327 cuadernos

La memoria como creación

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Las relaciones entre el cine y la literatura han sido tema recurrente de debate en casi todo el tiempo histórico que ambas artes tuvieron la suerte de compartir, aunque pocas películas han logrado pensar sus alcances y posibilidades a fondo. El siempre vital Cineclub La Quimera proyectará hoy jueves, en una única función (ver en https://laquimera.wordpress.com/), uno de sus mejores y últimos ejemplos: “327 cuadernos”, de Andrés Di Tella, es un ensayo sobre el arte de la narración como forma de memoria y de construcción de la identidad, en base a los diarios íntimos del gran escritor Ricardo Piglia. El autor de clásicos contemporáneos como “Respiración artificial” o “Plata quemada” es en efecto su protagonista excluyente, aunque Di Tella tiene la suficiente inteligencia como para orquestar una puesta en escena que sea capaz de acompañar y potenciar sus búsquedas, de modo que “327 cuadernos” se termina convirtiendo en una exploración lúdica de las posibilidades del cine para dar cuenta de una experiencia personal en su perpetuo diálogo con la historia y los acontecimientos políticos que la determinan.

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Todo comienza con una casualidad. El director se encuentra a Piglia en la universidad de Princeton justo cuando el escritor decide volver a vivir a la Argentina con un proyecto largamente postergado: trabajar sobre los diarios que escribe desde los 16 años con vistas a una futura publicación. Inmediatamente surge el proyecto de la película –cuyo título hace referencia a los cuadernos en los que Piglia escribe a mano su diario–, que Di Tella no tardará en comenzar: filmar un diario de la lectura de aquellos diarios que realizará su autor. “¿Cómo filmar a un escritor?”, se preguntará  entonces Di Tella, y su respuesta no podrá ser más atinada pues orquestará un diálogo lúdico y lúcido con el proceso que experimenta Piglia al abordar sus textos, que implica una doble intervención que se desarrolla de manera simultánea: por un lado, la narración que el propio escritor irá articulando en la tarea por cierto desafiante de revisar toda su vida a través de la lectura de sus diarios (donde pronto descubrirá los frágiles límites entre realidad y ficción, al constatar por ejemplo que “hay recuerdos vivos que están ausentes y otros que están pero no recuerdo haberlos vivido”), y por otro la representación que construirá Di Tella de aquél proceso, ensayando sus propias relaciones con la experiencia íntima que vive el escritor, en busca acaso de una forma que le pueda hacer justicia desde otro lenguaje, aquel que se articula con imágenes y sonidos.

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El director recurrirá así a una amplia gama de archivos para acompañar la lectura de los textos y las charlas con Piglia, que a veces toman incluso preeminencia sobre sus propias voces: en el propio inicio, las imágenes de noticieros de la gente celebrando el derrocamiento de Perón en el ´55 se anticipan a la narración de Piglia, que en ese hecho histórico encontrará una clave de su vida (ya que obligó a su familia a un exilio en Mar del Plata que marcará el inicio de la escritura de sus diarios, germen del  futuro escritor). Otras veces, Di Tella filmará imágenes que dialoguen con el relato de su protagonista como aquellos planos misteriosos de una ruta nocturna dominada por la niebla, cuando Piglia comienza a adentrarse en los pliegues del pasado –creando un tono elegíaco acorde a la tarea que inicia el escritor–, y otras recurrirá a imágenes aleatorias que no tienen un nexo estricto con el relato, como archivos familiares anónimos o escenas singulares que hablan de un tiempo histórico específico (hay hallazgos maravillosos como las hazañas de un súper hombre que es pisado por un camión) en sintonía con la búsqueda central que anima a ambos protagonistas: ¿Cómo dar cuenta de una experiencia singular de vida, atravesada por los vientos de la historia? La respuesta de Piglia se encuentra en “Los diarios de Emilio Renzi: años de formación”, primer volumen de sus diarios ficcionalizados a través del personaje más importante de su obra literaria (cuyo segundo tomo, “Los años felices”, ya está publicado y sólo falta conocer el tercero, “Un día en la vida”), mientras que la de Di Tella se verá esta tarde en La Quimera, donde el lector podrá constatar la pertinencia del cine para representar la memoria personal, aunque también sus límites: hacia el final de “327 cuadernos” el tiempo irrumpirá abruptamente para imponer su ineluctable dictamen sobre el cuerpo envejecido del escritor, atacado por una enfermedad que le impide hasta escribir.  Para entonces Piglia ya habrá hecho por fortuna los ajustes necesarios con los fantasmas de su pasado, y la  propia película nos habrá permitido ser testigos privilegiados de un proceso donde el arte consigue salvar todos los avatares de la vida.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 10 noviembre, 2016 at 1:26  Dejar un comentario  

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