El lobo de Wall Street

Un espejo incómodo

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El amanecer del nuevo año cinematográfico ofreció un panorama inmejorable para la cinefilia cordobesa gracias al estreno de dos filmes extraordinarios, que prometen acompañar a los espectadores por largo tiempo en este 2014 que se inicia: “La vida de Adéle”, de Abdellatif Kechiche –ganadora de la Palma de Oro del último Festival de Cannes, aunque al momento de publicarse este comentario estará ya fuera de las carteleras, por lo que convendrá dejarla para otra ocasión–, y “El lobo de Wall Street”, celebrado regreso de Martin Scorsese a las pantallas y a sus fuentes, con el que acaso sea uno de los retratos más furiosos, desbordados y precisos al mismo tiempo que se hayan hecho sobre el capitalismo contemporáneo. Basado muy libremente en las memorias de Jordan Belfort, un corredor de la bolsa neoyorkina que en la década del ´90 acumuló dinero y fama en base a estrategias non sanctas, el filme de Scorsese propone una inmersión radical en un universo particular pero paradigmático de nuestro tiempo, que fue comparado con sus incursiones en el mundo de la mafia en “Buenos muchachos” (1988) y “Casino” (1995), aunque su narración es dominada en forma mucho más extrema aquí por los excesos, algo que la abre a una multiplicidad inusual de posibilidades, un signo de libertad que parecía ya extinguido en Hollywood.

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Ocurre que la película puede ser entendida tanto como una farsa ácida, juguetona y políticamente incorrecta del mundo de Wall Street que como una crítica inclemente de la sociedad actual, como un retrato lúdico y desprejuiciado de la vida de los jóvenes ricos o una deconstrucción sin contemplaciones del mito del “american dream”: posibilidades todas que conviven simbióticamente en un relato de tres horas que en su ritmo endiablado, en el manejo los códigos genéricos, los tiempos, el montaje y la música –el lenguaje cinematográfico al fin– encuentra la marca indeleble de un autor como Scorsese. Vale aclarar que aquella multiplicidad de opciones no significa que el director evite tomar postura ante lo que narra: al contrario, basta el comienzo de la película para captar su dimensión crítica, que trasciende el cuestionamiento abstracto para apuntar a las propias representaciones del género, como ya veremos.

Tres secuencias mostrarán una filosofía política precisa y su traducción práctica en la vida de los personajes: lo primero que se verá será un comercial de la consultora de negocios de Belfort, donde el capitalismo es parangonado al estado de naturaleza selvático, en el que todos son enemigos potenciales y la única ley es la del más fuerte (y por tanto el símbolo de la firma será un león); el montaje interpondrá entonces la primera imagen de Belfort (Leonardo Di Caprio, en un papel descollante) que literalmente aparecerá lanzando a un hombre enano hacia un gran blanco en medio de una fiesta de la oficina. La propia voz del personaje cortará entonces la narración para, en modo omnisciente, relatar directamente al espectador su vida actual de lujo y de-senfreno y su desembarco en Wall Street a fines de los ´80, donde aparecerá fugazmente otro personaje crucial: su mentor, un corredor de bolsa inescrupuloso interpretado por Matthew McConaughey que le revelará el secreto de todo el circo, que básicamente consiste en engañar permanentemente a los inversores para mantener sus ganancias dentro del círculo financiero mientras ellos cobran las comisiones de las operaciones que realizan a su nombre, y se enriquecen obscenamente. La base de todo, postulará el “broker”, está en las adicciones, tanto de quienes quieren ganar plata sin producir nada como de quienes les sirven de medio para tal fin, los agentes de bolsa, cuyo insumo básico de trabajo es la cocaína, especie de síntesis química del capitalismo, que precisamente se concibe aquí como un sistema basado en el consumo adictivo y desenfrenado.

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La traducción de toda esta visión se verá en la propia vida de Belfort, que Scorsese seguirá narrando desde la primera persona al orquestar la película desde su punto de vista, en base al clásico esquema de ascenso y caída del héroe. Algo que por cierto podría resultar problemático pues la identificación absoluta que propone es nada menos que con un estafador consumado que comenzará a hacer fortuna esquirlando a inversores pobres de las clases populares (esquema que el director incluso enfatiza cuando rompe el verosímil ficcional, en los pasajes en que Di Caprio le habla directamente al espectador o en momentos donde algún personaje, por ejemplo, directamente se choca la cámara). Pero allí está también la gran virtud de la película, que no tardará en contagiarse del frenesí descontrolado de drogas, sexo y excesos varios que vivirá el protagonista, cuyo ascenso meteórico en el mundo de las finanzas estará acompañado por una progresiva enajenación del mundo circundante, amén de una troupe de compinches comandada por su mano derecha, Donnie Azoff (el mejor Jonah Hill de los últimos años), con quien vivirá algunas de las secuencias más desopilantes que se hayan filmado: “El lobo de Wall Street” presenta también un mundo fascinante que problematiza el enjuiciamiento tranquilo de los personajes, que constituyen no sólo estereotipos sociales que gozan de amplia aceptación pese a su mala imagen pública, sino también íconos cinematográficos que Scorsese no duda en dar vuelta. Porque se trata de un mundo cuya atracción se desprende de la transgresión desatada, salvaje y sin dudas deshumanizada de los protagonistas, una analogía precisa de la visión del capitalismo que ostentan. Tanto, que la última batalla que dará Belfort será contra el propio Estado y las leyes que rigen a la sociedad que habita: es la última frontera del “self made man”, ese mito constitutivo del capitalismo global llevado en la película a su máxima y retorcida expresión. Lo que consigue  al fin Scorsese es construir así un espejo fascinante para problematizar los mitos que rigen a nuestra sociedad, y por tanto un espacio donde pensarnos mejor a nosotros mismos.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Copyleft 2014

 

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