Entrevista a Emmanuel Figueroa

Un grupo de cordobeses varado en Perú

Equipo Emma
El equipo cordobés junto a los dueños del hotel donde se alojan en cuarentena.

El director Emmanuel Figueroa habla de la situación que vive con su equipo en Iquitos, donde quedaron atrapados mientras filmaban “Crónica bárbara: tras el barco de Fitzcarraldo”

La película había nacido como un sueño un tanto alocado: filmar un viaje a la selva peruana en busca del barco de Carlos Fermín Fitzcarrald, el mítico amante de la ópera que intentó montar un teatro del género en ese territorio inhóspito a finales del siglo XIX, experiencia inmortalizada por el director alemán Werner Herzog en la célebre película “Fitzcarraldo”. “El barco y la película fueron en realidad una excusa para hacer otra cosa mucho más profunda sobre la selva, sobre las miles de cosmovisiones de los pueblos que allí habitan, sobre ese paisaje fascinante porque la selva es una especie de caldo que está siempre en ebullisión donde un montón de imaginarios y mitologías se funden con la realidad”, aclaraba el director cordobés Hugo Emmanuel Figueroa a este crítico a fines de febrero, cuando se disponía a materializar ese proyecto largamente anhelado.

En efecto, con producción de Tandem Audiovisual (Villa María), Figueroa viajó el 3 de marzo junto a un equipo reducido de seis cordobeses para filmar la segunda parte de “Crónica bárbara: tras el barco de Fitzcarraldo”, la película en cuestión, que constituye una mezcla lúdica entre ficción y documental en la que una directora va tras los rastros del escritor Iván Ferreyra, protagonista silencioso del filme, que en la ficción ha huído a Perú en busca del mítico barco, perdiéndose con su destino desconocido. Pero en medio del periplo –que incluía un viaje en barco de una semana en condiciones muy precarias para llegar al centro del Amazonas y filmar con las comunidades indígenas del lugar– apareció la pandemia del coronavirus y los realizadores cordobeses quedaron barados en Iquitos. “Lamentablemente no llegamos a ese tramo del viaje. Estábamos concluyendo la primera etapa de rodaje, en Iquitos, cuando empezó la cuarentena. En esos días teníamos que partir a bordo de un barco carguero durante una semana por el Río Ucayali rumbo a Pucallpa, pero en lugar de eso tuvimos que quedarnos en Iquitos, encerrados en un hotel”, cuenta ahora Figueroa, que se encuentra en un situación agobiante ya que desde hace más de 15 días están encerrados en el hotel con peligro de contagiarse no sólo Covid-19 “sino también malaria y dengue, que también están en su pico maximo en la región”, sin más apoyo económico que los recursos que habian llevado para sostener el viaje. Hasta llegaron a editar un video para difundir su situación y pedir auxilio a las autoridades (se puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=bCnS1K8vmk0).

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¿Cómo están en esta situación?

Emmanuel Figueroa (EF): Nuestra situación es compleja. Básicamente ahora nos encontramos práctica y técnicamente “atrapados” dentro de un hotel que funciona como base de operaciones para gestionar nuestro retorno al país, mientras pensamos en seguir filmando con los recursos disponibles dentro del hotel una secuencia nueva ubicada en el contexto de la pandemia. Se trata de un hotel que fue una antigua casona construida en 1902 por el portugués Francisco Núñez en pleno apogeo del caucho. Somos las únicas personas que se hospedan aquí además de sus dueños. El hotel fue gestionado desde el Ministerio de Cultura de Perú, ya que aquí, desde hace una semana, el Gobierno dio la orden de no hospedar más a ningún extranjero y los hoteles deben permanecer cerrados. Nuestra urgencia en este momento es salir de Iquitos.

¿Cómo fue la filmación desde que se desató la pandemia? 

EF: Cuando llegamos al Perú no había ningún caso confirmado. Llegamos el 3 de marzo, el jueves 5 comenzó el rodaje y el primer positivo salió a la luz al día siguiente, el 6 de marzo. Aunque estábamos al tanto de la situación, no lo tomamos con preocupación y seguimos adelante con el rodaje porque Iquitos está prácticamente aislado en el medio de la selva, sin carreteras que la conecten con el resto del país, solo se puede llegar por vía aérea o fluvial. Esta condición geográfica hacía poco probable que afloraran casos en la región. Sin embargo, después de cuatro o cinco días se conoció el primer caso de contagio, un guía de turismo que trabajaba para un reconocido albergue. De ahí en más la situación empeoró en muchos niveles. Comenzó a extenderse la paranoia por la ciudad, portadas de periódicos locales que vaticinaban un panorama desalentador, gente caminando con barbijos y una atmósfera cada día más sofocante.

Comenzamos a ser cuidadosos con la limpieza, a usar barbijos fuera de nuestra residencia, pero esperanzados en continuar con el rodaje, porque la cantidad de casos era relativamente nula frente a la cantidad de población que hay en Iquitos y porque contábamos con los permisos de la Policía Nacional del Perú para hacerlo.  Sin embargo, comenzamos a asimilar el hecho de que había grandes probabilidades de que quedáramos con la película inconclusa, puesto que aun estábamos dentro de la primera parte del plan de rodaje, y aun nos esperaba lo más complejo, que sería el rodaje a bordo de un barco carguero durante siete días por el Ucayali, más el bloque final en las comunidades Asháninkas de la selva central.

¿Cómo afectó la situación al grupo? 

EF: Si bien la situación no solo trabó el rodaje que viene planificándose desde hace un largo tiempo, sino que también impide nuestro retorno al país y a su vez nos deja vulnerables desde el punto de vista económico, ya que todos los recursos que teníamos previsto usar para el rodaje, los estamos usando para cubrir los gastos de nuestra estadía, pese a todas estas razones el grupo funciona como una unidad, y nos acompañamos de manera muy fraterna en el día a día, aunque por momentos los días transcurren lentos y llenos de incertidumbre que inciden en distinto grado según la realidad particular de cada uno de los compañeros.

Como ya sabemos que nuestra permanencia se extenderá un tiempo más en esta casona, pensamos grupalmente en filmar un cortometraje o una especie de deformidad cinematográfica que se desprenda de nuestro film madre. En cierta forma estamos atrapados en el corazón de la casa de un cauchero, es decir, en la antigua residencia de un tipo que se ubica exactamente en la vereda del frente de nuestro discurso, vaya humorada del destino.

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¿Cuáles son las posibilidades de regreso? 

EF: Nos encontramos en una situación bastante complicada por varios motivos, primero porque nuestro pasaje de regreso a Argentina el 14 de abril fue cancelado, y hoy no somos prioridad para la embajada. Argentina solo está enviando vuelos a Lima y a Cuzco que son aeropuertos internacionales, Iquitos posee un aeropuerto regional pequeño, no existen carreteras para salir de aquí y el único medio de transporte es por navegación durante aproximadamente siete días en barco o vía aérea, hoy todo cancelado. Las fronteras se encuentran cerradas. Y ahora sabiendo que la cuarentena se extenderá hasta el 12 de abril nos resta acudir a gestiones que impliquen la colaboración del gobierno argentino para nuestra repatriación. En eso estamos ahora, con gestiones ante la embajada y el Gobierno de Córdoba. Iniciamos un primer contacto con la Asociación de Productores Audiovisuales de Córdoba y nos pusieron en contacto con la Agencia Córdoba Cultura y con el Polo Audiovisual de la Provincia, y de ahí se derivó a Vicegobernación para iniciar las gestiones necesarias ante Cancillería y la Embajada, tanto de Argentina como en Perú. Y se está trabajando desde Nación para que sea posible nuestra repatriación. Pero hasta el momento no hemos tenido respuestas. Lo que necesitamos es que se active nuestro caso articulandolo con el gobierno de Perú, que es donde está la traba para que podamos salir de Iquitos. Además, el sistema sanitario de aquí no está en condiciones de contener a los casos que surgen diariamente, por lo que estamos en verdadero riesgo, de ahí nuestra urgencia. Por el momento solo nos queda esperar y ver cómo continúa todo esto.

Por Martín Iparraguirre

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