My Winnipeg

Un documental onírico 

Contra lo que suele pensarse, el cine puede ser el lugar natural de los sueños. Lo demuestra sobradamente la cinematografía de grandes directores contemporáneos, desde David Lynch a los hermanos Quay, o desde Richard Linklater a Raoul Ruiz, por nombrar ejemplos absolutamente alejados uno de otros. Pero a pocos se les ocurriría aplicar esta concepción al cine documental, que acaso sea uno los géneros cinematográficos más libres y experimentales, pero que en la actualidad suele quedar encorsetado en ciertos cánones formales que dependen de la explotación televisiva de la categoría. A pocos, mas no a Guy Maddin, este particularísimo director canadiense que puede ubicarse entre los más creativos de la actualidad, y cuya última película, My Winnipeg, es un desafío abierto a todas las concepciones clásicas del género.

Ensayo sutil sobre el tiempo y los procesos de la memoria, My Winnipeg se centra precisamente en la helada ciudad de Canadá, e incluso fue el resultado de un encargo de un canal de televisión para Maddin, que nació, creció y aún vive en esa urbe. Claro que el resultado final, como su título lo sugiere, no es un documental tradicional, sino más bien una recreación alucinada de la Winnipeg de Maddin, o la forma en que el director intenta recordar, a tantos años vista, la ciudad de su infancia. Documental onírico y fascinante, My Winnipeg es entonces un filme existencial, que explora precisamente la manera en que la subjetividad de su protagonista, el director, se construye a sí misma en la interacción con su entorno, el modo en que la memoria se apropia del pasado y lo resignifica en un relato colectivo.  Apelando a veces a material de archivo, pero la mayoría del tiempo a recreaciones propias realizadas en el mismo estudio donde filmó La canción más triste del mundo (la única película de Maddin estrenada oficialmente en DVD en nuestra ciudad), el director va recorriendo así con voz en off diferentes episodios que considera emblemáticos de su ciudad, algunos reales (como la invasión falsa de los nazis en 1942), otros mitológicos (como la gran preeminencia de sonámbulos en la ciudad) y otros directamente inventados (como la muerte por congelamiento de los caballos del hipódromo en uno de los ríos de Winnipeg). Al mismo tiempo, Maddin va repasando de manera autobiográfica sus propias obsesiones infantiles, los miedos, episodios e ilusiones que marcaron su niñez, evidentemente dominada por una madre obsesiva y tiránica, interpretada esta vez por la gran Ann Savage, legendaria protagonista de un clásico del cine negro, Detour, quien entregó aquí su última película.

El filme de Maddin se estructura así en una continua relación dialéctica entre su experiencia subjetiva y la historia de su ciudad, conformando un collage hipnótico que reflexiona además sobre el carácter ambiguo de toda memoria, ya que indefectiblemente es y será siempre una (re)construcción, y desafía al mismo tiempo varias concepciones sobre la naturaleza del cine en su relación con la realidad. Definido por el propio director como un “melodrama documental”, el filme es poesía en escena, y su mayor virtud es que logra atrapar parte del espíritu de una ciudad, una dimensión de la realidad que pocos directores pueden alcanzar.

“Un teórico del teatro llamado Eric Bentley sostiene que los buenos melodramas no distorsionan ni exageran la verdad, sino que la desinhiben. Desinhiben lo que la sociedad reprime, y hacen que los sueños se cumplan: la heroína puede poseer al objeto de su deseo, las disputas amorosas se resuelven a gritos, llantos y trompadas, se llora en público con total desprejuicio. En una palabra: se cumplen los deseos y terrores infantiles. Yo encaré My Winnipeg de la misma manera: como una forma de cumplir los deseos y temores de mi infancia”, afirmó Maddin en la última entrevista conocida.

Por Martín Iparraguirre

PD I: quienes quieran ver esta película podrán asistir mañana jueves  5 de julio al Cineclub La Quimera, que funciona en el Teatro La Luna (Pje. Escuti 915 esq. Fructuoso Rivera), para verlo como se debe. Si no, deberán buscarla en su videoclub amigo, ya que el filme se estrenó en DVD por el sello 791Cine.

PD II: Esta crítica fue escrita hace unos años a raíz del estreno del filme en DVD.

Published in: on 4 julio, 2012 at 14:23  Dejar un comentario  

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