Soleada

Cerca de la libertad

Soleada1

Un primer plano del espejo retrovisor de un auto en marcha explora un hermoso paisaje serrano: el escenario es inmediatamente reconocible para nosotros, pues la belleza de las Altas Cumbres convoca a la memoria emotiva de cualquier cordobés que haya tenido el privilegio de viajar a la zona de Traslasierra. Marca constitutiva de nuestra identidad, traducción geográfica de la historia emocional formada por las experiencias de vida de cada quien, los espectadores locales han podido acceder, en los últimos años, a sus espacios vitales proyectados en las pantallas que habitualmente están ocupadas por los universos de fantasía de Hollywood. Se trata de un derecho que, no por ser de segundo orden, resulta menos importante para calidad de vida de una sociedad: si bien nadie sabe si las políticas de subsidios del Incaa se mantendrán bajo la nueva gestión -caracterizada, a nivel del Ejecutivo nacional, por el recorte progresivo de derechos-, el cine cordobés sigue vivo en este agitado 2016. Conviene entonces celebrarlo.

El estreno de “Soleada”, de Gabriela Trettel, significa además un buen inicio del año: dos semanas en las carteleras comerciales ya parece un récord para cualquier película que acceda a las salas comerciales. Hoy pasará además al circuito independiente en el Cine Arte Córdoba (ver en https://www.facebook.com/Cine-Arte-Cordoba-1386051238374665/?fref=nf), permitiendo extender la experiencia con sus imágenes, que en el modo de captación de la naturaleza tiene, acaso, su mayor virtud. Ese plano de apertura resume el centro dramático del filme: a través del espejo, algo se está dejando atrás para siempre, algo se modificará en estas vacaciones de Adriana (Laura Ortiz) y su familia, compuesta por sus dos hijos adolescentes Pao (Valentina Ayen)  y Manu (Juan Ignacio Croce), y su marido Juan (Víctor Acosta). No se trata de un gran conflicto melodramático, pues “Soleada” participa también de cierta poética del cine reciente local que busca en los detalles, en el minimalismo expositivo, la expresión de los sentimientos internos que viven sus personajes, eje de las películas. Ese centro es aquí Adriana, quien a poco de llegar a la casa de campo que aspiran a reacondicionar, se encontrará con una situación aparentemente inédita por los sentimientos que se  despertarán en ella: la soledad ante la ausencia de su marido, que deberá volver a la ciudad para hacerse cargo del taller que regentea. O más bien, lo que despertará paulatinamente en Adriana será la conciencia de esa soledad que experimenta a partir de su absoluta inmersión en el rol de madre, que como indican las primeras escenas debe ejercer no sólo con sus hijos sino también con Juan, quien por momentos se comporta como otro adolescente más.

soleada3

Esta nueva situación se manifestará, primero, como un fuerte sentimiento de inseguridad en Adriana, que la primera noche sin su marido despertará agitada y con miedo de que alguien haya ingresado a la casa, luego se perderá cuando quiera ir al río con su hija y ni siquiera podrá armar una simple estantería o manejar la pérdida de un bidet. Una concepción precisa de la mujer se despliega en estas escenas y la odisea de Adriana consistirá precisamente en escapar de esa visión eminentemente machista de su condición femenina para abrirse a una nueva libertad y recuperar la soberanía sobre sí misma. La mirada de otro hombre oficiará de quiebre pues Adriana se redescubrirá a partir de allí como objeto y como sujeto de deseo, tras lo cual iniciará un silencioso camino de liberación plagado de incertidumbre pues Trettel se guarda bien de dar una resolución que cierre los sentidos que pone en juego su filme –como ejemplifica su último y notable plano–, mientras paralelamente la hija comienza un proceso inverso al descubrir por primera vez el amor.

Despareja por momentos, con la construcción de algunos personajes que roza la unidimensionalidad (notablemente el marido, un tanto menos el hijo), con una gran actuación de Ortiz y algunos secundarios, “Soleada” funciona muy bien cuando apela a la sutileza  para representar el estado de su protagonista: el sensualismo con que se registra la naturaleza traduce así, como lo supo ver Roger Koza, el nuevo estado de situación de Adriana respecto de sí misma y su cuerpo, lo que constituye el mayor acierto del filme –el ojo fotográfico de Trettel, junto al trabajo de Hugo Colace como director del área, tienen mucho que ver allí –. La propia casa y su desorden funcionan como una metáfora visual de la protagonista, que se adentrará en un estado de suspensión de su cotidianeidad. Distinto es cuando la directora necesita asentar una idea, donde la película se puede volver redundante y un tanto tosca, como ejemplifica la citada secuencia donde Adriana se muestra inútil ante la ausencia del marido, o la escena donde se recrea un baile en un show del Raly Barrionuevo: las necesidades narrativas se imponen allí al registro, de suerte que los cuerpos en danza parecen objetos molestos que distraen al espectador del contacto con los protagonistas de la escena. Por suerte, se trata de momentos que finalmente no obturan el costado más valioso del filme, aquél donde Trettel es capaz de traducir la experiencia existencial de alguien que se abre a la aventura del autoconocimiento.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2016

Published in: on 17 marzo, 2016 at 23:15  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://lamiradaencendida.wordpress.com/2016/03/17/soleada/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: