Miramar

Estéticas de la escasez

Miramar

El cine cordobés viene cerrando un año extraño, en el que las novedades que tuvieron mayor trascendencia llegaron a partir de nuevas formas de producción que impusieron condiciones más modestas que las acostumbradas a sus realizadores: con muchas diferencias, “Todo el tiempo del mundo” y “El deportivo”, realizaciones colectivas guiadas por Rosendo Ruiz, y “Guachos de la calle (memorias del desarraigo)”, de Sergio Schmucler, muestran otras posibilidades de producción para la cinematografía local pero también otras calidades, que más allá de sus valores y ambiciones particulares por momentos rozan el amateurismo. Hubo otras películas como “Los besos”, de Jazmín Carballo, o “Los días iguales”, de Aldo Marchiaro, que ostentaron cierta ambición técnica y formal –amén de los riesgos que tomó cada cual–, pero que también resultaron marcadas por la modestia de medios: podemos decir que en Córdoba se filma a partir de la escasez.

Todo esto ocurre, curiosamente, en un contexto donde la producción local entró en debate a partir de cierta crítica a la crítica, no siempre esbozada con buena fe. Hay quien cree que la crítica debe hacer un arte de la destrucción sin contemplaciones, dictar sentencias sobre lo que está bien y lo que está mal, sin contemplar grises de por medio; hay quien la concibe como mero órgano propagandístico del sistema de producción, un eslabón privilegiado de la distribución cinematográfica. Quien firma esta columna tiene otro credo: el respeto al trabajo ajeno en primer lugar, acompañado del amor al arte del que todos nos nutrimos como aliado infatigable. Lo que no implica que deba renunciar al juicio crítico, pues allí está la instancia central de todo el trabajo. Pero la preocupación no estará puesta aquí en acumular estrellitas que traduzcan un puntaje o elaborar un dictamen definitivo, sino en abrirse a la experiencia que propone cada película, tratar de entender sus búsquedas y analizarla en sus propios términos, incorporar la mayor cantidad de elementos internos y externos para contextualizarla y organizar una mirada personal sobre ella, que pueda aportar algo a su comprensión. Intentar construir, en definitiva, un juicio justo.

Dicho esto, “Miramar” se inscribe en este contexto específico, incluso en una historia que la precede. Filmada con un presupuesto ridículo, la ópera prima de Fernando Sarquís sugiere la existencia de un subgénero en el cine joven local, dedicado a abordar historias de chicos de pueblos que están atravesando alguna instancia central en su crecimiento personal. Participa también de un síntoma típico de las primeras películas, no sólo cordobesas hay que decirlo: el aislamiento en la intimidad, la reclusión en un retrato generacional desprovisto de contactos fuertes con el presente que nos circunda, la curiosa despolitización de una sociedad hiperpolitizada. Se trata acaso de un signo de época, que se extiende a casi todo el cine de ficción argentino, lo que no invalida la puntuación.

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Pero “Miramar” tiene también sus particularidades, pues si en “Atlántida” (Inés Barrionuevo) la búsqueda iba por el lado del descubrimiento de una identidad sexual alternativa, y “El invierno de los raros” (Rodrigo Guerrero) por la angustia existencial que diversos personajes viven en un pueblo detenido en el tiempo, aquí la cuestión pasa por el proceso de maduración que implica irse del hogar paterno para estudiar en la capital. Quien atraviesa esa experiencia es Sofía (Florencia Decall, en otro papel que ratifica sus excelentes condiciones), una adolescente que está a punto de abandonar esa etapa de la vida: a cargo junto a su madre un hotel familiar en la localidad del título en fuera de temporada, con su padre internado por una parálisis corporal que funciona como una metáfora de su propia situación, la protagonista enfrenta una decisión que puede modificar su vida para siempre. Basta la mirada de su madre (Eva Bianco), atribulada por las demandas del negocio familiar, para denotar el rechazo que provoca el anuncio de Sofi de mudarse a la capital gracias a una beca de estudio, aunque su situación se complejizará aún más con la llegada de un misterioso visitante que despertará su curiosidad amorosa.

Con un desarrollo minimalista de los conflictos, construidos en sus mejores momentos a partir de sugerencias visuales, Sarquís va desplegando los signos de esa angustia que resulta expresión indirecta de la condición de vida en los pueblos del interior cordobés. Su sensibilidad formal es evidente y por ahí pasa lo mejor de la película: planos donde la iluminación construye una puesta extasiada y ligeramente surreal, que por momentos dan a la narración un tono idealista que, como explicó el propio director –ver HDC de ayer–, remite a la forma de los recuerdos. Se diría que hay una concepción precisa del cine detrás algunas decisiones formales, como la intención de filmar las escenas en un único plano o la preocupación por captar la materialidad del mundo, ya sea con bellos planos generales de la laguna en los atardeceres de Miramar o planos detalle de los cuerpos y los objetos expuestos al viento y la luz. Pero otras veces, sus elecciones se acercan al régimen estético televisivo, como la preeminencia de planos cerrados con poca profundidad de campo o la iluminación en las escenas de interiores, donde la transparencia construye un tono artificial; aunque sus mayores problemas están en el guión: cuando el director intenta explicitar los conflictos que viven sus personajes a partir de diálogos que por momentos se pierden en la profundidad de los sentimientos graves, termina impostando el drama, rompiendo con aquél equilibrio entre sugerencia y construcción visual de un mundo que está a punto de desaparecer. Como si la vida ya estuviera en otro lado, en esos momentos la película se asfixia a sí misma: vuelven entonces los planos de la naturaleza para recordarnos que el cine es mucho más que un relato, acaso una forma sensible de acercarse al mundo.

Por Martín Iparraguirre

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PD: la película se proyecta este fin de semana en el Cineclub Municipal Hugo del Carril (http://www.cineclubmunicipal.org.ar/)

Published in: on 21 noviembre, 2015 at 1:50  Dejar un comentario  

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