29 Festival de Cine de Mar del Plata

El problema del juicio

Branco sai preto fica

Branco sai preto fica

El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata llegó a su fin tras nueve días de efervescencia cinéfila donde el cine fue celebrado en casi todas sus manifestaciones conocidas, gracias a un programa ecléctico y ambicioso que reunió 369 películas con actividades paralelas de primer nivel, para disfrute de un público que llegó de todas las latitudes y respondió en consecuencia, con visitantes extranjeros incluidos.

Fue una fiesta a la altura del 60 aniversario que se celebraba, aunque no todas las secciones hayan colmado las expectativas previas, ni el palmarés final haya reflejado sus mayores riquezas, que tal vez permanezcan desconocidas para quienes no pasaron por la ciudad feliz. Es el dilema que todo encuentro de este género debe resolver, independientemente de su tamaño e importancia: cómo elegir un jurado que esté a la altura de la propuesta ofrecida, partiendo del principio de que todo juicio estético depende de la formación específica de quien lo ejerce. Se trata de una cuestión central porque los premios establecen una categorización que funciona como una suerte de reseña del festival que construye una identidad pública al iluminar los que se considerará sus valores más importantes y ocultar otros: no será el mismo recuerdo que dejará esta 29 edición de Mar del Plata si el Astor de Oro se lo hubiera llevado “Cavalo Dinheiro”, del portugués Pedro Costa, o “Jauja”, del argentino Lisandro Alonso, como ostensiblemente merecían, que la película que finalmente ganó, la muy menor “Come to my voice”, del turco Hüseyin Karabey, una obra tan pretenciosa en sus aspiraciones como pobre en sus concreciones artísticas.

Come to my voice

Come to my voice

El populoso jurado de la Competencia Internacional compuesto por seis miembros –una rara mixtura que unió al realizador Paul Schrader con el crítico chileno Manu Yáñez Murillo, la cineasta Valeria Sarmiento (esposa de Raúl Ruiz), la actriz argentina Soledad Villamil, y los españoles Gerardo Herrero y Carlos Vermut, que al parecer fueron claves en la decisión final– privilegió así la corrección política y el conservadurismo estético al riesgo y la experimentación artísticas, al premiar a este filme de tono costumbrista que narra las desventuras de dos mujeres –una anciana y una niña– de una pequeña aldea kurda, que enfrentarán la prepotencia del ejército turco para recuperar al hijo de una y padre de la otra, detenido por una falsa acusación de esconder armas. “No me interesa hacer una declaración política pura y dura sobre determinada situación (…) Por eso prefiero usar un dispositivo y una historia que provoque tanto risas como lágrimas, y que con suerte deje pensando al público cuando salga del cine”, explica el director en el catálogo del encuentro, y si matizamos la primera oración –porque efectivamente es un alegato político explícito–, funciona como una declaración indirecta de los fundamentos del fallo.

Para completar el palmarés, el jurado otorgó el premio a Mejor Director de la competencia a Mathieu Amalric por “El cuarto azul”, una correcta adaptación de la novela homónima de Georges Simenon sobre una infidelidad que terminará de forma trágica en un matrimonio de la aristocracia pueblerina francesa, interpretado por el propio director, mucho más conocido por su trabajo actoral. Sobrio, funcional y compacto, este drama sobre el deseo y el matrimonio, que hacia el final se transforma en un policial judicial, carece de todas formas del vuelo, el riesgo y la calidad de las películas de Costa o Alonso (o también de la del catalán Hermes Paralluelo, “No todo es vigilia”, otra gran ignorada por el jurado), que hubieran sido más pertinentes para el galardón. El premio especial a Mejor Fotografía para el director portugués, sin dudas más que merecido, suena así a un consuelo para lavar culpas, pues “Cavalo Dinheiro” era acaso la película del festival. Y el Astor de Plata al Mejor Guión quedó para “Le meraviglie”, un promisorio debut de la italiana Alice Rohrwacher, que con cierto riesgo artístico narra los conflictos de una familia que vive recluida en el campo, intentando experimentar la utopía de la vida autosustentada, al margen de la sociedad.

No todo es vigilia

No todo es vigilia

Por el lado de las actuaciones, se premiaron a dos de las peores películas de la sección: Park Jungbum, por “Alive”, un lacrimoso drama coreano sobre la miserable vida de un obrero de la construcción estafado por su patrón, y Negar Javaherian, por “Melbourne”, una película iraní que con mayor sutileza, pero no menos fruición, se hunde también en las miserias humanas con la historia de un matrimonio que decide ocultar la muerte de un bebé que tenía a su cargo. Otra película más interesante, la brasileña “Ventos de agosto”, de Gabriel Mascaro, mereció apenas una Mención Especial del Jurado. Era una selección despareja por la notable distancia que existía entre estas obras galardonadas y aquellas de altísimo nivel que ya destacamos, pero el jurado se inclinó por los filmes más pobres y convencionales, decisión que sin dudas terminará desmereciendo al Festival.

Distinto fue el caso de la Competencia Latinoamericana, donde el jurado integrado por Andrés Di Tella, Cintia Gil y Boris Nelepo otorgó el premio a Mejor Película a la muy valiosa “Branco sai preto fica”, del brasileño Adirley Queirós, que sí supo aunar compromiso político con experimentación artística y vocación lúdica: este documental fantástico inventa una trama y una forma cinematográfica para compensar las injusticias vividas por sus protagonistas, negros de clase baja reprimidos brutalmente en los años ´80 por la policía estatal al punto de dejarlos inválidos, y orquestar una venganza ficticia contra el mayor emblema de las desigualdades brasileñas, la mítica ciudad de Brasilia, fantasía que parece constituir una feliz obsesión del director (que ya prepara una película de ciencia ficción sobre… la destrucción de Brasilia). Se podría decir que “Fávula”, del argentino Raúl Perrone, merecía mayor suerte en la sección, pero al menos el filme de Queirós está a la altura del galardón que obtuvo.

Su realidad

Su realidad

Por el lado de la Competencia Argentina, la película “Su realidad”, de Mariano Galperin, se llevó el premio mayor de la sección, al ofrecer un retrato lúdico del músico Daniel Melingo en formato de “road movie”; en tanto que eligió como Mejor Director al argentino residente en Uruguay Adrián Biniez por “El 5 de Talleres”, una comedia romántica más bien mediocre sobre un futbolista que decide retirarse a los 35 años, que basa todo su encanto en los actores Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg, por el simple hecho de que son pareja en la vida real. También se entregó una Mención Especial para “Salud rural”, de Darío Doria, sobre un médico que sostiene estoicamente desde hace 30 años un hospital de un pueblito ubicado en el centro de Santa Fe. Por lo demás, el cortometraje “Naranjas” del Colombiano Iván Gaona, se quedó con el premio principal de la Competencia Latinoamericana de cortos, y “Zombies”, de Sebastián Dietsch, ganó en el apartado argentino, donde “Nueve segundos”, de Gastón Siriczman recibió una Mención Especial.

Termina así un encuentro donde más de 130.000 espectadores –nuevo record de público–pudieron acceder al cine de todo el mundo y de todas las épocas, ya que el programa supera ampliamente a las competencias reseñadas, y por ejemplo ofreció hallazgos inigualables como películas de la época muda de Alfred Hitchcock o la retrospectiva del cineasta ruso Alexei German, exponente de un cine que parece imposible de encontrar en el presente. Todo eso y mucho más fue Mar del Plata, donde por unos días cada quién pudo encontrar su exacta medida del cine y de la vida, que aquí resultaron ser uno mismo.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 2 diciembre, 2014 at 21:55  Dejar un comentario  
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29 Festival de Cine de Mar del Plata

El cine como un arte mayor

Cavalo Dinheiro

Cavalo Dinheiro

 

El festival mostró picos altos con el estreno de “Cavalo Dinheiro”, de Pedro Costa, y “Fávula”, del argentino Raúl Perrone

 

El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata tuvo el martes uno de sus mejores días gracias a una coincidencia feliz, seguramente poco azarosa: el estreno casi en simultáneo de “Cavalo Dinheiro”, el esperado regreso del portugués Pedro Costa, en la Competencia Internacional, y de “Fávula”, del argentino Raúl Perrone, en la Competencia Latinoamericana, dos películas que elevaron la calidad del encuentro a otra dimensión.

Ocurre que ambas son representantes eximias de un cine cada vez más extraño y ausente en nuestro presente a pesar de las posibilidades que hoy brinda la tecnología, aquél que se concibe a sí mismo como un arte mayor, un lenguaje aún por descubrir y explorar que en la predilección de la estética por sobre la narración encuentra un modo de resolver uno de los dilemas cruciales de todo cineasta que intenta filmar a otra clase social: cómo hacer justicia con los desplazados, cómo dar cuenta de sus experiencias sin caer en la conmiseración, la estigmatización, el miserabilismo o el simple paternalismo.

Cavalo Dinheiro

Cavalo Dinheiro

“Cavalo Dinheiro” gira en torno a un personaje central de Costa, el Ventura de “Juventude em marcha”, un obrero inmigrante de Cabo Verde que habitaba el ya célebre barrio de Fontainhas, un enclave carenciado donde transcurren tres de las películas del director. El escenario ahora es mucho más abstracto y metafórico, aunque no por eso menos potente en el alcance de las alegorías que arroja como sutiles puñales a partir de una puesta en escena donde el uso de la luz y la sombra alcanza una sofisticación radical, eximia. Especie de limbo indeterminado que se podría asociar, levemente, a la figura del Purgatorio (o a la propia mente del protagonista), un alicaído Ventura deambula aquí por las ruinas de un hospital espectral que tanto puede representar el falso ascetismo de los no lugares como la estremecedora frialdad de las ruinas de un calabozo del siglo XIX o una oficina laboral: allí se irá cruzando continuamente con su pasado, o más bien con los fantasmas de sus afectos y amigos que se presentan a su paso, así como también con representantes de la tragedia política que marcó a toda su generación, la Revolución de los Claveles, que en esta película planea como fondo y contexto significativo de la biografía de nuestro protagonista.

Profundamente política y poética, términos que suelen pensarse como antagónicos acaso por las dificultades que implica asociarlos con pertinencia, “Cavalo Dinheiro” hace más bien de la poesía una forma de posicionamiento político en todos los sentidos, tanto respecto al cine y las formas dominantes que lo subyugan, como al modo de reivindicar a sus criaturas desde un tratamiento formal donde la belleza es regla, donde la tragedia de los pobres y los condenados puede representarse con las herramientas más nobles del séptimo arte. Esa poesía trágica es entonces eminentemente visual: la particular iluminación de las paredes o los elementos de sus escenarios en juego con las sombras dentro del plano (que puede incluir varios focos profundidad de campo), sea un bosque o un tenebroso túnel subterráneo, establece un tono decididamente onírico que en muchos momentos llega al éxtasis visual. Semejante disposición formal posibilita que la figura de Ventura alcance una abstracción que le permite terminar de representar lo que siempre había sido en potencia: el universo de los desposeídos, de toda una raza condenada al ostracismo o a la explotación salvaje por parte de los potentados (blancos), sin posibilidades de encontrar sosiego ni redención en esta tierra. Una fábrica abandonada donde las herramientas de trabajo ya son parte de las ruinas o un ascensor donde Ventura dialoga sobre la citada revolución con un soldado de plomo en tamaño real se convierten así en metáforas elocuentes sobre el destino de tantos que por su condición material y/o política no pudieron llegar a una vida digna, sea por la imposición del autoritarismo estatal, sea por la explotación macabra del mercado de trabajo. Lo notable es que Costa articula todas estas dimensiones sin ninguna voluntad por cerrar sentidos ni bajar líneas de lecturas, más bien al contrario: la sofisticación visual y narrativa hace de “Cavalo Dinheiro” (que refiere al caballo real de Ventura) una película en perpetua expansión y reelaboración, aunque no caóticamente, en direcciones bien precisas. Será difícil que otra obra esté a su altura, aunque habrá que ver si el jurado lo entiende así.

Favula

Favula

Pero si de poesía visual para retratar fantasmas hablamos, la apuesta de Perrone en “Fávula” puede ser tan radical y estremecedora como aquella de Costa, aunque en cierto sentido parezca opuesta: como en su anterior “P3nd3jo5”, el realizador de Ituzaingó practica aquí una singular apropiación de los códigos del cine mudo para narrar esta vez una fábula abstracta sobre la trata de personas. Suerte de adaptación musical elegíaca de “Hansel y Gretel”, filmada en un blanco y negro fuertemente manipulado que se ha interpretado como un retorno moderno al primitivismo de los primeros tiempos del cine, puede decirse que el filme de Perrone sigue el derrotero incierto de una joven adoptada que es vendida por sus padres sustitutos a los mercaderes de la trata para ser rescatada luego por sus hermanastros, que ejercitarán una justa venganza. Pero la anécdota narrativa es mínima e intrascendente: lo importante aquí es la experiencia que esa conjunción de imágenes, música y sonidos puede ofrecer el espectador, que trasciende todo discurso organizado y hace del cine un arte eminentemente sensorial, donde la libertad domina la interpretación.

Perrone vuelve a conjugar elementos supuestamente opuestos: el citado primitivismo del primer cine recreado digitalmente, con un bosque como escenario construido artificialmente como una maqueta, con música contemporánea como eterna presencia cíclica, con loops, repeticiones y sonidos que se intercalan en el plano (hasta distorsiona las voces hasta volverlas inentendibles), como si fuera un gran Dj en acción interviniendo en vivo sus imágenes. “Fávula” es una obra de otro planeta –por más que puedan encontrarse referentes contemporáneos como el filipino Raya Martin–, que ofrece una experiencia hipnótica y abierta que pocas veces el cine ha conseguido plasmar con tal contundencia y pertinencia para con sus habitantes –que siguen siendo los jóvenes olvidados de siempre–, lo que confirma a Perrone como uno de los directores más singulares de nuestro tiempo, uno de los pocos que puede crear una forma de acercarse al mundo que le devuelva su misterio original, como este arte había sabido funcionar en sus ya lejanos orígenes.

Otro regreso auspicioso, aunque en la Competencia Internacional, fue el del bonaerense José Celestino Campusano que con “El Perro Molina” vuelve a ofrecer un singular tanque narrativo donde sus criaturas del conurbano encuentran formas más justas de narrar sus aconteceres, en este caso otra historia de pasiones y crímenes en el submundo de la trata de personas. A la proliferación de personajes y tramas fuertes que lo caracteriza, Campusano le agrega una progresiva sofisticación de su estética apodada “bruta”, donde el planteamiento formal comienza a mostrar delicadezas que relativizan esa nominación (que sí resulta pertinente en su alcance político, es decir la búsqueda de una forma propia y coherente con el mundo que retrata): el acceso a mayor financiación está complejizando su cine, que se muestra en continua evolución. La noticia es bienvenida porque el director sigue manteniendo la concentración y enjundia que caracteriza a sus películas, hechas de sentimientos tan primitivos y fuertes como universales, con lo que el futuro que se le presenta resulta auspicioso.

Ayer se esperaba también el ingreso a la misma competencia del catalán Hermes Paralluelo, aquél recordado director de la película cordobesa “Yatasto” –acaso la mejor obra local de la última década–, con “No todo es vigilia”, un documental sobre sus abuelos ya ancianos y las experiencias con la decadencia física que los atraviesa, así como también de la tercer película argentina en la sección, la también prometedora “La vida de alguien”, de Ezequiel Acuña. Se viven buenos días en Mar del Plata, y el cine tiene mucho que ver en eso.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 26 noviembre, 2014 at 18:09  Comments (1)  
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29 Festival de Mar del Plata

Un mundo misterioso

JAUJA-Mortensen-500

Jauja

Con un marco inmejorable, el encuentro ofrece una Competencia Internacional despareja, donde refulge el regreso del argentino Lisandro Alonso, “Jauja”

Los primeros días del 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata muestran la mejor versión posible de un encuentro destinado por naturaleza a democratizar la multiplicidad de placeres que puede brindar la experiencia cinematográfica: al marco inigualable que ofrecen el mar, la ciudad y sus instalaciones, se le suma la masiva presencia ciudadana que permitió el fin de semana largo, con calles, bares y salas repletas de cinéfilos o amantes pasajeros del séptimo arte que con sus presencia y entusiasmo ratifican el destino popular del evento. Pero de poco serviría que el microcentro marplatense parezca una fantasía cinéfila desbocada si no se viera respaldado por una programación a la altura de los desafíos, que en su variedad y riesgo aspire a encontrar espacio para todos los públicos.

Jauja

Jauja

Hasta el momento, las expectativas fueron cubiertas por algunas pocas películas que lograron sobrepasar todas las expectativas previas: una de ellas fue la que abrió la Competencia Internacional, decisión curatorial digna de ser celebrada. Se trata de “Jauja”, el tan esperado como fascinante regreso del argentino Lisandro Alonso (“La libertad”, “Los muertos”) a la dirección, que con esta película parece lanzar su carrera a un terreno desconocido pero pleno de potencialidades. Mitad reconstrucción histórica de un pasado ya mitológico de Argentina en clave (distorsionada) de género, mitad exploración personal de temas, climas y formas que obsesionan y particularizan a Alonso, la película confirma la existencia de una mirada radical que es capaz de captar al mundo como ninguna otra. Si bien la dimensión narrativa es aquí más fuerte que en sus películas previas, la trama de “Jauja” ideada por el escritor Fabián Casas no deja de ser mínima (aunque esta vez de indiscutible formato clásico): un capitán danés (interpretado notablemente por Viggo Mortensen, también presente en el festival), explora la Patagonia argentina en una misión desconocida en tiempos de la Conquista del Desierto, aunque un texto advierte al inicio que el título del filme refiere a una tierra mitológica de abundancia y prosperidad que podría ser su objetivo. Lo acompaña su bellísima hija adolescente junto a un pelotón local mínimo comandado por un oscuro teniente parco y resentido –que expresa con poca sutileza las tensiones políticas de la época–, que tiene segundas intenciones con la joven: no será él, sin embargo, la fuente de los desvelos del visitante, que a partir de que su hija se fugue con un joven soldado deberá embarcarse en soledad en una búsqueda demencial por el agreste desierto patagónico, con la presencia de los indios como amenaza latente. La película irá entrando en un terreno cada vez más enrarecido a medida que avance la travesía, con nuestro protagonista superado progresivamente por las condiciones de una naturaleza tan fascinante e hipnótica como inclemente, a lo que deberá sumar el rapto de su primogénita por parte de los salvajes, hasta que en cierto momento Alonso rompa radicalmente la estilizado diégesis que venía construyendo para instalarse abruptamente en el presente, con la misma joven disfrutando de una vida bucólica en algún castillo de Dinamarca. Si el giro puede resultar chocante, no resulta para nada incoherente si se repara en la dimensión fantástica que venía construyendo la película, de un realismo paradójico: Alonso filma el mundo como un ente pleno de misterio, del cual busca extraer la mejor expresión posible a partir de la propia materialidad de los elementos que lo componen. Ya desde la apertura, con los personajes instalados en una lobería al lado del mar, casi cualquier plano que se tome semejará un elaboradísimo cuadro de un pintor excelso (lo que acaso justifica el formato 4:3 –similar a un cuadrado– elegido para el filme), donde la presencia de los colores, la composición de la escena, la fidelidad del sonido y la profundidad de campo consiguen construir un universo de una expresividad radical, cuya fascinación reside en la íntima cercanía que establece con el estado puro de naturaleza, con la incertidumbre de unas vidas arrojadas a un territorio inhóspito, donde la civilización no tiene lugar. Especie de western existencial como se ha dicho, pariente cercano al cine del catalán Albert Serra, lo notable de “Jauja” es su capacidad para atrapar un mundo pretérito, cargarlo de significados diversos e inmediatamente vaciarlo, trastocarlo, extrañarlo, correrlo de cualquier aprehensión estándar, como si efectivamente de un mito se tratara: las potencialidades del cine en su máxima expresión diría quien escribe estas líneas.

Melbourne

Melbourne

Precisamente lo opuesto ocurre con el filme iraní “Melbourne”, de Nima Javidi, que parece programado en la misma sección para rellenar ausencias con pura corrección política: retrato veladamente inclemente de la miseria humana, la película narra la odisea de una pareja de clase media que justo el día en que se dispone a emigrar a Australia en busca de mejores condiciones de vida se encuentra con una tragedia prestada en su propio hogar. Ocurre que unos vecinos le han encargado que cuide a su bebé por unas horas, mientras ellos terminan de hacer las valijas y embalar sus cosas: en medio de ese fragor descubrirán que la criatura ha muerto. Película moralista hecha de trazos gruesos, a los protagonistas no se les ocurrirá mejor idea que mentirles a los propios progenitores del bebé para ver cómo pueden resolver la situación, lo que originará una espiral de tensión, enredos y paranoia que será potenciado groseramente desde el guion con la continua irrupción de diversos personajes en ese escenario aislado, que acaso intenta fungir como una metáfora de clase o de la perversión de la condición humana. Como sea, el filme hace del desprecio su clave de lectura, con lo que se agigantan las chances de “Jauja” por obtener el lauro mayor.

Ventos de agosto

Ventos de agosto

Bastante más generosa y honesta es la propuesta que ofrece la brasileña “Ventos de agosto”, de Gabriel Mascaro, estrenada ayer en la misma sección en lugar de la esperada “La chambre bleue” (El cuarto azul), del francés Mathieu Amalric, cuya proyección pasó para el jueves, una de las desprolijidades propias de un festival de la enormidad de Mar del Plata que se pueden perdonar. Cruza inextinguible entre documental y ficción, Ventos… retrata la vida de una comunidad costera de un pueblo perdido de Brasil a partir de una joven pareja de trabajadores de una plantación de cocos. Con un virtuosismo formal construido a partir de un uso notable del sonido y planos amplios de la naturaleza que resaltan el sensualismo de la vida en el norte brasileño, el filme comienza como una exploración lúdica del trabajo artesanal en distintas versiones, que  pese a la condición social de sus protagonistas resulta amable y por momentos hasta idealista. La presencia de un sonidista que pretende estudiar al viento (compuesto por el propio director) comenzará a abrir la propuesta hacia nuevos horizontes, aunque pronto se truncará la empresa cuando aparezca un cuerpo en la costa que nadie sabe cómo tratar pues la policía no llega a buscarlo, presumiblemente porque allí no hay ninguna dirección postal. Película que roza los límites del costumbrismo y el realismo mágico “for export”, con cierto desorden narrativo que conspira contra sus logros,  Ventos… propone sin embargo un acercamiento interesante a las experiencias de una comunidad totalmente apartada del mundo industrial moderno, donde a diferencia de “Jauja” la naturaleza sí ofrece condiciones de vida bucólicas que permiten otro tipo de relaciones sociales entre las personas, aunque por momentos la pobreza parezca sospechosamente idealizada.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 24 noviembre, 2014 at 19:39  Dejar un comentario  
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Festival Internacional de Mar del Plata

Felicidad colectiva

Pasolini, de Abel Ferrara

Pasolini, de Abel Ferrara

Arranca la 29 edición del festival de cine con un programa impecable que intentará hacer honor al 60 aniversario del encuentro 

La ciudad feliz volverá a merecer su nombre al menos para los cientos de amantes del séptimo arte llegados de todo el país que desde el sábado comenzarán a disfrutar del 29 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, que hasta el 30 de noviembre desplegará una programación de un nivel, variedad y consistencia impecables, que pocos encuentros en el mundo pueden ostentar. Con 369 películas en programa, pertenecientes a 42 países,  la nueva edición del festival aspira a quedar en la historia por enmarcarse en el 60 º aniversario del encuentro, con un programa que promete ubicarla entre las mejores de sus últimos años –que ya fueron fértiles y destacados de por sí–, y una lista de visitantes que incluye a figuras como el norteamericano Paul Schrader (director y guionista de filmes emblemáticos como “Taxi Driver” o “La última tentación de Cristo”, ambos de Martin Scorsese), la francesa Claire Denis (que será objeto de una amplia retrospectiva de su obra), el actor Viggo Mortensen y los directores españoles  Carlos Vermut (quien estrenará “Magical Girl”, película ganadora del Festival de San Sebastián) y Nacho Vigalondo (que además de estrenar la comentada “Open Windows”, también merecerá una retrospectiva de sus cortometrajes), entre otros.

La misma apertura del encuentro testimonia sus ambiciones y potencialidades con la proyección de “Pasolini”, del revulsivo Abel Ferrara, donde Willem Dafoe encarna los últimos días del célebre director italiano Pier Paolo Pasolini. Será apenas la primera de varias apuestas fuertes de un encuentro que aspira a reunir las últimas obras de los directores consagrados en el mundo junto a las últimas revelaciones: si la máxima aspiración de un festival “clase A” es ofrecer una selección precisa y completa de lo más importante del año que transita, Mar del Plata promete cumplirlo con creces.

Para comprobarlo, basta con atisbar las joyas más relucientes de una programación inabarcable que reúne las últimas películas de verdaderos tótems contemporáneos como el portugués Pedro Costa, el argentino Lisandro Alonso, el hongkongnés Johnnie To, el norteamericano Hal Hartley, el coreano Hong Sang-soo, el inglés Frederick Wiseman, el francés Bruno Dumont, los japoneses Takashi Miike y Sion Sono, el filipino Lav Díaz, el desaparecido cineasta ruso Aleksei German o la legendaria pareja francesa Danièle Huillet & Jean-Marie Straub, entre muchos otros.

Cavalo Dinheiro, el esperado regreso de Pedro Costa

Cavalo Dinheiro, el esperado regreso de Pedro Costa

La misma Competencia Internacional pondrá en igualdad de condiciones al esperado regreso de Costa, “Cavalo Dinheiro”  (premio a Mejor Director del prestigioso Festival de Locarno), con lo nuevo de los argentinos Alonso (la celebradísima “Jauja”), el recordado Ezequiel Acuña (“La vida de alguien”), y el bonaerense José Celestino Campusano (su comentada “El Perro Molina”), junto a obras tan dispares como pueden ser la nueva película del francés Mathieu Amalric (“La Chambre bleue”), la revelación italiana Alice Rohrwacher (“Le meraviglie”), el regreso del ascendente director inglés Peter Strickland (“The Duke of Burgundy”)  o la nueva joya del catalán Hermes Paralluelo (“No todo es vigilia”),  director de la película cordobesa “Yatasto”, acaso la mejor obra que ha dado el cine local en su última y floreciente década. Son apuntes de una sección que promete una calidad y una variedad infrecuentes, realmente envidiables para cualquier festival del género. A la sección se sumarán como es tradición la Competencia Latinoamericana, que entre otras obras ofrecerá la última invención de Raúl Perrone (“Favula”), y la Competencia Argentina, cuyas selecciones son una invitación a descubrir las nuevas promesas que surgen en la región.

Pero también como de costumbre, la atención estará centrada en las secciones paralelas, particularmente la monumental “Panorama”, dividida a su vez en diversas subsecciones donde efectivamente se ofrece una selección ambiciosa y multifascética de lo mejor que ha pasado por los grandes festivales del mundo, y donde podemos encontrar los nombres de los maestros ya citados (en la sección “Autores”) junto a revelaciones menos conocidas o directamente apuestas radicales al riesgo, como en las secciones “Busco mi destino” (que reúne filmes que precisamente responden a búsquedas personales de temáticas juveniles) y “Estados alterados” (que reúne películas fuera de toda norma), o los apartados “Hora cero” y “Las venas abiertas”, que suelen ofrecer impecables selecciones del cine de género de la región y el mundo. Se sumará también una sección llamada “Italia Alterada” con películas destinadas a romper todas las convenciones.

Hard to be a god, de Aleksei German

Hard to be a god, de Aleksei German

Para no hablar de los focos y las retrospectivas varias: especialmente el dedicado al cineasta ruso Aleksei German en la sección “Revisiones”, porque se trata de una verdadera deidad del cine soviético que es poco conocida pese a que dejó una obra monumental, de una factura técnica impresionante para sus medios, pese a que fue continuamente censurado durante su carrera. Se verán películas como “Dura prueba bajo sospecha” (1971), “Veinte días sin guerra” (1976), “Mi amigo Ivan Lapshin” (1984) y el esperado estreno de “Hard to be a god” (2013), filme póstumo del director que le demandó 14 años de trabajo. También habrá selecciones de Carlos Hugo Christensen en Brasil, del argentino Daniel Tinayre, de Augusto Roa Bastos como guionista, de Francisco J. Lombardi, del director mexicano Jaime Humberto, del español Basilio Martín Patino y hasta un programa sobre la época muda inglesa de Alfred Hitchcock o el paso por el cinematógrafo del cantante Sandro, entre muchas otras posibilidades.

A ello que hay que agregar un amplio programa de cortometrajes de todo el mundo, con competencias incluidas, y numerosas actividades paralelas por el 60 aniversario del encuentro, además de charlas, clases de maestros y presentaciones de publicaciones, en donde Córdoba volverá a pisar fuerte con el libro “Hacia lo que vendrá”, del crítico local Fernando Pujato, o la revista “Cinéfilo”, entre otros casos. Será una fiesta auténticamente cinéfila como el lector puede adivinar, aunque abierta a todo público porque el cine siempre es un país universal, con espacio para albergar a todos los espectadores, y la 29 edición de Mar del Plata promete confirmarlo.

 

Por Martín Iparraguirre

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PROGRAMACIÓN COMPLETA

 

COMPETENCIA INTERNACIONAL

JAUJA-Mortensen-500

Jauja

 

-Cavalo dinheiro, de Pedro Costa (Portugal)

-Jauja, de Lisandro Alonso (Argentina)

-El Perro Molina, de José Celestino Campusano (Argentina)

-La vida de alguien, de Ezequiel Acuña (Argentina)

-Ventos de agosto, de Gabriel Mascaro (Brasil)

-Alive Sanda, de Jungbum Park (Corea del Sur)

-No todo es vigilia, de Hermes Paralluelo (España-Colombia)

-La chambre bleue, de Mathieu Amalric (Francia)

-Melbourne, de Nima Javidi (Irán)

-Le meraviglie, de Alice Rohrwacher (Italia)

-The Duke of Burgundy, de Peter Strickland (Reino Unido)

-Come to My Voice, de Hüseyin Karabey (Turquía-Francia-Alemania)

 

COMPETENCIA LATINOAMERICANA

 

-Favula, de Raúl Perrone (Argentina)

-La huella de la niebla, de Emiliano Grieco (Argentina)

-Branco sai preto fica, de Adirley Queirós (Brasil)

-Sinfonia da necrópole, de Juliana Rojas (Brasil)

-Matar a un hombre, de Alejandro Fernández Almendras (Chile)

-Gente de bien, de Franco Lolli (Colombia-Francia)

-Los Hongos, de Oscar Ruiz Navia (Colombia-Argentina-Francia-Alemania)

-Los muertos, de Santiago Mohar Volkow (México)

-El resto del mundo, de Pablo Chavarría Gutiérrez (México-España)

-Mr. Kaplan, de Álvaro Brechner (Uruguay-España-Alemania)

Favula

Favula

 

COMPETENCIA ARGENTINA

 

-El 5 de Talleres, de Adrián Biniez

-Aventura, de Leonardo D´Antoni

-Camino de campaña, de Nicolás Grosso

-El hijo buscado, de Daniel Gagliano

-Mechita, entre la tierra y el cielo, de Mariano Gerbino

-Narcisa, de Daniela Muttis

-Pantanal, de Andrew Sala

-El Patrón, radiografía de un crimen de Sebastián Schindel

-Pistas para volver a casa, de Jazmín Stuart

-Salud rural, de Darío Doria

-Su realidad, de Mariano Galperín

-Yo sé lo que envenena, de Federico Sosa

 

COMPETENCIA LATINOAMERICANA DE CORTOS

 

-A tenista, de Daniel Barosa

-Barqueiro, de José Menezes, Lucas Justiniano

-Bestial, de Diego de Haro

-Brasil, de Aly Muritiba

-El modelo de Pickman, de Pablo Ángeles

-Elefante, de César Andrés Heredia Cruz

-Los Contreras Family, de Alejandro Becerril Elías

-Naranjas, de Iván D. Gaona

-Pacto , de Pedro Miguel Rozo

-Sed, de Lucía Romero P.

 

COMPETENCIA ARGENTINA DE CORTOS

 

autosocorro

-Autosocorro, de Julián d´Angiolillo

-Cómo olvidar un amor en 21 pasos, de Julieta Steinberg

-El cumpleaños de Darcy, de Diego Frangi

-Inmentis, de Francisco de la Fuente

-La gaviota, de Esteban Perroud

-La ventana abierta, de Lucila Las Heras

-Nueve segundos, de Gastón Siriczman

-Pueblo, de Mariano Tobar

-Recalculando, de Ingrid Pokropek

-Rieles, de Gual Mostajo

-Zombies, de Sebastián Dietsch

 

WORK IN PROGRESS

 

-Al centro de la Tierra, de Daniel Rosenfeld

-Alptraum, de Ana Piterbarg

-Buscando a Myu, de Baltazar Tokman

-Cambio de aire, de Rosendo Ruiz

-Campaña antiargentina, de Alejandro Parysow

-Casa del teatro, de Hernán Rosselli

-El eslabón podrido, de Valentín Javier Diment

-El exilio de las Malvinas , de Federico J. Palma

-El invierno llega después del otoño, de Malena Solarz y Nicolás Zukerfeld

-El monumento, de Ignacio Masllorens

-Ensayo de despedida , de Macarena Albalustri

-Implantación, de Fermín Eloy Acosta, Lucía Salas y Sol Bolloqui

-La herencia, de Federico Robles

-La sangre del gallo, de Mariano Dawidson

-Madres de los dioses, de Pablo Agüero

-Paula , de Eugenio Canevari

-Primero, enero, de Darío Mascambroni

-Reflejo Narcisa, de Silvina Szperling

-Solèy , de Manuel Abramovich

-Upa! 2, el regreso, de Camila Toker, Santiago Giralt y Tamae Garateguy

-Veredas, deFernando Cricenti

-Zebras, de Javier Zevallos

 

 

AUTORES

 

Hill of Freedom

Hill of Freedom

-Pasolini, de Abel Ferrara

-Alma salvaje, de Jean-Marc Vallée

-Amour fou, de Jessica Hausner

-Birdman, de Alejandro González Iñárritu

-La danza de la realidad, de Alejandro Jodorowsky

-Don’t Go Breaking My Heart 2, de Johnnie To

-La entrega, de Michaël R. Roskam

-From What Is Before, de Lav Diaz

-Gyeongju, de Lu Zhang

-Haemoo, de Shim Sung-bo

-Hill of Freedom, de Hong Sang-soo

-Magical Girl, de Carlos Vermut

-Maïdan, de Sergei Loznitsa

-Mommy, de Xavier Dolan

-National Gallery, de Frederick Wiseman

-Ned Rifle, de Hal Hartley

-P’tit Quinquin, de Bruno Dumont

-Revivre, de Im Kwon-taek

 

PANORAMA ARGENTINO

 

-Avanta, Juan Alvarez Neme

-Brascó, de Ernesto Livon-Grosman

-Here, Kitty Kitty, de Santiago Giralt

-La Salada, de Juan Martín Hsu

-Los lemmings contraatacan, de Edmundo Berajano

-La misión argentina, de Adrián Jaime

-Los ojos de América, de Daiana Rosenfeld, Aníbal Garisto

-No estás solo en esto, de Milagros Almondaray

-Por el camino de Modesto, de Sebastián Deus

-Réimon, de Rodrigo Moreno

-Si je suis perdu, c’est pas grave, de Santiago Loza

-Los silencios y las manos, de Hernán Khourian

-El tiempo encontrado, de Marcelo Burd

 

 

S8/16MM

 

-Jinetes, PAB, Colibrí e Intermission (díptico), de Azucena Losana

-Resumen, de Pablo Ziccarello

-Breathe y Hallazgos, de Leonardo Zito

-Reflexiones y Hornaditas, de Julio Fermepin

-Fuerzas (trilogía) e Intemperie, de Luján Montes

-Haiku # 2, Hay amor tan necesario como el sol, y Sin título, de Alvaro Cifuentes

-Fantasmas cromáticos, de Claudio Caldini

-Aula magna, de Andrés Denegri

-Fresno, de Leandro Listorti

-Resistfilm, de Pablo Marín

-S/T, de Sergio Subero

-Fotooxidación, de Pablo Mazzolo

 

FUNCION ESPECIAL: JORGE HONIK

 

-La mirada errante – Sueños impresos en acetato

-Gaudi asesinado por un tranvía

-Nubes

-Komik

-Un paseo

-El inmortal

-Passacaglia y fuga

 

 

PANORAMA DEL CINE LATINOAMERICANO

 

-Las búsquedas, de José Luis Valles

-Com os punhos cerrados, de Luiz Pretty, Pedro Pretti y Pedro Diogenes

-El cordero, de Juan Francisco Olea

-Ella, de Libia Stella Gómez Díaz

-El extirpador de idolatrías, de Manuel Siles

-González, de Christian Díaz Pardo

-Icaros, de Georgina Barreiro

-Lago de luciérnagas, de Florencia Iwabuti

-Pipí mil pupú dos lucas, de Fernando y Enrique Bencomo

-Ruido rosa, de Roberto Flores Prieto

-Solo, de José Novoa

-La tirisia, de Jorge Pérez Solano

-Las vacas con gafas, de Alex Santiago Pérez

-Viejos amigos, de Fernando Villarán

 

 

MAR DE CHICOS

 

-Belle et Sebastien, de Nicolas Vanier

-Dixie y la rebelión zombi, de Ricardo Ramón y Beñat Beitia

-El extraordinario viaje de Lucius Dumb, de Maite Ruiz de Austri

-Pancho, el perro millonario, de Tom Fernández

-Pinocchio, de Anna Justice

 

 

MAR DE CHICOS – PROGRAMA DE CORTOS

 

-Cloudo goats, de Hamid Karimian

-O coracao de príncipe, de Caio Ryuichi

-The gift, de Julio Pot

-El maestro y la flor, de Daniel Irabien

-Me + Her, de Joseph Oxford

-Mops & Ollie, de Christian Kuntz

-Reflejos, de Federico Larrosa

-El trompetista, de Raúl Morales

 

PROGRAMA OJO AL PIOJO

 

-El meteorito, del Taller del Coco

-El misterio del gusano, de Sofía Basté

-Bottle, de Kristen Lepore

-¡El elefante está enfermo!, de Verna Fels

-A lilbelula e o sapino, de Carlos Avalone

-La vida de los pájaros, de Federico Rathge

-Luz fuera – ¡Soy un caracol!, de Verena Fels

-Moskina, de Beatriz Herrera Carrillo

-El giro de Rino, de Verena Fels

-Paleolito, de Ismael Lito

-Twins in bakery, de Mari Miyazawa

 

 

VENTANA DOCUMENTAL: CINE POLITICO

 

-Almost friends, de Nitzan Ofir

-The aryans, de Mo Asumang

-Beyond the walls, de Gayle Embrev

-Buscamos vida, los crímenes del ejército argentino en Campo de Mayo, de Algo Getino

-Eu argentée, Syrie autoportrait, de Ossama Mohammed

-The forest, de Sinisa Dragin

-Francisco de Buenos Aires, de Miguel Rodríguez Arias

-Gran Chaco, de Lucas van Esso

-No land’s song, de Ayat Najafi

-Osvaldo Bayer “la livertá”, de Gustavo Gzain

-The overnighters, de Jesse Moss

-Parole de kamikaze, de Masa Sawada

-Propaganda, de Christopher Murray

-S.C. Recortes de prensa, de Oriana Castro

-The square, de Livia Gyarmathy

-Tierra abrasada, de Gustavo Siri

-UNASUR en Haití, reflejos de una Argentina solidaria, de Jorge Diego Gil

-Watchers of the sky, de Edet Belzberg

 

 

BUSCO MI DESTINO

Voley

Voley

 

-Before I desappear, de Shawn Christensen

-B.F.E., de Shawn Telford

-Diarios de Mendoza, de Lucía L. Mendoza

-Edén, de Elise DuRant

-Juana a los 12, de Martin Shanly

-Recommended by Enrique, de Rania Attieh y Daniel García

-Retrato de un comportamiento animal, de Florencia Colucci y Gonzalo Lugo

-Tu dors Nicole, de Stephane Lafleur

-Voley, de Martín Piroyansky

-Domingo, de Alejandro Jovic

 

 

HORA CERO

 

-A hard day, de Kim Seong-hun

-It follows, de David Robert Mitchell

-Over your dead body, Takasji Miike

-Spring, de Justin Benson

-Tokyo tribe, de Sion Sono

-What we do in the shadows, de Taika Waititi y Jemaine Clement

-Wyrmwood, de Kiah Roache-Turner

-Confetti of the mind, de Nacho Vigalondo

 

 

LAS VENAS ABIERTAS

 

-Corazón muerto, de Mariano Cattaneo

-Gritos del bosque, de Jorge Olguín

-Jorge y Alberto contra los demonios neoliberales, de Hermanos Quintana

-Los monstruos, de Juan Schmidt

-Nacido para morir, de Andrés Borghi

-Naturaleza muerta, de Gabriel Grieco

-La parte ausente, de Galel Maidana

-Redentor, de Ernesto Díaz Espinoza

-Tejen, de Pablo Rabe

-Albino, de Federico Telerman

-Hasta las entrañas, de Leandro Cozzi

 

 

BSO

 

-Bronces en isla verde, de Adriana Yurcovich

-Desacato a la autoridad, relatos de punks en Argentina 1983-1988 (Capítulo 1), de Tomás Makaji y Patricia Pietrafesa

-Edén, de Mia Hansen-Love

-God help the girl, de Stuart Murdoch

-Heaven adores you, de Nickolas Rossi

-Pequeña Babilonia, de Hernán Moyano

-Relámpago en la oscuridad, de Germán Fernández y Pablo Montilau

-Salgán & Salgán: un tanto de padre-hijo, de Caroline Neal

 

 

SENTIDOS DEL HUMOR

 

-Big in Japan, de John Jeffcoat

-Bugarach, de Ventura Durall, Sergi Cameron y Salvador Sunyer

-Henri Henri, de Martin Talbot

-Listen up Philip, de Alex Ross Perry

-The mend, de John Magary

-Santiago violenta, de Ernesto Díaz Espinoza

-Summer of blood, de Onur Tukel

 

 

ESTADOS ALTERADOS

 

-La ciudadela, de Rubén Guzmán

-The guests, de Ken Jacobs

-I, of whom I know nothing, de Pablo Sigg

-Mange tes morts, de Jean-Charles Hue

-Mercuriales, de Virgil Vernier

-El paseo, de Flavia de la Fuente

-Llar, de Elisa Cepedal y Ramón Lluis Bande

-A notie e necesaria, de Marcos Merino

-Ser e voltar, de Xacio Baño

-Sobre la marxa, de Jorde Morató

-Salers, de Fernando Domínguez

-Broken tongue, de Monica Saviron

-Sólo te puedo mostrar el color, de Fernando Vilchez Rodríguez

-El asombro, de Iván Fund, Santiago Loza y Lorena Moriconi

-Episode of fhe sea, de Lonnie van Brummelen y Siebren de Haan

-All vows, de Bill Morrison

-As figuras gravadas na faca com a seiva das bananeiras, de Joana Pimenta

-Los girasoles, de Martín Boulocq

-O velho do réstelo, de Manoel de Oliveira

-The Tony Longo Trilogy, de Thom Andersen

-Dialogue d’ombres, de Jean-Marie Straub

-A propos de Venise, de Jean-Marie Straub

-Assemblée générale, de Luc Moullet

-Things, de Ben Rivers

-Os sonámbulos, de Patrick Mendes

-It’s not a prison if you never try the door, de Joshua Gen Solondz

-Atlantis, de Ben Russell

-O, persecuted, de Basma Alsharif

 

 

PROYECCIONES ESPECIALES

 

-El acto en cuestión, de Alejandro Agresti

-Ciudadano Piria, de Gustavo Leonel Mendoza

-Dancing with Maria, de Ivan Gergolet

-Evita, quien queira oír que oiga, de Eduardo Mignona

-El gancho, de Sandra Higuita Marín

-A luneta do tempo, de Alceu Valenca

-Olvidados, de Carlos Bolado

-Un mar de cortos para vos: El gigante; Julieta de bicicleta; El corazón del sastre; Lluvia en los ojos; Historia de un oso.

-Malvinas, 30 miradas

 

 

FOCO: ITALIA ALTERADA 7 ½

 

-Abacuc, de Luca Ferri

-Belluscone. Una storia siciliana, de Franco Maresco

-La creazione di significato, de Simone Rapisarda Casanova

-Piccola patria, de Alessandro Rossetto

-Rosarno, de Gretta De Lazzaris

-Il segreto, de Cyop&Kaf

-Striplife, de Nicola Grignani, Alberto Mussolini y Luca Saffidi

-La bendizione degli animali, de Cosimo Terlizzi

-Roberto Minervini / Trilogía de Texas: The passage; Low tide; Stop the pounding heart

 

 

CLAIRE DENIS

Claire Denis

Claire Denis

 

-S’en fout la mort

-J’ai pas sommeil

-Bella tarea

-Sangre caníbal

-L’Intrus

-35 rhums

-White material

-Voilá l’enchainement

 

 

JAIME HUMBERTO HERMOSILLO

 

-La pasión según Berenice

-Matinée

-Naufragio

-Las apariencias engañan

-La tarea

-De noche vienes, Esmeralda

-eXXXorcismos

-Juventud

 

 

FRANCISCO J. LOMBARDI

 

-Maruja en el infierno

-La ciudad y los perros

-La boca del lobo

-Caídos del cielo

-Sin compasión

-Bajo la piel

-Pantaleón y las visitadoras

-Tinta roja

-Ojos que no ven

-Mariposa negra

-Ella

-Ojos que sí ven: el cine de Lombardi, de José Ridoutt Polar

 

 

ESPAÑA ALTERADA: BASILIO MARTIN PATINO

 

-Nueve cartas a Berta

-Canciones para después de una guerra

-Queridísimos verdugos

-Caudillo

-Basilio Martín Patino. La décima carta, de Virginia García del Pino

 

 

REVISIONES: CHRISTENSEN EN BRASIL

 

-Leonora dos sete mares

-Mis amores en Río

-El rey Pelé

-Viagem aos seios de Duilia

-O menino e o vento

-Enigma para demonios

-A mulher do desejo

-A morte transparente

-La intrusa

 

 

HOMENAJE A ALBERTO ETCHEBERE

 

-El secuestrador, de Leopoldo Torre Nilsson

-Más allá del olvido, de Hugo del Carril

 

 

ALEKSEI GERMAN

 

-Dura prueba bajo sospecha

-Veinte días sin guerra

-Mi amigo Ivan Lapshin

-Khrustalyov, My Car!

-Hard to be a god

 

 

BRITANNIA LADO A: EL PRIMER HITCHCOCK

 

-Downhill

-The farmer’s wife

-The Manxman

 

 

AUGUSTO ROA BASTOS, GUIONISTA

 

-El trueno entre las hojas, de Armando Bó

-La sangre y la semilla, de Alberto Du Bois

-Shunko, de Lautaro Murúa

-Alias Gardelito, de Lautaro Murúa

-Hijo de hombre, de Lucas Demare

-La boda, de Lucas Demare

-Castigo al traidor, de Manuel Antín

-El portón de los sueños, de Hugo Gamarra

 

 

SANDRO

 

-Muchacho, de Leo Fleider

-Siempre te amaré, de Leo Fleider

-Embrujo de amor, de Leo Fleider

-Destino de un capricho, de Leo Fleider

-El deseo de vivir, de Julio Saraceni

-Operación Rosa Rosa, de Leo Fleider

-Subí que te llevo, de Rubén Cavallotti

 

 

DANIEL TINAYRE

 

-Mateo

-Camino del infierno

-Pasaporte a Río

-Danza del fuego

-La vendedora de fantasías

-Deshonra

-En la ardiente oscuridad

-La patota

-El rufián

-Bajo un mismo rostro

-La cigarra no es un bicho

-Extraña ternura

-La Mary

 

 

COSMOS 70

 

-Tres cantos para Lenin, de Dziga Vertov

-El 41, de Grigori Chujrai

-Don Quijote, de Grigori Kozintsev

-Pasaron las grullas, de Mikhail Kalatozov

-Detrás de un vidrio oscuro, de Ingmar Bergman

-La infancia de Iván, de Andrei Tarkovski

-Un día, un gato, de Vojtech Jasny

-Los amores de una rubia, de Milos Forman

-El fascismo al desnudo, de Mikhail Romm

-Trenes rigurosamente vigilados, de Jiri Menzel

-Cuernos de cabra, de Metodi Andonov

 

 

CINE ARGENTINO SIEMPRE II

 

-El linyera, de Enrique Larreta

-Besos brujos, de José Agustín Ferreyra

-Sol de primavera, de José Agustín Ferreyra

-Historia de una noche, de Luis Saslavsky

-De la sierra al valle, de Antonio Ber Ciani

-Los isleros, de Lucas Demare

-Si muero antes de despertar, de Carlos Hugo Christensen

-Facundo, el tigre de los llanos, de Miguel P. Tato

-La tigra, de Leopoldo Torre Nilsson

-Rutas argentinas

 

 

GENERACION VHS

 

-Electric Boogaloo: the wild, untold story of Cannon Films, de Mark Hartley

-Salsa picante, de William Sachs

-Invasión USA, de Joseph Zito

-Halcón, de Menahem Golam

-Hardware, de Richard Stanley

-Lost soul: the doomed journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau, de David Gregory

Published in: on 21 noviembre, 2014 at 1:09  Dejar un comentario  
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4to Festival de Cine Árabe

Las miradas escondidas

dos metros

Dos metros de esta tierra

A los cines comerciales atosigados por los tanques de Hollywood y sus satélites locales –donde la multiplicidad de salas parece ser inversamente proporcional a la variedad de propuestas que albergan–, el circuito independiente responde cada semana con pequeñas pero valiosísimas ventanas hacia otras cinematografías, otras culturas y experiencias sociales que pueden resultar mucho más fértiles para alimentar nuestra cotidianeidad y pensar el presente en que vivimos. Una de esas oportunidades únicas tendrá lugar a partir de hoy en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, que hasta el domingo ofrecerá la cuarta edición de la Semana de Cine Árabe en Córdoba (ver en Agenda) organizada por el Festival Latinoamericano de Cine Árabe (Latinarab), que presenta una selección con más de doce largometrajes y algunos cortometrajes de su última edición de 2013.

La pertinencia del ciclo no podría exagerarse si se tiene en cuenta el trágico contexto que le otorga la avanzada israelí en la Franja de Gaza. Aunque las películas no aborden explícitamente el conflicto, sí pueden dar cuenta de un universo político, social y cultural que en el mejor de los casos permanece absolutamente desconocido en nuestra sociedad, convertido las más de las veces en un estereotipo estigmatizante y descalificador, seguramente silenciado por la prepotencia con que la hegemonía norteamericana se impone en nuestro imaginario simbólico: el cine puede constituir una forma de liberación de esos esquemas, un instrumento capaz de abrir nuestras miradas hacia otros horizontes e ideas que permitan un acercamiento más honesto a la realidad, acaso una forma alternativa y popular de conocimiento en sus mejores versiones.

The Miscreants

The Miscreants

Basta asomarse a un par de las películas que integran el programa para desechar todo prejuicio previo: desde el cine de género hasta el más comprometido, riguroso o experimental encuentran aquí versiones que dignifican la producción de Palestina, Libia, Siria, Qatar o Túnez, por nombrar algunos de los países participantes. A veces, las similitudes sorprenden: la película marroquí “The Miscreants” (2012), de Mohcine Besri, puede atestiguar la existencia de un canon internacional del mainstream tercermundista del que el éxito argentino del año, “Relatos Salvajes”, es máximo exponente. Pese a la diferencia de escalas de producción con la película de Damián Szifrón, este thriller de aspiraciones políticas que narra el secuestro de un grupo de teatro independiente por parte de tres jóvenes islamistas, comparte con aquélla una tendencia similar en cuanto al uso de planos cuidados en su simetría o ligeramente exóticos que promueven una estética cool –por cierto incompatible con los acontecimientos que aborda– y una narración en base a un guión omnipotente que se impone por sobre toda verosimilitud. El resultado, como aquél, es un filme de una artificialidad acorde con el universo televisivo, que bordea la estetización de la miseria y parece responder a esos estereotipos criticados arriba: un producto pensado para Occidente.

Pero el programa presenta también filmes plenos de riesgos y desafíos para cualquier público, capaces de abordar los conflictos con rigurosidad y pertinencia. Uno de ellos es “Sleeples nights” (Líbano/Palestina, 2012), de Eliane Raheb, precisamente ganador del Latinarab 2013, que se mete sin medias tintas ni protecciones simbólicas en la Guerra Civil libanesa a través de algunas de sus víctimas y victimarios. Como en la notable “The act of killing” (2012), de Joshua Oppenheimer, la directora consigue entablar aquí una intimidad inusitada con un asesino célebre de la época,  el ex responsable de inteligencia de las milicias cristianas Assaad Shaftari, que a diferencia del protagonista de  aquél filme ya se ha arrepentido públicamente de sus crímenes y se muestra dispuesto a dar la cara: lo que no implica que Raheb sea condescendiente con él, pues si hay algo que caracteriza a la película es la voluntad incisiva de la directora. Mediante un ingenioso montaje paralelo, Raheb abordará simultáneamente la vida cotidiana de Assaad y la de la madre de una de las miles de víctimas que dejó la conflagración azuzada y acaso definida por Israel, Saiidi Maryam, que aún sigue buscando los restos de Maher, joven militante comunista desaparecido en 1982. Si bien la película se acerca por momentos a una ilustración del concepto de la “banalidad del mal” de Hannah Arendt, Raheb tiene la suficiente determinación para ir a fondo en todo lo que aborda, sin otro compromiso que la develación de la verdad: sea en los interrogatorios a  Assaad o a su núcleo familiar íntimo, sea en las charlas con Saiidi sobre el luto perpetuo que mantiene, la directora explora todos los costados posibles de la experiencia, con un objetivo firme de ayudar al hallar los restos de Maher como único norte. Lo notable es que, a pesar de la complejidad de las situaciones, la directora apueste a un espíritu lúdico en la narración que le permita reflexionar libremente sobre los mecanismos de representación del documental, con una autoconciencia notable sobre las responsabilidades y los límites que implica todo acto de dirección y filmación.

Sleeples nights

Sleeples nights

Claro que si de ver otro Medio Oriente se trata, nada mejor que entregarse a las imágenes de “Dos metros de esta tierra” (Palestina, 2012), de Ahmad Natche, que con delicadeza sin igual aborda los preparativos de un festival de música que se realizará en la ciudad de Ramallah: descubrir la profunda inserción popular de la cultura en sus más diversas expresiones a partir de su apropiación por parte de la juventud palestina resulta conmovedor, aunque el director no se olvida de contrapesar esa experiencia con el contexto de militarización de la sociedad promovida por los conflictos políticos que la surcan. El filme es empero la certificación incuestionable de que hay un Medio Oriente secreto, profundamente culto y amable, donde por ejemplo la poesía resulta una actividad popular alimentada y compartida por los jóvenes en su diaria cotidianeidad.

Por fin, vale la pena prestar atención también a la única representante argentina en el programa: “Habi, la extranjera” (2013),  de María Florencia Álvarez, fue un promisorio debut que pasó fugazmente por nuestras salas el año pasado, aunque constituye un pertinente abordaje de la comunidad musulmana de Buenos Aires a partir de la historia de una joven (interpretada notablemente por Martina Juncadella) llegada del interior del país que experimentará una suerte de develación por el Islam, que la abrirá a un incierto camino de conversión y transformación interna.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Copyleft 2014

FICIC 2014 (III)

Satisfacción y desafíos

Mauro

Mauro

La cuarta edición del Festival de Cine Independiente de Cosquín (FICIC) terminó dejando el mejor balance posible porque no sólo confirmó una altísima calidad artística en base a una programación heterogénea, cuidada y exigente, de primerísimo nivel en todos sus rubros, sino que también encontró una respuesta inesperada entre sus destinatarios, la dimensión más incierta de todo proyecto cultural. El público colmó con entusiasmo las funciones del FICIC 2014 y sobrepasó todas las previsiones posibles de los organizadores, lo que además de ratificar la pertinencia del encuentro –y de revelar la demanda latente de propuestas culturales serias–, implica un compromiso y responsabilidad que trasciende a Cacique Argentina, organizadora del encuentro, e interpela a las autoridades institucionales del municipio, la provincia y el INCAA, recién para comenzar.

El FICIC se ha convertido en un encuentro masivo y popular, un espacio capaz de reunir a diferentes generaciones de espectadores de todas partes de Córdoba y otras provincias del país para compartir no sólo las imágenes de Argentina y el mundo, sino también el ágora pública, que por unos días es apropiada por esos amantes persistentes: el festival se convierte entonces en otra forma de crear ciudadanía, un modo en que la tan meneada “gente” se empodere efectivamente de lo público y se vuelva actora activa de su propio destino. Bastava ver la función inaugural, que reunió a aproximadamente 500 personas en el Centro de Convenciones, o las proyecciones colmadas de cualquiera de las películas del “Foco de cine ruso” -que ofreció obras de los años `50 y `60 en 35 mm-, para intuir que algo iba a suceder en Cosquín. El desafío quedó planteado: no sólo se deberá de mantener la calidad de un encuentro que supo reunir el mejor cine nacional reciente con algunos de los hallazgos más desafiantes del mundo, sino también responder a la alta expectativa popular que logró despertar, y que exige iniciar el largo camino de su definitiva institucionalización (para que deje de depender exclusivamente de la apasionada entrega de sus responsables).

El rostro

El rostro

Por lo pronto, como no podía ser de otro modo, el palmarés final dejó justos ganadores con el sinsabor de grandes obras que quedaron afuera: en la categoría Mejor Largometraje de Ficción, el primer premio fue para “Mauro”, celebrado debut de Hernán Roselli, que fue elegida “por su capacidad para captar con recursos esencialmente cinematográficos un universo en el que la necesidad de sobrevivir desafía las normas morales de la burguesía”, según consignó el jurado. En efecto, se trata de un filme capital de nuestro tiempo pues abre una geografía poco transitada por el cine argentino reciente, ni más ni menos que el conurbano bonaerense y sus habitantes, seres arrojados a la intemperie por el sistema: a través de la vida de este falsificador de billetes, miembro de la clase media venida abajo, se pueden pensar las contradicciones y cuentas pendientes de la Argentina del Siglo XXI, sin banderías políticas ni coartadas ideológicas reconfortantes. Debido a la calidad de los participantes, el jurado designó dos menciones: “Si estoy perdido, no es grave”, del cordobés Santiago Loza, y “El escarabajo de oro”, de Alejo Moguillanzky; aunque películas excepcionales como “El rostro”, de Gustavo Fontán, ó “Club Sándwich”, del mexicano Fernando Eimbcke, se quedaron injustamente sin reconocimientos, por no hablar de la cordobesa “Atlántida”, de Inés Barrionuevo. Cualquiera habría podido ser la ganadora con igual pertinencia y justicia.

Algo parecido sucedió en la categoría Largometraje Documental, que fue ganada merecidamente por “Escuela de sordos”, de la cordobesa Ada Frontini, un filme que permite adentrarse con sensibilidad y respeto en la vida interna de una institución para sordos de Bell Ville, y constatar la conmovedora humanidad de la comunidad que la habita. Igualmente, el jurado otorgó una mención a la española “Costa de Morte”, de Lois Patiño, aunque quedó sin reconocimientos una silenciosa obra maestra como “The Joyce Society” (Bélgica), de Dora García, que registra de un modo entrañable el trabajo amoroso de un grupo de cultores de la obra de James Joyce, que discute sistemáticamente su última y enigmática obra, “Finnegans Wake”; u otros grandes filmes como “Carta a un padre”, de Edgardo Cozarinsky, y “Dos metros de esta tierra” (Palestina), de Ahmad Natche, verdaderas joyas que ejemplifican (y amplían) las posibilidades del género documental.

Escuela de sordos

Escuela de sordos

A su vez, entre 17 cortometrajes de la categoría respectiva, resultó electo el notable “La reina” (Argentina), de Manuel Abramovich, un filme que problematiza las típicas elecciones regionales de belleza a través de la experiencia de la pequeña reina del carnaval de Gualeguaychu. Pero aquí también había obras importantes, como “El palacio” (México/Canadá), de Nicolás Pereda, y “Montaña en sombra” (España), de Lois Patiño, que merecieron sendas menciones por parte del jurado. En los “Cortos de Escuela”, la ganadora fue “Falcon” (Córdoba, UNC), de Rafael Pérez Boero; mientras que el Premio Movibeta fue para el cortometraje “¡Bello, bello, bello!” (Cuba), de Pilar Álvarez, estreno exclusivo del festival.

Claro que, como se dijo, el palmarés no alcanza a reflejar la riqueza del encuentro, que tuvo uno de sus picos máximos en la retrospectiva dedicada al director filipino John Torres, verdadero privilegio que ofreció el FICIC, pues se trata de la irrupción de un director fuera de toda norma en el panorama internacional: los asistentes pudieron acceder a un cine que mezcla con libertad y naturalidad sin igual la política con la fantasía, la historia con la intimidad del director. El cine de Torres parece transcurrir en un universo paralelo donde todo es posible, pero que se constituye en un reflejo poético de la realidad social e histórica de su país, dimensiones que son resignificadas en un horizonte mítico, político, cultural y hasta metafísico por momentos. También fue todo un hito el foco de cine ruso, que proyectó joyas como “La epopeya de los años de fuego” (Rusia 1959), de Yuliya Solntseva, una monumental epopeya bélica de Alexander Dovzhenko que fue aplaudida a sala llena por un auditorio multigeneracional, que pudo compartir en la noche del viernes la rara felicidad de encontrarse con las posibilidades del cine en su máxima expresión.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Copyleft 2014

FICIC 2014 (II)

Huellas del presente

 

Carta a mi padre

Carta a mi padre

Mientras las carteleras comerciales de nuestra ciudad semejan un páramo donde sólo se pueden encontrar espejismos de colores, a tan sólo 62 kilómetros el cine comenzó a latir ayer en su más amplia diversidad con el Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC), que hasta el sábado desarrollará una cuarta edición para el recuerdo: si cualquier cordobés desea asomarse a las películas argentinas que se destacaron en el Bafici, o a algunos de los directores extranjeros que sorprenden en los festivales del mundo, no tiene más que acercarse a la localidad serrana.

El encuentro ofrecerá 65 películas procedentes de 14 países, que participarán de tres competencias centrales (Largometraje Ficción, Largometraje Documental y Cortome-traje), aunque su importancia no reside en los números: como en todo festival, su identidad y relevancia se construirá en su programa, que a través de las películas seleccionadas desplegará una concepción del cine y un posicionamiento frente al mundo. Con la incorporación de Roger Koza como director artístico, el FICIC dará este año otro salto cualitativo porque ofrecerá un verdadero panorama de las películas más relevantes del año, bajo una selección que privilegia el riesgo artístico sin descuidar la relevancia política de las imágenes, la relación de las obras con las sociedades que las producen. El FICIC estará nuevamente lejos de las burbujas que nos suele ofrecer Hollywood.

Mauro

Mauro

Basta sondear la competencia de ficción para comprobar que hay algo novedoso en el cine argentino de 2014: películas como “Mauro”, de Hernán Rosselli, “Réimon”, de Rodrigo Moreno, o “Historia del miedo”, de Benjamín Naishtat, comienzan a interrogar el proceso político vivido en los últimos diez años, una dimensión inexplicablemente ausente de las grandes ficciones cinematográficas. El kirchnerismo, en efecto, ha atravesado transversalmente todas las estructuras de nuestra sociedad, ha repolitizado profundamente a la sociedad y ha mantenido una relación particularmente fértil con el séptimo arte: nadie puede discutir el proceso de federalización de la producción en curso, por más críticas o reparos que puedan esbozarse. Pero así como fue una presencia constante en el cine documental durante todos estos años, esta experiencia política es un absoluto fuera de campo en las películas de ficción producidas en su misma época, ya que no aparece representada casi en ninguna obra: su presencia más certera se encuentra en los afiches de Néstor Kirchner pegados en las paredes de la UBA de “El estudiante”, de Santiago Mitre, que junto con “Francia”, de Adrián Caetano, han sido las películas que intentaron pensarla más a fondo. Pero el cine es un arte que registra el presente, por lo que tarde o temprano empiezan a emerger las huellas del mundo que lo produce: en este sentido, tanto “Mauro” como “Réimon” significan la emergencia de un sujeto social ausente en las pantallas argentinas, cuyas existencias nos hablan de un modo u otro de las cuentas aún pendientes de nuestra sociedad. La primera registra la vida de un falsificador de billetes del conurbano bonaerense, miembro de la clase media expoliada durante la década de los ´90, que trata de salir como puede del infierno. Filme sobre el trabajo y el dinero, el universo que retrata semeja a un mundo posapocalíptico, que apenas ha podido sobrevivir a la tormenta, donde la ausencia del Estado es total y la precariedad es norma: su único indicio epocal está en los billetes que falsifican, de 20 pesos, lo que ubica a ese mundo varios años atrás del presente (hoy no tendría sentido falsificar esos valores), probablemente en el primer gobierno K, por lo que se recomienda al lector no sacar conclusiones apresuradas. “Réimon”, a su vez, ofrece una experiencia radical de inmersión en las condiciones de vida de las clases populares, a partir de su protagonista excluyente, una empleada doméstica que vive en el empobrecido conurbano bonaerense pero trabaja en la Capital Federal: sus periplos para trasladarse de un lugar a otro (dimensión también presente en Mauro) ya orquestan un discurso político en sí mismo, aunque su mayor potencia estará en el contraste que se establezca con la vida de sus empleadores.

Historia del miedo

Historia del miedo

Diferencias que son la materia explícita de Historia del miedo, que acaso ofrece la mirada opuesta al filme de Moreno: ubicado en un country que linda con una villa miseria, la película explora en esa superficie compartida las grandes paranoias sobre la inseguridad que a diario nos asaltan desde los medios, aunque sin salir nunca del barrio privado. Pero la política y la historia estarán presentes en muchos otros filmes: “Carta a mi padre”, del gran Edgardo Cozarinsky, que rastrea la biografía de sus padres inmigrantes en Entre Ríos, es una maravillosa muestra de cómo la intimidad es atravesada por la historia, con lo que indirectamente se convierte en una película sobre Argentina y los avatares políticos que la han sacudido. Hasta “El escarabajo de oro”, de Alejo Moguillansky, una lúdica exploración del cine dentro del cine que mezcla fantasía, aventura y realidad, recupera la tradición progresista del radicalismo para ofrecer un guiño sin dudas irónico a la clase política actual; mientras que la bellísima “El rostro”, de Gustavo Fontán, aborda poéticamente los fantasmas de otros olvidados, aquellos habitantes del caudaloso Río Paraná.

Claro que esto es un resumen mínimo: FICIC permitirá acercarnos también a otras culturas, épocas y poéticas, con la importantísima retrospectiva al director filipino John Torres, por ejemplo, cuya obra pone en escena una cosmovisión inconmensurablemente distinta a la nuestra, así como también el “Foco de cine ruso”, con obras en 35 mm. seleccionadas por Fernando Martín Peña. El cine cordobés, por supuesto, será gran protagonista con el estreno de “El último verano” (2014), de Leandro Naranjo, “Atlántida” (2014), de Inés Barrionuevo, y “El grillo” (2013), de Matías Herrera Córdoba, entre otras: una excelente oportunidad para celebrar el momento que vivimos.

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Published in: on 8 mayo, 2014 at 23:25  Dejar un comentario  

FICIC 2014 (I)

La consagración de la pasión

TRes D plaza

Tres D, la película de apertura

El Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín inicia esta semana una edición destinada a quedar en el recuerdo

La mayor cita cinéfila de la provincia realizará esta semana su cuarta edición con un programa que significará su definitiva consolidación como el espacio de exhibición cinematográfica más importante del interior del país, fuera de Buenos Aires. Ocurre que el Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC), que se desarrollará del miércoles al sábado en la localidad serrana, mostrará un salto cualitativo en su cuarta edición (tal como ya lo había hecho en la tercera respecto a la segunda) gracias a una curaduría impecable a cargo del crítico y programador Roger Alan Koza -su nuevo director artístico-, que reúne las mejores producciones argentinas del año, y varios de los más importantes descubrimientos del ámbito internacional.

El nuevo encuentro ofrecerá 65 películas procedentes de 14 países distintos -tras una convocatoria que reunió 850 filmes de 54 naciones-, que participarán de tres competencias donde las películas nacionales e internacionales se medirán en igualdad de condiciones: Largometraje Ficción, Largometraje Documental y Cortometraje.

Ya en su apertura, el FICIC 2014 mostrará un cariz especial porque estrenará en Córdoba el auspicioso filme “Tres D”, de Rosendo Ruiz (“De Caravana”), rodado durante la edición anterior del propio festival, al que toma como escenario de una ficción que celebra y explora lúdicamente el funcionamiento del encuentro cinéfilo. La película, vale recordar, se estrenó en enero en la prestigiosa sección “Bright Future” del Festival Internacional de Cine de Rotterdam (Holanda), y en nuestro país tuvo un reconocido paso por último Bafici.

Mark Peranson en La última película

Mark Peranson en La última película

Por su parte, en la categoría “Largometraje Ficción” se podrá disfrutar de renombradas obras extranjeras como “Club Sándwich” (México, 2013), de Fernando Eimbcke, y “La última película” (Canadá, 2013), del filipino Raya Martin y el célebre crítico canadiense Mark Peranson (director de la revista “Cinemascope”); que se medirán con “El escarabajo de oro” (Argentina, 2014) de Alejo Moguillansky, reciente ganadora del Bafici, “Historia del miedo” (Argentina, Alemania, 2014), de Benjamín Naishtat, “Si estoy perdido, no es grave” (Argentina, Francia), un elaborado ensayo del cordobés Santiago Loza sobre los procesos de la actuación, la delicada “Réimon” (Argentina, 2014), de Rodrigo Moreno, “Mauro” (Argentina, 2014), de Hernán Rosselli, celebrada por la crítica como el hallazgo de 2014, “El rostro” (Argentina, 2014), de Gustavo Fontán (que mereció el premio a Mejor Director del reciente Bafici), y la cordobesa “Atlántida” (Argentina, 2014), de Inés Barrionuevo. Se trata, sin excepción, de películas notables, dueñas de un riesgo y singularidad inusuales, testimonio de un gran momento del cine nacional, que brilló con luz propia en el Bafici. La complicadísima definición de la sección estará a cargo de un jurado a su altura, conformado por el crítico Horacio Bernades (Página/12), el director José Celestino Campusano y la crítica Marcela Gamberini (Con los ojos abiertos).

Dentro de la categoría Largometraje Documental, se proyectarán a su vez los trabajos argentinos “Ramón Ayala” (2014), de Marcos Lopez, las notables “Escuela de sordos” (2013), de la cordobesa Ada Frontini, y “Carta a un padre” (Argentina, 2013), del mítico Edgardo Cozarinsky, y “El asombro” (2014), de Iván Fund, Santiago Loza y Lorena Moriconi, que será un estreno mundial. Pero también habrá lugar para documentales internacionales destacados como la multipremiada “Costa da Morte” (España, 2014), de Lois Patiño, la palestina “Dos metros de esta tierra” (Palestina, 2012), de Ahmad Natche, o la belga “The Joycean Society” (Bélgica, 2014), de Dora Garcia, un entrañable retrato de un grupo de amantes de la literatura que se reúne semanalmente a desentrañar los secretos de “Finnegans Wake”, la última obra de James Joyce. El jurado de la sección también ostentará un alto nivel, con la presencia del crítico y docente Fernando Martín Peña junto a los directores Germán Scelso y Teresa Arredondo.

Lukas, el extraño, de John Torres

Lukas, el extraño, de John Torres

La tercera categoría del certamen, Cortometraje, tendrá como jurado a los críticos locales Guillermo Franco y Juliana Rodríguez junto a Pablo Ratto: aquí se podrán ver 17 filmes de 20 minutos de duración aproximadamente, entre los que se destacan los estrenos “¡Bello, bello, bello!” (Cuba, 2013),  de Pilar Álvarez, y “El palacio” (México, Canadá, 2013), de Nicolás Pereda. También habrá promesas como “Montaña en sombras” (España, 2012) de Lois Patiño, “O archipelago” (Brasil, Chile, 2014) de Gustavo Beck, “Las aguas del olvido” (Argentina, 2013) de Jony Perel, o las cordobesas “Backwards” (Argentina, 2014), de Sol Muñoz y Ana Apontes, “Hilda” (Argentina, 2014), de Daniela Goldes, y “Sociales” (Argentina, 2013), de Mariano Luque, entre otras. Pero además, por segundo año consecutivo, el festival brindará un espacio para “Cortos de escuela” en el que se presentarán 11 filmes de estudiantes de distintas universidades del país: algunos son “Almateur” (Córdoba, UNVM), de Emiliano Lavezzini, “Cuestión de té” (Buenos Aires), de María Monserrat Echeverría, “Dubai” (Córdoba, UNC), de Diego Martínez y “El libro” (Córdoba, La Metro), de Gonzalo Moncalvillo.

Pero esto es apenas el inicio, ya que los mayores hallazgos que ofrecerá el FICIC se encuentran fuera de concurso, empezando por la retrospectiva internacional dedicada al joven director filipino John Torres, en la que se podrán apreciar todas las producciones de esta verdadera revelación del cine asiático, curada por el Festival Internacional de Viena (Viennale). Pero también se presentará el ciclo “Cine Cordobés Contemporáneo”, que además de la película de Ruiz, ofrecerá los importantes estrenos de “El último verano” (2014), del joven crítico Leandro Naranjo, “La laguna” (2013), de Gastón Bottaro y Luciano Juncos, y “El grillo” (2013), de Matías Herrera Córdoba; a lo que se suma la presentación del libro “Hacia lo que vendrá”, del crítico Fernando Pujato, una de las novedades más auspiciosas del año.

Finalmente, otra de las grandes promesas es el ciclo “El Recorrido”, que propone un foco de cine ruso en 35 milímetros curado por Fernando Martín Peña, en el que se presentarán “El cuarenta y uno” (1956), de Grigori Chukhrai, “La epopeya de los años de fuego” (1959), de Yuliya Solntseva, y “Pirosmani” (1969), de Giorgi Shengelaya. Con lo que se completa una oferta inigualable, para una edición que promete quedar en el recuerdo.

Los filmes se podrán ver en cuatro salas de Cosquín: Centro de Congresos y Convenciones (Tucumán 1031), Microcine Adalberto Nogues (Tucumán 1031), Holiday Cinema (San Martín 871) y Teatro El Alma Encantada (Pedro Ortiz 779). Y las entradas tienen un costo popular de 15 pesos, estudiantes y jubilados pagan 10.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

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Bafici 2014-Nota 4

El último refugio

 

Frágil como el mundo

Frágil como el mundo

El Bafici terminó sin premios importantes para el cine cordobés aunque con un justo palmarés

 

“Terror de amarte en un lugar tan frágil  como el mundo”

(Sophia de Mello Breyner Andresen)

 

El cine y sus asombrosas posibilidades volvieron a ser reivindicados en la 16º edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici) gracias a algunos hallazgos de una amplísima programación que incluyó un total de 504 películas (cortometrajes incluidos), en la que la producción argentina brilló como pocas veces en su historia. Hallazgos que no se encontraron tanto en las competencias “Internacional” o de “Vanguardia y Género”, sino en algunos focos paralelos que permitieron descubrir, por ejemplo, a la genial cineasta portuguesa Rita Azevedo Gomes, autora del mejor filme que se haya visto en este encuentro, “Frágil como el mundo” (2001), una conmovedora poesía visual en blanco y negro sobre el amor adolescente (dueña de la cita que encabeza esta nota), o de joyas invaluables como “La 15ta. piedra” (2005), verdadera lección de cine orquestada por el legendario cineasta Manoel de Oliveira en una entrevista a cargo de João Bénard da Costa.

El rostro

El rostro

Como de costumbre, el palmarés final deja por tanto afuera a gran parte de los hallazgos del festival, aunque esta vez no podamos decir que haya sido injusto: en una pobre contienda internacional, se premió a la rigurosa “Fifi Howls From Happiness”, de la iraní Mitra Farahani, mientras que en la “Competencia Argentina”, donde el cine cordobés encontró definitiva consagración pese a no llevarse ningún premio de importancia, se eligió merecidamente a “El escarabajo de oro”, de Alejo Moguillansky, una lúdica mezcla de fantasía, historia y realidad. Sátira inclemente al panorama actual del cine independiente y apuesta radical por la aventura, el filme de Moguillansky y Mariano Llinás (autor de “Historias Extraordinarias”, que oficia como co-guionista, aunque su influencia resulta ineludible) vuelve a ampliar las posibilidades de la autoreferencia en el cine a partir de un relato ficcional en el que los propios autores se embarcarán a una aventura por Misiones en busca de un tesoro, mientras simulan filmar una película para capitales suecos.

A su vez, el cineasta Gustavo Fontán recibió un largamente merecido premio a Mejor Director de la sección por “El Rostro”, excepcional obra poética sobre el tiempo y sus fantasmas en un Río Paraná filmado con notable sensibilidad en súper 8 y 16 milímetros, que además lo confirma como una de las miradas más originales de la Argentina, mientras que el jurado presidido por Ignacio Agüero decidió otorgar una justa mención especial para “Carta a un padre”, del legendario Edgardo Cozarinsky (que también recibió el galardón de la Asociación de Cronistas Cinematográficos Argentinos). Pero más allá de los reconocimientos, lo cierto es que la sección mostró un nivel excepcional, donde el cine cordobés tuvo un fuerte protagonismo con los filmes “Tres D”, de Rosendo Ruiz, “El último verano”, de Leandro Naranjo, “Atlántida”, de Inés María Barrionuevo, y “Ciencias Naturales”, de Matías Lucchesi, el único que obtuvo un premio no oficial de FEISAL.

Fifi Howls From Happiness

Fifi Howls From Happiness

Un panorama exactamente opuesto mostró la “Competencia Internacional”, donde el bajo nivel general de las películas reveló una curaduría muy pobre, que no puede justificarse con meros problemas presupuestarios: el documental “Fifi aúlla de felicidad”, resultó entonces justo ganador. El filme de Mitra Farahani rescata la figura de Bahman Mohasses, uno de los principales representantes del arte iraní prerrevolucionario, que será rastreado por la cineasta hasta una habitación de hotel romano, mientras explora la importancia de su obra. A su vez, la argentina “Mauro”, ópera prima de Hernán Rosselli, recibió un justísimo “Premio Especial del Jurado”, pues seguramente se trató de la revelación nacional del festival: filmada durante tres años con un presupuesto ínfimo, Mauro significa la emergencia de un nuevo paisaje y un sujeto social ausente en las pantallas argentinas, a partir de la vida de un falsificador de billetes del conurbano bonaerense, miembro de una clase media arrojada a la intemperie. Audaz y compleja en su propuesta, con una estética de documental de observación, la película ostenta una voluntad inédita por registrar el presente y sus contradicciones, prácticamente ausente en el cine nacional. Acaso por ello recibió también el premio de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (FIPRESCI).

Por su parte, el jurado de la selección “Internacional” otorgó también sendas menciones especiales para “El futuro” (España), de Luis López Carrasco y “Mary is Happy, Mary is Happy” (Tailandia), de Nawapol Thamrongrattanarit; mientras que el mejor director fue para Daniel Vega y Diego Vega, por “El Mudo” (Perú/México/Francia).

El Gran Premio de la competencia “Vanguardia y Género” recayó a su vez en “Manakamana” (Estados Unidos/Nepal), de Stephanie Spray y Pacho Vélez, mientras que el Mejor Largometraje resultó “It For Others”, de Duncan Campbell (Reino Unido). Por fin, entre los galardones destacados, vale mencionar el premio al mejor Director de Fotografía para el cordobés Fernando Lockett por “Algunas chicas”, de Santiago Palavecino, pues su labor ya se venía destacando hace años en la producción nacional, posicionándolo como uno de los mejores DF de Latinoamérica.

Unas 380 mil personas se acercaron a las diez sedes del festival y tuvieron la posibilidad de acceder a las películas reseñadas o las retrospectivas de Carlos Schlieper o Uri Zohar y charlar con la citada Azevedo Gomes o Frank Henenlotter, destacada figura del terror, que estuvieron presentando sus películas. Lo que sin dudas no es poca cosa, aunque las anteriores ediciones del Bafici hayan sabido ofrecer muchas más posibilidades para refugiar a los amantes del séptimo arte.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 14 abril, 2014 at 2:09  Dejar un comentario  
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Bafici 2014 – nota 3

El amor por la narración

Carta a mi padre

Carta a mi padre

La Competencia Argentina viene mostrando una alta calidad en el Bafici, con películas que hacen de la autoconciencia una forma de aventura narrativa

 

El cine argentino viene siendo el gran protagonista del 16 Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), cuya competencia nacional no deja de crecer en calidad y diversidad a medida que se suceden los tórridos días porteños, justo lo contrario de lo que ocurre en una Competencia Internacional que, por el pobre nivel general que ostentan sus películas, apunta para terminar entre las peores de su historia.

La comparación es sin duda auspiciosa para el cine argentino, por más que la curaduría de las películas extranjeras tenga una evidente responsabilidad (y acaso delate los problemas para traer obras importantes con un presupuesto congelado), y aún sea aventurado hablar de obras maestras: basta repasar películas como “El escarabajo de oro”, de Alejo Moguillansky, “Carta a mi padre”, de Edgardo Cozarinsky, “El rostro”, de Gustavo Fontán, “Réimon”, de Rodrigo Moreno, o “Si je suis perdu, c’est pas grave”, de Santiago Loza, para certificar la diversidad, vitalidad y riesgo que ostenta la producción nacional (por no citar esta vez al cine cordobés, que sigue siendo la gran sorpresa de la sección, y volvió a pisar fuerte con el estreno de “Ciencias Naturales”, de Matías Lucchesi).

El rostro

El rostro

Un panorama que ha mostrado una singular presencia de la autoconciencia fílmica y el goce por la experiencia artística con las películas de Moguillansky y Loza, además de la ya reseñada “Tres D”, de Rosendo Ruiz. Con formas, niveles y búsquedas muy diferentes, todos exponen un amor inusual por el acto de filmar, una alegría compartida por la experiencia narrativa: la metalingüística no funciona aquí como un guiño snob o una tesis academicista, sino como una forma lúdica de apropiarse de los procedimientos y explorar otras formas del relato, desde la más íntima cotidianeidad.

Como la recordada “Historias Extraordinarias”, de Mariano Llinás, en “El escarabajo de oro” Moguillansky expone una elaborada mezcla de fantasía, historia y realidad: sus protagonistas son ellos mismos, embarcados en una extravagante aventura que se referencia en el texto homónimo de Poe y en “La isla del tesoro”, de Robert Louis Stevenson, “relatada desde el punto de vista de los piratas”, según adelantan en la introducción, que será orquestada como en aquella por una voz en off guía del relato. Ocurre que Moguillansky ha recibido de Suecia el encargo de filmar una película sobre una mítica escritora feminista (en una de las tantas referencias irónicas al cine nacional, un vector de la trama cómica del relato), pero al mismo tiempo el actor Rafael Spregelburd llega con un hallazgo insólito: un tesoro del siglo XVIII escondido en la selva misionera, cerca de Leandro N. Alem.

Hacia allá partirá entonces toda la troupe con la intensión de utilizar el rodaje como una pantalla para buscar el tesoro, aunque Moguillansky tendrá que articular una complicada farsa para engañar a los fondos suecos: sin ningún miedo al ridículo, la trama intercalará diversas capas de fantasía sobre la realidad para mezclar la filmación de la filmación con la aventura, la literatura y la historia política de nuestro país (ya que hay toda una subtrama sobre el pasado del radicalismo y el legado de Alem). El resultado es un filme gozoso y expansivo, que apuesta a abrir las posibilidades del cine desde su interior, entendiéndolo como un arte popular capaz de reinventarse desde la más crasa cotidianeidad –al modo por ejemplo del portugués Miguel Gomes– por más que cierta misantropía de los propios directores contradiga en algunos pocos momentos la propuesta.

Si je suis perdu, c'est pas grave

Si je suis perdu, c’est pas grave

Más experimental, aunque no menos autoconciente, es “Si estoy perdido, no es grave”, la nueva película del cordobés Loza, uno de los directores preferidos del Bafici: filmada en una ciudad francesa indeterminada, la película expondrá el resultado de un workshop sobre actuación dictado por el propio realizador. También una voz en off ordenará el relato, que intercala diferentes pruebas de cámaras de los actores filmados en planos fijos (en blanco y negro) y las consiguientes ficciones que luego protagonizan (en color), la mayoría inscriptas en el espacio público. Claro que, más que sobre los mecanismos del cine, lo que a Loza le interesa explorar aquí es la actuación y sus procedimientos, o quizás cómo el intérprete pone en juego su cuerpo e identidad en su labor performativa, tocando entonces diversos temas como el paso del tiempo, el espacio de la intimidad y la relación con otros.

Sobre el tiempo y la historia es precisamente “Carta a mi padre”, del gran Edgardo Cozarinsky, que rastrea su propia biografía para reconstruir el pasado paterno en Entre Ríos: lo maravilloso del filme es la capacidad del director para unir la intimidad con la historia, el itinerario vital de su padre y su familia descendiente de inmigrantes judíos con los contextos que le dieron sentido y explicación. Con lo que indirectamente “Carta a mi padre” se termina convirtiendo en una película sobre Argentina, sus avatares políticos y la experiencia de los colonos que constituyeron su identidad múltiple y mestiza.

 

Por Martín Iparraguirre

Published in: on 10 abril, 2014 at 12:59  Dejar un comentario