Bafici 2013

El mundo en su multiplicidad

a ultima vez que vi macau

A última vez que vi Macau

Como todo festival importante, el Bafici (Buenos Aires Festival de Cine Independiente) dejó en su 15º edición mucha tela para cortar, más allá del palmarés final que en general hizo justicia a la notoria calidad exhibida durante el certamen, que ha ratificado así su estatura como uno de los más importantes de América, por extensión del mundo. Ya se publicó en las páginas de Hoy Día Córdoba un balance provisorio con las cifras y los ganadores, pero el autor quisiera extender el análisis para repasar sucintamente las  películas que mejor lo impresionaron, aún a varios días de distancia de su visión, quizás porque busca retener el placer que le produjo el contacto con sus imágenes. Y es que la nueva edición del Bafici fue notablemente superior a las últimas entregas, no sólo por la inclusión de los estrenos de los maestros del mundo (sin agotar la nómina, citemos a Abbas Kiarostami, Jafar Panahi, Manoel de Oliveira, Aki Kaurismäki, Pedro Costa, Oliver Assayas, Víctor Erice, Raúl Ruiz, Jean-Marie Straub, Apitchapong Weerasethakul, Takeshi Kitano y Masahiro Kobayashi), sino también de los autores que han despuntado en la última década (João Pedro Rodrigues, Carlos Reygadas, Naomi Kawase, Vincenzo Marra, entre otros), y por supuesto de las nuevas promesas que vienen asomando, lo que constituye la marca distintiva del festival (entre otros, Michael Wahrmann, Jim Finn, Sylvain George, Yulene Olaizola, León Siminiani, Pablo Larraín).

Berberian Sound Studio

Berberian Sound Studio

Para comenzar, digamos que la gran ganadora del festival, la británica “Berberian Sound Studio”, de Peter Strickland (Mejor Película de la Competencia Internacional y premio ADF al Mejor Director de Fotografía para Nick Knowland), es un impecable thriller psicológico de aires clásicos, que en el fondo constituye un ensayo apasionado sobre el sonido. El filme se centra en un ingeniero de sonido británico (interpretado por el gran Toby Jones) que llega a un estudio de grabación italiano, dirigido por burócratas cínicos y prepotentes, para realizar el diseño sonoro de una película de horror. Filme hecho de climas y sugerencias, con un tono decididamente lynchiano, el protagonista de Berberian Sound Studio es en realidad el sonido, que poco a poco se irá apropiando de la narración hasta imbuir al protagonista en la propia ficción que realiza, al punto de no poder distinguirla de la realidad. Y si lo que vemos es en realidad la mirada de una psiquis escindida, al final lo que menos importan son los vericuetos de la trama, en comparación con la celebración lúdica que Strickland hace del sonido en el cine.

Playback

Playback

Otro filme apasionado y apasionante sobre el cine es el suizo “Playback”, de Antoine Cattin y Pavel Kostomarov (que obtuvo una mención especial en la misma competencia), un documental de observación inusual sobre el director ruso Alexei German durante la filmación de la frustrada adaptación de “Qué difícil es ser Dios”, novela de los hermanos Arkadi y Boris Strugatski, un proyecto delirante que llevó a sus protagonistas al borde del colapso. Megalómano irredimible, German cargó con este proyecto desde fines de los años ´60 pero su realización se vería frustrada por la dimensión monstruosa de la empresa, comparable a la de un tanque de ciencia ficción hollywoodense, pero rodado con medios artesanales. Playback se interna en el set y los escenarios de la película (que trata sobre unos científicos que estudian a los habitantes de otro planeta, que parecen vivir en la Edad Media) en pleno rodaje, con German absolutamente superado por las circunstancias (debe manejar a cientos de extras, las histerias de las estrellas, a decenas de técnicos y solucionar problemas por doquier), lo que hace aflorar su autoritarismo y maltrato hacia los demás, aunque aún así puede contagiar una pasión desbordante por el séptimo arte.

A última vez que vi Macau

A última vez que vi Macau

Pero si hablamos de películas deslumbrantes, qué decir de “A última vez que vi Macau”, de los portugueses João Pedro Rodrigues (“Morir como un hombre”) y João Rui Guerra da Mata, granausente en el palmarés de la Competencia Vanguardia y Género ya que sintetiza como ninguna otra la propuesta de la sección, además de ser probablemente la mejor obra del festival. Especie de ensayo histórico, íntimo y político sobre Macao, la emblemáticaciudad que perteneció a Portugal durante casi 450 años y hoy administra China, el filme constituye tanto un thriller apocalíptico de ciencia ficción como un documental autobiográfico sobre la relación de un hombre con los espacios públicos de una ciudad. Ése hombre es Guerra da Mata, que vivió su infancia en Macao y está insertado en el filme como el protagonista que narra en off su regreso a la ciudad para ayudar a su amiga Candy, una misteriosa travesti que está siendo perseguida por una sectadesconocida. La narración en off mezcla los recuerdos de Guerra de Mata sobre su infancia en Macao y la reflexión sobre las transformaciones que ha sufrido la ciudad con el policial negro en sí, en  donde alguien busca un tesoro para salvarse de una catástrofe que se avecina. Película radicalmente libre y lúdica, La última vez que vi Macao es un policial filmado como un documental, donde los protagonistas permanecen siempre en fuera de campo, mientras su lugar es ocupado por los espacios de la ciudad y las prácticas culturales, religiosas y sociales de su población, registradas con una sensibilidad notable por los directores, que además consiguen el extraño milagro de no perder en ello un ápice del suspenso que despliega la historia central, tan fantástica como seductora.

Arraianos

Arraianos

Claro que la ganadora de la sección, la película española “Arraianos”, de Eloy Enciso Cachafeiro, no es menos fantástica ni fascinante, aún cuando adopte un formato (apenas) más clásico de documental. Aquí también la protagonista es una colectividad, aunque parece pertenecer a otro tiempo histórico: el pueblo Couto Mixto, perdido en la frontera entre Galicia y Portugal. Y también aquí hay  una mezcla entre la naturaleza del documentaly la ficción, relacionada con la obra de teatro “O bosque”, del dramaturgo Jenaro Marinhas del Valle, punto de partida para este viaje a un universo de una distancia inconmensurable al nuestro, reglado por formas de convivencias y una cultura absolutamente distintas. Sin descuidar la belleza estética, y privilegiando el testimonio de los propios pobladores, Cachafeiro registra todos los intersticios de Couto Mixto, componiendo un fresco que logra captar el funcionamiento colectivo de este microcosmos, donde la humanidad y la solidaridad siguen siendo los valores privilegiados, y el tiempo ostenta otra forma de transcurrir.

The act of killing

The act of killing

Pero si hay una película que supera toda ficción posible, aunque lo que muestra es la más cruda realidad, es la impactante “The act of killing”, de Joshua Oppenheimer, que registra sin salvavidas simbólicos un verdadero delirio colectivo,  instalado en Indonesia desde el golpe de Estado de 1965. Los protagonistas son aquí algunas de las máximas figuras del grupo paramilitar Pancasila, que con apoyo norteamericano se encargó de asesinar a decenas de miles de militantes comunistas (o sospechosos de serlo) en la década del ´70, y en la actualidad constituye una mafia institucionalizada que cuenta con el respaldo explícito del poder político y una impunidad infinita. Tanto, que serán ellos mismos quienes relaten los crímenes y atrocidades que han cometido a la cámara de Oppenheimer, convencidos de que se trata de una gesta heroica: llegarán a proponer incluso dramatizar sus propias acciones para filmar una película que narre su versión de la historia. Y el resultado será tan impresionante como revelador, ya que posibilitará practicar una deconstrucción precisa de la mentalidad fascista y del estado de delirio concomitante que implica, donde la obscenidad y la degradación son regla, y el kitsch se convierte en su coherente traducción estética.

La Paz

La Paz

A todo esto, hay que decir que el cine argentino se destacó con varios largometrajes, entre ellos “Viola”, de Matías Piñeyro, y “La Paz”, del cordobés Santiago Loza (que se llevó el premio a Mejor Película de la Competencia Argentina, así como también el Premio de la Asociación de Cronistas Cinematográficos –ACCA–). Obra minimalista, de un sutil virtuosismo formal, La Paz describe con una mirada humana el drama existencial de un joven de clase alta que intenta reinsertarse en el mundo tras pasar una temporada en una institución psiquiátrica, aunque sólo se encontrará con la incomprensión paterna y la sobreprotección materna. La respuesta surgirá desde el lugar menos pensado: la mucama boliviana de la familia, que se convertirá en un insólito refugio afectivo para el protagonista. Claro que la revelación del Bafici fue “P3ND3JO5”, del mítico Raúl Perrone, calificada por los especialistas como una excepcional “cumbia-ópera” en blanco y negro y muda, en la que se abordan las problemáticas de los adolescentes de clase media- baja que constituyen sus protagonistas de siempre. Si bien el autor de esta nota no pudo verla, sí registró que para muchos será una película rupturista, que marcará un hito en el cine argentino.

P3ND3JO5

P3ND3JO5

Hay que citar al menos alguna de las grandes retrospectivas que ofreció el festival: la principal fue la del brasileño Júlio Bressane, un director sin parangón en el mundo contemporáneo, tan prolífico como desconocido en todas las latitudes, y que acompañó cada una de las proyecciones de sus filmes con una explicación generosa de su particular filosofía, que entiende al cine como una forma de deslumbramiento y experimentación, rechazando toda exigencia narrativa.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2013

Amor / Amour

El plano ético

 amour contra

La película más exitosa del austríaco Michael Haneke resultó ser, no sin cierta lógica, un filme sobre el amor. Ocurre que el cineasta de la maldad por excelencia es también el cineasta de la delicadeza: pocos directores han podido filmar la decadencia del cuerpo humano con tanta rigurosidad, tanto respeto y precisión como Haneke en Amor, filme que mereció dos de los mayores premios que otorga el cine mundial (la Palma de Oro del Festival de Cannes 2012 y el último Oscar a Mejor Película Extranjera). Se dirá como se ha dicho que se trata de su película más amable, que los filmes sobre enfermedades suelen garantizar premios y aplausos, o que la propuesta esconde una enorme vanidad (como si el tema fuera tabú): allí están las imágenes (que podremos volver a ver desde hoy hasta el domingo en el Cineclub Hugo del Carril, y seguramente en el Cine Teatro Córdoba más adelante) para contrarrestar las críticas livianas. Amor no es precisamente un filme simpático ni condescendiente con el espectador, como tampoco una obra que busque manipular arbitrariamente sus sentimientos. Más bien, Haneke filma con la mayor objetividad a la que pueda aspirar la ficción, la tragedia íntima de toda experiencia humana, su enfrentamiento final con la muerte.

amour espacios

Quienes vivirán esta odisea serán Georges y Anne (interpretados magistralmente por los míticos Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva, en lo que puede considerarse su obra testamentaria), un matrimonio de músicos ancianos de la burguesía acomodada parisina. El plano de apertura es, en realidad, el plano final del filme: tras unos títulos en negro, unos bomberos irrumpen en una vivienda. La cámara, que filma desde el interior del lujoso departamento, seguirá en plano secuencia a los investigadores recorriendo todos los espacios del lugar hasta dar con el cuerpo de una anciana recostado en la cama matrimonial. Lo que seguirá es el registro cuidado de cómo se llegó a esa situación. Tras una secuencia en la que se muestra al matrimonio protagonista en un concierto de piano, Haneke se internará en ese departamento para registrar la vida íntima de la pareja y nunca salir de ése espacio físico y existencial. Es que a la mañana siguiente del concierto, Anne vivirá un lapsus y su conciencia quedará suspendida por unos segundos. Hasta ese momento, la cámara habrá mantenido una distancia prudente de los protagonistas; recién allí recurrirá al primer plano: se trata de la irrupción de lo ominoso. Elipsis mediante, en la escena siguiente veremos a Georges explicándole a su hija (Isabelle Huppert) que Anne ha sido operada sin éxito, por lo que tiene la mitad de su cuerpo paralizado, no puede caminar y necesita de su cuidado.

amour atención

El cine es siempre una dialéctica entre el espacio público y el espacio privado, y en el modo en que cada uno son registrados finca la ética de un filme. Aquí, el posicionamiento de Haneke es siempre respetuoso con sus personajes, y preciso en su pertinencia formal: apelando mayormente a planos medios fijos, el director mantiene siempre una distancia prudente de los cuerpos de sus protagonistas, y el énfasis está dado más por los acontecimientos que por el posicionamiento de la cámara o el uso de otros elementos (como sonidos o el montaje) para enfatizar lecturas o sentimientos. Y es que lo que veremos no es cualquier cosa: se trata de la progresiva decadencia física y mental de una persona y de los esfuerzos de su compañero para ayudarla, aunque se verá cada vez más superado por los acontecimientos al mismo tiempo que intenta resguardar la intimidad de la pareja de toda irrupción externa, incluida la de su propia hija (cuya reacción pasa de la frialdad a la perplejidad y la incomprensión). Se trata de un acto de entrega amorosa que no se expresa en gestos ampulosos, sino en la cotidiana atención del compañero, aún a costa de su propia salud y estabilidad emocional. Lo notable es la delicadeza con que Haneke registra esa intimidad en decadencia sin agotar lecturas ni agregar explicaciones a las imágenes, con excepción quizás de dos momentos: un sueño en el que Georges se ve ahogado por una mano extraña (expresión de su propia angustia ante la situación) y la ya polémica irrupción de una paloma en ése hábitat cerrado, en dos escenas que despertaron críticas por doquier (por su gratuidad y por constituir una metáfora gruesa de lo sucedido). Pero en su relación con los seres que pueblan su película, Haneke no solamente es impecable sino que demuestra que el plano es también una cuestión moral: su dignidad no está en el tema que aborda sino en el modo en que filma a los otros. La elegancia formal de Amor no quita potencia a su cine ni banaliza las situaciones que muestra, más bien al contrario, aquí no hay alivio que valga: para muestra, bastan los planos finales de esa casa abandonada, con la hija de ambos en busca de explicaciones para lo inexplicable.

Por Martín Iparraguirre

Copyleft 2013