Hojas de Hierba

Relato y realidad

anchorman1

Sea del ámbito y del color que sea, todo gobierno construye un relato, sencillamente porque las formas de la democracia así lo imponen: no sólo tiene la obligación de ofrecer un contexto explicativo a sus acciones, inscribirlas en una tradición específica y proponer una lectura del presente que se proyecte hacia un futuro posible, sino que finalmente su suerte se jugará en la capacidad que tenga para imponer esa visión al conjunto de la ciudadanía en la instancia central de nuestra vida política, las elecciones. La gran derrota del kirchnerismo ocurrió precisamente allí, no tanto en la lectura binaria de la sociedad que promovió (y que, eventualmente,  terminó por volverse en su contra), sino en ese juego fascinante que supo jugar como ninguno, en el que todo parece valer, pero donde perdió la legitimidad misma para orquestar un discurso válido: la insólita relativización de su derecho a tomar la palabra fue la “batalla cultural” ganada por esa especie de monstruo mitológico que ayudó a crear, que cualquiera podría imaginar con las mil cabezas del multimedios Clarín.

Es que todo gobierno construye también un enemigo a la altura de sus intereses y de sus ambiciones. En este sentido, el kirchnerismo quiso ser un movimiento fundacional como el primer peronismo, pero hasta ahora terminó parodiado por las valijas ingratas del exsecretario de Obras Públicas José López, como bien ilustra el relato de Cambiemos, que viene de mucho antes de su llegada a la Casa Rosada. ¿Qué lectura, qué visión del país ofrece el macrismo en sus discursos?

Montado sobre los manuales del autodenominado “gurú” del marketing Jaime Durán Barba, con el indisimulable apoyo de los principales grupos mediáticos a sus espaldas (basta repasar los millonarios beneficios que el ministerio de Comunicaciones acaba de regalar a Clarín para la explotación del servicio de 4G a través de Nextel a partir de 2018 para confirmar esa alianza poco sancta), el macrismo vino construyendo con el kirchnerismo un monstruo a su medida: ya en su última gestión porteña, el actual Presidente culpaba al “populismo” gobernante cada vez que sus propias medidas (como el aumento de la tasa de Alumbrado, Barrido y Limpieza en un 739,27% en siete años, a razón de un 105,61% por año), o sus propios escándalos (con el caso de espionaje a dirigentes opositores y a su fallecido excuñado, Néstor Lorenzo, desde la Policía Metropolitana, como emblema mayor), lo ponían en aprietos. Y esta modalidad se intensificó en su primer año al frente del Ejecutivo Nacional, donde la tan incierta como flexible “herencia recibida” fungió de excusa para justificar absolutamente todo, desde los despidos masivos en la estructura del Estado –luego rellenada con funcionarios propios con sueldos que triplican o cuadruplican los de quienes fueron echados–, hasta el ajuste desmesurado de las tarifas de servicios públicos o el escándalo por la millonaria condonación de deuda al Correo Argentino S.A.

Como en un falso culebrón centroamericano, el macrismo y el kirchnerismo se necesitan mutuamente tanto como se odian, a punto tal que la campaña electoral de 2017 girará indefectiblemente en torno a su oposición, por la propia decisión estratégica de ambos.

Pero aunque les pese a los semiólogos, no todo es discurso y la realidad tiende a emerger de tanto en tanto para complicar los planes. Fue lo que ocurrió la semana pasada con las manifestaciones masivas que durante tres días seguidos reunieron, en las calles porteñas, alrededor de un millón de personas provenientes de las más diversas extracciones sociales, ideológicas, gremiales y profesionales, mayoritariamente con un denominador común (aún para el paro de mujeres): el rechazo a la administración nacional de Cambiemos. Sólo una mirada interesada, como la del propio Gobierno o sus medios afines, puede detenerse en las internas gremiales que habría expresado el alzamiento final de una parte de las bases contra la dubitativa cúpula de la CGT, que evidentemente se vio desbordada por la dimensión de la convocatoria, pues el único dato cierto que dejó, alcanza a unos y otros: si la marcha terminó convirtiéndose en un tiro por la culata para Carlos Acuña, Héctor Daer y Juan Carlos Schmid, fue porque expresó un descontento generalizado con su actitud de connivencia con las políticas del Gobierno, sintetizada magistralmente a su pesar en la consigna principal que le dieron a la movilización, “si el Gobierno no cambia su política económica (sic), llamaremos al paro nacional”.

Como en tantos otros momentos de la historia política argentina, la calle volvió a ponerle límites a las abstracciones técnicas con que las cúpulas políticas y sindicales pretenden enmascarar lo evidente, y ni unos ni otros mostraron reflejos a la altura. La CGT llamará efectivamente el jueves a un paro nacional, pero la legitimidad de su ya precaria conducción quedó limada, porque la propia convocatoria quedará como una imposición de las bases a su interesada inacción. Y el Gobierno volvió a reaccionar según el libreto del duranbarbismo, cuyo único mandato parece ser el de hacerse los distraídos: salió a dar cifras engorrosas para desmentir una recesión que alcanza a casi todos los sectores de la industria y desconoció los reclamos, aunque horas después los propios datos del Indec ratificaron una nueva disparada de la inflación (2,5% en febrero) que desmiente sus proyecciones para las paritarias (y que, encima, se explica en un 50% por la aplicación del plan de Precios Cuidados, que terminó funcionando como otro golpe para el consumo ciudadano). Contra el discurso optimista sin fundamentos, el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA) le puso cifras concretas a las consecuencias de la política económica, con 1.500.000 nuevos pobres en apenas nueve meses de gestión. Y el exrector de la Universidad Católica de Córdoba (UCC), el jesuita Rafael Velasco, lo confirmó esta semana: “la responsabilidad de este aumento de pobres es del presidente Mauricio Macri”, aseguró.

Como muestra, basta un botón: acostumbrados a estar a la vanguardia de la lucha social, los docentes volverán esta semana a la huelga en todos los niveles educativos, ante la obstinada negativa del Gobierno a convocar a la paritaria nacional, como marca la ley. Con un relato que se aleja cada día más de los problemas cotidianos, cercado por los conflictos esperables de una gestión integrada por empresarios que súbitamente se encuentran a ambos lados del mostrador, y con el Presidente a la cabeza de los escándalos por las incompatibilidades que generan los negocios de su familia (y la mayoría del Gabinete imputado en alguna causa), Cambiemos va en camino acelerado a parecerse a aquél monstruo que supo construir y dice combatir, al punto que muchos ya se preguntan si la criatura se terminará devorando a su propio creador.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2017

Pd: la fotografía pertenece a la película “Anchorman: La leyenda de Ron Burgundy”, de Adam McKay

Anuncios
Published in: on 15 marzo, 2017 at 1:51  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://lamiradaencendida.wordpress.com/2017/03/15/hojas-de-hierba-3/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: