Bafici 2017

El cine de la sorpresa

 

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“Trás os montes”

El Bafici vuelve a darle el lugar que la producción portuguesa se merece con un foco en Antonio Reis y el estreno del último filme de Joâo Pedro Rodríguez

 

La agitación cinéfila, por momentos política, marca la cotidianeidad de la 19 edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici), que en su abultada programación siempre tiene joyas para ofrecer, más allá de las distintas competencias que lo animan. Una de ellas es el foco a Antonio Reis, que se inició el lunes con la proyección de “Trás-os-Montes” (1976), verdadera obra maestra de este director lusitano desconocido para la mayoría, aunque sin dudas fundamental para todo tiempo y tradición. Si los festivales de cine tienen alguna misión que cumplir, esta debería ser la de iluminar espacios relevantes de la historia que no han sido debidamente apreciados en su momento. Las retrospectivas son las instancias propicias para hacerlo, porque permiten revisar en pocos días toda la obra de un realizador específico, concentradas para deleite de los curiosos. Con Reis, el acierto ha sido tal que probablemente se recordará a esta edición del Bafici por haberlo presentado públicamente a sus visitantes –aunque también vale destacar los focos a Nanni Moretti y al español Francisco Regueiro, entre lo mejor del encuentro–.

Primer filme de Reis en colaboración con su esposa Margarida Cordeiro, “Trás-os-Montes” exhibe una concepción del cine como un arte total, no sólo por su aspiración a captar la vida colectiva de una comunidad, tanto material como simbólica, sino también por la impresionante cantidad de recursos que ostenta para hacerlo. Filmada en una región homónima del nordeste pobre y rural de Portugal, este documental de espíritu etnográfico desconoce límites genéricos o formales: a pesar de su simpleza, todo puede pasar en “Trás-os-Montes”, que comienza como un registro de la vida de un pueblo de la región a través de la cotidianeidad de dos niños del lugar pero que de un momento a otro vira hacia la ficción, hacia la fantasía y el relato mitológico o hacia el retrato costumbrista, para revelarse finalmente como un acercamiento político a una comunidad perdida en el tiempo y la geografía, que padece las relaciones de poder de un Portugal centrista y marginador, que progresivamente la va condenando a la desaparición.

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“Trá os montes”

Realizado con la participación activa de los pobladores del lugar, que nunca hablan directamente a cámara pero que son capaces de escenificar súbitamente una ficción que traslada el tiempo a una monarquía de la Edad Media o poner en escena sus propias tradiciones y experiencias del pasado, el filme rompe todo mandato genérico para explotar las potencialidades poco conocidas del cine. La naturalidad con que pasa del realismo a la más lúdica fantasía, sin perder nunca su pertinencia narrativa a pesar de ese quiebre de los cánones del género, la delicadeza estética de Reis y Cordeiro para hacer de cada plano un vehículo de la belleza del mundo y el trabajo con el sonido como una dimensión central del juego cinematográfico, hace que “Trás-os-Montes” se convierta además en un testimonio contundente sobre la verdadera magia del cine, aquella que permite unir el placer y la emoción al conocimiento profundo de los otros y sus condiciones de vida. Porque todo, finalmente, está en función de conocer a esa población perdida en la montaña lusitana, como ya alguna vez afirmó Jean Rouch, que al describir el filme dijo que “nunca que yo sepa un realizador se había empeñado con tal obstinación en la expresión cinematográfica de una región: quiero decir, en esa difícil comunión entre los hombres, los paisajes, las estaciones. Sólo un poeta loco podía poner en circulación un objeto tan inquietante”.

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El ornitólogo

Con Reis, puede entenderse además la calidad del cine lusitano del presente, pues resulta antecedente directo de directores como Pedro Costa, Miguel Gómez o Joâo Pedro Rodríguez, cuyo último filme se estrenó también el lunes en la Competencia Vanguardia y Género del Bafici. “El ornitólogo” exhibe una capacidad análoga para aprovechar las posibilidades del cine sin las limitaciones acostumbradas de los géneros, aunque aquí se trata de una ficción hecha y derecha sobre el viaje de un investigador de aves por un río que pronto derivará hacia el policial, el relato de aventuras y finalmente el ensayo religioso con el mito de San Antonio de Padua como fondo. Los primeros minutos bastan para captar la esencia de la propuesta de Rodríguez, que filma la travesía en kayak de Fernando (Paul Hamy) por un río salvaje para estudiar la fauna local como una experiencia bucólica para los sentidos, algo que no se limita al placer estético pues el objetivo de fondo es extrañar nuestra mirada acostumbrada (y distraída) de la naturaleza. Rodríguez presenta, en efecto, no sólo la visión de Fernando hacia la naturaleza circundante sino también la de los propios pájaros hacia su protagonista, descentrando la mirada del espectador para que acceda por unos instantes a la misteriosa experiencia de los animales. Claro que el objetivo no es encasillar esa dimensión finalmente imposible de conocer para nosotros, sino al contrario abrir el relato al misterio de la naturaleza, que pronto se potenciará cuando Fernando sufra un accidente y caiga en manos de una extraña pareja de turistas chinas que, a pesar de su aparente dulzura, pretenderá aprisionarlo para tenerlo como esclavo. O más tarde cuando se cruce con un grupo de desconocidos que realizan oscuros rituales paganos en medio de la selva y con un pastor de cabras mudo con el que tendrá un amor homosexual que terminará en tragedia. Casi imperceptiblemente, Fernando irá sufriendo en todo el trayecto una progresiva transfiguración que lo terminará convirtiendo en una suerte de encarnación de San Antonio de Padua, que vendrá a redimir al personaje de sus yerros y defecciones, aunque esa apropiación de la figura religiosa es todo menos cristiana, se diría casi blasfema.

Cómica, lúdica y abierta a la sorpresa permanente, con una puesta en escena de un preciosismo bucólico, la película de Rodríguez vuelve a ser una digna heredera de aquella tradición encarnada por Reis y Cordeiro, confirmando que el cine portugués sigue siendo uno de los más ricos e interesantes del mundo.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 26 abril, 2017 at 12:35  Dejar un comentario  

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