Festival de Mar del Plata 2016

Poéticas de la amabilidad

 

herminia

Herminia y Helena

La 31° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata recién transita sus primeros días, pero ya pudo mostrar la notable variedad de opciones que tiene para ofrecer a sus visitantes: desde la experimentación radical del japonés Masao Adachi –nombre imprescindible del cine nipón de quien prácticamente no se habían visto filmes en Argentina– al género de corte autoral de Olivier Assayas o la herencia aún más depurada de la Nouvelle Vague en Pierre  Léon y el cine de compromiso político en John Gianvito o Wan Bing, por citar uno de tantos itinerarios posibles, el festival logra orquestar un panorama verdaderamente amplio sobre las posibilidades que ofrece el cine para pensarnos a nosotros, al mundo y a los modos que tenemos para representarnos en él.

Claro que la atención de la prensa suele centrarse en las secciones competitivas, donde ya comenzaron a exhibirse las primeras películas: ayer se estrenó la argentina “Herminia & Helena” en el certamen Internacional, donde Matías Piñeiro sigue depurando su particular modo de tomar a Shakespeare para construir un universo que resulta cada vez más amable y seductor. La excusa es esta vez “Sueño de una noche de verano”, que Piñeiro usa como base para ensayar otra exploración del mundo de la bohemia intelectual femenina a través de sus personajes conflictuados por enredos amorosos que los superan, como siempre con ciertas novedades: el escenario por un lado, ya que transcurre principalmente en Nueva York –ciudad que el director filma con una suficiencia que evita cualquier postal turística–, pero también el modo en que adapta la obra del célebre dramaturgo inglés, que aquí sirve más como fuente de inspiración para los personajes que como guía para sus conflictos y aconteceres.

La protagonista es una traductora llamada Camila (Agustina Muñoz), que se muda a Nueva York para traducir la citada obra de Shakespeare con el objetivo de una futura puesta en Buenos Aires, gracias a una beca en una prestigiosa residencia artística. Camila sigue los pasos de su amiga Carmen (María Villar), quien ha terminado la beca en el mismo programa antes que ella, aunque los juegos narrativos que esta vez propondrá Piñeiro no se centrarán tanto en la duplicación de las situaciones que viven los personajes como en “La princesa de Francia”, su anterior filme (al que el hermoso primer plano de “Herminia…” remite directamente), sino en la exploración de los vaivenes amorosos que vivirá la protagonista a partir de su instalación en un nuevo contexto como Nueva York. Con una narración que avanza paralelamente en dos tiempos, estructurada a partir de capítulos, el filme se volverá a internar entonces en la experiencia femenina con el amor a partir de distintos disparadores: la relación de Camila con un novio que dejó en Argentina, un antiguo amor newyorquino y la irrupción de un nuevo affaire, aunque de fondo sobrevuela un acontecimiento mayor, la posibilidad de conocer a su padre, a quien nunca vio.

paterson

Paterson

De todas formas, lo principal en el cine de Piñeiro no está en la trama sino en el particular tono que consigue al desarrollar sus comedias sobre la levedad del ser humano: con una puesta en escena cada vez más libre y afinada, capaz de jugar con las texturas de la imagen o insertar en medio del filme un corto de 35 mm en blanco y negro, este director de 34 años logra construir una amabilidad tal para el espectador que dan ganas de quedarse a vivir en sus películas, aún con todos los yerros y desengaños que puedan vivir sus protagonistas. La película se ubica así a años luz de su competidora “Moonlight”, del norteamericano Barry Jenkins, el otro estreno de la Competencia Internacional, que ensaya un abordaje mucho más convencional de la vida de un homosexual de color y de clase popular en la Norteamérica de inicios de siglo, donde la posibilidad del juego y el placer con la narración parecen excluidas por la importancia de los temas que decide abordar con suma gravedad.

Un tono similar al de “Herminia…” se puede encontrar empero en el último filme de Jim Jarmusch, “Paterson”, otro de los estrenos importantes del festival, donde el director norteamericano recrea la cotidianeidad de un conductor de colectivos aficionado a la poesía. En base a un esquema narrativo circular, que en la repetición de situaciones y gags va tejiendo el singular humor que lo caracteriza, Jarmusch irá construyendo una rutina tan fuerte como el hierro para su protagonista, quien a pesar de las largas horas de trabajo sobre su colectivo puede encontrar en la poesía y en su pareja, una mujer de capacidad soñadora sin fin, un refugio aún más firme para sostener una vida moderadamente feliz, donde el arte se convierte en lo que nos distingue, y justifica, como especie en la tierra.

 

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2016

 

Published in: on 21 noviembre, 2016 at 14:44  Dejar un comentario  

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