Capitán América Civil War

El reino de la ingenuidad

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Capitán América Civil War, de los hermanos Anthony y Joe Russo, es una rara película de reclutamiento si reparamos en que su conflicto central expone de manera directa las principales críticas que genera la guerra contra el terror liderada por Estados Unidos, cuyo mito de guardián redentor del mundo se encuentra representado más que nunca por el equipo de súper vengadores. El tendal de víctimas que los héroes dejan en sus cruzadas justicieras como daños colaterales es el tema del filme. ¿La vocación política ha llegado a Marvel? Más bien nunca se fue, si por ella entendemos una forma de legitimación popular de la hegemonía cultural que Norteamérica ejerce sobre nosotros antes que la introducción de una grieta en ese imaginario simbólico –algo que muy pocas películas del género han intentado hacer (brilla entre ellas la irrepetible “V for vendetta”, de James McTeigue y las hermanas Wachowski)–,  a pesar de la vocación que tiene por abordar los dilemas del presente, como veremos.

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Tras una introducción que presenta al ambivalente villano de turno –nada menos que el Soldado de Invierno, retrotrayéndonos a los tiempos de la Guerra Fría–, la primera secuencia de acción plantea un escenario ubicado en el más candente presente: cual agentes secretos de inteligencia, los Avengers se encuentran persiguiendo un golpe terrorista en Sokovia, país ficticio que remite a las conflictivas colonias de las ex URSS, destinado a robar un arma química. Será la mejor secuencia de acción de toda la película, pues el enfrentamiento cuerpo a cuerpo con los asaltantes alcanza aquí un grado de materialidad infrecuente gracias a los encuadres amplios y los planos secuencia de la puesta, aunque sobre todo por el calculadísimo montaje que orquestan los directores, que además de vértigo busca esta vez potenciar la fisicidad de las acciones para volverlas más vívidas para el espectador, sin perder por ello inteligibilidad (algo que se potencia en el 3-D). La secuencia finalizará de manera paradigmática: el líder del grupo se inmolará ante Capitán América, aunque las víctimas mortales resultarán ser otras, aquellas que no gozan de la superioridad que los súperpoderes dan a nuestros protagonistas. Una madre interpelará en la secuencia siguiente a un Tony Stark inusualmente consciente y responsable, adjudicándole la muerte de su hijo inocente en otra operación. Si bien a trazos gruesos –no faltarán escenas de los superhéroes compunjidos por las consecuencias de sus batallas –, el dilema está planteado: ¿Cuáles son los límites de las cruzadas redentoras de estos semi-dioses terrestres? ¿Cómo se justifican sus intervenciones en países extraños e indefensos?  La respuesta, motorizada cínicamente por el Departamento de Estado, será una iniciativa de las Naciones Unidas para poner a los Vengadores bajo su control, con lo que el equipo pasaría a responder al organismo internacional: acosado por la culpa, Iron Man abogará por aceptar la propuesta, mientras que enfrente se colocará nada menos que el Capitán América, quien no aceptará rendir cuentas ante la burocracia política.

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No hace falta aclarar de qué lado se colocará la película, aunque su problema esencial no se encuentra allí sino más bien en la forma en que elude las consecuencias que su planteo implica. Filme que recupera el espíritu del cine de espionaje e intriga internacional, Civil War logra construir una trama que se inserta coherentemente en los dilemas actuales del terrorismo global –con otro villano, Zemo, que actúa desde las sombras para enfrentar a los Avengers entre sí y desatar su propia autodestrucción–, pero termina reduciendo toda complejidad política a un dilema de índole psicológica, antes incluso que ético o moral: al final de cuentas, los superhéroes deberán enfrentarse a sus propios fantasmas antes que a las consecuencias indeseadas de sus cruzadas justicieras, pues ellos mismos terminarán siendo víctimas de los daños colaterales de la geopolítica internacional, sea porque sufren en carne propia la pérdida de algún ser querido, sea por la culpa que experimentan. Los apuntes punzantes de la trama, como los cuestionamientos al intervencionismo militar en otros países o la violación a los derechos humanos en la política de confinamiento de prisioneros sin ninguna garantía civil de Estados Unidos, se irán diluyendo progresivamente así hasta culminar en pequeños dramas edípicos de unos y otros, atravesados por la tragedia de un mundo en donde nadie es finalmente responsable de nada.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 20 mayo, 2016 at 0:31  Dejar un comentario  

Entrevista a Darío Mascambroni

El oficio de contar

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El director haba de “Primero enero”, película con la que ganó en Bafici y hoy se estrena en el Cineclub Municipal

Pocos apostaban por “Primero enero”, de Darío Mascambroni, en la reciente Competencia Oficial Argentina del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici): película de ambiciones decididamente modestas, cuya propuesta estética parecía haber sido ya transitada por el cine cordobés reciente, el filme se terminó alzando no sólo con el premio mayor de la sección sino también con un premio especial de la Federación de Escuelas de Imagen y Sonido de América Latina (Feisal), lo que más allá de su calidad habla del impacto que puede generar en un público diverso, ya se trate de especialistas cinematográficos o simples espectadores, pues todos aplaudieron sus proyecciones porteñas.

A partir de hoy se producirá su encuentro con el público cordobés con el estreno en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49), donde se proyectará hasta el domingo (ver Agenda Cultural): drama minimalista que aborda un último fin de semana de un padre y su hijo en la casa de campo familiar de las sierras -a la que deben vender por la separación del matrimonio-, el filme desarrolla con una naturalidad infrecuente el proceso de adaptación mutua a los cambios que se avecinan, con la figura de la madre como constante fantasma en fuera de campo, gracias a un trabajo notable de la dupla actoral compuesta por Jorge Rossi y su hijo Valentino. En diálogo con Hoy Día Córdoba, el joven Mascambroni habla del proceso realizativo de una película que ostenta además un manejo notable de los rubros formales.

MI: ¿Por qué decidiste filmar en las sierras?

Daniel Mascambroni (DM): La elección de grabar en las sierras tiene que ver con que es el lugar donde más tiempo pasé en mi vida, sería como si hubiera filmado en mi casa. Yo me mudé muchas veces, pero la única casa que está desde que yo nací y sigue estando es esa casa de las sierras donde transcurre la película. Si hubiese filmado en Córdoba o Villa María, los otros lugares donde viví, quizás me hubiese costado un poco más ser tan fiel con ese espacio como lo fui.

MI: ¿Por qué entonces decidiste filmar esta historia?

DM: Lo primero que surgió fue las ganas de construir una historia en base a dos formas distintas de ver el mundo, una más influenciada por el pasado, que lleva al tema de la tradición, y otra un poco más fresca que de alguna manera modifique o replantee esas cuestiones preestablecidas. A raíz de esa necesidad surge la idea de contar la historia de un padre y un hijo, que tuvo muy poco tiempo de desarrollo pero que se fue construyendo a medida que se hacía la película: mientras filmábamos, terminábamos de cerrar la historia, aunque obviamente la terminamos encontrando en el montaje. Hay algo fundamental que es el tema del divorcio, que si bien mis padres nunca se divorciaron, y aunque sí era una de mis mayores preocupaciones cuando yo era chico, viene de una propuesta del padre de la película –que es el padre también en la vida real del chico–, que es una crisis que habían pasado hace poco tiempo, aunque sin divorciarse. A partir de que él aceptó tratar el tema con su propio hijo y que lo reconstruyéramos en la película, es cuando creo que se ganó el punto más fuerte que tiene la historia, o por lo menos con lo que la gente se identificó más según las devoluciones que hemos tenido.

MI: ¿Cómo fue el trabajo con el guión y los actores en escena?

DM: En ese tiempo corto de desarrollo, tuvimos charlas constantes con el padre donde yo le contaba cuáles eran las situaciones que se me habían ocurrido en base a esta lista de actividades para cumplir con la tradición que él le propone hacer a su hijo en la ficción. Yo le contaba básicamente cómo eran mis ideas sobre la cuestión de cómo el hijo le iba a empezar a cuestionar estos planos para modificarlos. En esas charlas, surge la idea del divorcio y entonces hicimos una especie de escaleta o lista de situaciones donde marcábamos qué era lo que no nos teníamos que olvidar, lo esencial de cada escena para que la película vaya en la dirección que necesitábamos.

Después, lo que fue el trabajo con ellos en las locaciones y los espacios, era charlar un poco la situación, elegir los elementos y tratar de dar la menor cantidad de indicaciones posibles en cuanto a lo técnico, para que se olviden lo más posible de que estaban actuando. En ese sentido, hubo una confianza muy grande puesta sobre el niño, que es muy inquieto, muy creativo y verborrágico, entonces yo me la jugué a que si le daba una indicación mínima, él me iba a proponer y aportar mucho de lo que se terminó viendo en la película.

MI: Hay una naturalidad en las escenas y las actuaciones que distingue a la película en el panorama local, ¿cómo la lograste?

DM: Yo era muy consciente en mis trabajos previos como estudiante, que no había trabajado bien con las actuaciones. Sobre todo porque me enfocaba en las cuestiones técnicas como el encuadre o la fotografía, y dejaba atrás a los actores. Entonces, tomé a esta película como una especie de objetivo personal para superar eso: intenté dejar lo técnico en manos de gente que aporta un montón como el caso de Nadir Medina que fue el DF -claro que discutiendo antes el tema- y me enfoqué en que los actores estén cómodos y se olviden de que están filmando. En este sentido, hubo una bajada concreta en el diseño de la puesta en escena que planteaba encuadres que rindieran por un tiempo prolongado. De esta manera, buscaba que cada escena se cuente en la menor cantidad de planos posibles, muchas veces intentando que el movimiento interno haga funcionar el encuadre en más de un nivel. Sin cortar tanto, evitábamos la repetición de las acciones, por lo general la primera o la segunda pasada era la más natural, ya después había una cuestión de recrear que se volvía un tanto artificial.

Creo que también aportó mucho que el espacio sea conocido por los actores, porque somos todos parientes que vamos siempre a ese lugar, porque el padre y el hijo son mi tío y mi primo. Entonces, nos conocíamos, las situaciones eran armadas por todos y no hubo composición de personajes: ellos no eran otras personas sino que jugaban a ser ellos mismos. Y por último creo que fue importante no plantear un guión estricto que había que seguir, porque no había una letra que acordarse sino que más bien se iban guiando entre ellos, y yo era como un tercer guía detrás de la cámara, que simplemente planteaba la propuesta. Lo sorprendente fue que mi primo con apenas siete años guiaba muchas veces al padre, porque a lo mejor mi tío se olvidaba de la situación de una escena o incluso había pequeñas frases puntuales que nos interesaba que estuvieran, y él guiaba al padre para que se acordara de lo que tenía que hacer.

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MI: Hay una decisión formal clara que es filmar la película a la altura de la mirada del niño, ¿por qué decidiste esa puesta?

DM: Fue una cuestión que se dio en rodaje, porque había como una especie de magnetismo que genera el Vale que hacía que todo el tiempo no solamente la cámara sino todos alrededor suyo le prestaran más atención a él, aunque también tiene que ver con una actitud del padre de retirarse un poco para que su hijo se sienta cómodo. El que proponía todo el tiempo era Valentino en base a todos los que estábamos alrededor de él. Ya en rodaje empezamos a notar que funcionaba, lo charlamos mucho y yo me comencé a replantear cuál iba a ser el punto de vista de la película, lo que afectaba mi lugar como realizador, porque me puse a pensar a quién de los dos me acercaba más: si bien yo no me sentía tan rebelde respecto a las tradiciones que propone la película como el Vale, sí en lo que pienso realmente me acerco mucho más al niño y es por ahí por donde terminó yendo la película. Y es algo que el montaje terminó de cerrar claramente.

MI: Respecto a la forma de captar la naturaleza, ¿qué búsquedas te guiaron?

DM: Así como buscábamos naturalidad en las actuaciones, intentamos reconstruir el espacio de la manera más natural posible, sin caer en una especie de película promotora de turismo. Siempre en función de lo narrativo, pensando qué sugiere o qué aporta cada paisaje a lo que la historia quiere contar, bajo la idea de no sumar un atardecer o una lluvia si no tenía un peso narrativo específico o relación con lo que se estaba queriendo contar.

 MI: ¿Por qué te interesa el tema de la tradición siendo que sos tan joven?

DM: Hay una frase célebre que dice que “todo pasado siempre fue mejor”, con la que yo estoy absolutamente en desacuerdo, y creo que cuando algo se convierte en tradición, se pierde de vista el por qué se hacían esas cosas, y ya se hacen sólo porque es tradición. Uno por ahí se pierde en eso y no se permite pensar el por qué. La tradición se refleja en este caso en que hay una lista con diez actividades, y lo que hace el personaje del Vale es preguntarle a su padre por qué: ¿por qué hay que matar un cabrito, por qué hay que talar un árbol o subir a la montaña? Por eso el padre no tiene tanta convicción: él hace, propone, pero es blando con el hijo porque finalmente él hace todo eso simplemente porque era una tradición.

MI: Qué es lo que crees que gusta de la película?

DM: Después de varias veces de mostrarla, me di cuenta que hay cosas que gustan que yo no me esperaba que gustaran. Hay una cuestión con el divorcio que mucha gente por ahí mayor a 35 años lo ha vivido, y se apega mucho a la película por eso. O también los padres que tienen hijos en la edad del protagonista: no es mi caso, porque yo no tengo hijos ni pasé por un divorcio, pero si tengo que reconocer por qué gustó la película, tengo que admitir que es por estas cosas más que por las ideas que yo tenía al principio. ¿Viste cuando dicen “la película ya no es más tuya porque ya es de la gente”? Bueno, ahí me enteré de lo que significaba esa frase.

Si yo tuviese que elegir qué es lo que más me gusta de la película, creo que por mis gustos te diría que nunca se deja de contar una historia, es decir, que se sugieren un montón de cosas pero es una historia que empieza y termina. Y me encanta lo que aportaron los dos personajes, que creo son personajes que quedan, es decir que la gente sale de la sala y se acuerda de ellos más que de la película.

 MI: ¿No te gusta el cine muy minimalista donde pasa pocas cosas?

DM: Me gusta todo el cine, creo que hay grandes películas en cualquier tipo de cine, sea en películas minimalistas o en súper clásicas, pero a mí me gusta filmar el cine que cuenta historias, me gusta que por más experimental que pueda ser, haya ahí una historia.

 MI: ¿Qué te generó el premio del BAFICI?

DM: Nos cambió un poco el panorama de distribución, porque de repente hay gente que se fija en la película que antes quizás le pasaba por el costado y ni se enteraba. La película no cambia por el premio, es la misma y espero que la gente no vaya a verla con más expectativas porque tenga un premio que porque no lo tenga, porque eso es muy relativo. En cuanto al estreno en Córdoba, sí tenemos la expectativa de que  mucha gente se acerque a compartir un trabajo de un montón de personas que queremos contar y queremos mostrar una historia y aprender de esta devolución que podamos tener en el estreno.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 12 mayo, 2016 at 18:38  Dejar un comentario  

FICIC 2016

Tiempo de reconocimiento

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“La luz incidente”

La sexta edición del FICIC mostró a un festival consolidado con una identidad propia que tiene respaldo popular

Los planos de las sierras cordobesas de “Soleada” (Argentina,2016) cerraban anoche la sexta edición del Festival de Cine Independiente de Cosquín (FICIC), que con un programa compuesto por 60 películas -entre largos y cortos- de 22 países volvió a ratificar, una vez más, la singularidad de su voz en el panorama regional del género: cinco días de pura intensidad cinéfila para acompañar un programa que tiene en la calidad de las películas su eje rector. No se trata sólo de reunir obras que difícilmente lleguen a las salas comerciales del país, ni de apostar a un radicalismo tajante que rechace todo contacto con el cine industrial, sino de componer un programa que de algún modo intente dibujar otro horizonte posible para el cine contemporáneo.

Basta ver la Competencia Internacional de Largometrajes para distinguirlo: allí se pudo cruzar el ensayo experimental de “La brasa las cenizas” (Francia-Suiza, 2015 – foto), de Nicolás Azalbert -un filme que en base a asociaciones libres aborda los textos del poeta Blaise Cendrars como una suerte de expiación poética de un desengaño amoroso del director-; con un policial dramático como “Carmín tropical” (México, 2014), de Rigoberto Perezcano, que constituye una verdadera lección de género al narrar la investigación que un travesti lleva a cabo para dilucidar el asesinato de una amiga de la juventud, con un manejo notable de la construcción dramática y el suspenso; o la lúdica confusión entre ficción y documental de “Las calles” (Argentina, 2016), de la cordobesa María Aparicio, que se llevó un merecido reconocimiento del público por su recreación del proyecto escolar realizado en Puerto Pirámides, un pequeño pueblo de Chubut, para nombrar a las calles del lugar, a partir de la cual se puede entender un modo de vida, una cultura que resulta tan cercana y lejana a la vez de nuestra propia cotidianeidad.

Variedad temática y formal entonces con un factor común: la capacidad de cada obra de concretar sus búsquedas con una calidad y radicalidad poco frecuentes, de suerte que el panorama resultante muestre las posibilidades que anidan en el cine contemporáneo. En este sentido, el estreno de “Homeland: Irak year cero” (Iraq/Francia), de Abbas Fahdel, es paradigmático porque probablemente nunca se vuelva a ver en estas condiciones en la provincia, ya que se trata de un documental de más de cinco horas, que repasa la cotidianeidad de una familia de Bagdad antes y después del ataque de Estados Unidos en la primera invasión a Irak del nuevo siglo. Se trata de una película fundamental para entender al mundo contemporáneo, que sólo pudieron ver quienes asistieron al FICIC. Como también la retrospectiva del cineasta chileno José Luis Torres Leiva con todas sus obras -quien llegó a acompañar “El viento sabe que vuelvo a casa”, su último filme- o las proyecciones en 35 milímetros, con música en vivo, de “Fukujuso” (Japón, 1935), de Jiro Kawate, y, tras una postergación el sábado, de “Metrópolis” (Alemania, 1927) de Fritz Lang, experiencias únicas del festival.

Allí finca también la singularidad de su propuesta, que fue nuevamente reconocida por el público porque terminó llenando las salas hasta el punto que se debieron reprogramar algunas películas: se repitió la experiencia de distintas generaciones reunidas en sus calles, salas y bares con los actores protagónicos del quehacer cinematográfico, lo que destituye por unas horas las jerarquías que dominan la división social de la cultura. Todo lo cual vuelve a interpelar a los responsables del Estado en sus distintos niveles para brindar el respaldo económico que termine de asegurar la existencia del FICIC y su desarrollo anual, pues el festival sigue existiendo gracias al esfuerzo denodado de sus organizadores, que no sólo arriesgan trabajo sino a veces sus propios capitales. El FICIC se ha convertido ya en parte de la agenda cultural que cada año ofrece la provincia, ha consolidado una identidad propia en el panorama regional de festivales y un programa que atrae a cientos de visitantes locales y nacionales. Es hora de que las instituciones lo reconozcan.

Por Martín Iparraguirre

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Premios de la Competencia Internacional:

* Primer Premio: La luz incidente (Argentina, 2015), de Ariel Rotter.

Porque “es una singularidad en el cine actual su apuesta radical por la construcción de un mundo enteramente ficcional. Este resultado se logra gracias a una puesta en escena rigurosa en la que todos los elementos (actuaciones, fotografía, ritmo, dirección de arte, sonido) convergen en el tratamiento de un conflicto que articula cuestiones de género y clase con una enorme elegancia y sensibilidad”, consideró el jurado.

* Mención Especial: “Las calles” (Argentina, 2016), de María Aparicio.

* Mención especial: “Rastreador de estatuas” (Chile, 2015), de Gerónimo Rodríguez.

* Premio del público: “Las calles” (Argentina, 2016), de María Aparicio.

Jurado: José Luis Torres Leiva, Luciana Calcagno y Oscar Cuervo.

Premio de la Competencia Internacional de Cortometrajes: “Jeanette” (España, 2016), de Xurxo Chirro

Premio Cortos de Escuelas: No hay bestias (Argentina, 2016)  de Agustina San Martín (FADU).

Published in: on 9 mayo, 2016 at 18:15  Dejar un comentario  

FICIC 2016

El oficio amoroso

Roger FICIC

Roger Koza habla de su trabajo como programador del Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín que hoy dará inicio a cinco días de pura cinefilia

La programación de un festival de cine no es un ejercicio azaroso: amén de una dedicación completa -habitualmente mal remunerada-, requiere años de entrenamiento en aprender a leer las imágenes en primer término, aunque esto no alcanza, pues hay que sumar una claridad conceptual meridiana para saber detectar las películas que se desmarcan de las tendencias de moda que pululan aquí y allá, y responden a la idea de cine que se quiere defender.

Programar es, en efecto, proponer una agenda cinematográfica, un conjunto de obras que en sus relaciones mutuas irán tejiendo un horizonte posible para el cine contemporáneo, un panorama que resulta inaccesible en los circuitos comerciales de exhibición y que esta selección podrá en valor para promover una discreta democratización de la cultura cinematográfica. Un festival construye allí su identidad, aunque son pocos los que logran orquestar una visión coherente del cine, pues la tarea no es sencilla. El Festival de Cine Independiente de Cosquín (FICIC) lo viene haciendo desde sus últimas ediciones, sin dudas gracias al esfuerzo -entre muchos otros- de su programador, el crítico local Roger Alan Koza, que aquí explora los pormenores de su oficio

MI: ¿Cuáles son los criterios que guiaron la programación del FICIC 2016? En tu introducción en tu blog, hablas de una idea del cine, ¿cómo la describirías?

Roger Koza (RK): Intentar proponer una idea de cine significa explorar las muchas tradiciones que existen en la historia del cine (o en las historias del cine, en plural) y elegir un conjunto de películas que se situará, a su vez, en un contexto mayor por el cual el cine está relacionado con algo que lo excede y a su vez lo fundamenta. El mayor cineasta latinoamericano de todos los tiempos, Raúl Ruiz, decía que la materia del cine es el discurso del mundo; en esa formulación hay una idea de cine a la que subscribo enteramente. Sobre esa idea quisiera agregar que el cine no es solamente el presunto encargado de contar las historias del mundo; antes que esto, existe una voluntad de saber y un instinto de curiosidad que son todavía más importantes. Es raro pensar el cine de ese modo, incluso hasta puedo sentir la potencial descalificación automática de quienes le asignan al cine simplemente la misión de garantizar trivialidad y distracción.

Le confieso que he elegido cada filme pensando en cómo había modificado e impactado sobre mi recepción en tanto un espectador entre otros y también qué me decían a mí en tanto que un profesional. En otros términos: ¿por qué una imagen o una secuencia persistió en mí después de un tiempo? Y, por otro lado, no dejé de preguntarme de qué forma tal película trabaja sobre sus materiales iniciales y de qué manera se convierte en una entidad orgánica que es el film en sí. La luz, el sonido, los cuerpos, los objetos, la disposición de todo eso en el espacio y la duración en el plano. Estas son las premisas que conforman una lectura del cine y que no es otra cosa que atender a la puesta en escena como una forma de interrogación y representación sobre cómo se habita y se piensa el mundo. Alguien legítimamente puede pensar: ¿qué tiene que ver todo esto con el cine? Pues bien, un festival de cine debe desplazar el lugar común que concibe el cine como espectáculo. En definitiva, el cine es una forma amable de conocimiento, acaso un camino de aproximación a los otros y a lo desconocido que, en forma de narración, ensayo o testimonio, reorganiza nuestra experiencia general. Este es el fundamento de la programación.

En ese sentido, las actividades especiales intentan acentuar y explicitar esa visión del cine. No para convencer, sino tan sólo para iniciar una conversación interminable que pueda incluso cuestionar nuestra propuesta.

MI: ¿Qué es lo que distingue al FICIC en el panorama regional de festivales?

RK: Tengo la impresión de que el FICIC se ha convertido en un festival caracterizado por su exigua duración y su gran intensidad, una exigencia y variedad en su programación y una voluntad sistematizada de discusión en un clima ameno de cinefilia. Por otro lado, una programación acotada a unas 60 películas conlleva que ningún título esté por capricho o comodidad. Cada film elegido está pensado y cumple una función en el diseño general de programación.  Asimismo, siempre tenemos un foco y una retrospectiva, de lo que se predica un abierto reconocimiento del viejo concepto de política de los autores. Nosotros creemos que aún existe, a pesar de que se trata de un concepto anacrónico y problemático, un autor del film, alguien que expresa en la puesta en escena una mirada del cine y un entendimiento de cómo este se relaciona con el mundo. No estoy muy seguro de que todos los festivales trabajen teóricamente su praxis; nosotros sí. Es esa la trastienda del FICIC.

En síntesis, de lo que se trata es de ser conscientemente contemporáneos y discutir así qué es el cine en nuestro tiempo. Como verá, no es una discusión abstracta.

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“Carmín tropical”

MI: ¿Qué películas destacarías de la edición 2016? ¿Qué podrías adelantar de las películas internacionales en competencia?

RK: Destaco todas las películas por igual, más allá de que pueda preferir más o menos alguna respecto de otra. Por todas estoy dispuesto a discutir por horas la importancia que tienen en la discusión del cine contemporáneo.

Estoy muy contento de que un film como “Snakeskin”, “Carmín tropical” y “La brasa, las cenizas” se vean por primera vez en Argentina. Son tres películas muy distintas, temática y formalmente, y son tres títulos muy representativos de algunas derivas y vías del cine contemporáneo. Un ensayo lúdico e histórico, en el caso del film singapurense, un pink noir mexicano en el segundo, y, finalmente, una introducción a la poesía de un famoso escritor europeo. “Battles”, que sí se vio en Argentina pero no lo suficiente, es también un prodigioso ensayo sobre la ubicuidad del concepto bélico como un organizador conceptual del pasado y el presente. También está la notable “El rastreador de estatuas”, que es una película chilena en sintonía con el espíritu lúdico de Raúl Ruiz. Nuestras películas extranjeras en competencia realzan el festival.

MI: ¿Qué implica la proyección de películas en 35 mm?

RK: La importancia del cine en 35 mm estriba en que el público pueda percibir todavía una diferencia en la naturaleza de la imagen, de tal modo que se entienda la mutación que el cine viene experimentando desde hace unas tres décadas. Captar la diferencia entre el cine analógico y el digital no me parece menor. En esa relación y sustitución se sitúa simbólicamente el foco dedicado al cine de Raúl Perrone, pues veo en él un intento amoroso de acercar el pasado analógico al presente digital.

MI: En cuanto a los visitantes extranjeros, ¿quiénes son José Luis Torres Leiva y Nicolás Azalbert?

RK: José Luis Torres Leiva es uno de los cineastas más delicados del cono sur. Sus películas son paradójicas: hay una sensibilidad reconocible, pero a su vez todas sus películas parecen entidades autónomas. Me llaman la atención sus intereses, sus búsquedas formales y sus elecciones narrativas. Lo que no me resulta menor es la total ausencia de crueldad en sus películas y la propensión a concebir su cine como una pesquisa formal que pueda interrogar la inagotable realidad a la que se enfrenta una cámara.

Azalbert es cineasta y critico. Vi su última película en la Viennale, una legítima rareza que tiene la particularidad de ser accesible para cualquiera. A su vez, Azalbert es un miembro estable de la mítica revista Cahiers du Cinema; por 15 años ha escrito en ella y es una de sus plumas más lúcidas. Su visita es simbólicamente inolvidable. En la historia del FICIC podremos decir que uno de los herederos de Bazin y Daney, los dos críticos más gloriosos de la historia del cine, pasó por el FICIC. Eso debe traducirse como “la Historia del cine pasó por nuestra historia”.

MI: ¿Cuál es la importancia de la existencia del FICIC para Córdoba?

RK: En principio, es el único festival internacional de la provincia que trabaja con largos, cortos, retrospectivas y focos. Junto con Anima y Cortópolis, el FICIC es uno de los eventos que honran la innegable construcción de una cultura cinematográfica que viene constituyéndose desde hace unos 15 años aproximadamente. No estoy seguro de que la gente que decide las políticas culturales de la provincia se percate de la atención que merece el evento. Si este festival tuviera un poco más de recursos podría consolidarse más allá del límite de una ciudad y una provincia. Dada la precariedad presupuestaria y material del festival, la programación, no obstante, es de primer orden y la gente que lo reconoce viene de Buenos Aires, Santiago de Chile o Lima para participar del evento. Cosquín no es solamente folclore; puede ser la ciudad de la cinefilia, una forma de amor por el cine y sus imágenes que no es otra cosa que una forma de creer en el mundo.

MI: ¿Qué significa para vos programar un festival de cine?

RK: Tener la suerte de haber encontrado una intersección entre una obsesión privada y un interés público. O dicho de otro modo: que mi vocación más profunda pueda tener algún sentido social e incluso político.

Por Martín Iparraguirre

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PD: La sexta edición del FICIC comenzará hoy a las 20 en el Centro Congresos y Convenciones (Tucumán 1031) de Cosquín con la proyección gratuita de “Archivos intervenidos: Cine Escuela”, un trabajo de 14 cineastas argentinos sobre el material de archivo de un proyecto de 1948 impulsado por el gobierno de Juan Domingo Perón. La programación se desarrollará hasta el domingo con diferentes competencias, focos, retrospectivas y charlas que se pueden ver en su página: http://www.ficic.com.ar

La entrada general para las proyecciones es de 40 pesos, jubiladosy estudiantes pagan 25 pesos.

Published in: on 4 mayo, 2016 at 13:48  Dejar un comentario  

FICIC 2016

Una ventana al mundo en Cosquín

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“Homeland”

Desde el miércoles al domingo, se desarrollará la 6ª edición del Festival Internacional de Cine Independiente  

La ciudad de Cosquín se convertirá nuevamente, a partir del miércoles, en el centro del cine regional con la apertura de la sexta edición del Festival Internacional de Cine Independiente (FICIC), que nuevamente aspira a reunir una programación de primer nivel para disfrutar en cuatro días de pura efervescencia cinéfila. Unas 60 películas de 22 países de todo el mundo, seleccionadas de una convocatoria de 950 obras y 100 cortos de escuela, formarán parte de esta nueva edición que llega con apuestas fuertes: la proyección, por caso, del impactante documental “Homeland” (Iraq/Francia), de Abbas Fahdel, que durante más de cinco horas repasa la cotidianeidad de una familia de Bagdad antes y después del ataque de Estados Unidos en la primera invasión a Irak del nuevo siglo. O los fotos en los cineastas Raúl Perrone, con el estreno de sus nuevas películas “Hierba” y “Samuray-S”, y el chileno José Luis Torres Leiva, una de las miradas más originales del país vecino de quien se repasará toda su filmografía, la mayoría de estreno exclusivo en Argentina, con la presencia del propio director.

También habrá un foco imperdible de cine en 35mm -programado por el célebre crítico y coleccionista Fernando Martín Peña- con la proyección de dos clásicos de la historia mundial: “Fukujuso” (Japón, 1935), de Jiro Kawate, y “Metrópolis” (Alemania, 1927) de Fritz Lang, ambas con música en vivo ejecutada por Fernando Kabusacki y Matías Mango, una oportunidad única para revivir una experiencia pretérita del cine ya inaccesible en nuestros días (que acaso espectadores experimentarán por primera vez en sus vidas).

Claro que la apuesta principal pasará por la Competencia Internacional de Largometrajes, que reunirá películas de Bélgica, Holanda, México, Brasil, Singapur, Portugal, Chile y por supuesto Argentina, que tendrá una amplia presencia con lo mejor de la producción nacional del último año, y la inclusión de dos estrenos cordobeses: “Las calles”, de María Aparicio -recientemente galardonada en el Bafici- y “Maturità”, de Rosendo Ruiz.

A ellas, se agregarán dos competencias de cortometrajes, tres charlas imperdibles que incluirán la presencia del crítico francés Nicolás Azalbert -miembro de la mítica revista “Cahiers du cinema” desde hace 20 años- y el propio Raúl Perrone, más el estreno como película de apertura de “Archivos intervenidos: Cine Escuela” (Argentina)” -que se proyectará el miércoles 4 en la Plaza de los Artesanos-, y el cierre con la reposición de “Soleada”, de la cordobesa Gabriela Trettel. Una oferta que vuelve a posicionar al FICIC entre los mejores festivales del género del país, algo que ya se ha convertido en certeza extendida en el mundo cinematográfico, con rumbo a ser una marca propia de la cultura y de la identidad cordobesas.

Todo, además, con una entrada general a 40 pesos, mientras jubilados y estudiantes pagan 25 pesos.

PROGRAMACIÓN COMPLETA

Película de apertura

“Archivos intervenidos”

Cine Escuela, con trabajos de Albertina Carri, Carlos Echeverria, Celina Murga & Juan Villegas, Daniel Rosenfeld, Delfina Castagnino, Enrique Bellande, Hernan Rosselli, José Celestino Campusano, María Alché & Juan Pablo Menchón, Mateo Bendesky, Matías Piñeiro, Nele Wohlatz, Nicolás Prividera, Santiago Loza & Lorena Moriconi, Argentina

La luz indecente

“La luz incidente”

 Competencia Internacional de Largometraje

-“Battles” (Bélgica – Holanda), de Isabelle Tollenaere.

-“Carmín tropical” (México), de Rigoberto Perezcano (estreno nacional).

-“La Brasa Las Cenizas”  (Francia-Suiza), de Nicolás Azalbert (estreno nacional).

-“La helada negra”  (Argentina), de Maximiliano Schonfeld.

-“La luz incidente” (Argentina), de Ariel Rotter.

-“La noche” (Argentina), de Edgardo Castro.

-“Las calles” (Argentina), de María Aparicio.

-“Maturità” (Argentina), de Rosendo Ruiz.

-“Snakeskin” (Singapur – Portugal), de Daniel Hui (estreno nacional).

-“Solar” (Argentina), de Manuel Abramovich.

-“Rastreador de estatuas” (Chile), de Jerónimo Rodríguez.

Jurado: José Luis Torres Leiva, Luciana Calcagno y Oscar Alberto Cuervo.

Competencia Internacional de Cortometrajes

-“Adán Buenosayres. La película” Dir. Juan Villegas. Argentina

-“Algas” Dir. María Laura Pintor. Argentina

-“Amar temer partir” Dir. Fernando Sarquis. Argentina

-“Carta 12, Praga” Dir. Vera Czemerinski. Argentina

-“Capital Cuba” Dir. Johann Lurf. Austria – Cuba (Estreno Latinoamericano)

-“Crónica de solitude” Dir. Manuel Ferrari. Argentina

-“Deportivo Español” Dir. Ignacio Verguilla. Argentina

-“Diamante mandarín” Dir. Juan Martín Hsu. Argentina

-“Diario de un corto” Dir. Flavia de la Fuente. Argentina

-“El trabajo industrial” Dir. Gerardo Naumann. Argentina

-“Entrelazado” Dir. Riccardo Giacconi. Italia – Cuba

-“Gulliver” Dir. María Alché. Argentina

-“Jeanette” Dir. Xurxo Chirro. España (Estreno mundial)

-“Nada ni nadie” Dir. Roya Eshraghi Safaifard. Cuba

-“Los exploradores” Dir. Fermín Eloy Acosta / Sol Bolloqui / Lucía Salas. Argentina

Jurado: Alejandro Cozza / Federico Robles / Lucas Asmar Moreno

Concurso de Cortos de Escuelas

-“Clausura” Dir. Jesús Barbosa. FADU

-“Decime algo” Dir. Javier Rao. FUC (Estreno mundial)

-“El rengo” Dir. Alan Nicolás Gómez. Taller de la Casa de la Cultura Popular – Villa 21 (Estreno mundial)

-“Entre la tierra” Dir. Sofía Quirós Ubeda. FADU (Estreno nacional)

-“Flores del Santa Lucía” Dir. Ludmila Pagliuca Benetti. FADU (Estreno mundial)

-“La internacional” Dir. Tatiana Mazú. IUNA

-“Los sueños de la tortuga” Dir. Bruno Ciancagliri. FUC (Estreno mundial)

-“Merodeo” Dir. Fernando Restelli.Cortos Emergentes Lab.

-“Mira cómo te olvido” Dir. Mauricio Sarmiento. CIEVYC

-“No hay bestias” Dir. Agustina San Martín. FADU

Jurado: Ezequiel Salinas / Fabián Zampedri / Lucrecia Matarozzo

Retrospectiva Internacional

José Luis Torres Leiva (Chile). Películas:

-“El viento sabe que vuelvo a casa” (2016)

-“Qué historia es ésta y cuál es su final?” (2013)

-“Ver y escuchar”  (2013)

-“Verano”  (2011)

-“El cielo, la tierra y la lluvia”  (2008)

-“Obreras saliendo de la fábrica” (2005)

FOCOS ESPECIALES

El cine en 35mm

Con el apoyo de Malba itinerante, en esta edición Fernando Martín Peña programó dos películas de cine mudo que se proyectarán con música en vivo.

-“Fukujuso” Dir. Jiro Kawate. Japón, 1935

-“Metrópolis” Dir. Fritz Lang. Alemania, 1927

Músicos: Fernando Kabusacki / Matías Mango.

El perro de Ituzaingo:

-Se verá el “giro expresionista digital” de Raúl Perrone con las películas “Hierba” (2014) y “Samuray-S”  (2014), del director de Ituzaingó

La película del año

-“Homeland” (Iraq Year Zero) Dir. Abbas Fahdel – Irak Francia

 Película de clausura

-“Soleada” (Córdoba), Dir. Gabriela Trettel, Argentina

Aquí se pueden ver la programación con los horarios y actividades paralelas: http://www.ficic.com.ar/ficic-2016-programacion/

 

Published in: on 2 mayo, 2016 at 16:37  Comments (3)