Bafici 2016

Reconocimientos que abren nuevos desafíos

primero de enero

“Primero enero”

La 18 edición del Bafici culminó con premios para todas las películas cordobesas que participaron de competencias

La 18 edición del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici) será recordada por los cordobeses como una fecha consagratoria. Las dos películas que participaban en algunas de las competencias del festival se llevaron premios importantes: “Primero enero”, de Darío Mascambroni, ganó el mayor galardón de la Competencia Argentina –así como también un premio especial de la Federación de Escuelas de Imagen y Sonido de América Latina (Feisal)–, mientras que “Las calles”, de María Aparicio, mereció el premio a la Mejor Dirección en la flamante Competencia Latinoamericana. Si bien, como ya hemos dicho en el pasado, toda premiación es una instancia relativa que no resulta un certificado de calidad definitivo, sí implica un reconocimiento que abrirá nuevas puertas y desafíos no sólo para las películas en cuestión sino también para la producción local toda, por no hablar del merecido aliciente que significa para sus realizadores y protagonistas, que acaso estén cumpliendo un sueño que trasciende largamente las recompensas materiales. La misión de los festivales también está allí: saber identificar aquellas obras y directores que merecen alentarse, para ponerlos en su vidriera a consideración del resto del mundo.

Ultimo representante de una especie de subgénero del cine reciente local, donde a partir de un cuidado minimalismo expositivo se busca explorar algún proceso importante en la intimidad de los personajes en el contexto de las sierras cordobesas, “Primero enero” es uno de los más logrados exponentes de esa línea narrativa gracias a una factura formal tan lograda como la naturalidad con que muestra el último fin de semana de un padre y su hijo en la casa de campo familiar, tras la separación del matrimonio, con la madre como omnipresente fantasma en fuera de campo. Con una inteligente estrategia narrativa que se ubica enfáticamente en la posición del niño, aunque sin apelar a golpe bajo alguno, resulta significativo también el premio que recibió de Feisal porque fue compartido con la película más importante del festival: la argentina “La larga noche de Francisco Sanctis”, que resultó ganadora de la Competencia Internacional y será representante nacional en la sección Una Cierta Mirada del Festival Internacional de Cannes, considerado el más importante del mundo.

A su vez, el filme de Aparicio propone un lúdico cruce entre ficción y documental para recrear un proyecto escolar realizado en Puerto Pirámides, un pequeño pueblo de Chubut, durante casi una década para nombrar a las calles del lugar. Vehículo conmovedor de pedagogía democrática, “Las calles” podría haber merecido incluso el premio mayor de la Competencia Latinoamericana debido a su impecable propuesta, donde de todas formas resultó ganador con justicia un filme notable como “Inmortal” (Colombia/España), de Homer Etminani, que recrea ficcionalmente, con una forma propia de documental, la cruzada de Cosme Peñate, un hombre que durante más de 20 años se dedicó a recuperar los cadáveres de los conflictos armados que el mar devuelve a la costa en la localidad de Puerto Colombia. Aparicio es sin dudas una directora a tener en cuenta y el galardón servirá para visibilizarlo. Vale recordar también que el proyecto “Fin de semana”, del Dj y director Moroco Colman, fue seleccionado para participar del Producers Workshop del Marché du Film del Festival de Cannes 2016, otra distinción para la restante producción local que podía aspirar a algún premio.

Estos reconocimientos abren sin embargo nuevos desafíos para el cine local, que se encuentra ante una verdadera encrucijada entre renovarse y apostar a nuevos riesgos estéticos y narrativos o anquilosarse en fórmulas ya probadas bajo la ilusión de que aseguran réditos en los festivales del mundo, acaso el riesgo secreto de esta consagración. El futuro está abierto y la respuesta estará un poco en todos los actores del medio.

Premios argentinos

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“La larga noche de Francisco Sanctis”

Fue además la edición del Bafici en la que el cine argentino tuvo más protagonismo, comenzando por el premio mayor a “La larga noche de Francisco Sanctis”, ópera prima de Francisco Márquez y Andrea Testa que constituye una sólida adaptación de una novela homónima de Humberto Costantini y se llevó además los premios Feisal y de Signis (Asociación Católica Mundial para la Comunicación), como también el reconocimiento al Mejor Actor para Diego Velázquez, su notable protagonista.  Asordinado thriller ambientado en plena dictadura militar, el filme elige un camino poco transitado por el cine argentino para reconstruir el angustiante clima que se vivía en el país a partir de un día en la vida de su personaje, un oficinista sin compromisos políticos que recibirá la noticia sobre el próximo secuestro de unos jóvenes militantes, lo que abrirá un proceso de debate interno entre la posibilidad de involucrarse para salvarlos o mantenerse al margen por la seguridad propia y de su familia.

En la misma competencia, el jurado oficial presidido por la actriz argentina Graciela Borges, entregó un merecido premio especial a “La noche”, la provocadora (y honesta) ópera prima dirigida y protagonizada por Edgardo Castro, quien explora los bajos fondos porteños en un tour de force de sexo, drogas y progresivo descontrol, uno de los hallazgos de un festival que tuvo mayoritariamente un tono regular, donde la proliferación de competencias acaso conspiró contra la apreciación de su calidad al dispersar sus buenas películas en las distintas secciones.

El mismo jurado eligió al egipcio Tamer El Said para el premio a Mejor Director por su filme “In the last days of the city”, un muy interesante filme que cruza la intimidad con la ciudad de El Cairo -entre otras-, y sendas Menciones Especiales a “John From”, del portugués João Nicolau, una impecable oda al enamoramiento adolescente que fue una de las mejores películas de todo el festival, y a “Rosa Chumbe”, del peruano Jonatan Relayze Chiang, cuya protagonista Liliana Trujillo mereció además el premio a la Mejor Actriz del Bafici.

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“The brick and the mirror”

Hubo, en efecto, buenas películas en el Bafici 2016 pero estuvieron diseminadas en seis secciones competitivas, un número quizás excesivo porque la sensación general que se terminó imponiendo es que tuvieron que ser llenadas burocráticamente, por la necesidad de cubrir espacios: filmes como “Communication & Lies” (Corea del Sur), de Seung-won Lee, “Creative Control” (EE.UU.), de Benjamin Dickinson, o “Girl Asleep” (EE.UU.), de Rosemary Myers, por citar ejemplos de la Competencia Internacional -que reunió nada menos que 18 películas-, estuvieron muy lejos de la calidad histórica que ha sabido conseguir el encuentro. Al mismo tiempo, el festival sigue constituyendo el espacio para los descubrimientos tanto del cine regional como internacional: el caso de “Demon” (Polonia), de Marcin Wrona -fallecido en 2015-, un impecable filme de terror que apela lúdicamente a la historia oscura de Europa enrarecer la noche de casamiento de su protagonista, es paradigmático, así como también “Le Moulin” (Taiwan), de Ri Yao Ri Shi San Buzhe  , o “The Island Funeral” (Tailandia), de Pimpaka Towira, por citar esta vez a la Competencia Vanguardia y Género, donde el Gran Premio fue para “Stand by for Tape Back-up” (Gran Bretaña), de Ross Sutherland, quizás el máximo hallazgo del festival, un filme que trabaja sobre la memoria emotiva que constituye el cine (y la televisión) para cualquier espectador interesado a partir del rescate de un VHS familiar y la intervención que realiza el director, también reconocido poeta, sobre él.

El gigantismo le jugó entonces en contra al Bafici 2016, que terminó componiendo una edición despareja donde grandes filmes se perdieron entre sus más de 400 títulos, que no obstante permitieron acceder también a las últimas películas de los autores contemporáneos como Marco Bellocchio, Avi Mograbi,  Hong Sangsoo,  Terence Davies, Pere Portabella o Aleksandr Sokurov, como así también a restauraciones de joyas clásicas pero poco conocidas de la historia del cine como “The brick and the mirror” (Irán, 1968), de Soleyman Minassian, o “Con los puños en los bolsillos” (Italia, 1965), primer filme del citado Bellocchio, que ofrecieron una oportunidad única para los cinéfilos de asistir a algunos de los mejores momentos que ha dado el arte que tanto aman. Tampoco debe desdeñarse la presencia de leyendas como Peter Bogdanovich o los menos conocidos Paulo Branco y Daïchi Saïto, que estuvieron presentando películas y dando charlas mano a mano con los espectadores, quienes pudieron acceder así, de primera mano, a la historia viva del cine, algo que vuelve a honrar la historia del Bafici y ubicarlo en el lugar que merece.

Por Martín Iparraguirre

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Lista completa de premios

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“La noche”

Competencia Internacional:

Mejor Película: “La larga noche de Francisco Sanctis”, de Andrea Testa y Francisco Márquez (Argentina).

Premio Especial del Jurado: “La noche”, de Edgardo Castro (Argentina).

Mejor Director: Tamer El Said por “In the Last Days of the City” (Egipto).

Mejor Actriz: Liliana Trujillo por “Rosa Chumbe”, de Jonatan Relayze Chiang (Perú).

Mejor Actor: Diego Velazquez por “La larga noche de Francisco Sanctis”, de Andrea Testa y Francisco Márquez (Argentina).

Mención Especial: “John From”, de João Nicolau (Portugal-Francia).

Mención Especial: “Rosa Chumbe”, de Jonatan Relayze Chiang (Perú).

 

Competencia Argentina:

Mejor Película: “Primero enero”, de Darío Mascambroni.

Mejor Directora: Melisa Liebenthal, por “Las lindas”.

Mención Especial: “Raídos”, de Diego Marcone.

 

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María Aparicio

Competencia Latinoamericana:

Mejor Película: “Inmortal”, de Homer Etminani (Colombia/España).

Mejor Directora: María Aparicio, por “Las calles” (Argentina).

Mención Especial: “La última navidad de Julius”, de Edmundo Bejarano (Bolivia).

 

Competencia Vanguardia y Género:

Gran Premio: “Stand by for Tape Back-up”, de Ross Sutherland (Reino Unido).

Mejor Largometraje: “Bone Tomahawk”, de S. Craig Zahler (Estados Unidos).

Mejor Cortometraje: “Vintage Print”, de Siegfried Fruhauf (Austria).

 

Competencia de Derechos Humanos:

Mejor película: “A Maid for Each”, de Maher Abi Samra (Líbano).

Mención especial: “Ombre della sera”, de Valentina Esposito (Italia).

 

Competencia de Cortometrajes Argentinos:

Primer premio: “Los días felices”, de Agostina Guala.

Segundo premio: “El mes del amigo”, de Florencia Percia.

Tercer premio: “Error 404”, de Mariana Wainstein.

Mención Especial: “Berlín”, de Luciano Salerno.

Mención Especial: “Un ejercicio para no olvidar”, de Gabriel Bosisio.

 

Premios no oficiales (jurados paralelos):

Premio SIGNIS: “La larga noche de Francisco Sanctis”, de Andrea Testa y Francisco Márquez (Argentina). Mención especial: “Le Noveau”, de Rudi Rosenberg (Francia).

Premio FEISAL (Federación de Escuelas de imagen y Sonido de América Latina): “La larga noche de Francisco Sanctis”, de Andrea Testa y Francisco Márquez / “Primero enero”, de Darío Mascambroni (compartido).

Premio Asociación de Argentina de Autores de Fotografía Cinematográfica (ADF): Olivier Vanaschen por “Je me tue a le dire” (Bélgica- Francia).

Premio Asociación de Cronistas Cinematográficos Argentinos (ACCA): “Raídos”, de Diego Marcone (Argentina), y “Solar”, de Manuel Abramovich (Argentina) (compartido).

Premio Sociedad Argentina de Editores Audiovisuales y la Asociación Argentina de Editores Audiovisulaes (SAE EDA) a la edición de Diego Marcone por la película “Raídos” (Argentina).

Premio FIPRESCI: “La última navidad de Julius”, de Edmundo Bejarano (Bolivia).

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Published in: on 25 abril, 2016 at 23:34  Dejar un comentario  

Bafici 2016

Variaciones sobre el sadismo

Communication & Lies

“Communication & Lies”

 

La 18 edición del Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici) va superando ya la mitad de su existencia y algunas intuiciones comienzan a tomar la fuerza de una certeza. Una de las principales es que el sadismo estético y narrativo sigue pagando bien en los encuentros cinematográficos de su tipo: la exposición de las miserias humanas más variadas es, aún con la diversidad de formas que existe, una constante en las distintas secciones del encuentro. Tomado la mayoría de las veces como cine importante por la gravedad de las situaciones que se explora más que por sus virtudes cinematográficas, este verdadero subgénero suele poblar encuentros en principio tan distintos como pueden ser los Premios Oscar o el Festival Internacional de Cannes, la mayoría de las veces con los mismos, injustificados, buenos resultados en cuanto a galardones.

Un ejemplo paradigmático es “Communication & Lies” (Corea del Sur), de Seung-won Lee, presentada el martes en la Competencia Internacional del Bafici, cuyo refinamiento estético es proporcional a las desgracias que expone: la relación entre un hombre y una mujer profundamente afectados en su estabilidad psíquica y emocional por distintas tragedias de su pasado –que la película se encargará de narrar en unos innecesarios y tortuosos flashbacks–. La escena con que abre la película es notable. Narrada en un único plano secuencia de 10 minutos, Jan Sun es convocada allí por la directora del establecimiento para reprocharle que se haya acostado con varios profesores del colegio, además de dejarse sacar fotografías desnuda que luego se viralizaron: la protagonista, tomada de espaldas en el plano, no negará nada ni acusará culpa alguna, aunque al darse vuelta su mirada dejará intuir la profunda congoja que la aflige. Bastarán unos pocos minutos para que esa sutileza comience a desbarrancarse rápidamente, pues lo que sigue será una exposición cada vez más explícita de las miserias que sufre esta madre acosada por la culpa que nace de haber perdido a su pequeña hija, y que encontrará en un compañero tan desequilibrado como ella la vía para purgar sus pesares en un raid autodestructivo de alcances imprevisibles. Filmada en un cuidadísimo blanco y negro, en un formato de pantalla cuadrada (4:3), el debut de Lee es el ejemplo moderno del célebre concepto de Serge Daney sobre los mecanismos de la abyección en el cine, evidente en la estetización obscena de la miseria que propone.

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“La noche”

Alguien podría pensar que el registro sucio e inestable de “La noche” (Argentina, 2016), de Edgardo Castro –participante en la misma competencia–, es la versión opuesta pero igualmente problemática de esta propuesta, aunque la realidad se resiste a las simetrías fáciles como diría un borgeano. Salvo en algún pasaje puntual, no existe aquí la animadversión que Lee muestra por sus personajes sino más bien una curiosa empatía que se revelará en toda su dimensión en la última escena. Filmada con una cámara en mano pegada a los rostros y los cuerpos de sus personajes, “La noche” sigue efectivamente los derroteros nocturnos del protagonista –interpretado por el propio Castro– por los múltiples laberintos subterráneos que la Ciudad de Buenos Aires ofrece para el sexo fácil: el director se acostará así con otros hombres, travestis y mujeres en un raid filmado con la explicitud de un filme pornográfico (pero con una estética opuesta). La noche no muestra mucho más que estos encuentros azarosos de Castro con todas las variables del submundo de la prostitución y el sexo casual, sin ningún tipo de prejuicio moral ni prurito ético, aunque esa internación en la selva de la ciudad, matizada por litros de alcohol y drogas,  se volverá cada vez más peligroso, hasta que la mejor escena de la película exponga la fragilidad de Castro en el juego al que abandona su suerte. Filmada con mecanismos propios del documental, “La noche” es sin dudas una película provocadora y arriesgada –basta ver la exposición que hace Castro de sí mismo–, pero no deja de participar de esa tendencia general hacia la sordidez como un modo de seducción del espectador, aunque en vez de apostar a su explotación manipuladora como el filme de Seung-won Lee, intente un acercamiento más humano y comprensivo a sus criaturas.

 

Buenas noticias para Córdoba

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María Aparicio

Las mejores novedades del festival vienen relacionadas empero con Córdoba. Por un lado, el proyecto “Fin de semana”, del Dj y director Moroco Colman, fue seleccionado para participar del Producers Workshop del Marché du Film del Festival de Cannes 2016, una noticia auspiciosa no sólo por ser el encuentro cinematográfico más relevante del mundo, sino por las posibilidades que le abrirá a la película, ya que podrá codearse con productores de todo el globo. Con más de 10.500 participantes y 1.500 películas, según la propia página del festival, el Marché du Film de Cannes es el primer mercado cinematográfico del mundo, donde el cine alternativo encuentra sus oportunidades de negocios.

Pero además el lunes se estrenó, en la Competencia Latinoamericana, el filme “Las calles”, de María Aparicio, que constituye una de las mejores películas cordobesas de los últimos años, al punto de contar con buenas chances de llevarse el premio de la sección. Cruce lúdico entre ficción y documental, la película sigue el desarrollo de un proyecto escolar para nominar las calles de Puerto Pirámides, un pequeño pueblo de Chubut, en la Península Valdés, donde las arterias no tienen nombres. Bajo la orientación de la profesora Julia (interpretada por Eva Bianco), los alumnos del colegio iniciarán una investigación mediante entrevistas a los pobladores del lugar para armar una lista de candidatos para ocupar esos nombres que sean representativos de su propia historia, selección que se definirá en una elección general. La película se convierte así en un vehículo conmovedor de pedagogía democrática, posibilitado por esa indefinición en su estatus diegético: educación primero para los propios participantes del proceso, que comprenderán la medida cabal del ejercicio de sus derechos y la importancia de la memoria, pero también para el espectador que a través de ellos accederá a una experiencia directa sobre la toma de conciencia respecto a la participación democrática y un testimonio sobre las condiciones de vida en esa parte sur del mundo. Un cine cuyo placer finalmente está puesto en la celebración de la humanidad y no en el goce secretamente morboso de su irremediable fragilidad.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 20 abril, 2016 at 16:53  Comments (1)  

Bafici 2016

La vigencia del género

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“Demon”

La 18 edición del Bafici viene arrojando pocos hallazgos aunque algunas películas sí son dignas de su estatura

Las películas se suceden sin pausa en el Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici) con funciones simultáneas no sólo en las seis secciones en competencia –un número ya de por si infrecuente–, sino en innumerables categorías que vuelven materialmente imposible pensar una sentencia justa acerca de su calidad. Cada espectador es artífice aquí de su propio destino, aunque como cualquier actividad compartida experimenta también el sentimiento de pertenecer a una entidad colectiva que los abarca a todos: el festival vive y se despliega en las charlas de pasillo, en las numerosas actividades paralelas, en las cenas o vernissage de todo tipo amenizados con litros de café o alcohol de por medio, donde la mirada atenta puede intuir un diagnóstico general que de otra manera sería inaccesible.

La sensación, que se insiste en destacar como relativa, es que el festival aún no ha mostrado lo mejor que tiene para dar, al menos en sus competencias, donde no han aparecido grandes revelaciones aunque sí algunas películas dignas de la estatura del encuentro. Una de ellas es, en la Competencia Internacional, “La revolución no será televisada” (Mauritania), de Rama Thiaw, un enérgico documental que retrata la campaña contra la perpetuación en el poder en Senegal del ahora ex presidente Abdoulaye Wade, liderada por un grupo de cantantes de hip hop que ha acuñado el lema “Estamos podridos” como bandera colectiva. Campaña cuyo objetivo no es llegar al poder sino lograr su verdadera democratización a partir, primero, de impedir una nueva candidatura presidencial de Wade y, cuando ya sea imposible, su triunfo en las elecciones de 2012: con tanta intuición e improvisación como pensamiento estratégico, los raperos Thiat y Killifeu organizan actos de protestas y recitales musicales, encabezan marchas y hasta son reprimidos y encarcelados por la policía siempre con la cámara de Thiaw como testigo cercana, quien también expone su cuerpo para seguir todos los movimientos de los protagonistas no sólo en el espacio público sino también en su intimidad más profunda. El resultado es un filme que permite asistir al fascinante proceso de despertar de una conciencia colectiva sin quedarse en la superficialidad de los slogans de campaña, sino yendo a su contradictoria elaboración, donde el aprendizaje de los protagonistas en la acción política convive con el culto a ciertas manifestaciones del capitalismo y la militancia más comprometida.

La revolución no será televisada” (Mauritania), de Rama Thiaw

“La revolución no será televisada”

Aún así, el hallazgo hasta ahora es una película de género, “Demon” (Polonia), del recientemente fallecido cineasta Marcin Wrona, una obra que dignifica al terror como una de las formas de expresión más altas del arte cinematográfico. Participante de la Competencia Vanguardia y Género, “Demonio” consigue como pocas lo propio del horror: hacer de uno de los más felices actos humanos como el casamiento, una progresiva inmersión en la oscuridad de lo insondable y lo siniestro. Inmersión que apela además a las propias pesadillas de la historia polaca como trasfondo y subtexto potenciador, aunque con una sutileza que evita la tematización y la bajada de línea para que funcione como lo que en realidad es, un trauma colectivo que sigue trastocando la normalidad de las personas desde el silencio de lo inconsciente, de aquello que no se puede o no se quiere enfrentar. Trauma que por supuesto no es otro que el del Holocausto judío, aunque invocado tangencialmente aquí a través de un mito hebreo que se actualizará en la boda del protagonista: un joven inglés que llega al pueblo de su novia para casarse e iniciar su vida en la casa de campo familiar. Gracias a una puesta de cámara notable, con un uso del sonido como vehículo de construcción del malestar perceptual del personaje, el director irá trastocando progresivamente la experiencia del protagonista para narrar la intuición de una presencia fantasmal que lo asedia directamente a él, convirtiendo al resto de los personajes en potenciales amenazas. Hasta que una posesión tenga lugar y la incógnita se traslade hacia el propio novio, con la construcción de una mirada coral desde el resto de los personajes que terminará creando un estado general de incertidumbre y desesperación sin apelar a ningún golpe de efecto, sino a las herramientas más nobles del lenguaje cinematográfico, que por supuesto incluyen al humor como vía de liberación de las tensiones.

 

Estrenos cordobeses  

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“Primero enero”

Córdoba también dijo presente en el Bafici a partir del estreno de dos de sus representantes: “Primero de enero”, de Darío Mascambroni, en la Competencia Oficial Argentina, y “Maturita”, de Rosendo Ruiz, en el apartado Hacerse Grande, ambas proyectadas el sábado. La primera es un drama minimalista cuya factura es inversamente proporcional a la modestia de sus objetivos: narrar el último fin de semana de un padre y su hijo en la casa de campo familiar de las sierras, que deben vender a causa de la separación del matrimonio. El filme se ubica enfáticamente en la posición del niño con planos colocados generalmente a la altura de su mirada (y una notable actuación de Valentino Rossi) para poner en escena el choque de visiones con su progenitor (interpretado por su padre real, Jorge Rossi) y desarrollar el proceso de aceptación de los cambios que experimentan, posibilitando quizás un aprendizaje mutuo. Lo importante es que Mascambroni sortea el riesgo del melodrama gracias a la contención que  logra construir a partir de una naturalidad en las escenas poco frecuente para el cine cordobés reciente, con un gran trabajo con el guión (del propio Mascambroni), las actuaciones y la fotografía a cargo de Nadir Medina.

Realizada en un taller de cine del colegio Dante Alighieri, “Maturitá” exhibe a su vez una ambición ausente ya no sólo en el cine local, sino en la producción nacional toda: la voluntad de abordar el presente político del país ha sido una llamativa ausencia en el Nuevo Cine Argentino de ficción que la película conjura al inscribir su trama en el contexto de la campaña para las elecciones presidenciales del año pasado. Su tema es la relación clandestina entre una alumna y un profesor de la escuela, que derivará en un proceso de maduración de la primera a partir de la apertura que experimentará hacia otras clases sociales, donde la película acaso encuentra su verdadera dimensión política –en un contraste interesante para pensar con la campaña electoral–. Una dimensión que se traducirá además en uno de los principales logros del filme: abrirse hacia la ciudad para filmar sus espacios como ninguna otra lo ha hecho en los últimos años. Ayer se esperaba además el estreno de “Las calles”, de María Aparicio, en la Competencia Oficial Latinoamericana, completando una participación del cine local para celebrar.

 

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 17 abril, 2016 at 17:49  Dejar un comentario  

18 Bafici

La aventura del descubrimiento

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“Una novia de Shangai”

El 18 Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente comienza con una programación que reúne más de 400 películas para todos los gustos

Todo un año pasó desde el último Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici), que hoy inició su ya clásica maratón por más de 400 películas –que incluyen 81 premieres mundiales– en 12 días de proyección en un país absolutamente diferente al de entonces. El vértigo de la política nacional seguramente atravesará horizontalmente al festival que sin embargo ha logrado sobrevivir a las inclemencias del tiempo y las distintas gestiones para llegar plenamente consolidado a su mayoría de edad: la 18 edición lo encontrará bajo la nueva dirección artística del crítico y programador Javier Porta Fouz –formado en el propio festival, donde comenzó a trabajar casi desde el inicio– pero con el mismo objetivo de siempre, brindar un panorama lo más completo posible del cine independiente de todos los géneros y expresiones que abarque a los cinco continentes. Su política estará allí, así como también su independencia y la medida de su éxito, pues la misión del Bafici se juega en su capacidad para ofrecer un acceso verdaderamente significativo a las otras agendas estéticas que se multiplican por el mundo más allá de Hollywood, que semana a semana determina un modo específico de ver el mundo, acotando dramáticamente el horizonte del espectador.

Todo lo contrario ha hecho históricamente el Bafici, más allá de los matices históricos que se puedan encontrar, y la nueva edición viene con el desafío de confirmar esa identidad que, en el mejor de los casos, ratificará la madurez e independencia del encuentro para colocarlo como una verdadera política de Estado, que trascienda los colores circunstanciales y pertenezca auténticamente a todos los asistentes. Tras un 2014 donde ofreció uno de los mejores programas que se recuerden, el desafío de la nueva gestión –que, aún siendo del Pro, debuta también en el Ejecutivo porteño, aunque mantuvo el equipo de programación– es doble, algo que se refleja en los cambios estructurales introducidos por Porta Fouz. El principal es, sin dudas, la incorporación de dos nuevas competencias a las tradicionales Internacional, Argentina, Cortos Nacionales y Vanguardia y Género: se sumarán la Competencia Latinoamericana, acaso el principal reto del encuentro, y la de Derechos Humanos, que se valoriza y sube de rango tras ser una sección transversal, integrada por films de todos los apartados, en las ediciones anteriores.

Hierba

“Hierba”

Reto principal porque, según declaró el propio Porta Fouz,  se tratará de mostrar un cine latinoamericano distinto al que pulula por el mundo, convertido también en una especie de fórmula comercial por los festivales europeos que eligen (e indirectamente formatean) un tipo de películas que enfatizan el exotismo tercermundista por distintos medios. Si entre las once películas de la competencia hay varios hallazgos, se habrá instalado quizás la piedra fundacional para que el Bafici pase a funcionar también como una nueva ventana del cine regional al mundo, tal como ya sucede desde sus inicios con el cine argentino. La sección tendrá además un aporte cordobés por partida doble: con la participación de la película “Las calles”, de María Aparicio –egresada del departamento de Cine y TV de la Facultad de Artes de la UNC–, que versa sobre la vida de un pequeño pueblo de Puerto Pirámides cuyas calles no tienen nombres –y por eso, una maestra del lugar desarrolla un proyecto con sus alumnos para nominarlas–, y  la presencia del crítico Roger Koza en el jurado oficial.

De acuerdo al alto porcentaje de debuts que la integran, la Competencia Argentina aspira a volver a ser la gran plataforma del semillero nacional que tradicionalmente fue: los nombres rutilantes prácticamente se limitan a dos, principalmente Raúl Perrone con su prometedora “Hierba”, pero también Marco Berger con “Taekwondo”, en codirección con Martín Farina. Habrá otros directores ya conocidos como Ignacio Masllorens y Estanislao Buisel con “El teorema de Santiago”, Santiago Giralt con “Primavera” y Eduardo Crespo con “Crespo, la continuidad de la memoria”; aunque la mayoría de las 16 películas de la sección serán óperas primas absolutas, entre ellas la del realizador cordobés Darío Mascambroni “Primero enero”, que vuelve a las sierras para narrar una historia íntima entre un hombre recientemente divorciado y su pequeño hijo, con quien realizará una última visita a la casa de campo antes de ponerla en venta. Conocido en competencias de cortos previas en el festival, Manuel Abramovich suena como uno de los nombres de la sección con “Solar”, un debut que versa sobre la vida actual de Flavio Cabobianco, considerado un niño prodigio en 1991 cuando publicó el libro “Vengo del sol”, que fue best seller en Argentina; mientras que Diego Marcone propone en “Los raídos” un heterodoxo acercamiento a los recolectores de la cosecha de yerba mate en Misiones, conocidos como los “tareferos”, entre otras promesas de la sección. Más de cien películas –sumando cortos, medios y largos–, completarán la oferta de cine argentino en las distintas subsecciones, entre las que se presentarán otras tres producciones cordobesas: el regreso de Rosendo Ruiz con su nuevo filme colectivo “Maturitá”, filmado en un taller del Colegio Dante Alighieri, en la sección Panorama/Hacerse Grande; el rockumental “Cosquín Rock XV “, de Rubén Francisco Mostaza, y el proyecto “Fin de semana”, del Dj. y director Moroco Colman, en la competencia Work in progress /BAL.

primero de enero

“Primero de enero”

La Competencia Internacional volverá a ser, como de costumbre, centro de atención con 18 películas de todo el mundo, entre ellas las argentinas “La larga noche de Francisco Sanctis”, de Andrea Testa y Francisco Márquez –una adaptación de la novela homónima de Humberto Costantini, situada en la Buenos Aires de 1977–,   “Viviré en tu recuerdo”, del crítico y ex director del Bafici Sergio Wolf –que vuelve sobre la cantante Ada Falcón, de su primera incursión en dirección, “Yo no sé qué me han hecho tus ojos”-, y  la muy recomendada “La noche”, de Edgardo Castro, que hace literalmente honor a su título al recorrer los más insólitos recovecos nocturnos en “una maratón interminable de encuentros sexuales, ingesta de drogas, alcohol y amistades casuales”,  para “encontrar la diferencia en el flujo incesante de una rutina que funciona como refutación y conjuro de la vida ordinaria”, según adelanta David Obarrio en el catálogo. A su vez, la Competencia de Vanguardia y Género puede volver a constituir el centro secreto del placer cinéfilo con películas que apuestan a las formas más radicales del cine: habrá obras de Tailandia, Brasil, Taiwán, China, Polonia, Austria, Suecia, España, Francia, Gran Bretaña, Portugal, Estados Unidos y Canadá. Aquí debutará “Una novia de Shanghai”, nuevo opus de Mauro Andrizzi, uno de los directores argentinos con más inventiva y riesgo en la exploración del lenguaje cinematográfico: en su nueva obra, compone una fábula sobre “dos pícaros que deambulan por una ciudad extraña, sin hogar ni familia, y se ganan la vida mientras fantasean con un golpe de suerte”. Mientras que también se estrenará mundialmente aquí la promesa de acción “The Bodyguard”, actuada, dirigida y guionada por Yue Song, llamado a ser el nuevo “Jackie Chan” por su destreza para combinar las artes marciales con el cine puro según el propio director del Bafici.

Luna de papel

“Luna de papel”

Pero más allá de las competencias, el festival permitirá como de costumbre reencontrarse con obras de grandes directores: esta edición quedará marcada por traer al país, por primera vez, al legendario crítico y director norteamericano Peter Bogdanovich, figura emblemática de la década del ’70 que estará presentando una retrospectiva sobre su obra, que incluye filmes como “Miralos morir” (1968), con Boris Karloff, “La última película” (1971), “¿Qué pasa, doctor?” (1972), “Luna de papel” (1973), con Ryan y Tatum O’Neil, “Tom Petty and The Heartbrfeakers: Runnin’Down a Dream” (2007), “One Day Since Yesterday: Peter Bogdanovich & the American Lost Film” (2014) o  “Terapia en Broadway” (2014).

Estados Unidos será precisamente el país homenajeado en esta edición, lo que permitirá descubrir otra Norteamérica a partir del cine que no llega a nuestras salas: entre otros, dentro del foco se presentará el cineasta Rick Alverson, que tiene su propia banda musical llamada Spokane, y que traerá obras desconocidas como “The Builder” (2010); “New Jerusalem” (2012), “The Comedy” (2012) y “Entertainment” (2015); pero también a Bob Byngton, con sus películas ambientadas en Texas como “RSO (Registered Sex Offender)” (2008), “Harmony and Me” (2009); “Somebody There Likes Me” (2012), y “7 Chinese Brothers” (2015).

Otra visita ilustre será la de Michel Legrand, que además de ofrecer un concierto en el Teatro Colón interpretando con la Orquesta Sinfónica Nacional temas de su vasta producción para cine –con unas 200 partituras para Joseph Losey, Robert Altman y Robert Mulligan, entre otros grandes cineastas–, presentará dos títulos emblemáticos de su carrera: “Sociedad para el crimen” (1968), de Norman Jewison, y sobre todo “Los paraguas de Cherburgo” (1964), el célebre musical de Jacques Demy, con Catherine Deneuve.

La tercera visita de envergadura será la del productor portugués Paulo Branco, responsable de películas de grandes cineastas como Pedro Costa, Manoel de Oliveira, Raúl Ruiz o Joao Cesar Monteiro, nada menos, de quien se verán “El estado de las cosas” (1986), de Wim Wenders; “Los caníbales” (1988), de Oliveira; “Huesos” (1997), de Costa; “Las bodas de Dios” (1999), de Monteiro; “Conbate de amor en sueño” (2000), de Ruiz, y “Mañana nos mudamos” (2004), de Chantal Ackerman; así como sus últimas producciones, entre las que se destacan la recomendadísima “Cosmos” (2015), la última del polaco Andrzej Zulawski, fallecido en febrero pasado, en base a una novela policial de Vitold Gombrowicz; “El astrágalo” (2015), de Brigitte Sy, y la última, por ahora, del productor titulada “Posto Avancado do Progresso” (2016), de Hugo Veira da Silva.

Right-Now-Wrong-Then

“Right now, wrong then”

Habrá también homenajes varios, empezando por el cine nacional con Fabián Bielinsky –se verá su primer y poco conocido filme, “La espera” (1983), según un relato de Jorge Luis Borges, además de “Nueve reinas” (2001) y “El aura” (2006) –, y las actrices Mirtha Legrand y Graciela Borges, además de la bellísima Nastassja Kinski, de quien se verán “Tess” (1979), que dirigió Roman Polanski, quien entonces era su pareja en la vida real, y “París, Texas” (1984), de Win Wenders, y la francesa Lucile Hadzihalilovic, esposa del cineasta argentino Gaspar Noé.

Por último, mas no al final de las prioridades cinéfilas precisamente, la monumental sección Panorama volverá a traer lo mejor del cine de autor contemporáneo dividida esta vez en trece categorías (Nocturna, Música, Cinefilias, Personas y personajes, Comer y beber Trayectorias, Pasiones y Arte, entre otras) que reunirán las nuevas películas de maestros como Radu Muntean (“One Floor Below”), Aleksandr Sokurov (“Francofonia”), Júlio Bressane (“Garoto Kid”), Jerzy Skolimowski (“11 minutes”), Avi Mograbi (“Between Fences”), Hong Sangsoo (“Right now, wrong then”), Terence Davies (“Sunset song”), Marco Bellocchio (“Sangue del mio sangue”), Mia HansenLove (“L’Avenir”) y Johnnie To (“Office”), entre muchas otras joyas a descubrir. El apartado Baficito ofrecerá al fin un foco imperdible dedicado a los 40 años del Estudio Aardman (“Wallace y Gromit” o “Pollitos en fuga”)  que incluye la visita de uno de sus directores creativos, Merlin Crossingham, entre otras ofertas.

Se completa así un programa que parece digno de la historia del festival, que más allá de los avatares del contexto político, promueve inevitablemente una apropiación personal e intransferible del espectador, especie de aventurero moderno que se adentrará en los meandros de la imagen para busca aquél tesoro que confirme la vigencia del cine como un arte vivo.

Published in: on 15 abril, 2016 at 1:34  Dejar un comentario  

Una mirada que instaura libertad

Tangerine

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Un plano cerrado registra una superficie amarilla surcada por inscripciones primitivas mientras una especie de vals dominado por un arpa y la tipografía cursiva y alargada de los títulos construyen una estética de ensueño… hasta que unas manos ligeramente fornidas, adornadas con alhajas, irrumpen en el cuadro y una voz en off se impone para decir: “Feliz Navidad, perra”. Se trata del inicio aparentemente paradójico de “Tangerine”, de Sean Baker, último hit del cine independiente norteamericano que hoy llega a las salas del Cineclub Municipal Hugo del Carril (ver horarios en http://www.cineclubmunicipal.com/cartelera/2016/abril/estrenos.html), y que ya en ese primer plano contiene el particular tono que desplegará a lo largo de todo el filme: cuento de Navidad decididamente naïf protagonizado por travestis, drama social ubicado en las clases marginales de Los Angeles que retrata, no sin cierta sordidez, el universo de las trabajadoras sexuales, la película del director de “Starlet” (2013) hace de la conjunción de elementos tradicionalmente antagónicos la base para construir una poética singular que se adecue con la mayor honestidad posible al mundo que retrata. Lo que significa ni más ni menos que aprovechar las posibilidades que ofrece el cine, desplegadas aquí a partir de un espíritu lúdico cuyo amor por ese universo y las personas que lo habitan resulta central porque Tangerine es, en última instancia, una película en juego continuo con el entorno que aborda sin pudores ni prejuicios de ningún tipo, permitiéndose una libertad para mirarlo que –y he allí la tan mentada “magia” del cine– puede contagiar al espectador.

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Filmada apenas con un celular Iphone-5, con actores no profesionales de la comunidad trans de Los Angeles, Tangerine narra un episodio mínimo aunque colosal para su protagonista, la travesti latina Sin-Dee Rella (Kitana Kiki Rodríguez), que apenas salida de prisión justo el 24 de diciembre se entera, de boca de su mejor amiga Alexandra, que su novio Chester la estuvo engañando con otra, que encima no sólo no es travesti sino también una mujer blanca. Bastará conocer la noticia para que Sin-Dee Rella –que fonéticamente suena como “Cinderella”, Cenicienta en italiano–, estalle como un huracán a pesar de que su novio es también el proxeneta que las regentea a ambas, estallido que será narrado en un frenético montaje de planos secuencia sobre la protagonista y una banda de sonido de hip hop: Baker no teme cambiar drásticamente de tono para adecuar la forma de su película a cada momento que desarrolla la trama, una de las constantes que marca el citado ludismo de la propuesta. Con la cruzada vengativa que iniciará Sin-Dee Rella en busca primero de su novio y después de la amante, la película se pondrá también en movimiento para registrar las calles desconocidas de Los Angeles, el universo suburbano en que se desarrolla tanto el oficio de las trabajadoras sexuales como sus propias vidas, desprovistas de la sordidez sin matices con que el cine suele retratarlas. O al menos el luminoso acercamiento que Baker ejecuta permite alumbrar otros costados de esas vidas, como la particular ilusión con que las protagonistas conciben sus anhelos (el enamoramiento de Sin-Dee Rella es un ejemplo, aunque también el sueño de ser cantante que concibe Alexandra, una de las subtramas del filme), o el compañerismo que las anima a prueba de todo tipo de traiciones. Para terminar de componer su cuadro, Baker incluye la subtrama de un taxista armenio aficionado al sexo con travestis, acaso flechado por la protagonista, que al mismo tiempo debe mantener una numerosa familia inmigrante comandada por su bella y abnegada esposa.

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Gran parte de la amabilidad del filme –cuya particularidad está en que no por ello deja de retratar la dureza de esas vidas, sintetizada en una escena donde Sin-Dee Rella irrumpe en un sórdido burdel instalado en la pieza de un motel– se desprende de la forma de filmar ese mundo, donde Baker vuelve a desplegar un notable manejo de la luz y el encuadre para ofrecer una experiencia gozosa a la vista (y el oído también, gracias al buen trabajo con el sonido, comenzando por la heterogénea banda musical que utiliza). La paleta de colores que anima el fondo de los planos abiertos en movimiento perpetuo, con paredes y cielos naranjas,  azules y a veces multicolores, en consonancia con las vestimentas y los cuerpos de las protagonistas expuestos al sol en contraluz, bañado todo en el sepia general del atardecer, confirman la perspicacia del director para exprimir las posibilidades del registro aún con el uso de un celular como cámara, pese a lo cual privilegia el plano secuencia y tiene un trabajo persistente con la profundidad de campo, aún en los extraños primeros planos que utiliza. Ese acercamiento, responsabilidad exclusiva de Baker –pues también se encargó de la fotografía, la producción, el guión y la edición–, define una disposición amorosa y desprejuiciada del filme hacia un universo que permite descubrir de un modo que sería inaccesible en una película del mainstream, donde el amor y la dulzura pueden convivir con las condiciones más precarias, inhóspitas y hasta violentas de la vida.

 

Martín Iparraguirre

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Published in: on 8 abril, 2016 at 1:21  Dejar un comentario