La Sentencia

Fragmentos vivos de la historia

thumbnail_asesinos

Guillermo Iparraguirre habla de “La sentencia”, filme sobre el histórico juicio de La Perla que se estrena mañana en la ciudad

La justicia argentina registra muchas jornadas históricas, pero pocas como la del 25 de agosto de 2017. Ese día, el Tribunal Federal Número 1 de Córdoba, a través de su presidente Jaime Díaz Gavier, cerró el proceso más grande de nuestra era jurídica con la sentencia a prisión perpetua para 28 acusados de los terribles crímenes de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de detención La Perla, Campo la Ribera y D2, durante la última dictadura cívico-militar.

Fue el punto culmine de una lucha popular que trascendió largamente a las víctimas directas de aquellos acontecimientos atroces, cuyos padecimientos jamás encontrarán sosiego pero al menos pudieron convertirse en reivindicaciones colectivas que transformaron para siempre a nuestra sociedad. No es un logro menor: nadie puede ya reivindicar alegremente en nuestro país a la dictadura militar sin obviar el peso de la condena social sobre sus crímenes, algo que debemos a la inclaudicable lucha pacífica de los organismos de derechos humanos que decantaron en los históricos juicios por la verdad.

El Centro de Producción e Investigación en Comunicación (Cepic), de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UNC, decidió intervenir en la historia viva. Con un equipo de casi 30 colaboradores, entre profesionales, docentes y estudiantes, decidió registrar ese acontecimiento desde el punto de vista de seis de sus protagonistas, personas centrales del proceso judicial: el juez Diaz Gavier, el fiscal Facundo Trotta, la defensora oficial Natalia Bazán, el un cronista de los SRT Jorge Vasallo, la madre de un desaparecido Emilia Villares de Dambra y la sobreviviente Liliana Callizo.

El resultado es “La Sentencia”, filme dirigido por el propio conductor del Cepic, Guillermo Iparraguirre, que se estrenará hoy miércoles, a las 19:30 horas, en la Sala de las Américas del Pabellón Argentina (Ciudad Universitaria s/n). Aquí, este profesor histórico de la Facultad de Comunicaciones, que no tiene relación alguna con el cronista, narra los pormenores de esta empresa.

Back La Sentencia 01

 

MI: ¿Por qué apostaron al cine para registrar esa jornada histórica?

Guillermo Iparraguirre (GI): Desde el Cepic, trabajamos con la consigna de generar contenidos audiovisuales a través de diferentes equipos mixtos, con docentes, egresados, estudiantes y no docentes de la universidad. También hacemos coproducciones con otras entidades como los SRT: en este caso, con el co-guionista Waldo Cebrero y Martín Notarfrancesco, comenzamos a pensar la posibilidad de hacer un informe sobre la sentencia del juicio a La Perla. Pero cuando empezamos a pensar en hacer una crónica de personajes que estuvieran directamente relacionados al juicio, nos dimos cuenta de que las posibilidades desbordaban absolutamente el marco de una nota periodística, y que nos interesaba trabajarlo más profundamente como relato, entonces entendimos que acá teníamos una película. El cine nos aportaba mayores dimensiones para desarrollar, sobre todo nos daba la cuestión del tiempo: en el cine no estás atado a la inmediatez como en un informe periodístico.

MI: ¿Cómo buscaron contextualizar el juicio?

GI: Nosotros teníamos que pensar un público con distintos niveles de información, por las diferencias inter-generacionales que ya existen en nuestro propio país pero también por la posibilidad de que la película se vea en el exterior. Entonces, nos pareció oportuno contextualizar el proceso para entender de dónde viene la sentencia, que es el centro del relato audiovisual, y por hizo hicimos una pequeña síntesis para presentar a los personajes en el inicio del filme. La incorporación de los medios de información tiene que ver además con un recurso narrativo que nos permitía incorporar información dura en un tipo de relato que no tiene un narrador en off, donde no hay entrevistas a cámara, y donde las coberturas periodísticas -sobre todo de la radio- nos servían para presentar esa información que considerábamos relevante.

MI: ¿Cuáles fueron los objetivos que se plantearon?

GI: Hay dos objetivos que nos interesaban. Uno, vinculado a la esencia de los juicios de lesa humanidad, que convierte a este episodio jurídico en un acontecimiento político, cultural y social inédito en todo el mundo, que es el Estado juzgándose a sí mismo. Todos los otros juicios de lesa humanidad fueron llevados a cabo por cortes internacionales, no por el propio Estado de los genocidas que están en el banquillo de los acusados.

Por otro lado, como Waldo había cronicado como periodista varias de las audiencias del juicio, había percibido que en todo ese mundo había un montón de intersticios, de pequeños lugares, que no tenían lugar en las crónicas periodísticas. Espacios que estaban muy buenos porque tenían que ver con la dimensión subjetiva, humana, más personal de los protagonistas del proceso judicial.

MI: ¿Cómo fue la elección de los personajes?

GI: La principal razón fue porque entendemos que en un proceso jurídico está representada la sociedad toda pero también muchas de sus partes: el juez representa al Estado, el Ministerio Público Fiscal a la sociedad, la abogada defensora a los imputados; y después nos parecía muy importante darle un lugar a las víctimas, porque no son víctimas de cualquier delito sino de delitos de lesa humanidad, algo que toda la jurisprudencia del mundo cataloga como el delito mayor que se le puede hacer al ser humano.

Equipo técncio La Sentencia

MI: ¿Por qué decidieron filmar sin ninguna intervención de su parte?

GI: Tiene que ver con cuestiones objetivas relacionadas al acontecimiento que íbamos a filmar pero también subjetivas, ya que desde la gráfica Waldo siempre desarrolló la crónica como estilo narrativo, es un cronista espectacular. Pero además, a mí siempre me gustó dentro del cine documental el “cine directo”, por lo que ambas corrientes narrativas confluían perfectamente. Además, la forma del relato tenía que ver con la crónica misma ya que se trataba de seguir cronológicamente lo que le pasa a cada uno de los personajes en ese día, hasta que se anuncia la sentencia. Entonces, desde lo audiovisual y desde la formación de cada uno, nos parecía que el formato de crónica y cine directo eran los pertinentes.

MI: ¿Cómo fue el registro de esa jornada histórica?

GI: En general, en una película tenés todo organizado y bien planificado, el director y su asistente de dirección y demás colaboradores tienen todo el tiempo para discutir y ensayar cómo va a ser cada toma. Aquí no teníamos nada de eso, sino que teníamos siete equipos de rodaje que iban a trabajar simultáneamente sobre la realidad misma. Entonces, decidimos trabajar a partir de conceptos, como “vamos a hacer cine directo, vamos a tratar de interferir lo menos posible en los acontecimientos, vamos a tratar de no molestar a los personajes”. Los camarógrafos tenían además la dificultad de trabajar con lentes de 50 mm, que tienen poca profundidad de campo, pero lo mismo fueron a filmar con la consigna de dejar que los personajes desarrollen sus acciones, aunque se salieran del plano y quedaran fuera de foco, no tenían que romper esa continuidad. Nosotros habíamos hecho además una investigación previa para conocer la rutina de los personajes, entonces sabíamos que había ciertos detalles de cada uno que eran importantes tener en cuenta para registrar. Por ejemplo, sabíamos que Natalia Bazán se ponía nerviosa frente a la cámara, y eso se nota porque el camarógrafo buscó los detalles que lo muestran.

MI: ¿Cómo se posicionaron frente al relato?

GI: La crónica es un tipo de relato donde la subjetividad del narrador no está ausente, sino que se filtra en los intersticios del relato. Y yo quería que desde lo audiovisual también pasara. Si bien el cine directo pregona este concepto de la “mosca en la pared”, donde la cámara es un elemento casi invisible para los protagonistas, no queríamos que nuestra mirada de autor fuera invisible, que pasara desapercibida. Para esto, buscamos elementos visuales que nos permitieran filtrar nuestra mirada. Entonces, hay dos elementos antagónicos: por un lado, los planos del dron que no están puestos solamente en el momento de la sentencia sino también en registrar la ciudad. Y por otro, los planos detalle de la mirada de los personajes, que son momentos que se abstraen de ese relato cronológico. Además, pusimos la voz en off de relatos de los propios protagonistas como si fueran pensamientos de los personajes, como reflexiones abstractas y atemporales de ellos. Entonces, frente a ese relato cronológico y casi en directo de los hechos, fue como meterle quiebres para decir “acá estamos nosotros”.

MI: ¿Qué crees que la película refleja sobre este hecho histórico?

GI: Del juicio propiamente dicho, hicimos mucho hincapié en por qué es importante que el Estado juzgue estos crímenes de lesa humanidad. El juez Diaz Gravier lo sintetiza en una frase cuando dice “el Estado debe ser mejor que las partes que lo integran”. Hay otra parte del alegado del fiscal (Trotta) que me parece muy importante, cuando al finalizar sus argumentos pregunta “hasta cuándo vamos a seguir haciendo estos juicios? Hasta que se encuentre al último desaparecido”, se responde. Mientras los delitos persistan, el Estado tiene la obligación de seguir investigando.

Otro elemento que nos parecía importante destacar, está relacionado a un texto que escribió un amigo mío, que tiene un abuelo desaparecido, cuando murió Luciano Benjamín Menéndez. En ese texto, él decía que la diferencia entre su abuelo y Menéndez, es que Menéndez había contado con todas las posibilidades que da un Estado de Derecho, es decir que había tenido un juicio, abogados defensores, había podido ejercer su defensa, mientras que a su abuelo lo asesinaron y lo tiraron a un pozo. Esa gran diferencia es lo que queríamos mostrar. Por eso es muy importante la abogada defensora, que es una defensora pública a quien le toca defender a personas con las que es altamente probable -de hecho es así- que no comparta su posicionamiento ideológico. Pero tiene que garantizar que sea un proceso justo, que se realice bajo las normas de la justicia argentina.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2018

Más información en: http://www.hoydia.com.ar/agenda-cultural-hdc/arte-para-no-perder-la-memoria

Anuncios
Published in: on 21 marzo, 2018 at 16:59  Dejar un comentario  

Semana Mundial de la Cinefilia

El conocimiento como deseo

primerasemana

La revista “La vida útil” realizará la primera “Semana Mundial de la Cinefilia” en el Cineclub Municipal Hugo del Carril

La palabra “cinefilia” suena anacrónica para estos tiempos de instantaneidad neurótica en el consumo audiovisual, donde la distribución serial de contenidos on-line amenaza con modificar radicalmente nuestra relación con el cine, por tanto también nuestros vínculos posibles con el mundo. Pero es justo por esta circunstancia que urge reivindicar esta práctica añeja definida por la pasión desbordante que sus portadores sienten por el cine y la posibilidad de compartirlo con otros, sin más interés que entenderlo mejor y experimentarlo en todas sus formas posibles.

La revista de cine “La vida útil” (flamante fusión de la publicación cordobesa “Cinéfilo” con su par porteña “Las pistas”) ha organizado la “Semana Mundial de la Cinefilia” como carta de presentación en nuestra ciudad, con el objetivo de recrear esa experiencia única donde una comunidad se organiza exclusivamente para vivir en torno al cine. Durante cuatro días, desde mañana y hasta el domingo, cuatro equipos de programadores de Buenos Aires, Córdoba, Rosario y Mar del Plata (ver programa al final del texto) se medirán en un torneo imaginario en el Cineclub Municipal Hugo del Carril con la proyección de programas dobles y el debate con el público presente de textos fundamentales de la historia del cine.

La propuesta no podría ser más acertada: si hay algo que caracteriza a la cinefilia es la contemplación del pensamiento como objeto irresistible de deseo y de placer. Como explican Ramiro Sonzini y Martín Emilio Campos, sus organizadores, la Semana de la Cinefilia está precisamente organizada en torno a la discusión sobre el cine, sin ningún tipo de snobismo ni altivez, sino con la simple esperanza de recrear el hermoso momento en que el pensamiento colectivo hace emerger nuevas ideas y relaciones con las películas que amamos.

MI: ¿Qué concepto de cinefilia sostienen en el encuentro?

Ramiro Sonzini (RS): El concepto a partir del cual entendemos la cinefilia tiene que ver con defender una práctica de ver películas acompañados de mucha gente, lo que permite discutirlas y entenderlas colectivamente. En última instancia, para mí es una forma de producir conocimiento, no académico ni institucionalizado, tal vez media caótica y desorganizada, pero entendiendo que el cine es un espacio adónde uno puede ir a aprender cosas sobre el mundo. Para mí, la cinefilia es una forma de relacionarse con el cine que está determinada por el placer y por el conocimiento.

Martín Emilio Campos (MEC): La idea básica es tomar a la cinefilia desde su concepción más general, amor al cine. Creo que hay un componente generoso en esta práctica que es la de compartir el placer que sentimos por ver películas pero también por compartirlas con otros. Si fuera simplemente ver una película que nos gusta y esa experiencia quedara ahí, sería algo que no produce frutos. Para nosotros, el placer está en poder compartir esa cinefilia, y de hecho por eso comenzamos a programar en los espacios que hoy tenemos. A nuestros invitados, les dimos la libertad de elegir cualquier película que quisieran porque imaginamos que ellos también deben sentir ese placer por mostrar lo que a ellos les genera disfrute y les parece interesante y digno de reflexión. Siempre pensamos que el momento de tomar cerveza después de la proyección, hablando de las películas, es el momento clave donde se produce lo verdaderamente valioso de pensar y vivir el cine.

MI: De alguna manera, la propuesta busca celebrar el pensamiento sobre el cine…

MEC: En cierto punto, lo que estamos recreando es lo que más nos gusta hacer en los festivales de cine que es juntarnos con amigos a ver películas y después hablar de ellas. Entonces, la idea fue invitar a gente que no vemos habitualmente, que quizás nos cruzamos en festivales, pero con las cuáles disfrutamos mucho de hablar sobre el cine.

RS: A la hora de elegir a la gente que queríamos invitar, no pensamos tanto en que piensen como nosotros, sino que tengan una relación con el cine parecida a nosotros: es decir, no nos importa que les gusten las mismas películas, sino que les guste ver películas como a nosotros. Hay una cosa medio obsesiva en la cinefilia con la construcción de listas, con conocer cosas nuevas o raras, y con el placer por compartirlas. Yo creo que toda la gente que traemos son cinéfilos en el mismo sentido en que nosotros lo somos: son tipos que les gusta ver muchas películas y tienen un cierto placer por la erudicción y por compartir eso con otros.

Cineclub municipal}

MI: Hay una decisión poco frecuente en programar también textos sobre cine para el gran público…

RS: Cuando estábamos armando la idea, saltaba muy rápidamente que así como uno se forma viendo películas, también se forma leyendo textos sobre el cine. Hay un punto en el que hay un corpus de texto de base para cualquier persona que ha estudiado cine que es como una especie de lenguaje común. Y a partir de cierto momento, uno empieza a crecer y a profundizar intereses, empieza a elegir otras cosas. Entonces, de repente te encontrás con personas que son distintas, que tienen otra lecturas y visionados, y tenés la posibilidad de conocer cosas nuevas. En algún punto, en la cinefilia, los textos -no sólo los cinematográficos- funcionan como las películas, son también objetos de deseo. Entonces, nos parecía que había que poder articular las películas con las palabras, pero también con los textos.

MC: Toda la gente que terminamos invitando a programar también escribe sobre cine, ejerce la crítica de cine. Entonces, el hecho de elegir textos, es pedirle a esa gente que ha pensado mucho en cómo se escribe sobre cine y desde qué lugar lo hace, que viene de tradiciones distintas a la nuestra, que nos muestren también sus ideas y sus tradiciones. Es una forma más de ir aprendiendo desde dónde se lee y desde dónde se ve cine en otros lugares.

También quiero decir que siempre que hemos programado películas u organizado cualquier actividad en torno al cine hemos pensado en un espectador normal, que cualquier persona podría disfrutar. Nunca pensamos el cine desde un lugar snob o un espacio que puede ser apreciado desde un nivel superior: todas las películas que pasamos en el ciclo y todos los textos de los que se hablarán, pueden tener interés en un ciudadano común. El cine es algo que está intrínsecamente ligado a nuestra vida cotidiana, y el hecho de que se hayan establecido diferencias tan categóricas entre cine que se ve y disfruta y otro cine que no se ve o disfruta porque es “lento” o por alguno de todos esos prejuicios que existen, resulta absolutamente falso. Y nosotros hemos dejado siempre todos estos prejuicios fuera de nuestra programación, porque sería apuntar a lo fácil y obvio, y en cierto punto sería desmerecer al espectador, como si lo consideráramos no apto para cierto círculo exclusivo. Yo apunto a que este evento, como a todos los que organizamos, pueda venir cualquier persona que estoy seguro la va a pasar bien.

RS: De hecho, más de la mitad de las películas que quedaron programadas son películas que responden a esa idea media demagógica que es la de “películas para todo el público”, porque hay películas de acción y hay comedias… hay mucho tiro y muchos chistes.

MI: ¿Por qué eligieron pasar programas dobles?

RS: Porque nos parecía que el hecho de tener que articular dos películas implicaba una parte central de la cinefilia que es pensar el cine por fuera de una unidad cerrada que es una película o un autor, y poner a las películas en relación con otras películas. Esa es una parte importante de la cinefilia, que implica armar mapas, hacer listas, articular relaciones entre las películas.

MI: Ustedes se reservaron las películas de Trasnoche…

MC: Es parte de la idea de recrear un minifestival, porque muchas de las funciones que disfrutamos de los festivales son las previas a la caravana de la medianoche, que son películas que nos generan muchísima alegría. La Semana de la Cinefilia propone un programa que es intensivo para el público y la película de trasnoche busca justamente promover cierta distención para que se convierta en una buena previa para avanzar a la cuarta actividad del programa, que es la de ir al “meeting point” a discutir de forma mucho más laxa todo lo que estuvimos viendo en estos días.

RS: Las funciones de Trasnoche son el momento para pasar cine de género, un cine desprotegido intelectualmente, un cine más plebeyo o bastardo, y nosotros en “Cinéfilo” hace un tiempo que venimos intentando entrar a esa zona del cine porque creemos que ahí hay cosas muy interesantes. Es muy fácil seguir el camino institucional de la cinefilia que es conocer a los autores más importantes de cada década, ver todas sus películas y pasar a la siguiente, algo que está bien y funciona. Pero en los costados de eso hay un montón de cosas que están más tapadas, y meterte ahí permite encontrarte con grandes sorpresas. Y eso tiene mucho que ver con la cinefilia: el deseo casi neurótico de descubrir cosas, algo que está asociado a una idea medio rara de que cuando descubrís algo es tuyo.

MI: ¿Cuál es la relación con la Semana de la Crítica de 2010?

RS: Claramente, esta experiencia está inspirada en la Semana de la Crítica organizada por Roger Koza en 2010. Lo que a nosotros nos pasó con la Semana de la Crítica fue muy zarpado, porque fue un evento que todos esperamos porque venía Jonathan Rosenbaum, pero en esos tres o cuatro días que duró, se armó como una especie de sistema de pensamiento que funcionó al palo durante ese tiempo y que en muchos de nosotros dejó un sedimento que estuvo años dando vueltas. De repente, se produjeron discusiones e ideas en torno al cine durante esos tres días que construyeron una base para mucha gente de aquí que le permitió pensar cosas durante mucho tiempo. Yo ahí conocí “La noche de la encrucijada” (1932, de Jean Renoir), y ahí escuché hablar por primera vez de Manny Farber, y son cosas que hasta el día de hoy siguen apareciendo. Hace unos días escribí un texto para el blog de Roger donde hablo del taller que dió Quintín en ese evento sobre Farber, ocho o nueve años después.

Para mí, no obstante, hay una diferencia porque en la Semana de la Crítica había como una voluntad de trabajar sobre la idea de la institución crítica con cierta seriedad. De hecho, había un par de mesas que giraban en torno a problematizar el trabajo del crítico o la imposibilidad de ser un crítico profesional. Aquí hay algo que a mí me gustaría conservar que tiene que ver con una aproximación completamente amateur a la cosa, está totalmente prohibido el “cinéfilo profesional”. Hay un punto en que la idea es juntarse a perder tiempo por decirlo de algún modo, que la Semana de la Cinefilia sea un lugar adonde uno no va a producir algo o a ganar algo, sino a hacer ocio no productivo. Porque me parece que desarmar la lógica de productividad en este tipo de eventos como son los festivales, te permite encarar y pensar el cine desde una óptica un poco más coherente con la forma en que la cinefilia surge, porque siempre hay algo anti-económico en la cinefilia. Para mí, es tratar de reproducir las condiciones para que ese espíritu de fondo que surgió en la Semana de la Crítica, de un grupo emocionado con pensar algo juntos, se produzca. Esa es la apuesta. Estaría buenísimo que haya 80 tipos todos los días, pero si somos diez y pasa eso, yo me siento realizado. De hecho, la idea es que de toda la Semana… se produzca un número especial de la revista que queremos imprimir en papel, y que las Semanas de la Cinefilia vayan quedando materializadas en un catálogo a posteriori.

MI: ¿Cómo fue el tema de la programación?

MEC: Nosotros dimos una libertad absoluta a los equipos programadores porque están formados por gente que admiramos y en cuyo criterio confiamos, pero el resultado podría haber sido una decepción, aunque siempre hubiera sido una situación interesante de ver por qué alguno de estos invitados programa “Amelie”, por pensar un ejemplo absurdo. Pero afortunadamente, no ocurrió nada de eso, hay una programación variada y estimulante en la que encima hay varias películas que no conocemos.

RS: Yo estoy desesperado porque comience la semana porque me parece que quedó un Frankenstein impresionante. ¿Qué va a salir de ahí? Me da mucha curiosidad.

MEC: Si, porque tampoco sabemos cómo se manejará cada uno de los expositores, cómo se relacionará con el público en el diálogo abierto posterior a las proyecciones o en las charlas sobre los textos que eligieron, porque si por un lado tenemos al Alejandro Cozza y Ezequiel Salinas que tienen experiencias en estos eventos y conocen al Cineclub y a su público, por otro están los invitados de Buenos Aires o Mar del Plata que no conoce nada de acá. Entonces, es algo que no podemos del todo prever.

RS: En ese sentido, hay algo experimental en todo esto, porque no sabemos muy bien qué es lo que va a pasar porque no programamos ni elegimos las películas, ni conocemos cómo se comportarán los invitados ante esta situación. Lo que sí sabemos es que queremos que esto se repita todos los años y se convierta en el mejor evento cinematográfico del mundo (risas). Realmente, para mí hay algo muy interesante en la idea de que todos los años sea una incógnita la Semana de la Cinefilia, porque no es que cada año vamos a ir aceitando los mecanismos y logrando una normalidad estándar, que es lo que le sucede un poco a los festivales. Acá se arma una bolsa de películas que pueden ser geniales o todo lo contrario, y gente que se van a sentar a hablar una hora con el público, y no sabés lo que puede pasar ahí. Esto es parte del encanto. De todas formas, siempre tenemos el back up que son las películas: si el público no se copa con las charlas del día, siempre va a tener películas impresionantes para ver.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2018

 

Los programadores

Los invitados a programar en esta edición son: Alejandro Cozza y Ezequiel Salinas (programadores de los cineclubes Pasión de los Fuertes y La Quimera), Malena Solarz y Nicolás Zukerfeld (cineastas, “Revista de Cine”), José Miccio y Marcos Vieytes (revista “Calanda”) y Lautaro García Candela y Lucas Granero (“La vida útil”, ex “Las Pistas”).

 

La programación estará compuesta por tres secciones:

-Desde las 15:15 cada equipo (uno por día) presentará un texto que considere fundamental para la cinefilia, y sobre el cuál darán una charla.

-Desde las 17:30, cada equipo (uno por día) proyectará un programa doble de películas, que luego serán debatidas al final la proyección.

-Desde las 22 habrá una función distendida de Trasnoche, con una película elegida por los organizadores del evento.

La programación completa se puede ver en www.lavidautil.net.

Todas las actividades se llevarán a cabo en el Auditorio Fahrenheit del Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49), coorganizador del evento.

 

Los precios son:

Actividad  de las 15:15, gratuita.

Actividades de las 17:30 y 22 a 45 pesos.

Abono por todas las actividades del día a 60 pesos.

Abono por todo el evento (cuatro días de funciones) a 200 pesos.

 

Published in: on 1 marzo, 2018 at 1:41  Dejar un comentario