Crespo (la continuidad de la memoria)

El cine como una forma de sanación

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Estrenada en el último Bafici, donde terminó siendo una de las sorpresas argentinas de la edición, “Crespo (la continuidad de la memoria)” es un notable ejemplo de las posibilidades que guarda el documental, habitualmente pensado como un género menor y más limitado que la ficción, cuando en realidad ocurre todo lo contrario. Especie de diario íntimo escrito con imágenes, duelo poético que se despliega en la propia puesta en escena o remembranza fantasmal de un pueblo, un pasado y un padre ya ausentes, el filme de Eduardo Crespo puede ser muchas cosas a la vez sin arriesgar por ello coherencia ni caer en resoluciones facilistas o melodramáticas que traicionen su modesta –pero persistente– obsesión.

Si bien el tema del filme de Crespo es, efectivamente, la memoria, lo es en tanto intersección azarosa y brutal de la realidad a partir de la sorpresiva muerte del padre del director, experiencia que marcará la génesis de la película para determinar no sólo su desarrollo, sino también su tono, su contenido, hasta sus elecciones formales en su totalidad. Esa mácula devendrá entonces fuerza poética gracias a la capacidad de Crespo para canalizar, en la puesta en escena, las repercusiones emocionales de aquél trauma original sin construir por ello una película lacrimógena sino vital, hasta alegre se diría, por las posibilidades que encuentra en el cine y el mundo para purificar su dolor. He allí su mayor logro.

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Ya el inicio es muestra de ese terreno incierto al que se lanzará Crespo: un plano general encuadra a la guía de una casona museo de la localidad entrerriana del título –homónima al director– narrando la historia del lugar a un curso de cuarto grado, cuando la propia voz de Eduardo Crespo irrumpe para plantear el dilema del filme. Que no versa tanto sobre la extraña coincidencia de su apellido con sus lugares de vida (si bien nació en Crespo y actualmente vive en Villa Crespo, el director no tiene conexión alguna con los nombres de ambos lugares), sino con la inesperada muerte de su padre, que modificará irremediablemente la película porque él iba a ser su protagonista. La secuencia finalizará de hecho con la guía celebrando el título de “capital nacional de la avicultura” de la localidad, que en su plan original iba a funcionar como excusa narrativa para acercarse a su progenitor: “Ahora que no está mi padre, esta película comienza a mutar”, anunciará el propio director.

Desde entonces, Crespo se lanzará a una aventura propiamente cinematográfica con los altibajos que puede implicar: explorar distintos modos de acercamiento hacia su padre a partir, no sólo de los testimonios de familiares, sino del propio pueblo como objeto indirecto de estudio. Aunque esta vez con una nueva obsesión: asegurar la “continuidad de la memoria” para expiar el dolor de la pérdida. Las formas serán tan variadas como lo permita la improvisación: si hay un mérito en el director, es su capacidad de entregarse al azar del devenir para descubrir las posibilidades del cinematógrafo. A partir de la reconstrucción de los hobbies paternos y su vida en Crespo, de la semblanza del pueblo, de entrevistas a personajes del lugar, filmaciones caseras o incluso un intento de construcción de la primera idea original de la película, con idas y vueltas varias, el director irá armando un fresco como homenaje póstumo, pero también una pertinente reflexión sobre la memoria y sus formas de supervivencia, aunque no cómo una ordenada construcción teórica sino como una desesperada búsqueda afectiva. Un momento clave ocurrirá con la irrupción de dos fotógrafos que abrirán la película a una certeza en medio del aparente caos: la fotografía puede funcionar efectivamente como reservorio de la memoria, como documento de un tiempo que pasó pero que permanece congelado en esas imágenes, mientras que el cine es un escenario de inestabilidad, donde, sin embargo, se puede elaborar un proceso de autodescubrimiento para tratar los pesares de la existencia. El cine se vuelve entonces un espacio de reencuentro con la vida y de celebración de sus posibilidades.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2016

PD: Crespo (la continuidad de la memoria) se proyectará hasta el domingo 16 de octubre en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (ver horarios en http://cineclubmunicipal.com/production/crespo/)

Published in: on 14 octubre, 2016 at 1:11  Dejar un comentario  

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