Entrevista a Carina Sama

Una película en escorzo o ¿cómo filmar lo diferente?

Entrevista a Carina Sama, directora de “Con nombre de flor”, estrenada en la plataforma Cine.arPlay

La plataforma Cine.ar estrenó hace una semana “Con nombre de flor”, de Carina Sama, una de las películas argentinas más interesantes del año por su capacidad de retratar a un personaje y reflexionar simultáneamente sobre ese propio acto creativo, en el que, a través de una cámara, alguien impone una forma de representación a un otro u otra, gesto sin dudas de poder donde se pueden colar además todos los prejuicios de una sociedad. Ocurre que la protagonista del filme no es alguien común: Malva era una travesti que tenía 95 años en el momento en que Sama la filmó para su película, toda una rareza porque triplicaba la edad promedio de las personas transexuales en Argentina (donde su expectativa de vida es menor a los 40 años). Luchadora incansable, capaz de cruzar a pie a los 16 años la Cordillera de los Andes para forjarse una vida en Argentina y fundadora del MUA (Maricones Unidos Argentinos) –una de las primeras organizaciones de género del país–, Malva se murió sin embargo antes siquiera que Sama pudiera iniciar la filmación propiamente dicha de su película, algo que la obligó a volver a las charlas grabadas con ella como preparación de lo que sería el registro trunco. Esas seis horas de entrevistas de aproximación bastaron, sin embargo, para que Sama orquestara una gran película donde además de recorrer la vida fascinante de Malva –en la que late una historia colectiva de la discriminación en nuestro país–, consigue hacer un retrato sin concesiones de la Argentina y problematizar, al mismo tiempo, su propia mirada como directora bajo la pregunta de ¿cómo filmar a un cuerpo no normatizado? en tiempos de dominio patriarcal.  

¿Cómo llegaste a Malva y su historia? ¿Qué te interesó contar de esa vida?  

Carina Sama (CS):  En el estreno de mi primer documental “Madam Baterflai”, la gente de Diversidad Sexual de Nación me entrega en mano un librito publicado por el Centro Cultural Rojas llamado “Mi recordatorio” y me dicen “éste es tu próximo documental” casi a modo de juego. Tardé unos meses en ponerme, recuerdo que pensé “Les Minotaures existen”. En Argentina, la edad promedio de una travesti aún después de la Ley de Identidad de Género no pasa los 37 años, encontrar a alguien de 90 o más (su DNI dice que había nacido 1925 y ella misma afirmaba que lo hizo en 1919) era la evidencia más viva que había visto de la sistemática persecución que provocaba la estadística. Malva era la única longeva de su especie, una especie que lleva en el cuerpo un margen que me podía dar una luz sobre cómo sobrevivir a la sociedad patriarcal.  

¿Cómo fue tu acercamiento a Malva? 

CS: A partir de ese libro y la necesidad de contar esa historia, indagué el lugar donde ella habitaba durante la semana, que era la Residencia B. Obligado y C. López (Dinapam) en Bella Vista, ahí la llamé y accedió a conocerme. En paralelo, hablé con Marlene Wayar para que me diera algunos “tips” para congeniar con ella, ya que sabía que no era fácil. Cuando voy a verla, la directora de la residencia, un amor de persona, pide que llamen a Malva porque estaba en su habitación en el sector femenino: al sentarse y escuchar mi acento mendocino hicimos empatía inmediatamente. En la segunda entrevista, me mostró 204 fotos que son una verdadera joya porque retratan hechos que se sabían que habían existido pero no había imágenes que los constataran, como las fiestas de la comunidad gay en el Tigre o los Carnavales mirados desde un punto de vista diferente: ¡Ese era el descubrimiento periodístico!  Tuvimos seis encuentros antes de que armara el documental que escribí. 

Carina Sama

¿Cómo te replanteaste la película luego de su muerte? 

CS: Malva fallece antes de comenzar a filmar el documental que fui escribiendo. El material de las entrevistas que había filmado era solo de investigación, sin prestar mucha atención a determinados encuadres y creyendo que había mucho problema según mi normativizado aprendizaje. Para recuperarme del impacto, hice un armado cronológico junto a las fotografías que tenía, algo que ya era una hermosura porque retratan historias que pocas personas conocían. A continuación, le mostré todo el material a la Wayar, que apenas lo ve me dice: “Malva siempre se puso en escorzo. Manejó su pose por sobre tu mirada”. Por esa frase iniciática, el documental no es sólo su historia, sino mi propio cambio a través de su mirada.

Precisamente, el concepto de “escorzo” resulta central en tu película, ¿qué significa esa idea? 

CS: La palabra “escorzo” dicha intuitivamente por Wayar y trabajada en su espectáculo “Cotorras”, también trabajada académicamente por José Ortega y Gasset, me vino justo porque ya estaba trabajando en una consigna para mi tercer documental, “Yo soy yo y mis circunstancias”: el nexo entre el yo (interno) y mis circunstancias (externo) es el escorzo. La teoría del escorzo se presenta como la perspectiva singular que permite descubrir –en toda su profundidad– la verdad del objeto estético contemplado. Cuando hacemos una entrevista, solemos colocarnos frente a nuestro entrevistade a la altura de los ojos, pero eso nos permite ver sólo una arista de elle: si esa persona gira a 45 grados todo su cuerpo, podemos ver por ejemplo el largo de su pelo, o si una parte está más cerca también podemos ver sus arrugas. Pero si alguien se acuesta, como hacía Malva cuando yo la entrevistaba, nos invita a ver su tercera dimensión y si esa dimensión es vieja y travesti, ¡es algo mucho más que la dimensión desconocida!  

La pose de Malva me llevó a una pregunta: ¿Podemos, desde un aprendizaje patriarcal y heteronormativo, poner la cámara frente a seres no normados? La pose de Malva se convirtió en la premisa de que para abordar un feminismo a fondo, no hay posibilidad de hacerlo si seguimos replicando esa mirada: Malva dominó con su pose todo intento de domesticación de mi parte y tuvo que morirse para que eso no ocurriera. 

¿Cómo te llevó a repensar el abordaje que hiciste de Malva? 

CS: Sabíamos que en el material de investigación había algo que no podíamos pasar por alto, la necesidad de divulgar eso que Malva cuenta. Algo que nunca pensamos porque nos era invisible, pero existió. “Irse de todos los lugares. Eso es ser travesti” dice Camila Sosa Villada en su libro “Las malas”. No podía volver a pasar, por eso, de la mano de la mente iluminada de Marlene Wayar salió “Con nombre de flor”: no solo la historia de una travesti anciana sino una interpelación de la narrativa cinematográfica heteronormativa. Una interpelación de mi forma aprendida de reproducir el patriarcado que su propia pose no permite. Malva me obliga a que la observe y que la escuche como ella siente, se niega a ser domesticada, ese es lo que ganamos: una forma nueva de mirar. Ortega y Gasset dice “quien quiera enseñarnos una verdad que no nos la diga: simplemente que aluda a ella con un breve gesto, gesto que inicie en el aire una ideal trayectoria, deslizándonos, por la cual lleguemos nosotros mismos hasta los pies de la nueva verdad”. Quizás ese gesto pueda ser un punto de vista escorzado para impulsarnos a ver y a escuchar en todas sus dimensiones, para modificar lenguajes o al menos dispositivos de una narrativa cinematográfica anquilosada o proponer formas de expresarnos en subjetividades transfeminstas que nos abran y  muestren cómo transitar ese margen, esa frontera sin territorios… y nos lleven a un mundo no binarie, para así lograr infancias libres. De todo esto estamos hablando en un grupo de reflexión en #Cartelera Feminista y en #Acción, mujeres de cine, dos grupas en las que trabajamos arduamente para (des)aprender y (re)construirnos. 

¿Qué representa Malva para vos?, ¿Qué puede transmitir su vida a los espectadores? 

CS: Malva representa la valentía de alguien que se defiende en la identidad autopercibida: sabe quién es y qué quiere aunque toda la sociedad esté en su contra. Las travestis en su mayoría están condenadas a la expulsión de sus hogares a muy corta edad por solo portar una identidad que no condice con el dictamen patriarcal, expulsadas de la “norma”, una norma que está parada sobre un eje binómico “hombre y mujer”, todo lo que no se defina como tal “está mal” y su portación genera violencias. Si soñamos con infancias libres, nos tenemos que permitir que les niñes vivan sobre una variedad identitaria múltiple ya que somos tan diferentes en nosotres. Volvernos a soñar no binaries como antes de la conquista europea, expresar lo que se siente más allá de lo sexual. Todes nos estamos perdiendo esas libertades.  

¿Qué aprendiste sobre la experiencia de vida de las travestis en tu proceso de filmación?

CS: Malva llevaba en su cuerpo flaco las marcas de todo lo que “No se debe ser” en una sociedad capitalista y patriarcal: era “vieja y travesti”. En la pesquisa del material de archivo (hermosamente hecho por Lucas Peñafort) en la que buscábamos indicios audiovisuales o de hemeroteca del travestismo en Argentina, nos encontramos que el acceso era a través de palabras como “inmorales/amorales”, “depravados”, “suavecitos”, entre otros apelativos denigrantes. Ese archivo se convierte en la comprobación de la sociedad como antagonista, la culpable del “identicidio” como dice Wayar, que no les permite transitar y por lo tanto estudiar ni trabajar porque el solo hecho de su presencia denota la imposibilidad de permitirse la felicidad de ser. Lucas encuentra una hermosa foto de Octavio/Malva que parece ser de un archivo policial: en este archivo identificamos una pequeña nota con foto del 26 de enero 1956 (revista “Variedad”) donde encontramos posando a Octavio Nibaldo Sáez, nombre de la infancia de Malva. El texto que acompaña la imagen pone en evidencia el desprecio profesado por la prensa. ¿La foto de la revista habrá sido sacada por la policía? Recomiendo observar detenidamente su pose orgullosa y sonriente, pura valentía.

Por último, tu película muestra un pasado donde las diversidades sexuales eran furiosamente perseguidas en Argentina, ¿hasta qué punto cambió esa realidad?

CS: La edad promedio de muerte de las travestis sigue siendo 35 años aun hoy. Aún hoy siguen habiendo cuerpos que importan y otros que no: Malva era de esos cuerpos, la sociedad sigue negándose a ver la vejez y sobre todo lo que se salga de la norma. La ley está vigente pero la sociedad se sigue negando a una apertura mental que les abra las puertas a ver a una travesti de día o estudiando, cuesta mucho pero se está logrando lentamente. La marea verde ha hecho milagros, niñes preadolescentes sienten atracción hacia lo masculino o lo femenino, algo que no tiene que ver con su genitalidad. Hacer cine en Argentina es una tarea muy difícil, y más para personas no binaries como me considero, estamos lejos de la equidad. Por eso, esa chispa de tiempo que me dio, logró encender la llama para poder inmortalizarla, porque eso hace el cine: Malva va a vivir mientras alguien mire el documental, están invitades.

Por Martín Iparraguirre

Copyleftt 2020

IMPORTANTE: “Con nombre de flor” estará todo el mes de septiembre en Cine.ar Play, pero además se disfrutar en video On Demand en la plataforma vimeo, donde también se pueden conseguir la anterior película de Sama: “Madam Baterflai”.

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