Bafici 2016

La vigencia del género

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“Demon”

La 18 edición del Bafici viene arrojando pocos hallazgos aunque algunas películas sí son dignas de su estatura

Las películas se suceden sin pausa en el Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici) con funciones simultáneas no sólo en las seis secciones en competencia –un número ya de por si infrecuente–, sino en innumerables categorías que vuelven materialmente imposible pensar una sentencia justa acerca de su calidad. Cada espectador es artífice aquí de su propio destino, aunque como cualquier actividad compartida experimenta también el sentimiento de pertenecer a una entidad colectiva que los abarca a todos: el festival vive y se despliega en las charlas de pasillo, en las numerosas actividades paralelas, en las cenas o vernissage de todo tipo amenizados con litros de café o alcohol de por medio, donde la mirada atenta puede intuir un diagnóstico general que de otra manera sería inaccesible.

La sensación, que se insiste en destacar como relativa, es que el festival aún no ha mostrado lo mejor que tiene para dar, al menos en sus competencias, donde no han aparecido grandes revelaciones aunque sí algunas películas dignas de la estatura del encuentro. Una de ellas es, en la Competencia Internacional, “La revolución no será televisada” (Mauritania), de Rama Thiaw, un enérgico documental que retrata la campaña contra la perpetuación en el poder en Senegal del ahora ex presidente Abdoulaye Wade, liderada por un grupo de cantantes de hip hop que ha acuñado el lema “Estamos podridos” como bandera colectiva. Campaña cuyo objetivo no es llegar al poder sino lograr su verdadera democratización a partir, primero, de impedir una nueva candidatura presidencial de Wade y, cuando ya sea imposible, su triunfo en las elecciones de 2012: con tanta intuición e improvisación como pensamiento estratégico, los raperos Thiat y Killifeu organizan actos de protestas y recitales musicales, encabezan marchas y hasta son reprimidos y encarcelados por la policía siempre con la cámara de Thiaw como testigo cercana, quien también expone su cuerpo para seguir todos los movimientos de los protagonistas no sólo en el espacio público sino también en su intimidad más profunda. El resultado es un filme que permite asistir al fascinante proceso de despertar de una conciencia colectiva sin quedarse en la superficialidad de los slogans de campaña, sino yendo a su contradictoria elaboración, donde el aprendizaje de los protagonistas en la acción política convive con el culto a ciertas manifestaciones del capitalismo y la militancia más comprometida.

La revolución no será televisada” (Mauritania), de Rama Thiaw

“La revolución no será televisada”

Aún así, el hallazgo hasta ahora es una película de género, “Demon” (Polonia), del recientemente fallecido cineasta Marcin Wrona, una obra que dignifica al terror como una de las formas de expresión más altas del arte cinematográfico. Participante de la Competencia Vanguardia y Género, “Demonio” consigue como pocas lo propio del horror: hacer de uno de los más felices actos humanos como el casamiento, una progresiva inmersión en la oscuridad de lo insondable y lo siniestro. Inmersión que apela además a las propias pesadillas de la historia polaca como trasfondo y subtexto potenciador, aunque con una sutileza que evita la tematización y la bajada de línea para que funcione como lo que en realidad es, un trauma colectivo que sigue trastocando la normalidad de las personas desde el silencio de lo inconsciente, de aquello que no se puede o no se quiere enfrentar. Trauma que por supuesto no es otro que el del Holocausto judío, aunque invocado tangencialmente aquí a través de un mito hebreo que se actualizará en la boda del protagonista: un joven inglés que llega al pueblo de su novia para casarse e iniciar su vida en la casa de campo familiar. Gracias a una puesta de cámara notable, con un uso del sonido como vehículo de construcción del malestar perceptual del personaje, el director irá trastocando progresivamente la experiencia del protagonista para narrar la intuición de una presencia fantasmal que lo asedia directamente a él, convirtiendo al resto de los personajes en potenciales amenazas. Hasta que una posesión tenga lugar y la incógnita se traslade hacia el propio novio, con la construcción de una mirada coral desde el resto de los personajes que terminará creando un estado general de incertidumbre y desesperación sin apelar a ningún golpe de efecto, sino a las herramientas más nobles del lenguaje cinematográfico, que por supuesto incluyen al humor como vía de liberación de las tensiones.

 

Estrenos cordobeses  

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“Primero enero”

Córdoba también dijo presente en el Bafici a partir del estreno de dos de sus representantes: “Primero de enero”, de Darío Mascambroni, en la Competencia Oficial Argentina, y “Maturita”, de Rosendo Ruiz, en el apartado Hacerse Grande, ambas proyectadas el sábado. La primera es un drama minimalista cuya factura es inversamente proporcional a la modestia de sus objetivos: narrar el último fin de semana de un padre y su hijo en la casa de campo familiar de las sierras, que deben vender a causa de la separación del matrimonio. El filme se ubica enfáticamente en la posición del niño con planos colocados generalmente a la altura de su mirada (y una notable actuación de Valentino Rossi) para poner en escena el choque de visiones con su progenitor (interpretado por su padre real, Jorge Rossi) y desarrollar el proceso de aceptación de los cambios que experimentan, posibilitando quizás un aprendizaje mutuo. Lo importante es que Mascambroni sortea el riesgo del melodrama gracias a la contención que  logra construir a partir de una naturalidad en las escenas poco frecuente para el cine cordobés reciente, con un gran trabajo con el guión (del propio Mascambroni), las actuaciones y la fotografía a cargo de Nadir Medina.

Realizada en un taller de cine del colegio Dante Alighieri, “Maturitá” exhibe a su vez una ambición ausente ya no sólo en el cine local, sino en la producción nacional toda: la voluntad de abordar el presente político del país ha sido una llamativa ausencia en el Nuevo Cine Argentino de ficción que la película conjura al inscribir su trama en el contexto de la campaña para las elecciones presidenciales del año pasado. Su tema es la relación clandestina entre una alumna y un profesor de la escuela, que derivará en un proceso de maduración de la primera a partir de la apertura que experimentará hacia otras clases sociales, donde la película acaso encuentra su verdadera dimensión política –en un contraste interesante para pensar con la campaña electoral–. Una dimensión que se traducirá además en uno de los principales logros del filme: abrirse hacia la ciudad para filmar sus espacios como ninguna otra lo ha hecho en los últimos años. Ayer se esperaba además el estreno de “Las calles”, de María Aparicio, en la Competencia Oficial Latinoamericana, completando una participación del cine local para celebrar.

 

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2016

Published in: on 17 abril, 2016 at 17:49  Dejar un comentario  

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