La aventura del conocimiento

Entrevista a Ignacio Agüero

aguero

El reconocido director chileno viene a Córdoba a presentar “El otro día”, su última película, en el marco de la Feria del Libro

El cine de Ignacio Agüero es sin dudas particular, no tanto porque vaya a contrapelo de las formas convencionales de producción, narración y filmación de la inmensa mayoría de películas que llegan a nuestra salas, sino porque al mismo tiempo parece aprovechar a fondo las posibilidades que brindan una cámara y un dispositivo de captación del sonido. Cualquier excusa, por nimia que parezca, puede despertar la curiosidad del director, un ánimo de explorador que invariablemente deriva en películas que constituyen pequeñas odiseas del conocimiento, a partir de la simple disposición de ir al encuentro de los otros.

En “El otro día” –filme que se estrenó este jueves en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, donde se proyectará hasta el domingo (ver en http://cineclubmunicipal.com/production/el-otro-dia-2/ )–, Agüero ejercita una extraña democracia humanista: se propone visitar las casas de aquellos que tocan a su puerta, sea para pedir una ayuda, sea para entregar una carta o hacer una consulta, con lo que termina trazando una conmovedora radiografía de su comunidad, siempre desde su propia intimidad. A raíz de su visita a Córdoba para presentar su película en el marco de la Feria del Libro (hoy viernes estará en la función de las a las 20:30, mientras que mañana sábado compartirá una mesa con Gustavo Fontán a las 18:30 en el marco de la Feria del Libro) el célebre documentalista chileno se prestó a dialogar sobre su oficio y esa singular disposición a trabajar con el azar de la realidad.

 

MI: ¿Cómo nacen sus películas? ¿Cómo fue el caso de “El otro día”?

Ignacio Agüero (IA): Nacen de imágenes que piden a grits ser consideradas, tomadas en cuenta, trabajadas, tocadas, vistas. “El otro día” nació de mi fascinación por la luz de la mañana que entra por las ventanas y se mueve con gran sensualidad tocando objetos, creándolos con su poder de tocarlos y luego se va, dejando un incendio que se oscurece y esto ocurre todos los días. Hay un ventanal en mi casa que tiene la gracia de dejar pasar la luz del sol.

 

MI: A contramano de la mayoría de las películas que vemos, hay una apuesta por redescubrir la cotidianeidad en su cine, acaso verla bajo una nueva óptica, ¿en qué medida esto es un plan o algo que acontece por su forma de trabajo?

IA: El único plan es darle un lugar a lo más importante. No escabullir esa realidad. En un momento me dije ¿cómo puedo hacer otra cosa que no sea quedarme en mi casa a mirar cómo se mueve la luz del sol entrando por las ventanas? ¿Para qué sentarme frente a un computador a pensar qué película hacer si la luz estaba entrando por la ventana?, ¿para qué buscar un tema o una novela si la luz se estaba moviendo en ese mismísimo momento, si la astronomía estaba ocurriendo delante de mis ojos? Ahora, yo me pregunto cómo no filmé eso antes, si siempre estaba ocurriendo. ¿Las películas que hice antes de ésta se fijaban en algo más importante que la luz del sol entrando por la ventana? Cada película dice qué es lo más importante en cada momento, aunque estén equivocadas. “El otro día” es tal vez la película menos equivocada de todas las que he hecho, que son muy pocas.

el-otro-dia

MI: ¿De dónde surge entonces ese interés por ese fenómeno natural que es la luz? ¿Qué búsquedas se planteó con respecto a ella?

IA: No hay búsquedas sino necesidad de trabajar cuestiones, y en este caso fue la luz. Tal vez esta necesidad en particular vino de haber trabajado en la película anterior con un tema. Vino de la necesidad urgente de alejarme de los temas y de acercarme al cine. El cine no tiene nada que ver con el tema. El cine es lugar, objeto, luz, luz moviéndose.

 

MI: A la vez, “El otro día” establece una relación particular con su intimidad porque es atravesada continuamente por lo social, ¿cuáles son las razones de esa organización de la narración?

IA: Tampoco hay aquí razones ni búsquedas. Se trata de un juego que no existía y que se crea. Llega un momento en que la película comienza a existir porque aparece una forma precisa para trabajar las cuestiones que están rondando, aparecen las reglas del juego, y en el caso de “El otro día” las reglas fueron estar atento a todo lo que ocurre en un espacio, desde el punto de vista de una persona. El espacio era mi casa, a la que llegaban personas tocando el timbre y ese era un hecho precioso para acoger en la película. Esto hizo comprender el juego como un juego de dos espacios: el espacio de una casa y el espacio de todas las casas, la ciudad.

 

MI: ¿Cómo pensó ese acercamiento a los otros?

IA: La única pauta fue considerar sólo a desconocidos, no incluir a los parientes o amigos. También la decisión de no revestir esa relación con los otros con algo más que no fuera el puro encuentro. Ellos me visitan, yo los visito, no hay más. Y no son entrevistas sino conversaciones. Me gustó la idea de darle curso al encuentro entre desconocidos en una ciudad, un encuentro que se produce azarosamente.

 

MI: Se podría pensar que la película revisa también distintos modos de habitar una ciudad, ¿pensó algún modo particular de registro de los espacios?

IA: No creo que la película haga eso de revisar modos de habitar, pues si lo hiciera o si se lo hubiera planteado habría que haber producido la visita de vecinos de los barrios ricos. Siempre me lamenté porque ningún rico desconocido llegó a tocar el timbre de la casa. Hubiera sido delicioso ir a tocar el timbre (el citófono) de su casa y convencer a los empleados de llamar al dueño de casa hacia la puerta. Entonces no hay revisión de modos de habitar sino solo un gesto de relación entre seres que comparten la misma ciudad (con la excepción de Estibaliz que vive en Valparaíso). Por otra parte, hay una escala de ricos pues yo mismo soy un rico para los que van a tocarme el timbre. Es posible imaginar entonces a miles de personas que salen de sus barrios a golpear las puertas de las casas de gente más rica que ellos, y que saben a qué barrios pueden ir pues si van a los barrios más ricos con toda seguridad los llevan detenidos, o no les sale a cuenta porque tal vez en una manzana hay una sola casa.

 

MI: ¿Por qué incluye la lectura de los diarios de Charles Darwin?

IA: Porque el libro estaba ahí, justo debajo de un grabado donde aparece la figura de Jemmy Button. Darwin y Button se conocieron, navegaron juntos. Y en mi casa separaba la imagen de cada uno de ellos, en el libro Darwin y en el grabado Button, la distancia de uno o dos metros. Por eso la cámara puede relacionarlos con una panorámica. Lo menciono más de una vez pero incluyo una lectura sólo una vez.

 

MI: ¿Qué significa para usted el cine?

IA: Para mí, el cine significa la posibilidad de pensar, de crear y de jugar. El cine otorga el enorme poder de crear un mundo, y, al hacerlo, creas el mundo. Por eso es que el cine debe estar en la escuela. Por otra parte es el fenómeno que más nos acerca a tomar contacto con el misterio de la existencia, y que además nos permite trabajarlo.

 

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2016

Published in: on 9 septiembre, 2016 at 16:05  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://lamiradaencendida.wordpress.com/2016/09/09/la-aventura-del-conocimiento/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: