Sully: hazaña en el Hudson

El valor de una comunidad

sully1

Pocos maestros de la estatura de Clint Eastwood quedan ya no sólo en Hollywood, sino en el mundo entero, como cualquier lector podrá corroborar si se acerca a ver  “Sully: hazaña en el Hudson” a alguno de los cines de la ciudad, como su puesta en escena lo reclama. Último de los clásicos, a sus 86 años Eastwood filma con una frescura impropia de su edad, fruto de una sabiduría tan profunda en los secretos de la narración que le permite aprovechar al máximo las posibilidades del cine para certificar, una vez más, que si fue el arte del siglo XX es porque permitió entender y experimentar el mundo como ninguna otra forma representativa que se conozca. Eastwood recrea aquí la hazaña aérea acontecida el 15 de enero de 2009, cuando el piloto Chesley “Sully” Sullenberger aterrizó un Airbus 320 en pleno río Hudson, salvando la vida de los 155 pasajeros a bordo. Pero su examen trasciende el propio acontecimiento para entender simultáneamente el funcionamiento de toda una comunidad, especialmente afectada por los accidentes aéreos tras el trauma que significaron los atentados del 11 de septiembre de 2001, mientras aborda un tema central en su obra como es la figura del héroe.

sully

Sully puede entenderse en efecto como un homenaje a Nueva York y su capacidad de resiliencia, aunque su trama se circunscriba al accidente aéreo y la posterior investigación de la Comisión de Seguridad Aeronáutica. Porque si bien Chesley Sullenberger (interpretado magistralmente por Tom Hanks, en su primer trabajo con Eastwood) será catapultado inmediatamente por los medios de prensa como un héroe nacional, al mismo tiempo será objeto de una durísima investigación de las instituciones que regulan la actividad aérea bajo la sospecha de que puso innecesariamente en riesgo la vida de los pasajeros, ya que podría haber aterrizado la nave en dos aeropuertos distintos. Claro que lo importante es que mientras narra esa pesquisa burocrática que quizás busca salvar a la compañía de seguros y a la empresa aérea de los costos económicos y simbólicos del accidente, como sugiere un personaje –ya se sabe que la visión política de Eastwood en sus películas suele ser más lúcida que su militancia republicana en la vida real–, el director propondrá también una suerte de expansión de la experiencia del accidente desde la visión subjetiva de su protagonista a la mirada del resto de los involucrados, ya sea de los propios pasajeros del vuelo 1529 de US Airways hasta los rescatistas o los ciudadanos comunes de Nueva York, para terminar componiendo un relato colectivo del acontecimiento. El accidente mismo será recreado en cuatro oportunidades –sin contar las simulaciones que habrá en el juicio contra el piloto– desde diversos ángulos, sin perder por ello un ápice del suspenso y la tensión que el director sabe generar desde el inicio de la película: la genialidad de Eastwood está en que cada nueva revisión consigue incrementar la inquietud del espectador a partir de la comprensión cabal que permite de las implicancias del accidente (bastan unos planos de ciudadanos anónimos viendo a la nave volar en medio de los edificios para comprender la angustiante actualización que significa del trauma del 11-S, que aún pervive como un fantasma en el inconsciente colectivo neoyorquino).

sully2

Esa notable construcción de la ciudad como un personaje colectivo se complementa con la revisión de la vivencia personal de Sully, que rápidamente se verá trastornada no sólo por la investigación de la Comisión de Seguridad, sino sobre todo por la injerencia de los medios de comunicación: Eastwood recrea muy bien la radical experiencia de extrañamiento que para cualquiera implica su inmersión en la vorágine mediática, así como también el modo en que los medios terminan ejerciendo una distorsión absoluta de la realidad a partir de su espectacularización. Maestro de la síntesis, a Eastwood le bastará una escena para exponer el problema al cruzar a Sully con unos borrachos en un bar, quienes al verlo al lado suyo y en la televisión exclamarán: “!está aquí, allá, está en todos lados!”, exponiendo la confusión que vive el personaje. Hombre común al fin inmerso en circunstancias extraordinarias, Sully deberá juntar todas sus fuerzas morales para hacer frente a un mundo regido por las corporaciones, aunque detrás suyo estarán las ilusiones y los valores de toda una comunidad, una figura típica del cine clásico que bien vale la pena celebrar en nuestros días de individualismos sin límites.

 

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2016

Published in: on 15 diciembre, 2016 at 1:39  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://lamiradaencendida.wordpress.com/2016/12/15/sully-hazana-en-el-hudson/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: