Post tenebras lux

El cine como experiencia

pos tenebras inicio 

Concebir al cine como un arte sensorial antes que narrativo: por más lógico que parezca, pocos directores se animan a un desafío semejante, acaso porque probablemente asegure el repudio de las plateas masivas y también de gran parte de la crítica especializada (aunque facilite cierta llegada a los festivales). Pero siempre hay excepciones, y el mexicano Carlos Reygadas es una de las mejores: los cinéfilos cordobeses lo podrán comprobar a partir de hoy en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, que estrenará su última película, “Post tenebras lux” (ver en Agenda), en lo que constituye un verdadero acontecimiento porque se trata de la obra magna del director, sin dudas la más desafiante, extraña y fascinante de una filmografía ya de por sí fuera de toda norma.

Repudiada y elogiada por igual en cuanto festival anduvo, galardonada con el premio a mejor director en el Festival de Cannes 2012, “Post tenebras lux” (título que remite a un versículo bíblico: “Después de las tinieblas, espero la luz”) no es un filme “antinarrativo” como se podría deducir del inicio de esta nota, pues más bien se trata de un relato en fuga, que se va encontrando a sí mismo a medida que se construye, en su propia búsqueda: los sentidos no están dados aquí por una línea narrativa que los articule, sino que surgen de la experimentación del director con el montaje y su trabajo con la incertidumbre, la cualidad inherente al mundo, su indescifrable misterio. El objetivo no es narrar ese mundo exterior, más bien se propone experimentarlo a través de un lente, de una subjetividad en acto en su relación con el objeto de estudio del director, una familia de la aristocracia mexicana (en lo que sin dudas es una referencia autobiográfica de  Reygadas). Pero que la lógica del filme sea elusiva no significa que no hable del mundo: Post tenebras lux es también un ensayo sobre las relaciones de poder y de clase, atravesadas esencialmente por el dinero. Aunque lo importante no es orquestar un discurso determinado sino ir en busca de sus sentidos, explorarlos, construirlos incluso en pleno desarrollo, en una asociación democrática con el espectador.

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Filmada con el conocido virtuosismo visual del director, como en “Luz Silenciosa”, el inicio es imponente. Una pequeña niña de dos años (hija del propio Reygadas), capaz apenas de nombrar las cosas, corretea en una cancha de fútbol ubicada en la montaña, en medio de vacas, caballos y perros: es un instante de plenitud idílica, enmarcado por un bello atardecer, que lentamente irá transmutando a una noche oscura. Pronto, lo que era sublime se habrá transformado en inquietante y hostil, puesto que la cara de la naturaleza habrá cambiado: los sonidos reemplazarán a la vista (que se restablecerá con hermosos rayos que surcarán el cielo oscuro y permitirán ver por unos instantes), y la escena remitirá a los miedos primigenios de la infancia. Lo importante, en todo caso, es que acá estará sintetizado todo el recorrido dramático de la película, además de insinuar una posición política en la forma en que Reygadas filma a su pequeña niña, poniendo la cámara a su misma altura en sofisticados planos secuencia que la siguen apenas por debajo de su vista. El resultado permitirá experimentar el mundo como ella lo hace, lo que es una definición precisa del cine que promueve. Se verá además otra decisión estética, pero de orden narrativo: el plano (filmado en el formato de 4:3, como un cuadrado) se distorsiona ligeramente en los extremos a partir de un biselado, como si el lente fuera la base de una botella (y como si trasluciera una mirada) concentrando el foco en su centro (efecto destinado sólo a escenas en el exterior). Pero si la secuencia es inquietante, le seguirá otra peor: ya en el interior de una casa, en la que el plano habrá retomado su transparencia original, se verá salir de una pieza a Belcebú (animado con el trazo de un rojo lumínico, casi fosforescente), que será detectado por un niño y se escabullirá por una puerta. ¿Es una provocación? Poco importa, pues la interpretación quedará a cargo del espectador, y será libre, lo que probablemente constituya la mayor virtud del filme. Recién la tercera escena mostrará a sus protagonistas centrales, un matrimonio que está amaneciendo: se trata de una familia de clase media-alta, integrada por la niña del inicio, su pequeño hermano (también hijo de Reygadas) y sus padres. La familia se acaba de mudar del DF a una hermosa casa ubicada en medio de la montaña (también, la casa de Reygadas), aparentemente en busca de cierta paz, aunque pronto sabremos que existe una violencia latente, escondida, cuando el padre llamado Juan prácticamente mate a golpes a un pequeño cachorro (lo que quedará en fuera de campo). Juan terminará yendo a un grupo de autoayuda al que asiste uno de sus peones, aunque él entiende que su problema no es la violencia sino cierta adicción a la pornografía; ¿podrá encontrar amistad entre esos obreros empobrecidos?

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El tema más explícito de Post tenebras lux es, sin dudas, las relaciones de clase, la exploración de los vínculos de poder que establece el dinero, y la fantasía de otra relación posible entre sus miembros (que será quebrada abruptamente por la violencia). Pero los sentidos del filme son siempre abiertos y múltiples, gracias a un montaje que va y viene en el tiempo sin orden aparente: de una secuencia en un sauna en Francia, donde la pareja protagonista experimentará sexo colectivo, irá a una fiesta aristocrática familiar, a un partido de rugby de adolescentes ingleses, o a una jornada de caza en un lago, volviendo siempre a ese presente que organiza toda la película. Las posibilidades son abiertas, pero no estamos ante un caos: Post tenebras lux es la materialización precisa de una conciencia de clase que se revisa a sí misma, exponiendo la condición íntima de la burguesía y sus paranoias. Por eso cobra relevancia la cita que un personaje hace de una idea de Tolstoi sobre el placer de perderlo todo: a alguien le sucederá pronto, aunque antes tendrá la oportunidad de redescubrir la simplicidad del mundo y su vitalidad esencial.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2013

miparraguirre@hoydiacordoba.info

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