P3nd3jo5

El cine como una incógnita

 Pendejos rostro

El cine sigue viviendo lejos de las grandes carteleras cinematográficas de la ciudad, abarrotadas como están por la hegemonía de la industria norteamericana y sus subsidiarias nacionales. Por fuera de sus salas, todo un mundo de multiplicidades se despliega silenciosamente cada semana en el circuito de exhibición alternativo, que hoy protagonizará la cita cinematográfica del año con el estreno, en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, de “P3nd3jo5”, el nuevo opus de Raúl Perrone. Último representante del concepto de autor en su sentido original, artista prolífico en continua búsqueda exploratoria de su entorno existencial, Perrone ha conseguido dar en su película número 30 un paso fundacional, un quiebre inaugural en su carrera pero también en el cine argentino, que aquí puede atisbar otro futuro posible, la certidumbre de que sus posibilidades recién están comenzando a conocerse.

Resulta significativo que las grandes películas del año hayan ido a buscar a los inicios del cine su fuente de inspiración: lo hizo “Tabú”, de Miguel Gomes, y ahora lo vuelve a hacer –en una sintonía muy diferente– “P3n-d3jo5”, que practica una singular apropiación de los códigos del cine mudo, sin dudas atravesada por la mirada lúdica y radical de Perrone. Suerte de musical elegíaco –definido por el director como una “cumbiópera”–, que hace de su posicionamiento político una búsqueda formal y poética, P3nd3jo5 vuelve a salir a las calles de Ituzaingó para registrar el hábitat de sus protagonistas, jóvenes y adolescentes amantes del skate que transitan existencias al borde del sistema, arrojados a la intemperie, con la amistad y la identidad compartida como únicos refugios. Filmada en un blanco y negro fuertemente contrastado, en el formato 4:3, el registro practica un fuerte extrañamiento de nuestra percepción normal del mundo, decisión que tiene tanto razones estéticas como políticas, a riesgo del intérprete: se trata acaso de mostrar de otro modo a quienes suelen ser estigmatizados por las imágenes que circulan en los medios de comunicación, verdaderos legisladores de nuestra percepción del entorno. El resultado es una experiencia nueva para el espectador, que trasciende todo discurso organizado y hace del cine un arte eminentemente sensorial, capaz de ofrecer un acercamiento al mundo que le devuelva su misterio original, como había funcionado en sus ya lejanos orígenes.

pendejos2

Dividido en tres capítulos y una coda, la película sigue a diferentes adolescentes de Ituzaingó en sus propios hábitats (siempre en el espacio público, en una plaza o una gran pista de skate), donde experimentan diversos conflictos acaso típicos de su edad y clase social: el primer amor, el  escarceo con la droga y el delito, el abandono paternal, la violencia y el desamparo. El uso de intertítulos para transmitir los diálogos y otros recursos del cine silente (como la recurrencia de iris para encuadrar la imagen) no hacen empero que P3nd3jo5 sea un filme mudo, ya que su dimensión sonora es esencial a su constitución, se diría que articula una narración en sí misma: por un lado, los temas de cumbia, Haendel o Puccini, tamizados en versiones electrónicas (a cargo, entre otros, de Nomenombresway), construyen un tono experiencial de las imágenes, una forma de sentirlas más que de interpretarlas. Pero además, los sonidos propios de Ituzaingó irrumpen imprevistamente para romper el conjuro, instalar incertidumbres y anclar el relato a la experiencia subjetiva de sus protagonistas.

Pendejos fantasmas

El uso impresionista de la luz y las sombras (que, por momentos, recuerda a Sylvain George y su filme “Figuras de la guerra”), sumados a los virtuosos planos secuencia que siguen a los skaters en su trayecto sobre las tablas o los grandes planos generales que descubren un universo a veces alucinatorio, componen una narración de tono hipnótico y elegíaco, una poética de la imagen que privilegia los sentidos por sobre la progresión dramática. Pero la síntesis de la propuesta quizás está en los primeros planos de los rostros de los jóvenes, que con el uso de luz de fondo les otorga un aura particular que remite directamente al cine de Carl Dreyer (citado explícitamente en la película) y Pier Paolo Pasolini, y cuya significación es también religiosa, como se confirmará al final. Porque por supuesto habrá un desenlace, anticipado ya aquellos tramos del filme donde Perrone sugiere la condición fantasmal de sus protagonistas: una cita que remite al padecimiento de Jesús cerrará la analogía con el padre del cristianismo; pero aún vale la pena no clausurar lecturas. Porque si P3nd3jo5 resulta una reivindicación poética de sus protagonistas, también constituye una invitación a experimentar el mundo de una nueva manera, a entender al cine como una incógnita más que como una fuente de respuestas, y a liberarnos finalmente de todo prejuicio social y cultural.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Copyleft 2013

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