El Hobbit: Un viaje inesperado

Una franquicia innecesaria

 el-hobbit-Bibbo

El regreso de Peter Jackson a las fuentes de su mayor éxito comercial estaba cantado desde que se proyectó el último episodio de esa serie que parecía fundacional en los ya lejanos inicios del nuevo siglo. Lo dictaban los mandatos del mercado, que como todos saben no suelen armonizar con las necesidades artísticas, algo que en el séptimo arte se intensifica hasta el paroxismo: la voluntad de exprimir una obra hasta sus últimas gotas se acepta como natural, lógica, hasta digna de elogio, aún cuando los resultados pueden volver una caricatura aquello que en su momento pareció una revelación. Y es que las películas no se gestan ni se consumen en una burbuja: sus efectos se juegan en el contacto con el mundo, que siempre está en constante cambio. El que vivimos no es el mismo contexto de recepción que el de hace nueve años, cuando se estrenó el cierre de El Señor de los Anillos. En medio pasaron decenas de tanques que hicieron del oscurantismo medieval una moda global, una forma de entrar a la adolescencia, un modo de interpretar el mundo (por más absurdo que parezca): aún con sus similitudes, El Hobbit corría desde el inicio con el riesgo de quedar desactualizado para su público natural, aquél que creció viendo Crepúsculo o Harry Potter. ¿Cómo adaptar la obra de Tolkien a las nuevas sensibilidades? ¿Qué novedades podría aportar esta trilogía que se basa además en un libro menor, de apenas 300 páginas? Aquí estaban los desafíos de Jackson, que parece haber optado por la opción más salomónica: repetir el formato original de El Señor de los Anillos, aunque limando un tanto su oscuridad, sumando humor y apostando a una construcción más impactante de escenarios y personajes a través de las nuevas tecnologías. El resultado es empero un constante déjà vu, una película que nunca llega a alcanzar vuelo propio y parece inflada artificialmente, donde las costuras comienzan a salir a la luz.

the_hobbit_magos

Aún así, el inicio es impactante: mediante los ya clásicos paneos aéreos de grandes escenarios que suele proponer Jackson, recorremos al fastuoso reino de Erebor, construido sobre un tesoro inabarcable de oro y otros metales preciosos, especie de paraíso terrenal donde vive la raza de los enanos. La voz en off de Bilbo Bolsón (Martin Freeman) articulará el relato, a partir de un escrito donde le transmite sus memorias al joven Frodo, protagonista de la primera serie. La cuestión es que en algún momento aparecerá un gigantesco dragón llamado Smung (que permanecerá en fuera de campo casi toda la película), que someterá a los pobladores, se apoderará de sus tesoros y los expulsará a un deshonroso destierro. El conflicto central ha sido planteado, y en la secuencia siguiente veremos a Bilbo Bolsón en su versión juvenil recibiendo la visita del mago Gandalf (Ian McKellen) con la propuesta de sumarlo a una aventura: el esquema narrativo y el arco dramático que propondrá la película es, sí, calcado de La Comunidad del Anillo. La primera reacción del pequeño hobbit será rechazar la oferta, aunque luego de varias idas y vueltas innecesarias se sumará a la travesía de un grupo de guerreros enanos que intentará invadir su viejo hogar para recuperarlo, aprovechando que el dragón se encuentra durmiendo una siesta de años. Incluso, la misión se complicará no sólo por los monstruos que tendrán que enfrentar en su camino, sino porque Bilbo deberá superar también la desconfianza de sus propios compañeros, principalmente del príncipe Thorin, heredero del reino de Erebor que busca restaurar su corona.

Hobbit Golum

Como se verá, hasta los conflictos dramáticos son copiados de aquella primera entrega, e incluso las pocas diferencias que tienen restan potencia al relato: la ausencia de una fuerza interna que conspire contra la misión (el mentado anillo, que aquí aparecerá de casualidad pero aún no generará conflictos), como también de un enemigo poderoso (que aquí será más bien un enigma) y un objetivo claro para nuestros héroes (nadie endiente muy bien por ejemplo cuál es la razón de la convocatoria de Bilbo). Acaso por eso Jackson y compañía se distraen tanto en nimiedades: la resistencia de Thorin a recibir la ayuda de los elfos, su disputa con un orco atroz, algún episodio insulso con un grupo de trols que remeda a los Tres Chiflados, algún flash back que se detiene en acontecimientos superfluos, todo termina generando un relato moroso, aletargado, que sólo levanta vuelo con la aparición de Gollum y la batalla final en un gigantesco reino subterráneo, filmada con gran pericia por Jackson (a base de planos secuencia mayormente aéreos), pero montada con demasiada rapidez, lo que impide la reconstrucción de los espacios. No es que Jackson haya perdido el pulso, sino que El Hobbit es efectivamente una extensión innecesaria de aquella franquicia original: como tal, tiene poco para aportar a lo ya dicho, y al espectador no le quedará otra que centrar su placer en la experiencia estética y sensorial que le reservan algunas pocas secuencias; algo que es específicamente cinematográfico pero resulta demasiado poco para una película de tres horas, que aún tiene dos secuelas más en camino.

Por Martín Iparraguirre

Anuncios
Published in: on 21 diciembre, 2012 at 2:02  Dejar un comentario  
Tags: , , , ,

The URI to TrackBack this entry is: https://lamiradaencendida.wordpress.com/2012/12/21/el-hobbit-un-viaje-inesperado/trackback/

RSS feed for comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: