Mia madre

La experiencia de la fragilidad

miamadre1

La distribución cinematográfica ha acentuado este año una dinámica particular en la ciudad, según la cual la obsesión de las grandes salas por renovar cada semana un alto porcentaje de su cartelera es suplida, en parte, por el circuito de exhibición independiente, que retoma aquellas películas valiosas que fueron desechadas por las grandes marquesinas por no alcanzar en apenas unos días el caudal de espectadores suficiente como para poder competir con los tanques de Hollywood –a veces ni así–. Se trata de un sistema perverso porque justamente reclama a aquellas películas que no cuentan con nombres rutilantes ni presupuestos para marketing y publicidad que consigan llevar espectadores de manera instantánea, en un contexto de competencia desigual contra los tanques industriales, sin darle posibilidad de encontrar un público que la reivindique mediante el boca a boca o el respaldo de los medios y la crítica, que requieren de su permanencia para abordarlas. Acaba de suceder con los estrenos más interesantes del jueves pasado, la israelí “La maestra de jardín”, de Nadav Lapid, y la argentina “Mi amiga del parque”, de Ana Katz. Y poco antes, con los regresos de dos directores célebres: Peter Bogdanovich con “Terapia en Broadway” (que desde ayer se repone en el Cine Arte Córdoba), y Nani Moretti con “Mia madre”, que viene siendo programada en el Centro Córdoba y este fin de semana estará en el Cineclub Hugo del Carril

El diagnóstico no es nuevo y esta columna se repite: las condiciones de exhibición se han vuelto tan salvajes que la función de la crítica se complejiza, pues no se trata ya de juzgar una película en su individualidad, sino de ubicarla en un contexto preciso de recepción, discriminar aquellos valores que el mercado desecha insensiblemente para restituirles su dignidad, intentar devolver acaso al espectador su soberana capacidad de elección con todas las posibilidades a la mano. Dispuestas así las cosas, “Mia Madre” es una de aquellas películas que merecen otra oportunidad. No sólo porque se trata de un filme de Moretti en su plenitud, donde su reconocida capacidad para explorar experiencias traumáticas de la vida con un tono justo entre el drama y la comedia, entre la autobiografía y la fabulación, vuelve a tener aquí una de sus mejores expresiones, sino porque logra dotarla de una amabilidad infrecuente que es capaz de evitar asimismo cualquier tipo de mirada conmiserativa.

mia_madre_corten

Amabilidad en el tono, el desarrollo, las acciones, pero también en la forma en que despliega su trama, nada liviana por cierto: “Mia Madre” muestra la madurez que ha alcanzado Moretti en el manejo de las herramientas narrativas para abordar la muerte materna, experiencia vivida por él mismo en el rodaje de su filme anterior, “Habemus Papam” (2011). El primer plano ya exhibe el virtuosismo formal del director, así como también sugiere el juego de la propuesta: una toma se eleva desde la espalda de un grupo especial de policías que se enfrenta a una marcha de trabajadores. El cruce será inevitable, y el plano cenital registrará la brutalidad de la represión policial. Pero cuando los planos se cierren sobre los golpes y los cuerpos, una voz interrumpirá la acción al grito de “corten”, rompiendo la ilusión de la ficción: su dueña es Margherita (Margherita Buy, alter ego de Moretti), una directora que está filmando una película sobre el desempleo y la lucha obrera, que cuestionará precisamente la elección formal del cameraman, que parece sugerir ha naturalizado el fetichismo actual por la violencia (“¿quiere ser el policía o el obrero?”, interrogará la directora). La propia Margherita, en otro tramo del filme, defenderá un cine distinto a aquél que busca el mero entretenimiento, un cine de compromiso social que “busque incidir en la realidad”, aunque el tema central de Mia Madre no será finalmente el cine dentro del cine porque su compromiso estará en otra parte: en la exploración lo más empática y honesta posible de la experiencia de extrañamiento y descentramiento que puede vivir una persona ante una noticia que disloca las seguridades básicas que mantienen su cotidianeidad a flote. Esa persona es, por supuesto, Margherita, y la noticia que la sacude y no la dejará volver a acomodarse durante toda la película es la posibilidad inminente de la muerte de su madre, una profesora de latín –como la madre del propio Moretti– que en ese momento se encuentra internada a causa de una aflicción pulmonar.

Shots from "Mia Madre"

A partir de ahí, el director (que se reserva para sí el papel del hermano de Margherita) explorará los procesos que vive su protagonista al enfrentar la lenta pero indeclinable degradación de su madre (en un papel notable de Giulia Lazzarini), en paralelo a la filmación de la película y problemas varios de su vida privada (la separación de su actual pareja, actor protagonista del filme que rueda, y la relación con su hija adolescente), aunque siempre con una amabilidad radical que deja un espacio importante a la comedia –canalizada a través de John Turturro, en un gran papel sobre un actor norteamericano tan mediocre y engreído como querible–, y sobre todo a la empatía con sus personajes. Empatía que, como destacó el crítico Horacio Bernades, llegará a impregnar hasta la propia forma de la película, que en su narración incorporará la incertidumbre que experimenta Margherita: en la yuxtaposición sin aviso de sueños y vigila, en la mezcla de ficción con la realidad diegética, en los recuerdos y fantasías que se cruzan con el presente del personaje, el estatus de realidad del filme se instalará en un estado de extrañeza como el que vive su protagonista. Todo se irá confundiendo así tanto en el espíritu de Margherita como en la propia película, aunque el merito mayor de Moretti será hacer de dicho proceso un tránsito amable y pleno de humanidad, sin golpes bajos ni manipulaciones vanas –de allí la importancia de la distancia que mantienen los planos, casi siempre medios o generales, de los cuerpos del filme, dificultando la identificación directa del espectador–, aunque finalmente la realidad terminará mostrando toda su inclemencia: la última toma del rostro de Margherita, ahora sí en primer plano, bastará para vislumbrar el abismo de lo insondable.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2015

Published in: on 2 octubre, 2015 at 15:43  Dejar un comentario  

The URI to TrackBack this entry is: https://lamiradaencendida.wordpress.com/2015/10/02/mia-madre/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: