Sonidos vecinos

Relaciones de poder

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El Cineclub Municipal Hugo del Carril (http://www.cineclubmunicipal.org.ar/sonidos-vecinos/) vuelve a estrenar este fin de semana una película que se había hecho esperar: el elogiado filme “Sonidos vecinos” (“O som ao redor”, Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata 2013), del director y crítico cinematográfico Kleber Mendoca Filho, que aborda las relaciones de clase en una pequeña comunidad  brasileña desde una narración asordinada, misteriosa en su apropiación personal de los códigos del thriller, capaz de buscar su propia forma expresiva.

Las primeras imágenes ya son una incógnita por sí mismas: con sonidos de tambores de fondo, se muestran unas fotografías antiguas de una zona en construcción, posiblemente de la época colonial, con sus habitantes de clase obrera. Un virtuoso plano secuencia por la planta baja de un edificio, siguiendo a una niña en patín, marcará el cambio de época: estamos en el presente, y la película casi nunca saldrá del interior de esa moderna construcción de Recife, donde un joven se ha quedado dormido desnudo junto a una señorita, que podría ser una futura novia. El joven integra la familia aristocrática del lugar, dueña del edificio y de casi todo el barrio que ostenta cierta exclusividad, aunque a sus alrededores se puedan adivinar casas de personas menos acomodadas. Lo cierto es que pronto descubrirán que a ella le han robado el estéreo de su auto, un acontecimiento que parece insignificante pero que desatará la trama central del filme: la contratación de unos guardias de seguridad para vigilar la cuadra.

Habrá también un choque automovilístico en la esquina, aunque la película se adentrará en la cotidianeidad de ésa familia acomodada y en la de una madre, vecina de menos nivel económico, que lidia con las dificultades de una vida dedicada al hogar y los niños, ahogada por una rutina inquebrantable. Se diría que Mendoca intenta captar el pulso de una comunidad, el funcionamiento íntimo de un sistema vivo, atravesado y condicionado por el dinero.

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Formalmente impecable, el director propone una lectura desde el título mismo (“El sonido alrededor” en su versión literal), aunque la traducción material de sus ideas se vuelve mucho más interesante por la multiplicidad de sentidos que ofrece, haciendo de la incerteza su regla. Una escapada a la estancia rural del patriarca familiar se revelará en realidad como un pasaje onírico, una pesadilla que explicita los miedos de los protagonistas: el sueño funciona como catalizador de las peores fantasías de la burguesía. Ocurre que la posesión es un norte existencial, un paradigma simbólico que organiza la identidad de los miembros de una comunidad, lo que supone identificar los bienes con los seres, y el consiguiente riesgo de la pérdida. Por eso es muy significativo el modo en que Mendoca filma los espacios: con planos medios casi siempre fijos, y unos encuadres cuidadísimos, el director muestra la arquitectura moderna del edificio como una guarida o incluso una cárcel, donde la invasión del Otro está siempre latente (y significativamente se efectivizará en los sueños de una niña). El cambio de ángulo de la cámara funciona como signo gramatical, para enfatizar una mirada (por ejemplo, un contrapicado desde un balcón sugerirá la amenaza con un niño que juega a la pelota contra el muro del edificio) o la posibilidad de un peligro (como el zoom que enfocará el rostro de un nuevo guardia). Pero es el sonido la expresión más cierta de esa existencia latente, del orden de lo inconsciente, que acosa secretamente a los personajes: no sólo por la irrupción de tambores o acordes de piano en cualquier momento, sino también por los gritos que surgen en la incursión del protagonista a un cine abandonado (lo que parece sugerir el rol que juega cierto cine en la construcción de los miedos de clase).

Lo cierto, en todo caso, es que la gran pericia narrativa de Kleber Mendoca está en el manejo del fuera de campo, que mantendrá escondida hasta el final la trama policial que se venía desarrollando, aunque esto es más bien irrelevante: lo que importante es ver la materialización de una existencia signada por sus condiciones de clase, por las relaciones de poder que la atraviesan y la conforma.

Por Martín Iparraguirre

 

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