Festival de Mar del Plata 2018

Vidas múltiples, con las mismas batallas

“A portuguesa”

 

La Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata ofrece una gran diversidad de películas con una alta calidad artística

El 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ya superó la mitad de su trayecto, por lo que basta haber seguido alguna de sus competencias para empezar a anticipar conclusiones. La diversidad es la marca de la sección Internacional, donde la variedad estética, temática y cultural es directamente proporcional a la calidad promedio de las películas. Alguien podría argumentar que no hubo ninguna obra maestra hasta el momento en esta competencia, menuda exigencia por cierto, pero también debería admitir que la mayoría de las películas proyectadas ostentan una exploración singular y rigurosa de las posibilidades estéticas y políticas del cine; sea para remontarnos hasta el Medioevo para mostrar la vida de una joven sometida a las reglas de la monarquía italiana (“A portuguesa”); sea para narrar el dulce primer amor de una adolescente en la inmensas y solitarias montañas del Líbano (“Yara”); sea para atestiguar la batalla de una persona trans por imponerse en el mundo de la lucha libre en México (“Cassandro el Exótico!”); entre varias otras posibilidades.

Cada uno de estos filmes hace gala de una voluntad por buscar el mejor modo de expresión estético y sonoro para las experiencias de vida que intentan captar, algo que en otros tiempos sería identificado como la marca de un autor.

La película de la directora lusitana Rita Azevedo Gomes es quizás la que va más a fondo en la exploración de las posibilidades plásticas de la imagen, como demuestran los planos generales que dominan su narración, que según el catálogo del festival remitena cuadros de pintores como Jan van Eyck y Diego Velázquez en su composición. Tal el nivel de sofisticación de la puesta en escena de “A portuguesa”, acaso sólo comparable a la obra de leyendas como el chileno Raúl Ruiz o el también portugués Manuel de Oliveira, algo que además resulta absolutamente coherente con la historia que narra.

Inspirada en un cuento del célebre escritor alemán Robert Musil, la película aborda un universo netamente femenino: su protagonista es una joven desposada por un noble italiano, Herren von Ketten, en pleno conflicto con el Episcopado de Trento, con intereses políticos detrás. Pese a una pronta consumación inicial del matrimonio, que la dejará embarazada de su primer hijo, la unión no tardará en convertirse en una experiencia abstracta a partir de los reiterados viajes de Von Ketten a la guerra, una especie de misión divina según afirma el obispo de Trento, quien califica a la paz como una empresa del diablo que siembra la semilla de la corrupción. Con un lirismo estético inigualable, que debe en parte a la fotografía de Acácio de Almeida, Azevedo Gomes se detendrá en la vacua cotidianeidad de esta princesa abandonada (interpretada por Clara Riedenstein), que intentará conjurar la soledad con aficiones artísticas, juegos con sus mascotas, amistades con criadas o los más diversos hobbies, aprendiendo lentamente a dominar sus frustraciones para empezar a hacerse valer gracias a su inteligencia, en un mundo regido por las necesidades y los caprichos de los hombres.

Yara

“Yara”

 

Rodada en el imponente Valle de Qadisha, en el norte de Líbano, “Yara” expone a su vez un tipo análogo de femineidad a pesar de transcurrir en un tiempo tan distinto como nuestro presente. También aquí la guerra ha determinado la existencia de su protagonista, la joven Yara (Michelle Wehbe), una adolescente huérfana que vive junto a su abuela prácticamente aisladas en medio de la montaña, en un pueblo fantasma, desierto por los conflictos armados. Su vida rutinaria y solitaria dará un vuelco radical cuando conozca a Elías, un joven de la ciudad de quien rápidamente se enamorará.

Filmada con un cariño conmovedor por sus personajes, Fahdel construye una historia de amor idílica, acorde a la edad de sus protagonistas, en medio de un paisaje sublime que registra con singular belleza pese a la pobreza de sus medios de producción. Lo que no significa que el director de “Homeland: Irak Año cero” (2015) evite abordar las dificultades propias de esas vidas precarias, desarrolladas en una geografía agreste: hasta se diría que se trata de un documental observacional más bien clásico si no fuera por la frágil historia de amor que narra, pues la mayor parte del metraje se detiene en la captación de las dinámicas cotidianas de la vida de sus protagonistas, que por cierto son personas reales del lugar, que actúan más o menos de sí mismas.

Con el propio Fahdel detrás de todos los rubros técnicos, desde la escritura del guión a la edición, la filmación y la captación del sonido, la película confirma el talento mostrado por el realizador en aquella obra monumental que abordó la última invasión a Irak, aunque con dinámicas opuestas: donde allí había desmesura, cierta limitación estética y ambición sociológica, aquí hay rigurosidad en un minimalismo concentrado en una historia pequeña, personal e íntima. Bastan ver un par de planos de “Yara” para entender que estamos ante un auténtico director, capaz de extraer los colores más hermosos del mundo en un cualquiera de sus planos.

cassandro-art

“Cassandro el exótico!”

Si estas películas reivindicaban un modelo de femineidad en lucha pero sin resignar ternura y amor, ¿qué decir de “Cassandro The Exotic!”, de la francesa Marie Losier? Su protagonista podría ser el más inverosímil estereotipo de la cultura trans pero se trata de una persona real, singular como pocas, que una vez más tiene la valentía de abrirse a los otros en esta película, a la que por las dudas la acompañaen las proyecciones marplatenses. Nacido en El Paso, Texas, Cassandro es un luchador por definición: no sólo porque se mide de igual a igual con hombres que le doblan en estatura, ferocidad y músculos en los populares rings de lucha libre de México, sino porque dedicó su vida a imponerse en este deporte desde su propia identidad de género como persona trans. Armado de ajustados trajes plenos de glamour y brillantina, con un maquillaje que cualquier diva envidiaría, el pequeño Cassandro (mide 1,60 metros) causó una verdadera revolución en la lucha libre mexicana en los años 80, donde comenzó a construir una carrera de 27 años que le dejó varios títulos nacionales, una alta celebridad popular y más de un hueso, músculo y tendón roto.

Para narrar su historia, Losier apela a una mixtura de registros tan singular como su propio protagonista, que va desde videos de sus mejores batallas a charlas íntimas por skype o en la intimidad de su hogar, donde Cassandro confiesa el duro pasado que lo precede, que incluye abusos de todo tipo desde la infancia. Nadie que vea la película podrá volver a pensar en la homosexualidad o la cultura queer como signos de debilidad, y no solo por la audacia y las increíbles acrobacias ejecutadas por Cassandro en sus mejores épocas como luchador, sino por la monumental honestidad de una persona que finalmente se revela tan humana, vulnerable, valiente y necesitada de amor como cualquiera de nosotros.

 

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2018

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Published in: on 20 noviembre, 2018 at 13:42  Dejar un comentario  

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