30 Festival Internacional de Mar del Plata

El poder y las sombras

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As mil e uma noites

La 30 edición del encuentro viene ofreciendo un programa notable donde puede captarse la multiplicidad del cine contemporáneo

Si el cine suele ser entendido como un arte ligado esencialmente al entretenimiento, la 30 edición del Festival Internacional de Mar del Plata viene demostrando muchas otras posibilidades: en sus infinitos tentáculos desplegados al mundo, el cine es antes que nada un arte del descubrimiento, una forma privilegiada que los hombres tenemos para acceder a nuestro entorno porque nos permite mirarlo desde otra mirada, alcanzar por unos instantes la quimera de salir de nosotros mismos para poder ver con los ojos de otro. He allí su magia, su encanto y la suma de todas posibilidades, pues si el cine implica el pensamiento, lo hace en tanto su encadenamiento de imágenes, impulsos y sonidos proponen la construcción de diversas interpretaciones sobre el mundo, o de nuestra experiencia de él.

El problema es precisamente cuando estas posibilidades se cercenan por la imposición de una sola mirada, de allí que la primera misión de los festivales sea la de permitir que surja precisamente la multiplicidad intrínseca del cine. De alguna manera, Mar del Plata está habitada hoy por el mundo entero. Cual Aleph borgeano que contiene todos los tiempos y todos los espacios, su programación constituye una invitación constante a conectarse con otros mundos: como Jackson Heights, ese barrio neoyorquino que se precia de ser el más diverso del globo entero -donde se hablan 167 lenguas distintas- y es registrado por Frederick Wiseman con su habitual precisión en el filme homónimo, la ciudad feliz contiene una plenitud cultural sólo posible gracias a este arte hoy más vigente que nunca –y a una programación por supuesto digna de un festival “clase A” como el que reseñamos–.

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El arrullo de la araña

Resulta tentador detenerse entonces en algunas de las maravillas que se vieron por estos días, aunque la obligación mande a reseñar las competencias. Vaya una cita a cuenta de lo que se puede encontrar aquí. “As mil e uma noites”, de Miguel Gomes, confirma no sólo la inagotable capacidad creadora del director portugués sino también las potencialidades que anidan en este arte que contiene a todas las artes: dividida en tres partes (el filme completo dura más de 6 horas), la película consigue el prodigio de reinterpretar libremente los clásicos cuentos de Scheherezade para explicar la crisis económica europea actual, sin perder un ápice de la originalidad del director. Es más, uno diría que As mil e uma noites puede pensarse como la síntesis más precisa de la obra de Gomes no sólo por su conjunción de fantasía y ánimo documental, de amor por la literatura y la reflexión cinematográfica, de mitología y cultura popular, de cinefilia y compromiso político y social;  sino porque la propia película está concebida como una apertura delirante a las infinitas posibilidades del relato, un caleidoscopio lúdico que a cada minuto se dispara a cualquier lado, aunque siempre esté buscando interpretar el presente con el recurso de la ficción. Resulta irresistible, por caso, el nexo que propone entre el programa de ajuste económico que promueven las autoridades portuguesas con la impotencia sexual de sus dirigentes, un cuento donde se puede confirmar la capacidad de la fantasía para interpretar el mundo, o el relato como una forma legítima de reflexión.

Más directos, aunque no necesariamente más perspicaces, son los modos en que las películas de la Competencia Argentina intentan elaborar el presente argentino, que paradójicamente hoy parece inmerso en una realidad paralela de ficción. “El arrullo de la araña” significa el regreso de José Celestino Campusano a su mejor forma, tras el furcio que resultó “Placer y martirio” (2015). En su sexta participación consecutiva en Mar del Plata, el director bonaerense vuelve aquí al hábitat natural de su cine con una precisión narrativa más depurada: concentrado en un único espacio, una ferretería del conurbano, Campusano explorará las diversas formas de sometimiento que un patrón inclemente puede ejercer sobre sus empleados. El tema de fondo es también el poder, aunque concentrado en un microcosmos asfixiante que Campusano irá construyendo a fuerza de un guion de hierro, con diálogos cada vez mejor laborados a pesar de que por momentos se conviertan en vehículos de ideas, algunos hallazgos narrativos y una puesta en escena cuya precisión puede pasar desapercibida. Aquí también se insinuará que la impiedad del dueño está ligada a una fuerte represión sexual, aunque el centro del filme pasará por el proceso de maduración y rebelión que experimentarán sus empleados, con la lucha de clases como telón de fondo.

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El Movimiento

Una interpretación más polémica del presente político argentino constituye “El Movimiento”, de Benjamín Naishtat, estrenada ayer en la misma competencia: recreación alucinada de las campañas de La Mazorca en la segunda presidencia de Juan Manuel de Rosas, la película propone una relación directa entre ese pasado violento y las formas de ejercicio de la política en la actualidad. Corre el año 1835 y el país se encuentra sumido en la anarquía: un potente inicio en el que un pequeño batallón asesinará sin piedad a un presunto espía dejará en claro las condiciones de vida en la inhóspita pampa argentina. A partir de allí, el filme se entregará al derrotero de un batallón mínimo liderado por un coronel sin nombre (Pablo Cedrón, magnífico) que va recaudando bienes y dinero entre la población para reorganizar al Movimiento del título, sin dudar en ejercer la violencia más extrema para conseguir sus objetivos. Con un estilizado blanco y negro, y un uso expresionista de la banda de sonido compuesta por violines y cuerdas incisivas que violentan la percepción del espectador, Naishtat irá extrañando progresivamente la puesta en escena para internarnos en una profunda noche de tintes pesadillescos, acaso la manifestación gráfica de la psicosis que vive su protagonista: cuando el delirio parezca irreversible, se producirá una asamblea popular que inscribirá la diégesis en nuestro presente, y donde se sugerirá una ligazón acaso simplista y secretamente ideológica entre las formas de ejercicio del poder en ambos tiempos históricos. Lo más interesante, empero, no pasa por allí pues de hecho el discurso ya se habrá vuelto redundante para entonces, sino por una puesta en escena donde el uso de la oscuridad y la luz crearán una belleza singular en la que el mundo aparece por momentos como un prístino paraíso arrebatado por las pasiones violentas de los hombres.

Por Martín Iparraguirre

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PD: Fuera de competencia, el sábado se estrenó el filme cordobés “El Deportivo”, una creación colectiva en un taller dirigido por Rosendo Ruiz y Alejandro Cozza que tendrá sin embargo su función de gala el martes, cuando se proyecte al aire libre en un escenario montado en la playa marplatense. Se trata de un filme que tendrá pronto estreno en la ciudad, durante el mes de diciembre, por lo que será abordado entonces, aunque vale adelantar que de su forma de producción saca tanto sus méritos como sus limitaciones previsibles, y que en todo caso se trata de uno de los filmes más auténticos del cine local reciente.

Published in: on 2 noviembre, 2015 at 14:04  Comments (2)  

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2 comentariosDeja un comentario

  1. Transcribo dos párrafos sobre los que disiento:
    “Una interpretación más polémica del presente político argentino constituye “El Movimiento”, de Benjamín Naishtat, estrenada ayer en la misma competencia: recreación alucinada de las campañas de La Mazorca en la segunda presidencia de Juan Manuel de Rosas, la película propone una relación directa entre ese pasado violento y las formas de ejercicio de la política en la actualidad….”
    “…cuando el delirio parezca irreversible, se producirá una asamblea popular que inscribirá la diégesis en nuestro presente, y donde se sugerirá una ligazón acaso simplista y secretamente ideológica entre las formas de ejercicio del poder en ambos tiempos históricos…”

    Vi la película y realmente de la misma no se puede concluir (o por lo menos yo, y varios que la vimos y discutimos) esa “relación directa” que indica el primer párrafo transcripto porque las formas de ejercicio de la política en la actualidad son diametralmente opuestas a aquellas, sin una pizca de violencia por parte de las mayorías populares en la disputa democrática y con acceso de ellas al gobierno con inusuales porcentajes mayoritarios de votos. Además, desde el gobierno nada se prohijó en ese aspecto y,por el contrario, tuvo que soportar un embate permanente del poder económico que dificultan el logro de ansiadas conquistas.

    Respecto del segundo párrafo, sólo se puede establecer la ligazón que se menciona conociendo la ideología del director, cuestión que desconozco, pero si creo que las formas de ejercicio del poder (político) en la actualidad están en las antípodas al tiempo histórico que menciona la crítica.

    Coincidimos en todo lo demás, puesta en escena, música y especialmente en el encomiable trabajo actoral de Pablo Cedrón, que si bien nada indica, es precisamente quien ha mostrado adhesión pública a las políticas progresistas llevadas a cabo en el país en esta última década lo que hace más abstruso establecer la ligazón que expresa la nota.

    Cordiales saludos.

    • Querido Miguel, muchas gracias por tu comentario, que resulta muy bienvenido. Primero, quisiera aclarar que coincido absolutamente con tu descripción y diagnóstico del gobierno nacional y su forma de ejercicio de la política, que incluso diría ha significado una profunda democratización de sus formas y métodos en comparación con los gobiernos anteriores. Creo que el kirchnerismo ha terminado de institucionalizar muchos derechos de las mayorías populares que antes eran letra muerta de la Constitución o directamente no existían. Es algo que normalmente no se le reconoce, pero que con el tiempo creo que sucederá -sobre todo con los candidatos que vienen a reemplazarlo-. No puedo obviar, empero, que hay discursos extendidos en la sociedad que promueven una interpretación diametralmente opuesta, para quiénes el Gobierno de Cristina Fernández constituye un populismo autoritario de tipo mesiánico que esconde infinidad de tropelías en contra de las instituciones de la democracia. Está demás decir que no coincido para nada con esa descripción, pero sí creo que la película la comparte en ciertas decisiones narrativas que traté de describir en la nota respectiva, y que efectivamente proponen una interpretación del presente. Un dato que lo sugiere es que en esas escenas finales sobre la asamblea popular aparecen de fondo el sonido de una sierra eléctrica y hasta un automóvil, como signos que anclan la diégesis en el presente. Si mal no recuerdo, el propio director sugirió ésa ligazón de su película con el presente argentino en la charla posterior al estreno, aunque por supuesto no aclaró la interpretación que yo escribí aquí, y que sigo sosteniendo. Recuerdo que el propio discurso del personaje de Cedrón lo enfatiza a partir del uso de algunos ejes discursivos del gobierno de Cristina Fernández, como la alegría y el amor del pueblo en contra del odio, o también en la representación que el director propone del pueblo, que es filmado como una masa ignorante y fácil de manipular. Entiendo sin embargo que puedas tener otra mirada. Te mando un abrazo y mis agradecimientos por tus comentarios.


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