Festival de Mar del Plata 2018

Un camino de crecimiento

 

La 33 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata cerró con un balance positivo pese a los ajustes

El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata cerró su 33 edición tal como prometía su inicio, con un balance optimista pese a los ajustes de última hora practicados por el gobierno nacional en su presupuesto. Bajo la flamante dirección de Cecilia Barrionuevo, el festival ofreció una programación rica, variada y de alta calidad, que permitió acceder a un verdadero panorama global de las producciones más importantes del año, así como también conocer nuevas promesas de distintas regiones, y rescatar experiencias fundamentales de la historia del séptimo arte. Fue un festival intenso y estimulante como pocos, donde las actividades paralelas disputaron la atención del público a un programa lleno de posibilidades: la masterclass de Lucrecia Martel, el Primer Foro por la Paridad de Género o las charlas diarias con leyendas como el actor Jean Pierre Léaud o el director Léos Carax, ambos franceses, serán recordadas como verdaderos hitos en la historia del festival, que pese a todas las dificultades termina ratificando un camino de crecimiento respecto a la edición precedente, todo un logro en el contexto actual.
Dentro de una sección que mostró un equilibrio inusual pese a la diversidad de propuestas que albergó, el Astor de Oro a la mejor película de la Competencia Internacional quedó para “Entre dos aguas”, del catalán Isaki Lacuesta, mientras que su protagonista, Israel Gomes Romero, fue elegido como mejor actor. Premiada hace menos de dos meses con la Concha de Oro del Festival de San Sebastián, “Entre dos aguas” es una suerte de continuación de “La leyenda del tiempo”, película filmada hace doce años por Lacuesta sobre dos hermanos gitanos, Israel y Cheito, que debían enfrentar duras circunstancias de vida en plena adolescencia, con la muerte de su padre. Diez años después, la nueva película retoma la vida de estos hermanos en la actualidad para ofrecer una mixtura lúdica entre ficción y realidad que retrata la experiencia de las clases populares en Cádiz con una fuerte potencia visual, mientras de fondo se orquesta un homenaje sentido a la música flamenca.

Entre dos aguas

“Entre dos aguas”

También en la sección Internacional, la norteamericana Judy Hill resultó electa como mejor actriz por el notable filme “What you gonna do when the world’s on fire?”, del italiano Roberto Minervini, que a su vez se llevó el premio a la mejor dirección. Parte de una nueva corriente de películas que aborda la historia de sometimientos y vejaciones sobre la comunidad afroamericana, “What you gonna do…” es un fresco implacable sobre el racismo en el Estados Unidos contemporáneo, haciendo eje en la familia de Judy, que debe lidiar con el inminente cierre de su bar y el desalojo de su madre de 87 años, a la vez que debe hacerse cargo de la crianza de sus dos hijos.
El Premio Especial del Jurado fue para la brasileña “Chuva e cantoría na aldeia dos mortos”, de João Salaviza y Renée Nader Messora, un notable acercamiento a la cosmovisión espiritual y las formas de vida de una comunidad indígena en el norte de Brasil a través de su protagonista Ihjac, un joven que se encuentra ante una llamada del destino que quiere evitar: los espíritus parecen haberlo elegido para que se convierta en chamán, pero este padre de apenas 15 años tiene otros planes para su vida. El galardón fue compartido con la película argentina “Vendrán lluvias suaves”, de Iván Fund, que constituye una apropiación minimalista del género de películas fantásticas y de aventuras de preadolescentes, esta vez en la ciudad entrerriana de Crespo. El Mejor Guión en la sección quedó, por último, para “Belmonte”, del uruguayo Federico Veiroj.

La mexicana “Fausto”, de Andrea Bussmann, se llevó a su vez el premio a mejor película latinoamericana, mientras que el jurado le otorgó una mención especial al largometraje “Las cruces”, de la chilena Teresa Arredondo Lugon, que vivió y se formó en nuestra ciudad, y Carlos Vásquez Méndez.

El arbol negro

“El árbol negro”

Ya en la Competencia Argentina, “El árbol negro”, de Máximo Ciambella y Damián Coluccio fue elegida como mejor película: editada por la cordobesa Lucía Torres, el filme retrata la vida de una comunidad Qom en el lejano sur, prácticamente aislados de todo contacto con la modernidad hasta que su protagonista Martín debe viajar a un pueblo cercano, donde se abrirá a otro mundo para su cotidianeidad. A su vez, la mención especial del jurado fue para “Julia y el zorro”, de la cordobesa Inés Barrionuevo, un estilizado acercamiento al drama íntimo que una madre debe enfrentar con su pequeña hija tras la muerte de su marido. A su vez, los cortos “Aquel verano sin hogar”, de Santiago Reale, y “Mientras las olas”, de Delfina Gavalda y Carmen Rivoira, compartieron el premio al mejor cortometraje de la sección.

Estados Alterados, la nueva categoría incorporada a los premios oficiales en esta edición, también eligió una terna compartida por “Chaos”, de la siria Sara Fattahi, y “Casanovagen”, del alemán Louis Donschen, para premiar a la mejor película, mientras que el premio del público fue para “If Beale street could talk”, de Barry Jenkins, que adapta una célebre novela del escritor y militante negro James Baldwin, protagonista clave en la lucha por la igualdad racial y los derechos civiles en Estados Unidos.

Otros premios cordobeses

Construcciones

“Construcciones”

El cine local no pasó desapercibido en Mar del Plata, pues las cuatro películas que participaron del festival ratificaron el crecimiento de otrora jóvenes promesas de la ciudad: a la citada “Julia y el zorro” se sumaron “Construcciones”, de Fernando Martín Restelli, “El hijo del cazador”, de Germán Scelso y Federico Robles, y el cortometraje “Hombre bajo la lluvia”, de María Aparicio. Cada una notable en sus propios términos, estas películas confirman no sólo la calidad formal y técnica con que se filma en Córdoba, sino también ciertas ambiciones temáticas que renuevan la ilusión respecto al cine local: mientras el jovencísimo Restelli filma la vida de un sereno de la construcción con una estética que remite al portugués Pedro Costa, Aparicio consigue sintetizar la perversión de todo un sistema económico en una entrevista de trabajo para ingresar a un call center. La película de Scelso y Robles fue la que más debate generó en todo el festival luego de sus proyecciones. ¿La razón? Su calculado acercamiento a Luis Alberto Quijano, testigo que declaró en la megacausa La Perla contra su propio padre, el emblemático represor Luis Alberto Cayetano Quijano. Ocurre que los directores no ofrecen un retrato cómodo de su personaje, sino que eligen exponer las complejidades y contradicciones que alberga alguien criado desde su infancia bajo una ideología fascista y reaccionaria, lo que despertó susceptibilidades en el público de la feliz.

Así las cosas, más allá del palmarés final, el balance del cine local también fue positivo, pues mostró a directores jóvenes con nuevas ambiciones en sus segundas o primeras películas. En este sentido, hay que destacar el debut en largometraje de Restelli, que se llevó el premio de Argentores al Mejor Guión junto a Pablo Cruceño por “Construcciones”, película que también mereció una mención especial de la Asociación de Directores de Cine PCI.

El Festival de Mar del Plata ratificó la altura que lo caracteriza. Más de 130.000 espectadores confirmaron la pertinencia social del encuentro, su relevancia política y cultural para una comunidad de amantes que trasciende generaciones y disciplinas. La presencia de figuras internacionales y más de 20 críticos de todo el mundo confirmaron además su funcionamiento como vidriera internacional para el país. Aún así, en la ciudad feliz persistía una sensación de riesgo ante el horizonte de incertidumbre que enfrenta Argentina en la gestión Cambiemos, algo que obliga a redoblar esfuerzos en la defensa de una experiencia que constituye un capital colectivo invalorable.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 20 noviembre, 2018 at 13:51  Dejar un comentario  

Festival de Mar del Plata 2018

Vidas múltiples, con las mismas batallas

“A portuguesa”

 

La Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata ofrece una gran diversidad de películas con una alta calidad artística

El 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ya superó la mitad de su trayecto, por lo que basta haber seguido alguna de sus competencias para empezar a anticipar conclusiones. La diversidad es la marca de la sección Internacional, donde la variedad estética, temática y cultural es directamente proporcional a la calidad promedio de las películas. Alguien podría argumentar que no hubo ninguna obra maestra hasta el momento en esta competencia, menuda exigencia por cierto, pero también debería admitir que la mayoría de las películas proyectadas ostentan una exploración singular y rigurosa de las posibilidades estéticas y políticas del cine; sea para remontarnos hasta el Medioevo para mostrar la vida de una joven sometida a las reglas de la monarquía italiana (“A portuguesa”); sea para narrar el dulce primer amor de una adolescente en la inmensas y solitarias montañas del Líbano (“Yara”); sea para atestiguar la batalla de una persona trans por imponerse en el mundo de la lucha libre en México (“Cassandro el Exótico!”); entre varias otras posibilidades.

Cada uno de estos filmes hace gala de una voluntad por buscar el mejor modo de expresión estético y sonoro para las experiencias de vida que intentan captar, algo que en otros tiempos sería identificado como la marca de un autor.

La película de la directora lusitana Rita Azevedo Gomes es quizás la que va más a fondo en la exploración de las posibilidades plásticas de la imagen, como demuestran los planos generales que dominan su narración, que según el catálogo del festival remitena cuadros de pintores como Jan van Eyck y Diego Velázquez en su composición. Tal el nivel de sofisticación de la puesta en escena de “A portuguesa”, acaso sólo comparable a la obra de leyendas como el chileno Raúl Ruiz o el también portugués Manuel de Oliveira, algo que además resulta absolutamente coherente con la historia que narra.

Inspirada en un cuento del célebre escritor alemán Robert Musil, la película aborda un universo netamente femenino: su protagonista es una joven desposada por un noble italiano, Herren von Ketten, en pleno conflicto con el Episcopado de Trento, con intereses políticos detrás. Pese a una pronta consumación inicial del matrimonio, que la dejará embarazada de su primer hijo, la unión no tardará en convertirse en una experiencia abstracta a partir de los reiterados viajes de Von Ketten a la guerra, una especie de misión divina según afirma el obispo de Trento, quien califica a la paz como una empresa del diablo que siembra la semilla de la corrupción. Con un lirismo estético inigualable, que debe en parte a la fotografía de Acácio de Almeida, Azevedo Gomes se detendrá en la vacua cotidianeidad de esta princesa abandonada (interpretada por Clara Riedenstein), que intentará conjurar la soledad con aficiones artísticas, juegos con sus mascotas, amistades con criadas o los más diversos hobbies, aprendiendo lentamente a dominar sus frustraciones para empezar a hacerse valer gracias a su inteligencia, en un mundo regido por las necesidades y los caprichos de los hombres.

Yara

“Yara”

 

Rodada en el imponente Valle de Qadisha, en el norte de Líbano, “Yara” expone a su vez un tipo análogo de femineidad a pesar de transcurrir en un tiempo tan distinto como nuestro presente. También aquí la guerra ha determinado la existencia de su protagonista, la joven Yara (Michelle Wehbe), una adolescente huérfana que vive junto a su abuela prácticamente aisladas en medio de la montaña, en un pueblo fantasma, desierto por los conflictos armados. Su vida rutinaria y solitaria dará un vuelco radical cuando conozca a Elías, un joven de la ciudad de quien rápidamente se enamorará.

Filmada con un cariño conmovedor por sus personajes, Fahdel construye una historia de amor idílica, acorde a la edad de sus protagonistas, en medio de un paisaje sublime que registra con singular belleza pese a la pobreza de sus medios de producción. Lo que no significa que el director de “Homeland: Irak Año cero” (2015) evite abordar las dificultades propias de esas vidas precarias, desarrolladas en una geografía agreste: hasta se diría que se trata de un documental observacional más bien clásico si no fuera por la frágil historia de amor que narra, pues la mayor parte del metraje se detiene en la captación de las dinámicas cotidianas de la vida de sus protagonistas, que por cierto son personas reales del lugar, que actúan más o menos de sí mismas.

Con el propio Fahdel detrás de todos los rubros técnicos, desde la escritura del guión a la edición, la filmación y la captación del sonido, la película confirma el talento mostrado por el realizador en aquella obra monumental que abordó la última invasión a Irak, aunque con dinámicas opuestas: donde allí había desmesura, cierta limitación estética y ambición sociológica, aquí hay rigurosidad en un minimalismo concentrado en una historia pequeña, personal e íntima. Bastan ver un par de planos de “Yara” para entender que estamos ante un auténtico director, capaz de extraer los colores más hermosos del mundo en un cualquiera de sus planos.

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“Cassandro el exótico!”

Si estas películas reivindicaban un modelo de femineidad en lucha pero sin resignar ternura y amor, ¿qué decir de “Cassandro The Exotic!”, de la francesa Marie Losier? Su protagonista podría ser el más inverosímil estereotipo de la cultura trans pero se trata de una persona real, singular como pocas, que una vez más tiene la valentía de abrirse a los otros en esta película, a la que por las dudas la acompañaen las proyecciones marplatenses. Nacido en El Paso, Texas, Cassandro es un luchador por definición: no sólo porque se mide de igual a igual con hombres que le doblan en estatura, ferocidad y músculos en los populares rings de lucha libre de México, sino porque dedicó su vida a imponerse en este deporte desde su propia identidad de género como persona trans. Armado de ajustados trajes plenos de glamour y brillantina, con un maquillaje que cualquier diva envidiaría, el pequeño Cassandro (mide 1,60 metros) causó una verdadera revolución en la lucha libre mexicana en los años 80, donde comenzó a construir una carrera de 27 años que le dejó varios títulos nacionales, una alta celebridad popular y más de un hueso, músculo y tendón roto.

Para narrar su historia, Losier apela a una mixtura de registros tan singular como su propio protagonista, que va desde videos de sus mejores batallas a charlas íntimas por skype o en la intimidad de su hogar, donde Cassandro confiesa el duro pasado que lo precede, que incluye abusos de todo tipo desde la infancia. Nadie que vea la película podrá volver a pensar en la homosexualidad o la cultura queer como signos de debilidad, y no solo por la audacia y las increíbles acrobacias ejecutadas por Cassandro en sus mejores épocas como luchador, sino por la monumental honestidad de una persona que finalmente se revela tan humana, vulnerable, valiente y necesitada de amor como cualquiera de nosotros.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 20 noviembre, 2018 at 13:42  Dejar un comentario  

Festival de Mar del Plata 2018

La maternidad como mandato

JULIA-Y_EL_ZORRO-critica

Julia y el zorro

Inés María Barrionuevo habla de “Julia y el zorro”, película que estrenó en el 33 Festival Internacional de Mar del Plata

 

Por Martín Iparraguirre

 

“Una mujer, un zorro y una pregunta: ¿debe una madre querer a su hija?”, sintetiza Inés María Barrionuevo en el catálogo del 33 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. La urticante referencia pertenece a “Julia y el zorro”, nueva película de la directora cordobesa que el domingo se estrenó en la Competencia Argentina del encuentro, cuyo eje central no es otro que una voluntad férrea por cuestionar los mandatos sociales impuestos a las mujeres respecto a los modelos de familia, femineidad y maternidad.

En su segundo largometraje, Barrionuevo va en realidad a fondo contra una institución tabú en nuestras sociedades como es la maternidad, deconstruida aquí como impertativo colectivo. No eligió el camino más fácil para hacerlo, pues la historia de su película se estructura alrededor de una reconstrucción personal que debe enfrentar una reconocida  actriz junto a su hija, aún niña, tras el fallecimiento de su marido. Sin embargo, lo mejor “Julia y el zorro” para por la estilización de la puesta en escena, que exhibe una notoria evolución en la mirada de la directora de “Atlántida” (2014): la construcción interna de los planos, dominada por una composición expresionista de escenarios, vestuarios y personajes a través de una paleta cromática que va entre los verdes y amarillos, elevan a la película a un rango de preciosismo estético con pocos antecedentes en el cine local. Casi todos los planos de “Julia y el zorro” parecen pinturas renacentistas y el mérito se comparte con Ezequiel Salinas (no por casualidad, reconocido admirador del director portugués Pedro Costa), quien realizó un trabajo notable desde la fotografía en la manipulación de luces, colores y sombras.

Julia (Umbra Colombo) y su hija Emma (Victoria Castelo Arzubialde) llegan a una vieja casona familiar en las sierras de Córdoba, que encuentran abandonada, sucia y vandalizada. Las primeras escenas muestran a sus protagonistas como fantasmas, con la bella imposición de la luz y el polvo del aire sobre sus cuerpos: efectivamente están atravesando un duelo por la muerte del padre de la niña aunque de fondo se mueven estructuras mucho más profundas en ambas. Lo que ha caído es un modelo familiar, una identidad personal que las enfrenta al vacío del sinsentido y sobre todo un mandato para Julia, quien a lo largo de la película deberá encarar el desafío de reconstruirse como mujer, aunque el proceso implique tomar decisiones radicales.

“Me interesan los vínculos familiares porque son muy extraños a pesar de que nos constituyan a todos desde una matriz patriarcal. Pasa que no son vínculos elegidos: uno no elige a los padres, no elige a los hermanos, no elige ser hijo o hija. Y eso me parece una cosa muy particular que vivimos todos los días sin tomar conciencia de que no necesariamente tiene que ser así (…) Lo que intento pensar es la familia más allá de quiénes la compongan”, cuenta la propia directora, y asegura que esta reflexión “fue uno de los puntos de partida de la película: si una mujer por ser madre tiene que ser madre, tiene que cumplir ese rol o tiene que querer a su hija o hijo”.

Umbra Colombo 03 Baja

La bella Umbra Colombo en la piel de Julia.

¿Qué parámetros te pusiste para filmar algo tan sensible como este sentimiento de rechazo a la maternidad?

Inés María Barrionuevo (IMB): Fue loco porque en el guion eso estaba mucho más marcado. En realidad, los guiones necesitan ser más explícitos en ese sentido para que en la lectura se entiendan sus intenciones. Pero después, con la devolución de las actrices, suavicé un montón esa cuestión, incluso con muchas cosas que saqué en el montaje porque hacía falta muy poco para generar esa distancia entre los personajes. Ya me lo daba el vínculo entre ellas de forma más intuitiva,  y de hecho la película terminó siendo más triste que el guion porque no hacía falta que enfatizara que ella no pude con ese vínculo. No es que no quiera, simplemente no puede. A mí me interesaba partir de la idea de una mujer quebrada por la ruptura de un modelo de maternidad, un modelo de femineidad, de lo que se espera de una mujer siendo madre. De alguna manera, ella vive el mismo proceso de deconstrucción como mujer que yo también me encuentro viviendo, es una búsqueda de identidad.

 

Hay un trabajo notable con la construcción estética desde la fotografía, que le da un aire anacrónico a la película muy interesante, ¿cuál fue la búsqueda en este sentido?

IMB: La puesta en escena se fue radicalizando ya que en un principio la película no era así. Creo que en mi proceso de búsqueda de referencias para filmar, la fui volviendo más austera en cuanto a planos, que son pocos, y cuando Ezequiel Salinas se sumó al trabajo desde la foto, se radicalizaron ciertas búsquedas porque es un tipo muy sensible. Buscamos recrear, desde el arte, una estética de naturaleza muerta, construir una casa que habla, muy oscura pero con una foto fría y cálida a la vez. Yo tenía como referencias a muchas películas de Pedro Costa y fuimos por ese lado. En cuanto a los personajes, hay esta cosa muy argentina de mezcla de razas, porque Julia remite a nuestros pasados europeos, con ese estilo a lo Gena Rowlands que tiene (otra de las referencias fue John Cassavetes), pero también está ese lugar absolutamente latinoamericano que nos constituye. A la vez, la casona remite a todo un pasado glorioso derruido, un mundo que quedó anclado en otra época porque yo quería retratar eso: un mundo de antaño que quedó trunco, una mirada melancólica.

 

Hay también un muy buen trabajo con el sonido…

IMB: Queríamos que la casa hablase, por eso el sonido está lleno de chirridos, puertas que se golpean, vientos, cosas que se te meten de forma inconsciente, y que paulatinamente se van apagando a medida que avanza la película. Trabajamos mucho con Atilio Sánchez sobre estos conceptos que platee y él los potenció diez mil veces. Trabajamos sobre un concepto de la infancia que yo tenía que me remitía a una caja musical: un día llegué a la casona y todos los vidrios estaban vibrando y haciendo ruidos. Sucedía que los chicos se habían encerrado en un cuarto y habían puesto unas diez cajas de sonido que hacían vibrar al máximo, amplificándolas, para que el sonido rebotara en toda la casa. Todo eso fue grabado y Atilio lo puso en toda la película.

Published in: on 20 noviembre, 2018 at 13:31  Dejar un comentario  

Festival de Mar del Plata 2018

Cuando los sueños se cruzan con la realidad

Cecilia y Jean paul

Cecilia Barrionuevo y Jean Pierre Léaud, el gran visitante del festival

La 33 edición del Festival Internacional de Mar del Plata comenzó con el estreno de “Sueño Florianópolis”, de Ana Katz

La ceremonia de apertura del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata sintetizó en pocos minutos los paradójicos sentimientos que despierta su 33 edición. La abulia e indiferencia que suelen envolver a estos actos generalmente burocráticos se disipó instantáneamente cuando el ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, subió al escenario del concurrido Auditorio Astor Piazzolla: una avalancha de silbidos y abucheos ganó entonces a su hermosa arquitectura, cuya estética moderna sigue manteniendo una dignidad fuera del tiempo. No es que las reprimendas públicas en este tipo de actos sea una novedad, sino que Abelluto hizo algo insólito para la situación que vivía y para el manual básico de comunicación duranbarbista, pues se puso a discutir con los presentes para intentar convencerlos de las bondades de su gestión. “Este año tendremos récord de rodajes”, dijo sin más datos ni fuentes al iniciar una enumeración de logros ante público mayormente hostil, principal afectado por las políticas del instituto nacional de cine que su gestión modificó, lo que por supuesto no hizo más que empeorar la situación.

Todo cambió cuando subieron los responsables y protagonistas directos del festival, que recibieron aplausos unánimes y ofrecieron discursos acordes a la coyuntura que vivimos. Particularmente precisa fue su directora artística, Cecilia Barrionuevo, quien en primer terminó clarificó la tarea de los programadores como un compromiso por resguardar “la libertad de los cineastas”, luego destacó el espacio abierto a las mujeres en la nueva edición (con el primer foco sobre Cine y Perspectiva de Género, que culminó ayer) y terminó con una clara definición estética y política del festival, al asegurar que “abogamos por un cine comprometido con la búsqueda de escenarios más igualitarios”. Conclusión: a nadie en la ciudad feliz se le ocurrió identificar al festival con la gestión de Cambiemos, más bien al contrario, como expuso la actriz Mercedes Morán (que en la ceremonia recibió un galardón a su trayectoria), quien confesó sentir alegría de estar allí porque temía por la propia realización del festival ante las políticas de ajuste encaradas por el Gobierno. La secuencia resume un sentimiento general, acaso transversal a las divisiones políticas: la alegría de estar ante un evento histórico, convertido en política de Estado por su propia trascendencia, pero que insólitamente se siente hoy en riesgo ante las turbulencias que vive la economía argentina.

Sueño Florianópolis

Sueño Florianópolis

Minutos después, el festival comenzó a desplegar imágenes que remiten a otras épocas del país donde los sueños de entrada al primer mundo de la clase media argentina parecían a la vuelta de la esquina, aunque la realidad fuera muy distinta. Esa dicotomía entre las fantasías de ascenso de una clase social y la cruda realidad, vista desde el presente, sobrevuela como fondo a “Sueño Florianópolis”, película de apertura de Ana Katz, que sabe recrear con singular inteligencia el imaginario social de esos primeros años de la década del ´90 para montar, desde allí, sus operaciones cómicas. Fantasías de crecimiento social pero también de recomposición de la pareja formada por Morán y Gustavo Garzón, que pese a estar en un proceso de separación, parten hacia la emblemática isla brasileña junto a sus hijos adolescentes, con la ilusión de recrear un viaje del pasado y acaso reencontrarse con sus mejores tiempos.

Bastarán unos instantes para intuir que nada saldrá como sueñan, empezando por la precariedad de su situación, que dispensará los primeros momentos de humor en el choque con las dificultades del idioma o de un viaje organizado con pocos medios económicos. Katz ratifica aquí su timing para la comedia, algo nada sencillo en el cine argentino, aunque lo que parecía una clásica “comedia de rematrimonio” (género que narra las peripecias que vive una pareja en crisis en el proceso de reencuentro y reenamoramiento), irá virando sutilmente con el correr de los minutos hacia un drama adulto, que trabaja con sabiduría las complejidades del deseo y las necesidades femeninas cuando se ha superado la mediana edad. “Sueño Florianópolis” fue una buena elección de apertura porque se trata de un cine popular pero con capacidad de trabajar las complejidades del mundo adulto, en relación a un contexto histórico y político preciso que le da sentido a su trama y la abre a nuevas lecturas.

Chuva

Chuva é Cantoria na Aldeia dos Mortos

Pero el festival apenas empezó a desplegar las maravillas que tiene para mostrar. Ayer comenzaron a rodar las distintas competencias, empezando por la Internacional con la brasileña “Chuva é Cantoria na Aldeia dos Mortos”, de João Salaviza y Renée Nader Messora, un estilizado acercamiento a una cosmovisión del mundo radicalmente diferente a la nuestra. El filme recrea la experiencia vital de Ihjac, un joven indígena que vive con su comunidad en el norte selvático de Brasil, pero que debe enfrentar el llamado de la adultez: una serie de malestares sugieren que se está convirtiendo en chamán, algo que él rechaza. Ese llamado del destino será el centro narrativo y filosófico del filme, pues a partir de allí mostrará la singular experiencia del mundo que se desprende de una cosmovisión animista, donde la tierra está poblada de espíritus y entidades desconocidas e invisible que inciden sobre la vida de sus habitantes físicos. El modo y el respeto con que los directores captan la evidencia física de esas dimensiones trascendentales del mundo es una de las tantas bellezas que justifican la existencia de Mar del Plata, donde el cine alcanza su mejor y más sublime expresión.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 12 noviembre, 2018 at 1:19  Dejar un comentario  

Festival de Mar del Plata 2018

Días de ilusión en medio de la tormenta

Ceci

Cecilia Barrionuevo

La 33 edición del Festival Internacional de Mar del Plata comienza con la promesa de un programa impecable a pesar de los ajustes presupuestarios

El evento más importante de la cinefilia latinoamericana no escapará a la coyuntura argentina, pero aún con recortes de última hora el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata sigue siendo un oasis en el desierto de las políticas cinematográficas emanadas desde el Ejecutivo nacional. El mérito pertenece exclusivamente al equipo de programadores y trabajadores llanos del festival, que esta vez tienen a uno de los suyos al frente de la dirección artística: la cordobesa Cecilia Barrionuevo reemplazó a principios de año al estadounidense Peter Scarlet en el puesto, tras una efímera gestión que sólo pareció servir para consolidar un ajuste dramático en el presupuesto.

El resultado puede parecer paradójico, pero la reducción de tres días en la duración del encuentro (matizado por la encomiable adición del domingo 18 para la proyección de las películas ganadoras de forma gratuita) no hará mella en una edición que promete honrar sobradamente el perfil construido en la última década del festival, que elevó su calidad y diversidad hasta reposicionarlo en el circuito mundial como uno de los más interesantes del año. Nuevamente, lo mejor de la temporada cinematográfica mundial, regional y local estará presente en una ciudad que pocas veces como en estos días merece el adjetivo que las estrategias de venta publicitaria la suelen endilgar.

Formada en el equipo que supo revitalizar al único encuentro de cine “clase A” de América Latina mediante una apuesta innegociable por la calidad, heterogeneidad y el riesgo en la programación de sus distintas secciones, Barrionuevo promete inaugurar una nueva etapa en el festival, como coinciden todos los especialistas. No sólo por ser la primera mujer que lo dirige en sus 33 años de existencia, sino porque a su trabajo denodado –que la lleva a involucrarse hasta en los detalles más pequeños del encuentro, como pueden atestiguar los periodistas–suma una precisión y lucidez en su mirada que no pasarán desapercibidas para nadie que asista regularmente al festival. Dos botones bastan como muestra: la sección que era enteramente suya, “Estados Alterados”, pasará a integrar este año las competencias del encuentro. El cine más arriesgado y desafiante del mundo en todos sus formatos (porque pone a competir en igualdad de condiciones a largos y cortometrajes), tendrá finalmente un reconocimiento simbólico y material a la altura de los máximos premios marplatenses. También habrá, por primera vez en la historia, un foco sobre Cine y Perspectiva de Género, un espacio para debatir en torno a las desigualdades que aquejan a las mujeres en todo el sector cinematográfico, con la participación de actrices, directoras y productoras, lo que muestra una voluntad por incluir e intervenir en las discusiones candentes del presente argentino.

What You Gonna Do When the World_s on Fire

What You Gonna Do When the Worlds on Fire?

 

Son apenas dos ejemplos de las novedades que traerá la dirección de Barrionuevo, quien en la presentación del festival anticipó “una edición diferente, más audaz en cuanto a la programación”. Seguramente, su marca más relevante se verá entonces en la calidad general de un programa que reúne a 227 películas de 51 países en siete competencias y un sinfín de secciones paralelas, difícil de sintetizar en pocas líneas. Por el momento, vale anotar algunos nombres rutilantes de la Competencia Internacional, que mostrará las nuevas obras de la portuguesa Rita Azevedo Gomes (“A Portuguesa”), el español Isaki Lacuesta (“Entre dos aguas”), el inglés Peter Strickland (“In Fabric”), el iraquí Abbas Fadel(“Yara”), o el italiano Roberto Minervini (“What You Gonna Do When the World’s on Fire?”), entre otras promesas que incluyen también a los argentinos Alejandro Fadel (“Muere, monstruo, muere”) e Iván Fund (“Vendrán lluvias suaves”). La lista ofrece motivos de sobra para ilusionarse, aunque las otras secciones competitivas no le van en saga a partir de una presencia argentina importante con directores como Gastón Solnicki (“Introduzione all’oscuro”), Ezequiel Acuña (“La migración), Carlos Echeverría (“Chubut, libertad y tierra”), o Martín Farina (“El lugar de la desaparición”), entre varios otros;  realizadores en sus obras previas han sabido mostrar una mirada singular con estéticas y obsesiones propias, lo que se dice una idea personal del cine.

Presencia cordobesa

Párrafo aparte merece la presencia cordobesa en las secciones competitivas, que parece una selección en sí misma de las promesas surgidas en los últimos años en nuestro suelo. La Competencia Nacional mostrará lo nuevo de Inés María Barrionuevo(“Julia y el zorro”), Fernando Martín Restelli (“Construcciones”), Germán Scelso y Federico Robles (“El hijo del cazador”), mientras que en la Latinoamericana estará la chilena Teresa Arredondo (“Las cruces”), formada en nuestra ciudad, y en la sección nacional de cortometrajes la notable María Aparicio (“Hombre bajo la lluvia”). Acaso nunca hubo una presencia local tan promisoria por su envergadura en el Festival de Mar del Plata, lo que brinda suficientes ilusiones para prensar en la obtención de algún premio.

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Julia y el zorro

Una selección mundial

Ya fuera de las competencias, otras secciones honrarán la tradición marplatense de reunir los nuevos trabajos de los grandes autores contemporáneos, sean reconocidos o promesas nóveles. Precisamente, una marca identitaria del festival ha sido su capacidad para reunir las nuevas promesas con los nombres consagrados: en la sección “Autores” se verán así las nuevas películas de los chinos Wang Bing (“Dead Souls”) y Jia Zhang-ke (“Ash Is Purest White”), el rumano Corneliu Porumboiu (“Infinite Football”), el norteamericano Frederick Wiseman (“Monrovia, Indiana”), el español Albert Serra (“Roi Soleil”), el taiwanés Tsai Ming-liang (“Your Face”), los coreanos Lee Chang-dong (la excepcional “Burning”) y Hong Sang-soo (“Hotel by the River”), o los franceses Olivier Assayas (“Doublesvies”) y Bruno Dumont(“Coin coin et les z’inhumains”).

La lista podría seguir de forma casi interminable pero hay que dejar unas líneas para las retrospectivas, homenajes y restauraciones, acaso donde el festival asienta con mayor fuerza su posición respecto al cine que promueve y defiende. Se destaca en este sentido la retrospectiva del cineasta alemán Wolfgang Staudte, poco conocido para nosotros, curada además por el crítico Olaf Möller; aunque también se verá un programa sobre la ucraniana Maya Deren y otro sobre la colombiana Laura Huertas Millán, que integra el jurado de la Competencia Estados Alterados.

Otra particularidad de esta edición estará en la elección de Francia como país invitado de honor, acaso una declaración de principios silenciosa por parte de la nueva dirección, que pese a la escases de fondos permitirá contar con la presencia de verdaderas leyendas del cine mundial como el actor Jean Pierre Léaud o el director Léos Carax, que presentarán títulos clásicos de sus filmografías. También, a cien años de su nacimiento, celebrará la obra de Ingmar Bergman con una selección de sus películas y una muestra en el Museo Castagnino. Mientras que las restauraciones prometen sacudir el tablero, con la proyección de obras inmensas como “A ilha dos amores” (Portugal, 1982), de Paulo Rocha, o “Funeral Parade of Roses” (Japón, 1969), de Toshio Matsumoto.

Quienes asistan a la “ciudad feliz” podrán también presenciar eventos únicos como la master class de Lucrecia Martel sobre su particular forma de construcción del tiempo y el espacio en el cine a través del sonido, o la del cuatro veces ganador del Oscar Mark Berger sobre “Cómo escuchar películas”, por no mentar el estreno mundial de “El último malón” (Argentina, 1917), una película muda de Alcides Greca que será musicalizada en vivo. Como se verá, el pulso del cine estará latiendo de nuevo en las salas marplatenses, acaso un derecho colectivo que resiste y se fortalece en la tormenta.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 9 noviembre, 2018 at 22:34  Dejar un comentario  

Entrevista a Diego Gavarrete

Juegos de placer

Diego Gavarrete

Diego Gavarrete

Diego Gavarrete habla de “Zonda, fue el futuro”, la película que estrena este jueves a las 21 en el Centro Cultural Córdoba, con entrada gratuita 

“Desde mi época de estudiante, siempre pensé el error como una bendición, una especie de virtud en el cine”, afirma como al pasar el director Diego Gavarrete, natural de Costa Rica pero formado en la Universidad Nacional de Córdoba, que hoy estrenará su primera película, “Zonda, fue el futuro”, en el Centro Cultural Córdoba (en una única función). La frase, que fuera de contexto podría sonar como un slogan vacío, encierra no sólo una definición del cine que promueve Gavarrete, sino también la clave que diferencia a “Zonda” de toda una corriente dominante en el cine local de los últimos años. Contra la profesionalidad, la pulcritud y el cálculo que saben exhibir las películas cordobesas, “Zonda” se alza como un verdadero salto al vacío, una apuesta por el riesgo y la precariedad que arroja frutos notables: lejos de cualquier tipo de artificialidad -acaso el mal más extendido en el cine local-, la película exuda una vitalidad y un placer por el propio juego con la filmación que la convierte en un necesario viento de aire fresco en el panorama nacional.
Filmada sin recursos, de forma cooperativa con la colaboración de actores y técnicos locales, el filme propone un doble juego con la ficción que se va plegando sobre sí misma hasta volverse indistinguible de la propia realización de la película. Cinco amigos comparten las pesadas tardes norteñas en un verano indefinido de San Juan. Hay una pareja de novios, otra en un juego de seducción y un quinto personaje de perfil incierto. Sin embargo, la voz en off del director rompe tempranamente la ilusión de la diégesis para anticipar lo que ocurrirá en las escenas. Será el inicio de una paulatina contaminación de la ficción por parte del propio equipo realizativo de la película, de suerte que el habitual fuera de campo del cine comenzará a inundarla hasta volverse el centro mismo de la película: en palabras del director, la “imposibilidad de filmar” irá transformando a la obra en otra cosa. “Al final, lo que importa es el mismo proceso de transformación, cómo se empieza a construir algo que se va transformando hasta terminar siendo otra cosa, algo que no esperabas. Filmas una ficción pero la película termina siendo el proceso de esa ficción o el documental de esa ficción”, explica Gavarrete a HOY DÍA CÓRDOBA, quien define a “Zonda” como “una película de errores, muy divertida, que es un primer acercamiento a algo que yo entiendo como cine”.
Ese placer por la experimentación y la improvisación está en el centro de la película y define la naturalidad que ostenta la vida que atrapan sus grandes planos fijos, hermosamente trabajados en blanco y negro por Santiago Sgarlatta (responsable de la fotografía). Hay un goce en el juego colectivo de los protagonistas con la realización del filme que inunda todos los planos y le da una frescura inédita a la película. Por si no quedara claro, al final un texto aclara que fue realizada a partir de escenas improvisadas y construídas con los mismoa actores, aunque el director prefiere pensar que “todos nos vimos transformados por la película, ninguno fue el mismo después de ella”. HDC:

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¿Cómo es tu reivindicación del “error”?
Diego Gavarrete (DG): Yo les decía a mis compañeros (en la universidad) que a mí no me importaba el error, que era lo que más quería que pasara, que había que tomarlo como algo bueno, como una bendición, porque es algo que sucede espontáneamente y no va a pasar nunca más. Y yo tengo la posibilidad de filmarlo y de mostrarlo. Entonces, siempre estaba tratando de buscar eso: tratar de captar el instante, la frescura de lo que pasa en ese momento. Me acuerdo que muchos se reían de esa idea, era muy graciosa.

¿Cómo nació la película?
DG: La película surgió en un viaje que hice a San Juan en el verano de 2012 con unos amigos para pasar el fin de año. Me acuerdo que yo tenía la concepción de un estudiante: andaba filmando y anotando todo. Comenzaron a pasar cosas con mis amigos que me llamaron la atención, y yo iba anotando todo. Después, al volver, hablé con una amiga (la cineasta María Laura Pintor) y empezamos a armar una película, a pensar en actores y en escenas en base a esas anotaciones. Con esa película fui a muchos lados, desde talent campus a talleres de desarrollo de proyectos, pero cuando empecé a querer filmarla sucedió una cosa curiosa: mientras iba montando escenas aisladas que filmábamos, me comenzaba a llamar la atención todo lo que pasaba detrás de cámara, es decir lo que no estaba ensayado ni tenía nada que ver con la ficción. Empecé a mostrar el material a algunos amigos, y todos me preguntaban por esos momentos donde los actores no estaban interpretando mi guion, sino que estaban interactuando con naturalidad, los momentos previos y posteriores a “actuar”. Finalmente me di cuenta que la película que tenía que filmar no era la ficción que estaba pensando, sino otra cosa. Entonces, junté a los actores y les dije “se acuerdan del guion hermoso que teníamos planeado y estábamos trabajando, bueno: nada de eso vamos a hacer ahora. Nos vamos a juntar y a empezar a ensayar y vamos a filmar todo, de aquí hasta que podamos filmar la película”. Y así empezamos a trabajar: juntaba a todo el equipo técnico con los actores y filmábamos cuatro horas de ensayos, una vez por semana, como en una obra de teatro. De ahí fue que algunos actores se empezaron a meter con la técnica y algunos técnicos se empezaron a meter con la actuación, y empezó a surgir ese juego en donde se mezcló todo. Entonces, me di cuenta que tenía que tomar eso que estaba sucediendo para ver adónde iba la película y seguirla por dónde ella quisiera ir.

¿Cómo fue la construcción propia del filme?
DG: Toda la película empezó a salir en el juego de los ensayos, cuando los técnicos empezaron a invadirlos, ya que yo les daba libertad a todos para que opinaran sobre lo que estaba sucediendo. Empecé a notar que los técnicos empezaban a opinar sobre la actuación y hasta querían meterse en la actuación, mientras que los actores empezaron a tejer relaciones entre ellos. Como esas cosas se iban a desarrollando, yo empecé a incluirlas en la ficción y a crear contrapuntos: de hecho, hay un romance entre una actriz y un técnico que se comenzó a desarrollar en la película y que invade otro romance construido en la propia ficción, y que decidimos incluirlo.
Por otro lado, siempre pensé a la película como una triada: una ficción que es apropiada por el documental (es decir la realización de esa ficción), y al final termina siendo como una ficción de esa realización, es decir una ficción de la ficción.

¿Pero cómo fue el trabajo con la improvisación?
DG: Yo tenía un método que consistía en confundir a los actores, porque a mí me incomoda mucho esa disociación que suele haber entre la persona y el personaje. Camila Murias (actriz) de hecho llegó a decirme en un momento que no sabía quién era, si ella misma o el personaje de ficción que tenía que interpretar. Yo aprovechaba eso porque era lo que buscaba, pero cuando empezaron a entender el juego fue cuando me complicaron a mí, porque ya empezaron a pensarlo y yo quería que sólo actuaran. Es algo muy distinto: una cosa es pensar un rol como personaje, llevarlo al cuerpo y ponerlo ahí, pero la película buscaba todo lo contrario, estar y presenciar el momento, dejarse llevar por lo que pasaba. Cuando ellos empezaron a entender que yo hacía cosas y les ponía trabas para que se equivocaran, tanto los técnicos como los actores, se ubicaban en una zona de confort donde yo ya tenía que ponerme a pensar cómo sacarlos de ese lugar.

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Hay una hermosa escena basada en una obra de Shakespeare que sintetiza la propuesta de la película…
DG: Era algo que siempre pasaba con los actores, en los tiempos muertos de las filmaciones, cuando no tenían nada que hacer, se ponían a jugar con los técnicos haciendo como micro escenas de obras que ellos mismos en ese momento estaban estudiando. Yohana Pereyra, por ejemplo, estaba haciendo su tesis sobre el personaje de Ofelia en Hamlet, todo el tiempo lo estaba trayendo a escena, entonces los otros se copaban para improvisar sobre eso con ella. En el momento en que yo vi que lo disfrutaban, que la pasaban bien, dije: “Miren, está este escenario que me encanta, donde no se bien qué hacer, pero quiero que improvisen sobre un texto de Hamlet que habla sobre la muerte, hagan lo que ustedes quieran y tomen a los personajes como a ustedes les parezcan, pero háganlo frente a la cámara”. Y finalmente es la escena más larga de toda la película, filmada en una sola toma, y de hecho parece una escena de teatro.

¿Por qué usaste planos generales fijos?
DG: Yo a los actores les había impuesto la consigna de que filmábamos “uno a uno”, es decir sin retomas: las escenas se filmaban de una sola vez. Entonces, ellos ensayaban todo el tiempo pero a la hora de filmar era una sola escena, que no terminaba hasta que yo dijera “corte”. Tenían que bancársela y continuar la escena como pudieran. Yo creo que de ahí viene la frescura de la película, de que los actores se dejaron llevar en su cuerpo por lo que pasaba. Y como siempre pensé que el actor tenía que improvisar sobre la propia escena, tenía que ir armando el texto como él quisiera, tampoco quería complicarlo con que tuviera que buscar la forma de acomodarse a distintos planos. Entonces, yo disponía un solo plano, con la composición de la imagen que me interesaba, y les daba la libertad y el tiempo para hacer su improvisación. Siempre prioricé el trabajo del actor.

Por último, ¿cuál es tu idea de cine?
DG: Yo concibo al cine como una exploración constante, si yo no investigo y no me siento a indagar sobre algo, la verdad es que no se me hace atractivo, porque eso es lo hermoso que tiene el arte. Por otro lado, en esta película desde el principio quisimos poner al espectador en el lugar en que nosotros íbamos a estar. No queríamos mentirle, queríamos ser sinceros con eso: si vamos a jugar con estos paralelismos entre dos mundos (el de la ficción y la realidad detrás de la ficción), pongámoslo en evidencia aunque de forma paulatina, de ahí la voz en off que va explicando y anticipando las escenas. La idea era hacer partícipes al espectador de lo que estábamos haciendo, eso es lo que me parece más importante.

Por Martín Iparraguirre

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“Zonda, fue el futuro”, se proyectará hoy a las 21 en una única función extraordinaria en el Centro Cultural Córdoba (Av. Poeta Lugones 401), con entrada libre y gratuita.

 

Published in: on 1 noviembre, 2018 at 2:00  Dejar un comentario