La memoria de los huesos

En busca de las huellas escondidas

Lamemoria

Un plano cenital recorre desde el cielo la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La belleza formal de la toma es sugestiva, aunque no se trata de una postal turística: esos edificios, esa agitada vida cotidiana que surca las calles porteñas, guardan sedimentos de la historia, huellas invisibles de una tragedia colectiva que no deja de emerger entre sus pliegues, acaso porque aún sigue siendo una herida abierta en la sociedad, una experiencia permanentemente disputada entre los poderes fácticos que pugnan por ordenar nuestra interpretación histórica. Facundo Beraudi, director de “La memoria de los huesos”, intervino esa incursión aérea con las voces en off de las víctimas de la dictadura cívico militar que asoló a nuestra Nación hace ya 41 años, una decisión formal que cambia radicalmente el estatus de sus imágenes. Esa introducción, que se completa con una banda de sonido sostenida en notas de violín y piano que en su permanencia generan una incierta inquietud –y sobre la que se imprimen los testimonios de familiares de detenidos-desaparecidos narrando sus vivencias con los secuestros–, basta para romper cualquier régimen discursivo que intente negar la historia o fijarla en una versión de mármol que oculte sus costados más urticantes. El cine puede ser también un modo de abrir el pasado y devolverle la vida que el poder le niega.

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Resulta por ello una obviedad decir que “La memoria de los huesos” es un filme importante porque aborda el trabajo del Equipo de Antropología Forense (EAF), aunque el contexto en que se estrena potencie sus valores testimoniales, ya que los protagonistas de aquella gesta genocida parecen haber regresado secretamente al poder de la Argentina (basta reparar en el fallo del 2×1 dictado por la Corte Suprema de Justicia en simultáneo con el llamado a una nueva “reconciliación” por parte de la iglesia católica para intuir cómo esos sectores han vuelto a tener una influencia capital en nuestra vida política). Ocurre que la pertinencia del filme de Beraudi va más allá del tema que aborda, como ya lo sugieren esos primeros planos aéreos que no por casualidad finalizan en la Plaza de Mayo, centro material de la historia nacional, y que parecen tejer una particular relación de continuidad con el último plano de “Tierra de los padres”, de Nicolás Prividera (que, se recordará, unía aéreamente el cementerio de Recoleta con el Río de La Plata, tumba masiva de esa generación de argentinos mancillada). Como si quisiera convertirse en una traducción audiovisual del propio trabajo del EAF, “La memoria de los huesos” intenta hacerse cargo de una demanda aún vigente en nuestro país: darle dimensión humana a aquella experiencia histórica; no sólo a través del trabajo del equipo de antropólogos forenses sino también desde la palabra y el registro de la vida cotidiana de madres e hijos de desaparecidos, que a través del filme pueden compartir con el espectador la experiencia concreta de enfrentarse a lo terrible, la súbita e inexplicada ausencia de sus seres queridos.

La memoria de los huesos2

Por un lado, el documental va revisando entonces el trabajo de este equipo único en América latina, formado  hace más de 30 años y convertido en ejemplo mundial en la actualidad, al punto que es requerido en países de todo el globo (de hecho, Beraudi se trasladará hasta El Salvador para registrar la pesquisa de los restos de la guerra civil de los 80). A través de su paciente labor en cementerios o centros clandestinos de detención buscando restos humanos en fosas comunes o entierros clandestinos, se puede certificar la dimensión sistemática del plan de exterminio de opositores practicado por la última dictadura cívico militar, pues se trata de huellas directas de su perversidad: el objetivo final era borrar todo vestigio de una generación  que resultaba incompatible con su proyecto de país. Pero además, al rescatar el testimonio de personas afectadas directamente por el trabajo del EAF, aquellos familiares que aún buscan los restos de sus seres queridos o han podido encontrarlo gracias a el, la películatrasciende la dimensión histórica para darle carnadura humana. Sin golpes bajos –aunque hay ciertos subrayados musicales que podrían haberse obviado– ni intervenciones innecesarias, a través de algunos testimonios de familiares de las víctimas directas del genocidio, Beraudi va mostrando lo que significa haber perdido a un hijo, un padre o madre en manos de los comandos militares, lo que implica dedicar una vida entera a la búsqueda de un nieto apropiado por los represores o los restos de un familiar desaparecido, lo que es en definitiva vivir entre los fantasmas dejados por la violencia estatal. Hay en este sentido un plano capaz de sintetizar todo el filme, donde David Toubes se reencuentra finalmente con los pocos huesos que quedan de su padre Juan, secuestrado de su propia casa en su infancia, algo que Beraudi filma a prudente distancia, consciente de la relevancia emocional del momento. Acaso su mérito mayor sea mostrar que esa angustia no es individual sino colectiva, que aquellos espectros no son de tal o cual familia sino que nos pertenecen a todos, pues una parte de nosotros aún vive escondida bajos los escombros sucios de la historia.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2017

PD: aquí se pueden ver los horarios de proyección del filme, en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (http://cineclubmunicipal.com/production/la-memoria-de-los-huesos/)

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Published in: on 28 julio, 2017 at 0:42  Dejar un comentario  

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