Capitán América Civil War

El reino de la ingenuidad

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Capitán América Civil War, de los hermanos Anthony y Joe Russo, es una rara película de reclutamiento si reparamos en que su conflicto central expone de manera directa las principales críticas que genera la guerra contra el terror liderada por Estados Unidos, cuyo mito de guardián redentor del mundo se encuentra representado más que nunca por el equipo de súper vengadores. El tendal de víctimas que los héroes dejan en sus cruzadas justicieras como daños colaterales es el tema del filme. ¿La vocación política ha llegado a Marvel? Más bien nunca se fue, si por ella entendemos una forma de legitimación popular de la hegemonía cultural que Norteamérica ejerce sobre nosotros antes que la introducción de una grieta en ese imaginario simbólico –algo que muy pocas películas del género han intentado hacer (brilla entre ellas la irrepetible “V for vendetta”, de James McTeigue y las hermanas Wachowski)–,  a pesar de la vocación que tiene por abordar los dilemas del presente, como veremos.

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Tras una introducción que presenta al ambivalente villano de turno –nada menos que el Soldado de Invierno, retrotrayéndonos a los tiempos de la Guerra Fría–, la primera secuencia de acción plantea un escenario ubicado en el más candente presente: cual agentes secretos de inteligencia, los Avengers se encuentran persiguiendo un golpe terrorista en Sokovia, país ficticio que remite a las conflictivas colonias de las ex URSS, destinado a robar un arma química. Será la mejor secuencia de acción de toda la película, pues el enfrentamiento cuerpo a cuerpo con los asaltantes alcanza aquí un grado de materialidad infrecuente gracias a los encuadres amplios y los planos secuencia de la puesta, aunque sobre todo por el calculadísimo montaje que orquestan los directores, que además de vértigo busca esta vez potenciar la fisicidad de las acciones para volverlas más vívidas para el espectador, sin perder por ello inteligibilidad (algo que se potencia en el 3-D). La secuencia finalizará de manera paradigmática: el líder del grupo se inmolará ante Capitán América, aunque las víctimas mortales resultarán ser otras, aquellas que no gozan de la superioridad que los súperpoderes dan a nuestros protagonistas. Una madre interpelará en la secuencia siguiente a un Tony Stark inusualmente consciente y responsable, adjudicándole la muerte de su hijo inocente en otra operación. Si bien a trazos gruesos –no faltarán escenas de los superhéroes compunjidos por las consecuencias de sus batallas –, el dilema está planteado: ¿Cuáles son los límites de las cruzadas redentoras de estos semi-dioses terrestres? ¿Cómo se justifican sus intervenciones en países extraños e indefensos?  La respuesta, motorizada cínicamente por el Departamento de Estado, será una iniciativa de las Naciones Unidas para poner a los Vengadores bajo su control, con lo que el equipo pasaría a responder al organismo internacional: acosado por la culpa, Iron Man abogará por aceptar la propuesta, mientras que enfrente se colocará nada menos que el Capitán América, quien no aceptará rendir cuentas ante la burocracia política.

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No hace falta aclarar de qué lado se colocará la película, aunque su problema esencial no se encuentra allí sino más bien en la forma en que elude las consecuencias que su planteo implica. Filme que recupera el espíritu del cine de espionaje e intriga internacional, Civil War logra construir una trama que se inserta coherentemente en los dilemas actuales del terrorismo global –con otro villano, Zemo, que actúa desde las sombras para enfrentar a los Avengers entre sí y desatar su propia autodestrucción–, pero termina reduciendo toda complejidad política a un dilema de índole psicológica, antes incluso que ético o moral: al final de cuentas, los superhéroes deberán enfrentarse a sus propios fantasmas antes que a las consecuencias indeseadas de sus cruzadas justicieras, pues ellos mismos terminarán siendo víctimas de los daños colaterales de la geopolítica internacional, sea porque sufren en carne propia la pérdida de algún ser querido, sea por la culpa que experimentan. Los apuntes punzantes de la trama, como los cuestionamientos al intervencionismo militar en otros países o la violación a los derechos humanos en la política de confinamiento de prisioneros sin ninguna garantía civil de Estados Unidos, se irán diluyendo progresivamente así hasta culminar en pequeños dramas edípicos de unos y otros, atravesados por la tragedia de un mundo en donde nadie es finalmente responsable de nada.

 

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2016

Published in: on 20 mayo, 2016 at 0:31  Dejar un comentario  

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