30 Festival de Mar del Plata

El pulso del mundo

El abrazo de la serpiente

El abrazo de la serpiente

La 30 edición del encuentro cinematográfico terminó con un balance inmejorable gracias a una programación de primer nivel, una política que los nuevos gobiernos deberían mantener

La 30 edición del Festival Internacional de Mar del Plata llegó ayer a su fin con la satisfacción de la tarea lograda porque no sólo se ratificó el buen nivel que venía insinuando en ediciones anteriores, sino que sumó calidad y rigurosidad en instancias centrales de todo encuentro de este tipo como son la programación, los invitados y las actividades especiales ofrecidas a las más de 100.000 personas que pasaron las salas de la ciudad costera.

Como rezaba un slogan electoral reciente, “no fue magia”: se trató más bien del resultado de años de trabajo de un mismo equipo que fue consolidando una línea editorial precisa, que no sólo apuesta a convertir al festival en la ventana al mundo del cine latinoamericano y nacional, sino que también se esfuerza por captar las novedades más importantes del cine global, con la apuesta a nuevos talentos y directores desconocidos como principio rector.

Bajo la nueva dirección artística de  Fernando Martín Peña, el equipo programador liderado por Marcelo Alderete -e integrado por la cordobesa Cecilia Barrionuevo- consiguió afinar aún más su mirada en 2015 y entregar un catálogo de películas notable que difícilmente puedan ofrecer otros festivales del globo, tanto por su amplitud estética como por la calidad de los trabajos reunidos. Aquí se pudieron ver, por ejemplo, las nuevas películas de los mejores directores del mundo, que estuvieron todos y en cantidad: basta citar a Hou Hsiao-hsien, Hong Sang-soo, Terence Davies, Tsai Ming-liang, Apichatpong Weerasethakul, Otar Iosseliani, Takeshi Kitano, Sion Sono o Guy Maddin para tomar medida de lo que fue el panorama autoral. Algunos estuvieron incluso pisando suelo marplatense, dando charlas o clases magistrales, mirando películas e interactuando con el público en la calle, como el hongkonés Johnnie To -acaso el mejor director de cine de género de la actualidad- o el francés Arnaud Desplechin; por no hablar del filipino Kidlat Tahimik, que después del ruso Marlen Khutsiev, se convirtió en el gran hallazgo del festival. La 30 edición de Mar del Plata también trajo el mundo a la ciudad feliz, y permitió atisbar lo que se está agitando afuera de los límites de la región.

Homeland: Iraq Year Zero

Homeland: Iraq Year Zero

Pero esa quimera que parece ser la continuidad en Argentina resulta nuevamente amenazada por el cambio de signo político del gobierno local -donde se impuso el postulante del Pro Carlos Arroyo- e, indefectiblemente gane quien gane el ballottage, del Estado nacional, por lo que este camino asoma hoy más incierto que nunca. Será primero el voto ciudadano el que comience a definir su suerte el 22 de noviembre, ya que ese día también se votará una política cultural específica, aunque sobre todo dependerá de la lucidez y amplitud que puedan mostrar las nuevas autoridades al decidir el futuro del festival.

Por lo pronto, las 120.000 personas  que colmaron las salas marplatenses parecen indicar un norte a quienes asuman el 10 de diciembre: aquí hay una propuesta consolidada que encuentra respaldo no sólo en la crítica, los actores propios del séptimo arte y los medios especializados, sino en quienes son sus principales destinatarios, estudiantes, jóvenes, jubilados y ciudadanos de a pie que se sumaron con entusiasmo a las actividades a pesar incluso de algunas dificultades como fue la falta de guías para seguir la programación. Allí finca el éxito de la propuesta y también su mayor garantía de continuidad.

Pero “¿qué fue lo mejor del encuentro?” se preguntará a esta altura el lector. Y si bien toda mirada es parcial y hasta arbitraria -pues la cantidad de oferta impone siempre una selección que deja mucho afuera del campo de análisis-, quien escribe estas líneas puede anotar un par de mojones que quedarán en su memoria: las más de seis horas del documental “Homeland: Iraq Year Zero”, de Abbas Fahdel, por captar sin solemnidad ni golpes bajos la experiencia de la guerra y la invasión norteamericana desde la más simple cotidianeidad de la propia familia del director en Bagdad; las verdaderas pinturas filmadas que constituyen los planos de Davies, “Sunset Song” -una clase magistral del uso de la luz dentro del espacio filmado-, o Hsiao-hsien, “The Assassin” -un prodigio de la composición de la escena y el cuadro cinematográfico-; la vigencia del clasicismo aún en el cine ruso con maestros desconocidos como Khutsiev o consagrados como Oleksandr Dovzhenko -ambos proyectados en sus formatos originales en 35 o 16 milímetros, todo un privilegio al que pocos pueden acceder hoy en el mundo-; la creatividad políticamente incorrecta y hasta demencial de orientales como Sion Sono (de quien se vieron dos estrenos, “Love & Peace” y “Tag”) o Takashi Miike (“Yakuza Apocalypse”); el ludismo expansivo y sin límites en la obra del portugués Miguel Gomes “As mil e uma noites” -un canto de amor a la ficción que también dura más de 6 horas, aunque está dividida en tres episodios-, pero también en películas de ánimo introspectivo y ensayístico como “88:88” -promisorio debut del canadiense Isiah Medina que reúne filosofía, cinefilia, diario íntimo y política para pensar su situación de pobreza-, o de batalla social y cultural como la obra del citado filipino Tahimik. Esto apenas para comenzar a hablar.

Sunset Song

Sunset Song

Se trata de algunas pocas citas que sólo sirven para ilustrar las posibilidades del cine, un arte mayor que aquí pudimos comprobar recién estamos descubriendo, pero que sin dudas es unos de los espacios donde mejor se puede pensar nuestro tiempo histórico. Hubo también distintas competencias que dieron premios respectivos a las películas participantes, y donde la mayor ganadora resultó ser “El abrazo de la serpiente”, del colombiano Ciro Guerra, que se llevó el Astor de Oro como mejor película del festival, además del premio de la Federación de Escuelas de la Imagen y el Sonido de America Latina (Feisal). Inspirada en las memorias de Theodor Koch-Grunberg y Richard Evans Schultes, dos de los primeros científicos blancos que recorrieron la amazonia colombiana, y con una estilizada fotografía en blanco y negro, la película sigue al chamán Karamakate, último sobreviviente de su tribu, y dos exploradores que, separados por 40 años de diferencia, recorren el Amazonas en busca de una planta sagrada para curar sus males. En la misma Competencia Internacional, la argentina Érica Rivas obtuvo el Astor de Plata a la mejor actriz por su papel en “La luz incidente”, de Ariel Rotter, que ganó a su vez el premio de la Federación Internacional de la Prensa (Fipresci) y de la Asociación de Cronistas Cinematográficos (Acca), además del Premio Sagai a la Actriz Revelación para Susana Pampín.

Pero se trata de datos más ligados a la estadística (que se pueden repasar en el cuadro adjunto) que en otros encuentros puede pasar por lo principal: lo más importante esta vez fue que, durante nueve días, en Mar del Plata vibró el pulso del mundo a través de las distintas miradas que lo abordaron. Quienes pudimos acceder a ellas, quienes pudimos tomarlo, esperamos que en 2016 esa posibilidad no se corte e incluso se profundice.

Dependerá, también, de que se entienda que el cine es otro modo de democratización, un espacio de igualación social y cultural, acaso una forma de construcción de ciudadanía.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2015

Principales premios:

Jurado Oficial

– Astor de Oro Mejor Película: “El abrazo de la serpiente”, de Ciro Guerra (Colombia/Venezuela/Argentina).

– Astor de Plata Mejor Director: Iván Ostrochovsky por “Koza” (Eslovaquia/Rep. Checa).

– Astor de Plata Mejor Guión: Guillermo Calderón, Daniel Villalobos y Pablo Larraín por “El Club” (Chile).

– Astor de Plata Mejor Actriz: Erica Rivas por “La luz incidente” (Argentina/Francia/España).

– Astor de Plata Mejor Actor: Todo el elenco masculino de “El Club”, de Pablo Larraín (Chile).

– Competencia Latinoamericana: Mejor largometraje para  “Santa Teresa y Otras Historias” (República Dominicana), de Nelson Carlo de los Santos Arias.

– Competencia Argentina: Mejor largometraje para “El Movimiento”, de Banjamin Naishtat.

-Premio DAC (Directores Argentinos Cinematográficos): Mejor Película Argentina de todas las competencias a Matías Scarvaci y Diego Gachassin por “Los cuerpos dóciles”.

Premios no oficiales

– Premio Fipresci de la Crítica: Mejor Película Argentina de todas las competencias, “La luz incidente” (foto), de Ariel Rotter.

– Premio Asociación de Cronistas Cinematográficos: Mejor Película Argentina de Competencia Internacional, “La luz incidente”, de Ariel Rotter.

– Premio Signis: Mejor Película de Competencia Internacional, “El abrazo de la serpiente”, de Ciro Guerra.

Published in: on 9 noviembre, 2015 at 23:49  Dejar un comentario  

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