Bárbara

 

La vida en el este

 Barbara 2 plano

El Cineclub Municipal Hugo del Carril ofrece desde hoy (ver programación en http://www.cineclubmunicipal.org.ar/contenidos/2013_09/sec_ciclo_01.php?sec=cine) la que seguramente será la última posibilidad de ver un notable filme alemán que estuvo rondando por diversos circuitos de exhibición de la ciudad, incluido el Teatro Córdoba. Bárbara, del referente de la Escuela de Berlín Christian Petzold, constituye un filme único para problematizar las lecturas unidimensionales que suelen hacerse sobre la conflictiva experiencia comunista en la Europa del Este: materialización sutil del estado de conciencia de una época quizás única,   el filme ostenta la suficiente clarividencia como para hacer de la ambigüedad su motor narrativo, dejando que toda interpretación ideológica corra por cuenta (y quede a cargo) del espectador.

Barbara playa

De estructura eminentemente clásica, la película aborda la vida en la República Democrática Alemana a partir de la intimidad de un personaje individual, la Bárbara del título (interpretada con maestría por Nina Hoss, actriz habitual del director), talentosa médica que ha sido enviada desde Berlín al hospital de un pequeño pueblo aparentemente como castigo por pedir autorización para irse a Occidente. El segundo plano de la película ya materializará formalmente su clima dramático: desde un edificio, reproducirá la mirada del médico a cargo del nosocomio, que observa junto a otro hombre a Bárbara antes de que ingrese a trabajar. No se trata de un detalle menor, como lo confirmará luego la reacción parca y fría de la protagonista ante sus nuevos compañeros, al punto que incluso se aislará en el comedor a la hora del almuerzo. La conciencia de la vigilancia continua impone una actitud de reserva y desconfianza extremas a la sujetos, cuando no directa hostilidad (como se verá con la casera del lugar donde se aloja), quebrando las bases mismas de todo vínculo social. Pero André (Ronald Zehrfeld), el médico a cargo del hospital, insistirá en acercarse a Bárbara pese a su hostilidad, y paulatinamente irá quebrando sus barreras a partir del trabajo diario y el compromiso común con los enfermos, particularmente una prófuga de un campo de concentración y un joven suicida. ¿Será una amistad sincera o se tratará de otro integrante de la peligrosa Stasi, la policía secreta del régimen, que cada tanto invade la intimidad de Bárbara para demostrarle que sigue vigilada? Ocurre que Bárbara tiene un amante en Occidente que planea sacarla del asfixiante mundo comunista, pero su nueva vida en ese pueblito bucólico le comenzará a generar conflictos impensados.

BARBARA  Regie Christian Petzold

Particular apropiación de los géneros clásicos, Bárbara es tanto un thriller como un melodrama romántico donde la sutileza es regla: lo más importante transcurre aquí siempre bajo la superficie, y la pericia de Petzold se verifica en su capacidad para transmitir esas dimensiones a partir de gestos y detalles mínimos. Una interpretación de una réplica de un cuadro de Rembrandt se convertirá así en una alegoría política sobre la situación de los protagonistas (como también en una metáfora del lenguaje del cine, en su referencia al fuera de campo), mientras que la preeminencia de planos medios (en los espacios internos) y planos abiertos (en el exterior) permitirá cobrar protagonismo al espacio arquitectónico, cuya pátina monocorde de colores marrones y cremas traduce una filosofía social precisa. Con una puesta tan ascética como su lenguaje, que reniega del uso de música o sonidos extradiegéticos (vale decir, fuera del mundo ficcional del filme), el mayor logro del director es su capacidad para complejizar las lecturas lineales y evitar toda bajada de línea, todo juicio categórico: bastan los encuentros de Bárbara con su amante occidental para dejar en claro el abismo cultural que separa ambos mundos, y la frivolidad que se esconde tras el muro. Lo que no significa que Petzold evite sentar una postura ética ante el mundo que retrata, como lo sugiere el énfasis puesto en las pequeñas complicidades tejidas entre los protagonistas y en el compromiso que ostentan ante los otros: para el director, la dimensión moral se encuentra en las acciones de los individuos, no en los grandes sistemas de ideas que suelen degenerar en lo contrario de lo que predican. Coherentemente, su película se limitará a mostrar la dimensión íntima de la existencia en un sistema político totalitario, dejándole al espectador la responsabilidad de interpretarlo.

 

Por Martín Iparraguirre

miparraguirre@hoydiacordoba.info

Copyleft 2013

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