Entrevista a Hugo Curletto

Imágenes del silencio

Hugo-Curlett

Hugo Curletto

Hugo Curletto habla de “La casa del eco”, su primera película estrenada en las salas comerciales de la ciudad

El debut cinematográfico de Hugo Curletto no carece de ambiciones: en “La casa del eco”, largometraje que ya puede disfrutarse en las salas comerciales de nuestra ciudad (se estrenó en los cines Showcase, Hoyts y Dinosaurio), el director cordobés intenta una compleja amalgama entre sueño y vigilia, mezclando las fantasías calladas de su protagonista con la fría realidad de su matrimonio hasta volverlos indiscernibles, con el objetivo de explorar las complejidades de una relación dominada por los silencios, tan fragmentada como el propio relato de la película. No se trata de una estructura narrativa sencilla, como atestiguan los vaivenes del guión, pero tiene la nobleza de intentar “dejar abiertas las posibilidades de interpretación del espectador”, según reveló el propio Curletto en un diálogo para el diario HOY DÍA CÓRDOBA.

Con un notable trabajo en los rubros técnicos, el filme sigue el derrotero de Alejo (Gerardo Otero),un arquitecto que al inicio del filme es diagnosticado con un particular transtorno del sueño y recibe un inusual regalo de su padre: unas tierras situadas en medio de las sierras, que el protagonista irá a descubrir junto a su mujer (la bella Guadalupe Docampo), en una travesía que pasará por distintos tonos (por momentos, se transforma en un thriller) para derivar en un viaje de autodescubrimiento.

¿Qué es lo que te interesaba contar en el filme?

Hugo Curletto (HC): “La casa del eco” surge a partir de un lugar, mejor dicho, de la probable existencia de un lugar. En mi casa escuchaba hablar de un lote en los pinares de Alpacorral, que a mi padre le habían entregado como parte de pago tras desvincularse de una sociedad. Por alguna razón, mi viejo nunca creyó que ese lugar existiera, o nunca intentó averiguar de qué se trataba. Solo sabíamos que no había forma de llegar de manera convencional. Esa incógnita siempre ha resonado en mi cabeza. Tal vez por curiosidad, tal vez por el anhelo de aventura, la película se me presentó como una posibilidad de narrar ese hipotético viaje, y a través de él, hablar de los vínculos que uno construye, y de cómo lo familiar puede volverse extraño. Esa era mi inquietud: un nombre, un lugar, un amor. Todo, desde cierta perspectiva, puede volverse extrañamente amenazador.

La casa del eco

La casa del eco

La película plantea una historia fragmentada, ¿por qué decidiste ese formato narrativo?

HC: Me sedujo la posibilidad de adoptar un formato que en alguna medida se puede parecer a cómo funciona el dispositivo de los sueños. La arbitrariedad con que la mente utiliza a veces detalles en apariencia insignificantes, y reconstruye a partir de ellos un mundo diferente. “La casa del eco” es una película narrada a partir de esos detalles, que funcionan como sedimentos que se arrastran y emergen para resignificar lo que le ocurre a Alejo. La característica del relato fragmentado me permitía jugar con la idea de que no importa en definitiva cuál es el sueño y cuál es la realidad. Nunca tuve la intención de separar una cosa de la otra, después de todo son las dos caras de una misma historia. A veces suceden cosas que corren un velo, y lo cotidiano puede volverse extraño, y viceversa.

Hay un trabajo clave con la ambigüedad en la relación de los protagonistas, ¿cómo construiste ese vínculo?

HC: Creo que esa ambigüedad por un lado es funcional al tono del relato que me interesaba construir. Pero a la vez pienso que el amor, alejado de una visión romántica, y más cercano a una idea dialéctica en donde ambas partes buscan un punto de encuentro, es también ambiguo. El amor por naturaleza es ambiguo: no puede ser sólo una cosa, nunca alcanza, pero a veces desborda. Alejo y Ana transitan ese estado en el que uno siente que ama profundamente a una persona, pero en un mismo movimiento puede destruirla. Sentí que tenía de alguna manera que intentar estallar el sentido, abrirlo para que queden al descubierto los huecos. Un dispositivo que intentamos abordar en cada escena con todo el equipo. Desde la fotografía, con Sebastián Ferrero, desde las propuestas con la banda construida por Hernán Conen, Santiago Rozadas y la música de Tomates asesinos, hasta el trabajo de arte propuesto por Lorena Striker y el montaje, donde junto a Martín Sappia trabajamos para buscar que la percepción del tiempo interno de la historia, estuviera también levemente corrido de lo que podríamos entender como una representación convencional.

La película trabaja con distintos géneros, ¿por qué la construíste de esta manera?

HC: Existe una indefinición. Existe en el planteo la intención de trabajar con lo difuso. Justamente esta intención comulga con la idea de no clausurar el sentido, y dejar abiertas posibilidades de interpretación al espectador. Alejo vive una crisis, que creo que va un poco más allá del conflicto con Ana. De algún modo, esta crisis de pareja es quizás consecuencia de un conflicto mucho más profundo e indefinido, que tiene que ver con algo del orden de lo existencial. En esa angustia que padece, expresada de manera lúdica con un trastorno irreal o fantástico, aparece lo inasible, lo que no tiene nombre. Esa indefinición, o zona difusa, acompaña a Alejo durante todo el relato, y enrarece su percepción de las cosas, convirtiéndose en una característica de la diégesis.

A diferencia del cine cordobés de los últimos años, las sierras funcionan aquí como un espacio de incertidumbre, amenaza y peligro… ¿por qué decidiste trabajarlas con esas características?

HC: Creo que tiene que ver con lo mismo que te decía anteriormente. Las sierras son ese lugar que aparece como lo desconocido, ante lo conocido para Alejo que es en apariencia la ciudad, su familia, su trabajo, su mujer, y esa hija que parece salida de un cuento. La naturaleza se muestra así como un entorno hostil en la percepción de Alejo. Lo inaccesible, lo que nos .mantiene alerta. De alguna manera, Pedro (baqueano del lugar) es la encarnación de esa amenaza. Pero no de una manera concreta. Vivimos en un mundo donde el otro, lo distinto, lo que no se parece a nosotros, representa una amenaza latente. Aparece entonces ese miedo infundado de Alejo, la paranoia. Pero en oposición a ese estado, no reina ni la tranquilidad, ni la felicidad. En ese limbo de lo que se sugiere como cotidiano, Alejo reinventa su vida con la incertidumbre de lo real, y construye ese refugio, que es La casa del eco.

La casa del eco

La casa del eco

Hay un trabajo notable con el sonido de las sierras para construirlas de esa manera, ¿cómo lo hicieron?

HC: Si, la reconstrucción de los ambientes en ese sentido fue un gran trabajo con Hernán Conen que comenzó con el registro in situ, de sonidos que sentí que podían jugar un rol potente en la narración, hasta el trabajo minucioso del foley y la mezcla en NeneDB estudios,  donde encontramos la forma de que esos sonidos cobraran valor expresivo. Estando en la montaña, en esos bosques de pinos, descubrí que estos árboles hacían un sonido parecido al de las puertas cuando se abren en las películas de terror. Supe que ese sonido jugaría en el relato de manera dramática. O al decidir por ejemplo que el bosque de pinos, a diferencia del resto de escenarios naturales, carezcan de vida, y se conviertan en un paisaje más inerte.

Me parece interesante el personaje de Ana y la forma distinta de femineidad que plantea, ¿qué buscaste contar con este personaje?

HC: Ana es un personaje fuerte. A diferencia de Alejo, sabe muy bien lo que quiere. Y me resultó necesario poner en boca de este personaje algo en lo que creo. Tal vez sea la bajada más evidente, pero sentí que ante el conflicto de la paternidad, no podía dejar de expresar mi visión sobre el mandato social de la maternidad. La idea que opone Ana al deseo de Alejo, es claramente una posición ante la visión tradicional de un patriarcado que sigue decidiendo sobre el cuerpo de la mujer y lo que representa.

Por último, en el contexto económico en que vivimos, me gustaría preguntarte sobre el modo de financiamiento de tu película

HC: Tengo mucho temor por el contexto en el que se desenvuelve el Incaa. La casa del eco tuvo innumerables problemas financieros, algunos ligados a la situación puntual de una ópera prima en donde todo cuesta el doble, y el apoyo familiar y de allegados es indispensable, otros ligados a la situación coyuntural de la producción nacional. Tengo una visión bastante escéptica del estado de cosas. El cine no escapará a determinadas políticas de ajuste, o a determinadas miradas exclusivas que apuntan a privilegiar un cine que ya viene con recursos, por sobre un cine que los necesita para desarrollarse. En ese sentido, siento temor. Ojalá me equivoque, y el Incaa siga siendo un organismo destinado a asegurar la multiplicidad de miradas, que tanto y tan bien nos representan en el mundo. La mirada se construye, el gusto se educa: Si dejamos que un relato se instale como monopolio simplemente porque nos da rédito, habremos perdido la chance de imaginar otros mundos posibles y eso es desesperanzador.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 24 octubre, 2018 at 23:32  Dejar un comentario  

La fiesta del terror

Entrevista a Valentina Lellin, quien habla del Festival  de Cine de Terror y Fantástico que se desarrolla en Córdoba

Cine terror3

Un grupo de estudiantes de cine lleva a cabo, a pura fuerza de trabajo apasionado, un festival que reúne a una pequeña comunidad en torno a su objeto de amor. La historia es tan antigua como el cine mismo, aunque pocas veces esa iniciativa alcanza las dimensiones del Festival de Cine de Terror y Fantástico de Córdoba, cuya cuarta edición se desarrolló esta semana (hoy llega a su fin, ver en http://terrorcordoba.com.ar/) en tres sedes distintas: el Centro Cultural Córdoba, los Cines Gran Rex y el Cineclub Municipal.
En su cuarto año consecutivo, el festival ha alcanzado un crecimiento interesante, con asistencia masiva a funciones en medio de la semana y un programa de cortos y largometrajes voluminoso, que reúne a grandes películas de género del año argentino, además de trabajos de toda la región. Este año, por ejemplo, se exhiben 50 cortometrajes de terror preseleccionados entre 400 -un jurado elegirá al ganador-, mientras que también pasan largometrajes nacionales renombrados como “Diablo”, de Nicanor Loreti, “Trauma”, de Lucio Rojas, o “Aterrados”, de Demian Rugna. Hay además una multiplicidad de actividades paralelas (con cursos y talleres dictados por especialistas) y secciones curiosas como la competencia “Terror en 13 segundos”, que invita a los participantes a armar una microescena en esa fracción de tiempo.
“Buscamos romper el prejuicio de que el terror es sólo zombies o vampiros, una idea absolutamente equivocada porque el terror es muchas cosas: está en el día a día con nosotros, entonces hay mucho que contar al respecto. El festival es internacional con el objetivo de acercar a los cordobeses, nuestro público, otro cine de lugares que por ahí tienen más desarrollo en estas producciones. Pero el objetivo es desmontar los prejuicios sobre este tipo de cine y formar un público al respecto”, explica la joven Valentina Lellin, egresada del Departamento de Cine y TV de la Facultad de Artes de la UNC y directora del festival, quien sostiene que “creemos que es un espacio muy necesario para Córdoba, que es una de las ciudades con más estudiantes de cine de Latinoamérica, porque no se conoce lo que se produce” en el género.

¿Cómo estás viendo la edición 2018?
Valentina Lellin (VL): Considero que el festival tiene un crecimiento notable este año, en cuanto a cantidad de público estamos sorprendidos porque las funciones tienen 100 espectadores en días donde no esperamos esa repercusión. La gente nos apoya mucho también desde las redes sociales, donde comparten la programación, algo que es muy bienvenido porque fue un año duro a nivel económico y social. Teníamos un poco de miedo por este contexto pero hemos encontrado una muy buena respuesta del público. El festival está en una etapa de maduración, porque vamos asentando varias cosas y el año que viene seguirá creciendo. Esperamos que en el cierre del festival, que es hoy, se acerquen muchos más cordobeses porque tenemos la sección de cortos de terror locales y el “Terror en 13”.

Contanos un poco el nacimiento del festival
VL: El festival nació de un proyecto de investigación que iniciamos en la Universidad Nacional de Córdoba, donde teníamos este interés que traíamos en la carrera por el cine de terror. Con el grupo nos encontramos por esta pasión común: nos gustaba hacer cortos con sangre o cortos de suspenso. Pero también nos preguntamos si en Córdoba había cine de género y no encontramos nada: entonces comenzamos a preguntarnos cómo llegar a esos realizadores cuyos trabajos se suelen perder en una cátedra o en una materia. Así, junto a Francisco Correa Lagos y Gastón Vergara González (los otros fundadores) comenzamos a investigar el tema y a buscar alternativas: conocimos un festival del género en Chile y nos contactamos con sus productores para informarnos. Finalmente, lanzamos una convocatoria a través de las redes y ahí nomás comenzó a crecer el proyecto, con gente que se sumó inmediatamente, y sobre todo con la cantidad de cortos que comenzaron a llegar, de muy buena calidad, incluso de otros países. Conseguimos la sala del Centro Cultural Córdoba, que estaba recién abriendo, después la Casona Municipal y rápidamente el proyecto comenzó a ser mucho más grande de lo que esperábamos. Terminamos siendo doce personas organizando esa primera edición y desde entonces el festival siguió creciendo a medida que nos fuimos encontrando con ese público que estábamos buscando. Hoy estamos muy orgullosos porque podemos decir que se está gestando una comunidad del cine de género en Córdoba y tenemos incluso productoras que están haciendo películas que se van estrenando año a año.

¿Cómo sostienen el festival?
VL: Sostenemos el festival porque amamos el cine, porque sentimos que funciona como un espacio de encuentro, intercambio y formación entre una comunidad de desconocidos que tienen una misma pasión. Aunque nos cueste y tengamos que ponerle mucho pulmón, aunque lo hagamos sin presupuesto, el festival sigue funcionando y nos vamos encontrando en este espacio. Lo hacemos porque creemos que es un espacio muy necesario para Córdoba porque no se conoce lo que hay: el primer año lo hicimos con rifas, el segundo vendiendo muchas empanadas, el tercero hicimos canjes con algunas bandas locales a cambio de trabajos para ellos. Este año el festival creció y pudimos acceder a algunos sponsors. Pero consideramos que es importante hacerlo como sea porque trabajamos con un cine muy independiente, que de otra manera no tendría pantallas, entonces eso realza el valor del festival porque nosotros también somos realizadores y sabemos que en caso de filmar no vamos a encontrar otros espacios de exhibición. También es importante resaltar que es un festival del interior, lo que le agrega un plus de valor. Nuestra idea es que el festival crezca y se convierta en uno de los más grandes del cine de género en el país.

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Valentina junto al director de “Trauma”

¿Cómo hacen para elegir los programas?
VL: Este año fuimos tres los encargados de la selección de cortos, nos parece muy importante la heterogeneidad ya que somos un grupo muy diverso. Respecto a los largometrajes, hoy nos importa mostrar lo que se hace tanto con películas subsidiadas por el Estado como con películas independientes, porque el género tiene poco desarrollo. También vamos siguiendo otros festivales para descubrir películas y después comunicarnos con los realizadores para poder traerlas a nuestro festival. Tenemos como objetivo apoyar al cine latinoamericano, que es el que necesita más impulso, por lo que también tenemos el criterio de dar prioridad a las producciones locales y regionales, que además se acercan más a nuestras realidades y lo que nosotros podemos llegar a hacer.

¿Qué se puede encontrar el espectador en un día del festival?
VL: Se pueden encontrar con una gran variedad de propuestas, con variedad de estilos y formas narrativas aunque siempre hay un enfoque porque queremos privilegiar la calidad, pero el sello del festival es la heterogeneidad que ofrece. Es importante destacar además la gratuidad del festival, porque verdaderamente no tenemos presupuesto y queremos sostenerlo desde ese lugar aunque este año tuvimos que poner una entrada simbólica de 30 pesos, que tampoco es un ingreso para la organización.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 4 octubre, 2018 at 1:23  Dejar un comentario