Entrevista a Gracielo Le Due

Vida en fiesta

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Gracielo Le Due 

Gracielo Le Due estrena hoy su primera película, “Ninaina”, un retrato generacional sobre la banda Nina

La producción de cine cordobesa tendrá hoy su primer estreno del año: “Ninaina”, debut absoluto del joven realizador Gracielo Le Due (heterónimo de Matías Ludueña) tras las cámaras, se proyectará a las 23 en una función extraordinarias del Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49), con la presencia del director. Como tantos debuts de la cinematografía local, se trata de un retrato generacional, aunque  Ninaina tiene la particularidad de ser un documental sobre la banda cordobesa de rock Nina, compuesta por los propios amigos del realizador. Esta característica le da una cercanía inusual a una experiencia propia de cierta juventud, perteneciente a una clase social específica, y su relación con el proyecto de vida de convertirse en músicos. Con Gracielo Le Due a cargo de todos los rubros (desde el registro al sonido, edición, montaje y producción), Ninaina va recorriendo  así la intimidad de los integrantes del grupo en su derrotero por estudios de grabación, ensayos, reuniones y la noche como espacio de encuentro en shows y fiestas, componiendo una especie de fantasía por momentos alucinada sobre la vida en estado de suspensión. A continuación, Le Due explica sus búsquedas estéticas y narrativas.

¿Cómo llegaste a la dirección y por qué elegiste dar el paso de tu primer largo con Ninaina?

Gracielo Le Due (GLD): Llego a la dirección porque era algo que quería experimentar hace tiempo, pero recién encontré con Ninaina la mejor excusa para llevarlo a cabo. Creo que tuve las mejores condiciones como para encarar una búsqueda narrativa y estética particular a partir de la libertad con la que me dejaron actuar y decidir los mismos personajes retratados, por la confianza en la construcción de mi rol que se fue desarrollando a la par de lo registrado. Creo que lo documental te da posibilidades plásticas, visuales y sonoras que me permitieron licencias en el relato a la hora de mostrar o no, de sugerir con el trabajo del fuera de campo, y en el cómo hacerlo. Un tratamiento que podríamos decir, estaría más cerca de lo “artesanal”.

Por otro lado, nunca me cuestioné demasiado si debería o no ser mi primer largo y todo lo que eso significa. Simplemente estaba decidido a querer exponer todo aquello que voy incorporando como cinéfilo, e intentar llevarlo al cine. A un cine personal, y en el mejor de los casos mi universo personal en el cine.

¿Qué referencias de tu cinefilia ves en la película?

GLD: Como sabes, trabajé en el videoclub séptimo arte y descubrí muchas cinematográficas, desde el comienzo. El cine de los directores que más me han atraído para utilizarlos de referentes en Ninaina son aquellos que utilizan austeridad en los recursos, y que logran resolver con ingenio el relato, otorgándole climas y momentos enrarecidos. Se me vienen a la mente Edgar H. Ulmer, John Cassavettes, Monte Hellman, Joshua y Ben Safdie, Kelly Reichardt y por el lado más documental Chantal Akerman, Jem Coehn, Jonas Mekas. Considero al género Rockumental algo bastante abarcativo, ya que comprende desde lo más experimental hasta el falso documental, pasando por la ficción y el videoclip.

Al ser un grupo de amigos, ¿cómo te posicionaste frente a ellos, cómo fue su construcción como personajes?

GLD: La posición con respecto a los integrantes/personajes de la banda siempre fue de lado (de ahí viene el modo de mostrar los escenarios en los shows en vivo, de costado o desde arriba, pero con ellos), es decir me coloco a la par de ellos, convivo con ellos y los observo como uno más del grupo, porque eso es lo que soy en definitiva. Mi complicidad con ellos se expone en un pequeño meta-relato de llamadas telefónicas con un integrante del grupo, aunque no aparezco hablando en cámara (o detrás de cámara), como resulta más frecuente en la mayoría de los documentales. Mi interacción es en off y a destiempo.

Te diría que ellos son unos personajes en sí mismos, tienen una personalidad fuerte, un carisma y todos los problemas que pueden hacer a una persona interesante en un relato cinematográfico. En lo que se trabajó bastante fue en naturalizar mi presencia, o mejor dicho la presencia de mi cámara. Yo quería evitar que me hablen o se dirijan a mí, sabiendo lo difícil que es para ellos porque es su amigo quien está detrás de cámara, para volverme lo más “invisible” posible.

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¿Hubo cosas que dejaste afuera?  ¿Qué buscaste captar de la banda y su micromundo?

GLD: Hubo mucho material que quedó afuera, principalmente de sus shows en vivo. Momentos íntimos de la banda en donde dejaban ver su lado más pueril, y que dejaron de interesarme porque hubiese apuntado hacia otra dirección la película, quizás uno más bizarro y delirante pero peligroso en cuanto a mi posicionamiento moral y/o denunciante. Preferí mostrar con “poesía” o “abstracción” sus prácticas, para no hacer una bajada de línea, que a mi manera de ver es innecesaria. Ya que si la banda no es responsable o resulta negligente con su profesión-pasión (la música), no debería ser yo quien juzgue eso, a mi me interesaba registrar su devenir cuando ya se presentan cuestiones más críticas y el tiempo empieza a ser tu propio juez.

El registro combina cierto realismo enfatizado por la cámara en mano con momentos casi alucinógenos, ¿cómo pensaste la estética de la película?

GLD: El tono que más me interesa en el cine siempre fue el “atmosférico” como para llamarlo de alguna manera. Germán Scelso vio mi film, porque fue uno de los consultores en el montaje, y así denominó al tono de la película. Pienso que es muy acertado. Como dije en otra entrevista, me interesa mucho regalar al espectador no sólo una experiencia emocional sino algo más bien sensorial.

¿Cómo pensaste el encuentro de la música con las imágenes? ¿Buscaste que la estética acompañará a la música de la banda?

GLD: No tuve un trabajo consiente entre la construcción estética del film con el de la banda per sé. Quizás haya elementos visuales que coincidan y otros que no. La fusión de la música con las imágenes fue totalmente intuitiva. Una película resulta como una partitura en muchos sentidos. La tensión y distensión se va logrando entre los sonidos y lo visual, incluidos los textos. Decidí subtitular fragmentos en donde se resaltan aspectos puntuales como las letras de Juan que son un testimonio fiel no solo de la idiosincrasia de un grupo de personas que forman una banda de rock y conviven sino también el de una ciudad. En Nina se cantan realidades cordobesas y ellos recorren la ciudad como se muestra en la película.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2017

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Published in: on 1 marzo, 2017 at 16:31  Dejar un comentario  

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