Festival de Mar del Plata 2018

La maternidad como mandato

JULIA-Y_EL_ZORRO-critica

Julia y el zorro

Inés María Barrionuevo habla de “Julia y el zorro”, película que estrenó en el 33 Festival Internacional de Mar del Plata

 

Por Martín Iparraguirre

 

“Una mujer, un zorro y una pregunta: ¿debe una madre querer a su hija?”, sintetiza Inés María Barrionuevo en el catálogo del 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. La urticante referencia pertenece a “Julia y el zorro”, nueva película de la directora cordobesa que el domingo se estrenó en la Competencia Argentina del encuentro, cuyo eje central no es otro que una voluntad férrea por cuestionar los mandatos sociales impuestos a las mujeres respecto a los modelos de familia, femineidad y maternidad.

En su segundo largometraje, Barrionuevo va en realidad a fondo contra una institución tabú en nuestras sociedades como es la maternidad, deconstruida aquí como impertativo colectivo. No eligió el camino más fácil para hacerlo, pues la historia de su película se estructura alrededor de una reconstrucción personal que debe enfrentar una reconocida  actriz junto a su hija, aún niña, tras el fallecimiento de su marido. Sin embargo, lo mejor “Julia y el zorro” para por la estilización de la puesta en escena, que exhibe una notoria evolución en la mirada de la directora de “Atlántida” (2014): la construcción interna de los planos, dominada por una composición expresionista de escenarios, vestuarios y personajes a través de una paleta cromática que va entre los verdes y amarillos, elevan a la película a un rango de preciosismo estético con pocos antecedentes en el cine local. Casi todos los planos de “Julia y el zorro” parecen pinturas renacentistas y el mérito se comparte con Ezequiel Salinas (no por casualidad, reconocido admirador del director portugués Pedro Costa), quien realizó un trabajo notable desde la fotografía en la manipulación de luces, colores y sombras.

Julia (Umbra Colombo) y su hija Emma (Victoria Castelo Arzubialde) llegan a una vieja casona familiar en las sierras de Córdoba, que encuentran abandonada, sucia y vandalizada. Las primeras escenas muestran a sus protagonistas como fantasmas, con la bella imposición de la luz y el polvo del aire sobre sus cuerpos: efectivamente están atravesando un duelo por la muerte del padre de la niña aunque de fondo se mueven estructuras mucho más profundas en ambas. Lo que ha caído es un modelo familiar, una identidad personal que las enfrenta al vacío del sinsentido y sobre todo un mandato para Julia, quien a lo largo de la película deberá encarar el desafío de reconstruirse como mujer, aunque el proceso implique tomar decisiones radicales.

“Me interesan los vínculos familiares porque son muy extraños a pesar de que nos constituyan a todos desde una matriz patriarcal. Pasa que no son vínculos elegidos: uno no elige a los padres, no elige a los hermanos, no elige ser hijo o hija. Y eso me parece una cosa muy particular que vivimos todos los días sin tomar conciencia de que no necesariamente tiene que ser así (…) Lo que intento pensar es la familia más allá de quiénes la compongan”, cuenta la propia directora, y asegura que esta reflexión “fue uno de los puntos de partida de la película: si una mujer por ser madre tiene que ser madre, tiene que cumplir ese rol o tiene que querer a su hija o hijo”.

Umbra Colombo 03 Baja

La bella Umbra Colombo en la piel de Julia.

¿Qué parámetros te pusiste para filmar algo tan sensible como este sentimiento de rechazo a la maternidad?

Inés María Barrionuevo (IMB): Fue loco porque en el guion eso estaba mucho más marcado. En realidad, los guiones necesitan ser más explícitos en ese sentido para que en la lectura se entiendan sus intenciones. Pero después, con la devolución de las actrices, suavicé un montón esa cuestión, incluso con muchas cosas que saqué en el montaje porque hacía falta muy poco para generar esa distancia entre los personajes. Ya me lo daba el vínculo entre ellas de forma más intuitiva,  y de hecho la película terminó siendo más triste que el guion porque no hacía falta que enfatizara que ella no pude con ese vínculo. No es que no quiera, simplemente no puede. A mí me interesaba partir de la idea de una mujer quebrada por la ruptura de un modelo de maternidad, un modelo de femineidad, de lo que se espera de una mujer siendo madre. De alguna manera, ella vive el mismo proceso de deconstrucción como mujer que yo también me encuentro viviendo, es una búsqueda de identidad.

 

Hay un trabajo notable con la construcción estética desde la fotografía, que le da un aire anacrónico a la película muy interesante, ¿cuál fue la búsqueda en este sentido?

IMB: La puesta en escena se fue radicalizando ya que en un principio la película no era así. Creo que en mi proceso de búsqueda de referencias para filmar, la fui volviendo más austera en cuanto a planos, que son pocos, y cuando Ezequiel Salinas se sumó al trabajo desde la foto, se radicalizaron ciertas búsquedas porque es un tipo muy sensible. Buscamos recrear, desde el arte, una estética de naturaleza muerta, construir una casa que habla, muy oscura pero con una foto fría y cálida a la vez. Yo tenía como referencias a muchas películas de Pedro Costa y fuimos por ese lado. En cuanto a los personajes, hay esta cosa muy argentina de mezcla de razas, porque Julia remite a nuestros pasados europeos, con ese estilo a lo Gena Rowlands que tiene (otra de las referencias fue John Cassavetes), pero también está ese lugar absolutamente latinoamericano que nos constituye. A la vez, la casona remite a todo un pasado glorioso derruido, un mundo que quedó anclado en otra época porque yo quería retratar eso: un mundo de antaño que quedó trunco, una mirada melancólica.

 

Hay también un muy buen trabajo con el sonido…

IMB: Queríamos que la casa hablase, por eso el sonido está lleno de chirridos, puertas que se golpean, vientos, cosas que se te meten de forma inconsciente, y que paulatinamente se van apagando a medida que avanza la película. Trabajamos mucho con Atilio Sánchez sobre estos conceptos que platee y él los potenció diez mil veces. Trabajamos sobre un concepto de la infancia que yo tenía que me remitía a una caja musical: un día llegué a la casona y todos los vidrios estaban vibrando y haciendo ruidos. Sucedía que los chicos se habían encerrado en un cuarto y habían puesto unas diez cajas de sonido que hacían vibrar al máximo, amplificándolas, para que el sonido rebotara en toda la casa. Todo eso fue grabado y Atilio lo puso en toda la película.

Anuncios
Published in: on 20 noviembre, 2018 at 13:31  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://lamiradaencendida.wordpress.com/2018/11/20/festival-de-mar-del-plata-2018-3/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: