Entrevista a Matías Herrera Córdoba

Tiempo de recogimiento

Matias herrera

El director habla de la nueva película local que se estrenó en los cines locales, “El Grillo”

2014 no será un año más para la historia del cine local, como ya en abril auguraba la participación de ocho películas cordobesas en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici). Más allá de los recientes debates generados en torno a la pertinencia del rótulo “Nuevo Cine Cordobés”, lo cierto es que este año ya se estrenaron al menos cuatro producciones locales en las salas importantes de la ciudad (“El último verano”, “La laguna” “Atlántida” y “Tres D”), y ahora llegó la quinta: “El grillo”, esperado debut en ficción de Matías Herrera Córdoba, director del elogiado documental “Criada” (2009), que el jueves se estrenó en los Cines Gran Rex y Dinosaurio, mientras la semana próxima se proyectará en el Cine Teatro Córdoba, en uno de sus últimos programas.

Nuevamente con producción de El Calefón Cine –acaso la productora que más ha crecido en los últimos meses (y que tiene en gateras otro prometedor estreno en coproducción con Uruguay, “Una noche sin luna”)-, este filme de ánimo experimental explora las relaciones entre el teatro y el séptimo arte, y concibe a la ficción como ámbito natural de la reflexión filosófica, riesgo no menor que además confirma la variedad y calidad que convive bajo aquél impreciso rótulo.

Con una puesta en escena tan minimalista como ambiciosa resulta su búsqueda, el filme se centra en dos amigas que conviven durante un verano en una casa que pretenden refaccionar: una, Mecha (María Pessacq), batalla por recuperarse de la muerte de su marido, mientras la otra, Holanda (Galia Kohan), vive una especie de crisis con su profesión de actriz mientras prepara una nueva obra. Las charlas, recuerdos, ensayos y reflexiones de las protagonistas serán la materia prima de este filme existencial, cuyo director habla aquí sobre su película y todo lo demás.

MI: ¿Cómo surgió el proyecto de “El grillo”? ¿Cuáles fueron tus búsquedas?

Matías Herrera Córdoba (MHC): El grillo surge después de unos años de formación en la dirección de actores y la dramaturgia. Me encontraba viviendo en una casa con Mónica Leunda, donde no hacíamos otra cosa que hablar de construir un teatro al aire libre, del cine, el teatro, los actores, los textos, los albañiles que nos fallaban y los amores. Ese fue el contexto donde aparece la película. Observaba a Mónica y su entorno, que son de otra generación y necesitaba reproducir parte de ello. Necesitaba hacer un cine con diálogos, con monólogos, con historias resueltas y otras que no. Hacia dónde vamos? Construimos nuevas familias? Nos encerramos? la exploración se convertía en un film.

MI: ¿Por qué elegiste debutar en la ficción con una película que hace de la propia ficción un tema de exploración?

MHC: Porque soy joven aún ¿quizás?, no lo sé, tengo el instinto vivo de transgredir, me aburre pensar en complacer por complacer. Y ante tantas películas prolijas, calladas, calculadas, necesitaba plantearme ese desafío, cuestionar, transitar por estados que no importa si pertenecen a la realidad o una ficción dentro de la ficción, el espectador lo vive, lo ve, se deja llevar, y eso es lo que me importaba.

MI: La película tiene una relación fuerte con el teatro, por momentos parece un ensayo sobre la actuación, ¿cómo construiste esta dimensión  (tanto desde lo formal como lo narrativo)?

MHC: El teatro y el cine son artes hermanas, comparten lo más sensible el actor/actriz, la persona. Y este es el eje de la película, “el ser”, el comportamiento, la debilidad, la fuerza, lo creíble, lo inverosímil, el plano espiritual y la realidad como puede ser una enfermedad. Todo convive y todo puede ser posible dentro de un mundo. Desde lo narrativo sabía que había un desafío grande, tres registros actorales, tres personajes disímiles, cada uno de ellos es protagonista y antagonista de sus pasos. Desde lo formal, el cine. La cámara que busca ser parte de la escena, no invade, ni engaña, el detalle documental presente, esa era la puesta en escena, una búsqueda. En El Grillo todos (actores y técnicos) confiaron en que íbamos a hacer una película, en que sería una experiencia diferente, confiaron en mi como director y eso no es menor, y es mucha responsabilidad, la puesta tenía que responder a esta energía.

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MI: ¿Cómo fue el trabajo con el guión? ¿Cómo lo plasmaste en las actuaciones? ¿Dejaste espacio para la improvisación? ¿Cómo filmaste esos cuerpos?

MHC: Durante meses me la pasé escribiendo papelitos y pegándolos en mi cuarto. No quería trabajar con guión, tenía la intención de trabajar sobre la improvisación. Pero unos días antes del rodaje, mi asistente, Manlio Zoppi, me pide que por favor escriba algo para el poder armar un plan de rodaje. Y ahí me metí a escribir lo que tenía guardado y salió un guión de más de cien escenas con diálogos, monólogos, etc. Luego fuimos trabajando sobre él. Los actores se aferraron a ese texto y trabajamos a partir de allí. Galia Kohan, María Pessacq, y Martín Rena creían en ese guión, porqué iba a dudar yo? Filmamos las escenas varias veces desde diferentes puntos y eso me servía para ir marcando tonos, ritmos, etc.  En este clima me entregué también a José Benassi en la cámara y Ezequiel Salinas en la fotografía que sabían qué era lo que estaba buscando.

MI: Hay exploraciones filosóficas y poéticas muy fuertes desde la palabra, ¿a qué responden? ¿Qué buscabas allí?

MHC: Extraño los momentos en que tenía 16 años y con dos amigos del secundario nos pasábamos horas, días, hablando, filosofando tirados en el pasto tomando mates, platicábamos sobre la felicidad, la religión, la muerte. Todo lo que nos deparaba la vida cuando ese momento de adolescencia se acabase. Con el tiempo, marcado por el trabajo y las responsabilidades, esas charlas disminuyen notoriamente. Y cuando regresan ya no son tan inocentes, ahora hay una profundidad mayor, crudeza. Y con el cine, siento cada vez más responsabilidad hacia el espectador, y hacia allí van los diálogos, las reflexiones, las equivocaciones. Aquí aparece la poesía, la preguntas sin respuestas, las metáforas. Mucho cine de autor desconfía de la palabra, otro no sabe como hacerla creíble, entonces aparecieron cientos de filmes donde casi nadie habla, filmes necesarios. Pero yo quería rescatarla, para darle otro lugar, no el de la verdad, pero sí el de la posibilidad de una realidad.

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MI: También hay una exploración del mundo femenino y su relación con la ausencia, ¿por qué decidiste que las protagonistas sean mujeres? ¿Y por qué la presencia fuerte de la muerte? ¿Tiene que ver con la figura de Héctor Grillo?

MHC: Me es cercano el mundo femenino, siempre lo fue. Supongo que la ausencia es con lo que uno aprende a vivir pasados los veinticinco años, amores que se cortan, gente querida que se va muriendo, amigos que dejan de serlo, amantes que se enamoran y dejan de serlo. Conviví con Mónica Leunda quién había sido la mujer de Hector Grillo, y él en vez de ser una ausencia era una presencia, todo remitía a él, a su teatro, a su forma de ser, de pensar, etc. Aquel Negro Grillo no dejaba de aparecer también en amigos de él que me lo describían, la película debía estar dedicada a él. Y en la película hay un clima donde los tres personajes escuchan cantar a su grillo, a su locura, pero no lo ven, como en el verano que se nos mete el grillo a la pieza, sabemos que está pero queremos seguir durmiendo y no buscarlo, este es un mecanismo que utilizamos en otros sentidos de la vida también.

MI: Por último, ¿cómo ves el momento del llamado cine cordobés, que en este momento parece estar poniéndose en debate?

MHC: El llamado cine cordobés está en su mejor momento, se estrenaron nuevas películas, se están filmando otras (con y sin INCAA), gente que se dedica a pensar el cine está programando festivales, existen cursos de formación, cineclubes en toda la provincia, técnicos que piensan el cine como artistas, tenemos las primeras asociaciones que perduran en el tiempo, se está luchando por una ley de cine. Se quiere cerrar un cine como el Teatro Córdoba y hay gente que no quiere dejar que esto suceda, eso también es cine cordobés. Con El Grillo vamos a inaugurar una nueva sala enla ciudad – Centro Cultural Córdoba. Y se generó un primer debate con una nota de Sergio Schmucler,  que  a su manera, se expresa en contra del llamado cine cordobés y más allá de los gustos generó pensamiento, críticas, posicionamientos. Nuestro cine no tiene que reproducir lo que sucede con el cine afuera de nuestros límites, las programaciones de nuestros festivales no tienen que imitar a otros festivales, las críticas, las narrativas, los espacios, etc. Soy parte de un espacio, Cineclub La Quimera, que tiene más de 30 años funcionando, y una butaca menos cómoda no nos hace menos cine, vemos un film mientras escuchamos cómo entrenan boxeadores que toman clases en una peluquería, vamos a Cinéfilo y salimos con olor a pollo, en los rodajes el 90% de los técnicos son amigos. Todo esto hace al cine cordobés.

Por Martín Iparraguirre

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