FICIC 2019

El lugar donde vive el cine

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Baixo centro, de Ewerton Bélico y Samuel Marotta

Roger Koza habla de la novena edición del Festival Internacional de Cosquín, que hoy comienza en la localidad serrana

“Nosotros tenemos la ventaja de que nunca tuvimos recursos, siempre nos hicimos desde los escombros porque hemos erigido el festival prácticamente sin dinero, a fuerza de coherencia y de afecto”, sostiene Roger Koza, director artístico del Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC), que hoy iniciará su novena edición bajo la promesa de mantener la identidad que lo ha sabido distinguir en el panorama regional: concentrar en un programa notablemente heterogéneo lo mejor del cine independiente contemporáneo del globo, sea del formato que sea y venga de donde venga, en el inigualable contexto del Valle de Punilla.

“Considero que todas las películas que están el festival son igualmente importantes. No es una expresión demagógica: son muy pocos los espacios que tengo, entonces cada película que está programada es amada por mí, ya que entiendo que es insustituible y es como una célula de un cuerpo viviente de un festival que todos los años tiene que armar su cuerpo a partir de las películas. Entonces, cada elección es una parte de ese cuerpo donde vive el cine”, enfatiza el reconocido crítico y programador cordobés.

Koza asegura que, pese a la crisis económica que sacude al país (que viene haciendo mella en encuentros importantes como el reciente Bafici), el FICIC 2019 logró “mantener una intensidad y una intención” que se han convertido en el signo distintivo del festival. Cualquiera que haya ido al FICIC en sus ediciones previas sabrá de primera mano a qué se refiere: entrar a cualquiera de las funciones del FICIC implica habitualmente una experiencia singular con el cine, gracias a una selección de películas que privilegia como mayor valor la exploración de las posibilidades estéticas y narrativas más fértiles y menos desarrolladas del séptimo arte. En esta entrevista , Koza desmenuza las características de un encuentro que ya habita en el corazón cinéfilo de Córdoba.

¿Cómo está la edición 2019?

Roger Koza (RK): Digo que el festival mantiene cierta intensidad porque tenemos límites concretos al crecimiento que son los días de duración y la infraestructura de Cosquín, que tiene sus límites. Pero el festival ha logrado mantener una intensidad y una intención porque nunca ha bajado sus expectativas: las películas que yo he querido tener como director artístico, están. En algunos casos son películas que pertenecen a festivales de primer nivel, como la china “Pájaros Suburbanos”, de Sheng Qiu, que estuvo en festivales como Loncarno y en Argentina se verá por primera vez en FICIC.

¿Cómo describirías esa “intención”?

RK: La intención tiene que ver con películas que representen a un cine de primera línea del cine contemporáneo, lo que equivale a no resignar nuestras expectativas respecto a las películas que se buscan y que se eligen por falta de presupuesto o ausencia de posibilidades materiales. Todo lo contrario, buscamos no resignarnos y tratar de ofrecer lo que un festival Clase A puede ofrecer a sus espectadores. Lógicamente, lo hacemos desde una lectura del cine: no queremos tener la última ganadora del Festival de Cannes, no hay un interés por acopiar películas legitimadas en el panorama de festivales de “alfombras rojas”. Sí hay una intención de tener las películas que representan en su máxima expresión al cine contemporáneo. Eso se ha mantenido. Por el lado de la intensidad, se trata de que todo lo programado entre en un orden de discusión, un orden de pasión, que no desdeña el discurso crítico sino más bien al contrario, lo estimula.

Esa línea puede incluir una variedad notable de películas como muestra la Competencia Internacional…

RK: Hay una variedad que viene dada principalmente por las condiciones de producción, ya que todas las películas están en un orden estético que responde a una línea de independencia: no son películas industriales. Hay una pluralidad poética y de condiciones de producción, pero todas las películas pueden ser reunidas bajo una idea de independencia. ¿Independencia de qué? Independencia de las elecciones poéticas, de las formas de organización narrativa, de instituciones que indican las formas de composición y las temáticas a abordar en las películas, en definitiva: independencia de los imperativos de los sistemas vigentes en materia de festivales y de mercados.

Después hay una cosa que este año encontré en las películas que fui eligiendo para la competencia, porque me dí cuenta que las podía agrupar a partir de un concepto de espacio. La noción de espacio como “entidad dramática por excelencia”, diría el gran Manny Farber, permite encontrar el patrón que conecta las nueve películas en competencia, incluso la décima que está fuera de competencia que es “Ausencia de mí”. Dicho de otra manera, en todas las películas de algún modo los personajes o lo que sucede están condicionados por desplazamientos en el espacio, por restricciones en el espacio o por disociaciones del espacio respecto a la percepción.

Quisiera preguntarte por la inclusión de la última película de César González, ¿hay una declaración del festival allí?

RK: Lo primero que habría que aclarar es que el hecho de que González haya nacido en una villa miseria no lo transforma inmediatamente ni en un director notable ni en un mártir de los abnegados o excluidos. Simplemente tiene una mirada, que está articulada con el espacio en que ha vivido, que son las villas miserias de Buenos Aires. La película es sobre las villas de Buenos Aires y tiene algo de auto retrato desplazado.

Pero sí, el festival está haciendo una declaración y está poniendo a un cineasta importante en el centro de la escena, algo que es una política de FICIC: ya lo habíamos hecho con Martín Farina el año pasado, porque él había estado siempre en los festivales pero en los costados de la programación, nosotros lo pusimos en el medio. Con César González pasa algo parecido. Venía siendo materia de discusión en algunos sectores de la crítica, especialmente la crítica más desplazada respecto de la crítica oficial, y al encontrarme con su película me pareció inobjetable que era para la competencia. Creo que acá hay un salto cualitativo en su cine respecto a sus películas previas, pero la elección no tiene que ver con su origen, si bien es importante en su cine, lo importante es que acá hay un cineasta que vale por sus obras, vale por sí mismo.

¿Qué podés adelantar sobre los focos y retrospectivas?

RK: Las retrospectivas en FICIC son sobre cineastas nóveles, directores que han hecho dos o tres películas y algunos cortos, pero que ya detentan una mirada, una perspectiva sobre el cine y el mundo, o la relación del cine con el mundo. Por consiguiente, la idea de hacerlo por primera vez con John Torres, en 2014, fue ir construyendo un mapa general sobre los nuevos autores del cine contemporáneo. Lo hicimos después con Adriely Queiros, con José Luis Torres Leiva, con Julian Radlmaier, después con Martín Farina y ahora con André Novais Oliveira. Es decir, hemos mapeado cineastas de Filipinas, Chile, Alemania, Argentina y dos veces Brasil. La idea es ubicar en el mapa del cine contemporáneo dónde están surgiendo directores autónomos y encontrarnos con esos autores.

En el caso de Oliveira, es un cineasta que trabaja sobre el mundo microscópico familiar barrial y de allí va tratando de comprender el orden del deseo en el orden de la estructura doméstica familiar. Sobre todo en “Temporada” empieza a trabajar sobre la reconstitución de los tejidos sociales microscópicamente situado, en un Brasil donde la sociedad en su conjunto está más fragmentada aún que en Argentina, donde el lazo social está debilitado y herido. Es un cineasta que además tiene un gran sentido del humor, sobre todo en sus cortos, y un sentido de libertad, por lo que me parece muy importante en el contexto del cine independiente brasileño. Respecto a Carmen Guarini, la elección tiene que ver con tratar de encontrar las zonas derrumbadas, las zonas sin vasos comunicantes, de la historia del cine argentino, algo que empezamos a implementar el año pasado. Yo tenía la impresión de que entre las décadas del ‘70 y del ‘80 hay un hiato que nos lleva a lo que llamamos el Nuevo Cine Argentino. Pero en realidad hay vasos comunicantes, hay puentes: el año pasado tratamos de identificar esos puentes en el cine de Ana Poliak. Este año lo hacemos con Carmen Guarini, que de algún modo unifica o tiende una extensión con la tradición interrumpida del cine documental de la década del ‘50, ‘60 y ‘70, que vuelve a restablecerse a partir de los `90 con cierta intención de filmar lo real. Me parece que sobre la superficie del cine de Guarini se va reconstituyendo y constituyendo una vía del cine documental argentino que ha crecido enormemente y que ofrece una variedad indiscutible en el presente.

Por Martín Iparraguirre

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Un programa exigente

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Breve historia del planeta verde, de Santiago Loza

La 9na edición del Festival Internacional de Cine de Cosquín (FICIC) comenzará hoy con un programa variado, elegido entre 780 películas llegadas de 43 países. La película de apertura será “Breve historia del planeta verde”, del cordobés Santiago Loza, mientras que la clausura también tendrá color local: será “Los hipócritas”, de Santiago Sgarlatta y Carlos Trioni. Ambos estrenos para la provincia. A las tres competencias habituales (Largometrajes, cortometrajes y Cortos de Escuela), se le sumarán focos centrados en la directora argentina Carmen Guarini y el brasileño André Novais Oliveira; a la vez que habrá un ciclo denominado “Nuestros autores” con los nuevos filmes de Raúl Perrone (“Corsario”), Alejo Moguillansky (“Diario de El Loro y el Cisne”), y Rosendo Ruiz (“Minievo”), todos en calidad de estreno mundial. También estará el espacio dedicado al cine clásico argentino  programado por Fernando Martín Peña, donde este año se verán tres películas “gauchescas” en 16 mm.: “El cura gaucho” (1941), de Lucas Demare,  “El último montonero” (1963), de Catrano Catrani, y “Yo maté a Facundo” (1975), de Hugo del Carril. Y le seguirán los “Trasnoches de superacción” con películas sorpresas, el programa de cortos con compromiso social y el Mini FICIC, entre otras opciones.

Competencia Internacional de Largometrajes:

– “Bajo centro” (Brasil, 2018), de Ewerton Belico y Samuel Marotta.

-“Construcciones” (Argentina, 2018), de Fernando Restelli.

-“De nuevo otra vez” (Argentina, 2019), de Romina Paula.

-“En el desierto: un díptico documental” (Israel, 2018), de Avner Faingulernt.

-“Lluvia de jaulas” (Argentina, 2019), de César González.

-“Los miembros de la familia” (Argentina, 2019), de Mateo Bendesky.

-“Río” (Argentina, 2019), de Santiago Canel.

-“Sol Alegría” (Brasil, 2018), de Tavinho Texeira.

-“Pájaros suburbanos” (China, 2018), de Sheng Qiu.

-“Ausencia de mí” (Argentina, 2018), de Melina Terribili.

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