El buen amigo gigante

Reivindicación de la fantasía

el_buen_amigo_gigante-04_0

Hacía falta que Steven Spielberg regresara a las grandes pantallas para devolver a la ficción infantil hollywoodense a su mejor forma. “El buen amigo gigante” es puro clasicismo cinematográfico dispuesto para la fantasía juvenil: no hay aquí vínculo alguno con el aturdimiento estético y narrativo (con sus montajes frenéticos, tramas llenas de solemnidad, multiplicación de personajes, aceleración de las acciones, sobreabundancia de chistes y gags cómicos o el abuso de estímulos visuales) que suelen proponer los tanques norteamericanos como único método para alanzar al público infantil, como tampoco aquél gastado recurso del doble discurso que apunta simultáneamente a los padres. Con base en otro clásico del escritor inglés Roald Dahl, Spielberg despliega en cambio todo su talento narrativo para componer una fábula que respeta en primer lugar a sus destinatarios privilegiados, ubicándose a su altura para construir desde allí un relato que les permita jugar con las posibilidades de la fantasía en sus propios términos, atendiendo al placer como principal valor rector.

Buenamigo2

No se trata, por supuesto, de evitar las rispideces de la vida –cómo sí suelen hacer muchos tanques infantiles que transcurren en el limbo–: la protagonista es, de hecho, una niña huérfana que sufre de insomnio a causa presumiblemente de su soledad. El tono lúgubre del orfanato londinense en que vive, construido con un estilo victoriano que remite inequívocamente a Dickens, es suficientemente elocuente respecto del presente angustioso de Sofía (Ruby Barnhill), joven amante de la literatura que una noche verá modificarse radicalmente su vida. Presa del acostumbrado insomnio, Sofi se asomará al balcón del orfanato para buscar a su gato, aunque lo tenga prohibido: no tardará en descubrir la razón, pues será secuestrada por un hombre del tamaño de los edificios que la rodean, al ser descubierto in fraganti por la niña. Esa secuencia inicial del rapto, que sobreviene a los pocos minutos de película, muestra ya el uso que Spielberg es capaz de dar a la tecnología CGI: la reconstrucción de la mirada subjetiva de la niña mientras cuelga de un pañuelo del gigante que corre a gran velocidad para salir de la ciudad –escondiéndose ingeniosamente de los transeúntes en las sombras de los edificios– consigue representar con elocuencia la dimensión de la situación y las proporciones de su captor. Algo que se profundizará cuando Sofi llegue a la tierra de los gigantes para habitar junto a este anciano de siete metros que resultará ser un hombre humilde y bonachón, acaso la anhelada figura paterna de la niña, un clásico ya en el universo de Spielberg. Son dos soledades, en efecto, que se encuentran pues el BAG (Buen Amigo Gigante) como lo apodará Sofi, es también un solitario, un marginado en su propia comunidad, donde resulta incluso un enano. Su casa está rodada por un grupo de gigantones que lo triplican en tamaño y son su exacto reverso en tosquedad y brutalidad: mientras BAG se dedica a cazar sueños para repartirlos entre los hombres mientras duermen, los máximos anhelos de los gigantes consisten en conseguir humanos para comerlos y retozar como bestias. La odisea de Sofi pasará, precisamente, por salvarse de la angurria de los gigantes y conseguir emancipar a BAG de su yugo violento, ya que su amigo es utilizado como un sirviente por ellos.

buewnamigo

Aún así, la película es luminosamente feliz. A pesar de su manifiesta fortaleza, los gigantes son también unos niños indefensos que tienen miedos ridículos, como un terror patológico por el agua, y dependen de BAG para los más ínfimos contratiempos como las pequeñas heridas que sufren en sus juegos, con lo que difícilmente representen una amenaza real para la inteligente Sofi. A su vez, BAG es un demiurgo de la fantasía, una figura que duplica al director de cine que es concebido aquí como un guardián de sueños: hay una alegoría evidente entre su tarea y la que Spielberg concibe para el séptimo arte que queda sintetizada en un hermoso plano general en picado donde los personajes están por zambullirse en el lago de los sueños, en cuya profundidad se vislumbra un mundo lleno de colores, belleza que la profundidad de campo potencia en el 3D. Es que, como cabía esperar, Spielberg sabe utilizar muy bien la tridimensionalidad para construir las diferentes proporciones de su universo, apelando a planos secuencia que pueden flotar en todas direcciones para abarcar un mismo acontecimiento: la decisión capital, empero, es privilegiar la posición de la niña en el registro de las acciones, lo que permite captar ese mundo desde su punto de vista, al extremo de que la secuencia final se narrará enteramente desde la posición de Sofi –con lo que parece resignar espectacularidad, aunque si nos detenemos a ver la complejidad de la composición de los planos nos daremos cuenta que ocurre lo contrario–. Pero la mejor síntesis de aquella idea es la propia película, que terminará siendo una invitación a gozar de las posibilidades de la fantasía en todas sus dimensiones, incluso desde los propios juegos con el lenguaje que construye BAG, que confunde continuamente los tiempos verbales y las palabras con resultados que suelen ser más reveladores y ciertos que la propia realidad.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2016

Published in: on 22 julio, 2016 at 1:46  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://lamiradaencendida.wordpress.com/2016/07/22/el-buen-amigo-gigante/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: