7 cajas

Una despedida feliz

 teatro cba

El entrañable Cine Teatro Córdoba presenta a partir de hoy su último programa en una despedida que sin dudas será muy sentida por la ciudad: se trata de uno de sus centros culturales más importantes en la última era de continuidad democrática, ya que durante 30 años desplegó un amor incondicional por el cine que formó y enriqueció la vida de varias generaciones de cordobeses. No hace falta certificar aquí el impacto que tuvo la noticia en la cinefilia y la cultura local, basta asomarse cualquier página relacionada al cineclub para comprobarlo, pero como propuso Juan Fragueiro –su principal sostenedor junto a María Inés Rodríguez, su pareja– se puede intentar que sea una despedida feliz, que celebre las experiencias compartidas. Se sabe que otros vendrán a ocupar el espacio, se puede esperar que honren la escuela que forjó la sala de la calle 27 de abril, que en el mejor de los casos puede renovarse para iniciar una nueva etapa.

7 cajas

Por el momento, para sus últimas funciones, los programadores decidieron reponer la que acaso sea la sorpresa latinoamericana del año, al menos en términos de éxito popular: la película paraguaya “7 cajas”, de Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori, consiguió mantenerse en cartelera por donde pasó y convertirse en un pequeño fenómeno de transmisión de boca en boca. Apropiación precisa de los códigos del thriller norteamericano en una vertiente de realismo sucio pero extrañamente cool (en leve contacto con la línea de Quentin Tarantino), el filme de Maneglia y Schembori se encuentra al límite de todo: se puede decir que trabaja desde los estereotipos y que por momentos sede al esteticismo miserabilista de las clases bajas y la cultura autóctonas, pero si afinamos la vista surgen varios méritos que llevan a admitir que no responde al modelo de “Ciudad de Dios” como podría pensarse en una primera visión. Estrenada hace ya dos años en el Festival Internacional de Mar del Plata, 7 cajas es más bien un policial que se asume desprejuiciado y ecléctico, narrado desde la más cruda realidad latinoamericana: el Mercado de Asunción, que no sólo sirve de trasfondo para la trama sino que en manos de estos directores se convierte en una entidad viva, un espacio físico real que despliega decenas de brazos con miles de riesgos a sortear y que acaso funciona como una alegoría política de la estructura social del Paraguay contemporáneo. Es que la película puede orquestar un discurso político en torno al dinero, al mostrar cómo las clases bajas se ven arrojadas a una competencia salvaje y amoral para poder rasguñar los sueños que el mismo sistema vende como panacea de la felicidad o simplemente para mantener la subsistencia, una dimensión difícil de encontrar en los estrenos comerciales. No resulta casual, en este sentido, que los personajes de clase baja privilegien el guaraní en sus diálogos, contra el castellano que ostentan los visitantes exógenos al mercado. Se trata de un señalamiento preciso y pertinente, que choca con cierto paternalismo que también exhibe esta película de múltiples caras.

Su protagonista es Víctor (Celso Franco) un joven carretillero del Mercado 4 que se deslumbra por el sueño de las sociedades modernas: salir en televisión, ser legitimado por la gran pantalla, o al menos acceder a un sustituto momentáneo, la cámara de video. Ansioso por conseguir un celular que filme, Víctor aceptará entonces un sospechoso encargo de un comerciante del lugar, que a cambio de 100 dólares le pedirá que traslade las siete cajas del título a un escondite desconocido del inmenso y barroco mercado. Claro que las cosas no tardarán en complicarse, y pronto se verá envuelto en una cruda disputa entre un mafioso local, la policía y un padre desesperado que necesita dinero para salvar a su hijo: Víctor se convertirá en blanco de todos ellos, y la película iniciará una persecución frenética en tiempo real dentro de un escenario dramáticamente fascinante.

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Aquí se encuentran los principales méritos de la película, que resuelve con oficio el desafío de filmar ese espacio de una manera que pueda transmitir la experiencia de los personajes: los precisos planos secuencia de los pasillos del mercado permiten convertirlo en un espacio habitable para el espectador, así como también algunos encuadres heterogéneos que captan acontecimientos simultáneos, aunque el gusto por el montaje acelerado y los cambios de velocidad en las acciones (o el uso del sonido de un modo exageradamente efectista) terminan conspirando contra las experiencias que la película puede ofrecer. Dueña de un suspenso de relojería, con un humor corrosivo y políticamente incorrecto –que a veces encuentra cierta correspondencia con los peores estereotipos sobre el ser paraguayo– 7 cajas es en definitiva un filme de múltiples caras que tanto puede denunciar la situación de miseria y explotación de viven los lejanos descendientes de los pueblos originarios como adscribir por momentos a la misma estética publicitaria que los niega y los margina, aunque el placer estará garantizado para los amantes del género y siempre vale recordar que la interpretación final quedará a su cargo, estimado e indescifrable espectador.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Copyleft 2014

 

PD: ver programa completo y horarios aquí: http://www.cineteatrocordoba.com.ar/

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