FICIC 2014 (II)

Huellas del presente

 

Carta a mi padre

Carta a mi padre

Mientras las carteleras comerciales de nuestra ciudad semejan un páramo donde sólo se pueden encontrar espejismos de colores, a tan sólo 62 kilómetros el cine comenzó a latir ayer en su más amplia diversidad con el Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC), que hasta el sábado desarrollará una cuarta edición para el recuerdo: si cualquier cordobés desea asomarse a las películas argentinas que se destacaron en el Bafici, o a algunos de los directores extranjeros que sorprenden en los festivales del mundo, no tiene más que acercarse a la localidad serrana.

El encuentro ofrecerá 65 películas procedentes de 14 países, que participarán de tres competencias centrales (Largometraje Ficción, Largometraje Documental y Cortome-traje), aunque su importancia no reside en los números: como en todo festival, su identidad y relevancia se construirá en su programa, que a través de las películas seleccionadas desplegará una concepción del cine y un posicionamiento frente al mundo. Con la incorporación de Roger Koza como director artístico, el FICIC dará este año otro salto cualitativo porque ofrecerá un verdadero panorama de las películas más relevantes del año, bajo una selección que privilegia el riesgo artístico sin descuidar la relevancia política de las imágenes, la relación de las obras con las sociedades que las producen. El FICIC estará nuevamente lejos de las burbujas que nos suele ofrecer Hollywood.

Mauro

Mauro

Basta sondear la competencia de ficción para comprobar que hay algo novedoso en el cine argentino de 2014: películas como “Mauro”, de Hernán Rosselli, “Réimon”, de Rodrigo Moreno, o “Historia del miedo”, de Benjamín Naishtat, comienzan a interrogar el proceso político vivido en los últimos diez años, una dimensión inexplicablemente ausente de las grandes ficciones cinematográficas. El kirchnerismo, en efecto, ha atravesado transversalmente todas las estructuras de nuestra sociedad, ha repolitizado profundamente a la sociedad y ha mantenido una relación particularmente fértil con el séptimo arte: nadie puede discutir el proceso de federalización de la producción en curso, por más críticas o reparos que puedan esbozarse. Pero así como fue una presencia constante en el cine documental durante todos estos años, esta experiencia política es un absoluto fuera de campo en las películas de ficción producidas en su misma época, ya que no aparece representada casi en ninguna obra: su presencia más certera se encuentra en los afiches de Néstor Kirchner pegados en las paredes de la UBA de “El estudiante”, de Santiago Mitre, que junto con “Francia”, de Adrián Caetano, han sido las películas que intentaron pensarla más a fondo. Pero el cine es un arte que registra el presente, por lo que tarde o temprano empiezan a emerger las huellas del mundo que lo produce: en este sentido, tanto “Mauro” como “Réimon” significan la emergencia de un sujeto social ausente en las pantallas argentinas, cuyas existencias nos hablan de un modo u otro de las cuentas aún pendientes de nuestra sociedad. La primera registra la vida de un falsificador de billetes del conurbano bonaerense, miembro de la clase media expoliada durante la década de los ´90, que trata de salir como puede del infierno. Filme sobre el trabajo y el dinero, el universo que retrata semeja a un mundo posapocalíptico, que apenas ha podido sobrevivir a la tormenta, donde la ausencia del Estado es total y la precariedad es norma: su único indicio epocal está en los billetes que falsifican, de 20 pesos, lo que ubica a ese mundo varios años atrás del presente (hoy no tendría sentido falsificar esos valores), probablemente en el primer gobierno K, por lo que se recomienda al lector no sacar conclusiones apresuradas. “Réimon”, a su vez, ofrece una experiencia radical de inmersión en las condiciones de vida de las clases populares, a partir de su protagonista excluyente, una empleada doméstica que vive en el empobrecido conurbano bonaerense pero trabaja en la Capital Federal: sus periplos para trasladarse de un lugar a otro (dimensión también presente en Mauro) ya orquestan un discurso político en sí mismo, aunque su mayor potencia estará en el contraste que se establezca con la vida de sus empleadores.

Historia del miedo

Historia del miedo

Diferencias que son la materia explícita de Historia del miedo, que acaso ofrece la mirada opuesta al filme de Moreno: ubicado en un country que linda con una villa miseria, la película explora en esa superficie compartida las grandes paranoias sobre la inseguridad que a diario nos asaltan desde los medios, aunque sin salir nunca del barrio privado. Pero la política y la historia estarán presentes en muchos otros filmes: “Carta a mi padre”, del gran Edgardo Cozarinsky, que rastrea la biografía de sus padres inmigrantes en Entre Ríos, es una maravillosa muestra de cómo la intimidad es atravesada por la historia, con lo que indirectamente se convierte en una película sobre Argentina y los avatares políticos que la han sacudido. Hasta “El escarabajo de oro”, de Alejo Moguillansky, una lúdica exploración del cine dentro del cine que mezcla fantasía, aventura y realidad, recupera la tradición progresista del radicalismo para ofrecer un guiño sin dudas irónico a la clase política actual; mientras que la bellísima “El rostro”, de Gustavo Fontán, aborda poéticamente los fantasmas de otros olvidados, aquellos habitantes del caudaloso Río Paraná.

Claro que esto es un resumen mínimo: FICIC permitirá acercarnos también a otras culturas, épocas y poéticas, con la importantísima retrospectiva al director filipino John Torres, por ejemplo, cuya obra pone en escena una cosmovisión inconmensurablemente distinta a la nuestra, así como también el “Foco de cine ruso”, con obras en 35 mm. seleccionadas por Fernando Martín Peña. El cine cordobés, por supuesto, será gran protagonista con el estreno de “El último verano” (2014), de Leandro Naranjo, “Atlántida” (2014), de Inés Barrionuevo, y “El grillo” (2013), de Matías Herrera Córdoba, entre otras: una excelente oportunidad para celebrar el momento que vivimos.

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Published in: on 8 mayo, 2014 at 23:25  Dejar un comentario  

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