Entrevista a María Aparicio

Viaje hacia lo desconocido

mariaaparici

María Aparicio

Charla con la directora de “Las calles”, que este jueves se estrena en el Cineclub Municipal Hugo del Carril

María Aparicio es una de las novedades más auspiciosas que ha dado cine local en los últimos tiempos. Con apenas 21 años, tuvo un gesto insólito para su edad y para el cine dominante en nuestro tiempo: se fue al sur del país en busca de lo desconocido para filmar su ópera prima. La historia le había llegado a través de una amiga, Natalia Gamarro –que terminaría siendo la productora del filme–, quien le contó sobre un proyecto escolar gestado en Puerto Pirámides, un pequeño pueblo de la Península de Valdés (Chubut) donde los niños realizaron una investigación durante años para permitir que la propia comunidad le ponga nombres a sus calles, que aún estaban innominadas. Aparicio no sólo decidió filmar la historia en aquél lugar lejano, absolutamente ajeno a ella, sino que también eligió hacerlo de una manera particular: apostando a la participación activa de sus pobladores, a un cruce lúdico entre ficción y documental, sin ningún respaldo económico en sus espaldas. El resultado es “Las calles”, una de las mejores películas locales de los últimos años, que muestra una madurez notable de su directora –reconocida con el premio respectivo en la Competencia Argentina del último Bafici–y que hoy estrenará el Cineclub Municipal Hugo del Carril (http://cineclubmunicipal.com/peliculas/las-calles/).  Con la participación de Eva Bianco en el rol de Eugenia Eraso –la profesora original que realizó el proyecto–, “Las calles” permite viajar hacia el interior más íntimo de una comunidad singular, mientras protagoniza un acontecimiento  eminentemente político, con lo que se vuelve un vehículo conmovedor de pedagogía democrática. Aquí, sus palabras.

¿Cómo surgió la película?

Natalia Gamarro (NG): La historia surgió de un vínculo, de una vivencia de muchos años cuando yo trabajé en Puerto Pirámedes, con esos niños, con esa comunidad de pescadores, y sobre todo con Eugenia Eraso, la profesora que llevó a cabo el proyecto cuando yo ya me había ido de allí, pero con quién siempre me mantuve en contacto porque era mi amiga. Después pasaron muchos años hasta que volví en 2012 con una puesta en escena llamada “Tratado de Pax”, entonces me reencontré con esa gente y volví a trabajar con ellos: ahí empecé a pensar que había que contar esta historia. Con Maru ya teníamos un vínculo de trabajo a partir de varios proyectos comunes, y le conté la idea de registrar esta historia porque compartíamos un montón de cosas tanto desde el lenguaje audiovisual como desde un sentimiento común, un vínculo compartido de trabajo.

¿Por qué decidiste filmar esta historia?

María Aparicio (MA): Yo venía pensando algunas ideas sobre la forma de trabajar con la realidad y a partir de ella construir un relato, viendo películas que me inspiraran, hasta que Natalia me contó esta historia que me pareció muy adecuada para mis búsquedas. En realidad, todo comenzó con un grupo de amigos con los que trabajamos hace tiempo y se empezó a dar la posibilidad de viajar para conocer el lugar:  cuando fuimos, nos dimos con todo un mundo que es mucho más grande de lo que puede parecer a primera vista, porque nos adentramos en la historia puntual que cuenta la película pero también en el universo de la pesca, del mar, de las costumbres de los pobladores y todo lo que implica conocer un lugar que era absolutamente ajeno para mí.  Siempre me pareció importante también lo que ellos habían hecho, y cuando hicimos ese primer viaje me di cuenta que de ahí se podían disparar muchas películas distintas: cada uno de los espacios de ese lugar, cada una de las personas que viven allí, contenían muchas películas distintas en sí misma. Eso me llamó mucho la atención, y desde ahí se fue construyendo la película.

Lascalles3

¿Cómo llegaste a ese lenguaje que cruza ficción y documental?

MA: Siempre había una idea de qué película íbamos a hacer, de qué vínculos íbamos a trazar con las personas del pueblo, cosas que teníamos claras desde el inicio. Al principio, pensamos en usar un guión ficcional pero ya en ese primer viaje nos dimos cuenta de que no tenía ningún sentido sino que justamente lo rico estaba en el encuentro con esa gente y en poder hacer un retrato de ese lugar articulado con esta historia sobre el nombramiento de las calles. Cuando volvimos de ese viaje, hicimos un trabajo muy grande sobre cómo íbamos a registrar esos espacios, cómo íbamos a poner la cámara y cómo íbamos a retratar a las personas del lugar, donde Santiago Sgarlatta aportó mucho desde la cámara y César Aparicio (director de fotografía) con la imagen. A mí me gusta mucho la cámara y fue muy bueno poder trabajar con ellos porque conseguimos una gran confianza y claridad respecto al lenguaje que necesitábamos para lo que queríamos hacer. Pero al mismo tiempo había una parte importante que quedaba abierta porque no trabajamos con un guión cerrado, sabíamos que gran parte de la película la íbamos a encontrar ahí en el rodaje, aunque luego estuvimos dos años para terminarla, con casi un año y medio trabajando en el montaje, por lo que la película se terminó de encontrar en la postproducción.

¿Qué cosas te propusiste al abordar ese universo?

MA: Primero que nada, queríamos trabajar a la par de ellos, no queríamos poner un guión para que interpretaran sino construir la película en conjunto. De hecho, con los niños teníamos armadas unas escenitas, apenas unas ideas, pero al momento de filmar nos sentábamos con ellos a analizar la propuesta: si no les gustaba, buscábamos otra forma a partir de sus sugerencias acerca de cómo querían verse representados ellos mismos. Con Renzo (uno de los personajes del filme), por ejemplo, nos pasó que él sugirió aparecer con su hermano tocando la guitarra y la escena se hizo de acuerdo a lo que quería. Toda la película fue una construcción a la par con ellos, porque nos impusimos la idea de que teníamos que respetarlos en todo sentido, tanto desde la cámara como desde las ideas, porque éramos nosotros los que nos estábamos metiendo a filmar sus lugares. Pero siempre tuvimos en claro la película que queríamos, aún cuando trabajábamos sin tantas certezas, siempre supimos a la película que íbamos a buscar.

Hay un trabajo fundamental de Eva Bianco, ¿cómo se insertó ella en esa comunidad?

MA: Eva tiene un lugar muy importante en la película porque fue como una guía para los chicos, en muchas ocasiones ella iba incluso conduciendo las acciones internas de la película, y eso fue muy importante para poder trabajar con los niños o con gente que no había tenido vínculos con una cámara. Es como que comprendió muy bien qué película queríamos hacer, qué intención teníamos, y de esa forma se abrió también a esa aventura porque nosotros no hicimos ningún trabajo actoral previo con ella, ningún ensayo ni nada. Simplemente la llenamos un poco de información de cómo era el lugar, de cómo era Eugenia y su proyecto, de cómo es la escuela, de cómo es la vida en el lugar, el mar, la pesca y ese universo, y en base a eso ella fue y se incorporó de una forma muy linda, vinculándose con la gente de ahí y partiendo de una confianza muy grande hacia nosotros porque no nos conocía y con toda su trayectoria a cuestas fue muy generosa con nosotros, al igual también que Mara Santucho y Gabriel Perez (los únicos actores reales). Los tres comprendieron cómo íbamos a buscar la película en el momento de filmar y se entregaron a esa aventura.

lascalle2

¿Qué dirías que narra tu película?

MA: Para mí, narra un suceso que me parece es referencial para muchos por el significado político que tiene el hecho de que el mismo pueblo elija los nombres que van a llevar sus calles, más allá de las calles en sí, porque al fin y al cabo funcionan más como una excusa para que se discuta y para que se produzca ese encuentro entre la misma gente del lugar. De ahí en más, creo que es una película que habla de un espacio y un lugar que es muy especial, muy distinto a mi mundo al menos, por lo que intentamos hacer un retrato de ese espacio que tiene muchas cosas que no se ven a primera vista. Cuando fuimos a proyectar la película a Puerto Pirámedes, un poblador me contaba que los turistas suelen ver al lugar como vacío, donde no pasa nada, pero para ellos tiene muchas cosas: ellos ven el mar y todos los días es diferente, porque el viento es distinto y la pesca es distinta, y la gente que llega es diferente. Eso es lo que a mí siempre me maravilló y lo que intentamos mostrar en la película, que es como una ventana abierta hacia ese lugar.

¿Por qué decidiste finalizar con el acto de votación?

MA: En realidad, no era el final que habíamos pensado en su momento, porque el cierre que yo me imaginaba era con planos de las calles con sus nombres. Incluso, habíamos hecho otro final, que tenemos filmado, donde Eva terminaba convenciendo e involucrando a otro personaje en el tema, pero a la hora del montaje, donde fuimos descubriendo la estructura de la película –lo que nos llevó mucho tiempo–, llegamos a ese momento y me pareció que no era necesario más, porque al fin y al cabo la película cuenta esa historia: un pueblo que le pone nombre a sus calles. Creo que de alguna forma es un símbolo de lo que implica políticamente el proceso, en cuanto a las ideas y a ese encuentro del pueblo en ese acto político.

NG: La votación real fue muy hermosa porque no había cuarto oscuro: uno llegaba y había todo un trabajo de registro fotográfico de las personas que eran los candidatos y estaban todos pegados en la escuela. En vez del cuarto oscuro había una planilla que tenían los niños donde uno marcaba su elección. Era otro sistema, otra mirada que dice mucho porque revela una confianza compartida, un acto realizado entre vecinos y familiares.

¿Por qué decidiste incluir a Osvaldo Bayer?

MA: Fue un poco porque Bayer trabajó mucho en el proyecto real, fue quién sugirió que se incluyera a los pueblos originarios entre los candidatos para nombrar las calles, y tuvo mucha relevancia para que se pudieran sancionar legalmente. Como tiene un vínculo con Eugenia, se pudo gestionar que estuviera presente en los días que filmamos y terminó en la película. Fue muy difícil igual, porque Osvaldo no es cualquier persona y yo no me sentía con la confianza necesaria como para dirigirlo y decirle lo que tenía que hacer. Nosotros habíamos planteado esa escena dentro de un bar porque no queríamos que fuera el Osvaldo Bayer Historiador con mayúsculas sino que queríamos incluir su mirada de una forma orgánica con la película. Entonces, armamos esa escenita donde está jugando a los dados con los hombres del pueblo, dentro de un bar, pero aún así en su momento fue difícil: yo pensé que no iba a funcionar en la película, y de hecho en los primeros cortes no lo había incluido, pero después Martín Sappia (montajista) le pudo dar un orden que funcionó.

¿Cómo reaccionó la gente cuando le pasaste la película?

MA: Lo primero que hicimos luego de terminar la película fue llevárselas para mostrarla, nos fuimos en dos autos y organizamos una función chica para la gente del pueblo. Era la primera vez que se veía la película y fue muy lindo, muy emocionante para todos pero sobre todo para nosotros porque era como empezar a terminar ese proceso largo de hacerla. Ellos se encontraron también con eso de verse representados: con ellos mirándose a sí mismos desde otro lado.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2016

Anuncios
Published in: on 15 junio, 2016 at 23:01  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://lamiradaencendida.wordpress.com/2016/06/15/entrevista-a-maria-aparicio/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: