La fiesta del terror

Entrevista a Valentina Lellin, quien habla del Festival  de Cine de Terror y Fantástico que se desarrolla en Córdoba

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Un grupo de estudiantes de cine lleva a cabo, a pura fuerza de trabajo apasionado, un festival que reúne a una pequeña comunidad en torno a su objeto de amor. La historia es tan antigua como el cine mismo, aunque pocas veces esa iniciativa alcanza las dimensiones del Festival de Cine de Terror y Fantástico de Córdoba, cuya cuarta edición se desarrolló esta semana (hoy llega a su fin, ver en http://terrorcordoba.com.ar/) en tres sedes distintas: el Centro Cultural Córdoba, los Cines Gran Rex y el Cineclub Municipal.
En su cuarto año consecutivo, el festival ha alcanzado un crecimiento interesante, con asistencia masiva a funciones en medio de la semana y un programa de cortos y largometrajes voluminoso, que reúne a grandes películas de género del año argentino, además de trabajos de toda la región. Este año, por ejemplo, se exhiben 50 cortometrajes de terror preseleccionados entre 400 -un jurado elegirá al ganador-, mientras que también pasan largometrajes nacionales renombrados como “Diablo”, de Nicanor Loreti, “Trauma”, de Lucio Rojas, o “Aterrados”, de Demian Rugna. Hay además una multiplicidad de actividades paralelas (con cursos y talleres dictados por especialistas) y secciones curiosas como la competencia “Terror en 13 segundos”, que invita a los participantes a armar una microescena en esa fracción de tiempo.
“Buscamos romper el prejuicio de que el terror es sólo zombies o vampiros, una idea absolutamente equivocada porque el terror es muchas cosas: está en el día a día con nosotros, entonces hay mucho que contar al respecto. El festival es internacional con el objetivo de acercar a los cordobeses, nuestro público, otro cine de lugares que por ahí tienen más desarrollo en estas producciones. Pero el objetivo es desmontar los prejuicios sobre este tipo de cine y formar un público al respecto”, explica la joven Valentina Lellin, egresada del Departamento de Cine y TV de la Facultad de Artes de la UNC y directora del festival, quien sostiene que “creemos que es un espacio muy necesario para Córdoba, que es una de las ciudades con más estudiantes de cine de Latinoamérica, porque no se conoce lo que se produce” en el género.

¿Cómo estás viendo la edición 2018?
Valentina Lellin (VL): Considero que el festival tiene un crecimiento notable este año, en cuanto a cantidad de público estamos sorprendidos porque las funciones tienen 100 espectadores en días donde no esperamos esa repercusión. La gente nos apoya mucho también desde las redes sociales, donde comparten la programación, algo que es muy bienvenido porque fue un año duro a nivel económico y social. Teníamos un poco de miedo por este contexto pero hemos encontrado una muy buena respuesta del público. El festival está en una etapa de maduración, porque vamos asentando varias cosas y el año que viene seguirá creciendo. Esperamos que en el cierre del festival, que es hoy, se acerquen muchos más cordobeses porque tenemos la sección de cortos de terror locales y el “Terror en 13”.

Contanos un poco el nacimiento del festival
VL: El festival nació de un proyecto de investigación que iniciamos en la Universidad Nacional de Córdoba, donde teníamos este interés que traíamos en la carrera por el cine de terror. Con el grupo nos encontramos por esta pasión común: nos gustaba hacer cortos con sangre o cortos de suspenso. Pero también nos preguntamos si en Córdoba había cine de género y no encontramos nada: entonces comenzamos a preguntarnos cómo llegar a esos realizadores cuyos trabajos se suelen perder en una cátedra o en una materia. Así, junto a Francisco Correa Lagos y Gastón Vergara González (los otros fundadores) comenzamos a investigar el tema y a buscar alternativas: conocimos un festival del género en Chile y nos contactamos con sus productores para informarnos. Finalmente, lanzamos una convocatoria a través de las redes y ahí nomás comenzó a crecer el proyecto, con gente que se sumó inmediatamente, y sobre todo con la cantidad de cortos que comenzaron a llegar, de muy buena calidad, incluso de otros países. Conseguimos la sala del Centro Cultural Córdoba, que estaba recién abriendo, después la Casona Municipal y rápidamente el proyecto comenzó a ser mucho más grande de lo que esperábamos. Terminamos siendo doce personas organizando esa primera edición y desde entonces el festival siguió creciendo a medida que nos fuimos encontrando con ese público que estábamos buscando. Hoy estamos muy orgullosos porque podemos decir que se está gestando una comunidad del cine de género en Córdoba y tenemos incluso productoras que están haciendo películas que se van estrenando año a año.

¿Cómo sostienen el festival?
VL: Sostenemos el festival porque amamos el cine, porque sentimos que funciona como un espacio de encuentro, intercambio y formación entre una comunidad de desconocidos que tienen una misma pasión. Aunque nos cueste y tengamos que ponerle mucho pulmón, aunque lo hagamos sin presupuesto, el festival sigue funcionando y nos vamos encontrando en este espacio. Lo hacemos porque creemos que es un espacio muy necesario para Córdoba porque no se conoce lo que hay: el primer año lo hicimos con rifas, el segundo vendiendo muchas empanadas, el tercero hicimos canjes con algunas bandas locales a cambio de trabajos para ellos. Este año el festival creció y pudimos acceder a algunos sponsors. Pero consideramos que es importante hacerlo como sea porque trabajamos con un cine muy independiente, que de otra manera no tendría pantallas, entonces eso realza el valor del festival porque nosotros también somos realizadores y sabemos que en caso de filmar no vamos a encontrar otros espacios de exhibición. También es importante resaltar que es un festival del interior, lo que le agrega un plus de valor. Nuestra idea es que el festival crezca y se convierta en uno de los más grandes del cine de género en el país.

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Valentina junto al director de “Trauma”

¿Cómo hacen para elegir los programas?
VL: Este año fuimos tres los encargados de la selección de cortos, nos parece muy importante la heterogeneidad ya que somos un grupo muy diverso. Respecto a los largometrajes, hoy nos importa mostrar lo que se hace tanto con películas subsidiadas por el Estado como con películas independientes, porque el género tiene poco desarrollo. También vamos siguiendo otros festivales para descubrir películas y después comunicarnos con los realizadores para poder traerlas a nuestro festival. Tenemos como objetivo apoyar al cine latinoamericano, que es el que necesita más impulso, por lo que también tenemos el criterio de dar prioridad a las producciones locales y regionales, que además se acercan más a nuestras realidades y lo que nosotros podemos llegar a hacer.

¿Qué se puede encontrar el espectador en un día del festival?
VL: Se pueden encontrar con una gran variedad de propuestas, con variedad de estilos y formas narrativas aunque siempre hay un enfoque porque queremos privilegiar la calidad, pero el sello del festival es la heterogeneidad que ofrece. Es importante destacar además la gratuidad del festival, porque verdaderamente no tenemos presupuesto y queremos sostenerlo desde ese lugar aunque este año tuvimos que poner una entrada simbólica de 30 pesos, que tampoco es un ingreso para la organización.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2018

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Published in: on 4 octubre, 2018 at 1:23  Dejar un comentario  

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