Festival de Mar del Plata

Una mujer en lucha

 

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Aquarius

Sonia Braga se luce en “Aquarius”, que despunta como una de las candidatas al premio mayor del festival

A la mitad de la 31 edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata puede decirse que no hay aún un favorito claro en casi ninguna de sus competencias, lo que habla de un nivel general promedio compartido, algo que sin embargo no implica uniformidad. Si se viera el vaso medio vacío, uno podría decir que no han aparecido grandes sorpresas que sacudan radicalmente el panorama –algo que por cierto ha sucedido en pocas ediciones dentro de las secciones competitivas–, pero la otra mitad indica también que se ha conseguido aunar un nivel general aceptable con películas que exhiben una multiplicidad de estéticas y propuestas más que interesante –aunque el diagnóstico encuentre claras excepciones como la cubana “Espejuelos oscuros”, de Jessica Rodríguez Sánchez–.

Basta asomarse a la Competencia Internacional para intuir el panorama. El martes se estrenaron aquí las películas de dos conocidos del festival: “Aquarius”, segunda obra de ficción del crítico brasileño Kleber Mendonça Filho, y “Free Fire”, del británico Ben Wheatley, que no podrían ser más distintas en las resoluciones narrativas y formales que aplican a sus respectivas tramas. Ganador del Astor de Oro en la edición 2012 de Mar del Plata con “Sonidos vecinos”, Mendonça Filho vuelve a abordar aquí la cuestión de la vivienda y la convivencia con los otros, aunque desde un lugar muy distinto pues ahora plantea una disputa de resonancias políticas en torno a la idea de propiedad. La protagonista del filme es, en efecto, una jubilada que se resiste a vender su departamento a una corporación que ha comprado todo el resto del edificio con el objetivo de montar un gran negocio inmobiliario. No se trata de un tema distante precisamente para nosotros, ni los métodos de presión que deberá enfrentar Clara, interpretada gloriosamente por Sonia Braga, nos resultarán ajenos: el poder del capital suele trascender toda ley jurídica, ética o moral sin culpas religiosas ni objeciones institucionales por parte del Estado en casi todas las latitudes del globo. Sin embargo, aún en soledad por su condición de viuda, Clara sabrá poner límites a la prepotencia empresaria y el filme de Mendonça Filho se detendrá en esa cruzada ciudadana sin grandes estridencias ni golpes dramáticos, confiando en la performance de Braga para darle verosimilitud a un personaje de tintes épicos. Esa dimensión heroica está construida empero desde la más vulgar cotidianeidad del personaje, recreada minuciosamente a través de los capítulos en que se divide el filme: crítica musical, madre de tres hijos con vidas ya consolidadas, Clara vive su tercera edad con una vitalidad y libertad propias de quien ha sabido aprender de los avatares que le tocó vivir, al punto que se permite disfrutar de su sexualidad con la misma convicción con que enfrenta a la corporación que quiere apropiarse de su hogar. Acaso haya también allí un discurso político, pues Clara encarna un modelo de vida alejado de los dictámenes del mercado, donde la existencia puede estar organizada en torno a los propios ideales y los placeres que ofrece la cultura y el contacto con los otros. La clave de la propuesta está empero en el cuidado con que Mendonça Filho filma esa experiencia, que si bien puede rozar cierta idealización, parte de un cariño hacia los personajes que se expresa una puesta en escena de una alta sofisticación, al insertarlos en el contexto histórico que los condiciona a través de la construcción de los espacios urbanos como expresión de un orden que pretende anular toda experiencia singular de vida.

free-fire

Free Fire

Menos calidad, y mucho menos cariño por sus personajes, exhibe “Free Fire”, acaso una película menor de Wheatley (que ya participó del festival en 2015 con “High-Rise” y en 2012 con “Sightseers”), especie de ejercicio de estilo en torno a un tópico clásico del cine de género: un intercambio de armas que termina mal. Estamos a finales de los años ´70 y una célula del Ira se dispone a comprar armas a unos traficantes en un depósito abandonado. Se trata de una escena prototípica, en la que dos grupos fuertemente armados se encuentran en una situación de extrema tensión, donde la lucidez parece ser encima el bien más escaso. En base a diálogos filosos que asientan su ingenio en las ocurrencias de las réplicas que se puedan dar entre los personajes, la película explorará así un largo enfrentamiento entre los personajes prácticamente en tiempo real, donde resulta difícil encontrar algún hallazgo más allá del humor que pueda surgir en algún giro particular.

Más de 90 años antes, John Ford estrenaba “El caballo de hierro”, una experiencia que Mar del Plata permite rescatar de las cenizas del tiempo con su ciclo de proyección de clásicos restaurados, esta vez con música en vivo: asomarse a esas imágenes en las condiciones originales en que se proyectaban permite constatar el abismo que nos separa de aquellos maestros, quienes no necesitaban largos diálogos para proponer giros ingeniosos en la trama y donde todo parecía estar por descubrirse aunque el cine ya pensaba el mundo con una complejidad, y un estado de perfección, que hoy parece imposible de hallar.

 

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2016

Published in: on 24 noviembre, 2016 at 19:51  Dejar un comentario  

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