Entrevista a Fernando Sarquís

Fer Sarquís

El realizador de “Miramar” estrena mañana su ópera prima en el Cineclub Municipal Hugo del Carril

El año que se apresta a culminar ha dejado pocas novedades para el cine cordobés, al menos en comparación a sus predecesores. Quizás 2014 sea un parámetro demasiado exigente de medición, pues se trató del año de consagración de la producción local en el centro de legitimación cultural por excelencia de un país donde el fuerte impulso otorgado por el Estado al federalismo cultural sigue conviviendo con una inquebrantable hegemonía porteña. Sin entrar en esa trampa paternalista y autodeslegitimadora, lo cierto es que ayer nomás se estrenaron ocho películas cordobesas en el Bafici, mientras que en 2015 hubo un solo representante en el certamen porteño: “Miramar”, de Fernando Sarquís, que mañana jueves llegará al Cineclub Municipal Hugo del Carril (Bv. San Juan 49).

Filmado con un presupuesto mínimo, que resulta inversamente proporcional a sus ambiciones estéticas, el debut de Sarquís confirma una vez más tanto la calidad de la materia prima existente en nuestra provincia -es un egresado de la Facultad de Artes de la UNC-, como también la existencia de una especie de subgénero en el cine joven local, que aborda historias de chicos de pueblo que atraviesan alguna instancia central de su crecimiento personal. En este caso, una adolescente que debe decidir entre irse a estudiar a la capital provincial o continuar el negocio familiar en una hostería del pueblo del título, con la posibilidad de un nuevo amor en puerta.

A continuación, Sarquís desmenuza las razones de sus apuestas y elecciones:

 

MI: ¿Por qué elegiste narrar esta historia para tu primer largo?

 

Fernando Sarquís (FS): Yo nací y crecí en Córdoba capital, aquí me formé y vivo hasta la actualidad. Al ser una ciudad universitaria, a partir de mis 18 años siempre estuve en contacto con pares que venían a estudiar a la ciudad de diferentes partes del país. Siempre me atrajo esta suerte de maduración obligada a la que se enfrentan estas personas al tener que abandonar su hogar, vivir en un lugar distinto lejos de su familia. “Miramar” es una película que habla sobre la toma de decisiones y eso es algo que nos atraviesa necesariamente en el día a día, nos encontramos siendo producto de las decisiones que hemos tomado a lo largo de la vida.

A la película la empecé a escribir cuando tenía alrededor de 23 años, en ese momento veía el hacer cine como una posibilidad de transitar o vivir realidades que no eran las mías, disparando el “qué narrar” desde la curiosidad, a lo largo de los años que nos llevó finalizar el filme (hoy tengo 28 años) se fue modificando el “como narrar”, fuimos creciendo y renovando las lentes por las que observamos la realidad, intentando no perder esa curiosidad inicial.

 

MI: ¿Cómo fue filmar la película con tan pocos recursos?¿En qué te limitó esta condición o en qué te benefició? 

 

FS: Filmar la película con tan escasos recursos económicos fue todo un tema, pero por suerte fue creo lo único que escaseó. La producción contó con el apoyo principalmente de toda la gente involucrada para hacer el filme, técnicos y actores trabajando con un mismo fin, todos empujando para el mismo lado, la película se la debo enteramente a ellos. Hicimos una sociedad entre productoras, con Blackmaria, Vibra y Diagonal, donde cada uno hacía aporte de equipos y técnicos. La intendencia de Miramar, Adran Walker y su equipo nos apoyaron muchísimo, aportando hospedaje, traslado y varias otras aristas cruciales para poder “sobrevivir” un rodaje, Caruso Seguros, gracias a Mac Combes, nos hizo un aporte económico, que junto con el apoyo de negocios locales de Miramar pudimos llevar adelante el proyecto.

Si bien hubo limitaciones producidas por la falta de dinero, creo fueron sorteadas a fuerza de voluntad de todo el equipo, amoldándose a los recursos que poseíamos e intentando sacarle, diría un amigo, jugo a las piedras. La limitación suele ser la comodidad, el resultado desde algunos factores técnicos que te proveen el uso de algunos equipos de mayor gama que los que usamos. El beneficio fue un trabajo grupal tan intenso, donde todos empujábamos la dificultad de hacer un largometraje de esta manera, entendiendo que si todas las fuerzas apuntan hacia un mismo norte se hace posible sortear obstáculos inmensos, siempre manteniendo la sonrisa en el rostro.

Más allá de esto, creo en la generación de industria cinematográfica local, en generar puestos de trabajo desde el cine, por ahí las ganas a veces ganan y nos llevan a estos sistemas de producción tan austeros. Espero poder hacer filmes de mayor presupuesto, poder, como otros colegas han hecho, ser parte del desarrollo económico y cultural que implica hacer un filme desde un lugar más industrial, donde está presente un apoyo por parte del Estado, también espero que ese apoyo siga existiendo.

Miramar

MI: ¿Hay una búsqueda de narrar los conflictos internos que viven los personajes con recursos mínimos, construirlos con indicios y detalles, por qué elegiste este método narrativo? ¿Con qué recursos formales intentaste plasmarlos? ¿Cómo trabajaste el guión?

 

FS: Lo sutil es algo, creo yo, muy poderoso. Una mirada bien puesta de tu madre (de niño y no tanto) cuando estás actuando mal cala mucho más hondo que un reto, el silencio en una amistad suele ser más llenador que cualquier charla, ni hablar de ejemplos de estos en lo referido al amor. Creo que el famoso “menos es más” se aplica a la intensidad de algunas narraciones, como esa gente que habla poco, pero cuando dice es imposible no escucharlas. Creo en esa fuerza, en ese amor que hay en los detalles. Formalmente hablando, en manera de recursos, encuentro algo muy melancólico en la poca profundidad de campo, en el desenfoque, en la observación por partes, se me hace algo muy humano (de hecho el ojo ve con poquísima profundidad de campo, una cosita a la vez). Los planos cortos, los detalles, el tiempo de duración que excede a los 3 segundos por toma (que es el límite de tiempo promedio entre toma y toma del cine industrial), son decisiones que en conjunto encarrilan la forma de narrar la película a un lugar más propio, lo que no necesariamente significa un lugar más único, sino a uno que nos pertenece y al cual pertenecemos más.

Entre el guión y el filme terminado hay una gran distancia, el primero era más explícito, carecía de sutilezas que luego fueron encontradas durante el rodaje, evitando subrayar las cosas, confiando en la sensibilidad del espectador. Ese trabajo fue refinado muchísimo en el proceso de montaje, pasando el filme como por un tamiz, dejando ir todo lo que no aportaba a la armonía en su narración.

 

 

MI: ¿Por qué incluiste el personaje del padre con una enfermedad particular?

 

FS: El personaje encarnado por Eduardo Rivetto tiene una enfermedad llamada Síndrome de Guillian-Barré, que es un trastorno neurológico autoinmune donde su propio sistema inmunológico le va paralizando partes del cuerpo. Si bien en el filme no está tomada como una enfermedad terminal, es algo que lo mantiene fuera de actividad, en observación médica en el hospital.

Si bien me interesaba mucho esto de que tu propio organismo sea el que te ataca, esto de que en una enfermedad autoinmune sos tu propio enemigo, por así decirlo, no profundicé en absoluto esto en el filme, que enfermedad tiene el padre solo se sugiere, pero no es un tema central. Me interesaba más, por un lado, la disposición física–geográfica de los lugares entre los pueblos, que haya que viajar a un pueblo vecino para ir a un hospital, por ejemplo, y cómo esto afectaba el día a día de una persona. En el caso de Sofía y su madre, el llevar adelante la hostería, poner en evidencia algunas cosas que desde la ciudad damos por sentadas, como tener un hospital relativamente próximo a donde vivimos. Por otro lado, la situación del padre y de la madre de Sofía hace que sea ella la que deba transitar un proceso de decisión particular, donde ella es un elemento clave en la “funcionalidad” de su familia, tanto laboral como afectivamente, donde alejarse físicamente de ellos implicaría una reorganización en las vidas de todos los involucrados, una situación en la que Sofía busca reconocerse como individuo, intuyendo que sus decisiones personales afectarían fuertemente la vida de los que la rodean.

 

 

MI: En definitiva, la pregunta es si ¿tuviste algunas pautas formales y estéticas que guiaran tu trabajo? 

 

FS: Penosamente no soy una persona muy cinéfila, es algo que me gustaría cambiar, siempre que escucho o leo a otros realizadores los encuentro con un bagaje enorme de referentes narrativo-estéticos. Estos referentes terminan nutriendo estas pautas formales de las que usted me pregunta en este momento.

En mi caso, las pautas formales que tuve fueron referidas directamente a la intuición de lo que yo considero está vinculado con la melancolía, con el recuerdo. Busqué narrar todo el filme como si fuese un recuerdo, no desde lo onírico y sus distorsiones, sino desde dónde uno focaliza la atención cuando recuerda, qué detalles quedan grabados a fuego y qué momentos son elipsados en el recuerdo. Eso es algo que hablamos mucho con los directores de fotografía y sonido de la película, como desde un realismo intentar mostrar algo que ya es pasado, que es un recuerdo, desde lo sutil, lo simple, lo pequeño.

La escaza profundidad de campo, el valor de plano preferentemente pequeño buscando intimidad, la focalización desde la protagonista en casi todo el filme, exteriorizar las emociones desde el sonido y el ambiente físico – lumínico, dándole sentido a veces al texto desde el contexto. Estos son por ahí ejemplos de cómo intentamos narrar este pasado tan presente que transita la película.

 

MI: Hay también un trabajo particular con la luz en tu película que construye un cierto tono de belleza, ¿qué búsquedas están relacionadas con esta dimensión?

 

FS: César Aparicio es el director de fotografía de Miramar, por ende el trabajo de iluminación es mérito suyo y de su equipo de trabajo. Jimena Bustos es la directora de arte del filme, por ende toda la recreación de espacios, objetos, maquillajes, etc. es mérito de ella y su equipo.

Puntualmente en la iluminación, en los diálogos con César hubo pocas bajadas de línea “de hierro”, eran instancias en las que le proponía que se debía sentir en cada escena y él encontraba la forma de llevarlo a la luz. El eje del recuerdo y el detalle nos fue muy útil a la hora de ponernos de acuerdo en cómo se debería ver, de ahí ese “tono de belleza” que usted menciona. César es un artista muy sensible, hay mucho de él en el filme que excede a cualquier dirección que yo hubiese podido darle, logrando amplificar esta búsqueda antes planteada en los elementos formales de lo que yo considero melancólico.

 

MI: También trabajas de manera particular los espacios geográficos de Miramar, ya que me parece a veces funcionan como metáforas visuales de los procesos que viven los protagonistas, ¿cómo fue tu búsqueda en ese sentido?

 

FS: El espacio en Miramar es algo muy importante, la laguna es otro protagonista. Si bien entre los planteos se propuso no describir el pueblo, se buscó incorporarlo desde el lugar donde se situaba cada personaje con respecto al espacio, esto hace que el entorno / contexto se vea necesariamente teñido por el texto, acompañándose y resignificándose los unos a los otros. Me acuerdo que Eva (Bianco) mientras rodábamos una escena en la que ella está empapada arreglando una canilla en la hostería, me señaló que todos los personajes tenían sus crisis cuando estaban en contacto con el agua, por ende con la laguna, en ese momento ella logró poner en palabras algo que se estaba buscando a lo largo del guión.

En el montaje, uno de los grandes aportes (entre muchos otros) que hizo Lucía Torres fue condensar la aparición de la laguna, proponiendo desde un lugar muy bello la analogía entre el ocaso constante en la laguna y la inevitable toma de decisión de la protagonista, logrando nuevamente lo que había hecho Eva en el rodaje, tomar algo que estaba en la búsqueda del filme y aclararlo, casi como explicándome, “esto es lo que estás intentando decir”.

 

MI: ¿Cuáles consideras que son los mayores logros de Miramar? ¿Qué cosas crees que puede aportar al cine cordobés? 

 

FS: Los mayores logros de la película los siento desde un lugar interno, desde el trabajo en equipo, acompañándonos en esto que cuando era chico se veía lejano e imposible, hacer una película. Destaco mucho el trabajo de los actores en la película, creo que ellos llevan adelante el filme, me aluciné en el proceso de ver como alguien tan sensible como un actor puede agarrar algo que alguna vez escribiste y devolvértelo mil veces mejor, más refinado, sutil, poniendo el cuerpo más allá de las palabras, trabajar con tal calibre de actores fue un lujo que nos ayudó a crecer a todos los que hicimos el filme.

Me cuesta un poco pensar en qué aporte hace al cine cordobés nuestra película, porque entre otras cosas me cuesta ver este llamado cine cordobés sin pensarlo desde un lugar meramente geográfico, las instituciones de formación académica que hay en Córdoba han impulsado la realización en la ciudad, mucha, si no la mayoría, de la gente que hace al cine cordobés no es de Córdoba. Me interesa más verlo como cine argentino, igualarlo con la producción de Buenos Aires, de Mendoza, de Rosario y simultáneamente creo que el aporte al cine argentino que hacemos desde la producción “periférica” al polo productivo hegemónico que es Buenos Aires es el de que, lo que pasa en Córdoba con su cine cordobés, pone en evidencia que hay muchas formas de hacer cine, que hay muchas historias para retratar y que somos un montón en todo el país que podemos hacerlo.

Por Martín Iparraguirre

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Published in: on 18 noviembre, 2015 at 17:25  Dejar un comentario  

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