Festival de Mar del Plata 2017

Identidad confirmada

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“Wajib”

La 32 edición del encuentro culminó con un balance optimista porque supo mantener la calidad en la programación de los últimos años

El Festival Internacional de Cine de Mar del Plata cerró finalmente su 32 edición con un balance positivo, fundado en el sostenimiento de una política de programación que se obstina en presentar una síntesis amplia de la temporada festivalera mundial, que incluya apuestas por talentos desconocidos, más que en las novedades que pudo traer la flamante dirección artística asumida por Peter Scarlet. Si la autoimpuesta misión del especialista norteamericano era “reposicionar al festival en el mundo”, su primera edición fue exitosa precisamente por respetar la historia reciente del festival: competencias sólidas aún con los bemoles que pueda tener cada cual –este año, la más interesante fue la Latinoamericana–, junto a una programación que aspire a captar las novedades importantes tanto de los maestros contemporáneos como de nuevas promesas, y retrospectivas que revaloricen a directores poco conocidos por el público general (si bien se extrañaron las proyecciones en 35 milímetros de películas mudas con musicalización en vivo, que promovía Fernando Martín Peña).

Con la tragedia del Ara San Juan de fondo, más un clima dominado por el frío y la lluvia en la mayor parte de sus nueve días, el festival tuvo poco espacio para el glamur que prometía la suntuosa alfombra roja tendida al frente del edificio del Auditorio Astor Piazzola: ni siquiera estuvo la típica ceremonia de clausura para saciar las fantasías de encuentro con la farándula internacional que había despertado la nueva gestión del festival, ya que la fiesta se restringió ante las noticias del submarino perdido.

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“Baronesa”

Pese a todo, la calidad del encuentro no quedó reflejada en el palmarés final, que por lo menos en la Competencia Internacional terminó dejando sin reconocimiento a sus mejores obras. El Astor de Oro, principal galardón del encuentro, fue así para la película palestina “Wajib”, dirigida por Annemarie Jacir, que en un tono costumbrista narra el reencuentro de un hombre con su hijo como forma de denuncia de las condiciones de vida en aquél país. Protagonizada por Mohammed Bakri, que se quedó también con el Astor al Mejor Actor del certamen, el filme elabora en efecto una crítica política de la región desde la perspectiva de este padre recientemente divorciado que recibe a su hijo arquitecto, quien llega desde Italia luego de años de vivir en el extranjero.

Quizás el hecho de que Jacir sea la primera mujer palestina en estrenar películas haya influido en el jurado integrado entre otros por las actrices Érica Rivas y Catalina Sandino Moreno (en reemplazo del estadounidense Kenneth Lonergan, que a último momento se ausentó del encuentro), y los críticos Edouard Waintrop y Boyd van Hoeij, entre otros, ya que la perspectiva política fue mucho más interesante en filmes como “A fábrica de nada”, del portugués Pedro Phino –que narra el proceso de apropiación de una fábrica quebrada por parte de sus obreros–, o la alemana “Western”, que sólo mereció el Astor al Mejor Director para Valeska Grisebach, a pesar de constituir un fulminante retrato de las diferencias y resentimientos políticos existentes en el interior de Europa a partir de la interacción que propone entre un grupo de obreros alemanes y los pobladores de un pueblito de Bulgaria, donde los primeros se encuentran trabajando.

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“Western”

El Mejor Guión fue a su vez para el coreano Kim Dae-Hwan por “The First Lap”, una historia más bien intrascendente de una pareja de jóvenes coreanos tironeados por mandatos familiares y sociales. El Premio Especial del Jurado fue para la película portorriqueña “El silencio del viento”, de Álvaro Aponte Centeno, un drama sobre inmigrantes ilegales que escapan desde República Dominicana hacia Puerto Rico, mientras que la estatuilla a la Mejor Actriz fue para la noruega Eli Harboe, protagonista de “Thelma”, de Joachim Trier, que según las reseñas “aborda el oscuro drama de una adolescente que detenta un poder mental sobrenatural”.

Distinto fue el panorama en la Competencia Latinoamericana, donde este año hubo un buen nivel general. El premio a la Mejor Película fue ex-aqueo para “Cocote”, del dominicano Nelson Carlo de los Santos Arias, y “Baronesa”, de la brasileña Juliana Antunes, dos de las mejores películas del festival, mientras que la Mención Especial del Jurado quedó para “La telenovela errante”, la disparatada y gozosa película del fallecido Raúl Ruiz, que terminó su viuda y montajista Valeria Sarmiento.

La Competencia Argentina mostró, como de costumbre, un nivel desparejo pero con una importante variedad de estéticas, donde el premio a Mejor Película quedó para “El azote”, de José Celestino Campusano, que aunque no está entre sus mejores obras mantiene su proverbial fuerza narrativa y agudeza política para representar el drama de un asistente social de Bariloche, que ayuda a estudiantes adolescentes ante un oscuro entramado de corrupción, pobreza, drogas y abusos de poder de fondo. A su vez, el premio al Mejor Cortometraje Argentino fue para “Y ahora elogiemos las películas”, de Nicolás Zukerfeld, que además compartió el Premio del Fondo Nacional de las Artes con “En la sorprendente era de la comunicación”, de Augusto González Polo, mientras que el Premio Work in Progress fue para el proyecto “Hebreos 13:2”, de Fernando Domínguez.

Del ámbito local, a su vez, hay que destacar el estreno de “Córdoba, sinfonía urbana”, filme colectivo sobre nuestra ciudad realizado en un taller cinematográfico coordinado por Germán Scelso, que se proyectó en la sección “Panorama de Cine Argentino”.

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“Soldado”

El Premio a la Trayectoria fue para la actriz británica Vanessa Redgrave, acaso la principal visita de Mar del Plata, donde presentó “Sea Sorrow”, su primera película como directora filmada a los 80 años, mientras que entre los premios paralelos no oficiales se destacan el de la Asociación de Directores de Cine (DAC) para “Estoy acá”, documental de Juan Manuel Bramuglia y Esteban Tabacznik sobre inmigrantes senegaleses que viven en la Argentina; el de la Asociación de Cronistas Cinematográficos para “Wajib”, de la citada Jacir, con una mención especial para “El silencio del viento”; y el de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (Fipresci) para “Soldado”, de Manuel Abramovich, una de las mejores películas argentinas del certamen, que por ello mismo merecía mejor suerte.

Más allá del palmarés final, que suele significar una pobre síntesis de la propuesta real de un festival, la edición 2017 de Mar del Plata dejó la esperanza viva de que se mantenga una tradición que supo colocar al encuentro de la ciudad feliz entre los más interesantes de la región, a pesar de los recortes presupuestarios y los cambios en su dirección artística. Las retrospectivas del serbio Zelmir Zilnik y del español Ado Arrietta, acompañadas con entusiasmo por ambos directores en cada función, la presencia de nombres como Raymond Depardon (“12 días”), Frederick Wiseman (Ex Libris – New York public library”), Hong Sang-soo (“La cámara de Claire” y “El día después”), Jean-Luc Godard (“Ascenso y caída de una pequeña compañía cinematográfica”), Richard Linklater (“Last Flag Flying”), Takeshi Kitano (“Outrage: Coda”) y Agnés Varda (“Visages Villages”) a través de sus películas, más los descubrimientos ya reseñados, ratifican que el festival sigue siendo un espacio donde el cine mundial atestigua su estado presente, donde se pueden otear tendencias y ampliar el horizonte de la mirada, aunque en los cambios se haya perdido cierta perspectiva histórica que resiente su dimensión pedagógica. No es poco en medio del desguace general practicado por la administración Cambiemos, aunque queda por ver si estas ilusiones se confirmar en el futuro próximo del festival, cuando la nueva gestión pueda desplegar verdaderamente todas sus cartas.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 27 noviembre, 2017 at 2:33  Dejar un comentario  

Entrevista a Rosendo Ruiz y Alejandro Cozza

La otra mirada

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Rosendo Ruiz y Alejandro Cozza estrenan su nueva película taller, donde despliegan una visión distinta de las sierras de Córdoba

Las películas taller se han convertido en la principal vía de producción para Rosendo Ruiz, un director que cada año parece más prolífico: este jueves estrenará “Camping” en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, mientras su proyecto “Tunga” –el más ambicioso de todos porque se propone narrar, en clave de policial negro, un episodio central en la vida de Carlos “La Mona” Jimenez–, participa del “Lobolab” en el 32 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, un espacio donde productores de todo el mundo se encuentran con promesas argentinas. Siempre junto al crítico, docente y programador Alejandro Cozza, sea como codirector (“Camping”) o como coguionista (“Tunga”), y su esposa Inés Moyano como incansable productora, Ruiz se encuentra cerrando también los últimos detalles de “Casa propia” –su nueva obra en soledad que aspira a estrenar en mayo–, editando otra película aún sin título ya filmada con el colegio Zorrilla y preparándose para un rodaje en diciembre con niños de 11 años, que intentará filmar un viaje en el tiempo al Medioevo.

No se trata tan sólo de una estrategia productiva, como señalan tanto Ruiz como Cozza en la siguiente entrevista, donde insisten en adjudicarse la paternidad de “Camping” aunque se trate de una obra filmada de manera colectiva con la participación de una veintena de estudiantes sin experiencia previa en todas las áreas. Es que finalmente su mirada como profesores y directores se termina colando también aquí, tanto en la construcción de una estética como en la definición de la historia, que tiene distintas dimensiones políticas.

Como muchas otras películas cordobesas, “Camping” transcurre en las sierras pero su mirada sobre esa geografía dista de ser bucólica o ingenua. Propone de hecho la historia de una decepción, en la que su joven protagonista se chocará de frente con el barro de la realidad en un viaje que emprende para cumplir con el último deseo de su madre, donar unos terrenos de las sierras a quienes regentean ese espacio vacacional. Un ajuste de cuentas que, además, virará de cierto romanticismo amoroso a un suspenso más propio de un thriller clásico, y donde los negocios de los desarrollistas urbanos cordobeses tendrán la última palabra. Cualquier parecido con la realidad no es casualidad.

 

MI: ¿Cómo funcionan esta dinámica de trabajo?

 

Rosendo Ruiz (RR): Lo primero que hay que aclarar es que con el Ale somos los directores de la película. Con él venimos trabajando juntos desde “De Caravana”, ya que ambos escribimos el guión técnico de esa película, y después seguimos trabajando juntos en “Tres D” y “Todo el tiempo del mundo”, entre otras. Con las películas taller hemos encontrado una dinámica en la que podemos trabajar juntos dirigiendo a un grupo de gente, como en “El Deportivo”, “Camping” y “El último cuadro de Luz Belmondo”, donde nos vamos rotando en los roles de dirección pero siempre con una dinámica de laburo piola.

 

Alejandro Cozza (AC): Sí, tenemos la facilidad de que nos ponemos de acuerdo en dos o tres palabras, gracias a una confianza en que cuando decimos “vamos” es vamos y punto. Después, vamos viendo qué cosas nos gustan, qué funciona y qué no, qué más o qué menos, pero siempre partiendo de esa confianza inicial en la determinación de nuestro proyecto. Por otro lado, la dinámica de los talleres películas es particular y distinta a otros rodajes como “Tunga” o “De Caravana”. Es algo que nos gusta mucho, que venimos sosteniendo durante tres años seguidos porque lo disfrutamos mucho, pero no son películas de director: nosotros coordinamos un equipo de trabajo donde surgen un montón de ideas y lo que surge es la creatividad del conjunto, si bien nosotros tomamos decisiones y dejamos afuera cosas que no nos gustan. Somos como catalizadores de un montón de ideas que van surgiendo de toda la gente, porque son 20 personas opinando y tirando ideas. Hoy decíamos que estas películas eran como un Frankestein en donde en algún momento nosotros tenemos que tomar decisiones porque ese Frankestein  finalmente tiene que caminar.

 

RR: Pasa también que por muy coletivo que sea, en el cine hay un momento en que hay verticalidad. Y lo cierto es que por más que sean películas donde no hay un autor, o el autor sea colectivo, hay momentos en los que nos ponemos la gorra y empezamos a tomar decisiones. Con el Ale además nos complementamos muy bien en esa instancia, ya que por ahí él se ocupa más de decisiones sobre puesta de cámara y yo respecto a lo actoral, una división que también es relativa porque es una dinámica donde todo se mueve.

 

MI: ¿Cómo comparten LAS decisiones con el grupo? ¿Cuando es la instancia más colectiva del proceso?

 

AC: El momento más colectivo es el del guión literario, porque la gente llega al taller el primer día, tira 20 historias y vamos votando y quedándonos con las que nos van pareciendo más interesantes. Por eso, es relativa nuestra influencia porque creo que ninguno haríamos estas películas si las hubiéramos pensado solos. Esa es la diferencia con el autor, ya que yo nunca haría una película como “…Luz Belmondo” si la hiciera solo, no es un proyecto personal. Eso no quiere decir que no haya momentos donde hay que tomar decisiones y nos hagamos cargo de eso.

 

RR: Lo mismo quiero decir que por más que películas como “De Caravana” o “Tunga” fueron escritas por nosotros dos, siguen siendo una creación colectiva, porque cuando trabajo con los actores, o con el director de foto o con la directora de arte, ellos también aportan, suman, construyen su visión de la película. Entonces, si bien hay una impronta más fuerte cuando uno decide completamente la historia que quiere contar y en los talleres eso surge de procesos colectivos, siento que todas las películas son colectivas y al mismo tiempo personales. Yo creo que la gente se anota en estos talleres porque es una oportunidad para vernos trabajar a nosotros, como en un taller de oficio, donde se puede participar en el proceso de hacer una película con un nivel profesional porque hacemos un rodaje de verdad, con rigor de verdad: el que dice acción y corte somos el Ale y yo. No hacemos una asamblea toma por toma para decidir qué queda y qué no, en el rodaje nosotros decidimos.

 

AC: El amauterismo de mucha gente que trabaja en estos proyectos no hace una película amateur. Buscamos el mayor profesionalismo en la puesta y todas las dimensiones de la película.

 

MI: Pero al mismo tiempo los estudiantes están a cargo del rodaje y cuestiones técnicas…

 

RR: Sí, el trabajo técnico estuvo a cargo de los alumnos, gente que nunca había trabajado en estas cosas. Ya sea el trabajo de cámara, el sonido, la fotografía, la producción o el arte, estaba a cargo de los propios alumnos organizados en pequeños equipos para cada área.

 

AC: Por ejemplo, la que más gravitó en cámara fue la Male Catoni que ya había trabajado con nosotros en “El Deportivo”, pero en arte. Ahora se anotó para trabajar en el equipo de foto y fue la artífice de varios planos y decisiones de cámara.

 

RR: Male hizo también la posproducción de color y de imagen de la película, que fue filmada por una cámara de foto, la Canon 5D. Son películas híper económicas, pero lo importante es filmar, que podamos seguir filmando.

 

 

MI: ¿Cómo ven el resultado de “Camping”?

 

RR: A mí, “Camping” me gustó mucho, aunque en un momento no le tenía tanta fe, pero cuando vi el resultado final que encontramos, con la música y todo el trabajo de posproducción listo, me quede recontra conforme. Acá yo creo que priorizamos más el proceso que el resultado, y el proceso fue hermoso. Habla con cualquiera y están todos alucinados. Pero el resultado final me cierra mucho más porque creo que tiene todo lo que tiene que tener: contamos una historia, tiene conflictos, tiene giros inesperados, está prolija y bien filmada.

 

AC: A veces yo me pongo en el lugar de la crítica para ver las películas, sobre todo con una película como “Camping” que filmamos hace dos años entonces uno puede verla a la distancia. A mí también me gusta mucho porque creo que es una película bastante jugada en algunas decisiones, tiene un cambio de tono a la mitad que es tan fuerte que a veces decimos que parece dos películas en una, algo que es bastante jugado. Me parece que la película plantea un código propio y eso la hace muy especial. Entiendo que ese código tal vez no sea compartido o asimilado por todo el mundo y es válido, pero la apuesta está y desde este lugar de películas taller, me encanta que apostemos siempre, que no nos quedemos nunca en un lugar de conformidad y tratemos siempre de encontrar una forma y una manera de contar.

 

MI: Ese cambio de tono tiene que ver con una apuesta al thriller particular para un proyecto de estas características…

 

AC: Claro, esa parte de thriller está en los últimos 25/30 minutos. Antes, hay apenas algunas pistas de que la cosa puede ir por ahí, pero lo que se está contando es otra cosa. Y al final es como si se precipitaran todos estos elementos ya propios del thriller. Por otra parte, sí había una intención clara de no hacer nunca hincapié en la belleza de las sierras, sino que ese paisaje natural fuera siempre amenazante. Y debía tener algunos elementos sutiles para hacerlo, sin exagerar nada nunca porque la película siempre estuvo planteada desde cierto naturalismo, pero no iba a ser una visión bucólica de las sierras filmadas con lindos planos, no iba a ser ese paisaje turístico para irse a vivir o a pasar las vacaciones.

 

MI: ¿Cómo planteó entonces la filmación de la naturaleza?

 

RR: Para mí, responde a esto que dice Ale sobre la construcción de dos películas. Primero, una película más amable, clásica, contemplativa, que respeta cierta armonía de los personajes con el espacio y construye un tono romántico de reencuentro con un pasado compartido. Pero esos planos se van alterando a medida que va surgiendo el thriller, ya que comienzan a ser más cortos, con más ritmo y más edición, porque entonces la mirada sobre la naturaleza cambia, ya que está en función de estos dos momentos que tiene la película.

 

AC: Hay un lugar en donde sí nos entendemos mucho con Rosendo a la hora de plantear estas dinámicas de planos, donde ambos preferimos siempre los planos secuencia o abiertos donde se puede permitir que una dinámica actoral tenga lugar, y se genera una química del espacio con los personajes que está genial. Esa es una forma de contar que es muy de Rosendo pero que yo también entiendo y siento como propia.

 

MI: También hay un trayecto de transformación que vive el personaje….

 

AC: Yo acá me pongo bien cinéfilo y me hago cargo de una decisión en la que insistí mucho, que no se si estará del todo lograda pero sí me hago cargo de la intensión. La idea era que fuera una película “buñueliana”, en especial “Viridiana”: la monjita idealista que cree en la humanidad y atiende a los pobres hasta que la realidad se la come cruda y debe revisar todos los preceptos que tiene con respecto a esa realidad porque la materialidad, los vínculos, la economía son mucho más complejos que ese hipotético candor. Salvando las distancias, para mí en el guión siempre estaba esa intención, dar a entender que la protagonista, Sofía, era la asistente social que llegaba con toda la idea de hacer el bien a esa gente, sabiendo que viene de una familia de abogados jodida, con una cuestión económica y social heavy, pero que llega a esta familia más humilde creyendo que son un amor y la van a recibir con un gran abrazo porque viene a hacerles un favor y no, sucede otra cosa. Acá hay un juego que busca desmitificar lugares comunes y en definitiva, sin adelantar el final, quienes terminan ganando son quienes tienen el capital, quienes tienen el poder.

 

MI: ¿Qué balance final hacen de la película?

 

AC: A mí me parece que es una película que no va a ser tan fácil digerir, ya que propone una vuelta de tuerca a algunas ideas de género y también a algunas ideas sobre las sierras de Córdoba, que rompen con una cierta mirada bucólica. No es la típica película de Córdoba sobre las sierras y tampoco es la típica película de género. Pero además, apostamos a jugar con cierta dinámica de clases sociales, que me parece está un poco por debajo pero está: incluso, creo que la publicidad que pusimos en los títulos de créditos es clave. Si bien los conflictos dramáticos terminan antes, en los créditos se escucha la publicidad radial de un condominio, dando a entender que lo urbanístico va a terminar ganando por sobre todo lo demás, sean las disputas familiares o de clase, con lo que la película deja allí una lectura política bien clara. Es una película desencantada.

 

RR: Cuando terminamos una película, a mí me gusta compararla con el guión original. La película que había imaginado al principio era en un camping más feo, más oscuro y más pobre, pero después viene el encontronazo con la realidad y con lo posible. Encontramos este camping, y tuvimos que adaptarlo a esta realidad: yo sentí lazos con la película “Dogville”, de Lars Von Trier, porque es de una chica que llega con las mejores intenciones y se topa con toda la mugre que hay en esa comunidad. Esa película comienza de hecho con unas fotografías de una zona pobrísima con las que me imaginaba la primera “Camping”, donde los personajes eran más brutos, más elementales y era un lugar más tétrico. Después, conseguimos este lugar, el Camping Municipal San Martín, donde hicimos un gran trabajo de cámara para que no se note que estamos en la ciudad.

 

AC: Para mí es clave también el primer plano de la película, donde se ve un lugar alambrado: esa idea de las sierras alambradas, cruzadas por la propiedad privada, se repite todo el tiempo. Ya ese primer plano no es la postal hermosa de las sierras de Córdoba sino que ya está arruinada por el alambrado, y la verdad es que la idea era arruinar muchos de los planos con esos alambrados o carteles de propiedad privada. También el sonido está trabajado de una manera particular para generar una sensación de amenaza.

 

MI: ¿La idea es seguir con estas películas taller?

 

AC: La verdad es que estas dinámicas nos encantan, y de hecho este año no lo hicimos y extrañamos al taller. Por más que también es cierto que los proyectos personales nos van consumiendo mucho tiempo, la verdad es que siempre nos falta plata. Si por ahí tuviésemos un respaldo económico mayor, ahí podríamos relajarnos respecto a algunas decisiones y podríamos volver a hacerlo el año que viene. Ganas no nos faltan y la insistencia de la gente es mucha.

 

RR: Yo me divierto muchísimo y la paso muy bien porque me encanta trabajar con gente, pero además al taller lo llamamos “el semillero” porque por ejemplo en “Casa propia” trabajaron tres personas que conocimos en los talleres; acabamos de filmar con Inés una película en el colegio Zorrilla y vamos a filmar otra en la Dante Alighieri, y hay cuatro o cinco personas que surgieron de los talleres.

 

AC: Aquí de hecho, quien terminó de encontrar la película fue Nicolás Abello, un ex alumno mío del colegio. Él fue consultor de la edición y estuvo a cargo del último corte de la película.

 

Por Martín Iparraguirre

Published in: on 22 noviembre, 2017 at 13:21  Dejar un comentario  

Festival de Mar del Plata 2017

Amores en la lluvia 

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Los primeros días de la 32 edición del festival mostraron una oferta de películas a la altura de su historia

Si la mirada trasciende a las distintas competencias, la 32 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ha logrado estar, en sus dos primeros días, a la altura de su historia: películas de nuevos autores como Manuel Mozos se cruzan con los últimos trabajos conocidos de maestros consagrados como Jean Luc Godard, Raymond Depardon, Hong Sang-soo o  Maurice Pialat; herederos del clasicismo cinematográfico como Guillermo del Toro se encuentran con la voluntad experimental y subversiva del clase B coreano o el cine que intenta pensar y testimoniar el estado del mundo, con las películas del serbio Zelimir Zilnik a la cabeza.

Aún con los ajustes presupuestarios ya apuntados –que derivaron en el recorte de más de 100 películas respecto a 2016–, las primeras jornadas consiguieron ofrecer así distintos recorridos al espectador con grandes filmes en todos ellos, algo que había caracterizado a las últimas ediciones del festival pero que no resulta fácil de conseguir. Se trata de un logro potencial de la nueva gestión de Peter Scarlet, que evidentemente aún deberá ser confirmado por el resto de los días, pero que está asentado en la decisión de mantener al equipo de programadores que viene de años de trabajo compartido bajo la dirección de Fernando Martín Peña. Los mayores problemas estuvieron en la cantidad de proyecciones con problemas en los subtítulos, seguramente derivado del cambio de la empresa proveedora del servicio.

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Ramiro

Hecho este pequeño balance, debemos decir también que la Competencia Internacional mostró un nivel desparejo en sus primeros días, puesto que la pulcritud y amabilidad de “Ramiro”, del portugués Mozos, poco tuvo que ver con la dureza sobreactuada de “5 terapias”, de Asila Pavlovskaya, que pone a un ex adicto y criminal a actuar su propia historia de vida, consagrada en una serie de novelas escritas por él mismo.

En línea con la mejor tradición del cine portugués, aquella encabezada por Manoel Oliveira, el filme de Mozos propone un retrato amoroso de un perdedor empedernido, el Ramiro del título, poeta que se acerca al medio siglo de vida pero que ha dejado de escribir y no parece tener esperanzas en alcanzar algún reconocimiento. Dueño de una librería de volúmenes usados que es visitada mayormente por sus amigos, Ramiro vive en una delicada armonía con su comunidad, donde ayuda a cuidar a una vecina anciana que tiene un incipiente alzheimer y prácticamente hace de padre adoptivo de su nieta embarazada, Daniela, cuyos progenitores supuestamente fallecieron en un accidente. A pesar de la resignación con que encara su vida, escenificada en un pesimismo militante que no deja de tener cierto encanto para las mujeres, Ramiro vive en una modesta felicidad, que se verá puesta en riesgo con la irrupción de un personaje inesperado, el padre de Daniela, que había sido encarcelado por asesinar a su mujer. Nada en el filme de Mozos busca empero exagerar el drama, pues el director hace una notable traducción estética de la filosofía de vida de sus personajes: amable por sobre toda circunstancia, la película consigue captar y reivindicar, en la contención de su puesta en escena, la humanidad de estas personas comunes que viven al margen de las grandes expectativas de una sociedad obsesionada con el éxito.

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Muy distinta es “5 terapias”, otra de las contendientes de la sección internacional, que bajo el paraguas de la corrección política que supone su tema propone una apropiación por momentos sensacionalista de la vida de Stas Dombrowsky, un ex adicto que tras contagiarse de HIV a los 17 años inició un camino de autodestrucción furioso que lo terminó dejando en la cárcel durante largas temporadas. Vuelto protagonista de su propia ficción, el propio Dombrowsky interpreta ahora este derrotero de caída en los infiernos y posterior resurrección que parece estar más interesado en explorar las variantes de sus excesos con cierto aire de autosatisfacción, que en mostrar las complejidades de una recuperación que en el presente lo ha instalado como un artista prolífico e importante su Odesa local.

Mucho más auténtico es, por ejemplo, un filme como “12 jours”, donde Depardon filma una institución tan problemática como puede ser un hospital psiquiátrico a través de una de sus instancias más sensibles: las audiencias de los pacientes recluidos contra su voluntad con el juez que debe definir su liberación o la extensión de su confinamiento. Con la rigurosidad que lo caracteriza, Depardon hace de la cámara un ojo invisible para observar, a una distanciada justa para permitir cierta objetividad, el funcionamiento de toda una institución destinada a aislar a los sujetos considerados peligrosos para el resto de la sociedad. Casos de todo tipo, desde esquizofrénicos escindidos absolutamente de la realidad a suicidas compulsivos o jóvenes que simplemente penan por algún descontrol momentáneo, desfilan ante los distintos jueces narrando los pormenores de sus tratamientos y las razones por las que creen que deben ser liberados. Lo notable del filme es el modo en que Depardon consigue captar,  a través de los discursos de cada quien pero también del modo en que filma esos espacios como si fueran los agujeros negros de la sociedad, las formas en que la ley y el saber médico organizan la vida social, en este caso a través del control de los sujetos caídos bajo su seno y la configuración de sus personalidades.

Otros hits del encuentro son las retrospectivas de Zilnik, el español Ado Arrieta y el francés Maurice Pialat, con los dos primeros acompañando la proyección de cada película y narrando los pormenores de su producción, con lo que el encuentro no extraña para nada al norteamericano Kenneth Lonergan, una de las visitas estelares y miembro del jurado de la Competencia Internacional que finalmente no vino por “razones personales”, pero cuya ausencia pasó al olvido tan rápidamente como las fútiles promesas de estrellas paseando por la alfombra roja (hasta ahora, limitadas a simples videos de figuras como James Franco o Guillermo del Toro saludando al público antes de sus respectivas proyecciones), truncadas además por un clima frío y lluvioso que parece haber sido enviado para acompañar la vocación cinéfila del festival, su verdadero corazón, que aún late con auténtica pasión amorosa.

Por Martín Iparraguirre

Published in: on 19 noviembre, 2017 at 17:05  Dejar un comentario  

32 Festival Internacional de Mar del Plata

Vientos de cambios

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“Madame Hyde”, de Serge Bozon

Con la dirección del norteamericano Peter Scarlet, el tradicional encuentro inicia mañana su 32 edición con el desafío de estar a la altura de su historia

Luego de un año crítico para la cinematografía nacional, marcado a fuego por la intervención del Ejecutivo en el Incaa y el freno a la política de distribución de subsidios que venía manteniendo, el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata se dispone a inaugurar su 32 edición con un desafío mayúsculo: demostrar en los hechos que el programa de ajuste que el gobierno nacional trasladó al encuentro no redundará en una caída simétrica de su calidad. Resulta evidente que la llegada del estadounidense Peter Scarlet a la dirección artística del festival implicó una reducción drástica de su presupuesto, algo que se verifica en una programación más acotada de 300 films, contra los más de 400 de su edición inmediatamente previa.

Ya se sabe, la llegada del primer director extranjero al festival en medio de un grotesco operativo de prensa montado para desplazar al ahora ex titular del Incaa, Alejandro Cacetta, del organismo generó una fuerte resistencia en la comunidad audiovisual. Desde la Nación, se esbozó un norte hipotético para justificar la designación de Scarlett, ex director de Tribeca y de la mítica Cinemateca francesa: cierta voluntad de “reinstalar” al festival en el mundo, ponerlo “en la agenda global de un modo más firme”, en palabras recientes del ministro de Cultura, Pablo Avelluto. Lo que sea que la nueva gestión entienda por tal horizonte será central para definir el perfil que en estos nueve días comenzará a construir para el festival inaugurado por Perón en 1954, que bajo la dirección de Fernando Martín Peña había logrado un nivel de calidad notable que lo puso entre los mejores del globo, circuito denominado pomposamente como “clase A” que hace tiempo integra, pero no siempre a su altura.

Hay un dato que alienta empero las expectativas: Scarlet mantuvo al equipo que define la programación del festival desde hace por lo menos siete años, con lo que se puede esperar que su mirada sobre el cine persista a pesar de los recortes presupuestarios. Si la mayor novedad pasara por las visitas de estrellas internacionales –que, con la relativa excepción de la actriz británica Vanessa Redgrave, tampoco resultan tan llamativas–, la comunidad reunida alrededor de esta actividad esencialmente amorosa habrá ganado una dura batalla sobre el ideario economicista de la gestión Cambiemos.

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Peter Scarlet

Los anticipos indican por ahora que un importante resentimiento se verá en el abandono de una política que se obstinaba en rescatar el pasado cinematográfico para ponerlo en diálogo con las películas del presente, evidentemente impulsada por Martín Peña, el mayor coleccionista y preservador del cine nacional de Argentina. Esa apuesta que supo singularizar al festival estará ahora disminuida, limitada al rescate de filmes particulares como la proyección de “Blow up” (1966), de Michelangelo Antonioni.

Pero aún así, podemos esperar que persista una intención de captar lo mejor que ha circulado por los festivales del mundo en todo este año, así como también la ambición de presentar nuevos talentos en las distintas competencias y brindar una ventana al mundo para el cine nacional y regional, de suerte que Mar del Plata se convierta en un espacio para leer el estado presente de este arte. Si bien no suele ser indicativo de nada, la inauguración estará a cargo del filme “Madame Hyde”, una comedia del francés Serge Bozon que viene con buenos antecedentes del festival de Locarno, protagonizada por la incandecente Isabelle Huppert. La película será de hecho acompañada por su director y Pierre Léon, otro de sus protagonistas. La clausura suena más diplomática: estará dedicada a la memoria de Astor Piazzola, en el 25° aniversario de su muerte, con imágenes del documental “Piazzola, tango nuevo”, de Daniel Rosenfeld.

Como debe ser, las competencias son toda una incógnita, ya aquí se condensa el trazo más evidente de la línea editorial de un festival, donde Mar del Plata propone una suerte de lectura del cine del mundo a partir de lo que considera son los nuevos realizadores que vale la pena descubrir. Sólo se puede decir, entonces, que en la disputa internacional habrá tres películas argentinas: “Al desierto”, de Ulises Rosell, “Primas”, de Laura Bari, e “Invisible”, de Pablo Giorgelli, que concursarán por el Astor de Oro con filmes de Ucrania, Portugal, Estados Unidos, Alemania, Francia, Corea del Sur, Dinamarca, Puerto Rico y Palestina. Todos, serán evaluados por un jurado compuesto por el director y guionista Kenneth Lonergan –otra de las grandes visitas al festival, quien presentará una versión extendida e inédita en el país de su filme “Margaret” (2011)-, Amedeo Pagani, Érica Rivas, Edouard Waintrop y Boyd van Hoeij.

En la Competencia Latinoamericana, en tanto, se verán la películas argentinas “El teatro de la desaparición” de Adrián Villar Rojas, “Chaco” de Danièle Incalcaterra y Fausta Quattrini, y “Ata tu arado a una estrella”, de Carmen Guarini (fuera de competencia); mientras que de Brasil llegará “Baronesa” de Juliana Antunes, de República Dominicana “Cocote” de Nelson Carlo de los Santos Arias, de Bolivia “Eugenia” de Martín Boulocq, de Uruguay “Las olas” de Adrián Biniez, y de Chile “Una mujer fantástica” de Sebastián Lelio.

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Marble ass, de Zelimir Zilnik

Por su parte, en la Competencia Argentina concursarán filmes de Demián Rugna (“Aterrados”), Jorge Leandro Colás (“Barrefondo”), José Campusano (“El azote”), Tamea Garateguy (“Hasta que me desates”), Ernesto Baca (“Réquiem para un film olvidado”) y Manuel Abramovich (“Soldado”), entre otros, mientras que en la Competencia Argentina de Cortometrajes se destacan filmes de Jazmín Stuart, Paula Hernández, Augusto González Polo y Nicolás Zukerfeld, entre muchos otros.

Una apuesta central de todo festival está en las retrospectivas, donde la programación propone selecciones de películas de directores que entiende merece la pena destacar para ver en profundidad. Este año, la gran apuesta vendrá con dos cineastas relativamente desconocidos: el serbio Zelimir Zilnik y el español Ado Arrietta, figuras singularísimas en el panorama mundial que el festival ofrece descubrir a los cinéfilos que transiten las calles de la ciudad feliz. A ellos, se sumará una selección de cuatro filmes imperdibles del gran cineasta francés Maurice Pialat, quien estará representado en el encuentro por su viuda, la productora Sylvie Pialat, así como también una retrospectiva del actor Claude Lelouch, otra de las visitas estelares del encuentro, que se anticipa irregular por su propia condición de reunir filmes que no dependen de su protagonista.

La otra sección central del encuentro es, como de costumbre, el Panorama, que presenta una selección de las novedades imprescindible del año de los autores contemporáneos: se verán allí las últimas películas de maestros como Raymond Depardon (“12 días”), Frederick Wiseman (“Ex Libris – New York public library”), Mathieu Amalric (“Barbara”), Hong Sang-soo (“La cámara de Claire” y “El día después”), Lois Patiño (“Fajr”), Jean-Luc Godard (“Ascenso y caída de una pequeña compañía cinematográfica”), Guillermo del Toro (“La forma del agua”), Richard Linklater (“Last Flag Flying”), Takeshi Kitano (“Outrage: Coda”) y Agnés Varda (“Visages Villages”), entre varios otros.

Dentro de la célebre sección “Hora cero”, que reúne películas de género para las medianoches, se verá también el nuevo thriller carcelario “Brawl in Cell Block 99”, de S. Craig Zahler, ganador del Bafici de este año con el impecable western “Bone Tomahawk”, así como también el último delirio del japonés Sion Sono, “Tokyo vampire Hotel”, entre varias otras promesas; mientras que en “Proyecciones Especiales” se verá a su vez la primera película como directora de Redgrave, “Sea Sorrow”, y “Lumière. La aventura comienza”, un documental del francés Thierry Frémaux, director del festival de Cannes, evidentemente sobre los hermanos August y Louis Lumiére.

También habrá una competencia de Work in Progress, en la que se verán trabajos en desarrollo argentinos –entre ellos, del cordobés Darío Mascambroni (“Mochila de plomo”) –, así como también la sección Film.Ar, la zona del audiovisual, un espacio especialmente creado para estimular la coproducción internacional que este año nucleará un total de 48 proyectos de ficción y documentales, entre ellos “Tunga”, del cordobés por adopción Rosendo Ruiz.

Todo indica que la fiesta para la cinefilia sigue entonces servida, las imágenes y los sonidos que Mar del Plata albergará durante nueve días dirán la última palabra.

Published in: on 17 noviembre, 2017 at 1:54  Dejar un comentario