Cuerpo de letra

Los márgenes de la política

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En un cine argentino mayoritariamente abstraído de su entorno político y social, “Cuerpo de letra”  (que este fin de semana proyecta el Cineclub Municipal, ver en http://www.cineclubmunicipal.org.ar/contenidos/2015_10/grilla/) resulta la película más oportuna de este agitado 2015: suerte de documental ficticio,  acaso un thriller político elaborado con los infinitos materiales de la realidad, el filme de Julián d´Angiolillo elije el camino inverso de sus contemporáneos para abordar un universo desconocido para la mayoría de los ciudadanos como el de los grafiteros de los partidos políticos, quizás los últimos encargados de disputar el espacio público en las campañas electorales. Claro que su pertinencia no está tanto en su tema ni en sus propósitos como en los medios que elige para llevarlos a cabo, mérito indiscutible de  D´Angiolillo que a través de una narración fragmentaria, misteriosa y testimonial a la vez, convierte a ese submundo en un ente viviente con múltiples capas por descubrir, un espacio lleno de posibilidades construídas precisamente a partir de la inteligente mixtura entre realidad y ficción.

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Estructurada a partir del recorrido de aprendizaje que vivirá Ezequiel, un talentoso pintor que pasará de trabajar en las filas del Pro de Mauricio Macri a las del Frente Renovador de Sergio Massa, desatando una disputa de poder de resultados inciertos, “Cuerpo de letra” es un retrato preciso de los márgenes de la política, de los cuerpos que necesita para desplegarse y de sus contextos físicos de existencia, meros saldos de una disputa por la obtención del poder que no parecen ser más que otro insumo de la maquinaria institucional de las elecciones. De allí que no haya filiaciones precisas de los personajes ni idealización alguna de la militancia, esa práctica hoy central de la política argentina que aquí aparece despojada de todo encanto romántico: su protagonista absoluto simplemente vende su arte al mejor postor. Lo notable es que esta característica no implica una mirada irónica, cínica o desencantada del mundo que registra; más bien al contrario, D´Angiolillo ofrece un acercamiento que a través de las elipsis y una puesta formal que intenta atrapar belleza de los espacios, promueve una fascinación creciente por ese universo que se desarrolla al margen de toda institución, en los límites geográficos y simbólicos de la cultura urbana porteña ilustrada, en las calles del indómito conurbano bonaerense, donde el espacio de tránsito se revela como escenario de una batalla mayor por la imposición de los discursos en disputa, donde las formas tradicionales de comunicación política demuestran su actualidad y pertinencia para una cultura que no termina de entrar en la modernidad.

Cuerpo de letra panamericana

Esa caligrafía del director es puro cine: planos cenitales inolvidables de las cuadrillas de pintores trabajando en la noche oscura, travellings y paneos en movimiento que registran el trabajo de Eze en primerísimos planos, lentos pero constantes cambios de ángulos, alturas y posiciones de la cámara, constituyen la paciente construcción de una poética que puede dar cuenta de la realidad potenciando sus dimensiones físicas y sensoriales, donde la forma de registro de los materiales tiene tanta relevancia como la narración en sí misma, a la que convierte en una experiencia de los sentidos.  El resultado es un filme que capta con una precisión y cariño inusual una cultura política que se desarrolla en los márgenes, donde las formas tradicionales de publicidad y de relacionamiento social siguen vigentes, y donde las grandes disputas del presente político argentino encuentran su expresión material más pedestre pero no por eso menos pertinente ni, a su modo, conmovedora. Como en ese final donde Eze irá recorriendo en moto un barrio popular para ejercer su derecho ciudadano, el único momento en que las jerarquías sociales se destituyen y todos somos por unos instantes iguales, y donde la democracia encuentra su más auténtica expresión: el voto.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2015

PD: Esta crítica fue publicada en otra versión por la revista Toma Uno de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba

Published in: on 16 octubre, 2015 at 23:26  Dejar un comentario  

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