Bafici 2016

Variaciones sobre el sadismo

Communication & Lies

“Communication & Lies”

 

La 18 edición del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici) va superando ya la mitad de su existencia y algunas intuiciones comienzan a tomar la fuerza de una certeza. Una de las principales es que el sadismo estético y narrativo sigue pagando bien en los encuentros cinematográficos de su tipo: la exposición de las miserias humanas más variadas es, aún con la diversidad de formas que existe, una constante en las distintas secciones del encuentro. Tomado la mayoría de las veces como cine importante por la gravedad de las situaciones que se explora más que por sus virtudes cinematográficas, este verdadero subgénero suele poblar encuentros en principio tan distintos como pueden ser los Premios Oscar o el Festival Internacional de Cannes, la mayoría de las veces con los mismos, injustificados, buenos resultados en cuanto a galardones.

Un ejemplo paradigmático es “Communication & Lies” (Corea del Sur), de Seung-won Lee, presentada el martes en la Competencia Internacional del Bafici, cuyo refinamiento estético es proporcional a las desgracias que expone: la relación entre un hombre y una mujer profundamente afectados en su estabilidad psíquica y emocional por distintas tragedias de su pasado –que la película se encargará de narrar en unos innecesarios y tortuosos flashbacks–. La escena con que abre la película es notable. Narrada en un único plano secuencia de 10 minutos, Jan Sun es convocada allí por la directora del establecimiento para reprocharle que se haya acostado con varios profesores del colegio, además de dejarse sacar fotografías desnuda que luego se viralizaron: la protagonista, tomada de espaldas en el plano, no negará nada ni acusará culpa alguna, aunque al darse vuelta su mirada dejará intuir la profunda congoja que la aflige. Bastarán unos pocos minutos para que esa sutileza comience a desbarrancarse rápidamente, pues lo que sigue será una exposición cada vez más explícita de las miserias que sufre esta madre acosada por la culpa que nace de haber perdido a su pequeña hija, y que encontrará en un compañero tan desequilibrado como ella la vía para purgar sus pesares en un raid autodestructivo de alcances imprevisibles. Filmada en un cuidadísimo blanco y negro, en un formato de pantalla cuadrada (4:3), el debut de Lee es el ejemplo moderno del célebre concepto de Serge Daney sobre los mecanismos de la abyección en el cine, evidente en la estetización obscena de la miseria que propone.

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“La noche”

Alguien podría pensar que el registro sucio e inestable de “La noche” (Argentina, 2016), de Edgardo Castro –participante en la misma competencia–, es la versión opuesta pero igualmente problemática de esta propuesta, aunque la realidad se resiste a las simetrías fáciles como diría un borgeano. Salvo en algún pasaje puntual, no existe aquí la animadversión que Lee muestra por sus personajes sino más bien una curiosa empatía que se revelará en toda su dimensión en la última escena. Filmada con una cámara en mano pegada a los rostros y los cuerpos de sus personajes, “La noche” sigue efectivamente los derroteros nocturnos del protagonista –interpretado por el propio Castro– por los múltiples laberintos subterráneos que la Ciudad de Buenos Aires ofrece para el sexo fácil: el director se acostará así con otros hombres, travestis y mujeres en un raid filmado con la explicitud de un filme pornográfico (pero con una estética opuesta). La noche no muestra mucho más que estos encuentros azarosos de Castro con todas las variables del submundo de la prostitución y el sexo casual, sin ningún tipo de prejuicio moral ni prurito ético, aunque esa internación en la selva de la ciudad, matizada por litros de alcohol y drogas,  se volverá cada vez más peligroso, hasta que la mejor escena de la película exponga la fragilidad de Castro en el juego al que abandona su suerte. Filmada con mecanismos propios del documental, “La noche” es sin dudas una película provocadora y arriesgada –basta ver la exposición que hace Castro de sí mismo–, pero no deja de participar de esa tendencia general hacia la sordidez como un modo de seducción del espectador, aunque en vez de apostar a su explotación manipuladora como el filme de Seung-won Lee, intente un acercamiento más humano y comprensivo a sus criaturas.

 

Buenas noticias para Córdoba

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María Aparicio

Las mejores novedades del festival vienen relacionadas empero con Córdoba. Por un lado, el proyecto “Fin de semana”, del Dj y director Moroco Colman, fue seleccionado para participar del Producers Workshop del Marché du Film del Festival de Cannes 2016, una noticia auspiciosa no sólo por ser el encuentro cinematográfico más relevante del mundo, sino por las posibilidades que le abrirá a la película, ya que podrá codearse con productores de todo el globo. Con más de 10.500 participantes y 1.500 películas, según la propia página del festival, el Marché du Film de Cannes es el primer mercado cinematográfico del mundo, donde el cine alternativo encuentra sus oportunidades de negocios.

Pero además el lunes se estrenó, en la Competencia Latinoamericana, el filme “Las calles”, de María Aparicio, que constituye una de las mejores películas cordobesas de los últimos años, al punto de contar con buenas chances de llevarse el premio de la sección. Cruce lúdico entre ficción y documental, la película sigue el desarrollo de un proyecto escolar para nominar las calles de Puerto Pirámides, un pequeño pueblo de Chubut, en la Península Valdés, donde las arterias no tienen nombres. Bajo la orientación de la profesora Julia (interpretada por Eva Bianco), los alumnos del colegio iniciarán una investigación mediante entrevistas a los pobladores del lugar para armar una lista de candidatos para ocupar esos nombres que sean representativos de su propia historia, selección que se definirá en una elección general. La película se convierte así en un vehículo conmovedor de pedagogía democrática, posibilitado por esa indefinición en su estatus diegético: educación primero para los propios participantes del proceso, que comprenderán la medida cabal del ejercicio de sus derechos y la importancia de la memoria, pero también para el espectador que a través de ellos accederá a una experiencia directa sobre la toma de conciencia respecto a la participación democrática y un testimonio sobre las condiciones de vida en esa parte sur del mundo. Un cine cuyo placer finalmente está puesto en la celebración de la humanidad y no en el goce secretamente morboso de su irremediable fragilidad.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 20 abril, 2016 at 16:53  Comments (1)  

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  1. […] modo de balance baficesco proponemos dos textos de Martín Iparraguirre en La Mirada Encendida. Uno que hizo promediando el festival, donde reflexiona sobre el sadismo estético y narrativo que […]


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