Hojas de hierba

La disputa del futuro

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La confirmación de la candidatura a senadora nacional de Cristina Fernández de Kirchner terminó de ordenar el escenario de unos comicios que a partir de ahora adquieren un espesor político insólito: pese a ser elecciones de medio término, se medirán como un plebiscito ciudadano de dos gobiernos que, efectivamente, representan modelos de país diferentes, como ya lo dejó en claro Mauricio Macri en apenas un año y medio de gestión.

La postulación de Fernández actualiza, en primer término, la dimensión transformadora de la política, que en los regímenes democráticos siempre encuentra espacios para conmover lo establecido y poner en movimiento aquello que se creía inerme; posibilitar, en definitiva, una apertura hacia lo inesperado, sea para bien sea para mal. Esa apertura hacia el futuro estará en el centro de la disputa en Buenos Aires, que nuevamente se convertirá en el distrito electoral clave del país, tanto en los hechos como en los discursos: Macri apelará al fantasma del regreso del populismo como eje de campaña –acompañado por las corporaciones mediáticas, económicas y judiciales–, mientras que Fernández hará hincapié en las consecuencias sociales de la gestión de la economía de Cambiemos y la necesidad de frenar el fuerte ajuste que los propios funcionarios ya anticipan para 2018. Ambos tendrán razón, al punto de que el resultado bonaerense marcará en gran medida las chances de éxito de cada propuesta en los comicios presidenciales de 2019. No sólo Cristina se jugará sus posibilidades de supervivencia futura en 2017, con lo que la polarización resultará inevitable (y probablemente fagocitará unos comicios donde también medirán su verdadera estatura figuras hasta el momento expectantes, como Sergio Massa, Margarita Stolbizer o Florencio Randazzo, que deberán saber maniobrar para ensanchar la cada vez más incierta avenida del medio). Se votará en 24 distritos, cada uno con tradiciones y culturas tan particulares como extenso y variado es el país, pero Buenos Aires será la gran vidriera nacional.

Si bien nada es definitivo en política, arte del movimiento como dijimos, resulta presumible que una derrota de la exmandataria terminará de condenarla a un ostracismo que el oficialismo y sus aliados promueven obsesivamente,  hasta el momento sin el éxito esperado. Cambiemos alentó su postulación, convencido de su poder de fuego mediático y de que el discurso de la “herencia recibida” aún resulta plausible para gran parte de la población, a pesar de que la revolución de la alegría se haya limitado prácticamente al círculo social íntimo del Gobierno. Sus principales plumas celebraron incluso la noticia de la postulación de CFK como un primer triunfo del oficialismo, convencidos de un relato que aún tiene que probarse en el barro siempre complicado de la realidad (aunque ya varios se echan atrás: basta ver el editorial de Ricardo Roa del domingo, que en la segunda página de Clarín alerta en tipografía destaca: “Macri pensó que con la polarización bastaba. Ahora puede ver que le devolvió a Cristina el papel principal”).

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Es que, como sugirió el acto en Arsenal con sus 40.000 asistentes, la jugada implica un riesgo proporcional al objetivo buscado: Fernández mantiene un respaldo importante en la población, que se agiganta entre los sectores más afectados por el cambio de modelo y, como Macri en su momento, aprendió rápidamente de los golpes recibidos. Fiel a su praxis, redobló la apuesta del oficialismo y ahora obliga al jefe del Estado a ponerse al frente de la contienda, exponiendo su gestión al voto popular. El cierre de las listas de precandidatos mostró que Macri entendió la envergadura del desafío (aunque, en verdad, no le quedaba otra): la postulación de Elisa Carrió, su principal espada electoral, en Capital Federal, bastión tradicional del Pro, sugiere que intentará asentarse donde es fuerte para él mismo hacerse cargo –junto a María Eugenia Vidal- de la campaña para enfrentar a la exmandataria, secundando a un Esteban Bullrich que no tiene precisamente muchos pergaminos de gestión para mostrar (ver sino el conflicto con los docentes universitarios, que ya lleva más de 120 días y hace peligrar el inicio del segundo semestre). Una derrota con Fernández en Buenos Aires tendría por ello resultados impredecibles para el Gobierno, como el propio oficialismo menta en sus discursos dirigidos al mundo empresario, donde insiste con que en octubre se jugará la “continuidad del cambio” en Argentina. Macri también decidió apostar a todo o nada, a uno de ellos le saldrá el tiro por la culata.

La fragmentación peronista será sin dudas una de sus ventajas. Fernández buscó hasta último momento evitar las primarias con su exministro de Transporte y sumarlo a una lista de unidad bajo el espacio Unidad Ciudadana, ofreciéndole encabezar la nómina de postulantes a diputados o ser su compañero de fórmula en la del Senado, puestos para nada desdeñables; pero Randazzo se mantuvo en sus trece, lo que revela que apostará por la derrota de la expresidenta. Resulta en efecto impensable que el exministro acceda a una de las tres bancas para el Senado que se pondrán en juego en Buenos Aires (dos para la fuerza ganadora, una para la segunda) con los protagonistas en pugna, ya que las campañas proselitistas no hacen milagros: a lo sumo tuercen levemente las tendencias vigentes en la sociedad. Sólo una derrota de la expresidenta dejaría a Randazzo como heredero de un peronismo a la deriva en 2019 (aunque, para ello, debería superar a Massa, el otro peronista en pugna por el Senado en el distrito, y pasar por encima de otros caciques provinciales, como el salteño Juan Manuel Urtubey, algo que hoy parece una quimera). ¿O acaso Randazzo habrá dado el sábado su primer paso hacia una incorporación futura al macrismo, lejos del peronismo nacional y popular que alguna vez supo representar?

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La puesta en escena es una dimensión consustancial de la democracia, sistema basado en una cierta ficción, donde un sector se propone representar a totalidades sociales que lo trascienden largamente. El objetivo de Fernández quedó claro desde la elección de su nuevo instrumento electoral, el frente Unidad Ciudadana, que ya había anunciado hace más de un año, cuando se presentó a declarar en los tribunales de Comodoro Py en abril de 2016 y reclamó a sus seguidores formar un espacio desde las bases para “resistir al ajuste”. Su relativo desdén al peronismo tradicional vencido en 2015 busca captar el voto de los desplazados del sistema en este año y medio de gestión de Cambiemos, que se cuentan por cientos de miles (o acaso millones, si nos atenemos a los índices de pobreza). No se trata de una apuesta en el vacío, pues Fernández fue la disidente más acérrima de la actual gestión, lo que la diferencia de la mayoría del arco opositor.

Resulta por ello significativo el acto de lanzamiento que protagonizó en el estadio de Arsenal, donde más que copiar la estética de Durán Barba, como varios interpretaron, buscó construir la imagen de una horizontalidad antes desdeñada por el kirchnerismo: Cristina parada en el centro de un escenario rodeado de multitudes que poco a poco se fue poblando de aquellos desplazados, desde científicos a productores, obreros, estudiantes, discapacitados o jubilados, hasta que la expresidenta se fue perdiendo entre todos ellos. Sin aparatos, cajas del Estado ni banderas partidarias a la vista, CFK va en busca del hombre de la calle que cada día sufre los embates de una economía que no le da tregua a su bolsillo, aunque en frente tiene un muro implacable construido año a año por las corporaciones mediáticas. Con el oficialismo concentrado en alertar sobre los riesgos de volver al pasado de su gestión, CFK intentará recuperar empero aquello que Macri le arrebató en 2015: la aspiración de representar un futuro mejor para la mayoría de los argentinos, aunque la incógnita será si una campaña del miedo similar a la que orquestará Cambiemos, le alcanzará para revitalizar esa dimensión intrínseca de toda gesta política que pretenda acceder al poder.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 28 junio, 2017 at 21:14  Dejar un comentario  

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