (que ya prepara una película de ciencia ficción sobre… la destrucción de Brasilia). Se podría decir que “Fávula”, del argentino Raúl Perrone, merecía mayor suerte en la sección, pero al menos el filme de Queirós está a la altura del galardón que obtuvo.

Su realidad

Su realidad

Por el lado de la Competencia Argentina, la película “Su realidad”, de Mariano Galperin, se llevó el premio mayor de la sección, al ofrecer un retrato lúdico del músico Daniel Melingo en formato de “road movie”; en tanto que eligió como Mejor Director al argentino residente en Uruguay Adrián Biniez por “El 5 de Talleres”, una comedia romántica más bien mediocre sobre un futbolista que decide retirarse a los 35 años, que basa todo su encanto en los actores Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg, por el simple hecho de que son pareja en la vida real. También se entregó una Mención Especial para “Salud rural”, de Darío Doria, sobre un médico que sostiene estoicamente desde hace 30 años un hospital de un pueblito ubicado en el centro de Santa Fe. Por lo demás, el cortometraje “Naranjas” del Colombiano Iván Gaona, se quedó con el premio principal de la Competencia Latinoamericana de cortos, y “Zombies”, de Sebastián Dietsch, ganó en el apartado argentino, donde “Nueve segundos”, de Gastón Siriczman recibió una Mención Especial.

Termina así un encuentro donde más de 130.000 espectadores –nuevo record de público–pudieron acceder al cine de todo el mundo y de todas las épocas, ya que el programa supera ampliamente a las competencias reseñadas, y por ejemplo ofreció hallazgos inigualables como películas de la época muda de Alfred Hitchcock o la retrospectiva del cineasta ruso Alexei German, exponente de un cine que parece imposible de encontrar en el presente. Todo eso y mucho más fue Mar del Plata, donde por unos días cada quién pudo encontrar su exacta medida del cine y de la vida, que aquí resultaron ser uno mismo.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 2 diciembre, 2014 at 21:55  Dejar un comentario  
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Nuevo Cine Cordobés

El cine que nos narra

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Yatasto

“Córdoba necesita de planos. Entonces podremos hablar de cine”, reclamaba el crítico Roger Alan Koza en un texto, indirectamente profético, sobre la situación del cine local en 2008, parte de un debate auspiciado por el Cineclub La Quimera (http://laquimera.wordpress.com/hablando-de-cines/) que finalmente resultó inaugural: es que los planos no tardarían en llegar, y poco después se estrenaría ese terceto de películas (“De Caravana”, “El invierno de los raros” e “Hipólito”) que abriría un fenómeno inédito en la provincia, conocido hoy bajo el impreciso mote de Nuevo Cine Cordobés. El Cineclub Hugo del Carril ofrecerá desde hoy una oportunidad única para acercarnos nuevamente a esta cinematografía múltiple que es ya una realidad pujante, siempre auspiciosa, con el ciclo “Relatos y poéticas” (ver en Agenda Cultural), que proyectará las películas incluidas en el libro “Diorama. Ensayos sobre cine contemporáneo en Córdoba”, compilado por Alejandro Cozza, acaso el intento más ambicioso de acercar el pensamiento crítico a las fuerzas realizativas de nuestra comunidad.

Es que el cine joven cordobés nació naturalmente bajo un manto de cierta condescendencia: la crítica lo cuidó acaso en exceso en sus años iniciales, entusiasmada con las novedades y temerosa de truncar esos impulsos que, bajo el gobierno de Juan Schiaretti y luego José Manuel De la Sota, parecían un sueño a punto de evaporarse. Ocurre que, vista retrospectivamente, la novedad no era pequeña: toda sociedad necesita producir sus propias imágenes en un mundo donde el ágora pública se construye a través de los medios masivos de comunicación, y por primera vez accedíamos a ese derecho largamente añorado. Pero el tiempo pasó, las tecnologías avanzaron y se popularizaron, las productoras locales se consolidaron y las políticas para federalizar la producción se institucionalizaron (proceso en el que la Ley de Medios tuvo un rol central poco reconocido), con lo que Córdoba tendrá este año una participación inusitada en el Festival de Buenos Aires (Bafici) con nada menos que ocho nuevas películas. Es hora también de comenzar a repensar, entonces, qué entendemos por cine cordobés a secas.

De Caravana, foto promocional

De Caravana

Una primera mirada arroja una heterogeneidad evidente, imposible de unificar bajo algún patrón estético o formal. El cine de ficción incluye por ejemplo obras absolutamente desterritorializadas, desprendidas de una geografía e identidad particular, como las películas de Rodrigo Guerrero, quien viene ensayando una exploración progresiva de la intimidad y el deseo, con cierto ánimo de experimentación  (como lo dejará en claro “El tercero”, su mejor creación a la fecha aún por llegar, una comedia audaz sobre el amor homosexual); o el cine de Liliana Paolinelli, filmado mayormente en Buenos Aires, una verdadera exploradora de los géneros populares cuya obra puede inscribirse en un universo temático específico (las relaciones personales de pareja y familia) sin un anclaje geográfico (a no ser por “Por sus propios ojos”, su película más política), pero con un estilo absolutamente individual e innegociable, imposible de encasillar en categorías preestablecidas.

Otros directores hacen de su contexto un protagonista central de sus películas, como Rosendo Ruiz con “De Caravana”, el filme que más ambiciosamente intentó captar el pulso urbano de nuestra ciudad, o próximamente con “Tres D”, película que explícitamente se apropia del Festival de Cine de Cosquín para ensayar un cruce lúdico entre ficción y documental. Se diría que Mariano Luque con “Salsipuedes” también otorga al paisaje serrano una identidad precisa, a pesar de cierto abuso del plano cerrado (traducción de las angustias que vive su protagonista, una joven víctima de violencia de género), aunque aquí nuestro dialecto juega un rol central, aún mayor que en el cine de Ruiz: su película es una fenomenología del habla cordobesa; ambas sin dudas expresan un cine popular, preocupado por captar las experiencias de las clases medias o menos favorecidas, que no suelen encontrar espacio en el cinematógrafo. He ahí también su política. “Los labios”, de Santiago Loza, también hace de su política una forma y de la forma una política, como en todo el cine del director, más allá de ésta historia reveladora sobre tres enfermeras en su incursión por el desamparado norte argentino. Diferentes han sido los intentos por abordar explícitamente acontecimientos políticos de nuestra historia: tanto Teodoro Ciampagna en “Hipólito” como Sergio Schmucler en “La sombra azul” pudieron sortear con profesionalismo los desafíos que la reconstrucción de otras épocas impone en términos de producción, con grandes ambiciones la primera y un fuerte posicionamiento sobre las discusiones del presente la segunda, aunque ambas se mostraron herederas de una estética televisiva en su forma, con un guión por momentos demasiado explícito en el mensaje que se buscaba transmitir.

La sensibilidad

La sensibilidad

Pero si entendemos que el cine es un espacio democratizador por naturaleza, ya que permite el acceso a escenarios que pueden igualar las circunstancias de los espectadores (pues ante un filme todos estamos en las mismas condiciones objetivas, y más allá de los conocimientos de cada quien, todas las interpretaciones son válidas y todos tienen derecho a construir sus propios significados con las imágenes, que no le pertenecen a nadie), debemos decir que el documental es el género que más se ha preocupado por esta dimensión: “Yatasto”, del catalán Hermes Paralluelo, seguirá siendo un hito a seguir por su inédita capacidad para enfrentarnos a nuestros propios prejuicios y nuestras sombras, algo que en menor medida también ensayaron “Criada”, de Matías Herrera Córdoba (nada casualmente, ambas de la productora El Calefón), “La sensibilidad”, de Germán Scelso, “El seco y el mojado”, de Martín H. Paolorossi y Sebastián Cáceres, y “Cuentas del alma”, de Mario Bomheker, en diferentes ámbitos, con calidades y temas diversos, cada una con sus particularidades pero con una sincera vocación política y social. Acaso aquí haya una clave: pensar películas “ligadas en el deseo y la urgencia; en la necesidad imperiosa de hacer cine, de narrar para entender, para vivir; para dar un sentido a lo que no lo tiene a primera vista”, como sintetiza el propio Loza en la introducción de “Diorama”.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

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Este es el fin

Camino al Paraíso

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Hace tiempo ya que la llamada Nueva Comedia Americana (NCA) ha dejado de ser ese movimiento revulsivo de sus inicios para convertirse en otra cosa, tal vez una de las matrices productivas del imperio cinematográfico del norte: lo sugiere no sólo la poca vitalidad que exhibió en este ajetreado 2013 –donde las mejores obras de Hollywood provinieron, esta vez, de la ciencia ficción– sino también su gran estreno del año, “Este es el fin”, debut tras las cámaras de dos de sus más emblemáticos hacedores. Contra lo que puede parecer a primera vista, el filme de Evan Goldberg y Seth Rogen (que ya habían coescrito los guiones de “Supercool” y “Pineapple Express”) termina siendo el mejor ejemplo de los límites de la NCA y su destino inexorablemente conservador, como lo insinúa la propia parábola dramática que vivirán sus protagonistas –que son los propios actores interpretándose a sí mismos–, en un final cuya verdadera ironía parece ser la puesta en escena de un anhelo callado de todo el grupo más que una (auto)parodia feroz, como tanto presumen.

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Uno de los ejes de la película es, en efecto, el problema del éxito (y la institucionalización que implica), tratado a través de la relación entre Rogen y su amigo Jay Baruchel, un actor mucho menos conocido que aquél, que además odia la vida frívola de la comunidad artística de Los Angeles. Jay se ha trasladado hasta la ciudad de las celebridades para pasar un fin de semana con su amigo y revivir los viejos tiempos, como se mostrará en esos primeros minutos: el propio Rogen lo recibe en su fastuosa casa con una mesa atiborrada de diversas variedades de marihuana como obsequio. Pero esa dimensión de lo cotidiano, tan rica y cara a la NCA, se comenzará a dislocar cuando Rogen insista en ir a una fiesta que James Franco organizó para inaugurar su nueva mansión, muy a pesar de Baruchel porque no se lleva bien con la comunidad hollywoodense: si ambos personajes son más o menos parecidos a los de sus ficciones previas y sus imágenes públicas –tipos comunes y mediocres, adolescentes tardíos pero bonachones–, los del resto de los famosos operarán un contraste lúdico con las expectativas del público. Ya el propio Franco se tomará en solfa a sí mismo caricaturizando su afición por el arte, mostrándose como un snob tonto y descerebrado, mientras que Jonah Hill (Supercool) compone a un mojigato resentido y gay reprimido, ambos obsesionados con Rogen y celosos de Baruchel, a quien tratan con una condescendencia y un paternalismo tan grande como su esquizofrenia –por ahí anda también un Michael Cera (coprotagonista tímido de Supercool) sacado, en el mejor gag de la película, aspirando cocaína por doquier y molestando a todos a su alrededor–.

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Esa primera media hora, donde la autoparodia parece ir a fondo, es la mejor parte de la película pues no sólo cuestiona el nihilismo frívolo de sus protagonistas sino también toda la cultura del star system del que forman parte, a través de la mirada distanciada de Baruchel, que organiza los conflictos dramáticos desde su inadaptación. Pero la búsqueda mostrará pronto sus límites a partir de la irrupción de lo extraordinario –que no es otra cosa que el propio Hollywood–: de repente, la tierra temblará y se abrirá, saldrán volcanes a la superficie y aparecerán túneles lumínicos en el cielo que comenzarán a chupar gente. Es nada menos que el Apocalipsis, y nuestros amigos quedarán encerrados en la fortaleza de Franco junto a un lívido Craig Robinson y un Danny McBride pendenciero e insoportable: todas las miserias saldrán a la luz ante la convivencia obligada en la escasez y la lucha por la supervivencia. La película iniciará entonces un derrotero errático por el homenaje paródico a otros géneros como el terror y lo fantástico, mientras nuestros (anti)héroes experimentan sus propias odiseas para ingresar al paraíso prometido, y todo contacto con aquella cotidianeidad fértil queda definitivamente abolido.

Despareja e insustancial, Este es el fin termina ofreciendo al fin una metáfora bastante gruesa sobre las propias búsquedas de sus artífices, que acaso se sientan mejor bailando al son de los Backstreet Boys en un paraíso idílico de “celebrities” que fumando marihuana en el living de sus viejas casas populares: el hedonismo indulgente del capitalismo moderno resulta irresistible, aún para quienes osaron, alguna vez, rebelarse contra lo establecido.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

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28 Festival de Mar del Plata

Premios a la corrección

Why_Don't_You_Play_in_Hell?

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 Los galardones principales del Festival de Mar del Plata finalmente no reflejaron la notable calidad del encuentro; aunque el cine cordobés fue justamente reconocido.

El 28 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata finalizó con un palmarés que no hace honor al nivel que mostró, que seguramente estuvo entre las mejores de su historia: los premios más importantes recayeron en dos filmes latinoamericanos que, de modo más o menos velado, con formas más o menos estilizadas, proponen una visión de sus propias regiones que parecen pensadas para vender al mercado europeo, siempre anhelante de exotismo (y miserabilismo) tercermundista. La mexicana “La jaula de oro”, del español Diego Quemada-Diez, se convirtió en la gran ganadora del encuentro al llevarse no sólo el Astor de Oro a la Mejor Película de la Competencia Internacional sino también el Premio del Público, entre varios galardones más (los premios a mejor película de la Asociación de Cronistas Cinematográfico de Argentina, la Asociación de Directores de Fotografía y la asociación católica SIGNIS), sobreponiéndose a piezas mucho más valiosas, riesgosas y exigentes como la argentina “Fantasmas de la ruta”, de José Celestino Campusano; la alemana “The Strange Little Cat”, de Ramon Zürcher; la mexicana “Club sándwich”, de Fernando Eimbcke, o la griega “The Eternal Return of Antonis Paraskevas”, de Elina Psykou; mientras que la venezolana “Pelo malo”, de Mariana Rondón,  aún más maniquea que aquélla, se llevó el Astor de Plata al Mejor Director y  el dedicado al Mejor Guión.

Our Sunhi

Our Sunhi

Fuera del palmarés, Mar del Plata mostró sin embargo un nivel superlativo en la programación no sólo de sus secciones competitivas, que consiguieron aunar lo mejor de la región con hallazgos de directores noveles del mundo, sino sobre todo de las categorías paralelas, donde se proyectaron las mejores películas del año: se pudo comprobar por ejemplo la altísima calidad de algunas cinematografías, sobre todo las orientales, con obras maestras que quedarán entre lo mejor de la década, como “Why Don’t You Play in Hell?”, acaso la mejor película de Sion Sono y del Festival –una estilizadísima comedia de mafias que destila un amor inconmensurable al cine–, “R-100”, de Hitoshi Matsumoto, “Drug War”, de Johnnie To, “Our Sunhi”, la nueva y excelsa comedia de Hong Sang-soo, “A Touch of Sin”, gran debut de Jia Zhang-ke en el cine de acción, o la retrospectiva entera dedicada al gran cineasta coreano Bong Joon-Ho, que además ofició de jurado oficial. También se pudo acceder a las mejores obras contemporáneas de Europa, entre ellas la portuguesa “E agora? Lembra-me”, de Joaquim Pinto, un documental conmovedor del director sobre su propia vida íntima, marcada por el HIV y la Hepatitis C, pero atravesada también por la historia del mundo, la política y una pasión incandescente por el cine y la cultura; la francesa “L’Inconnu du lac”, de Alain Guiraudie, un sofisticado thriller que también repasa las prácticas amatorias de una comunidad homosexual en un paradisíaco lago nudista, o la española “Història de la meva mort”, del catalán Albert Serra, otra singularísima adaptación del mito de Casanova, cruzado con la aparición del Conde Drácula. Algunas de las joyas mayores provinieron del pasado, en ciclos con copias restauradas o proyectadas en 35 milímetros de grandes directores: se pudo repasar así la obra monumental del húngaro Micklós Jancsó, dueña de un virtuosismo formal y teórico monumental, a una distancia inconmensurable del cine de nuestros días, o los trabajos del fotógrafo mexicano Gabriel Figueroa, con filmes excepcionales como “Salón México”, de Emilio Fernández, o  “Los olvidados” y “Nazarín”, de Luis Buñuel. Por no hablar de los focos dedicados al primer Alfred Hitchcock, a Roberto Rossellini o al cine argentino clásico, con los filmes recuperados de Jorge Cedrón. Las visitas importantes de Bong Joon-ho, John Landis, Joâo Canijo o Pierre Étaix, entre otros, ratificaron también la importancia del encuentro, como insólitamente pidieron algunos comentaristas que ponen a las luminarias como sinónimo de calidad. El público respondió además como nunca ante tantas posibilidades, y a la noche del domingo ya 130.000 personas habían pasado por las diferentes salas de la feliz, lo que configura todo un récord.

Los ganadores

La jaula de oro

La jaula de oro

La juventud de los protagonistas y las buenas intenciones de los directores parecen haber sensibilizado al jurado presidido por el gran Bong Joon-Ho –secundado por Paula Astorga Riestra (directora de la Cineteca Nacional de México), el escritor argentino Guillermo Martínez y el crítico español Javier Angulo–, como lo sugiere también el premio otorgado a la norteamericana “Little feet”, de Alexandre Rockwell (nada menos que el Premio Especial del Jurado), un manipulador diario semiautobiográfico que sigue durante un día a dos niños casi abandonados por su padre en los suburbios de Los Angeles, con el recuerdo de la madre muerta como telón de fondo y falaz estrategia emotiva. Se diría que los tres ganadores oficiales comparten una misma voluntad de articular un mensaje político a través de las odiseas personales de sus protagonistas, aunque su visión resulte más bien maniquea y sumamente gruesa en vez de comprometida: el mejor ejemplo es “Pelo malo”, que pretende ilustrar acerca del supuesto autoritarismo mesiánico del gobierno venezolano a través de los padecimientos de un niño de clase baja, absolutamente incomprendido por su madre, que sospecha una tendencia homosexual en él. La representación decididamente miserabilista de las clases populares se mezcla con un guión por momentos absurdo, que llega a proponer los conflictos del pequeño Junior (Samuel Lange, lo mejor del filme), quien quiere ser cantante y está obsesionado con alisar su pelo ralo para lograrlo, como una alegoría de la asfixia política y cultural que vive la sociedad venezolana. Su único mérito tal vez resida en cierta preocupación por captar el espacio público y la arquitectura de los barrios populares, donde verdaderamente se puede atisbar las condiciones de vida de los protagonistas, aunque la obsesión por bajar línea de la directora trunca todo acercamiento auténtico a ese universo.

No muy distinta es la visión de Latinoamérica que despliega “La jaula de oro” –lo que por cierto le otorga una inusual coherencia al fallo del jurado–, aunque su posicionamiento ideológico sea supuestamente el opuesto y ostente una mayor sutileza: Quemada-Diez –asistente de cámara de Ken Loach y operador de Fernando Meirelles, Oliver Stone y Alejandro González Iñárritu– aborda la odisea de miles de inmigrantes ilegales que pretenden cruzar el muro instalado en la frontera con México para ingresar al paraíso norteamericano a través de la figura de cuatro adolescentes, uno de ellos un indígena mapuche que no habla una palabra de español. Filmada durante ocho años con un evidente virtuosismo formal, de naturaleza documental por momentos aunque en otros apueste a la postal “for export”, La jaula… va repasando en su trama todos los peligros que pueden encontrar los inmigrantes ilegales en su odisea al norte, sea al cruzarse con la policía, el narcotráfico o la trata de personas, sea con la explotación inhumana en trabajos esclavos o el secuestro por parte de mafias o grupos guerrilleros. Lo que por supuesto no constituye nada malo en sí mismo, sino fuera por el modo en que todo está tratado: un guión que privilegia el golpe bajo y la manipulación emocional, un relato que funciona por mera acumulación de acontecimientos, una relación paternalista con los personajes –que en el caso del mapuche llega al paroxismo de la caricaturización (parece un alienígena venido de otro planeta)–,  y una visión celadamente manierista, donde la humanidad queda irremediablemente condenada. Las buenas intenciones no alcanzan para elevar al cine, aunque al parecer sí para ganar premios (aquí y en el mundo, pues “La jaula” se llevó también el de Un Certain Regarde, prestigiosa sección de Cannes, entre muchísimos otros). Hasta la mención especial otorgada a la iraní “The Bright Day”, de Hossein Shahabi, parece obedecer también al imperativo de la corrección política, aunque este retrato de aspiraciones testimoniales sobre la sociedad iraní contemporánea, que por momentos es un asordinado thriller judicial, resulte un poco más auténtico y valioso que el resto de las películas premiadas en la sección.

Los argentinos

Fantasmas de la ruta

Fantasmas de la ruta

Si bien no fue una buena edición para el cine argentino en términos de reconocimientos –al punto que no recibió ningún premio oficial–, los cordobeses sí pisaron fuerte en Mar del Plata: la directora Ada Frontini  recibió un más que justo reconocimiento por el gran filme “Escuela de sordos” al llevarse el premio a Mejor Director dentro de la Competencia Argentina, mientras que el joven Mariano Luque (responsable de “Salsipuedes”) se adjudicó el premio homónimo en la competencia de Cortometraje Argentino por “Sociales”,  su último trabajo, para muchos el mejor de su carrera hasta el momento.

A su vez, el bonaerense José Celestino Campusano quedó nuevamente fuera de los premios mayores y se tuvo que conformar con una mención especial de SIGNIS y el premio Argentores al Mejor Guión Argentino por “Fantasmas de la Ruta”, que sin dudas merecía mejor suerte en la Competencia Internacional: nuevo western urbano inclemente, el filme confirma el crecimiento de su visión sobre un universo absolutamente ausente del panorama argentino, cuya extravagancia no tiene nada que ver con la estética premiada en la sección (lo que quizás explique su marginación). Lo que allá es belleza impostada y miseria estilizada para el canon occidental, en Campusano es directa fealdad, tanto estética como formal, pura autenticidad en busca de reflejar las experiencias de los habitantes de su cine, que son sus compañeros de ruta. Aquí, el relato aborda los mecanismos de la trata de persona a partir del secuestro de la novia de un amigo del legendario Vikingo (personaje de sus anteriores filmes), aunque la excusa servirá para que Campusano componga el retrato más completo que haya logrado sobre ese universo existencial, que ya no sólo abarcará al conurbano bonaerense, sino que se extenderá al norte del país. Se trata de un mundo sin ley, donde el Estado está ausente, estructurado a partir de tribus urbanas o mafias que se autorregulan y protegen según códigos no escritos pero conocidos por todos, hasta que alguien rompe la frágil armonía que las mantenía separadas y el infierno vuelve a desatarse.

Los insólitos peces gato

Los insólitos peces gato

Por lo demás, en la Competencia Latinoamericana, la gran ganadora fue “Los Insólitos Peces Gato”, de la mexicana Claudia Sainte¬Luce, que se llevó el premio a Mejor Largometraje, mientras que en la misma sección “La utilidad de un revistero”, de Adriano Salgado, una comedia filmada en un único plano secuencia de dos horas, obtuvo el premio a la Mejor Película y el premio DAC (Directores Argentinos Cinematográficos) al Mejor Director. A su vez, el Premio Fipresci al Mejor Largometraje de la Competencia Latinoamericana fue merecidamente para “Penumbra”, de Eduardo Villanueva, mientras que el Astor de Plata a la Mejor Actriz correspondió a la española Marian Álvarez por su papel en “La Herida” y el Astor de Plata al Mejor Actor lo recibió Vincent Macaigne por su actuación en “La Bataille de Solferino”. Entre los galardones paralelos se destacan por último el Premio Mejor Película de la Sección Panorama Argentino para “El Crítico”, de Hernán Guerschuny, y el Premio MOVIECITY a la Mejor Película Argentina para “Choele”, de Juan Sasiaín. Por último, el Premio a la Mejor Película de la sección Banda de Sonido Original fue para “El Blues de los Plomos”, de Gabriel Patrono y Paulo Soria.

Vale la pena hacer un último comentario. Habrá que esperar para ver si este presente promisorio se mantiene en 2014, ante las versiones de recambio en la dirección y el plantel programador a raíz del alejamiento de Liliana Mazure de la presidencia del INCAA: ya hubo voces de actores de poder interesados en desestabilizar al festival (basta ver la patética polémica desatada por el crítico Jorge Carnevale en la Revista Ñ). Lo cierto es que Mar del Plata demostró ser un festival de primera línea, un encuentro central para la educación de la comunidad y los cientos de argentinos que se llegaron a la ciudad balnearia, además de la promoción del cine argentino y latinoamericano. Ojala las autoridades sepan apreciarlo.

Por Martín Iparraguirre

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28 Festival de Mar del Plata

El mundo de los sordos

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Como adelantábamos ayer, el cine cordobés comenzó a tallar fuerte en el Festival de Cine de Mar del Plata con el estreno de “Escuela de sordos”, de Alda Frontini (que la semana próxima se estrenará en el Cineclub Municipal Hugo del Carril), dentro de la Competencia Argentina, donde sin dudas es firme candidata al lauro mayor. Fotógrafa notable nacida en Bell Ville, Frontini debuta aquí en el largometraje con un documental observacional de inusual sensibilidad estética y política: como su título lo indica, versa sobre una escuela de sordos del interior cordobés, cuya vida interna es registrada a través del trabajo incansable de su protagonista, María Alejandra Agüero, profesora de Lengua de Señas Argentina (LSA) y amiga de la infancia de la propia directora. Gracias a un posicionamiento formal preciso, el filme consigue revelar un universo en sus más diversas expresiones sin rozar nunca el golpe bajo o la manipulación, pero permitiendo al mismo tiempo una empatía inusual con sus habitantes, un grupo de unos 30 estudiantes de todas las edades. A partir del tercer plano el filme ya se concentrará en la escuela en cuestión, a través de planos medios en su mayoría fijos que registran el trabajo de Alejandra con tres alumnos principales: un niño pequeño que es introducido en la LSA, un adolescente que está aprendiendo a leer y escribir y un adulto que se instruye en el uso del celular. La distancia y posicionamiento de los planos permite una relación particular con las imágenes, donde la mirada del espectador nunca es condicionada, sino que puede acceder a fragmentos enteros de una experiencia política precisa que busca integrar a aquellos que no pueden oír.

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Como la propia directora explicó en una entrevista en el blog “Con los ojos abiertos” (http://ojosabiertos.otroscines.com/28-festival-internacional-de-cine-de-mar-del-plata-09-senales-de-vida/), semejante disposición formal busca representar también “cómo miran los sordos: tienen que ver en plano grande, pues no pueden perderse nada de lo que pasa en el entorno, no pueden sólo ver el detalle, necesitan de todo el plano para entender lo que está pasando”. Lo que implica una decisión política que se extenderá a otro gesto formal preciso cuando el filme salgar de los ambientes propios de la escuela para explorar la vida extramuros de Alejandra, dedicada igual de intensamente a su trabajo: tanto en una cena en su propia casa con Juan, un reputado profesor de LSA también sordo, como en un pick-nick o un asado con los estudiantes. En algún momento, los diálogos entre los protagonistas dejarán de ser traducidos, con lo que el espectador se convertirá por unos instantes en un analfabeto de un lenguaje extraño, ubicándose así en una posición análoga de los otros: la LSA se vuelve así en la protagonista silenciosa del filme, un modo distinto de relacionarse con el mundo y el entorno que puede ser entendido gracias a la película. Es que sobre todo hay en “Escuela de sordos” una voluntad didáctica por excelencia, que no busca imponer lecturas ni dar mensajes al espectador, sino permitirle comprender la vida interna de una comunidad a través de sus prácticas y experiencias, donde la solidaridad y el aprendizaje mutuo es regla. No se trata por eso de ubicar falsamente al espectador en la posición de los sordos, como lo demuestra el protagonismo central que tiene el sonido en todo el filme (que precisamente permite apreciar cómo suena el mundo, y captar así la distancia con los protagonistas), sino de aprehender un universo desconocido para quienes pueden mirar y oír una película. Resulta significativo por ejemplo el momento en que Ada registra el trabajo de algunos de los alumnos en una panificadora, como así también la citada cena con Juan, donde por un lado podremos ver las expectativas de los estudiantes, y por el otro conocer los obstáculos y posibilidades que esconde la educación de la LSA en nuestro país: ocurre que aquí la vida no está escindida del aprendizaje, pues naturalmente dependen absolutamente una de otra, de allí la singular intensidad que transmite esta experiencia formadora. En este sentido, sin desconocer los problemas que los sordos tienen en nuestra sociedad, el filme ostenta una mirada esperanzadora que coherentemente traduce la dimensión esencial de todo proceso educativo: con todas las dificultades que tienen nuestros protagonistas, el futuro sigue estando en sus manos.
Por Martín Iparraguirre
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28 Festival de Mar del Plata

El relato de los Otros

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El inicio del 28vo. Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ratificó las expectativas al ofrecer, en su primer día, un sinnúmero de posibilidades a quienes se animaran a adentrarse en sus programas paralelos, más allá de sus competencias oficiales, que recién el domingo comenzaron a desplegarse con fuerza. El sábado fue un día para el placer: cine clásico latinoamericano (con la grandiosa “Salón México, de Emilio Fernández, en un apartado que ya comentaremos) convivió con el último vanguardismo proveniente de Europa, o el mejor cine oriental de género de varias épocas con los nuevos clásicos norteamericanos de la década del ´80 y el más reciente “mumblecore” (cine independiente joven de Estados Unidos). Como suele suceder, la oferta impone entonces una fina selección donde siempre van a quedar joyas afuera: acaso una de las películas que generaba más expectativas –de la segunda categoría citada en la enumeración– era “Arboles”, del irredento colectivo español Los Hijos. Dueños de una poética sin duda singular y desafiante, los jóvenes ibéricos vuelven aquí a problematizar la herencia de sus antepasados aunque esta vez se enfoquen en un tema explícitamente político: el colonialismo en América. La forma de abordarlo sigue siendo, empero, el tan mentado ensayo de “asociación libre” típico de este colectivo, aunque el filme ostentará una mayor coherencia narrativa con respecto a sus inmediatos antecesores, sobre todo “Los materiales”. Los primeros planos son una incógnita: muestran, en blanco y negro, los rostros de dos jóvenes reaccionando a una conversación que no oímos, pues el sonido está ausente. El paisaje cambiará drásticamente con la irrupción de un plano general de un bosque imponente, donde el sonido sí cobrará un protagonismo central, ya que transmitirá la experiencia precisa del ambiente que vemos. Estamos ya en la Guinea Ecuatorial, como pronto informará un cartel sobreimpreso, donde Los Hijos comenzarán a explorar en planos fijos la vida de una comunidad empobrecida, que poco a poco comenzará a relatarse a sí misma a partir del testimonio de una familia: en sus propios dialectos originales, los protagonistas narrarán  la historia de su pueblo relacionada al colonialismo español. Sin una voz en off que articule las imágenes, los directores organizarán la narración a partir de capítulos que exploran estos relatos que pertenecen a otra concepción de la historia, que adopta la forma del mito transmitido de forma oral: escucharemos así la leyenda de un cura colonizador en perpetua búsqueda de un pueblo nómade, que cada vez que encontraba se trasladaba completamente mientras él dormía, u otro relato sobre la imposición de la cultura occidental en las colonias españolas, ya sea a través de la religión o la imposición de urbes que luego eran abandonadas por los indígenas. La voz es la de los descendientes de aquellos pueblos sometidos, lo que sin duda cobra un significado político: Los Hijos buscan rescatar aquí los relatos segados por sus propios ancestros (de allí la inclusión de informes históricos de los colonizadores sobre la misión en América, donde se desnuda la explotación que escondía la evangelización). Pero en algún momento llegará el capítulo de “La Nueva Ciudad – parte 2”, donde el filme registrará sin más explicaciones y en un tono casi onírico la arquitectura de un condominio de departamentos que contrasta fuertemente con la geografía previa registrada: donde antes había una naturaleza apabullante aquí hay un gris omnipresente y deprimente. También se verán y escucharán a niños jugando, aunque lo harán tras una reja: el nuevo mundo semeja a una cárcel, donde la única belleza que encuentran está en la luz que atraviesa los muros que aprisionan a sus habitantes. La última secuencia retomará los planos iniciales, aunque esta vez con sonido, donde escucharemos las voces de los protagonistas antes acallados: el hombre primero dialogará por teléfono con algún amigo o pariente que está desempleado, y aparentemente planea visitarlos por una temporada junto a su familia. El diálogo seguirá con un proyecto para una película que se parece a “Poltergeist”, donde una familia tiene que soportar la herencia de los crímenes contra los pueblos originarios al comprar una casa construida sobre un cementerio indígena: sin explicaciones, el filme llegará a su fin. ¿Cuál es la relación entre los capítulos? ¿Se trata de mera provocación, como interpretan algunos? Si la propuesta es la “asociación libre”, ¿por qué no pensar que Los Hijos están problematizando la construcción de relatos sobre el colonialismo, contraponiendo la palabra de sus víctimas con la apropiación que realiza la propia cultura occidental a través del espectáculo encarnado en la industria cinematográfica? Quizás la interpretación no pueda ir más allá, algo que se podría interpretar como una debilidad insalvable de la propuesta de Los Hijos –pues está inscripta en la propia forma de la película, que también busca reflexionar sobre el propio dispositivo–, aunque sin duda los realizadores se ubican del lado de la balanza, e incorporan a la política como una dimensión más explícita de su cine, lo que a juicio del autor resulta un avance. Por lo demás, el cine cordobés comenzó ayer a desandar una senda que puede resultar histórica con el estreno de “Escuela de sordos”, de Ada Frontini, en la Competencia Argentina, que será acompañada por otros dos filmes locales en las otras instancias competitivas del festival. El destino está abierto a las sorpresas.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 18 noviembre, 2013 at 14:10  Dejar un comentario  
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28 Festival de Mar del Plata

Pasión y éxtasis en la feliz

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El 28vo. Festival Internacional de Cine de Mar del Plata comenzará el próximo sábado a desplegar una programación de una variedad y calidad inusual, que ratifica su condición de  ser el único “Clase A” de Latinoamérica, y que reunirá la friolera de 415 películas entre largos y cortometrajes distribuidas en numerosas secciones, llegadas desde 45 países del mundo. A tono con el Bafici, el otro gran festival de Argentina y la región, Mar del Plata viene creciendo progresivamente en los últimos años en base a una programación que resulta cada vez más rigurosa y variada, con una alta calidad en todas sus secciones.

Esta edición del festival puede quedar además en los anales de la historia cordobesa, ya que tres largometrajes locales participarán de sus tres secciones competitivas: “La laguna”, ópera prima de Gastón Bottaro y Luciano Juncos –ambos egresados de La Metro–, disputará el premio mayor del encuentro, el Astor de Oro, en la Competencia Internacional; mientras que “El grillo”, primer largo ficcional de Matías Herrera Córdoba (ya conocido por la excepcional “Criada”), producido por El Calefón, lo hará en la Competencia Latinoamericana; y “Escuela de sordos”, de la reconocida Ada Frontini –estrenado por estos días en el Espacio INCAA de la Ciudad de las Artes–, participará de la Competencia Argentina.  A toda esta cosecha, inédita en la historia de la cinematografía local, hay que sumar la participación del nuevo cortometraje de Mariano Luque (director de “Salsipuedes”), titulado “Sociales”, en la Competencia Argentina de Cortos, cerrando un presente más que promisorio para la producción cinematográfica local, que hace unos años nomás resultaba una verdadera utopía.

Fiesta cinéfila

Club sándwich

Club sándwich

La misión de todo festival es celebrar al cine en sus más diversas manifestaciones, brindándole al público la oportunidad de esquivar la hegemonía cultural que Hollywood ejerce en todos los mercados y poder acceder durante nueve días a ese otro cine que se produce en el mundo, de una calidad y variedad que sólo se puede descubrir en estos encuentros. En efecto, la política de un festival se destila en el programa que selecciona para ofrecer a su público; y este año Mar del Plata será una verdadera fiesta cinéfila, ya que por un lado sigue ampliando la variedad de sus propuestas pero sin resignar pertinencia ni rigurosidad: cada quien encontrará aquí el cine que lo identifique, pero también podrá acceder a otras narrativas y estéticas que sin dudas modificarán su modo de ver el séptimo arte.

Basta un repaso para apreciar la heterogeneidad que puebla al programa. La Competencia Internacional, que entrega el premio mayor del festival, incluirá por ejemplo a las películas argentinas “Fantasmas de la ruta”, de José Celestino Campusano –filme que vuelve a abordar la áspera realidad del conubarno bonaerense a través de la trata de personas–, y la citada cordobesa “La laguna”,  especie de western heterogéneo que narra un viaje de redescubrimiento personal del protagonista. Ambos filmes se medirán con “Club sandwich” (México), de Fernando Eimbcke, “The Strange Little Cat” (Alemania), de Ramon Zürcher, “Yvy maraey – Tierra sin mal” (Bolivia/México), de Juan Carlos  Valdivia, “La herida” (España), de Fernando Franco, “Drinking Buddies” (Estados Unidos), de Joe Swanberg, “Little Feet” (Estados Unidos), Alexandre Rockwell,  “Bright Day” (Irán), de Hossein Shahabi, “La Bataille de Solferino” (Francia), de Justine Triet, “The Eternal Return of Antonis Paraskevas” (Grecia), de Elina Psykou,   “La jaula de oro” (México/España), de Diego Quemada-Diez, “Pelo malo” (Venezuela), de Mariana Rondón, y “Las analfabetas” (Chile), de Moisés Sepúlveda, que será la película de apertura.

El jurado oficial estará integrado por Paula Astorga Riestra (directora de la Cineteca Nacional y Archivo de Cine Mexicano), el escritor Guillermo Martínez (también matemático argentino); Luciano Sovena (productor y ex directivo de Cinecittà), Javier Angulo (crítico y director español), y el cineasta coreano Bong Joon-Ho, a quien el festival le dedicará además una imperdible retrospectiva de sus películas.

O sol nos meus olhos

O sol nos meus olhos

Por el lado de la Competencia Latinoamericana, además de la cordobesa “El grillo”, el cine argentino ofrecerá otros tres exponentes: “El amor a veces”, de Eduardo Milewicz, “Choele”, de Juan Pablo Sasiaín, y “Tiro de gracia”, de Nicolás Lidijover. Ellas disputarán el premio con “Los insólitos peces gato” (México), de Claudia Sainte-Luce, “Mambo cool” (México-EE.UU.), de Chris Gude, “El verano de los peces voladores” (Chile), de Marcela Said, “Penumbra” (México), de Eduardo Villanueva, “A estas alturas de la vida” (Colombia), de Alex Cisneros y Miguel Calisto, “Las Niñas Quispe” (Chile, Francia), de Sebastián Sepúlveda, “Esclavo de Dios” (Ecuador), de Joel Novoa, “O sol nos meus olhos” (Brasil), de Flora Dias y Juruna Mallon, y “Aja Por Instinto” (Brasil), de Paulo de Tarso Disca, entre otras. El jurado estará compuesto por la realizadora Lucía Murat, premiada en la vigésima edición del festival por su película “Casi hermanos”; el reconocido guionista y director argentino Juan Bautista Stagnaro, y el más célebre aún João Canijo, cineasta portugués de amplia y galardonada trayectoria (de quien en nuestra ciudad se pudo ver recientemente su penúltimo filme, “Sangre de mi sangre”).  A su vez, en la Competencia Argentina, concursarán la citada “Escuela de sordos”, de Ada Frontini; “7 Salamancas”, de Marcos Pastor; “Liberen a García”, de María Boughen; “I am MAD”, de  Baltazar Tokman; “Mujer conejo”, de Verónica Chen; “Algunos días sin música”, de Matías Rojo; “Diamante”, de Emiliano Grieco; “El aire”, de Santiago Guidi; “Polvareda”, de Juan Schmidt; “Tres muertos”, de Jerónimo Atehortúa Arteaga e Iñaki Dubourg; “La utilidad de un revistero”, de Adriano Salgado; “Imprescriptible”, de Alejandro Ester; y “Maravilla, un luchador adentro y afuera el ring”, de Juan Pablo Cadaveira. El jurado estará integrado por la directora chilena Isabel Orellana Guarello (programadora del Festival de Cine de Valdivia), Carlos María Domínguez (escritor, dramaturgo y crítico del diario uruguayo El País), y el alemán Sven  Pötting (crítico y programador del Festival de Cine Kino Latino).

Panorama y focos

A Fuller life

A Fuller life

 

Pero esta enumeración es apenas el inicio de un programa inabarcable. A las secciones competitivas se sumará como siempre la amplia sección Panorama, que reúne las películas de los grandes maestros o jóvenes promesas que están despuntando en el mundo, además de numerosos focos. Se verán aquí, por ejemplo, las nuevas películas de Andrzej Wajda (“Walesa. Man of Hope”), Bruno Barreto (“Flores raras”), Jia Zhang-Ke (“Tian zhu ding”), Claire Denis (“Les Salauds”), Kim Ki-Duk (“Moebius”), Xavier Dolan (“Tom à la ferme”), Yves Montmayeur (“Michael H. Profession: Director”), Samantha Fuller (“A Fuller Life”), Nicole Holofcener (“Enough Said”), Maria de Medeiros (“Repare bem”), Ettore Scola (“Che strano chiamarsi Federico! – Scola racconta Fellini”), Hong Sang soo (“Our Sunhi”), Frederick Wiseman (“At Berkeley”) y Philippe Garrel (“La jalousie”), sólo en el apartado “Autores”.

Ocurre que Panorama incluye una gran diversidad de focos y subsecciones donde, por ejemplo, estarán los últimos filmes del honkongés Johnnie To (“Blind detective” y “Drug War”), de Hitoshi Matsumoto (“R100”) y Sion Sono (“Why Don’t You Play in Hell?”) –todas de la sección “Hora cero”–; de Jonas Mekas (“Outtakes from the Life of a Happy Man”), Albert Serra (“Historia de la meva mort”), Valerie Massadian (“America”), John Smith (“Dad’s Stick”), Ben Rivers  (con Ben Russell en “A Spell to Ward Off the Darkness”), Jean-Marie Straub (“Un conte de Michel de Montaigne”) y el irredento colectivo español Los Hijos (“Une histoire seule”) –en la sección Estados Alterados–, reuniendo efectivamente las últimas obras de los mayores autores contemporáneos junto a la de las jóvenes promesas que han surgido en el mundo. Panorama se completa además con una amplia retrospectiva de cine argentino, titulada “Panorama Argentino”, otra latinoamericana (“Las venas abiertas”), una sección dedicada al humor (“Sentidos del humor” ),  otra dedicada al cine juvenil (“Busco mi Destino”), otra al formato Súper 8, entre varias más, que incluyen un foco a la directora española María Cañas, “que trabaja de manera muy irónica sobre imágenes de archivo televisivo que ella toma y resignifica”, se adelanta.

Pero si hablamos de focos, cómo no destacar la visita de Boon Joon-Ho, que será sin dudas una de las grandes atracciones del festival, pues se trata de uno de los directores coreanos más reconocidos en la actualidad, y el público podrá apreciar obras maestras del cine de género como la comedia negra “Barking Dogs Never Bite”, el policial “Memorias de un asesino”, la película de ciencia ficción “The Host” y el policial “Mother”. El encuentro también ofrecerá una selección de clásicos del estadounidense John Landis  como “Colegio de animales”, “Los hermanos caradura” y “Un hombre lobo americano en Londres”, mientras que el cineasta brindará una de las Charlas con Maestros, al igual que su esposa, la reconocida diseñadora de vestuario Deborah Nadoolman Landis. Y el gran autor francés Pierre Etaix también tendrá una retrospectiva dedicada a su obra. A todo esto, hay que agregaron los focos dedicados a grandes autores ya clásicos como Roberto Rossellini, Alfred Hitchcock y Juan Antonio Bardem, que se sumarán una retrospectiva de siete filmes del argentino Jorge Cedrón, autor de la adaptación cinematográfica de “Operación Masacre”, de Rodolfo Walsh, y un homenaje a los 20 años del estreno de “Un muro de silencio”, de Lita Stantic. Otro tributo al cine nacional se centrará en la película “No habrá más penas ni olvidos” (1983), de Héctor Olivera, adaptación de la novela homónima de Osvaldo Soriano, acaso como homenaje a los 30 años del regreso de la democracia.

Eso es amor

Eso es amor

Por último, mas no al último, vale destacar el foco “Portugal alterado: las últimas películas” que continúa la sección abierta en 2012 titulada “España alterada”, que reúne ahora a los nuevos realizadores que trabajan por fuera del sistema, resistiendo incluso la falta de subsidios y el peligro del cierre de la Cinemateca portuguesa. La muestra ofrecerá ocho cortos, un programa especial dedicado a Patrick Mendes (quien estará presente) y otros seis largometrajes, entre los que figuran “La madre y el mar”, de Gonçalo Tocha, y “Eso es amor”, de Joao Canijo, jurado en la sección Latinoamericana. Con lo que se completa un programa que sin dudas provocará el éxtasis de los amantes del séptimo arte. Bienvenido sea.

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

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Published in: on 15 noviembre, 2013 at 1:11  Dejar un comentario  
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Entrevistas: Cinéfilo 14

Cine en papel

Este miércoles se presenta el nuevo número de la revista en el Cineclub Municipal Hugo del Carril

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Por Florencia Freijo

Nacida en el año 2010, “Cinéfilo” es una revista cordobesa dedicada a la crítica y análisis de cine, una verdadera rareza en los tiempos de la vida virtual. Sus autores son jóvenes que desarrollan un amor excepcional al cine a través de columnas, entrevistas, notas y críticas que se publican en sus páginas.

En una cálida entrevista con HDC, llevada a cabo en el cineclub que lleva el mismo nombre, el equipo de redacción, en la voz de José Fuentes Navarro, comentó que “la revista trata de englobar lo que es el presente del cine a partir de las críticas, pero con películas que se han estrenado en Córdoba o que se van a estrenar dentro de muy poquito”, para que “la gente pueda haber visto las películas sobre kas que escribimos en esta edición”, agregó.

La intención de la revista es darle visibilidad a películas destacadas en el universo cinematográfico pero que tienen poca difusión, puesto que suelen estar alejadas del circuito de exhibición de las grandes salas. “La línea editorial trata de encontrar una conexión entre todas las películas para así hacer un panorama. La única relación que tiene es que todas se estrenaron en 2013”, comenta Santiago Gonzáles Cargnolino. Y al respecto, añadió: “Es darles un apoyo, y no como un acto caritativo, justamente el acto cinéfilo es de mucho amor, así como la película te da algo, es devolverle algo a ella”.

Formada por los críticos y realizadores Martín Campos, Rosendo Ruíz, Santiago Gonzáles, José Fuentes Navarro, Leandro Naranjo, Inés Moyano, Ramiro Sonzini, Fernando Pujato y Martín Álvarez, también editor, “Cinéfilo” se consagra como la única revista del país dedicada exclusivamente a la crítica cinematográfica que se publica en formato papel, de una calidad sobresaliente. En este sentido, Leandro Naranjo justificó la edición impresa en que “el papel tiene todavía una materialidad que es más fuerte que la digital: compartir una revista tiene más presencia, más importancia, más calidez”.

El equipo de Cinéfilo a pleno.

El equipo de Cinéfilo a pleno.

Sentados en una mesa del cineclub, el grupo discute y sostiene que el hecho de que la revista se pueda tocar y hojear los motiva a escribir algo que realmente sea valorable. “Si tenés 60 paginas, no podes escribir para 120, entonces eso hace que haya un control de calidad. Y es bastante estricto”, comenta Santiago Gonzáles.

Al ser una revista trimestral, los temas que se abordan no son sólo de actualidad, ya que se busca que “se pueda leer cuando sea”, afirmó Leandro Naranjo, “más allá de que trata de tener vínculos con el presente, la idea es que sean críticas que no aspiren a la película del momento si no que tengan presencia a lo largo del tiempo”.

En su edición número 14, que se presentará esta semana, la publicación ofrece una entrevista a José Celestino Campusano, un importante realizador argentino emergente en los últimos años, cuya obra escapa a toda norma, convirtiéndolo en un cineasta exótico y original. Además, se destaca una entrevista al director cordobés Mariano Luque, responsable del celebrado estreno “Salsipuedes”. Otra entrevista imperdible es la del director y guionista Michael Wahrmann, uruguayo de nacimiento pero con una vida nómade que lo llevó a vivir en Jerusalén, Europa y Brasil, donde finalmente desarrolló su obra. Además, entre los temas más importantes se encuentra el extenso análisis dedicado al reciente estreno “Post Tenebras Lux”, del director mexicano Carlos Reygadas.

Con la ilusión de alcanzar una difusión a nivel nacional, los autores resaltan que la revista está destinada “a todo el mundo, a todo aquel que tenga alguna inquietud respecto al cine”.

Invitación más que pertinente para asistir a la presentación del nuevo número, que contará con una charla de Campusano y la proyección del primer capítulo de su último trabajo, la mini serie “Fantasmas en la ruta”. La cita es el miércoles a las 20:30 en la Sala Mayor del Cineclub Municipal Hugo del Carril (San Juan 49). La entrada es gratuita.

PD: esta nota fue realizada por Florencia Freijo y publicada en la edición del lunes 9 de septiembre del diario Hoy Día Córdoba. 

Se relanza la revista Cinéfilo

Los amantes incondicionales

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El pujante movimiento cinematográfico local vivirá hoy miércoles un pequeño hito largamente merecido: a las 19, y en el Centro Cultural España Córdoba (Entre Ríos 40), se presentará la primera revista de crítica de cine local de tirada masiva, titulada “Cinéfilo”. El nombre destaca en primer lugar la pasión que une a sus responsables, el amor incondicional al cinematógrafo, pero también refiere al lugar físico que los nuclea, el Cinéfilo Bar (Bv. San Juan 1020, esq. Mariano Moreno), convertido ya en un verdadero faro para los amantes cordobeses del cine, y de cuya entraña surge el equipo que concretará esta empresa que deberá enfrentar grandes riesgos financieros, estéticos y artísticos.
Porque como explica la presentación, la revista (que ya existía como edición de difusión de la programación del cineclub homónimo) ahora se independizará en las actividades de la ciudad, con el objetivo de constituirse en una publicación especializada a la altura de los referentes del género, tanto a nivel nacional como internacional. “La revista se propone acompañar y pensar la actualidad del cine según una agenda doble, que combine los estrenos locales con las novedades presentadas en el circuito internacional de festivales. Descubrir, describir y pensar los movimientos del cine contemporáneo: allí hace foco Cinéfilo”, adelanta la presentación. “Pero en el deseo de detectar, agrupar y pensar las tendencias que resultan más representativas del presente, también interesa volver al pasado en busca de los orígenes y/o antecedentes de los nuevos cines: un ida y vuelta capaz de enriquecer cada obra al enmarcarla en una historia mucho más amplia. Ofrecemos una revista moderna, de contenido exclusivo y de calidad; una revista de culto, de lectura y de colección”, finalizan los responsables de Cinéfilo. Que son ni más ni menos que un grupo de críticos locales que combinan experiencia con pasión y juventud, formado por Martín Álvarez, Martín Emilio Campos, José Fuentes Navarro, Santiago González Cragnolino, Inés Moyano, Leandro Naranjo, Fernando Pujato, Rosendo Ruiz y Ramiro Sonzini.
El primer número, que se presentará hoy, ya es una muestra de las ambiciones de la publicación: además de analizar estrenos tan disímiles como “Tabú”, del portugués Miguel Gomes, “La noche más oscura”, de Kathryn Bigelow, la impactante “The act of killing”, de Joshua Oppenheimer, o “Django sin cadenas”, de Quentin Tarantino; la revista incluye ensayos sobre los “Mundos de ficción” o el género del thriller, una cobertura diaria del último Bafici, entrevistas en profundidad con realizadores como Raúl Perrone y Matías Piñeiro -que abordan sus últimas películas, “P3ND3JO5” y “Viola”, respectivamente-, o verdaderas joyas escondidas como una charla pública con el director brasileño Júlio Bressane o un texto del crítico australiano Adrian Martin sobre la gran película “Jerry and me”. En la era de la realidad virtual, además, la revista apostará a una existencia en papel de alta calidad, con un precio de venta popular, un desafío para nada sencillo.
Diversidad y calidad a fin de abordar ese luminoso objeto del placer y el deseo que es el séptimo arte. Para hacer honor a dicho objetivo, la presentación de la revista incluirá una charla con Fernando Pujato, Roger Koza, José Fuentes Navarro y Martín Alvarez, bajo la moderación de Alejandro Cozza, con la proyección del citado filme “Jerry and me” (Irán/USA, 2012, 38 min.), de Mehrnaz Saeed-Vafa. La cita es el miércoles 12 de junio, a las 19, en el CCEC, con entrada gratuita.

Por Martín Ipa

Published in: on 12 junio, 2013 at 13:48  Comments (2)  
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Bafici 2013

El mundo en su multiplicidad

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A última vez que vi Macau

Como todo festival importante, el Bafici (Buenos Aires Festival de Cine Independiente) dejó en su 15º edición mucha tela para cortar, más allá del palmarés final que en general hizo justicia a la notoria calidad exhibida durante el certamen, que ha ratificado así su estatura como uno de los más importantes de América, por extensión del mundo. Ya se publicó en las páginas de Hoy Día Córdoba un balance provisorio con las cifras y los ganadores, pero el autor quisiera extender el análisis para repasar sucintamente las  películas que mejor lo impresionaron, aún a varios días de distancia de su visión, quizás porque busca retener el placer que le produjo el contacto con sus imágenes. Y es que la nueva edición del Bafici fue notablemente superior a las últimas entregas, no sólo por la inclusión de los estrenos de los maestros del mundo (sin agotar la nómina, citemos a Abbas Kiarostami, Jafar Panahi, Manoel de Oliveira, Aki Kaurismäki, Pedro Costa, Oliver Assayas, Víctor Erice, Raúl Ruiz, Jean-Marie Straub, Apitchapong Weerasethakul, Takeshi Kitano y Masahiro Kobayashi), sino también de los autores que han despuntado en la última década (João Pedro Rodrigues, Carlos Reygadas, Naomi Kawase, Vincenzo Marra, entre otros), y por supuesto de las nuevas promesas que vienen asomando, lo que constituye la marca distintiva del festival (entre otros, Michael Wahrmann, Jim Finn, Sylvain George, Yulene Olaizola, León Siminiani, Pablo Larraín).

Berberian Sound Studio

Berberian Sound Studio

Para comenzar, digamos que la gran ganadora del festival, la británica “Berberian Sound Studio”, de Peter Strickland (Mejor Película de la Competencia Internacional y premio ADF al Mejor Director de Fotografía para Nick Knowland), es un impecable thriller psicológico de aires clásicos, que en el fondo constituye un ensayo apasionado sobre el sonido. El filme se centra en un ingeniero de sonido británico (interpretado por el gran Toby Jones) que llega a un estudio de grabación italiano, dirigido por burócratas cínicos y prepotentes, para realizar el diseño sonoro de una película de horror. Filme hecho de climas y sugerencias, con un tono decididamente lynchiano, el protagonista de Berberian Sound Studio es en realidad el sonido, que poco a poco se irá apropiando de la narración hasta imbuir al protagonista en la propia ficción que realiza, al punto de no poder distinguirla de la realidad. Y si lo que vemos es en realidad la mirada de una psiquis escindida, al final lo que menos importan son los vericuetos de la trama, en comparación con la celebración lúdica que Strickland hace del sonido en el cine.

Playback

Playback

Otro filme apasionado y apasionante sobre el cine es el suizo “Playback”, de Antoine Cattin y Pavel Kostomarov (que obtuvo una mención especial en la misma competencia), un documental de observación inusual sobre el director ruso Alexei German durante la filmación de la frustrada adaptación de “Qué difícil es ser Dios”, novela de los hermanos Arkadi y Boris Strugatski, un proyecto delirante que llevó a sus protagonistas al borde del colapso. Megalómano irredimible, German cargó con este proyecto desde fines de los años ´60 pero su realización se vería frustrada por la dimensión monstruosa de la empresa, comparable a la de un tanque de ciencia ficción hollywoodense, pero rodado con medios artesanales. Playback se interna en el set y los escenarios de la película (que trata sobre unos científicos que estudian a los habitantes de otro planeta, que parecen vivir en la Edad Media) en pleno rodaje, con German absolutamente superado por las circunstancias (debe manejar a cientos de extras, las histerias de las estrellas, a decenas de técnicos y solucionar problemas por doquier), lo que hace aflorar su autoritarismo y maltrato hacia los demás, aunque aún así puede contagiar una pasión desbordante por el séptimo arte.

A última vez que vi Macau

A última vez que vi Macau

Pero si hablamos de películas deslumbrantes, qué decir de “A última vez que vi Macau”, de los portugueses João Pedro Rodrigues (“Morir como un hombre”) y João Rui Guerra da Mata, granausente en el palmarés de la Competencia Vanguardia y Género ya que sintetiza como ninguna otra la propuesta de la sección, además de ser probablemente la mejor obra del festival. Especie de ensayo histórico, íntimo y político sobre Macao, la emblemáticaciudad que perteneció a Portugal durante casi 450 años y hoy administra China, el filme constituye tanto un thriller apocalíptico de ciencia ficción como un documental autobiográfico sobre la relación de un hombre con los espacios públicos de una ciudad. Ése hombre es Guerra da Mata, que vivió su infancia en Macao y está insertado en el filme como el protagonista que narra en off su regreso a la ciudad para ayudar a su amiga Candy, una misteriosa travesti que está siendo perseguida por una sectadesconocida. La narración en off mezcla los recuerdos de Guerra de Mata sobre su infancia en Macao y la reflexión sobre las transformaciones que ha sufrido la ciudad con el policial negro en sí, en  donde alguien busca un tesoro para salvarse de una catástrofe que se avecina. Película radicalmente libre y lúdica, La última vez que vi Macao es un policial filmado como un documental, donde los protagonistas permanecen siempre en fuera de campo, mientras su lugar es ocupado por los espacios de la ciudad y las prácticas culturales, religiosas y sociales de su población, registradas con una sensibilidad notable por los directores, que además consiguen el extraño milagro de no perder en ello un ápice del suspenso que despliega la historia central, tan fantástica como seductora.

Arraianos

Arraianos

Claro que la ganadora de la sección, la película española “Arraianos”, de Eloy Enciso Cachafeiro, no es menos fantástica ni fascinante, aún cuando adopte un formato (apenas) más clásico de documental. Aquí también la protagonista es una colectividad, aunque parece pertenecer a otro tiempo histórico: el pueblo Couto Mixto, perdido en la frontera entre Galicia y Portugal. Y también aquí hay  una mezcla entre la naturaleza del documentaly la ficción, relacionada con la obra de teatro “O bosque”, del dramaturgo Jenaro Marinhas del Valle, punto de partida para este viaje a un universo de una distancia inconmensurable al nuestro, reglado por formas de convivencias y una cultura absolutamente distintas. Sin descuidar la belleza estética, y privilegiando el testimonio de los propios pobladores, Cachafeiro registra todos los intersticios de Couto Mixto, componiendo un fresco que logra captar el funcionamiento colectivo de este microcosmos, donde la humanidad y la solidaridad siguen siendo los valores privilegiados, y el tiempo ostenta otra forma de transcurrir.

The act of killing

The act of killing

Pero si hay una película que supera toda ficción posible, aunque lo que muestra es la más cruda realidad, es la impactante “The act of killing”, de Joshua Oppenheimer, que registra sin salvavidas simbólicos un verdadero delirio colectivo,  instalado en Indonesia desde el golpe de Estado de 1965. Los protagonistas son aquí algunas de las máximas figuras del grupo paramilitar Pancasila, que con apoyo norteamericano se encargó de asesinar a decenas de miles de militantes comunistas (o sospechosos de serlo) en la década del ´70, y en la actualidad constituye una mafia institucionalizada que cuenta con el respaldo explícito del poder político y una impunidad infinita. Tanto, que serán ellos mismos quienes relaten los crímenes y atrocidades que han cometido a la cámara de Oppenheimer, convencidos de que se trata de una gesta heroica: llegarán a proponer incluso dramatizar sus propias acciones para filmar una película que narre su versión de la historia. Y el resultado será tan impresionante como revelador, ya que posibilitará practicar una deconstrucción precisa de la mentalidad fascista y del estado de delirio concomitante que implica, donde la obscenidad y la degradación son regla, y el kitsch se convierte en su coherente traducción estética.

La Paz

La Paz

A todo esto, hay que decir que el cine argentino se destacó con varios largometrajes, entre ellos “Viola”, de Matías Piñeyro, y “La Paz”, del cordobés Santiago Loza (que se llevó el premio a Mejor Película de la Competencia Argentina, así como también el Premio de la Asociación de Cronistas Cinematográficos –ACCA–). Obra minimalista, de un sutil virtuosismo formal, La Paz describe con una mirada humana el drama existencial de un joven de clase alta que intenta reinsertarse en el mundo tras pasar una temporada en una institución psiquiátrica, aunque sólo se encontrará con la incomprensión paterna y la sobreprotección materna. La respuesta surgirá desde el lugar menos pensado: la mucama boliviana de la familia, que se convertirá en un insólito refugio afectivo para el protagonista. Claro que la revelación del Bafici fue “P3ND3JO5”, del mítico Raúl Perrone, calificada por los especialistas como una excepcional “cumbia-ópera” en blanco y negro y muda, en la que se abordan las problemáticas de los adolescentes de clase media- baja que constituyen sus protagonistas de siempre. Si bien el autor de esta nota no pudo verla, sí registró que para muchos será una película rupturista, que marcará un hito en el cine argentino.

P3ND3JO5

P3ND3JO5

Hay que citar al menos alguna de las grandes retrospectivas que ofreció el festival: la principal fue la del brasileño Júlio Bressane, un director sin parangón en el mundo contemporáneo, tan prolífico como desconocido en todas las latitudes, y que acompañó cada una de las proyecciones de sus filmes con una explicación generosa de su particular filosofía, que entiende al cine como una forma de deslumbramiento y experimentación, rechazando toda exigencia narrativa.

Por Martín Iparraguirre

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